Capítulo 24: Fragmentados.

Todo era un enorme caos. Sirenas resonaban por las calles de Fujisawa, tanto de contingencia policial como de ambulancias, las últimas trasladando a los pocos sobrevivientes de una gran masacre vivida minutos antes. Sin duda, los paramédicos de aquellos vehículos de emergencia tendrían una noche muy agitada. En una de esas ambulancias, los paramédicos intentaban reanimar a una mujer de cabellos azabaches, quien se debatía entre la vida y la muerte. Ya casi no respiraba por propia cuenta, debiendo ser apoyada por una máscara de oxígeno para mantenerla con vida. Y no solo a ella.

-Vamos, tienes que resistir. –Hablaba una mujer que sostenía la mano que estaba sobre la abultada barriga de la paciente, entregándole apoyo desde el momento en que su camilla fue subida al vehículo- Lucha. No te des por vencida, no ahora que ya todo acabó.

-Su ritmo cardiaco sigue disminuyendo, Dai. –Informó el otro paramédico a cargo del monitoreo, quien sudaba frío producto de todo lo que estaba aconteciendo en su turno de trabajo-

-Prepara el desfibrilador, Sasuke. –Ordenó Yamagushi retirando la mano de aquella mujer que poco a poco iba cediendo ante su destino escrito por otros- ¡No morirás! –Comenzó a rasgar las maltrechas ropas de Rin Higurashi, descubriéndole hábilmente el torso, al momento en que la máquina comenzaba a emitir un largo pitido. Cogió ambas paletas, restregándolas una contra la otra, para luego posicionarlas contra el pecho de Rin-

Las maniobras de reanimación comenzaron para hacer latir nuevamente su corazón. Una descarga tras otra, intentando traerla desde un lugar desconocido para los vivos, en donde no hay más que oscuridad. Morir no era una opción. Sin embargo, estaba cediendo gracias a lo vivido. A pesar de que su cuerpo convulsionaba contra la colchoneta de aquella camilla, su rostro estaba lastimado, pero muy sereno.

Estaba en una paz indescriptible luego de un terrible infierno.

-¡Máxima potencia! –Ordenó con voz demandante y más alzada de lo común aquella paramédico- ¡No puedes morir, no sin conocer a tu bebé!

.

.

.

06 horas antes.

-¿Por qué no me matan de una vez?

La voz de Rin salió apenas en un murmullo. Su visión era difusa, no por la acumulación de lágrimas en sus ojos, sino por el agotamiento físico y mental que sufría. Esa silueta de aquel personaje incógnito se mantuvo frente a ella varios minutos. No se acercaba ni se alejaba. Esa persona se quedó quieta, analizando lo que tenía en frente: una víctima indefensa ante lo que pudiera ocurrir.

-Porque tenemos planes para ti. –Contestó monótonamente luego de unos segundos, tras un incómodo silencio-

Esa voz. No era desconocida, solo sonaba diferente: apagada, llena de rencor y malicia. Cuando se acercó un poco más, Rin pudo enfocar mejor su vista e identificar perfectamente de quien se trataba.

-Muerta no me sirves, Rin. –Agregó alzando su lastimado rostro con la punta de sus dedos cubiertos por unos finos guantes de seda italiana, los cuales Rin reconoció perfectamente-

No podía terminar de creérselo. ¿Por qué de todas las personas que habitaban este mundo tenía que ser ella? Su propia hermana.¿Realmente tanto era el odio hacia su persona? ¿Por qué…?

-No preguntes el motivo por el cual apoyo todo lo que está ocurriendo. –Soltó su barbilla, adivinando el rumbo de sus pensamientos, dibujando en su pálido rostro una sonrisa sardónica- Son muchos los motivos y poco el tiempo que planeo estar aquí. –Caminó a paso lento alrededor de la silla en la que estaba atada, hablando pausadamente. Disfrutando el momento que de seguro quedaría grabado en su enferma cabeza- En el nido de ratas en que vivirás un largo tiempo. –Agregó susurrando contra su oído izquierdo- Ya sabes lo que dice papá: "todo lo que sube tiene que bajar", y tú, querida hermanita, aún no tocas fondo.

