EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ
"Sé paciente en este proceso que no será para siempre. En la vida hay pruebas que debemos afrontar con valor, no sientas que el mundo se te viene encima, lucha para salir adelante".
RECUPERACIÓN
CAPÍTULO XXVII
-¿Quién eres? – Volvió a preguntar Elisa, sin embargo Tom no sabía qué responder a aquella pregunta, no se la esperaba.
-Soy tu prometido, soy Tom. – Le dijo con la angustia reflejada en su rostro.
-¿Mi prometido? – Preguntó desconfiada, no recordaba nada de lo que había sucedido, solo sabía que aquel hombre a pesar de darle confianza sentía que le dolía su presencia.
-Si mi amor, no tengas miedo. – Le decía con ternura, aún con las manos entrelazadas, Elisa no rechazaba ese contacto, al contrario le proporcionaba una calidez en su alma, pero cuando Tom quiso acercarse un poco más a ella, ella retrocedió asustada gritando que no se le acercara.
-¡NO! ¡No me hagas daño! – Fue lo que salió de sus labios, eso dejó a Tom paralizado por completo, el grito alertó a las enfermeras y médicos quienes entraron de golpe a la habitación e hicieron a un lado a Tom para poder revisar a la paciente.
-Espere afuera un momento por favor señor Stevens. – Le dijo una enfermera, mientras lo dirigía hacia afuera, Tom se dejaba guiar como autómata incrédulo y dolido por las palabras que Elisa le había dedicado. Él era incapaz de lastimarla o levantarle una mano, sin embargo el recuerdo que ella tenía de aquella noche era que la habían lastimado y él había lastimado su corazón y aquel infeliz había lastimado su mente y su cuerpo.
-¿Qué sucede Tom? - Preguntó Albert al ver que sacaban a Tom de la habitación, Tom tenía la mirada perdida y a punto de derramar sus lágrimas.
-Ella ha despertado. – Dijo únicamente Tom.
-¿Ya despertó? ¡Eso es bueno! – Dijo Albert emocionado, sin embargo el semblante de Tom le advertía que no era del todo bueno. -¿Qué sucede?
-Ella no me reconoce. – Dijo sentándose en el piso del pasillo cubriendo su rostro entre sus rodillas comenzando a derramar sus lágrimas lentamente.
-Vamos Tom, eso puede ser pasajero, recuerda que yo también padecí lo mismo, es cuestión de tiempo. – Le decía tratando de darle ánimos, sin embargo Albert sabía bien que existía una mínima posibilidad de recuperar sus recuerdos, incluso él tenía algunos pasajes de su vida que aún no recordaba del todo bien. – Además siempre es bueno ver un rostro conocido entre tanto desconocido, cuando yo desperté Candy estaba conmigo y su rostro me dio confianza.
-Pero Elisa cree que yo le haré daño, cuando me acerqué a ella me dijo que no la lastimara. – Dijo Tom. Albert se quedó muy pensativo con ese comentario, analizando la situación ya que él había estudiado mucho acerca de la memoria cuando buscaba la manera de que regresaran a él sus recuerdos.
-Entonces Elisa no tiene del todo la memoria perdida. – Dijo a Tom.
-¿Qué quieres decir? – Preguntaba confundido y enfocando sus ojos al patriarca de los Andrew, poniendo atención a lo que decía.
-Elisa sufrió un trauma en aquel atentado que recibió, fue maltratada y golpeada, ella nunca había sido tratada de esa manera. – Comenzó a explicar Albert, Tom escuchaba atento. – Ella recuerda eso, recuerda que alguien la lastimó, y tal vez cuando tú te acercaste a ella le provocó esos recuerdos.
-¿Entonces ella puede haberme recordado como su agresor? – Preguntó asustado, comenzando a respirar más agitado, sintiendo impotencia de que ella creyera que él había sido capaz de relacionarlo con su atentado.
-No necesariamente tú, sino cualquier hombre que se le acerque. Hoy más que nunca tienes que estar cerca de ella, que confíe en ti de nuevo. – Decía Albert animando a Tom a que no se desesperara ni renunciara tan fácilmente.
-No quiero volver a ver ese miedo en los ojos de Elisa, nunca había visto a alguien con tanto miedo al mirarme. – Dijo triste.
-Te entiendo, pero ella no recuerda bien qué pasó, tal vez solo trata de borrar de su mente lo que la lastima y la desilusión que sufrió aquella noche en el teatro y el atentado son dos cosas que la lastimaron. – Dijo sin querer hacer sentir mal a Tom, pero era necesario que no se rindiera y tenía que ser directo. – Yo te recomiendo que te acerques a ella, que te quedes a su lado y verás que poco a poco vuelve a confiar en ti.
