Ambientado en el universo de Star Wars.
Capítulo 21: Ahch-To.
- ¿Qué?
- Lo siento mucho, de veras lo siento mucho hija - se disculpó Mara intentando contener el sollozo - Yo debí decírtelo antes, pero tú te veías tan feliz con Poe, no quería arruinar tu felicidad.
- No... lo que dices... es absurdo - Rey negó con la cabeza - Es imposible, Ben no se pudo haber enamorado de mí; él era un niño, mi hermano, mi familia... no...
- Cuando Ben me lo confesó, no parecía un niño, era un hombre.
- Es que... soy muy mayor para él. Mi padawan no pudo... - la Jedi se puso de pie - Madre, tú estás muy afectada por el coma, tienes algunos recuerdos que no coinciden con la realidad.
- No te atrevas a llamarme loca - la regañó Mara.
Rey siguió negando con la cabeza y sin darse cuenta comenzó a dar vueltas por toda la habitación intentando encajar las piezas en su mente.
Ben siempre fue muy atento con ella, la halagaba, le decía lo hermosa que era, y cada día se esforzaba por mejorar en su entrenamiento llevándolo a ser el mejor padawan en la academia. ¿Éso era amor de hermanos... o amor romántico?.
- Ben te amaba, y esos sentimientos...
- Lo llevaron al Lado Oscuro - completó Rey - Yo... y sólo yo, soy la culpable de su desgracia.
- No hija, no digas...
Mara no pudo terminar de hablar pues la Jedi había salido de su habitación sin despedirse.
Rey corrió a toda prisa por los pasillos de la zona médica en D'Qar hasta perderse en el hangar y después en el bosque.
Se detuvo a descansar sólo cuando dejó de escuchar el ruido de la base, éso le comprobaba que estaba lejos.
Y entonces, comenzó a escuchar su voz por segunda vez en el día.
- Rey.
Fue como un eco que recorrió todo el bosque, se escuchaba cansado, como si estuviera inconsciente.
- ¿En dónde estás? - preguntó la Jedi torpemente sabiendo que su antiguo padawan no podría encontrarse en el bosque - ¿Cómo es que...?
- Rey... - se volvió a escuchar.
La nombrada entendió que Kylo Ren no estaba presente y menos en sus 5 sentidos, se escuchaba adormilado, inconsciente. Recordó lo que pasó horas atrás cuando lo vio en su espejo; quizás el Caballero de Ren seguía bajo cuidados médicos.
- ¿Cómo es que puedo escuchar tu voz si estás tan lejos? - pensó en voz alta.
Entonces escuchó un grito de dolor que poco a poco fue haciéndose más fuerte.
- ¡Ya basta! - gritó Rey sacando su sable de luz.
Los gritos cesaron como si nunca hubieran existido.
- ¿Qué es esto? ¿Él lo está haciendo a propósito... o hay otra persona detrás de todo esto? - se cuestionó la Jedi apagando su sable de luz.
La palabras de Mara volvieron a su mente "Ben te amaba"
- Me amaba - repitió llevándose una mano al pecho ¿en qué momento sus latidos se habían acelerado? - Y yo nunca noté ese problema, pude haberlo ayudado.
"No parecía un niño, era un hombre"
Ben siempre fue un muchacho guapo ante sus ojos, pero nunca lo vio de forma romántica ¿verdad?.
Rey retomó su camino de vuelta a la base pensando en las palabras de Mara Jade. Poco a poco comenzó a notar esos pequeños detalles que Ben solía tener con ella. Los abrazos que le brindaban una sensación cálida, su sonrisa que formaba unos tiernos hoyuelos, las tardes que pasaban en las colinas viendo las flores como si fuera...
- ¿Una cita? - Rey se detuvo en seco. Siempre creyó que cuando su antiguo padawan la invitaba a la colina era porque necesitaba despejar su mente del entrenamiento, pero analizándolo mejor, todas esas salidas parecían algo más que un descanso.
Ben siempre fue muy dulce y atento, pero la Jedi no supo darse cuenta de los bellos sentimientos que tenía. Ella era muy mayor para él, siempre le deseó lo mejor y que encontrara la felicidad al lado de una chica de su edad.
