Levi Ackerman despertó con la sensación de que le habían dado una paliza. Tenía todos los músculos entumecidos, debiendo moverse muy despacio para ir recuperando poco a poco la sensibilidad de brazos y piernas.

Esta vez Erwin se había esforzado de lo lindo a la hora de follarle. Se veía que tenía ganas de catar su cuerpo después de tanto tiempo separados.

Con un gruñido consiguió dar media vuelta en la cama, queriendo decirle unas cuantas cosas al responsable de su estado.

Al final tuvo que quedarse con las ganas, pues a su lado no había nadie. Y por lo frías que estaban las sábanas, hacía un buen rato que el Comandante se había levantado.

Extrañado, Levi se incorporó para observar la habitación y descubrió que estaba solo.

Chasqueó la lengua, cabreado. No es que quisiera que le despertara siempre como la última vez, a base de besos y caricias, pero después de cómo le había follado no estaría de más que al menos esperara a que despertara para asegurarse de que no le había destrozado.

Precisamente que no lo hubiera hecho confirmaba sus sospechas de que Erwin escondía algo. Ese era el principal motivo de su cabreo.

Y visto que él no tenía intención de contárselo, no tendría más remedio que ir en busca de las respuestas.

Con movimientos torpes consiguió levantarse y vestirse, optando por ropa de calle. Como tuviera que ponerse ahora el equipo tridimensional tardaría horas en estar listo y necesitaba hablar con él enseguida. Antes de que el infalible Comandante ideara uno de sus planes para asegurarse de que nadie le molestara.

Tardó más de lo esperado en encontrarle. En sus aposentos no estaba y tampoco con los principales oficiales del Cuerpo. De hecho, nadie le había visto desde aquella mañana y todos creían que seguía con él.

Al final le encontró en el lugar más insospechado. Tras intuir que estaría escondido en las zonas más recónditas del cuartel se pasó por la cueva que tanto tiempo atrás marcó un punto de inflexión en su relación. Pero finalmente le descubrió en una de las torres de vigilancia del muro. Todavía era de noche, por lo que no había soldados patrullando, siendo ese provablemente el motivo por el que Erwin escogió aquel lugar.

- ¿Qué haces aquí? –preguntó cuando llegó a su lado.

Erwin no se sobresaltó al verle allí, lo que indicaba que no le había cogido desprevenido. Y eso fue precisamente lo que más le extraño: aun sabiendo que Levi le encontraría el Comandante no se había alejado para evitar la confrontación.

Lo que significaba que era el primero en querer hablar.

Sin saber muy bien por qué, Levi sintió un escalofrío. Y luego, cuando Erwin se giró y le miró con una sonrisa triste, sintió que el pecho se le encogía.

- Es luna llena –dijo el Comandante.

- ¿Y?

- Hacía mucho que no contemplaba la luna… -Devolvió la atención al cielo estrellado-. Ya no recuerdo cuándo fue la última vez que pude hacerlo.

Levi se quedó unos segundos mirándole, sin tener la menor idea de lo que estaba pasando allí. Las últimas semanas habían sido un auténtico torbellino, estaba claro, pero jamás le había visto así.

Seguía vistiendo el uniforme del cuerpo, pero ahora nada de lo que hacía o decía indicaba que fuera ese Comandante tan aguerrido.

Soltando un chasquido se sentó a su lado, dejando las piernas colgando sobre el muro.

- ¿Se puede saber qué te pasa? –espero a que Erwin se dignara en responder. Como ya intuía, se negó a colaborar, por lo que tuvo que insistir un poco más-. ¡Eh! Hace pocas horas me he sincerado contigo como no lo había hecho jamás con nadie. Creo que me merezco el mismo trato.

- Tienes razón –aceptó tras varios segundos de silencio-. Incluso si lo último que quiero es contarte la verdad, no tengo ningún derecho a seguir engañándote.