Al momento en que la mano de Mei se posó en su abultada barriga, el cuerpo de Rin no pudo evitar estremecerse. Ahora lograba entender el por qué no se movía de su sitio. Mei intentaba asimilar lo que estaba viendo.

-Es curioso. –Mei se alejó nuevamente, como si el calor escaso del cuerpo de su hermana le quemara. Tal vez era la realidad lo que le ardía, ya que apretaba su puño con ahogada molestia- Pierdo un hijo, pero la vida me da una nueva oportunidad de formar una familia.

La piel de la menor de los Higurashi se erizó del miedo causado al oír palabras tan orates.

-He hablado con mi nuevo socio, Naraku. –Comenzó a relatar, mientras cogía una silla apartada, con la cual el mencionado solía sentarse frente a Rin por largas horas, para torturarla y luego tomar un descanso. Tomó asiento a una distancia casi prudente, en donde Rin estaba momentáneamente fuera de su mano- Es un interesante sujeto, cabe añadir.

-Enfermos. –Escupió aquella palabra con el mismo asco que le producía escucharla hablar-

-¿Enfermos? –Repitió ladeando su cabeza peli café, con expresión inocente en su pálido y ojeroso rostro, dándole un aire más tétrico que de costumbre- ¿Por qué? ¿Por desear venganza contra quienes nos dañaron? –Rin optó por mantenerse en silencio. No deseaba responder a esos cuestionamientos- Sesshomaru arruinó a Naraku en el pasado. –Explicó, adivinando la posición de su hermana- También hundió a mi padre, ya que no puedo decir "nuestro", ¿verdad? –Cuestionó con ironía- Y tú, "querida", me rompiste con tu traición. No solo me quitaste al hombre que amé, sino que llevas en tu vientre al fruto de esa infidelidad. Tanto de Sesshomaru, un esposo infiel, y de ti, una zorrita desleal a tu sangre.

Rin no podía creer lo bajo que Mei había caído. Se veía y se escuchaba tan desequilibrada. Esa no era la Mei que ella conocía. Si bien siempre fue caprichosa y con un carácter difícil, no era esa mujer llena de rencor y de amor tan enfermizo: tanto a Masayoshi como a Sesshomaru, quien nunca le correspondió.

Su alma, su esencia misma había sido fragmentada por el dolor y el odio.

Incluso, tal vez ya no tenía salvación.

-Me quitaste al hombre que amo. –Repitió, enfatizando aquella frase, mordiendo su labio inferior en señal de ira contenida- Pero, yo te quitaré algo que tú amas, y no es Sesshomaru en cuestión. –Tras agachar la mirada, no tardó en fijarla en un punto de su cuerpo inmóvil - Tu hijo será mío. Te lo puedo asegurar. –Anunció con una fría determinación-

-¡Estás loca! –Estalló, alzando la voz con renovadas fuerzas que emergieron desde su interior. Nadie tocaría a ese bebé mientras estuviese con vida- ¡No dejaré…!

-¿Lo impedirás? ¿Es en serio? –Carcajeó siniestramente sin moverse de su asiento, observando como Rin restregaba su cuerpo en la silla en que estaba cautiva- Un chasquido de dedos y Naraku sería capaz de realizarte una cesárea de emergencia sin que pudieses hacer nada, imbécil.

-Sesshomaru acabará con ustedes. –Habló apretando la mandíbula, controlando las ganas de llorar de frustración al no poder hacer nada. Sintiéndose una completa inútil- Y si no se ensaña con él, será contigo.

-¿Sesshomaru? –Su risa irónica se detuvo y dos de sus dedos se posaron en su barbilla, adoptando una pose de pensamiento- ¿Es el mismo que fue transferido al otro lado del país y que no sabía nada de tu secuestro? –Esperó una respuesta por parte de su manipulable hermana y luego prosiguió al ver las primeras señales de duda en ella- Obviamente supo que estabas en problemas, pero según lo que se ha sabido por las malas lenguas, es que él decidió seguir con su misión y dejarte sola. –Informó dejándola con un amargo sabor de boca- ¿Por qué crees que un tipo tan eficaz como él no ha dado con tu paradero?

