Neville estaba encerrado en el baño, era eso o la habitación, y a esta no podía volver.
Tenía una carta fuertemente agarrada contra su pecho. La había abierto cuando la lechuza se la dio, pero cuando leyó lo que Seamus le había escrito, casi se ahoga con su propia saliva.
Rápidamente, la agarró como si pudiera hacerla desaparecer. Sentía que iba a salir ardiendo, y por supuesto, Severus se dio cuenta de ello.
La convivencia había sido mucho mejor de lo que, creía, ambos habían esperado.
Los dos eran personas tranquilas, que no tenían necesidad de estar hablando constantemente.
Además, él ya pasaba casi la mayor parte de su tiempo en aquella habitación.
La primera noche, quizás, fue la más complicada.
Severus vestía ropas fáciles de poner y quitar, imaginaba que para poder valerse por sí mismo.
En las primeras semanas, Neville le había ayudado a acceder al baño, pero el paciente se había negado a que entrara.
Era un tema en el que Neville no se metía, todo el mundo necesitaba su intimidad. Y sabía, cuan escasa podía ser esta cuando estabas en manos de mediamagos.
En las últimos días, Severus había mejorado mucho más, y Neville no podía evitar pensar, que por mucho que sus pociones ayudaran, el avance era demasiado grande para el nuevo tratamiento.
Por lo que llegó a su propia conclusión, la enfermedad de Severus tenía un alto componente psicosomático.
Y saber, que él, Neville era quien le estaba ayudando con su compañía, le costaba. No era una persona segura de sí misma, salvo su amor por la medimagia, lo demás le creaba mucha inseguridad.
¿Podía ser que lo que Severus hubiera necesitado todo ese tiempo es que alguien se preocupara y pasara tiempo con él?
Quizás, sintió como el corazón se le estrujaba por ese pensamiento. Al final, todos las personas necesitaban alguien que los cuidara, pero también que los escuchara y los tratara bien.
Y eso había sido mucho más sencillo de lo que cabía esperar.
Por eso, esa carta, esa maldita carta había puesto a Neville en ese estado.
—¿Qué ocurre?—Preguntó Severus desde su butaca. La lectura era el mayor de sus pasatiempos, hablar con Neville de ellas, su segundo mayor pasatiempo—¿Malas noticias?
Neville estaba rojo como un tomate, no hacía falta que nadie se lo dijera, se notaba arder completamente.
Se quedó mirando al hombre, y el rojo se intensificó dos tonos más, si era posible. Bajó la mirada incapaz de confrontarlo.
Farfulló alguna estupidez y salió corriendo al baño.
La carta casi todo el tiempo era inofensiva, trasmitiéndole su dolor por la pérdida de su abuela, las ganas que tenía de que se acabara la maldita epidemia, poder salir y darle un abrazo.
Pero el final, Merlín, el final era como una bludger directa al estómago.
"Me ha contado un pajarito que tienes un nuevo amigo, un amigo muy peculiar.
Tienes que contarme todo sobre tu aventura con Snape, al principio me costó imaginarlo, pero me lo imaginó con una gran polla, sí, con esa nariz tiene que tener un pollón. Y tú eres muy de cosas muy grande por ahí detrás, granujilla.
Juro que ni en mil años hubiera imaginado que te follabas a Snape, aunque bueno, ¿te folla él, no? Yo desde luego que me lo imagino así…"
Seamus era así, sencillamente, era así.
Siempre que se interesaba en alguien le acosaba a preguntas, demasiado comprometedoras.
¿Pero cómo demonios había llegado a la conclusión de que Severus y él tenían una aventura?
¿Y si alguien más pensaba que ellos dos tenían algo?
El problema era que Seamus era siempre tan malditamente gráfico que era incapaz de salir y no pensar en lo que este había escrito.
Escuchó unos suaves golpes en la puerta, le había hecho levantarse y preocuparse por él.
Abrió, y se avergonzó de haber huido como un niño pequeño.
El problema ahora era que no podía sacarse la maldita imagen de cierta parte del hombre, y lo peor es que no le causaba ningún tipo de animadversión sino todo lo malditamente contrario.
Ahora cuando el aplicaba el tratamiento sobre las cicatrices de su cuerpo, era incapaz de mirarlo con la mirada limpia con la que lo hacía antes.
No eran solo aplicaciones, eran malditas caricias, estaba acariciando a Severus.
Se iba a dar cuenta, y se iba a enfadar con él, y le iba a cruciar el culo cuando les dejaran usar las varitas.
Mierda, la imagen de otro modo de usar la varita le cruzó la mente.
Maldito Seamus, y sus malditas teorías. Y malditos ruidos de satisfacción que estaba emitiendo su paciente.
o0o0o0o0o0o
Juro que yo idee esto como una relación sin tintes románticos, sin interacciones sexuales, de verdad, de verdad...
A tomar por saco, Neville ha entrado en bucle.
Seguimos escribiendo, que viene Ron y Seamus, ay, Dios.
Hoy me he creado una cuenta de ko-fi, me ha costado un montón dar el paso, después de hacerme bola y sentirme terrible, lo he puesto en marcha. Así que si alguna quiere invitarme a un café, yo estaré encantadísima.
ko-fi sh1m1
Nos leemos en un rato.
Shimi.