- Yo fui la culpable de su descenso al Lado Oscuro - repitió - Nunca debí prestarle más atención que a los demás padawans, debí tratarlo como a un muchacho cualquiera y quizás él nunca hubiera desarrollado esos sentimientos por mí.
Lo que Rey no sabía, era que Ben Solo se había enamorado de ella mucho antes de convertirse en su padawan.
Al llegar la noche en la base, Leia solicitó hablar con Rey a solas para encomendarle su misión. La Jedi estaba decidida a ir en busca de Luke y traerlo de vuelta, no le importaba nada más por ahora.
Pero habían un par de dudas ¿qué le iba a decir cuando lo viera? ¿Cómo reaccionaría Luke al verla? ¿La abrazaría? ¿La rechazaría? Como último recurso, utilizaría el nombre de Mara Jade para traerlo de vuelta.
Y el día siguiente llegó más rápido de lo esperado, y con eso, la ubicación exacta del lugar donde se hallaba Luke Skywalker.
- ¿Ahch-To? - cuestionó Rey - El maestro Skywalker me habló sobre ese planeta, pero nunca me dijo en dónde se ubicaba. Supongo que decidió exiliarse en ese lugar... y solo.
- Y ahora, finalmente tenemos la ubicación - Leia tomó la mano de Rey y cuidadosamente le colocó una manilla alrededor de su muñeca - No podemos quedarnos mucho tiempo en la misma base, sabrás dónde encontrarnos.
- La señal a casa - murmuró la castaña - Gracias, no fallaré General.
- Yo sé que no lo harás - asintió la mujer mayor mostrando una sonrisa para después despedirse dando paso a la haysiana.
- Cuídate mucho - dijo Rose y la Jedi no dudó ni un segundo en abrazarla.
- Gracias por haberte arriesgado por mí y salvarme - susurró - Eres una gran amiga Rose, ustedes también deben cuidarse.
- Estaremos bien, no nos daremos por vencidos tan fácilmente - afirmó la mecánica deshaciendo el abrazo - Muy pronto toda esta guerra acabará. La Primera Orden va a caer.
- Así será Rose - asintió la Jedi despidiéndose de la haysiana.
Rey caminó con un pequeño bolsón de tela hasta el Halcón Milenario en donde Chewie la estaba esperando. Han bajó por la rampa de la nave interrumpiendo el paso de la Jedi.
- ¿También vendrá conmigo señor Han? - preguntó la castaña en modo de burla.
- Creo que Chewie hará un excelente trabajo cuidando de ti - bromeó el contrabandista - Yo me quedaré con tu General - dijo guiñándole un ojo.
- Cuide de Leia y de mi madre mientras no estoy, no deje que nada malo les pase - pidió Rey.
- Lo haré - asintió Han dándole un último abrazo a la Jedi para después dejarla ingresar a la nave - Oh, casi lo olvido - interrumpió.
Rey se detuvo y dio media vuelta.
- La vieja Maz me entregó esto - avisó el contrabandista sacando del interior de su chaqueta un sable de luz con empuñadura plateada - Me pidió que te lo entregara y dijo que tú sabrías qué hacer con él.
La Jedi tomó el sable sorprendida - Es el sable de Luke, y de su padre antes de él.
- Quizás te sea de ayuda, no entiendo mucho de los sables de luz pero siempre se necesita un arma extra en el bolsillo - comentó Han - Suerte.
La Jedi asintió guardando el sable de luz que creyó perdido para siempre, con tan solo tenerlo entre sus manos fue suficiente para sentir la energía que Luke había depositado en él cuando era joven.
Rey divisó a R2-D2 en el fondo mientras que Chewie ya se encontraba en la cabina listo para pilotar junto a ella.
Desde afuera, Leia se encontraba viendo el Halcón Milenario con esperanza, depositando toda su fé en Rey sin darse cuenta que Han Solo se acercaba a ella.
- Se ha convertido en una mujer increíble - comentó el anciano - Y valiente.
- Una gran Jedi, ella y Luke son mi esperanza para acabar con Snoke y la Primera Orden - dijo Leia viendo a la nave despegando - Y así, ponerle fin a esta guerra.
- Adoro tu determinación - la halagó el contrabandista.