-Mientes. –Rebatió sin terminar de creerle. Algo en ella le decía que Mei no era sincera. Esas palabras de amor que él redactó meses antes no podían ser en vano-

-Eres libre de creer o no, Rin. –Estaba siendo tan seria para decirlo, que comenzaba a convencerle de que no era solo una manipulación mental y sentimental- Solo piensa en algo. Pudo dejar la maldita misión antes de casarse conmigo, pero siguió adelante. Nada lo detuvo, ni siquiera el desliz que tuvieron. Tampoco sabe de tu estado de gravidez, así que… basado en esos puntos, ¿sigues pensando que eres más importante que su trabajito de agente encubierto? –Le dejó meditar y luego contestó a su propia interrogante- Sabes que no.

El corazón de Rin volvió a trisarse. La disputa entre mente y corazón no tardó en desatarse. Creerle a esa enferma desquiciada o aferrarse a las palabras que él le envió a través de su padre verdadero.

-Lo que si sabe, Rin… -Mei prosiguió inyectando veneno con aire calmo- es sobre mi estado de gravidez avanzada. Según los detalles médicos, tendría poco tiempo más que tú en semanas de gestación. –Se incorporó acomodando sus guantes. Aquellos que Masayoshi le regaló cuando egresó de la carrera universitaria que cursó y que pregonó a toda las amistades de la familia- Los partos prematuros son algo comunes, ¿no? –Le observó detenidamente, sin un ápice de arrepentimiento- Pues cuando nazca, se ordenará un examen de paternidad. ¡Y adivina qué! –Estrelló sus manos, provocando un sonoro eco que retumbó dentro de las paredes del lugar- Saldrá positivo. Y cuando tenga en mi poder esa muestra, tendré de los cojones a ese hombre. Lo haré sufrir cuando intente acercarse al niño y no pueda.

-Verá la forma de quitártelo. –Contestó sin intimidarse, dejando de lado el conflicto interno por su enamorado- Sesshomaru sabrá la verdad. Tarde o temprano, y cuando lo haga te arrepentirás.

-Puede ser. –Concordó con Rin livianamente, para luego impregnar con amenaza su tono de voz- Pero tú, no estarás para presenciarlo.

La puerta del lugar se abrió. Naraku apareció entre las sombras y Rin ya sabía a lo que se enfrentaría. Tras un intercambio de palabras entre ambos personajes contra una sola… todo se volvió oscuro.

.

.

.

Penitenciaria de alta seguridad – Tokio.

La situación que estaba presenciando no podía ser más patética ante los ojos del agente Taisho. ¿Cuál era el fin de demostrarle miedo a Izumi?Era su superior en jefe, sí. Sin embargo, Sango transmitía completamente la inquietud y temor tras ser descubierta, tal como una niña pequeña. Ellos no estaban haciendo nada fuera del marco legal…Bueno, Irasue no contaba.

El viejo de Izumi los observaba a través de sus anticuadas gafas, apretadas con su ceño fruncido producto del enojo que fluía en todo su patético ser. Tras no escuchar la respuesta tan esperada a su cuestionamiento, volvió a preguntar con su voz odiosa:

-¿Y bien? ¿Qué diablos hacen aquí? –Acomodó sus gafas intentando disimular la molestia creciente, lo que era prácticamente imposible ante un par de ojos ámbares que no se dejaban amedrentar tan fácil- No me obliguen a repetir nuevamente la pregunta, porque si he de ser sincero, no tengo el tiempo ni las ganas para estupideces.

-Estamos en una visita de rutina, señor. –Sango contestó con toda la convicción que le fue posible. Si bien eran una entidad de ley, no estaban libres de seguir ciertos protocolos-

Formalidades y procedimientos que habían pasado por alto.

-¿Rutina? –Repitió ácidamente su superior- Rutina es estar siguiendo las pistas de un caso asignado, y por lo que sé, ustedes no tienen ninguno.

