Especial de Otabek
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Verificó que todo estuviera en sus pantalones negros. Celular, billetera y llaves.
Echó un rápido vistazo a su departamento para ver todo en orden y al apreciar que estaba listo, se fue hasta la puerta para al fin salir. Ya era viernes y el reloj marcaba las cuatro y media. Otabek debía ir por Yuri a su escuela para llevarlo al club. Compartió el ascensor con una vecina del mismo piso la cual saludó educadamente y se posicionaron uno al lado del otro para bajar. Una vez en los estacionamientos del edificio Otabek dejó descender a su contigua primero, quien le agradeció y se despidió de él con una sonrisa, para después él bajarse del transporte y comenzar a caminar hasta donde estaba aparcada su tan amada motocicleta negra.
Al llegar a su estacionamiento con facilidad quitó la funda gris que protegía a su moto y la dobló ordenadamente para terminar guardándola en uno de los morrales de esta misma. Sonrió al apreciar nuevamente su transporte tan imponente. No podía negar que había extrañado mucho su motocicleta en Moscú, no poder montarse en ella diariamente había sido muy desconcertante para él, pues la motocicleta, con su rugir y movimiento, siempre lo relajaban absolutamente de todo.
Después de apreciarla por unos segundos de que no tuviera nada fuera de lo común, se colocó su casco estilo alemán junto a sus guantes y lentes para segundos después pasar su pierna derecha al aire sobre la moto y así quedar sentado al fin en ella. Viendo que no hubiera ningún vehículo en la pista de salida, incrustó la llave para encender su transporte y sonrió cuando escuchó aquel ronroneó que amaba. Era sentir libertar en un sonido. Subiendo ambos pies aceleró lentamente para salir del edificio y una vez fuera de este aumentó más la velocidad apreciando el viento helado de San Petersburgo en su rostro.
Condujo varios minutos sin detenerse con calma ya que no había ningún apuro. La escuela de Yuri le quedaba relativamente cerca en motocicleta que apresurarse significaba llegar muy temprano. Se detuvo en un semáforo que marcaba rojo y movió un poco su cuello que lo sentía un tanto agarrotado, sabía que necesitaba ya ir al club a entrenar para liberarse de las tensiones de sus músculos, ya que, a pesar de haberse ejercitado en Moscú en su tiempo libre, eso no había sido suficiente para su cuerpo que estaba acostumbrado a ejercicios muchos más extensos y duros.
Volvió a ponerse en marcha junto al potente sonido del motor de su moto pasando a algunos vehículos con profesionalidad y en menos de diez minutos estuvo frente a las puertas de la escuela. Apagó su vehículo y lo colocó en reposo, luego se levantó para terminar apoyado en el asiento de su moto levemente parado. Se quitó su casco y lentes dejándolos sobre el asiento para a continuación ver los interiores del colegio sin moverse. La nieve pre-denominaba el lugar y los débiles rayos de sol —el cual se escondería muy pronto— hacían brillar todo de forma mágica. Miró la hora en su móvil para después guardarlo. Eran las cuatro cuarenta y cinco de la tarde. A pesar de que no se había apresurado en nada había llegado temprano como siempre. Bueno no era su culpa ser tan puntual, de pequeño sus padres lo educaron así y con esa costumbre se quedó. Prefería mil veces él esperar a que otra persona hiciera tiempo.
Se pasó las manos por el cabello echando para atrás un mechón rebelde en su frente que ni con gel se amoldaba. Después de intentarlo un par de veces más suspiró rendido cuando este nuevamente caía para decorar su frente. "Quizás deba cortarme más el cabello…", pensó indeciso para luego negar aquella idea ya que se sentía bien como lo tenía hasta ahora. Volvió a ver la fachada del recinto y bostezó, a pesar de haber dormido toda la noche y parte del día anterior seguía sintiéndose cansado pues en Moscú perdió muchas horas de sueño por su trabajo y algunas salidas para ver la cuidad. Pensó en el día de ayer junto a Yuri y en lo cansado que había quedado por el viaje. Se arrepentía un poco del hecho de que Yuri hubiera ido a buscarlo al aeropuerto y después ir a su departamento a solo dormir, sí por él hubiera sido, hubiese sacado a Yuri a algún lugar para conversar de todo lo que no compartieron en estas largas semanas y divertirse un poco, pero como había estado tan agotado, con suerte logró mantenerse despierto para almorzar y hablar un poco con el ruso.
"Ni siquiera pude ir a dejarlo a casa por lo cansado que estaba", recordó con pesar. Yuri se había ido de su departamento ya con el cielo oscurecido y eso no le gustó para nada a Otabek. No estuvo tranquilo hasta que el ruso le informó que había llegado sano y salvo a su casa.
Escuchó a la distancia como el timbre que indicaba el final de la jornada escolar sonaba estruendosamente por toda la escuela. Eso a Otabek le recordó vagamente como era su tiempo de alumno y sintió nostalgia por esos años, según recordaba, él pasaba casi todo el día durmiendo en clases e increíblemente sacaba buenas notas impidiendo con eso que sus maestros lo regañaran.
Vio como los primeros alumnos comenzaron a salir con sus mochilas y bolsos colgados en los hombros. Muchas cabelleras claras y algunas oscuras se movían con el viento y entre todas ellas pudo reconocer una que no veía hace tiempo: Yuuri Katsuki.
El chico caminaba cabizbajo mirando el suelo a la vez que apretaba las correas de su mochila. Sus pasos eran rápidos como si quisiera desaparecer lo más rápido posible del lugar y eso llamó completamente su atención. Recordó que Yuri hace unos días le había dicho que Katsuki se había estado comportante extraño, pero él pensó que eso ya había pasado. Extrañado por verlo de esa forma se separó por completo de la motocicleta con intenciones de juntarse con él, sin embargo, para su sorpresa Yuuri antes de verlo o de llegar a la calle, dio vuelta sobre sus talones y se dirigió con un trote rápido devuelta al edificio. Otabek sin tener la autorización de entrar al lugar frunció sus cejas sintiéndose un poco curioso y sin poder hacer más volvió a descansar en el asiento de su transporte.
"¿Qué le estará pasando?", pensó en algunas posibilidades, pero como ahora poco hablaba con él le era difícil llegar a una conclusión, eso sí cualquier cosa que fuera debía ser algo grave.
Caviló unos segundos en el extraño comportamiento del asiático hasta que se vio interrumpido al sentir fuertes miradas sobre su persona. Varias chicas que salían del lugar lo veían con insistencia mientras susurraban entre ellas con sonrisas y sonrojos en sus rostros. Otabek lanzó un suspiro simulado, siempre le era incomodo aquello pero no podía decir nada para no causar malos entendidos. Cambió su peso a su pie derecho y nuevamente transportó sus ojos hasta la entrada de la escuela ignorando por completo a las chicas que pasaban a su lado tratando de captar su atención. Su rostro estaba contrariado, tenía esa mirada de pocos amigos que lo caracterizaba, pero eso no parecía ahuyentar a las interesadas.
Se cruzó de brazos y en ese instante captó el color rojo del suéter de Yuri que solía ponerse para los días fríos. Sonriendo levemente al ver esos ojos verdes de soldado que lo veían directamente a la distancia, se puso completamente de pie y marcó más su sonrisa cuando Yuri llegó a su lado con la respiración algo agitada.
—Beka, perdón por la demora, tuve que ir a buscar unos libros a la biblioteca… ah, tenemos que leer algo para el siguiente mes —dijo Yuri, recuperando el aire.
—Está bien. No hay problema —respondió Otabek, levantando su mano derecha para revolverle su sedoso cabello. Yuri ante eso obtuvo un color más rojo en sus mejillas por lo que el mayor pensó que se veía lindo. Las mejillas sonrojadas del ruso siempre le daban un aire de inocencia.
—¿Por qué siempre me desordenas el pelo? —Inquirió a los segundos el menor, llevándose ambas manos a su cabeza apartando de forma mansa la del kazajo.
Otabek se quedó pensando en la pregunta, pero sin tener muy en claro sus pensamientos, respondió lo primero que cruzó por su mente.
—Haces caras raras cada vez que lo hago —dijo con su rostro completamente neutral, mirándolo directamente a la vez que aguantaba una pequeña sonrisa que se le quería formar en los labios por la expresión perpleja de su amigo.
Yuri al escucharlo abrió sus ojos sorprendido para luego lanzar un bufido.
—Solo te gusta molestarme, ¿Verdad? —sus ojos esmeraldas se desviaron al suelo mientras se cruzaba de brazos.
Otabek sin poder evitarlo soltó la risa aguantada para nuevamente revolver sus cabellos sintiendo la suavidad de estos entre sus dedos.