El médico iba saliendo de la habitación de Elisa en compañía de una enfermera.
-¿Cómo se encuentra doctor? – Pregunto Albert en cuanto lo vio salir.
-Ya está más tranquila. – Contestó muy tranquilo.
-Doctor la reacción que sufrió cuando me acerqué... – Dijo Tom como queriendo disculparse por haberla asustado.
-No se preocupe joven Stevens, es de lo más normal, ella acaba de despertar de un evento traumático, y es normal que desconfíe de todas las personas, inclusive de las enfermeras y doctores, su mente le dice que la última persona con la que tuvo contacto la lastimó, pero su mente aún no le revela el rostro de aquel individuo, sin embargo creo que pronto recuperará sus recuerdos. – Dijo el médico siendo positivo. – La mente de la señorita Leagan solo quiere borrar esos recuerdos que la lastiman, es probable que si reconozca a sus padres, hermanos e incluso a usted señor Andrew.
-Es una lástima que ni sus padres ni su hermano puedan venir a verla. – Dijo Albert quien ya se había enterado que Sara no quería visitarla y pues Louis y Neal estaban esperando ser juzgados. El médico se despidió de ellos y Albert decidió entrar a la habitación junto con Tom, sin embargo Tom solo se limitó a sentarse en la sala de aquella habitación, no quería volver a asustar a Elisa.
-Buenas tardes. – Le dijo a su sobrina. - ¿Puedo pasar? – Preguntó.
-Adelante. – Dijo la enfermera, la joven ya se encuentra más tranquila.
-¿Quién es? – Preguntó Elisa.
-Es tu tío el señor William Andrew. – Dijo la enfermera respondiendo ella misma la pregunta que hacia Elisa.
-¿Tío abuelo? – Preguntó Elisa extrañada, su mente no estaba del todo perdida.
-¿Me recuerdas? – Pregunto Albert extrañado, sin embargo él mismo sabía que no era posible porque casi nadie sabía su identidad. Elisa lo miró extrañada.
-Eres muy joven. – Le dijo en respuesta.
-Gracias. – Le dijo con una sonrisa.
-¿Qué me pasó? – Preguntó a Albert más tranquila, él miró a la enfermera y esta asintió que podía responder aquella pregunta.
Albert le relató a Elisa lo acontecido aquella noche y a pesar de estar tranquila Elisa comenzó a llorar, Tom la veía de lejos con los ojos llenos de lágrimas al recordar lo que había vivido y más al ver los gestos que ella hacía.
-¿Ese hombre? – Pregunto. - ¿Dónde está? ¿Lo atraparon?
-Ya está tras las rejas Elisa. – Contestó Albert.
-Él dice que es mi prometido. – Dijo volteando a ver a Tom.
-Él es la persona que más te ama en el mundo Elisa, él se la ha pasado aquí día y noche cuidando de ti sin siquiera irse a descansar a su casa. – Le dijo tranquilamente, Elisa se sorprendió por lo dicho y miraba a Albert como buscando una mentira en sus ojos. - ¿No lo recuerdas?
-No recuerdo muchas cosas. – Dijo solamente. – Cuando el doctor entró recordé vagamente a mis padres, sin embargo no recuerdo sus nombres, en cambio recordé tu nombre más no tu rostro. – Le decía tranquila. – No sé si me entiendas. – Le dijo mirándolo a los ojos Albert solo le sonrió, nadie mejor que él para entenderla en esos momentos.
-Claro que te entiendo, yo pasé lo mismo que tú. – Le dijo ante la mirada de sorpresa de Elisa.
-¿Cómo te curaste? – Preguntó inquieta.
-Eso no te va a gustar. – Le dijo con su bella sonrisa. – Tuve otro accidente que volvió poco a poco casi todo a mi memoria.
-¿Casi? – Albert asintió.
-Algunas cosas aún no las recuerdo, sin embargo ya no fuerzo a mi mente a recordarlas. – Explicó tranquilo. - ¿De verdad no recuerdas a Tom? – Volvió a insistir. Elisa negó.
-¿Dónde están mis padres? – Preguntó de pronto.
-Ellos no podrán venir por un tiempo. – Le dijo Albert cambiando su semblante por uno más serio, Elisa notó eso y guardó silencio. Poco después se quedó dormida.
-Lo ves Albert, ella ya no me recuerda. – Decía Tom triste.
-No, ella si te recuerda, solo que se niega a recordarte. – Dijo Albert confundiendo más a Tom.
-No comprendo. – Decía confundido.
