—Bien... ya hemos establecido el orden de los platillos... ¿Hay algo más que debamos investigar?

Juana se mostraba activa durante la búsqueda. Estaba preocupada, pues otro juicio significaba que ella podría morir en caso de tomar una mala decisión.

—¿Por qué no vamos al invernadero? Puede que encontremos algo de utilidad.

Sergei sugirió, pues consideraron que de ahí vino el posible motivo de los decesos de sus compañeros.

Sólo un grupo subió a las plantas del tercer piso: Jerzain, Darko, Sergei y Juana.

Ajax, Jean Paul y Xian Liang permanecieron en el primer piso para recabar información extra que pudieran encontrar en los alrededores.

—Entonces eres la responsable de la muerte de éste batallón...

Kimiko estaba concentrada en la lectura de una historia relacionada al uso de esa planta mortífera.

Jerzain había entrado ya que se separó de su grupo, pues prefirió hacer una pequeña inspección en la biblioteca para ver si encontraba algo de utilidad.

—Hola, Kimiko.

Él saludó sin ánimos. Se limitó a pasar y buscar entre las estanterías un libro sobre plantas y hierbas. Al ver con más cuidado a Kimiko, vió que ella tenía lo que buscaba.

—¿Sabías que la Adelfa fue utilizada por los españoles durante la guerra para protegerse de un batallón enemigo? Mataron a la mayoría de soldados al intoxicarlos con las hojas y tallos de la planta.

Ése era un hecho fascinante que captó la atención de Kimiko. Tomó una foto del relato.

—Además es la planta más común que puede crecer en las orillas de las carreteras de España y, responsable de la muerte de caballos y niños.

—¿De verdad? Tal vez debería enfocar mis investigaciones en éste ámbito. Casi no tuve decesos por envenenamiento...

—Me alegra que le des rienda a tu curiosidad. Ahora que has encontrado algo interesante... ¿Estás segura que la Adelfa fue lo que los mató?

Jerzain quería escuchar un veredicto antes del juicio.

—En realidad... no sabría decirte la muerte exacta de Asajú.

La Forense tenía dudas. Le comentó a él que había encontrado sangre detrás de la cabeza de éste.

—Estarás de acuerdo conmigo que un golpe tan potente puede provocar un escenario que ustedes vieron en el baño: Convulsiones.

—Ya veo... además no sabemos por cuánto tiempo él permaneció así...

—Mmm... creo que podríamos. Puedes preguntarle a Sergei. Por lo que sé una convulsión puede durar desde unos segundos a unos minutos...

Kimiko cerró el libro de plantas y hongos, lo depositó a su estantería y salió para investigar otras zonas del tercer piso.

Al llegar a las piscinas no había nada peculiar en el fondo del agua ni en los alrededores. Por un momento tuvo el recuerdo de los dedos rojos de Darko al tocar la Adelfa.

Cuando abrió el cobertizo donde se guardaban los materiales para el cuidado correcto del agua y mantenimiento de ésta, había una caja a simple vista que concluyó con un pequeño rompecabezas que ella había formulado.

Lo que más la hizo estar segura de que alguien pudo manipular esa pequeña caja fue un rastro de tierra que se metió entre el cartón.

El flash de la cámara iluminó el cobertizo.


—Fuí tan idiota...

Sergei se lamentaba. El solo hecho de estar en el invernadero le traía recuerdos de días pasados.

—Él me dijo que esa planta era mala... quién diría que su mayor preocupación resultó ser cierta y terminó muerto por eso.

—Haremos todo lo posible por encontrar a quien le hizo ésto a los dos. No quedará impune.

Darko ofrecía soporte a Sergei quien desde un inicio consideró un némesis.

—Sí... ah... me está hartando tener que hacer ésto... muere alguien, investigamos, hay juicio y alguien más muere...

—Voy a hablarte no como Jerzain, tu compañero, sino como el Criminal Definitivo, el Criminal más peligroso de todo el planeta tierra...

