CAP XX

Después de prácticamente casi una hora esperando algún tipo de manifestación procedente de ella. Callados, asustados por su seguridad y en ascuas a lo que podía llegar a suceder, poco después al fin recibieron la señal de que los sistemas estaban completamente desactivados y a su disposición.

Las sonrisas de satisfacción empezaron a esbozarse en las caras de los agentes, ahora más tranquilos, pero los dos inspectores y la detective seguían sentados y con los brazos cruzados, sabiendo que eso solo acababa de empezar. Lo más difícil sería conseguir sacar a todos los civiles del interior sin que a los atracadores se les ocurriese hacer cualquier estupidez por el camino.

Jugar lo mejor posible con lo impredecible.

Sabían que podían encontrarse con cualquier circunstancia a la hora de entrar, su procedimiento y manera de actuar eran cruciales para controlar el estado desesperado e iracundo de los criminales. No podían darles opción a poder disparar o atacar, pero tampoco podían hacerles sentir presionados.

Se prepararon rápidamente para actuar, abrocharon sus chalecos, cargaron las armas y comprobaron todo su equipamiento mientras se ponían en posición.

Masumi era la que estaba más callada de todos y la única que seguía vestida de ropa de calle y permanecía en el interior de la furgoneta. Ella debía quedarse a cuidar de Akane y controlar la situación des de dentro a través de los monitores y con la ayuda del micro que le había ofrecido la inspectora. Su intensa experiencia cómo detective le hacía temer mucho más ante todas esas situaciones, sobretodo si peligraba la vida de sus amigos, sabía de lo que eran capaz de hacer ciertos humanos. Y tanto Shinichi cómo Shiho, creían siempre que podían hacer más de lo que estaba es sus manos.

Tenía algo dentro de ella que no la dejaba respirar con normalidad. ¿Y si la cosa se complicaba y no volvía ninguno de ellos? ¿Realmente había pensado eso Shiho?

Se quedó unos minutos observando como dormía plácidamente la pequeña niña de su lado. No era consciente de lo que estaba pasando unos metros más lejos de ahí. Podía cambiarle la vida en unos minutos.

"No cometáis ninguna locura por favor." Dijo muy bajito Sera como si sus palabras fuesen capaz de llegar a ellos, mientras acariciaba el flequillo de la niña.

Cuando Sato y Tagaki entraron al fin pudieron estudiar por primera vez la seriedad del problema.

Todos los rehenes estaban atados con cuerdas de manos y pies, más asustados ahora por los ajetreos de la policía. Visualizaron a Kudo seguidamente, que se encontraba en una esquina, con la camisa azulada desabrochada y salpicada de sangre y la herida curada pero no vendada. Al otro lado de la sala, muy cerca de la caja registradora, se encontraba Shiho a manos del atracador corpulento, reconocido como Kaede Yamara.

"¡Yamara, estás rodeado!" intervino rápidamente la inspectora, apuntándole fijamente con su pistola, esquivando a la pelirroja. "¡Ni se te ocurra hacer alguna estupidez."

Yamara volvió toda su atención a los agentes que se habían apoderado de la entrada, obstruyéndosela por completo y eso no le gustaba para nada. Su bombillita se encendió y aferró más a la científica a su cuerpo, rascando esa pizca de esperanza que le quedaba para salir de ahí.

"No habéis sido nada inteligentes haciendo entrar a una mujer en estado." Se rio contento, sintiéndose un paso por delante ante eso. "Mi colega y yo vamos a salir de aquí." Dijo muy seguro de sí mismo.

"¡Suéltala!" Exigió ahora Takagi. "Hay ocho agentes apuntándoos."

Un agente se agachó al lado de Kudo para ofrecerle otra pistola y desatarle mientras los atracadores tenían ya suficiente con las armas que les apuntaban.

La rabia empezó a subirle por el cuerpo y se levantó para colocarse al lado de sus compañeros anulando el dolor de la bala con la ira que sentía hacía ellos.

Por otro lado, Shiho, estaba bloqueada entre sus brazos, buscando alguna salida con los ojos. No iba a salir de su brazo, ya habían volado a sus anchas lo suficiente. Intentó soltarse de su agarre, pero cuanta más fuerza hacía más le aferraba a él.

La científica podía palpar el temor que en el fondo sentía Yamara, se empezaba a sentir acorralado y sin salida, el sudor nervioso caía de su frente y sus ojos miraban desesperadamente hacía diferentes lados. Ella solo debía utilizar eso a su favor.

"¿Estás preparado para pasarte los siguientes años entre rejas?" Le preguntó Shiho, captando su atención.

Kudo tenía la mirada fija en ella, sin poder escuchar que le decía, pero percibía un brillo conocido en su mirada. Tramaba algo, estaba seguro. Miró de reojo a la inspectora Sato, comunicándose con la mirada para organizarse el ataque.