- Oh por favor ¿no tienes algo mejor que hacer? - se quejó la General dando media vuelta de regreso a su oficina.
- Ni siquiera me has agradecido por prestarle mi nave a Rey - le recordó Han yendo detrás de ella.
- Tu ofreciste tu nave, y si quieres alguna monetización pues estás perdiendo el tiempo - finalizó Leia fingiendo estar enojada cuando en realidad se sentía muy sonrojada y nerviosa.
El Halcón Milenario abandonó la base para elevarse más allá del cielo. Rey puso las coordenadas indicadas por el mapa mientras Chewie preparaba el propulsor para saltar al hiperespacio.
- ¿Listo? - preguntó la Jedi.
Chewbacca afirmó con un rugido.
Entonces empezó el viaje. Pasaron unas cuantas horas cuando el monitor soltó un pitido informando que ya se encontraban cerca del lugar indicado.
Rey no pudo evitar sentirse nerviosa, habían pasado 6 años desde la última vez que vio a Luke.
Chewie le dio unos rugidos de aliento para que no se sintiera nerviosa, aunque viniendo de su parte no funcionaban del todo.
- Estoy bien, estoy bien - murmuró Rey para sí misma - Puedo hacer esto.
Minutos después, se adentraron en la atmósfera del planeta. Poco a poco se comenzó a notar un gran océano, y a lo lejos se encontraba una isla montañosa. Era un lugar bello, tranquilo y pacífico, perfecto para las personas que desean exiliarse y abandonar a sus esposas en estado de coma.
Chewie aterrizó la nave sobre una gran piedra lisa a pocos metros del océano. Rey bajó la rampa para después salir de la nave hacia el exterior. Frente a ella se encontraba un hermoso paisaje que poco a poco se iba nublando.
El lugar tenía similitudes con la academia, y le traía muchos recuerdos.
Decidida a continuar, caminó con la esperanza de encontrar al hombre que la entrenó y que consideraba un padre. No podía sentir la firma de Luke en la Fuerza, éso la desalentaba a cada paso llevándola a pensar lo peor.
Corrió hacia arriba sin importarle el cansancio, no había nada, su presencia no estaba allí. Algo muy diferente era no sentir su firma en D'Qar, pero estando en el mismo planeta donde supuestamente se encontraba Luke significaba algo más.
- ¡Luke! - lo llamó Rey esperando ser escuchada por alguien, cualquier habitante que se encontrara en la isla - ¡Maestro Skywalker!.
Rey siguió corriendo hacia arriba creyendo haber llegado demasiado tarde ¿podría haberse ido hace mucho tiempo? ¿Podría estar muerto?.
- ¡Maestro Skywalker! - gritó una vez más.
Cuando estuvo a punto de darse la vuelta para ir a pedir ayuda a Chewbacca, una voz la obligó a detenerse.
- Rey.
La Jedi giró la cabeza lentamente y al borde de las lágrimas.
Más arriba, entre la espesa neblina, se hallaba un hombre cubierto con túnicas y una capucha en su cabeza. Ella sabía que era su maestro, y lo confirmó cuando él se quitó la capucha dejando ver su identidad, estaba más viejo de lo que la Jedi recordaba, con el pelo canoso y un rostro que reflejaba tristeza y seriedad al mismo tiempo producto de la soledad.
Rey se acercó lentamente sin despegar la mirada de los ojos tristes de Skywalker. Se quedó parada a un metro y medio de Luke y sacó el sable que Han le entregó antes de irse de la base. Extendió su mano ofreciéndole el sable de luz a su dueño, esperando ser aceptada.
Luke vio su mano y después a ella entendiendo su petición.
Ahora sólo faltaba una respuesta.
Kylo Ren estaba tendido sobre la camilla con el pecho totalmente desnudo. La mitad de su rostro fue vendado para ocultar una terrible herida que por poco le hace perder el ojo derecho, pero en su lugar dejó una horrible cicatriz que probablemente no iba a desaparecer jamás. Ésa fue la marca que la Jedi había hecho en él.
- Rey... - susurró inconsciente, su mano comenzó a temblar y después todo su cuerpo - Rey...