-Elisa recuerda algunas caras, y recuerda algunos nombres, así que lo más probable que si no recuerda tu cara tal vez recuerda tu nombre o viceversa, yo opino que ella se niega a recordarte porque algo le dice que la lastimaste. – Le volvió a decir analizando la situación. -¿Me entiendes?
-Creo que sí. – Dijo Tom con una sonrisa llena de esperanza. – Entonces yo la haré que me recuerde una vez más. – Dijo decidido a sacar de su mente aquellos recuerdos tan bellos que habían pasado juntos.
Mientras Tom y Albert estaban al pendiente de la salud de Elisa, Candy seguía cuidando a Anthony, llevaba tres días en cama y se sentía desesperado porque no podía levantarse, sin embargo Candy lo mimaba tanto que era lo que lo mantenía aguantando esa inmovilidad que le habían impuesto.
-No me canso de verte mi amor. – Le decía mientras la observaba cepillar su rostro después de haberse dado una ducha en aquella habitación. Era una tortura para Anthony verla con su bata de baño y cepillarse sus largos cabellos cuando lo que deseaba era quitar de encima de su cuerpo aquella gruesa tela que le impedía ver su perfecta figura, sin embargo prefería verla ahí a que se fuera a bañar a su habitación, él le había pedido que se duchara en su habitación "nuestra" habitación le había dicho.
-Yo tampoco me canso de verte a ti amor. – Le decía acercándose a él lentamente con ganas de saciar ese deseo que gracias al embarazo iba en aumento, sus hormonas ya habían comenzado a despertar, pero tenía que controlarse por el bien de su príncipe. Anthony la acercó a él con cuidado y tocó su vientre sobre aquella bata de baño.
-Los amo tanto. – Le dijo viéndola a los ojos.
-Y nosotros a ti. – Dijo Candy enamorada, en eso tocaron a la puerta y Candy decidió irse al baño rápidamente para que no se dieran cuenta que se había bañado en aquella habitación. Una vez que se hubo retirado Anthony dio el pase.
-Adelante. – Dijo tranquilo. El médico entró a la habitación seguido de Stear.
-Buenos días, joven Stevens. – Dijo el médico con una gran sonrisa.
-Muy buenos días doctor. – Le contestó animado.
-Veo que ya está de mejor ánimo. – Le dijo el médico. – Me imagino que cualquiera amanece feliz con una enfermera como la señorita White. – Dijo el médico y tanto Stear como Anthony se tensaron por el comentario. Stear no podía creer lo que el médico decía y Anthony se sentía de pronto celoso de aquel doctor, observándolo detenidamente dándose cuenta que era muy joven. Candy por lo pronto se vestía en el baño esperando que salieran de la habitación, ajena a la conversación de afuera.
-Mi prometida, la señorita White tiene muchas cualidades entre ellas contagiar a las personas con su buen humor, pero simplemente con tenerla día y noche a mi lado me hace inmensamente feliz. – Dijo Anthony tratando de aclarar que Candy era su prometida. El médico solo sonrió con lo dicho, sin embargo no cesó en sus preguntas sobre la rubia.
-Por cierto ¿Dónde se encuentra? – Dijo buscando por todos lados de la habitación a Candy, siempre que iba a visitar a Anthony, Candy estaba ocupada en otras actividades, ya sea durmiendo, bañándose, comiendo, total que no habían coincidido ni una sola vez, solo le dejaba las instrucciones con Stear o con el mismo Anthony, sin embargo a Anthony ya no le estaba pareciendo tanto interés de aquel médico por la rubia.
-Se fue a su habitación a descansar. – Contestó. – Doctor ¿Usted conoce a mi prometida? – Stear lo veía confundido, él no había visto a Candy salir de la habitación, sin embargo no dijo nada.
-¿A la señorita White? – Anthony asintió y Stear lo veía con curiosidad al ver que el rubio no estaba muy conforme que digamos. – La conocí cuando estaba terminando mis estudios en el hospital San José, trabaje algunas veces con ella. – Contestaba mientras le revisaba una vez más la herida. – Es una chica muy especial y alegre, siempre tenía una sonrisa en su rostro, se ve que ha sido muy feliz. – Decía sin dejar de hablar de las cualidades de la pecosa y Anthony a pesar de estar celoso no podía culpar a aquel médico que se veía tenía una admiración profunda por su novia.
-Candy siempre ha sido así. – Contestó Anthony. – Desde que éramos niños tenía la habilidad de alegrar a la gente con su trato, por eso me enamoré de ella profundamente desde entonces y tengo la dicha de ser correspondido. – Decía enamorado por completo y a la vez aclarando los sentimientos de ambos.