Levi puso su mano sobre el hombro del ruso.

—Sergei... déjalo ir. Tarde o temprano tendrás tiempo para sacarlo, pero no ahora. Concéntrate. Siendo afligido, haciendo comentarios como esos, siendo el pobre imbécil hará que la muerte de José, y de las personas que vayas a conocer Y PERDER sean insignificantes y peor aún... va a arrastrarte a donde sea que ellos estén.

Le dió un par de golpes muy suaves en sus mejillas y le sonrió.

—Ahora empieza a poner de tu parte.

El sujeto con su suéter de cuello de tortuga caminó a la posición de las plantas que causaron la muerte de sus amigos.

—No me había dado cuenta de ésto.

Jerzain notó que había huellas de unos dedos en la tierra.

—Veo que nuestro asesino es idiota.

No pudo dejar pasar la oportunidad y tomó una fotografía de las huellas.


—Creo que desde un principio comenzamos con la investigación...

Sergei no encontraba nada más de importancia en el invernadero. Tenía la sensación de que se habían adelantado, y encontraron con anterioridad lo que debían hallar en la investigación.

Sentía que ahí sobraba, por lo que abandonó la zona y caminó con cierto desánimo al segundo piso. Ingresó a la Sala de Juegos y se acercó a la recreativa del videojuego que solía jugar con el Guardabosques.

—Nunca terminamos esa partida amigo mío... de verdad siento mucho lo que te pasó...

Al ver su reflejo en la pantalla negra por un instante creyó que alguien estaba detrás suyo. Al voltear con suma rapidez, lo único que había a sus espaldas era una figura de cartón que tenía muchas similitudes con José.

—¿Quizás me estás dando señales? Creo... que sé lo que debo hacer.

Sergei abandonó la sala. Su objetivo era la habitación de su mejor amigo.

En el pasillo se encontró a Jean Paul y a Juana, el francés había salido de la habitación del mexicano con su MonoDroid en mano.

—Es bueno que consideras tu salud.

El paramédico felicitó al ver que el historiador tenía guantes blancos en sus manos.

—Quiero descubrir al asesino... sé que no soy el mejor, pero quiero tratar... no quiero estropear nada o mancharme con algo, por eso los tengo puestos.

Con naturalidad el joven obeso comentó. Había cierta tristeza en su cara, pues veía siempre cabizbajo.

—Tengo que... despedirme. Con tu permiso.

Sergei Romanov entró a la habitación de José. Ahí estaba su amigo sentado en la cama con una sonrisa que irradiaba tranquilidad.

—Sé... que tú estás durmiendo...

Sergei tomó una silla y se sentó a su lado.

—Nunca me diste la revancha en el videojuego... esperaba a que te animaras a venir conmigo... pero no sucedió...

Le estaba costando hablar.

—¿Sabes? He tenido éstas alucinaciones... sueños... tú y yo éramos grandes amigos... éramos como hermanos.

Le daba una tristeza profunda el ver su cuerpo rígido, pero su rostro pacífico.

—Teníamos un uniforme muy parecido... cada vez la sensación de que te había conocido antes se intensificaba y... sabía que había algo peculiar cuando nos conocimos en el gimnasio...

No quería verlo, pero debía hacerlo.

—Kimiko me dijo que le habla a los muertos... porque eso les da tranquilidad... y yo... necesito tranquilidad... nosotros... la necesitamos.

Se reía de lo mucho que le costaba respirar.

Apartó un poco la camisa de su cuello para darse aire.

—No sé si escuches... pero quiero que sepas que ésto no se quedará así... encontraremos a quien te hizo ésto... y...

Mordía sus labios tratando de averiguar qué decir después.

—Te voy a extrañar. Eras un hombre muy amable, un gran amigo... y me hubiera gustado que hubieras salido de ésta pesadilla...

Sergei estalló en lágrimas. No pudo aguantarlo y cubrió su rostro con ambas manos ya que no tenía el valor para abrazar el cuerpo inerte.