-Pues estamos en uno. –Interrumpió Sesshomaru sin intimidarse, harto de estar dando explicaciones por sus actos, y demostrando que no le interesaba tener serias consecuencias por ello-

-Eso ya lo veo. –Mencionó sardónicamente- No obstante, el que da las órdenes en esta central…soy yo. –Marcó su territorio como un animal herido en el orgullo- Y por lo que recuerdo, no te he asignado nada en Tokio, sino al otro lado del país. –Y no contento con restregar en la cara su posición, agregó- Mucho menos dejaría pasar tu falta si es por la 'mujercita' con la que te has visto involucrado en el caso anterior.

-Sandeces. –Casi escupió en su cara por lo que había salido de su insensata y venenosa boca- Además, su nombre es Rin, no 'mujercita'. –Repitió con el mismo tono desdeñoso que él utilizó en aquella palabra-

El cerebro de Sesshomaru trabajaba a mil por hora. Dentro de todas las probabilidades de encontrárselo en ese lugar, justo ese día y hora, era una a mil. Había un punto, una pieza que no terminaba de calzarle en su rompecabezas. Eso no terminaba de ía perfectamente que Izumi estaba monitoreando las demás centrales de inteligencia dentro de un perímetro limitado, lo que lo había dejado libre de su presencia durante unos cuantos días, y por lo que tenía entendido no regresaría pronto hasta cerciorarse que la seguridad estuviese en su máximo nivel tras lo ocurrido en el edificio en Tokio.

Basado en esos puntos, ¿cómo diablos estaba en un nido de ratas como ese? ¿Cómo se enteró que estaban allí? Sesshomaru observaba y analizaba como Izumi sermoneaba a Sango sobre su papel en todo ello, su falta de profesionalismo y otras tonterías más. Ojeó rápidamente su reloj de pulsera y otra pregunta surgió: ¿Cómo llegó al penitenciario con tanta rapidez? En realidad, no había pasado ni una hora desde que Irasue había entrado a esa sala con Masayoshi.

Fue demasiado rápido y las casualidades en este mundo son escasas. Eso le hacía tener dos posibilidades en mente: que alguien le notificó de su presencia en aquella penitenciaria. Eiji Madarame o alguno de sus subordinados. O tal vez, la segunda opción, es que él también vino a ver a uno de los tantos reclusos del recinto penal, en este caso Masayoshi Higurashi, porque vino directamente hasta el lugar donde lo estaba interrogando su hábil y persuasiva madre.

No había duda alguna.

Algo turbio acontecía dentro de este lugar. Los gendarmes estaban rodeando el perímetro en varios puntos: desde las alturas (segundo y tercer nivel) y desde los pasillos que conectaban el lugar, observando fijamente todo lo que ocurría. Prestaba atención a las posiciones de descanso en discreción, sujetando sus armas, preparándose a disparar a la primera orden recibida.

La reprimenda de Izumi se extendió por momentos más, Sango tragaba en seco y optó por una posición firme para no demostrar flaqueza en su orgullo, y por otra parte, Sesshomaru devolviéndoles la mirada con el mismo desafío que le dedicaban esos sujetos inferiores. Estaba tentado a sacar su arma de servicio, cuando prestó atención a la pregunta de Izumi:

-¿Quién es el tercer agente involucrado en esto? –Ninguno contestó- ¿Les comió la lengua el gato? ¡Su superior ha hecho una pregunta y deben responder!

La puerta de la sala de interrogatorios se abrió. Se dejó ver una presentable agente que terminó de acomodar su chaqueta negra. Se le notaba algo descompuesta a comparación a como había ingresado y como pocas veces se le había visto. Se notaba levemente agotada, sin ellos saber que había librado una pequeña batalla con fines productivos. La mujer de cabellos peli plateados, manteniendo una inexpresión en su níveo rostro, avanzó hacia el grupo de agentes. Tras ella, los agónicos lamentos del acusado comenzaron a escucharse.

Masayoshi gritaba de dolor y solicitando ayuda.