-¿Se conocen desde niños? – Preguntó el médico sorprendido. Anthony asintió con una sonrisa en sus labios al ver la sorpresa en los ojos del médico.
-¿Cómo ve doctor? Pocas parejas tienen una conexión tan especial cómo estos dos, ellos se enamoraron cuando Candy tan solo tenía 12 años y mi primo 14 y desde entonces ha sido así. – Dijo Stear como aclarando esa unión que un día a él también había lastimado.
-Tiene usted razón joven Cornwell. – Decía el médico con una sonrisa de lado. – Muy pocas parejas sobreviven tanto tiempo juntos. – Dijo de nuevo, Anthony se tensó por el comentario.
-Así es doctor, lo bueno que Candy y yo pronto nos casaremos. – Le dijo de nueva cuenta.
-¿Cuándo se casarán? – Preguntó el médico como cayéndole apenas el veinte de que Candy era una chica comprometida.
-En cuanto me levante de esta cama. – Dijo Anthony. El médico y Stear se sorprendieron, pero Stear pensó que todo era producto de los celos que sentía su primo por el interés de ese joven en Candy. – Vamos a casarnos. – Dijo con su sonrisa de ensueño, imaginando lo que sería su vida con aquella hermosa rubia.
-Bien joven Stevens. – Dijo el médico de pronto. – Usted ya está perfectamente bien, ya no será necesario que venga diario a revisarle la herida, la señorita White está haciendo un excelente trabajo, en caso de que necesite algo sus primos saben dónde encontrarme. – Dijo sin agregar nada más. Sin embargo al salir de la habitación del rubio se volteó una vez más. – Felicidades por su próxima boda. – Dijo sin más el joven y salió del lugar.
-Qué medico más extraño. – Dijo Stear. – Desde un principio se le había dicho que Candy era tu prometida. – Decía Stear.
-Creo que aun guardaba una esperanza de conquistar a Candy. – Dijo Anthony. – La verdad aunque esté celoso no puedo culparlo. – Dijo con una sonrisa viendo a Stear.
-Pues eso sí. – Fue lo único que respondió su primo.
-¿Aún no llega Tom? – Preguntó, no le habían querido decir donde estaba Tom, porque de seguro iba a querer levantarse de esa cama para hacer todas las tareas que le correspondían, él seguía creyendo que Tom trabajaba de sol a sol y que Archie y Jhon eran los ayudantes, sin embargo el pobre de Jhon era el encargado junto a Archie y los trabajadores quienes les ayudaban con mayor ímpetu a sus patrones.
-¿Ehh? No aún no llega. – Dijo Stear rascándose la nuca nervioso, salió de la habitación pensando que sería bueno buscar a Candy para informarle que Anthony seguí preguntando por Tom.
-¿Así que celoso? – Preguntó una rubia que salía del baño por fin para hacer acto de presencia cuando ya no escuchó más murmullos en la habitación.
-Mucho. – Le dijo con una sonrisa apareciendo en su rostro al verla salir. – Es un médico el que está interesado en ti. – Le dijo llamándola a su lado, ella rápido obedeció y se sentó con cuidado a un lado de él.
-Y tú eres el amor de mi vida y no te comparas con absolutamente nadie en este mundo. – Le dijo dándole un beso con mucha ternura. Anthony le sonrió enamorado correspondiendo de inmediato a esa demostración de amor que le hacía su pecosa, disfrutando de la calidez y suavidad de sus labios.
-Recuéstate a mi lado. –Le dijo una vez roto aquel contacto. Candy giró del lado de la cama para recostarse con mucho cuidado junto a él, ella también deseaba sentir un momento el cuerpo de su amado, él la abrazó con su brazo derecho rodeándola por debajo de sus hombros, mientras ella se refugiaba en su pecho, cerrando los ojos para deleitarse con esa cálida sensación de seguridad que le brindaba su amado. Anthony besó su coronilla con ternura, con anhelo. – Me gusta que estés a mi lado. – Le dijo mimoso.
-Siempre estaré a tu lado Anthony. – Le dijo con un susurro muy cerca de sus labios, tentando la resistencia del rubio al momento de decir su nombre completo, eso siempre hacía que le dieran ganas de tomarla entre sus brazos, había pasado tanto tiempo que no la había escuchado decir su nombre que cuando la volvió a escuchar lo volvía loco, sin embargo ambos sabían que no era adecuado hacer desarreglos, mucho menos si no quería que el médico volviera una vez más a revisarlo.
-Hermosa ¿Dónde conociste al médico? –Preguntó para volver a enfriar su mente de pensamientos poco caballerosos.
-En realidad no lo he visto ni una sola vez. ¿Cómo se llama? –Preguntó Candy.