"Eres una ingenua, parece que las hormonas te han afectado. Si yo no salgo de esta, tu tampoco." Le contestó abrazando con el brazo armado su torso

Ella no se lo pensó más y en cuanto volvió a cruzar la mirada con Kudo, asintió y le pisó el pie con todas sus fuerzas a la vez le mordió el brazo para poder liberarse, provocando que se le escapase el arma y que chillase de dolor mientras saltaba y se agarraba el brazo, ahora herido.

"Eres una zorra." Dijo ahora más furioso.

Su compañero, que iba a disparar para defender a su amigo, fue rápidamente reducido por dos agentes que le desarmaron y esposaron antes de que pudiese articular movimiento.

Yamara, al ver como esposaban a su amigo, actuó buscando su última salida sin pensárselo más. Se agachó rápidamente a recoger el arma a la vez que Shiho se metía detrás del mostrador, cubriéndose entre la caja registradora y una vitrina de cristal.

El atracador se movió hasta un punto ciego para los agentes, esquivando los disparos que había empezado a ejecutar la policía por sus movimientos repentinos. Se arrastró un par de metros estirado por el suelo, hasta poder conseguir tener la espalda de la pelirroja a punto de mira. "Si no nos dejáis marchar a mi compañero y a mí de inmediato, voy a pulsar el gatillo, manchar las paredes de rojo y cargarme a esta puta embustera." Dijo en un momento de silencio. "La tengo a tiro."

Los agentes se quedaron callados un segundo mientras seguían buscando dónde apuntar, ninguno de ellos tenía la visibilidad cómo para acertarle en un disparo. Empezaron a girar uno a uno su atención a su superior, en busca de qué hacer y ella no pudo hacer más que suspirar ante la impotencia. No podía dar permiso a disparar, tenían el mismo porcentaje de posibilidades de acertarle tanto a él cómo a Shiho. No iba a jugársela de esa manera.

"Está bien, baja el arma. Esto esta yendo demasiado lejos." Dijo Sato bajando el arma derrotada. "Tienes que dejar salir a la chica."

Yamara sonrió triunfante, pero cuando los policías iban a liberar a su compañero y él se reincorporaba para levantarse, Shiho alzó la voz negando.

"¡Parad! No lo hagáis." Les dijo muy firmemente.

Todos acataron sus órdenes sin opción a pensar mucho otra cosa. Pararon lo que estaban haciendo al acto, confundidos e intrigados por lo que dijese o fuese a hacer. Y ella se permitió tutearle de nuevo.

"Creo haberte dicho que no saldrías libre de aquí." Dijo girándose lentamente para que pudiese verle bien. "Te va a ir bien un poco de tiempo de reflexión."

"¿Qué coño estás diciendo?" Dijo el hombre levantando el brazo, ya cansado de sus comentarios y preparado para dispararle.

Pero su dedo indicé se paró en seco al ver la escopeta que tenía entre sus manos.

"¡¿Pero qué coj...?!" Sus ojos estaban alucinando, ¿De dónde había sacado esa escopeta?

"Ahora estamos en igualdad de condiciones." Dijo la pelirroja dándole un toquecito al cuerpo del arma que sostenía. "He tenido la suerte de encontrarla debajo de la caja registradora. Parecen ser unos dueños muy preparados para combatir a gente cómo tú." Continuó diciendo mientras miraba de reojo a la dueña del establecimiento, agradeciendo esta suerte por un segundo. "Y a diferencia de ti, a mi no me va a temblar el pulso para derribarte."

Él hombre no pudo hacer otra cosa que balbucear incoherencias mientras intentaba quitarse el temblor de las manos para dispararle finalmente.

¡Bang!

Pero ella fue la que disparó primero.

Hirió su pierna derecha, provocando que se desestabilizase y volviese al suelo, esta vez dándose un buen golpe.

Después todo fue muy rápido. Los policías aparecieron en un parpadeo por detrás, esposándole y dictándole sus derechos mientras los restantes desataban, sacaban a los rehenes que quedaban y les atendían al exterior.

Ella seguía con la respiración ajetreada y el dedo apoyado en el gatillo, sentía la sangre correr con furia por sus venas, la mano temblorosa ante la adrenalina que acababa de sentir y la mirada aún fija en el punto dónde había disparado. Una presión le bajó el cañón que seguía apuntando con cuidado y se percató de que Kudo se encontraba a su lado, bajando su abultada arma y sonriéndole ampliamente.

"Buen disparo. Debo darte las gracias." Dijo cariñosamente, apartándole los mechones revueltos de la cara y acariciándole la mejilla.

Lo primero que notó fue en lo cansado que se veía, tenía el rostro abrillantado del sudor y el pelo alborotado.

" Estaba de paso con Sera cuando vi las patrullas llegar y al enterarme no podía quedarme ahí fuera pudiendo hacer algo para cambiar la situación."