—Se vuelve un vicio molestarte, Yura, no me culpes —contestó divertido, viendo como nuevamente las mejillas de Yuri se tornaban rojas dándole competencia a su suéter rojo; y con eso pensó que definitivamente nunca se cansaría de molestarlo ya que el ruso tenía las reacciones de un pequeño gato… un pequeño gato gruñón.
—¿Eh?, ¿Qué cosas dices…? —Yuri volvió a mirarlo con sus cejas juntas. Al verlo tan sulfurado supo de inmediato que ya eran suficientes las bromas, pues sabía que Yuri tenía poco aguante con estas cosas y sí se pasaba de la línea el ruso comenzaría a mostrarse más nervioso y torpe.
—¿Cómo estuvo tu día? —Otabek después de ver que Yuri se relajaba tomó ambos cascos y le pasó uno a su compañero quien respiraba pausadamente frente a él. El ruso después de unos instantes agarró el casco y con eso Otabek pudo notar como los ojos esmeraldas del menor comenzaban a brillar por la emoción. "Al parecer no fui el único que extraño la moto", pensó posando sus ojos en su transporte.
—Fue jodidamente aburrido, pero eso ya no importa. ¡Trajiste tu moto! Ah, ya estaba aburrido de andar en el maldito metro —se expresó como un niño tocando felizmente el transporte.
—Eso sonó a como si solo me hubieras extrañado por la moto, Yura —comentó Otabek fingiendo dolor, nuevamente encontrando un oportunidad para molestarlo.
El ruso saliendo de su felicidad transitoria, volteó con una expresión sería. Otabek extrañado por su mirada afilada, solamente se quedó en silencio esperando a sus palabras.
—No seas tonto, Beka. Está claro que solo pensé en ti, una moto es solo una moto —habló el ruso con determinación, dejando congelado a Otabek. Aquellas palabras soltadas tan seriamente no se las había esperado para nada. Pensó en que decir, sin embargo, las voz alterada de Yuri volvió a llegar a sus oídos espantándole las palabras —… ¡Eh! Co-Como sea, ¡vámonos ya! —soltó dándose la vuelta para mostrarle la espalda a Otabek mientras se colocaba el casco temblando de pies a cabeza.
Dándose cuenta de que no era necesario decir nada más, solo sonrió un poco para luego montarse en la moto colocándose todo sus implementos en su cuerpo. Yuri lo siguió sentándose detrás de él en silencio.
—¿Cómo estuvo tu día, Beka? —preguntó a los segundos el ruso.
—Estuve durmiendo hasta el medio día —confesó, mirando sobre su hombro—, comí lo que quedó de ayer y luego ordené algunas cosas del trabajo para en seguida venir por ti.
—Huh, que envidia. Me gustaría haber podido dormir hasta medio día.
—Podrás hacerlo mañana ya que es fin de semana —lo animó Otabek.
—Sí… Bueno, vamos que me congelo.
—Bien —el kazajo encendió el motor provocando que la moto comenzará a estremecerse—. Ya nos vamos, sujétate —le indicó a su acompañante pero las manos de Yuri nunca llegaron a su cuerpo. Extrañado volvió a verlo sobre su hombro—. ¿Yura, nos vamos o no?
—¿Eh? —lo miró sorprendido—. Oh, sí. Vamos —dijo para después colocar sus brazos alrededor de su torso.
Otabek encontrando un poco extraño a Yuri quiso preguntarle si le pasaba algo, pero prefirió ponerse en marcha para así —sí es que le ocurría algo a su amigo— darle tiempo en pensar lo que fuera que pasará por su mente; ya después indagaría más tranquilo sus posibles inquietudes si el ruso seguía pareciendo extraño.
Cuando llegaron al club se bajaron de la moto sin ningún apuro pues no tenían un horario definido para comenzar sus entrenamientos. Otabek se aseguró de dejar su moto en buena posición y a continuación se sacó las cosas de motoquero para luego encontrase a Yuri mirando fijamente su vehículo sin pestañar, sus ojos penetrantes en ese segundo le parecieron más extraordinarios.
—¿Qué pasa? —preguntó al verlo tan concentrado.
—¿No le tienes un nombre a tu moto? —soltó el ruso curioso.
—¿Nombre? —alzó una ceja, no se había esperado eso—. No.
—Pensé que todos los chicos rudos le ponían nombres a sus motos —Yuri se cruzó de brazos para poner una expresión pensativa.
—No creo que lo necesite… ¿Quieres que tenga un nombre?
El kazajo no creía realmente necesario aquello, encontraba algo tonto que las personas le pusieran nombres a sus cosas, sin embargo, si Yuri pensaba que era buena idea no se lo iba a impedir. El chico menor pareció tomarse seriamente esa pregunta, que Otabek al ver su concentración tan persistente pensó que le iba a explotar el cerebro en cualquier instante.
—¿Qué te parece Bestia negra del infierno polar? —sugirió el ruso dejando sin palabras al mayor. Se la había olvidado a Otabek que Yuri tenía la manía de poner nombres muy peculiares a todo. Realmente peculiares.
—Hum —carraspeó la garganta buscando algo que decir. Quiso negarse ya que el nombre le parecía muy largo, pero al ver los ojitos brillosos de su amigo percibió que toda negación se desvanecía—. Me parece bien.
—¿Verdad? —dijo animoso dando un pequeño saltito de la emoción.
—Sí, definitivamente —afirmó Otabek recibiendo el casco de Yuri para colocarlo en su moto, ahora bautizada como: Bestia negra del infierno polar.
Después de una pequeña plática entraron al club y de inmediato escucharon unas voces animadas dirigiéndose a él. Alzó su vista deteniendo sus pasos y esperó a que sus amigos se terminaran de acercar a su posición.
—¡Ota! —Emil llegó primero y sin aviso lo envolvió en un animado como fuerte abrazo. A Otabek con todo el tiempo pasado se le había olvidado lo imperativo que era su amigo—. ¡Qué alegría que vuelvas! ¿Cómo te fue?
—Hola, Otabek. ¿Cómo estás? —dijo Michele a los segundos.
—Bien ¿y ustedes? —respondió serenamente aún envuelto en los brazos de Emil, el cual parecía no querer soltarlo.
—Oye, déjalo respirar —habló Yuri, interrumpiendo la conversación para darle unas pequeñas patadas a Emil en las piernas. Se veía molesto. Otabek pensó que ahí estaba su amigo celoso.
—Yuri, ¡tú también, ven aquí! —Emil sin perder el tiempo atrajo a Yuri al abrazo aprisionándolo junto a Otabek. El ruso en ese instante se puso rojo de rabia encerrado en el brazo izquierdo del chico con barba.
—¡De-Déjame, maldito! —comenzó a moverse enrabiado.
—Ehh, no me pegues. Déjate querer, Yuri —Emil a pesar de que se quejaba no dejaba de sonreír.
—Hey, Ota. ¿Qué tal estás?, ¿Me extrañaste? —por detrás de ellos apareció Jean para pasar su brazo por los hombros de Otabek y Emil. El kazajo al verlo pensó que ya habían muchas personas alrededor y comenzaban a llamar la atención de los otros miembros del club. No entendía por qué Emil junto a Jean eran tan enérgicos, pero teniendo en cuenta que los había conocido así no habría forma de hacerlos cambiar.
—¡Oye, tú! ¡No lo abraces así, lo estás moles… —Yuri no alcanzó a culminar su amenaza al ver a Jean abrazando a Otabek, ya que Emil lo atrajo más a él provocando que acallara sus palabras. Otabek al apreciar eso suspiró sabiendo que no podría contra la emoción de Emil, por eso rogó en silencio de que no alcanzaran a enojar por completo a Yuri.
Pasaron unos segundos en aquella posición entre gritos enrabiados de Yuri junto a las voces animadas de Jean como de Emil. El kazajo sin apartarse observó la interacción más confiada del ruso con los demás, al parecer Yuri ahora los conocía más a todos y por eso su desenvoltura era más ligera con ellos, aunque se mostrará muy enojado por la situación.
"Está haciendo más amigos", pensó percibiendo un sentimiento de alegría en su interior.
—Todos ustedes son unos niños sin remedio. Ya dejen a Ota —la voz de una mujer, que Otabek reconoció de inmediato, se presentó en la ajetreada situación.
Miró entre los abrazos a Mila quien se venía acercando a ellos de manera relajada pero poseyendo una linda sonrisa en el rostro. Sonrió levemente al verla, hace tiempo que no se encontraban. Cuando Mila estuvo frente ellos, Emil y Jean liberaron a los recién llegados con pesar. Yuri lo primero que hizo fue tomar aire para luego mirar asesinamente a todos los demás menos a Otabek.