-La verdad no lo sé. Es el médico que vino a sustituir al padre de Magdalena. – Dijo tranquilamente.
-Entonces necesitará a una enfermera. – Dijo Candy viendo como Anthony se separaba un poco de ella para ver la expresión de su rostro. – Me refiero a que debe estar buscando a una enfermera que le ayude en el consultorio.
-¿Quieres ayudarlo tú? – Preguntó Anthony no muy convencido, sin embargo sabía bien que no podía evitar que ella siguiera ejerciendo su carrera, ella siempre había sido libre e independiente y eso había sido una de las cualidades que lo había enamorado, no podía simplemente cortar sus alas de esa manera.
-Supongo que podría ayudarlo mientras encuentra a alguien. – Decía Candy, Anthony la escuchaba sonriéndole con dulzura. – O también podría capacitar a alguien. – Decía pensativa.
-Lo que tú decidas estará bien para mí pecosa, mientras tú seas feliz y mi hijo esté bien. – Le dijo con una sonrisa.
-Soy feliz contigo, pero no puedo negar que también me hace feliz ayudar a otros. – Le dijo con timidez.
-Lo sé mi vida y esa es otra de las razones por la cual me enamoré de ti. – Le dijo besando sus labios una vez más.
Los días pasaban y Anthony ya estaba de pie nuevamente, Candy lo ayudaba a vestirse y le sostenía su brazo con una venda que lo sujetaba a su torso.
-Buenos días Anthony, Candy. – Saludó Stear al verlos llegar fuera del rancho por primera vez en una semana. - ¿Cómo te sientes? – Preguntó Stear
-Buenos días Stear. – Saludó Anthony aspirando el aroma a campo que ya extrañaba respirar. – Me siento muy afortunado, tengo a la mejor enfermera del mundo a mi lado. – Dijo con una sonrisa al ver a la rubia que lo abrazaba a su lado. - ¿Dónde está Tom, Jhon y Archie? Parece que se están escondiendo. – Decía Anthony, quien ya tenía la sospecha de que algo había ocurrido ya que Candy siempre le cambiaba de tema cuando le preguntaba por ellos, sin embargo no quiso presionar mucho a la rubia para no mortificarla.
-Tom no ha llegado, Archie y Jhon ya no deben de tardar. – Dijo Stear siendo consciente que ya era hora de hablar con el rubio con la verdad.
-¿Dónde está Tom? – Preguntó Anthony una vez más, había visto a Archie y a Jhon al menos unas tres veces desde que estaba en cama, sin embargo a Tom no lo había visto, ni lo había escuchado siquiera y era muy extraño porque siempre estaba al pendiente de él y de todo lo que sucedía en el rancho o simplemente para hacerle alguna consulta.
Antes de que Stear o Candy pudieran contestar el automóvil de los Andrew se dejaba ver a lo largo del camino hacia el rancho.
-Es el tío Albert. – Dijo Stear sin notar que lo había llamado tío.
-Es verdad. – Dijo Candy.
Los tres chicos esperaron que el automóvil llegara a la entrada del rancho.
-Buenos días Anthony. – Dijo Albert al bajar del auto, lo mismo que George quien saludaba con una sonrisa de igual forma que Albert al ver que el rubio ya estaba de pie. – Me da gusto que ya estés de pie. – Albert se acercó y abrazó a su sobrino con gusto.
-Me alegra volver a verte tío. – Dijo con una sonrisa.
-A mí también Anthony. – George saludó de igual forma a todos los presentes y Albert esperaba que le preguntaran la duda que tenían en sus ojos. - ¿Y bien? – Les dijo a Stear y Candy.
-¿Cómo se encuentra Elisa? – preguntó Candy ante el asombro de Anthony.
-¿Qué sucede con Elisa? – Preguntó Anthony curioso.
-Veo que no te han contado nada. – Stear y Candy negaron ambos, mientras Archie y Jhon se agregaban a aquel grupo, habían visto el automóvil de su tío y se acercaron a ver que noticias traía.
-¿Qué sucede? – Preguntando Anthony mientras veía a todos estudiando su semblante.
-Bien, primero déjame llegar y vamos a sentarnos para estar más cómodos. – Les dijo Albert mientras se dirigía hacia dentro del lugar. Anthony lo observó curioso y se dirigió detrás de él mientras Candy lo veía con una sonrisa tímida por no haber hablado con él de lo sucedido. – Adelante siéntense. – Le dijo mientras él se acomodaba en la veranda para abanicarse un poco el calor que sentía. Candy llevó un poco de limonada que había hecho para la merienda y se acomodó enseguida de Anthony esperando a que Albert comenzara su historia.