- ¿Seguir? –Le miró con una mezcla de mofa y desagrado-. ¿De qué hablas? Hace mucho que ya no puedes engañarme.

- Lo hice durante la expedición –recordó con cierto retintín, todavía mirando a la luna, lo que hizo que el ataque al orgullo de Levi doliera más.

- De acuerdo, Erwin –gruñó, poniéndose ya en pie-. Veo que después de follarme ya no necesitas nada más de mí.

La mano del Comandante, que agarró su muñeca con más fuerza de la necesaria, le obligó a quedarse donde estaba.

- Pensé que eso era lo que tú querías… -dijo Erwin con un destello de acusación- Es lo único de lo que hablas cuando estamos en la cama.

- ¿Y de qué quieres que hable? No es que dejes muchas opciones.

Lo preguntó con rabia, sin entender todavía por qué estaban discutiendo cuando, que él supiera, no había ninguna razón para ello. Y precisamente la incomprensión de Levi fue lo que llevó al Comandante a respirar hondo por primera vez desde que se hubiera levantado. Aunque más bien debería decir desde que hubiera huido de la habitación, dejando a un inconsciente Levi en la cama.

Al soltar el aire la tensión no se rebajó y comprendió que con respirar hondo una vez no bastaba. No cuando llevaba meses sintiendo el peso del mundo sobre sus hombros.

Pero esta vez no porque tuviera miedo de tomar la decisión equivocada, sino porque sabía demasiado bien qué era lo que debía hacer.

Y era justo lo que no quería.

Pero Levi tenía razón. Después de haber compartido sus mayores miedos, aunque fuera en parte obligado por las circunstancias, se merecía lo mismo a cambio.

Y bien sabía que aquel día acabaría llegando. Por mucho que hubiera intentado retrasarlo, era hora de ser completamente sincero con él. Tal vez por primera vez en su vida:

- Cuando volví de la Capital con Mike, después de haber estado a punto de caer en aquella trampa y morir… –Levi asintió, indicándole que recordaba aquel día. ¿Cómo olvidar el instante en que su corazón volvió a latir?- Había decidido acabar con nuestro acuerdo.

El Capitán se quedó completamente rígido. Generalmente parecía un bloque de hielo pero ahora era incluso peor, pues ni siquiera estaba respirando, conteniendo el aire mientras se planteaba insultarle y preguntarle si le parecía divertida esa broma que no tenía la más mínima gracia.

Un simple vistazo a la expresión mortecina de Erwin le indicó que no, no era ninguna broma. Y también que la decisión ya estaba tomada.

Así pues, en realidad solo había una cosa que pudiera preguntar:

- ¿Por qué?

- Estuve a punto de morir. Y de la forma más absurda. ¿Qué imagen habría dado si después de sobrevivir a titanes hubiera permitido que dos niños me mataran?

- ¿Y yo tengo la culpa de eso?

- ¡Sí! –gritó con más ímpetu del necesario pues hasta ahora, pese a la gravedad del tema, habían hablado a base de susurros-. Había un motivo por el que yo era así, Levi. Por el que siempre estaba tan distante y por las noches me iba a aquella cueva a destrozarme las manos. Esa forma de actuar no respondía a ningún capricho. Era la única manera de sobrevivir. De seguir al mando del Cuerpo de Exploración sin renunciar a mi objetivo y sin poner en riesgo mi vida.

Levi, por primera vez en su vida, más incluso que cuando estaba en los calabozos a la espera de ser juzgado, sintió que el suelo temblaba bajo sus pies.

Su mundo se estaba desmoronando.

No era la primera vez que presenciaba cómo su vida se iba a la mierda. Y en las otras ocasiones, con la muerte de su madre, con aquellos cerdos que hacían cola para follarle, con la muerte de Isabel y Furlan, no había podido hacer nada para cambiar la situación. Por mucho que gritara sus amigos y su madre no volverían a la vida. Y en el caso de esos tipos, oírle gritar era justo lo que querían.