—Y por tu familia... sé que te fuiste sin saber qué fue de ellos... pero si los encontramos, les diremos que hiciste todo lo que estuvo a tu alcance... y que tu sacrificio no fue en vano... te prometo que no serás olvidado.

El ruso no se había dado cuenta que las piernas de su amigo muerto se habían relajado, y los demás músculos no lucían tan tensos.

—Si tuviera el talento para revivir a los muertos lo usaría contigo sin pensarlo... no es justo lo que te hicieron.

En su cabeza estaba la deliberada idea de que José abriría los ojos y le diría que solamente estaba un poco cansado.

—Sé que me lo he imaginado... pero me gustaría que fuera así... Dime algo por favor... No estás muerto ¿Verdad? ¿Verdad que sólo estás durmiendo? ¿Es cierto que todo ésto me lo he imaginado, no es así? Dimelo por favor...

Se había desesperado a tal punto de tomar la mano de su amigo y sacudirla esperando respuesta.

Derrotado se hincó y le imploró perdón de rodillas.

Kimiko estaba parada en la entrada, la escena la había ablandado al punto de llorar por primera vez por un cadáver y un afligido a su lado.

Kimiko ingresó, lo tomó del hombro y lo sacudió.

—Lo has hecho estupendo, Sergei... yo no hubiera podido. Vamos grandote...

El ruso volteó y la miró desde abajo con ese par de ojos vacíos con un color rojo.

—José ha muerto, Kimiko... lo han matado...

Tenía a la Forense de frente y aún así seguían saliendo lágrimas de sus ojos.

—Al principio me lo negaba... quería tomarlo con madurez pero... luego creí que lo ví y entonces vine y después yo...

—Hiciste lo correcto. Vamos Sergei... ya es momento de vengarlos.

—Sólo debo hacer algo.

Romanov movió el cuerpo de José para que estuviera acostado, y de ése modo tomó la cobija y lo cubrió.

Una imagen mental de Sergei parecía ser real, pues veía cómo la cobija se movía en la zona de la nariz y el pecho como si él estuviera respirando.

—¿Está...?

—No, Sergei... está en tu cabeza. Si quieres saber por qué se fue debes ser fuerte y darlo todo en el juicio.

Nishimura le pidió que apartara la vista.

—Vámonos, ahora. Ya te despediste... es nuestro turno de hacer los honores.

Romanov asintió. El paramédico le sonrió a su amigo y salió con la frente en alto.

—Nos vemos en la otra vida, José.

Kimiko cerró la puerta. Se aseguró de cerrar la puerta de Asajú también.

Caminaron hasta el gimnasio. Por sus llantos Sergei no escuchó el anuncio del próximo inicio del Juicio Escolar.

Nadie decía nada.

El ambiente era pesado y que cada vez había menos alumnos.

Kimiko antes de ingresar dió un mensaje.

—Estoy segura que uno de ustedes los mató.

Kimiko comentó con seriedad. Su mirada, sus ojos, todo indicaba que estaba enojada.

—Un animal... ¡No un compañero! Ni un amigo... ¡UN ANIMAL LOS MATÓ!

No sabían cómo reaccionar pues era raro verla así.

—Tú, asesino que estás entre nosotros... te vamos a encontrar y... personalmente voy a disfrutar de tu ejecución, porque la muerte es mostrar PIEDAD a diferencia de lo que mostraste con José y Asajú.

Nishimura fue la primera en entrar al elevador. Los demás compañeros la siguieron apenados.

Por las mentes de muchos habían imágenes del pasado.

Veían los espacios faltantes donde debían estar Callum y María.

Veían el espacio faltante de Dalilah rezando.

Veían el espacio faltante de Eliza pensando.

Veían... los espacios faltantes de José a un lado de Sergei y Asajú a un lado de Ajax.

Los supervivientes estaban determinados a luchar por sus vidas una vez más.