—Tanto tiempo, Ota. Cuando llegué no sabía que te había ido a trabajar a Moscú —saludó Mila, tomando una pose relajada frente al kazajo—. Hasta que Leo me lo dijo, ¿Cómo te fue?
—Bien, ¿Y a ti en tu viaje? —preguntó mirando a su compañera con la cual había pasado muchas cosas.
Mila para Otabek era una persona importante, una mujer de carácter fuerte que siempre ha sabido darle consejo o consuelo cuando él lo necesitaba. Ya la conocía hace tres años y desde que se hablaron por primera vez se hicieron muy buenos amigos, que hasta ahora habían pasado por mucho junto a Leo como con Jean.
—Oh, ¡cielos! Ni te imaginas. Fue uno de los mejores. Pero ya te contaré más de eso. Hay que salir a beber para quedar al día con las cosas —sugirió animada ella.
—¡Esa es una buena idea! Hagamos una fiesta de bienvenida —la secundó Emil motivado.
Otabek al ver la felicidad que provocaba esas palabras en los presentes miró directamente a Yuri que se veía un tanto incomodo cruzado de brazos y murmurando por lo bajo. Sabía que al ruso aún le costaba interactuar con los demás, por eso quiso terminar toda esa pequeña reunión lo antes posible para relajar a su pequeño amigo.
—Ya hablaremos de eso. Ahora con Yura debemos entrenar —anunció serenamente llamando la atención del nombrado, al cual el mal humor se le borró de inmediato de la cara.
—Oh —Mila pareció recordar algo—. Es verdad. Vamos a entrenar o Celestino si nos ve se enojará.
Ante esas palabras todos los demás parecieron ponerse en alerta para luego irse por su lado no sin antes decirle a Otabek como a Yuri que después hablarían de la fiesta de bienvenida. Al quedar relativamente solos, Altin posó sus ojos en Yuri que ya se veía más tranquilo al poder respirar en su metro cuadrado.
Al verlo en mutismo sin que el rubio se diera cuenta, llegó a una conclusión.
Había varias cosas que ya conocía a ciencia cierta de Yuri, pero eran dos las que más destacaban y de las cuales estaba cien por ciento seguro. La primera se trataba de que Yuri era muy enojón y cuando no le gustaba algo lo decía y no se quedaba callado nunca. La segunda cosa era que Yuri era muy torpe y casi siempre esa torpeza lo llevaba a problemas o malos entendidos. Sabía que a Yuri le molestaba eso de sí mismo, pero para Otabek esas eran las cualidades que hacían a Yuri. Sin ellas, Yuri no era Yuri y sinceramente le encantaba que el ruso fuera así.
Cuando se percató que su amigo se daba cuenta de que lo veía, Otabek desvió la mirada para comenzar a caminar sintiendo el corazón latir más fuerte de lo normal. Se había quedado algo prendado viéndolo que se había olvidado en lo que debía hacer.
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—Estás más cercano a los demás —comentó Otabek cuando estaban ya en los vestuarios. El mayor sacaba sus implementos de su casillero para luego vestirse.
Yuri por su parte sacaba su ropa de su mochila dejándolas todas a un lado.
—¿Eh? ¿De qué hablas? Es imposible estar más cercanos a esos tipos… todos son molestos, en especial Mila. Esa bruja es una pervertida y una pesada —se quejó Yuri sin verlo, estaba concentrado en su labor.
Otabek teniendo todo en sus manos se fue a una de las bancas cercanas a Yuri y dejó su ropa sobre ella.
—¿Pervertida? —preguntó, extrañado—¿ Qué te hizo? —quiso saber.
Yuri se sonrojó de inmediato para luego contarle cómo fue su primer encuentro con ella. Otabek al acabar de escucharlo solamente suspiro para nada sorprendido ya que conocía la actitud de Mila, sin embargo se lamentaba que ella hubiera tenido que hacer eso con Yuri. Una de las cosas que más le molestaba al ruso era que lo confundieran con una mujer y entendía perfectamente que Yuri estuviera enojado con ella por lo que le dijo e hizo. Notando la cara de disgusto de su amigo, donde unas pequeñas arrugas se le formaban en la frente, pensó en hacer algo para cambiarle el humor y levantarle los ánimos, ya que después de todo Otabek sabía lo difícil que era la edad de Yuri y los problemas o dudas que se podían presentar ante una inseguridad. No quería verlo así, deseaba que su amigo ya comenzara a sentirse más seguro con todo su respectivo ser.
—Yuri, sácate la ropa —ordenó después pensarlo, quería verificar algo.
—¿Qué? Es-Espera… —soltó Yuri, sorprendido por las palabras del mayor. Su sonrojo llegó hasta su frente—. ¿A qué viene esto tan repentino?
Otabek percatándose de que quizás Yuri había malentendido sus palabras se acercó a él y colocó una mano en su cabeza para serenarlo.
—Solo quiero verificar algo. Sácate la ropa para poder verte —repitió sin inmutarse. El ruso se mostró más nervioso con eso, aunque después de unos instantes asintió como un niño.
—Está bien… —Yuri desvió la mirada para quitarse su ropa superior ante la fuerte mirada de Otabek.
El kazajo quería mostrarle a Yuri que ya debía dejar de ser tan inseguro con su apariencia, por eso esperaba atento a que Yuri terminará su labor. Cuando el menor terminó con su torso desnudo pudo hallar lo que quería ver. En el abdomen plano y tierno de Yuri ya comenzaba a notarse un poco sus músculos trabajados. Sin esperarse lo tomó se la mano y lo llevó a un espejo para dejarlo frente a este. Yuri viéndose nervioso por todo, le buscaba la mirada sin comprender.
—Mírate, Yura. Eres un hombre, ¿Lo ves? Tu cuerpo con el ejercicio ya está tomando la forma que deseas. Sí sigues trabajando duro lograras tu meta y dejaras de ser inseguro con tu apariencia —le dijo sobre el hombro. Yuri haciendo caso a sus palabras miró su reflejo sin dejar de estar sonrojado. Otabek al ver que no decía nada volvió a separar sus labios—. ¿Qué sucede?
No dijo nada de inmediato, pero después de unos segundos habló.
—Estás muy cerca… —informó el ruso muy cohibido.
—Hemos estado más cerca que esto, Yura —recordó Otabek mirando a Yuri por el espejo, iba a proseguir para que su amigo notara su trabajo, no obstante, al percibir que estaba muy incomodó decidió alejarse—. Has estado haciendo un buen trabajo hasta ahora. Sigamos esforzándonos.
—Sí… —murmuró Yuri apretando sus labios. Otabek al ver ese gesto pensó que se veía muy lindo, sin embargo al sentir nuevamente su corazón agitarse, volvió a sus cosas para entrenar espantando ese pensar.
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—¿Averiguaste que le pasa a Yuuri? —preguntó Otabek en el momento que comenzaron a calentar.
Ya estaban en su respectivo lugar de siempre estirando para un gran entrenamiento que de seguro dejaría a los dos cansados. Yuri con su ropa deportiva estaba frente a él con el cabello amarrado en una coleta que no pudo evitar apreciar esos llamativos ojos que solían cambiar constantemente de color y que le parecían únicos en el mundo.
Yuri ante esa interrogante juntó sus cejas poniendo un gesto de visible mal humor.
—No… ese idiota no me ha hablado. Allá él —soltó viéndose desinteresado, pero no logró engañar a Otabek.
El kazajo ya podía decir que conocía un tanto, bastante a Yuri ya que para él era fácil de leer. Sus expresiones desinteresadas siempre guardaban algo de interés tras esa mascara de frialdad que mostraba para no manchar su imagen de chico independiente y fuerte.
—¿Al menos ahora has tratado de hablarle tú? —prosiguió ignorando el mal humor del rubio.
—Lo intente en la mañana, pero solo se dio la vuelta y se fue.
Yuri siguió bajó su torso hasta alcanzar sus pies con sus manos. Otabek pensó que tenía muy buena elasticidad. A él le costaba un mundo llegar a tocar sus pies con tanta facilidad como lo hacía el ruso.
—Ya veo —habló sin decir más. A él no le gustaba inmiscuirse en los asuntos de los demás pero creyó que era necesario al menos contactar a Yuuri para ver si podía ayudar en algo. Después de todo eran viejos amigos, además veía algo afectado a Yuri por la extraña indiferencia de Katsuki aunque este no lo admitiera.
—¿Por qué lo preguntas? —examinó Yuri, sin verlo. Sus ojos estaban mirando el suelo mientras se mantenía tocando sus pies.