"No deberías haber corrido este riesgo y menos en tu estado." Ella abrió la boca para rechistar pero él alzó el dedo para evitarlo y que le dejase continuar hablando. "No lo digo para limitarte, se las cosas que puedes llegar a hacer pero tu también sabes que siempre encuentro una manera para salir de estas cosas."

Shinichi aún llevaba la camisa desabrochada y tenía la cara un poco sucia de tanto ajetreo. Sus ojos buscaron los suyos y se permitió disfrutar de su cálido tacto. La sensación de alivio y bienestar se apoderó de ellos.

"Parece que al final te ha ido bien que interfiriese y de todas maneras, he tenido un poco de ayuda." Le sonrió de vuelta acariciándose la barriga, que en ese momento se movió por primera vez. "Oh."

"¿Pasa algo?¿Estás bien?" Preguntó el moreno cambiando su expresión a una más seria.

"Si, no es nada." Su sonrisa se llenó y le cogió la mano para volver a ponérsela encima de la barriga, justo por la zona dónde acababa de sentirlo. "Es la primera vez que lo noto moverse. Alguien parece haber notado todo el ajetreo."

Shinichi se quedó sin palabras, concentrado en el mágica sensación que sentía. Acercó su otra mano para poder sentirlo mejor y notó como algo le golpeaba sutilmente a través de ella.

El bello se le erizó ante el tacto, su sonrisa creció al máximo y le empezaron a subir cosquillas por todo el cuerpo, era una sensación tan asombrosa que no creía poder llegar a acostumbrarse. Después del mal rato que habían pasado, eso era el mejor regalo que podía recibir, saber que estaban sanos y bien. Podía quedarse una eternidad así.

Se acercó a ella sin pensárselo y la besó muy dulcemente, ahuecando su mano en su mejilla para poder besarla mejor y llenar esa felicidad que sentía.

Ella cerró los ojos y el cariño que recibió fue tanto que no pudo evitar devolverle el beso, notaba el alivio descender de sus hombros y sus labios, que eran más cálidos de lo que recordaba, querían profundizar el beso.

Pero su momento se cortó al pasarle una imagen de Kaito por la cabeza y sus labios volvieron a cerrarse.

"Kudo…" Se separó apoyando sus manos en su pecho sin cortar el contacto visual. " Esto no está bien. Nosotros no…" Su voz serena volvió de nuevo, esta vez con un matiz nostálgico.

"Lo sé. Perdona." Dijo el detective intentando volver a mantener la distancia. "Ha sido por el momento y la situación en general." Se intentó excusar, apartando la escopeta a un lado y levantándose de nuevo para abrocharse la camisa.

Intentó no mirarla mientras trataba de volver todos sus sentidos a la normalidad. No podía dejar de sonreir.

"¿Me ayudas?" Le preguntó amablemente ella, alzando un brazo al aire.

Él se giró para volver a mirarla y tras abrochar el último botón acercó su mano para ayudarle a reincorporarse.

"¿Qué te hace tanta gracia?" Le preguntó curiosa.

"No es nada." Dijo intentando esconder un poco su sonrisa. "Es que, al notar como se ha movido me ha hecho chocar de nuevo con la realidad. Vamos a tener otra criatura."

"Lo sé, aún hay veces que me asusta." Le dijo acompañando su sonrisa.

Ella aceptó con firmeza el brazo que le ofrecía y cuando apoyó su pie izquierdo al suelo, se contrajo ante el dolor que le causaba.

"¡Mierda!" Su cuerpo tambaleó hasta que los brazos de Shinichi la agarraron y ella se agarró a sus hombros mientras intentaba no apoyar de nuevo ese pie. "Creo que me he torcido el puto tobillo." Acabó diciendo resoplando molesta.

La científica empezó a maldecir interiormente por la mala suerte que estaba teniendo en tan pocas horas. Sus yemas aún estaban agarradas a la camisa de Shinichi y sus ojos empezaron a brillar con ganas de llorar por culpa de las hormonas y las punzadas de dolor que ahora recibía.

"¡Hey!" Le llamó la atención Kudo, que la miraba con el entrecejo curvado y confuso. "¿Porqué estás llorando?"

"¿Eh?"

Apenas era consciente de que las lágrimas ya corrían por su cara. El no poder controlar sus emociones alteradas era de las cosas que menos le gustaba del embarazo. Se secó los ojos con la manga de su jersey y respiró hondo antes de contestarle.

"Son las hormonas."

"Deja que te ayude." Le dijo pasando su brazo tras sus hombros para que se pudiese apoyar en él.

"Deberías intentar meterte en menos problemas de ahora en adelante." Le soltó Shiho mientras cojeaba a su lado.

"Mira quien habla." Le dijo riendo. "Yo no me he lesionado al interferir."

Ella le pellizcó cómo pudo para que no se burlase de su incidente y salieron para atender su tobillo y reunirse junto con el resto.