Sesshomaru Taisho no deseaba imaginar lo que Irasue había hecho para que ese hombre gritase de esa forma, pero no podía ni quería evitarlo. El sonido de su dolor era demasiado tentador.

Todo se paga, viejo bastardo, pensaba el hijo mayor del matrimonio Taisho. Podía dar por hecho que el sufrimiento que Masayoshi experimentaba sería en compensación al daño que le causó a Rin toda su vida, y aun así, daba por hecho que merecía más dolor y agonía.

Nunca sería suficiente.

-Irasue. –El superior en jefe cambió radicalmente su tono de voz, hasta el punto de dar la impresión de que no se esperaba verla aquí- ¿Qué has hecho allí dentro?

-Izumi. –Saludó la mujer de cabellos platinados, para luego responder con la arrogancia que le caracterizaba- Procedimiento de rutina, ya sabes.

-¿A quién le has hecho eso? –Apuntó al cuello de su blusa, la cual albergaba unas cuantas gotas de sangre que comenzaban a secarse-

-A nadie de importancia. –Contestó sin dar detalle, observándolo fijamente a través de sus profundos ojos tono ámbar- ¿Qué haces en este lugar?

-Eso debería preguntarlo yo, ¿no crees? –Cuestionó acomodando nuevamente sus gafas, demostrando algo de incomodidad-

Su lenguaje corporal hablaba por él. Eso era deshonroso para un supuesto agente de inteligencia con un poderoso puesto gracias a su vasta experiencia en el campo. Cuanto deseaba increparlo y sonsacarle la verdad. No obstante, debía ser cuidadoso. Madre e hijo se dedicaron una mirada, intuyendo lo que el otro pensaba. Si bien eran personas de casi nula comunicación entre ellos, habían aprendido ciertos códigos en su lenguaje kinestésico o meramente visual para hacerle saber al otro su parecer.

Sesshomaru solo sabía dos cosas: había sospechas claras que Izumi estaba metido en algo raro, y que también Irasue había logrado recabar algo de información.

Tras recibir una orden directa, fueron obligados a retirarse del recinto penal, mientras el equipo médico del lugar socorría a un lastimado recluso que no dejaba de emitir agónicos quejidos. El alcaide Madarame, repudiaba tal procedimiento, amenazando directamente en informar y hacer las denuncias correspondientes contra los agentes involucrados, más silenció su hablar cuando Irasue mostró su teléfono, dejando ver las fotos reveladoras que había conseguido de algún modo.

Izumi intercambió miradas con aquel sujeto, demasiado cómplice para ser dos simples desconocidos, algo que no pasó desapercibido por tres pares de ojos, dos de tono ámbar y unos marrones. Sus sospechas no parecían ser infundadas después de todo.

-Taijiya. –Izumi se dirigió a Sango al estar fuera del recinto, siendo escoltados por los gendarmes en todo momento. Ese hombre ignoraba que los tres agentes habían llegado a ese sitio en dos automóviles diferentes y no juntos- Tú vas con Irasue en su vehículo. Sesshomaru, tú vienes conmigo.

Irasue iba a reclamar contra aquella imposición, pero Sesshomaru se adelantó. Acató sin decir palabra. Si él no se negaba, ella tampoco diría nada, después de todo, debía tener sus razones. Nunca hacía algo sin una razón poderosa de por medio. Ambos agentes subieron al vehículo gris que el superior en jefe conducía, y desaparecieron del lugar con rumbo a la central de inteligencia.

-¿Cree que fue buena idea dejarlos ir solos? –Preguntó con recato la joven que seguía los pasos de Irasue hacia el automóvil en que había venido por su cuenta-

-Sesshomaru sabe lo que hace. –Se delimitó a contestar con toda la parsimonia del mundo-

-¿Pudo averiguar algo por boca de Higurashi?

-No demasiado. –Chasqueó su boca en una evidente señal de molestia- Fue un hueso duro de roer. Sin embargo, la información fue ambigua. Puede estar en cualquier punto del Japón, en cualquier sitio que colinde con el mar. –Suspiró con pesadez, sintiendo unas ganas enormes de beber el contenido de una cafetera entera-

-¿Con el mar? –Repitió sin poder creerlo, intentando a la vez crear algún plan para sacarle provecho a esa mínima información- ¿Nada más?