Otabek se alzó relajando las piernas y su compañero lo imitó. Ahora iban a encargarse de las extremidades superiores. Ignorando algunos gritos de Emil a la distancia retando a jean a una pelea de entrenamiento, separó sus labios para hablar.
—Lo vi en tu escuela a la salida. Pero antes de poder hablarle o de que él me viera se dio la vuelta y entró a la escuela rápidamente —le contó estirando sus brazos. Yuri lo siguió muy atento al parecer también tratando de ignorar a los ruidosos de sus compañeros—. Se veía extraño, algo preocupado.
—Es una raro —soltó su contrario—. Que haga lo que quiera. No me importa.
Ante esas palabras no quiso preguntar más del tema y siguieron ejercitándose hasta que Yuri cayó rendido al suelo sin poder seguir. Otabek entendiendo que por ahora era suficiente para su amigo, se sentó a su lado para descansar.
—No te pregunte antes, ¿Le entrégate los regalos a tu abuelo y a Potya o no? —habló ya bien acomodado apoyando su ancha espalda en la pared recordando los regalos que había adquirido en Moscú tanto para Yuri como para su familia. En ese instante sonrió al volver a tener en su mente la mirada emocionada de Yuri al ver su obsequio que consistía en una chaqueta larga de animal print, la cual se colocó de inmediato para luego darle un abrazo agradecido.
Yuri tomando agua de una botella se mojó los labios y parte de su cuello por apurarse en responder. Otabek saliendo de sus recuerdos y al verlo justo en el momento exacto, sonrió disimuladamente. No era secreto para él que le gustaba su torpeza aunque aquello no podía decirlo en voz alta o podría llegar a enojar a la pequeña fiera rusa, es decir Yuri.
—Maldición… —soltó Yuri sacándose restos del agua.
Teniendo a la mano una toalla seca se la pasó para facilitarle su acción. Después de que Yuri se secará trasladó sus ojos azules hasta él mayor mostrando una sonrisa.
—Les encantó. El abrigo para mi abuelito le quedó a la perfección y Potya agarró de inmediato los juguetes, y eso sí que es extraño ya que normalmente juega con ellos un rato y luego los deja. Has elegido bien todo, Beka. Muchas gracias —volvió a agradecerle con una hermosa sonrisa.
—No es nada, Yura. Estoy feliz de que les hayan gustado los obsequios —dijo devolviéndole la sonrisa para a continuación hablar relajadamente—. La otra semana comenzaras a usar más implementos. Te enseñaré los movimientos básicos del boxeo y le pegaras a un saco —le informó a Yuri, el cual, al parecer olvidando su cansancio lo miró más emocionado con sus ojitos brillando.
—Joder, había estado esperando esto desde que entré —soltó el ruso dibujando más su brillante sonrisa. Una sonrisa que a él le encantaba ver.
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A la salida del club, después de bañarse sacándose todo el sudor del cuerpo y relajando sus músculos con agua fría, se juntó con Yuri quien lo esperaba afuera como solía hacerlo. Se montaron a la moto y Otabek fue a dejarlo a casa. Una vez en el lugar Yuri lo invitó a pasar para que viera a su abuelo como a Potya, pero para su pesar Otabek tuvo que rechazar la invitación ya que justo en ese momento le había llegado una llamada para un trabajo. Disculpándose con el ruso y prometiéndole venir pronto a ver a su familia, se despidió para volver a ponerse en marcha ahora con rumbo a la dirección dada.
Una vez en el lugar entró al club que aun permanecía cerrado para el público y ahí en el centro de todo vio a las personas con las cuales debía hablar. Después de una charla y de discutir todo lo que pedía él para tocar en el lugar, llegaron a un acuerdo y así, después de una hora volvió a salir del oscuro recinto con intenciones de irse a su casa a descansar.
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A la mañana siguiente se despertó temprano. Sintiendo el cuerpo cansado y el estómago vacío fue hasta la cocina para prepararse algo para desayunar, sin embargo al no encontrar nada, pues aún no había ido a comprar mercadería, suspiró. Sin querer perder mucho el tiempo se vistió con lo primero que halló y una vez listo miró su móvil para encontrase con un nuevo mensaje de Yuri, por lo que sonrió de inmediato.
«Hey, beka. ¿Qué harás hoy? Mi abuelo me abandona ya que tiene una quedada con sus amigos… a veces creo que él tiene más vida social que yo…»
Imaginándose el rostro de Yuri al enviar el mensaje lanzó una risa al aire. Tomando sus llaves y verificando su billetera en su pantalón salió de la casa mientras tecleaba en su móvil.
«Hoy por el día nada, por la noche tengo trabajo. Puedes venir aquí si lo deseas o podríamos salir a algún lugar»
Envió el mensaje esperando el ascensor y quiso guardar su móvil ya que pensaba que Yuri se demoraría en responder, pero para su sorpresa el ruso contesto a los segundos.
«¡Voy para allá! Salir con este frío a algún lugar no me llama mucho»
Otabek entró al ascensor para luego apretar el botón del primer piso.
«Bien, ¿Quieres que te vaya a buscar? Yo ahora iré a comprar algo de comer»
Respondió sintiéndose feliz de poder ver a Yuri el día de hoy.
Después de hablar un poco más y de quedar en que Yuri iría en un par de horas más a su residencia, Otabek guardó su móvil y fue en transporte público al mercado, pues sabía que compraría muchas cosas y que no caerían en su moto. Una vez en el lugar de destino tomó un carrito y comenzó a recorrer el lugar sacando todo lo que él comía o se le antojaba. Por dinero no podía quejarse ya que su trabajo como dj le daba lo suficiente para pagarse sus necesidades más algunos que otros gustitos, sobre todo el trabajo en Moscú, donde juntó más de lo planeado y eso lo tenía muy feliz, ya que así sin problemas podía mantenerse y enviarle un poco de dinero a sus padres que estarían encantados de recibirlo en Kazajistán.
Pagando todas sus compras y cargando sus bolsas que para él o pesaban nada, salió del mercado recibiendo un abrazo helado del viento. Como tenía muchas cosas que transportar pensó en abordar un taxi, sin embargo al ver por el rabillo de sus ojos a alguien conocido que caminaba por la otra acera, la idea se desvaneció y de inmediato sus pasos se dirigieron al chico que parecía caminar muy pensativo.
—Yuuri —lo llamó a unos pasos de distancia. El nombrado viéndose muy sorprendido volteo a verlo de inmediato.
—Otabek —lo saludó, cambiando su expresión algo triste a una sonrisa amistosa—. Que sorpresa.
—¿Cómo estás? —dijo llegando a su altura parándose frente a él—. Ayer te vi en la escuela pero no alcance a hablarte.
Yuuri mostró un gesto de sorpresa, pero se inmediato negó con la cabeza volviendo a sonreír. No necesitó palabras para saber que algo perturbaba su mente, Yuuri era muy evidente, mucho más trasparente que el ruso rubio.
—Bien, ¿Y tú?
Las palabras de Yuuri no convencieron para nada a Otabek. Como lo había sospechado, algo le ocurría.
—Bien también… —miró para los lados notando que no había nadie más en la calle más que la blanca nieve—. Yuuri, ¿Podemos hablar un momento? —había decidido que esta vez si metería en asuntos ajenos ya que no le gustaba para nada ver a su antiguo amigo tan decaído.
Katsuki pareció dudar, pero después de unos largos segundos en que solo el sonido del viento pasaba entre ellos tocando su melodía de invierno, asintió dejando que Otabek avanzará un paso más a la verdad. Viendo donde ir ya que en la calle les era incomodo hablar, decidieron ir a un café cercano donde Otabek pudo dejar sus comprar en el piso entres sus piernas para no incomodar a nadie. Pidieron cada uno a su gusto y después de que sus pedidos llegaran a la mesa el kazajo fue el primero en hablar; fue directo como siempre, ya que a él no le gustaba para nada andar con rodeos.
—Te está sucediendo algo, ¿Verdad?, Yura me ha dicho que andas extraño y que lo evitas, también que te ves desanimado todo el tiempo y has vuelto a estar solo en la escuela —soltó con su semblante serio. Al apreciar el rostro endurecido de Yuuri pensó que quizás había sido muy directo, no obstante al ver que el japonés estaba dispuesto a hablar dejando de lado su timidez, supo que no se equivocó con sus palabras—. ¿Estás molesto con él?
—Yo no estoy molesto con Yuri… eso no es cierto, no estoy enojado con él, solo… es que… —su mirada marrón se desvió a la taza de chocolate frente a él—. Lo que sucede no tiene nada que ver con él…
—¿Entonces? Sabes que puedes decirme lo que sea para poder ayudarte, ya lo hice en el pasado, podría volver a hacerlo —se ofreció Otabek suavizando más su voz.