Por eso aprendió a mantenerse frío y distante. Callado. Llorar y gritar no servía de nada, y al menos el silencio y la frialdad le proporcionaba una barrera de protección frente a los que querían hacerle daño.

Ahora era incluso peor.

No es que Erwin hubiera muerto o que le fueran a condenar a la horca. Simplemente le estaba dejando atrás. Y daba igual lo que dijera o hiciera, daba igual las ganas que tuviera de golpear su rostro hasta hacerle entrar en razón, algo le decía que no iba a servir de nada. Algo como el hecho de que el Comandante Erwin Smith jamás decía las cosas sin haberlo meditando antes, asegurándose de tomar la opción correcta. Al menos, la menos mala de las posibles.

Aun así, Levi intentó hacerle cambiar de opinión. Tal vez era fruto del cansancio, pues tampoco es que hubiera podido dormir en condiciones con todo el trajín que Erwin había sometido a su cuerpo. O tal vez era algo más en lo que ni siquiera se había atrevido a pensar hasta ahora, pese a que todas las señales estaban ahí.

- Pero conseguí ayudarte –murmuró el Capitán. Lo dijo sin esa rabia que acompañaba a todas sus palabras, pero no se sintió mal por ello. ¿Que Levi Ackerman había perdido su garra? Le daba lo mismo. Lo que no quería era perder a Erwin-. Desde aquella noche siempre he estado a tu lado, ofreciéndote lo que necesitabas para…

- Ese es el problema… -le interrumpió con cierta dulzura, lo que hizo que fuera aún peor-. Me has dado justo lo que necesitaba. Incluso lo que yo no sabía que necesitaba.

El Capitán sintió que el corazón se le aceleraba, recuperando un sentimiento que creía perdido. Después de los golpes que le había dado la vida había llegado a pensar que ya no le tenía miedo a nada.

Pero terror era justo lo que estaba sintiendo ahora.

Cuando se despertó jamás pensó que en cuestión de horas tendría que afrontar algo así; lo que a todas luces era una despedida.

Y lo peor era ver que Erwin era el más relajado estaba de los dos. Más que relajado, resignado.

Eso era justo lo que estaba haciendo que su corazón latiera tan deprisa que sentía que se le iba a salir del pecho: ver a su Comandante, el hombre al que había jurado seguir y en quien confiaba ciegamente, resignarse. Aceptar que la batalla había terminado y que no había nada que se pudiera hacer para cambiar la situación.

Que eso lo pensara el mismo hombre que aun estando rodeado de titanes seguía maquinando la manera de ganar, era inaudito. Era casi absurdo. En la naturaleza de Erwin Smith, simplemente, no estaba la opción de rendirse.

Levi entornó entonces los ojos, mirándole con frialdad. El verdadero problema no era que Erwin se hubiera resignado, sino que todavía desconocía los motivos de aquella decisión. Y tal vez él fuera un simple Capitán que creció en la Ciudad Subterránea y era mucho más bajo que la media, pero también era el hombre que firmó un pacto con Erwin Smith, el Comandante del Cuerpo de Exploración. Él era su principal hombre de confianza y por quien Erwin había hecho lo imposible para salvarle.

Se merecía mucho más que un simple "gracias por todo, pero se acabó".

- Si no me dices qué es lo que pasa no puedo ayudarte.

Consiguió decirlo sin reflejar la rabia que estaba sintiendo. Era lo que todo su cuerpo le pedía, pero no le importaba ceder esta vez. Ni esta ni un millón más si a cambio conseguía dejar atrás esa sensación de que aquella sería la última vez que se vieran.

Con lo que no contó fue que cuando bajaba todos sus muros de defensa y se olvidaba de la rabia, lo que quedaba era un muchacho asustado al que le temblaba la voz. Y justo eso fue lo que hizo que Erwin cambiara de estrategia en el último instante. Su idea había sido tirar de mando y simplemente decirle que no había más que hablar y que podía retirarse. Pero ese temblor de voz, ese miedo tan evidente en sus ojos y en cada átomo de su cuerpo, le recordó que ahora no era un Comandante hablando con su Capitán.

