-Hola, Seth-
Saludo la muchacha parada a su lado con una triste sonrisa. Él estaba en la playa, mirando el mar, rondando por el infinito de sus pensamientos. El cuerpo de ella, estaba cubierto de vendas por la cantidad de quemaduras que poseía, pero ya no dolían y estaban curando.
-¡Ivette!- exclamó alarmado, incorporándose -¿¡Qué haces aquí!?- se acercó a ella y la inspeccionó con cuidado -¡Tendrías que estar descansando, aún estas herida!-
Se inclinó para tomarla en brazos y ella, lo detuvo.
-Estoy bien...- río sentándose en la arena -Según papá y la tía Win, en dos días más, curaré...Esa es la ventaja del alfa- sonrió mirándolo desde abajo -¿Tu como estás?-
-Pues...- rascó su nuca sentándose junto a ella -A ti no puedo mentirte...- la miró con anhelo y tristeza -Estoy como podría estar, un hombre, que renuncia al amor de su vida por una estupidez que hizo-
-Un hijo no es una estupidez, Seth- miró hacía el frente -Lo amaras tanto, que no podrás vivir sin él-
-No lo sé...quizás si, pero lo amaría más, si fuera nuestro- confesó derrotado y ella cerró sus ojos al escucharlo decir eso -¿Qué harás ahora?-
-Volver a viajar...- comentó feliz -Pero esta vez, sola... Bueno, con Levi, ya que Dante, no vendrá conmigo-
-¿Y eso?- preguntó sorprendido -¿Ustedes siempre viajaron juntos? ¿Por qué ahora no?- ella volteó a verlo.
-Conseguirá un empleo en Taflem para estar cerca de Eyra- sonrió ante la idea -Lo extrañaré, pero él quiere estar cerca de ella y eso, esta bien-
-No piensan decirle a sus madres sobre lo que pasa con ella y la torre, ¿Verdad?- la muchacha negó. Pero él, estaba maquinando una idea en su mente -Comprendo... Ya demasiados problemas hemos traído a esta familia, como para agregar uno más- mordió sus labios, no sabía que decir -Él tiene suerte... Al menos, puede estar cerca de ella, en cambio tu, siempre seras libre y estarás lejos de mi- tomó un largo rizo de ella y lo besó.
-Tal vez... Nosotros no estamos destinados a estar juntos- el negó con la cabeza ante tal afirmación, mientras observaba su perfil -A pesar de los buenos momentos que pasamos- volteó a verlo y le acarició el rostro -Siempre serás un lindo recuerdo, Seth-
Se puso de pie y se fue de allí, sin decir nada más.
-¿Qué?-
Pregunto atónita a su novio, que buscaba un raimugai rojo dentro del agua.
-Lo que escuchaste, Eyra- aseguró sin voltear -Me quedaré contigo en Taflem... Ya no viajare más- Al fin había encontrado uno -Toma- lo lanzó hacía ella, que lo atrapó al vuelo.
-No comprendo, ¿Por qué quieres hacer eso?- estaba estática. Ese alquimista, se había vuelto loco -¿Qué pasará con Ivi? ¿Ella lo sabe?-
-Si, lo sabe...- se acercó y le apartó el cabello del rostro -Y está de acuerdo conmigo- la besó en la frente -Admitelo, Eyra... En estos tiempos, lo único que me hace sonreír y hallarle sentido a mi vida, eres tu- ella sonrió -No puedo y no quiero estar lejos de ti-
-Esta bien pero, ¿Qué le dirás a tus padres?- pensó un momento -Además, tu eres amestrisano, no puedes quedarte por mucho tiempo aquí-
-Eso se soluciona fácil, mi hermosa vidente- le golpeó la nariz con su dedo índice -Me volveré un perro del ejercito de Keisalhima-
-Es peor de lo que imagine-
Negó ante la idea, pero aún así, él iba a hacerlo.
Habían retomado su camino de regreso a la Torre de los colmillos. Decidieron zarpar, antes de que la niebla del lugar, lo cubriera todo. El cazador y el vidente, eran los encargados del timón por unas horas, para después, darles el mando a los otros dos hombres.
-Si eso es lo que quieres, hazlo- respondió como siempre -Pero recuerda... No es fácil ser un perro del ejercito, Dante- aseguró, mirándolo serio -Yo fui uno, por mucho tiempo...-
-Lo se, siempre me lo has dicho...- él y su padre, siempre tenían esa clase de conversaciones -Es la única manera que tengo de quedarme aquí y además, tu sabes que no hay nada para mi en Amestris-
-Nosotros estamos allí, Dante- reclamó su madre, ofendida -¿Por qué dices algo como eso?-
-Sabes que no me refiero a eso, mamá- le sonrió con ternura y miró a la vidente, que hablaba animadamente con su padre y su tío en el timón -Pero yo nunca perteneci a Amestris. Lo supe, desde que viaje por primera vez aquí-
-Lo sé... Pero aún así, voy a extrañarte- se acercó a él y le acarició el rostro -De todas maneras, cuentas con mi apoyo-
-Gracias...gracias a los dos-
Su padre asintió y observó, como su amigo hechicero, tenía una nueva discusión con su primogénito, tan igual a él.
-¡Te harás cargo de esa criatura, Seth! ¡Te guste o no!- lo apuntó en el pecho en advertencia.
-¡Puedo hacerme cargo de mi hijo, sin estar con ella y lo sabes!- refutó igual -¿Por qué estas obligándome a hacer esto, Orphen?-
-Porque soy tu padre y tienes que pagar las consecuencias de tus errores-
Estaba furioso, su hijo sacaba lo peor de él en un instante.