-¿Y bien? – preguntó Anthony mientras observaba como Albert le daba un gran trago a su bebida.
-Bueno primero que nada quiero decirles que Elisa se encuentra bien, ya despertó y Tom está cuidándola muy bien. – Anthony comprendió ahora en donde estaba Tom, sin embargo seguía con la duda de lo sucedido a Elisa.
-¿Qué pasó con Elisa? – Preguntó Anthony.
-Elisa fue otra de las víctimas de Jack. – Dijo Albert con pesar. – No pude protegerla como lo había previsto.
-Tú no tuviste la culpa Albert.- Dijo George.
-Tal vez no, pero aun así me siento responsable. – Dijo nuevamente, comenzando a relatar lo sucedido a Elisa aquella noche. Una vez que terminó de relatar la historia Anthony estaba impresionado por todo lo que había pasado la muchacha.
-Pobre Tom, entiendo cómo debe de sentirse. – Dijo Anthony sintiendo empatía por su hermano.
-¿Tú ya sabias de la relación de Elisa con Tom? – preguntó Albert quien había notado que Anthony había sido el único que no se sorprendía con la relación de aquellos dos jóvenes.
-Hace tiempo que lo descubrí, sin embargo debo admitir que tenía miedo de que Elisa se burlara de él, y por lo que veo ella también lo ama de verdad. – Dijo Anthony hasta cierto punto aliviado porque Elisa correspondía los sentimientos de Tom. – Tom debe de sentirse culpable por lo sucedido. ¿Por qué no me lo habían dicho antes? – preguntó ahora si con reclamo a todos los presentes, menos a Candy ella no quería preocuparlo y él tampoco a ella.
-¿Qué hubieras hecho en tu estado? – Preguntó Albert.
-Por lo menos hubiera tratado de estar al pendiente del rancho. – Dijo seguro.
-Por eso no te avisamos. – Dijo Archie quien lucía un bronceado muy brillante ahora que se pasaba más tiempo en el sol realizando las labores de los Stevens. – Tú tenías que recuperarte y evitar así esfuerzos innecesarios.
-Así es amor, tú tienes que estar bien. – Le dijo Candy tranquilizando un poco al rubio, sin embargo él quería apoyar a su hermano así como alguna vez él lo había apoyado a él.
-Me gustaría ir a verlo. – Decía decidido.
-No es conveniente, Elisa recuerda algunas cosas y si recuerda que tú estabas "muerto" y te ve de pronto posiblemente causes un shock en ella. – Dijo Albert.
-Tienes razón. – Dijo Anthony pensativo. – Pero me siento mal por mi hermano, él siempre estuvo para mí en todo momento.
-No te preocupes, él lo comprende, además tal vez pronto Elisa venga a vivir aquí con ustedes. – Dijo Albert.
-¿Aquí? –Preguntaron Stear y Archie. Albert asintió.
-Elisa no tiene donde ir, podría ir a la mansión de los Andrew junto a la tía abuela, pero eso sería separarla de Tom y puedo asegurarles que él no lo permitiría, además la tía abuela está molesta igual que Sara porque Elisa "Deshonró" a la familia. – Dijo Albert.
-Pobre Elisa. – Dijo Candy al ver que su familia le daba la espalda y que ella no era consciente de todo lo que había hecho en el pasado. – Creo que sería conveniente que ella viviera al lado de Tom.
-Estoy de acuerdo contigo amor. – Dijo Anthony. – Ella puede venir a vivir aquí, le acondicionaremos un cuarto cerca de la habitación de Tom.
-¿Cómo es posible que le hayan retirado su apoyo? –Preguntaba Archie molesto tanto con la tía Elroy como con Sara. - ¿Y la tía abuela no quiere volver a ver a Anthony?
-Sí, ella ya expresó su interés, sin embargo yo le dije que tenía que consultarlo contigo Anthony. – Dijo Albert.
-Veo que la tía abuela sigue con sus ideas arcaicas del siglo pasado. – Dijo con una sonrisa de lado.
-Ella nunca va a cambiar Anthony, sin embargo ella siempre mostró un interés especial en ti, eso lo sabes.- Anthony asintió.
-Lo sé muy bien tío, sin embargo aún recuerdo sus imposiciones y la manera en como trataba a Candy considerando que ella no era digna de estar a mi lado. Si ella sigue con esos pensamientos sería mejor no verla. – Dijo con tristeza, quería ver a su tía abuela una vez más, sin embargo el pensar que humillaría a Candy cuando la viera a su lado era algo que no podía permitir que sucediera.
-Le diré tu punto de vista, si ella acepta… - Dijo Albert.