Yuuri se mordió el labio inferior mientras comenzaba a mover sus dedos frente a su taza caliente. Aquel gesto de apocamiento e inseguridad le trajo a la mente al antiguo Yuuri Katsuki que lloraba por todo aterrado del mundo. Apretó su mano derecha en un puño no soportando verlo así, si había algo que odiaba Otabek con inmensidad era ver a las personas importantes para él sufrir o a la gente en general. Se sentía impotente, atado de manos sin saber qué hacer para suavizar el dolor de su contrario.
Yuuri dejando pasar unos minutos tomó aire para pronunciar algunas palabras débiles, pero lo suficientemente fuertes para los oídos de Otabek.
—Fui un tonto… cometí un gran error que ahora no sé cómo salir de el —confesó de forma tímida sin mirarlo a los ojos.
—¿Alguien a quien conozco?
—No —Yuuri aseguró su palabra con una negación de cabeza—. Es con alguien de la escuela…
—Yuuri —Otabek se sintió preocupado por esas palabras—. ¿Tienes los mismos problemas que antes? ¿Alguien te están molestando?
Recordó cómo antes los compañeros de Yuuri lo molestaban por ser extranjero y por su forma de actuar. Al verlo tan inseguro ahora, creyó que aquello volvía repetirse en su nueva escuela, sin embargo, para su sorpresa y alivio, el nipón negó con la cabeza.
—No, de esos problemas ya no… desde que me enseñaste a defenderme nunca más nadie me ha pasado a llevar de aquella forma —dijo con una pequeña sonrisa de agradecimiento, para luego proseguir—. No te puedo decir mucho pero… pero son problemas… ro-románticos, creo…
—¿Románticos? —repitió levemente impresionado pero sin mostrar aquel sentir en su rostro.
—Sí… Hum, supongo que esta edad es difícil por estas cosas —siguió Yuuri, haciendo que Otabek no pudiera negar sus palabras. Si algo le había quedado bien marcado de la adolescencia era que estos temas románticos eran un gran lio para todos y que hacían que te comieras la cabeza por no saber qué hacer al no tener nada de experiencia, pero debía admitir para él mismo que las palabras de Yuuri lo sorprendieron y el motivo era que él seguía pensando en su antiguo amigo como a un niño, jamás se le había pasado por la cabeza que Katsuki llegaría a tener aquellas dudas. "Supongo que ya se está convirtiendo en un hombre"
—Bueno, si ese es el caso creo que no te preguntaré más —dijo no queriendo incumbirse en algo tan delicado como privado—. Pero sí no estás enojado con Yuri, debería hablar con él… Yura piensa que estás enojado.
—Lo haré. Debo hablar con él... —respondió Katsuki, con algo de tristeza.
Otabek observó esos ojos marrones tras los lentes y llegó a la conclusión de que se veían igual de tímidos que hace unos años atrás, aunque está vez, a diferencia de esos tiempos se podía apreciar un poco de confianza en ellos. Sonrió levemente moviendo su cabeza.
—Y sobre lo otro que me has dicho, también deberías hablar con aquel sujeto. No dejes nada inconcluso, Yuuri, las cosas así no pueden avanzar nada —se levantó volviendo a posar sus ojos otoñales en Katsuki.
—¿Eh? —Yuuri abrió muy grande sus ojos—… ¿Co-Como sabes que es… un hombre? —preguntó bajando la voz mientras miraba avergonzado alrededor.
—No lo sé. Supongo que lo dije de forma inconsciente —contestó sin sorprenderse, después de todo ¿Quién era él para juzgar los gustos de los demás?
Yuuri ante su respuesta tan tranquila se tapó la boca como si por ella hubiera dicho lo peor de su vida, para después esconder su rostro entre sus manos.
—No se lo digas a Yuri… Por favor —pidió con la voz empequeñecida.
—No lo haré, eso debes decírselo tú. Eres su amigo también.
Otabek entendiendo que el nipón necesitaba su espacio después de aquella conversación, dejó el dinero correspondiente a los dos pedidos en la mesa y se despidió de Yuuri dándole unas palmaditas reconfortantes en la espalda. El nipón le agradeció la invitación para hablar y luego de eso cada uno tomó su camino respectivo a casa.
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Cuando su amigo Plisetsky llegó a su casa Otabek que estaba metido en su pequeño estudio viendo la música para la noche, salió de ahí para abrirle la puerta a su invitado.
Feliz de verlo le revolvió el cabello como siempre y como siempre recibió una queja del ruso que se había sonrojado de inmediato. Pasaron varios minutos hablando en su estudio mientras Otabek seguía seleccionando su música a la vez que Yuri escudriñaba de allá para acá sin molestar para nada al dueño de casa. Era increíble pero lo que hiciera Yuri no le incomodaba para nada, al contrario a los demás, sí alguien llegaba a meterse en su estudio Otabek se molestaba de inmediato ya que siempre solían desordenarle todo, pero con Yuri eso no era así; el ruso pasó viendo todos sus discos e implementos como un niño y Otabek se sintió bien al verle su carita tan emocionada.
—¿Tienes hambre? —inquirió cuando vio que el reloj pasaba las dos de la tarde.
—¡Comamos Pizza! —pidió Yuri elevando los brazos dejando en claro sus ganas por aquel alimento.
—Bien. Iré a pedirla. ¿Con que la quieres?
—Con extra queso y salchichas —le hizo saber Yuri y Otabek anotó aquello en su mente para no olvidarlo jamás.
—De acuerdo —salió del estudio caminando al teléfono fijo para hacer el pedido de dos pizzas familiares, ya que sabía que su amigo tenía un gran apetito y que a pesar de su cuerpo delgado comía por montones, a veces incluso más que él mismo.
Después de recibir las pizzas calentitas, comieron en el comedor hablando de muchas cosas. Otabek pensó en contarle sobre el encuentro que tuvo con Katsuki en la mañana, pero prefirió guardarse sus palabras por ahora ya que le había prometido al nipón que no diría nada, además, si en estos momentos le comentaba algo pequeño a Yuri sobre aquel encuentro, sabía que el ruso no descansaría hasta que le contara absolutamente todo.
Al acabar de comer casi las dos pizzas, Otabek guardó las partes sobrantes para luego sentarse ambos en los sofás para reposar. Se sentía muy satisfecho que su cuerpo le rogaba mantenerse en tranquilidad. Viendo como Yuri sacaba de su mochila un libro de historia rusa no dudó en preguntar por eso.
—Tenemos que leer sobre la historia del país, creo que te había dicho que tuve que ir a buscar unos libros a la biblioteca ayer —contestó el menor ojeando el objeto.
Otabek recordando lo que le decía su amigo, asintió.
—Quizás pueda ayudarte en algo. La historia de Kazajistán con la de Rusia van de la mano.
—¡Es verdad! —expresó Yuri con una sonrisa—, pero mejor dime sobre tu vida allá. ¿En qué parte vivías con tu familia?
Ante la repentina curiosidad de Yuri sobre su vida, Otabek se sintió enternecido.
—Almaty —le contó apoyando mejor su espalda en su cómodo sofá.
—Esa ciudad fue la antigua capital del país, ¿Verdad?
El kazajo asintió.
—Ahora es Astaná, aunque Almaty sigue siendo una ciudad importante en muchos sentidos —prosiguió el mayor percibiendo algo de nostalgia al recordar su país natal—. Mi familia vive cerca del límite de la ciudad, por lo que puedes ver mucha vegetación alrededor. Es tranquilo y siempre puedes salir a explorar los lagos y montañas si te encuentras aburrido, no como en el centro que ahí está la mayoría de la gente y está todo modernizado.
—¡Woh! Eso suena genial —expresó Yuri, alegre—. ¿Y tú ibas para esos lugares?
—Siempre. Los días calurosos diariamente me iba a bañar a un lago cercano a casa y pasaba horas enteras ahí ya que nadie molestaba. Ahora que lo pienso era realmente tranquilo. En invierno era bueno solo caminar para calentar el cuerpo y admirar el paisaje —le contó a Yuri todo aquello con una sonrisa en el rostro. Él de verdad había disfrutado su infancia gracias a las bellezas de su país; y ahora que relataba eso sintió la nostalgia de estar lejos de casa por tanto tiempo.
—Todo eso suena tan genial…
—Lo es. Quizás algún día puedas ir a conocer —opinó Otabek—. Creo que te gustará —prosiguió seguro de sus palabras.
—¡Me gustaría! —expresó Yuri dejándose ver más emocionado—. ¿Y tus padres a que se dedican?