-O sea que, ¿Tu te casaste con mamá porque yo fui un error para ti?-
Levantó una mano dispuesto a golpearlo, sus palabras lo habían lastimado donde más le dolía. Él amaba a su esposa y a todos sus hijos, en especial a él.
-¡Orphen!-
Tomó la mano de su esposo con fuerza.
-¿Me golpearas?-
Preguntó desafiante y su padre, bajo la mano, lentamente.
-Te casaras con esa muchacha, Seth- lo miró a los ojos a centímetros de tu rostro -Y espero, que seas un buen padre- fue lo último que dijo y salió de allí.
-Seth...- murmuró su madre, abrazándolo. Él no correspondió, estaba estático -Por favor... Escucha a tu padre, esta vez- lo besó en la mejilla.
-No quiero, mamá- la abrazó rendido ante su beso -Por favor... No me obliguen a estar lejos de ella- cerró sus ojos y acomodó su voz cuando se quebró -Por favor... No seré feliz sin ella-
-Lo sé... Pero eres un hombre y tienes que aprender a vivir con esto-
Lo que ellos ignoraban, era que, una pequeña cazadora con sus ojos empapados en lagrimas y una inmensa tristeza tan grande como el océano que los rodeaba, los escuchaba escondida dentro de ese navío.
-Ivi...Hija...- susurró su madre acercándose a ella -Ven- abrió sus brazos y ella, corrió a refugiarse en ellos, llorando en silencio -Tiene que doler... Para que pueda mejorar- la consoló como siempre.
-Si... Lo sé...- habló entre sollozos -Será un lindo recuerdo-
Suspiró ahogada, repitiendo las mismas palabras que le dijo a él.
-El mejor de todos, princesa de la tía- limpió una pequeña lágrima de la mejilla de su sobrina -No importa que tan lindo o duradero haya sido... Siempre duele, hasta que un día, ya no más- la besó en la frente.
-Es cierto... Algún día dejará de doler- su prima se acercó a ella, también llorando -¿Por qué siempre lloro cuando tu lloras?- rieron y se abrazaron -No es justo... Tu te enojas cuando lloro, ¿Por qué yo no?- la miró a la cara, sonriendo.
-No lo sé...- limpio las lagrimas de ella -Pero eres tan fea cuando lo haces-
La golpeó molesta y sus madres, rieron. Eran tan iguales a ellas, que parecía que se estaban viendo en un espejo, hace veinte años atrás.
-Evidentemente... Esa niña es hija tuya, hermanita-
Abrazó a la alquimista y caminaron juntas a la cocina del navío.
-Si, lo sé...- volteó a ver a las chicas -Y es aterrador...- devolvió su mirada al frente, pensando un momento -Estoy tan orgullosa- hincho su pecho -Las hemos criado bien- la hechicera, asintió en total acuerdo.
La noche había llegado, el mar estaba muy sereno y la tripulación, se encontraba descansando. Excepto, cuatro jóvenes que estaban al mando del timón, mientras miraban las estrellas, en busca de respuestas a preguntas del pasado.
-Oigan...- rascaba su cuerpo mientras hablaba, las vendas le daban alergia y comezón -¿Cómo creen que haya terminado todo?- sus compañeros la miraron sin comprender.
-¿A qué te refieres, alfa?- besó a la vidente en su sien.
-Te refieres al pasado, ¿Verdad?- preguntó y ella asintió -No lo sé, no he tenido visiones al respecto, pero cuando lleguemos a la Torre, podríamos investigar un poco- propuso.
-¡Basta, Ivette!- el hechicero detuvo sus manos -Te harás daño y podrían infectarse tus heridas-
-Soy Ivi- apartó sus manos despacio -Y lo sabes- sonrió un tanto incómoda, por la comezón que sentía -Pero...es muy molesto-
Levantó su blusa mostrando su abdomen vendado al resto.
-Lo sabemos- su amigo se acercó a ella, mirando las vendas -Tienes suerte de ser una cazadora, cualquier otro mortal, no hubiera resistido en tu lugar- ella asintió.
-¿Por qué no le dijiste a tu madre que aplicará alquimia de sanación en ti?-
Cuestino el hechicero queriendo tocarla, pero detuvo su mano, volviendo a sentarse en su lugar.
-Quiso hacerlo...- aclaró su amiga -Pero la alquimia de sanación, trabaja sobre las células en forma acelerada, formando cicatrices en el proceso y eso no era conveniente, según ella-
-Si, por eso decidieron, que me curara por mi cuenta- palmeó su abdomen -El poder del alfa, no deja cicatrices tan visibles, pero es mucho más lento- se sentó colocando su cabeza en el regazo del hechicero, que estaba petrificado -Rascame la cabeza, Seth-
Él asintió mirándola nostálgico. Siempre pedía que hiciera eso.
-¿Qué piensan hacer cuando lleguemos a la Torre?- su amigo miró a ambos que no entendieron la pregunta -¿Pelearan por esto? ¿Por lo de ustedes?-
Los señaló y ella, negó, apretando sus labios.
-Yo...- titubeó cerrando sus ojos, para no ver a la chica en su regazo -Voy a casarme con Isabel... Aunque no quiera-
Tragó saliva y abrió sus ojos, encontrándose con los de ella.
-Eso esta muy bien, Seth- acarició el cabello de él.
-No estoy de acuerdo, pero tu hijo te necesita-
Apoyó una mano en el hombro de su amigo para darle ánimos.
-Será niño...Un hermoso niño- indicó la vidente. Sus ojos habían cambiado, al tener una visión -Y se llamará... Elliot-