El droide médico encargado de cuidarlo se acercó para ayudarlo, pero fue en vano, Kylo Ren abrió los ojos y lo primero que hizo fue alejar al droide de su lado con ayuda de la Fuerza. Estaba descontrolado, herido en el ego, furioso.
Se sentó sobre la camilla y llevó una mano a su cara, con mucho enojo se quitó la venda arrojándola al suelo y gritó todo lo que había reprimido.
- Señor, sus heridas aún son graves, debe guardar reposo. Su cicatriz puede... - intentó advertir el droide médico.
- Sal de aquí - ordenó Ren.
- Pero señor, tengo órdenes de...
- ¡Ahora! - gritó.
El droide médico se retiró lo más rápido que sus piernas se lo permitieron dejando solo al Caballero de Ren.
Kylo se puso de pie y tomó una bandeja metálica arrojando al piso su contenido, poco le importó que fueran jeringas.
Acercó la bandeja a su rostro y en ésta vio su reflejo. Una horrible cicatriz recorría su mejilla y bajaba hasta su pecho. Por poco pierde el ojo, o peor aún, la vida.
Pero no lo hizo, ella no fue capaz de hacerlo.
- ¿Por qué Rey?... ¿Por qué no acabaste con mi miserable vida? ¿Por qué no le diste fin a todo mi dolor? Salvaste a mi padre pero no puedes salvarme a mí, mi única salida es la muerte - murmuró Ben bajando la mirada.
Ben Solo había salido una vez más, sintiendo compasión por la Jedi, pero no faltaba mucho para que el Líder Supremo Snoke lo sometiera a otra tortura para que olvidara todo lo que alguna vez fue, dejando solamente el odio y la oscuridad.
Las puertas se abrieron automáticamente dando paso al General Hux quien mantenía sus manos detrás de su espalda como era de costumbre. El pelirrojo se acercó con una expresión seria en el rostro, no le agradaba ver a Ren con vida, pero sus órdenes fueron claras.
- El Líder Supremo te quiere ver recuperado lo más pronto posible - habló Hux - No hagas que me arrepienta de haberte sacado de la base cuando fácilmente pude haberte dejado morir.
- ¿Y qué? ¿Tengo que darte las gracias? - espetó Ren.
- No es necesario, para mí tampoco es agradable verte - confesó el General - Pero tengo órdenes que debo acatar.
Ren volvió a ver su reflejo en la bandeja, intentando ver qué tan profunda había sido su herida.
- Estás totalmente deshecho - lo humilló Armitage - Ni siquiera pudiste acabar con una débil e insignificante Jedi.
Ésa fue la gota que colmó el vaso.
- ¡Tú... no sabes nada! - clamó Ren furioso extendiendo su mano hacia Hux.
Al General se le cortó la respiración, su garganta sintió una fuerte presión que lo obligó a caer de rodillas.
Entonces una voz se escuchó en lo profundo de la mente de Kylo Ren, era su maestro Snoke.
"No te atrevas, aún no. Ya habrá otra oportunidad mi fiel aprendiz"
De inmediato Armitage fue liberado y dio grandes bocanadas de aire - ¡Estás loco!.
- No tanto como tú, ahora vete, quiero estar solo - ordenó Kylo.
- La próxima vez que tenga que salvarte el pellejo, no lo haré - declaró el General - Morirás solo Ren, nadie derramará una sola lágrima por ti, ni siquiera el Líder Supremo.
Hux salió furioso masajeando la zona de su cuello. Odiaba a Kylo más que a nada en su vida, y deseaba matarlo con sus propias manos, pero era imposible. Ren era poderoso en la Fuerza, un regalo que según Hux, no merecía tener.
Pero el Caballero se quedó pensativo, las palabras que dijo el General eran muy ciertas.
- Nadie derramará una sola lágrima por mí - repitió - Como si no lo supiera.
Ren estaba consciente de que había roto todos los lazos que tenía, pero aún así, no pudo evitar pensar en su padre y en su madre ¿ellos llorarían su muerte? Y la imagen de la hermosa Jedi también vino a su mente ¿Rey lloraría por él? ¿Lo extrañaría?.
- Pudo matarme, pero no lo hizo - finalizó Ren pasando su mano delicadamente por su mejilla. La herida ya estaba cicatrizando, sin duda alguna, Rey lo había marcado.
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