La pregunta de su amigo le trajo más recuerdos a su mente y además le hizo emerger una duda que llevaba ya un buen tiempo poseyéndola en la mente, pero por respeto a Yuri la había mantenido guardada en su cabeza porque tenía el fuerte presentimiento que era un tema delicado.
—Mi madre Aiday, trabaja en una guardería de niños, en su mismo lugar de trabajo me llevó ella cuando era pequeño hasta llegar a la escuela básica —dijo a la vez que recordaba como su amable madre lo vigilaba siempre cuando estaba en la guardería—. Y mi papá, Dema, se dedica a la construcción, pero actualmente ha tenido poco trabajo en su área ya que las cosas están muchos más difíciles —y ese había sido unos de los motivos de Otabek para venirse a Rusia buscando más oportunidades para surgir y así poder ayudar a sus amados padres.
—Wow, se oyen agradables.
—Son personas muy amables.
—Vaya, tus padres suenan geniales —comentó su amigo dejando el libro de lado.
—Lo son —le sonrió el kazajo, salvando el libro de Yuri que estuvo a punto de caerse al piso—. Aunque a veces se preocupan mucho. En especial mamá.
—Bueno, creo que todos los padres deben ser así… además creo que es normal que se preocupe, tú estás lejos de ellos —dijo Yuri, volviendo a posar sus ojos en el libro que ya permanecía seguro en el sofá.
Otabek ante sus palabras de forma cautelosa se acercó unos pocos centímetros más al ruso y se quedó pensando en cómo debía soltar lo que le taladraba fuertemente en la mente. No quería llegar a sonar pesado o seco en palabras, por eso en cuestión de milisegundos formó las frases en su cabeza y después el dio vida a la duda que tenía desde que conoció a Yuri.
—¿Qué hay de los tuyos, Yura? —preguntó con voz tranquila, aunque por dentro estaba alerta de todo lo que pudiera mostrar su contrario.
En ese instante Yuri pareció tensarse y Otabek supo de inmediato que estuvo mal en preguntar. Se lamentó de inmediato y decidió abordar la misión. Quizás no era el momento para saber aquella duda. No quería incomodarlo.
—Los míos… bueno…
—No es necesario, Yura. Está bien si no quieres contarme —se apresuró Otabek. Había visto como el rostro de Yuri pasaba a una absoluta tristeza con aquella pregunta que se arrepintió enormemente de haberla hecho. Adivinaba que este tema era difícil para el ruso y Otabek se había preocupado de no hablar ni preguntar de ello si no era el mismo Yuri quien lo hablara. Pero lamentablemente está vez su curiosidad por saber sobre los padres de su amigo había sido más fuerte que él.
Yuri apretando los labios negó con la cabeza para luego posar sus hermosos ojos en los del kazajo.
—Te lo diré... Después de todo eres mi amigo... —dijo Yuri, posando sus blancas y delgadas manos en la tapa del libro que estaba entre los dos separándolos como si se tratase de un muro. Sus ojos que normalmente estaban llenos de confianza miraron a la nada, muy desolados.
Otabek no muy seguro en que hacer, tomó el libro que le comenzaba a incomodar para dejarlo en la mesita de centro que estaba muy cercana a ellos; luego de eso terminó por sentarse al lado de su amigo en completo silencio haciendo que sus rodillas se rozaran. Estaba dispuesto a darle todo el tiempo del mundo para que Yuri ordenara sus palabras. No quería presionarlo en nada. No quería volver a soltar algo que lo entristeciera más.
Después de unos minutos en que los labios de Yuri se abrían y se cerraban sin emitir palabra, Otabek escuchó la voz del ruso pequeña y temblorosa, por ese motivo acercó su diestra hasta una de las manos de Yuri y así, entrelazándolas, le entregó la confianza que creía necesitar a la vez que su corazón se estremecía con ese cálido contacto. Yuri algo sorprendido, pero no mostrándose incomodo ni dando señales de apartarse, miró sus manos juntas por unos segundos, para después respirar profundamente y ya finalmente hablar.
—De mi padre no tengo mucho que decir. Solo sé que era mayor que mi madre y cuando se enteró que la había dejado embarazada se largó de la faz de la tierra, no lo conozco y creo que es lo mejor —confesó con la mirada dura, parecía un robot soltando palabras al azar. Otabek apretó más su mano ya sintiendo nacer impotencia tras su nuca al oír sus primeras palabras, todo sonaba muy doloroso—. Hum… sobre mi mamá… —al decir eso su voz titubeó, decir aquella palabra parecía doloroso para él.
Al ver que Yuri se comenzaba a tensar, Otabek sin dudarlo le acarició el rostro con su mano libre así despejando sus ojos verdes. Con esa acción pareció que también le había despejado sus temores, sin embargo su corazón volvió a estremecerse al ver aquellos ojos que de alguna forma no salían de su mente.
—Yura, no estés nervioso. Yo estoy contigo —dijo calmadamente. El nombrado sonrojándose un poco asintió con el cuerpo ya más tranquilo.
—No recuerdo mucho... Pero lo que si veo en mi mente es Moscú, una casa pequeña, y la fría mirada de ella al verme… —Otabek vio como los ojos de Yuri se humedecía pero no soltaban ninguna lágrima—. Viví con ella hasta los cuatro años. Nunca recibí su cariño, era tratado como una carga. Según mis memorias yo simplemente pasaba encerrado en casa la mayoría del tiempo solo y cuando la veía, ella me mandaba a acostar para que no la molestara. No puedo decirte mucho más de eso ya que mi mente es confusa, pero lo que sí recuerdo con claridad es el único día en que ella se portó bien conmigo, como una verdadera madre —Otabek sintió como Yuri aumentaba el agarre en su mano—. Ese día que era frío, me bañó, me vistió con ropa nueva que había comprado y me dio un rico desayuno. Creo que yo estaba feliz —rió con tristeza. Otabek ya prediciendo lo que le contaría apretó su mandíbula sintiendo la tristeza que emanaba Yuri, sus palabras sonaban tan dolorosas—. Esa mañana salimos de casa y yo estaba sombrado por todo lo que veía, ya te dije que pasaba encerrado en casa…en fin. Después de viajar por un buen tiempo en automóvil ella bajó conmigo entrando a un gran recinto donde mucha gente transitaba y había mucho ruido; lugar que era un aeropuerto —volvió a enmudecer y en ese segundo Otabek comprendió porque Yuri al irlo a buscar al aeropuerto se mostró tan inquieto y sus ojos estaban lloroso.
"Fue a ese lugar por mí… Tuve que haberme negado a que fuera a recibirme, aunque yo no sabía esto…", pensó con pesar tratando de imaginarse lo difícil que fue para Yuri esperarlo en ese lugar.
—Recuerdo que estaba asustado —prosiguió Yuri—, ella después de hacer unos papeleos me entregó una pequeña mochila y dijo: Tú te iras con ella, al llegar a San Petersburgo te recogerá tu abuelo.
Otabek se había quedado congelado. Las palabras de Yuri sonaban tan vivas que llegó a sentir la impotencia al imaginarse todo tan bien. No se lo creía ¿De verdad la madre de Yuri lo dejó de esa forma? ¿Así de la nada? ¿Qué clase de persona era? ¿Cómo pudo abandonarlo?
—Creo que le dije llorando que no entendía nada, que estaba asustado y que quería volver a casa con ella, pero mi madre simplemente se negó de forma dura para dejarme con la mujer que era una azafata, la cual me acompañaría hasta aquí. Lo último que vi de ella fue su espalda mientras caminaba meciendo su cabello rubio… —tomó aire llevándose las mangas de su ropa hasta sus ojos que ahora se encontraban irritados—. Después de hacer una pataleta por lo asustado que estaba me metieron al avión y junto a la azafata lloré todo el viaje. Cuando acabó el vuelo, al llegar aquí me vi por primera vez con mi abuelo que parecía un viejo cascarrabias que le tuve miedo… pero al verme lo primero que hizo fue abrazarme y mecerme en los brazos, yo no quería nada con él, nunca lo había visto antes y quería volver con mamá, pero cuando él me dijo sus primeras palabras creo que me calme y deje de llorar en ese momento…
Yuri se pausó, parecía navegar entre sus miles de recuerdos. Sus ojos aún humedecidos y rojos seguían sin derramar lágrimas.
"Es muy fuerte", pensó admirado por aquello.
—¿Qué fue lo que te dijo? —preguntó Otabek, después de que unos largos segundos pasaran en completo silencio.
Yuri posó sus ojos en él y sonrió.
—No tengo ni puta idea, ya no recuerdo nada más de eso… solo sé que al estar en los brazos de mi abuelo supe lo que es ser querido —respondió el ruso, con una sonrisa melancólica.