Lo que significaba, por mucho que doliera, que tendría que seguir siendo sincero con él.

Erwin asintió, indicándole que tenía razón, e inspiró profundamente. Al soltar el aire sintió unas irrefrenables ganas de echarse a llorar, hasta el punto de que la voz se le quebró cuando empezó a hablar.

- Te abandoné a tu suerte durante días. Y pude haber fallado en mi apuesta. Todo pudo haber salido mal: Si Armin y Jean no hubieran encontrado las pruebas. Si para el Comandante en Jefe los delitos de Nile no hubieran impedido que también se te juzgara a ti.

- No te culpo por lo que tuviste que hacer.

- No hace falta. Ya lo hago yo por los dos.

- ¡No! –gritó Levi al ver de nuevo esa mirada de resignación-. Hay que correr riesgos, es lo que siempre dices. Además, ¿por qué te quejas ahora? Todo ha salido bien.

- Pero no contigo –susurró y Levi sintió un escalofrío. En ese "contigo" había demasiados sentimientos implícitos-. Siempre he aceptado que debía ser yo quien renunciara a todo: La posibilidad de formar una familia. Que mis noches se llenaran de pesadillas con las caras de los soldados que habían muerto a mi cargo. Incluso mi propia vida.

- Erwin…

- Nunca me importó –le interrumpió-. Ser el gran Comandante. El hombre que velaba por la seguridad de los demás. Quien nunca sonreía –sonrió con tristeza, consiguiendo que a Levi se le encogiera un poco más el pecho-. Has podido morir. Y dentro de los muros. Eso nunca estuvo en mis planes. Nunca debió convertirse siquiera en una posibilidad.

- Ya te he dicho que siempre he aceptado el riesgo. Lo hice desde el instante en que te propuse nuestro pacto.

- No va a parar nunca. –El Comandante negó con pesar-. Y la próxima vez puede que no tenga tanta suerte. Que no consiga las pruebas necesarias para detener a mis enemigos.

- Estamos en guerra.

- No. Estábamos en guerra con los titanes. Lo humanos eran… un contratiempo eventual. Pero ahora que todos saben la clase de relación que tengo contigo… -dejó la frase a medias, mas el modo en que miró a su Capitán fue suficiente para que Levi supiera lo que quería decir.

- Entonces, ¿qué? –chasqueó la lengua-. ¿Me estás diciendo que a partir de ahora no vamos a poder vernos a solas?

La sonrisa de Erwin adquirió un matiz de sorpresa, que rápidamente transformó en sarcasmo.

- No pensé que te molestara tanto. Después de todo, lo único que hacemos es follar. Y para eso te vale cualquiera.

Levi reaccionó sin pensar: sacó de la manga el cuchillo que siempre le acompañaba y al segundo siguiente ya lo tenía bajo el cuello del Comandante.

- Vuelve a decir algo así y te rajo esa bonita cara que tienes –siseó-. ¿En serio esperas que me trague esta patraña? ¿Que ahora vas a dejarme tirado simplemente porque temes que puedan volver a usar nuestra relación para perjudicarte?

- Hace tiempo dijiste que era un monstruo –mostró una fría sonrisa, para nada intimidado por la amenaza de su soldado-. Supongo que esta es la prueba definitiva.

El Capitán acercó un poco más la hoja de acero a la piel de Erwin, consiguiendo que brotara un pequeño reguero de sangre. Erwin no protestó, ni siquiera parpadeó, y el otro gruñó frustrado.

Sería tan fácil hundir el cuchillo y acabar con todo en un segundo…

- Di que te niegas a responderme o que todo esto forma parte de uno de tus planes. Pero te lo advierto –Levi chirrió los dientes-, deja de tratarme como a un estúpido.