- Si ella está dispuesta a aceptar que formaré una familia al lado de Candy, será bienvenida a esta casa. – Dijo seguro de dar su lugar a aquella mujer que le robaba el aliento, enfocó sus ojos en ella y ella le sonrió con gusto, orgullosa de las palabras que él le brindaba, siempre la había defendido de la tía abuela y esa no había sido la excepción, ella le dirigió una mirada tierna y enamorada que fue correspondida en el acto, mientras los presentes los veían con una sonrisa de felicidad.
-Sabía que esa sería tu respuesta. – Dijo Albert quien sabía bien que su sobrino siempre había sido un niño noble y justo y le enorgullecía saber que en el fondo seguía siendo aún aquel niño noble y tierno, pero sobre todo firme en sus principios. Anthony enfocó sus ojos en su tío al escucharlo hablar dedicándole una sonrisa.
Elisa observaba a aquel joven el cual le habían dicho que era su prometido, sin embargo desde el primer día que había despertado no se había vuelto a acercar a ella y eso le producía una tristeza en su corazón.
-Tom. – Dijo con timidez. Tom luego enfocó su mirada en aquella joven que le llamaba.
-Dime Elisa. – Le contestó expectante a la espera de lo que le tuviera que decir.
-¿Cómo fue que nos conocimos? – Preguntó un poco tímida Elisa al joven castaño. Tom sonrió con ternura al ver que ella tenía intenciones de conocer un poco de ellos, ese era un avance ya que en todos los días que llevaba ahí con ella no había mostrado el más mínimo interés, solo lo observaba con detenimiento, como cuidando cada uno de sus movimientos, se acercó a ella con cautela, como esperando que ella se alejara de nuevo como el día que despertó.
-¿Me puedo acercar a ti? – preguntó con timidez. Elisa asintió coloreándose su rostro por completo en un color carmín que era perfectamente perceptible a los ojos del moreno, eso lo halagó. Tom se atrevió a tomar su mano y en ese momento Elisa abrió los ojos sorprendida por la corriente eléctrica que le atravesó desde su mano hasta la columna vertical, Tom sintió lo mismo y enfocó sus ojos en ella una vez más. – Primero tengo que comprobar algo. – Le dijo hipnotizado por esa corriente que había surcado su cuerpo, acercándose a su rostro con cuidado, esperaba que ella lo rechazara, sin embargo Elisa solo se dejó llevar y cerró sus ojos esperando ese beso de los labios de aquel joven que se anunciaba como su prometido. Tom terminó de cerrar la distancia que había entre sus rostros y comenzó a besarla con mucha delicadeza, con ternura comenzando a sentir como era correspondido en aquel beso, se sentó en la cama de aquel hospital y con una mano acarició su rostro con infinita ternura, degustando sus labios una vez más, Elisa estaba perdida en aquella caricia que le proporcionaba aquel joven sintiendo un millón de mariposas volando en su vientre. – Perdón. – Le dijo recargando su frente a la de ella, respirando su respiración, absorbiendo su aliento. – No podía resistirme más, te amo Elisa, te amo tanto. – Le dijo cerrando sus ojos y centrándose en la respiración de Elisa, quien en ningún momento se sintió ofendida ni hizo el mínimo esfuerzo por separarse o apartarlo de ella.
-Yo… yo también. – Le dijo Elisa sintiendo su respiración agitarse mientras los latidos de su corazón se aceleraban, Tom abrió los ojos sorprendido por lo dicho y buscaba los ojos de Elisa para buscar una respuesta a lo dicho.
-¿Tú también? ¿Eso quiere decir que me recuerdas? - Elisa negó con un movimiento de cabeza, haciendo que Tom se sintiera confundido. - ¿Entonces? Tú también…
-Siento en mi corazón que te amo, no me molesta el tenerte cerca de mí, mi cuerpo reaccionó al sentir tu tacto en mi mano, lo que siento por ti mi corazón y mi cuerpo no lo han olvidado, por eso sé que no me mientes al decirme que me amas. – Le dijo de nueva cuenta. Tom sonrió por lo que ella le decía y volvió a besarla una vez más aferrándose a sus labios un poco más ansioso mientras Elisa correspondía de la misma forma pero aún un poco tímida.
Tom después de tranquilizarse un poco comenzó a relatar la forma en la que había conocido y Elisa lo escuchaba atenta sorprendida por lo que decía, recordando algunos pasajes de su vida, sin embargo no le llegaba a su mente el rostro de aquel vaquero.
-¿Cómo te pudiste enamorar de mí? – Dijo ella sorprendida al escuchar la forma con la que ella la había tratado.