Otabek pestañó varias veces ya que no se esperaba esa respuesta, aunque después soltó una risa junto a Yuri decorando el silencioso lugar con sus voces unísonas. Al quedarse enmudecidos nuevamente, ambos miraron la nada. Otabek seguía sintiendo la impotencia por el injusto pasado de Yuri. No se creía que su madre hubiese sido capaz de hacerlo pasar por tal infierno estando tan pequeño; si por él fuera, jamás dejaría a Yuri, lo protegería toda la vida para que no pasara por cosas así nunca más.
—Yura —lo llamó en un susurro—. ¿Te encuentras bien?, lo siento por haber preguntado eso. Sé que es difícil para ti —prosiguió sintiéndose verdaderamente culpable. Si había una cosa que odiaba en la vida, esta era ver a Yuri decaído.
—Estoy bien, Beka. Y no te disculpes, esto era algo que debía decirte tarde o temprano —aseguró Yuri, tratando se darle una sonrisa sin verlo, pero aquel gesto solo se vio triste, tan solitario que le dolió el corazón—. Después de todo ya no es algo que me afecte mucho… con mi abuelo yo estoy bien y además ahora estás tú… ¿No?
Esa pregunta acompañada de su rostro tan entristecido como dulce, hicieron conmover nuevamente su corazón. No podía negarse a ese chico. Yuri ya era increíblemente importante para él. Asintiendo estiró su brazo izquierdo para tocar su hombro. Yuri vio todos sus movimientos con atención.
—Claro que sí. Ven aquí, soldado —mandó con suavidad Otabek y con eso Yuri se acurrucó en su pecho en busca de refugio.
Sin pronunciar más palabras que no eran necesarias, el kazajo lo envolvió en sus brazos para tratar de darle fortaleza y seguridad. Aquel olor suave del shampoo de Yuri invadió su nariz azorándolo por completo. En ese instante pensó que el ruso era alguien tan delicado y a la vez tan fuerte que era capaz de enfrentarse a lo que viniera en la vida. Yuri en simples palabras era increíble. Estaba completamente tocado por él.
—Yura, ¿Quieres un helado? —preguntó a los minutos, cuando sus respiraciones se habían acoplado. Otabek estaba pensando en algo para levantarle el ánimo a su amigo. Quizás comer algo rico lo ayudaría.
—¿Tienes? —Yuri habló sin separarse de él. Su voz sonaba somnolienta, al parecer se había relajado como él.
—No, hay que ir a comprar —Otabek levantó su mano para introducir sus dedos en la melena del menor. "Tan suave"
—Hum, entonces más rato, quiero dormir un poco… ¿Puedo? —ante esa pregunta algo tímida de Yuri, Otabek quedó nuevamente tocado, ¿Se podía ser más lindo? No lo creía.
—Claro, descansemos un momento —se acomodó mejor con Yuri sobre su pecho. Acariciando lentamente la cabeza del menor encontró mucha tranquilidad. Paz que solamente llegaba cuando estaba con él.
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Al llegar la tarde Otabek despertó sintiendo el frío del ambiente, estaba desprovisto del calor y de la presencia de cierto ruso. Abrió sus ojos para encontrarse solo en el sofá y extrañado por eso se levantó en busca de su visita. Las cosas de Yuri seguían en su lugar y eso lo calmó un poco pues había pensado por vagos segundos que se había marchado.
—¿Yura? —lo llamó, caminando por el pasillo que dirigía a su habitación y al baño mientras soltaba un bostezo.
—Beka —Yuri ante el llamado salió del baño con sus ojos ya fortificados. Era su típica mirada, ya nada de tristeza andaba por él. Al parecer el descanso después de tan fuertes emociones y recuerdos no gratos había servido.
—Pensé que te habías ido.
—No… solo que me llamarón y vine a contestar aquí para no despertarte —le contó cerrando la puerta tras él mientras se guardaba su móvil en su pantalón.
—No hay problema. ¿Quieres que te lleve a tu casa o quieres ir por el helado? —inquirió Otabek, ya más calmado al verlo mejor.
—Huh, sí. Vamos por el helado —eligió Yuri mostrándole una sonrisa, sin embargo a los segundos su expresión se tornó dura.
Otabek notando ese cambio tan extraño supo que pasaba algo fuera de lugar, por lo que no dudó en investigar.
—¿Sucede algo? —preguntó con su rostro tranquilo, no obstante por dentro presentía que no venía nada bueno. La expresión sería de Yuri no era normal.
Plisetsky se remojó los labios y comenzó a moverse inquieto. Ante el silencio que retrasaba todo, Otabek quiso volver a preguntar, pero Yuri no lo dejó adelantándose con sus mejillas muy rojas.
—Otabek —dijo su nombre y eso sí le pareció muy raro.
—¿Sí?
—Tengo que decirte algo… —anunció Yuri, apretando sus puños.
Elevó una ceja más intrigado que antes. Cuando Yuri se volvía serio definitivamente iba a decir algo muy importante.
—Te escucho —aseguró tan serio como el rubio. En ese segundo sus miradas parecieron enfrentarse para ver cuál era la más afilada.
Nuevamente hubo un silencio, cosa que hizo sentir un poco ansioso a Otabek. Yuri se veía muy complicado en trasmitirle lo que quería decirle y pensó en algo para calmarlo, sin embargo, nuevamente antes de que pudiera dialogar, Yuri volvió a hablar.
—M-Me gusta… ¡Me gusta alguien! —confesó elevando un poco su voz. Sus mejillas pálidas se veían tan rojas que parecía que explotarían en cualquier momento.
Cruzándose de brazos para estar en una posición más cómoda ignorando la presión que se acumuló repentinamente en su pecho, Otabek elevó una ceja. Nuevamente no se había esperado esas palabras.
—¿Te gusta alguien? ¿Quién? —pregunto sin darse rodeos.
Yuri en ese instante pareció dudar. Sus ojos dejaron de mostrarse decididos para transportarlos a otro lugar de la residencia, sus manos que no poseían nada las pasó por su ropa como si se las estuviera secando. Aquellas acciones del ruso eran signo evidente de su nerviosismo. Otabek comenzando a sentir el corazón más apresurado por la intriga apretó su mandíbula esperando en completo silencio.
—Hay… Hay una chica, quizás la conozcas… es la prima de Katsuki —confesó Yuri muy sulfurado, con la voz pequeña.
El kazajo al oírlo trató de adivinar de quien se trataba la chica que decía Yuri, pero no llegó a nada, él a pesar de ser amigo de Katsuki no conocía a nadie más de su familia aparte de su madre.
—No, no la conozco —respondió sintiendo sus hombros agarrotados.
Yuri asintió apretando sus labios, para después remojarlos rápidamente con su lengua y así seguir hablando. Parecía que le costaba un mundo seguir.
—He estado hablando con ella hace unos días… parece ser una linda persona y… bueno, creo que me gusta… —continuó Yuri, bajando cada vez más la voz—. La invite a una salida… hum. Está bien, ¿Verdad?
—Creo —dijo Otabek sin pensarlo mucho ya que su mente en esos momentos se había hecho un caos.
—¿Crees? —Yuri lo vio de forma incierta, cosa que hizo reaccionar a Otabek.
—Digo… Está bien. Sí es alguien que te gusta y crees que vale la pena… Está bien —respondió para después apretar su mandíbula. Había dicho todo aquello mostrando mucha seguridad pero por dentro todo era un revoltijo de emociones. Emociones que pensaba que ya había borrado de su interior.
—Bueno eso es verdad… pero —Yuri tragando en seco, volvió a verlo directamente. Esos ojos de soldado lo hicieron dudar de sus palabras pasadas—. ¿Esto no te molesta?
—No. ¿Por qué lo haría?
—Eh… no lo sé, solo lo pensé… es tonto, déjalo —Yuri desvió su mirada para terminar ocultando su rostro tras su hermoso cabello—. ¿Sabes? Creo que se hizo un poco tarde.
—Oh, es verdad —Otabek saliendo de su trance mental buscó la hora en las paredes, pero rápidamente recordó que por ese lugar no tenía ningún reloj—. Te iré a dejar a casa.
—Gracias…
Tomando cada uno sus respectivas cosas salieron del departamento tocando temas triviales para espantar el aire algo incómodo y pesado que se había formado después de la confesión de Yuri. Al llegar a la residencia del ruso, Otabek sintiéndose ahogado a pesar de estar en el exterior, se negó a pasar a su casa dándole la excusa de que debía trabajar, cosa que no era mentira, sin embargo aún faltaba un poco para ello. Despidiéndose de un afligido Yuri, Otabek volvió a ponerse en marcha agradeciendo el rugir de su motor que le invadía la mente para ya no pensar mucho más las cosas que querían aglomerarse en su cabeza.