- ¡Es que no lo ves! –el grito resonó en la noche. Recordando que estaban a cielo abierto y que cualquiera podría escucharles, bajó rápidamente el volumen. También porque ya no tenía fuerzas para seguir discutiendo. -Te hice daño –susurró-. Permití que te humillaran. Jugué con tu vida… -Levi apartó el cuchillo, pero se obligó a seguir -. No quiero volver a hacerlo.

- ¿Y alejarte es la solución?

- No me estaría alejando. Simplemente sería tu Comandante. Lo único que debí ser siempre.

Levi buscó un contraataque, desesperándose enseguida. No estaba acostumbrado a ser la voz de la razón y menos con Erwin. Lo normal era que sus intervenciones se centraran en criticar los planes que proponía mientras que su superior, con su aplastante lógica, rebatía cada uno de sus puntos.

Esta vez las tornas habían cambiado.

Encontrándose por unos instantes en la piel de Erwin se dio cuenta de lo complicada que era su posición. Una que iba mucho más allá de ser el Comandante que enviaba a morir a cientos de hombres cada día.

Pensar en eso, no obstante, también consiguió que se diera cuenta de un detalle que hasta ahora le había pasado desapercibido.

- Dices que pensaste en esto cuando volviste de la Capital –recordó-. Y sin embargo lo primero que hiciste nada más llegar fue acostarte conmigo. Y antes, en las duchas, me has dicho que era único para ti… –le costó referirse a sí mismo en esos términos-. ¿Por qué? ¿Qué sentido tendría hacer algo así cuando ya habías decidido que no querías saber nada más de mí?

Erwin contempló la luna unos segundos, buscando las palabras adecuadas.

Al dirigirse de nuevo a él, Levi captó un leve temblor de su cuerpo.

- Aquella vez, cuando volví a verte tras haber estado a punto de morir… no pude resistirme. Necesitaba experimentar de nuevo lo que era estar contigo, aunque fuera pensando que sería la última vez. Y ayer en el Tribunal, cuando te encadenaron como a un animal, vi el miedo, la humillación y el dolor que reflejaban tus ojos. Y tuve que actuar como si no me importara. –Se encogió levemente de hombros, en un gesto que le hizo parecer más humano que nunca-. Después de vivir todo eso quería que supieras lo increíble que realmente eres. Incluso si luego no sería yo quien pudiera decírtelo.

Levi, el temerario Capitán Ackerman, el hombre de hielo que no permitía que le tocaran sin su permiso, colocó una mano en la rodilla de Erwin. La apretó con lo que esperaba que fuera la fuerza perfecta para hacerle ver que era un gesto de apoyo, pues nunca antes había hecho nada parecido.

- ¿Qué puedo hacer para que cambies de idea? -susurró-. Hasta ahora nos ha ido bien.

- Hay demasiados riesgos –murmuró, luchando por no colocar su mano sobre la de Levi.

- ¿Y?

- Debo cumplir con mi misión. Y jamás podré hacerlo si lo único en lo que puedo pensar es en… -dejó la frase a medias y se puso en pie, dando por terminada la conversación.

- ¿En qué? –gritó Levi, colocándose delante de él para impedirle alejarse.

- Da igual. No tiene sentido. –Bajó la vista, no atreviéndose a mirarle a los ojos-. Sé que para ti no es lo mismo.

- ¿De qué estás hablando?

- Sé que me respetas. Que… disfrutas estando conmigo. Tal vez incluso me aprecias pero…

- ¿Pero? –le agarró del medallón, obligándole a ser un hombre de verdad y mirarle a la cara-. Maldito imbécil. Te recuerdo que estuve tres días en una celda pestilente esperando que vinieras a buscarme. Que acepté que un cerdo como Nile me tratara como a una chusma de las cloacas. Incluso dejé que hablaras de mi pasado cuando nadie ha hecho algo así y ha vivido para contarlo… ¡Qué más necesitas que haga para demostrarte que te quiero!

El tiempo se detuvo con el último grito de Levi.