-No lo sé. – Le respondió Tom con una risita viendo como ella fruncía el ceño, poco a poco se asemejaba más a la antigua Elisa. – Creo que porque descubrí en ti a la chica frágil e insegura que había dentro de ti, y eso me cautivó, te escudabas en tu forma de ser fría y a veces cruel con las personas por miedo a que alguien te lastimara, aunque debo admitir que hiciste sufrir mucho a mi hermana Candy.
-¡Candy! – Dijo Elisa sorprendida al recordar ese nombre.
-¿La recuerdas? –Preguntó Tom con cierto miedo, no sabía si era bueno que ella la recordara. Elisa asintió.
-Ella es huérfana, me quitó el amor de Anthony. – Dijo de pronto, parecía que solo mencionar a la rubia había hecho que su mente se activara. Tom la veía hasta cierto punto decepcionado, sabía que no era su culpa ser así, pero no quería que odiara a su hermana de esa forma. – Pero Anthony murió. – Dijo Elisa cubriendo su cabeza con ambas manos comenzando a recordar muchos pasajes que venían a su mente sobre la forma en la que Elisa había tratado a Candy. – También me quitó a Terry y a…- Volteó a ver a Tom abriendo sus ojos, sin embargo no dijo nada más.
-También a quien… - Preguntó Tom esperando que le dijera que a él.
-No lo sé, no lo recuerdo. Estaba en el teatro, ella estaba frente a mí, junto a Terry, enseguida de mi esta alguien pero no logro ver su rostro. – Decía confundida mientras se colocaba sus manos agarrando fuertemente su cabeza. – Candy se iba a casar con él y yo salí corriendo. – Decía comenzando a transpirar y a respirar con dificultad. – Yo corrí hacia la salida trasera de aquel lugar y un hombre comenzó a seguirme. – Decía ofuscada.
-Tranquila Elisa. – Decía Tom preocupado, mientras veía como se removía en su cama buscando los recuerdos perdidos.
-Él me está siguiendo Tom. – Decía asustada. – Corrí sin saber qué rumbo tomar, él siempre me seguía. – Decía Elisa sin escuchar a Tom que se tranquilizara, de pronto no escuchaba nada tan solo seguía hablando comenzando a recordar de golpe aquel episodio trágico en su vida. – Después él me golpeó y luego estaba en su casa, trataba de besarme, estaba encima de mí y nadie me escuchaba, traté de escapar y me golpeó una vez más, el me besó. – Decía limpiándose con sus manos la boca sintiendo un infinito asco al recordar aquello. – Yo lo mordí y eso lo enfureció y me golpeó de nuevo. ¡Tom ayúdame! ¡Ayúdame! – Decía comenzando a perder el control, Tom llamo de inmediato a las enfermeras porque no podía controlar a Elisa, su mente estaba recibiendo de golpe toda la información ahí almacenada, sin embargo eso no era bueno para ella.
Las enfermeras entraron rápidamente para proporcionar un fuerte calmante a Elisa que la fue tranquilizando poco a poco, mientras Tom la veía sufrir nuevamente en su mente al ver todo lo que ella había sufrido aquella noche, ella le había gritado a él para que la ayudara y él estaba completamente ajeno a todo eso, si la hubiera buscado más tiempo sin haber supuesto que ella había ido a su casa, otra cosa sería. Los ojos vidriosos de Tom se encontraban con el médico que le preguntaba qué había sucedido.
Tom explicó al médico lo que había sucedido.
-Ya veo, por lo que me dice la señorita Leagan ha recuperado su memoria. – Dijo el médico pensativo. – Al parecer el recordar a aquella señorita que le mencionó detonó sus recuerdos.
-Pero a mí no me recordó. – Dijo triste Tom.
-Ella lo recordó a lo último, al llamarlo para que la auxiliara, ella esperaba que en algún momento usted llegara por ella, solo lo bloqueo un momento porque su recuerdo le dolía. – Dijo el médico. Tom lo escuchaba atento.
-¿Ahora qué pasará? – Decía con miedo.
-Vamos a espera ya que despierte, por lo pronto le diré que la señorita Leagan va a necesitar una terapia para superar el trauma vivido. – Tom asintió triste volteando a ver a aquella chica que tanto amaba dormida ahora sí tranquila en aquella cama de hospital. Suspirando con tristeza y deseando que pronto se recuperara y que lograra perdonarlo.
Continuará…
Buenos hermosas aquí les dejo otro capítulo más de esta historia, espero que les haya gustado y me dejen un comentario al respecto, le mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes y deseo que se encuentren bien todas las que estamos y todas las que somos.
Saludos y bendiciones.