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Después de haber hecho algo de tiempo viendo el lugar donde se presentaría en una hora más, se fue a la parte exterior trasera del local para fijarse que la noche ya se había clavado fríamente sobre la ciudad. Estando en completa tranquilidad se llevó su mano derecha bajo su chaqueta para indagar en su bolsillo interior sacando de él una cajetilla de cigarrillos junto a un encendedor verde que se compró en Moscú.
Encendiendo el cigarro miró para la calle que estaba unos cuantos metros de donde estaba él y apreció como la gente comenzaba a hacer fila para entrar al club nocturno. Aspirando el cigarro llenando su interior de humo, pensó en que esta noche iba a tener mucho trabajo por lo tanto iba a quedar rendido al finalizar la jornada.
—Y yo que pensaba que habías dejado ese mal hábito —repentinamente una voz conocida sonó a su derecha que le hizo girar la cabeza para verlo.
—Y yo también lo creí —dijo suavizando más su expresión para luego acercarse a la persona y darle un fuerte abrazo—. Pensé que no vendrías hoy y que nos encontraríamos el lunes en el club, Leo.
Leo después de soltarlo sonrió.
—Estuve a punto de no venir, pero aquí estamos —habló con su habitual tono tranquilo como alegre, aunque sus ojos que se veían oscuros por la falta de luz del callejón, miraban su cigarrillo de forma desaprobatoria.
—¿Cómo estuvieron tus pruebas de ayer? —Otabek, ignorando la mirada de su amigo le preguntó aquello mientras retrocedía para apoyar la espalda en la dura pared.
—Quiero pensar que bien. Fueron algo complicadas, pero creo que aprobé.
—De eso debes estar seguro —lo animó Otabek, volviendo a calar su cigarro.
Su amigo sin dejar de sonreír se acomodó a su lado imitando su pose cómoda.
—¿Fue en Moscú? —inquirió Leo.
Otabek entendiendo de inmediato su pregunta movió la cabeza afirmativamente.
—Era mucho trabajo, solo el cigarrillo logró relajarme —le contó frunciendo sus cejas, a pesar de que fumaba no le gustaba hacerlo ya que sabía que era malo para su salud—. Me negué al principio ya que antes me había costado mucho dejar de fumar, pero lamentablemente termine por caer. Soy patético, ¿Verdad?
—Mucho —respondió Leo, provocando que ambos soltaran unas risas al aire—. Creo que vamos a tener que hacer nuevamente el plan anti tabaco.
—Pondré todo mi esfuerzo en el… —dijo Otabek juntando más las cejas, ya que recordó como había sufrido la primera vez que dejó el cigarro. Leo junto a Jean y Mila se empeñaron todos los días en quitárselo y realmente llegaron a ser muy molestos para él, pero a pesar de las quejas de Otabek y las pequeñas discusiones que habían tenido por su vicio, les agradecía por ayudarlo, pues el plan había resultado en ese tiempo.
Otabek no había tocado ningún cigarrillo desde hace ya dos años y se sentía bien con eso… pero todo había acabado cuando se notó muy estresado en Moscú. En ese instante solo encontró alivio en aquel viejo mal hábito.
—¿Cuántos te fumas esta vez?
—Solo uno, antes de dormir o antes de una presentación —confesó, volviendo a poner el cigarro en sus labios para después soltar el humo dejando extrañas formas blancas en el aire.
—Entonces no costará tanto esta vez.
Permanecieron en silencio mientras Otabek se terminaba el cigarro. Las voces de la gente animada en la fila se hacían presentes en el lugar recordándoles que el tiempo pasaba.
—Creo que te conozco lo suficiente para saber que ocurre algo, ¿Estás bien? —preguntó a los minutos Leo, girando la cabeza para ver el perfil del kazajo.
Otabek teniendo presente que Leo no se quedaría tranquilo hasta oírlo, decidió hablar de forma directa.
—A Yuri le gusta una chica —contó, sin apartar su mirada otoñal de la nieve en sus pies.
Entre ellos se formó un silencio hondo. Leo lo veía perplejo.
—¿Yuri? —inquirió su amigo, con un pequeño gesto de sorpresa en el rostro.
—Sí, me lo dijo está tarde. Se veía complicado —Otabek desvío sus ojos a la pared frente a ellos.
Leo quedó en silencio unos segundos, Otabek lo encontró extraño, pero prefirió no decir nada.
—Vaya... Sinceramente me sorprende un poco —Leo se llevó las manos a sus bolsillos. Su expresión se había endurecido levemente— ¿Y tú qué le dijiste?
Respiró de forma profunda para luego expulsar el aire tomado.
—Que estaba bien —respondió, volviendo a poner el cigarrillo entre sus labios.
Su amigo lo vio de reojo. La expresión de sorpresa y de incredulidad seguía en su semblante.
—Y… ¿Realmente está bien? —preguntó a los segundos. Su voz sonó cautelosa como si se preocupara de no decir algo importante.
Otabek soltó el humo del cigarrillo dejándolo esparcirse por la fría noche. Apretó su mandíbula marcando el movimiento de esta en su piel facial.
—¿Por qué no lo estaría? Yuri es joven, es normal que esté interesado en mujeres. Y según él, ella es buena persona… así que está bien —respondió, teniendo en cuenta el motivo del porqué Leo se veía tan extrañado.
—Hum, sí eso está bien… pero me refiero a ti… digo, hace un tiempo me dijiste que Yuri te estaba comenzando a interesar, y no como amigo, más bien románticamente —recordó su contrario acurrucándose por la fría brisa que cepilló el lugar levantando un poco de nieve.
Nuevamente su cigarro llegó a sus labios. Recordó el momento que le decía eso a Leo, pero el problema con esas palabras era que fueron muy ambiguas. En ese tiempo Otabek y Yuri ya llevaban unas semanas compartiendo y sin poder evitarlo el ruso había llegado a calar más de lo esperado en él. Cuando le confesó aquello a Leo, Otabek se sentía confuso por todo, ya que era la primera vez que le interesaba un hombre y además menor de edad; a esto debía sumarle que era su amigo y que a Yuri le aterraba de cierta forma todo lo relacionado con la homosexualidad. Pensará como lo pensará, todo lo que había comenzado a sentir por él en ese tiempo estaba mal, por ese motivo simplemente había decidido dejar sus nacientes sentimientos a un lado y seguir con su amistad sin problemas. No había porque complicar las cosas. A él no le gustaba complicar nada.
—Sí lo recuerdo, pero solo creo que estaba confundido por todo. En estos momentos veo a Yuri como si fuera mi hermano menor —dijo el kazajo, para luego calar por última vez su cigarrillo.
—¿Estas bromeando?
Negó con la cabeza. No había ninguna duda en él.
—No. No bromeo con estas cosas, Leo.
—Pues yo sí creo que lo estás haciendo ahora… O que tratas de negar lo que quieres sentir. ¿De verdad ya no te gusta nada de él? —preguntó su amigo, todavía con la duda en su semblante.
Tiró el cigarrillo a la nieve y terminó por apagarlo con la punta de su bota.
—No es que no me guste nada de él, es simplemente que decidí hacer lo mejor. Es lo mejor para él, Leo.
—¿Quién lo dice? Yo lo veo de lo más feliz contigo —soltó Leo, haciendo reír un poco a Otabek.
—Eso es porque somos amigos. Si se llegara enterar de que comencé a sentir algo más que amistad por él se sentirá incómodo —afirmó Otabek, sintiéndose vacío al ya no tener nada en sus manos.
—¿Tú crees?...
—Claro.
Leo con la escasa respuesta de Otabek soltó un suspiro pesado para después negar con la cabeza llamando la atención del kazajo.
—¿Qué pasa? —preguntó extrañado Otabek.
—Nada… solo pensaba que a veces la comunicación no es buena ni en los amigos… —Leo volvió a suspirar rendido.
—No te comprendo —Otabek alzó una ceja preguntándose a que se referían las palabras de su amigo.
—Ah, a nada. Ahora mejor vamos adentro que ya vas a comenzar, también debo llamar a Guang para juntarnos aquí —Leo se separó de la pared volviendo tener su sonrisa en sus labios, aunque Otabek presintió que quería decirle algo que llevaba bien guardado, sin embargo prefirió no preguntarle para acatar sus palabras y entrar al recinto para comenzar a trabajar—. Aunque yo creo… y créeme, deberías hablar más de estos temas con Yuri. Quizás te llegues a sorprender.
Finalizó Leo adelantándose unos pasos dejando a Otabek con la mente confundida.
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Besitos a todos y gracias por su agradable compañía. Perdonen los errores uu
Bye!