Entonces no importó que siguiera siendo de noche y que tal vez todo el cuartel se hubiera enterado de su declaración.

En ese instante el Comandante, con los ojos abiertos de par en par y la sorpresa bien visible en su por lo general inexpresivo rostro, solo podía pensar que no podía ser verdad.

- ¿En serio creías que no lo hacía? –respondió el propio Levi a sus dudas, con una mezcla de curiosidad y rabia-. ¿Que lo único que me interesaba de ti era tu cuerpo? ¿O cumplir con mi parte del pacto?

Erwin tardó casi un minuto en responder. En ese tiempo tuvo que hacer un esfuerzo de memoria brutal, intentando recopilar todo lo que había ocurrido entre los dos desde que se conocieron. Y más en concreto, todos esos pequeños detalles que siempre estuvieron ahí pero que, inconscientemente, optó por no reconocer por el bien de la misión.

Y por el bien de su propio corazón.

Comprendiendo que había sido un estúpido por creer que Levi no albergaba los mismos sentimientos hacia él, quiso pedirle perdón por tenerle en tan poca consideración. Casi todo el Cuerpo de Exploración, al menos hasta aquella mañana, creía que Levi era un hombre frío y sin sentimientos al que todo le daba igual. Pero él, como su Comandante y el único hombre que compartía su cama, jamás debería haber dudado de la clase de hombre que era.

Enseguida comprendió que realmente no hacía falta pedir disculpas. No porque no se las mereciera, ni mucho menos, sino porque Levi era el único que le conocía de verdad. No necesitaba que le explicara lo que él ya sabía.

Así pues, lo único que le quedaba a Erwin era dar voz a su mayor temor. A ese que había estado ahí desde el principio y que había tratado de ocultar con mentiras y excusas:

- No quiero tener que elegir entre ti y la misión.

Fue decirlo y una pequeña lágrima recorrió su mejilla.

Aquella imagen hizo que Levi sintiera vértigo, pues estaba contemplando un hecho inaudito. Al lado de eso, poco importaba que Erwin todavía no hubiera respondido a su declaración, aunque fuera con un simple "yo también".

Ver al Comandante Smith llorando por el miedo a perderle era prueba más que suficiente de lo mucho que le quería.

Curiosamente eso hizo que, pese a la gravedad de la situación y que hacía pocos minutos creía estar al borde de un precipicio, Levi recuperara toda la seguridad en sí mismo.

Encontrarse con que iba a perder a Erwin sin saber todavía por qué, eso era superior a sus fuerzas.

Pero tener a su Comandante asustado por lo que el futuro les iba a deparar y debiendo ser el encargado de devolverle la confianza… ese siempre había sido su trabajo. Y el Capitán Levi Ackerman nunca había fallado en una misión. No iba a empezar a hacerlo ahora.

Soltó un pequeño chasquido que esta vez no desprendió ningún sentimiento de desagrado, sino dulzura; como si estuviera tratando con un niño pequeño que no se enteraba de las cosas. Para dejar claro que no pensaba que era un idiota, al menos esta vez, Levi relajó su rictus y negó levemente. Daba la sensación de que estaba a punto de echarse a reír.

Entonces tomó una mano de Erwin y tiró de ella con la suficiente fuerza como para indicarle que se agachara. Como llevaba el equipo tridimensional no tuvo más remedio que quedarse de rodillas y Levi imitó rápidamente su posición, quedando entre medias de sus piernas ligeramente abiertas.

- Y no vas a hacerlo.

Para Erwin aquel susurro fue como recibir un puñetazo en pleno estómago, pues fue decirlo y quedarse sin respiración.