-Solo eso, y que es un maldito insensible. –La olla admirándose del tizne del sartén- La muerte de su hermano y esposa no parece importarle, además de gozar con solo imaginar el sufrimiento de Rin.

-¡Ya sé! –Sacó su teléfono celular, llamando a uno de sus colegas de equipo- Miroku, soy Sango. Necesito un favor. –Comenzó a hablar una vez que la voz respondió al otro lado de la línea- Sí, nos encontró. Va para allá junto con Sesshomaru. –Irasue podía darse cuenta que le estaban advirtiendo sobre Izumi y la búsqueda que dio frutos- Antes que lleguen allí, necesito que busques terrenos o propiedades en la costa, que estén abandonadas o en quiebra. Puntos accesibles en los puertos, algo que nos sea de utilidad. –Sango escuchaba lo que el hombre decía, y por la expresión facial que cruzaba en ella a momentos, parecía no estar muy convencido de hacerlo- Piensa como un maleante del nivel de Naraku y busca un sitio perfecto para tener secuestrado a alguien. Donde nadie pensaría en encontrarte y que sería perfecto para defenderte en caso de una emboscada. –Otro momento de silencio- Sé lo que puede ocurrir, pero no puedo dejar solo a mi amigo. No ahora, ¿entiendes? –Irasue no pudo evitar notar cierta emoción en tan breves palabras, algo que le llamó tan solo un poco la atención- Avísame si tienes algo. En diez o quince minutos estaré allá. –Cortó-

-Andando, niña. –Se puso las gafas de sol, antes de subir a su vehículo, fingiendo que esa llamada nunca fue de su interés- Deseo ver qué ocurre allí y qué logra averiguar tu contacto.

.

.

.

Todo fue un sepulcral silencio hasta llegar a la central de inteligencia. Los empleados, al ver llegar a Izumi con Taisho, no pudieron evitar tragar en seco, pues sabían que algo no muy bueno acontecería a raíz de ello. Echar agua al aceite ardiendo no daba un buen producto. Sesshomaru, echaba un vistazo a su alrededor, cuestionando a su subordinado, Jaken, quien no le notificó el regreso de Izumi, y no aparecía para encontrarle como cada vez que estaba en el edificio.

Algo no cuadraba nuevamente. Jaken era capaz de tolerar la golpiza de un ejército completo con tal de no apartarse del servicio hacia él, y no estaba por ninguna parte. Definitivamente, algo ocurrió.

-A mi oficina. –Ordenó Izumi con voz seca, como si Taisho planeara escapar de él-

Jamás en la vida.

Al cerrar la puerta tras él, se dispuso a escuchar lo que fuera a exponer aquel vejestorio. Le vio despojarse de su saco y sentirse poderoso nuevamente al sentarse en su sillón de cuero y estar detrás de la placa que lo denominaba como jefe.

-No he llegado hasta este punto solo por tolerar a tipos como tú. –Comenzó a hablar sin apartarle la vista de encima- Es más, suelo apartarlos de mi camino rápidamente.

-Inténtalo. –Desafió Taisho sin dejarse amedrentar ante ese sutil intento intimidación- Pues tampoco he llegado a este punto por dejarme llevar por amenazas.

-Ya lo puedo notar. –Contestó apartando las manos del escritorio metálico, alertando los sentidos de Sesshomaru ante ese gesto- Eres la mala copia de tu madre en ese aspecto.

-No me hagas perder el tiempo.

-¡Ni tú hagas perder el tiempo de mi gente por culpa de tus intereses! –Señaló con renovada molestia- ¿Quién te crees para tomar decisiones en mi ausencia, imbécil? ¡Yo soy el jefe aquí! ¡Yo ordeno, ustedes acatan! Punto final y no hay más discusión referente a eso.