Aquello era justo lo que había pedido. Lo que llevaba rezando desde ya no recordaba cuándo y veía que, daba igual cuánto se esforzara, el cerco sobre ellos cada vez se estrechaba más: el desprestigio del Cuerpo de Exploración y el riesgo de que no hubiera más misiones fuera de los muros; las rencillas dentro del Cuerpo entre sus hombres de mayor confianza; los espías que no dejaban de salir y le obligaban a ser más precavido que nunca; el no poder estar a solas con Levi un mísero minuto para explicarle la situación o al menos para recuperar un mínimo de fuerzas y poder seguir adelante.

Con aquellas cinco palabras Levi le estaba diciendo que no debía tener miedo. Que no iban a poder con ellos.

El Comandante desearía tener la seguridad de su Capitán.

Pero por mucho que confiara en él, había recibido demasiadas pruebas de lo cruel que era el mundo real, como para saber que tener seguridad en uno mismo no era suficiente.

Ya iba a negar, siendo sus ojos azules un pozo de desolación, cuando Levi volvió a adelantarse. Colocó la mano libre en su mejilla y la acarició con tanta dulzura que comenzó a temblar.

No era capaz de recordar cuándo fue la última vez que alguien le dedicó aquel gesto tan íntimo y dulce. Tan alejado del egoísmo y la crueldad que veía cada día.

- ¿Confías en mí? –preguntó Levi.

- No es suficiente –cerró los ojos, anegados en lágrimas por tener que decirle aquello. Esa era la cruel verdad. Por mucho que confiara su vida en él, no bastaba para ganar aquella guerra. Para lograr la victoria tendría que renunciar a su humanidad. Y Levi era lo único que le quedaba de humanidad.

- ¿Quién lo dice?

- Levi…

- Respóndeme.

- Nunca he dejado de confiar en ti –susurró-. Pero eso no basta. Tú fuiste el primero en comprender que debía renunciar a mi parte humana para seguir siendo el Comandante Smith.

- Y por eso estoy aquí –dijo con una voz grave que contrastaba con la ternura de sus caricias-. Para que puedas seguir siendo el Comandante. Pero también Erwin.

- No. –Trató de alejarse de esa mano tan menuda y que le tenía completamente atrapado. Para ejecutar la decisión que ya había tomado, la única posible, debía escapar del confort que le proporcionaba su Capitán. Ese confort que no podía permitirse el lujo de experimentar, porque no debía sentir nada.

- Créeme, Erwin. Jamás vas a tener que elegir. No conmigo.

- No lo entiendes. No sabes lo difícil que es tener que ponerte en esa situación. Podía hacerlo cuando solo eras un soldado de mi confianza o el hombre que me ordenaba qué hacer cuando estábamos a solas. Pero no puedo hacerlo si también eres el hombre al que deseo despertar cada mañana como he podido hacer antes. O al que querría besar cada vez que veo, sin tener que esperar a que estemos a solas y…

- ¿Y por qué demonios no lo haces?

La pregunta le descolocó por completo.

Afortunadamente, Levi se apiadó de él y en lugar de llamarle estúpido porque no se enteraba de las cosas, aceptó que él también había pasado por una auténtica montaña rusa de emociones en los últimos meses.

Además, al Capitán no le importaba hacerle una demostración de lo que quería decir. Chasqueó la lengua, esta vez con un toque juguetón, y posó sus labios sobre los de su superior.

Erwin no respondió en el acto, todavía conmocionado, por lo que llevó una mano hasta su nuca para enredar los dedos en ese pelo rubio que tanto tiempo atrás le desesperaba, y ahondó en el beso.

Entonces, ya sí, el Comandante respondió con timidez, cerrando los ojos para sentir más intensamente aquellos labios que se habían convertido en el centro de su mundo. A aquel hombre que conseguía que todo lo demás desapareciera cuando estaba a su lado.

El Capitán rompió el beso minutos después. Casi enseguida Erwin soltó un pequeño sollozo antes de abrazarle con tanta fuerza que casi le dobló por la mitad. Y al hacerlo Levi, quien respondió al abrazo como pudo, se encontró mirando hacia el cielo.

Al ver la noche estrellada, con el Comandante del Cuerpo de Exploración entre sus brazos y el sabor de sus labios todavía en los suyos, decidió que no estaba nada mal para un muchacho de las cloacas que años atrás jamás habría imaginado que llegaría siquiera a ver la luz del sol.

Permitió que Erwin se desahogara, dándole todo el tiempo que necesitara.

Si no tuviera ya la seguridad de que iban a estar bien, ahora que por fin habían dejado atrás su cabezonería para dejar claro lo que sentían el uno por el otro, tenerle sollozando entre sus brazos era la prueba definitiva.

Sí el mismísimo Capitán Levi, el hombre que se jactaba de que nadie podía romperle, hacía pocas horas que se había liberado de todo el dolor que no sabía que guardaba en su interior, ver que ahora era Erwin quien seguía su ejemplo, reconociendo así que también era un hombre y que debía empezar a actuar como tal para sacar ventaja de ello, le demostró que habían superado sus miedos y dificultades.

Si ya eran una pareja temible cuando solo eran el Comandante del Cuerpo de Exploración, un hombre que nunca se sabía lo que estaba maquinando, junto a su Capitán y el arma más poderosa de la humanidad, otro hombre frío y sin escrúpulos; ahora que eran una pareja en todos los sentidos… entonces absolutamente nada iba a poder con ellos.

- No ha sido tan difícil, ¿no? –preguntó con un deje de chulería cuando los sollozos de Erwin se calmaron.

- No es que me hayas dejado muchas opciones.

- Ya estás quejándote. –Los ojos de Erwin estaban empañados, pero a cambio mostraba la sonrisa más radiante que había visto en su vida. Y si no estuviera ya enamorado hasta las trancas del Comandante Smith, sin duda aquel habría sido el instante en que hubiera terminado de caer en sus redes-. ¿No te dije que estando conmigo tú no decidías? Además, después de haber ideado ese plan para salvarme, limpiar tu reputación y la del Cuerpo de Exploración, recuperar parte de los territorios de la raza humana y acabar con el capullo de Nile, y encima haberlo hecho sin poder contármelo incluso sabiendo que al principio te odiaba… pensé que agradecerías que por un rato te quitara parte de las responsabilidades.

Erwin soltó una escandalosa carcajada, dándole igual que estuvieran en plena noche y todo el mundo pudiera oírles. Después de lo bien que le había venido aquel beso espontáneo tenía claro que muestras como aquellas iban a ser bastante comunes entre los dos. Más les valía a sus soldados que empezaran a acostumbrarse.

- Y te lo agradezco –admitió, iniciando un beso un poco más intenso.

- ¿Y por qué no lo demuestras de verdad? –preguntó Levi cuando volvieron a respirar-. Tienes una cara horrible. Apuesto a que no has dormido nada en estos días.

- Gracias. Yo también te quiero.

Levi trato de disimular su sonrojo ante la espontánea respuesta del Comandante, y chasqueó la lengua cuando Erwin le miró con prepotencia porque había conseguido ruborizar al temerario Capitán Ackerman.

- Lo que quiero decir es que deberías dormir. Y yo también si quiero recuperarme de la paliza que me has dado antes.

- No vi que te quejaras mucho entonces.

- Por supuesto que no –se mofó-. Para una cosa buena que sabes hacer.

Erwin negó mientras se ponía en pie, esperando a que Levi hiciera lo propio.

- Puedo llevarte otra vez en brazos, si quieres.

- Oh. Adelante, hazlo… –sugirió, dejando que la hoja del chuchillo brillara a la luz de la luna-; si quieres morir.

El Comandante alzó las manos, asegurándole que no pensaba tentar a su suerte, y lideró el camino hasta su habitación.

Recorrieron los pasillos en un agradable silencio, disfrutando de la extraña tranquilidad que ofrecía el no tener que escabullirse para que nadie les viera.

Aunque Erwin tenía que admitir que iba a echar de menos el jarrón con las flores en el alféizar de la ventana de Levi.