-Entonces esto es en referencia a una cosa de egos. –Dedujo rápidamente- Te disgusta en que un grupo determinado no dude en acatar instrucciones dadas por mi, ¿verdad? –Picó en el orgullo del agente que estaba frente a él- El poder de convencer masas no se basa en proclamar qué puedes hacer dentro de ese estado de magnificencia, sino trabajar en ello y saber cómo utilizarlo a tu favor y ver los resultados.

-Siempre supe que serías una maldita piedra en mi zapato, Taisho. –Escupió con verdadero odio- Debí deshacerme de ti en cuanto pude.

-Ya lo has hecho antes con otros, ¿no?

Silencio.

Hay un viejo dicho que enuncia: El que calla, otorga. Eso era suficiente para interpretar la verdad. El teléfono sonó, Izumi alzó al aparató y dio el pase a que alguien hiciera ingreso a la oficina. Hizo aparición Irasue y Sango, escoltada por la secretaria del superior en jefe.

-Es bueno verlos reunidos. –Prosiguió hablando Izumi- Así me ahorrarán darle la noticia a cada uno de ustedes por separado. –Dedicándoles una dura mirada, informó- Están suspendidos de sus labores por tiempo indefinido, sin paga y serán sometidos a una investigación por los actos cometidos, en donde una comisión decidirá lo que ocurrirá con vosotros.

-¿Y quién te investigará a ti? –Soltó de pronto Irasue- Porque si a tu parecer nuestras manos están sucias, las tuyas están peor, y no finjas que no sabes de lo que hablo. –Cortó al notar que reprocharía sus palabras-

-Es más que evidente que algo ocurre, Izumi. –Sesshomaru decidió no callarse, pues su carrera profesional no podía acabarse por el simple capricho de un ser inferior a él en muchos aspectos- Lo que me pregunto es: ¿ibas a deshacerte de algo en aquella prisión? Porque no fue mera casualidad encontrarnos allí.

-Sesshomaru está en lo cierto. –Concordó su madre sin sacarle la vista de encima al sujeto en cuestión- Al parecer, Madarame tiene contactos que no dudan en acudir en su ayuda. –Acusó sin pensárselo dos veces- ¿O llegaste por otros motivos? ¿Masayoshi, tal vez?

-¡Qué boberías estás diciendo, Irasue! –Se exaltó el hombre, ganando un color rojizo intenso en su rostro por la cólera-

-No te hagas el desentendido. –Taisho cortó sin demora a su indignado comentario- Un superior de la central de inteligencia no suele mantener un contacto con un alcaide de prisión, ni siquiera si es de alta seguridad.

-Además, no demoraste en llegar a ese recinto penitenciario. –Irasue prosiguió atacando, ya que notó con extrema rapidez los puntos que su hijo había supuesto- ¿Menos de una hora?

-Poco más de media hora en realidad. –Añadió Sango, quien salió de su mutismo, apoyándose en los argumentos señalados- Y puede que menos, ya que la entrada es un largo camino y pasar por los detectores y otros sitios le tomaría varios minutos.

Touché.

-¡No toleraré estúpidas insinuaciones! –Alzó la voz el hombre ya perdiendo todo rastro de paciencia- ¡Entreguen sus armas, identificaciones y largo de mi vista!

-Aquí las tienes. –Se despojó sin miramientos de lo solicitado y las arrojó de mala forma sobre el escritorio- Sabrás de mí nuevamente. Dalo por hecho.

.

.

.

Notas autora: Junto con saludarles a distancia, espero que se encuentren bien mis pequeños y queridos lectores. Agradezco sus lecturas y comentarios. Mi ánimo se ha disparado a mil, puesto que va a salir una continuación de Inuyasha en un tiempo más y estoy que vomito arcoiris y corazones solo por imaginar a nuestro adorado amo bonito de regreso (Ya saben que tiene gemelitas 7u7. No perdió el tiempo, he).

Ahora, regresando a la trama de historia, como bien saben, las ratas siempre han estado en este mundo, y nunca se mantienen en las alcantarillas por mucho tiempo. Esto es solo el comienzo...

Besos y abrazos para todos!