Capítulo 22.
Lily se miró en el espejo. Estaba furiosa. Cabreada. Endemoniada. Sentía el pulso acelerado y las manos vibraban por sus fuertes emociones. Ni siquiera había podido delinear sus ojos, se había tenido que conformar con rímel y una sombra de ojos para resaltarlos. El cabello ya estaba liso y decidía si usar el labial rojo o naranja. Debía verse irresistible. James pagaría por la humillación de ese día.
¿Él rechazándola? ¿Cómo se atrevía? Ella se había abierto. Le dijo que quería aprender con él, que era la persona en la que confiaba y James como todo un cobarde había dicho que no. Su ego femenino había sido golpeado. Él debía saber que si ella lo quería podía experimentar con cualquiera; James no era el único hombre en el mundo.
Aunque sí el único con el que quería estar.
Eligió el naranja. La haría ver más interesante. El vestido negro se pegaba a sus curvas, la chaqueta de mezclilla hacía el efecto completo y las botas Dr. Martens le harían caminar más cómodamente sobre el pasto.
Había tardado demasiado en aparecerse, pero debía ducharse y elaborar todo el conjunto que ahora lucía. Cuando por fin apareció en el jardín se dio cuenta que el DJ amenizaba muy bien la fiesta, había luces de colores por todos lados y máquinas de humo. Un par de mesas tenían refrigerios, y otras estaban siendo usadas para jugar beer pong. El jardín estaba casi en su máxima capacidad y no parecía que la fiesta se fuera a terminar pronto.
Caminó hasta el grupo de Petunia y las saludó a cada una con un beso. Ellas no eran sus amigas, pero cuando salía con su hermana normalmente ellas también aparecían, así que las conocía muy bien desde varios años atrás. La que mejor le caía era Marggie y el sentimiento era mutuo, ya que no pasó mucho tiempo para que enlazara su brazo con el suyo.
—Ya escuché que atrapaste a uno de los mejores chicos del campus —le dijo con mirada pícara.
Lily debía recordarse que lo suyo con James ya no era privado. Después de ese beso en el campus y la fotografía que circulaba de ellos, ya no era más su asunto, era de todos.
No quería hablar de eso. Estaba furiosa.
—Sí —atinó a decir, tomando una de las cervezas que le ofrecían.
—Tamara se muere de celos. No deja de hablar de él durante toda la semana y se la pasa analizando detalle de James durante las brigadas —rio Marggie tapando su boca con la mano.
Debía recordar que Tamara era una de las amigas de Petunia. Estaban en la misma facultad aunque su hermana era un par de generaciones mayor. Entonces lo recordó. Tamara era amiga de Petunia. Ella debía estar en ese lugar, y James también estaba allí.
Giró sobre sí mirando a su alrededor, buscándola. Era muy llamativa, alta y de piel morena, solía usar trenzas, así que dio con ella rápidamente frente a una de las mesas cerca del garaje. Miraba un juego de beer pong, y casi sintió que la vena de la cien le iba a explotar cuando distinguió que James estaba parado a su lado. Él le daba un sorbo a su cerveza y parecía estarla mirando un segundo antes de que ella lo encontrara.
Frunció el ceño y le dio varios tragos a su bebida acabándosela en unos segundos. Marggie se sorprendió y palmeó su espalda.
—¿Ella de verdad intenta tener algo con él? —preguntó sin ser consciente como sus dientes se apretaban.
—Supongo que solo quiere meterse en sus pantalones.
Eso era bastante claro. Le sorprendía como después de lo que había pasado el día anterior en la brigada, ella siguiera exactamente con la misma actitud. Tal vez no se creía que ellos fueran pareja. Porque no lo eran, debía recordárselo. Sin embargo habían hecho un trato y no debían estar con otras personas.
James ni siquiera parecía interesado en Tamara. Permanecía a varios pies de distancia y no la miraba más allá de lo necesario mientras hablaban. Aun así no podía evitar sentirse celosa. Ella estaba enojada y él ni siquiera había hecho el intento por averiguar qué pasaba; mucho menos solucionarlo.
Hombres.
Chasqueó la lengua y dirigió su atención a las chicas que habían iniciado un baile sincronizado. La tomaron de los hombros para que se uniera, y antes de darse cuenta, Petunia se había parado a su lado, conocedora también de los pasos de baile. Ante la intervención de su hermana notó algo raro: sus ojos parecían perdidos y las mejillas estaban muy sonrosadas. Sí, no era un día especialmente frío, pero tampoco para que pequeñas perlas de sudor se acumularan en su frente.
—¡Bailemos! —gritó y en ese momento la canción cambió a dubstep.
Una luz blanca parpadeante apareció, ocasionando que los movimientos de los presentes parecieran robots. En cualquier otra situación le hubiera parecido divertido, pero no podía apartar los ojos de Petunia que movía la cabeza sin control y se quitaba la camisa en movimientos rápidos. No pudo pararla. Cuando la luz volvió a la normalidad, Petunia mecía las caderas en sus pantalones altos y un corpiño que hizo llamar la atención de inmediato.
Lily sintió las mejillas enrojecerse. No sabía por qué se avergonzaba tanto, pero definitivamente eso no era lo que esperaba.
—¿Qué te pasa? —le preguntó acercándose a ella.
Su hermana la ignoró y moviendo la blusa en su mano se alejó a otro grupo que la recibieron bailando.
Era su cumpleaños y era probablemente la primera vez que lo celebraba como ella quería. No quería ser aguafiestas, también era la primera vez que hacían una fiesta en casa y si habría consecuencias por lo menos debía valer la pena.
Las chicas eran las principales bailarinas del lugar y ella se mantuvo a su lado moviendo las caderas de vez en cuando. Tomó cada cerveza que le ofrecían, fumó como pipa viviente y antes de darse cuenta la bebida ya había hecho efecto. Algunos chicos se acercaban a ella para conversar, pero incluso en esos momentos Lily era una chica difícil, terminaban huyendo a los pocos minutos, solo para dar pie a que alguien más se acercara. A pesar de eso su plan contra James estaba no estaba funcionando como ella esperaba.
Lily observó a lo lejos como James tampoco pasaba desapercibido. Tamara lo tomaba del brazo continuamente y él no se alejaba. Después había un desfile de chicas que se acercaban a conversar y él era todo risas. Eso solo ocasionaba que fumara más y más, como si eso la hiciera sentir mejor. No, pero la distraía. Estaba enojada y ahora descubría, también dolida. James prácticamente la había ignorado y no parecía ni un poco interesado en hablar con ella.
Los ojos le picaron por soltar unas lágrimas, pero no quería llorar. Debía ser fuerte. No podía ir por la vida como una niña malcriada. Su fuero interno gritó, maldijo y dio varias vueltas. Le dio un largo trago a su cerveza que ocasionó que las chicas aplaudieran. Ya no sabía cuánto había bebido, pero no le importaba. Era el cumpleaños de Petunia, la primera fiesta en casa y James se la había pasado riendo con otras chicas mientras ella estaba justo ahí, sintiéndose miserable.
La chaqueta la había dejado en algún lugar. De repente ya entendía por qué la mayoría de las personas parecían sentir calor. La temperatura de su cuerpo había aumentado considerablemente y pequeñas perlas de sudor estaban en su frente y pecho. Se sujetó el cabello en un moño en lo alto de la cabeza, y siguió el movimiento de caderas de Marggie.
—¿Qué tal si jugamos beer pong? —preguntó Marggie cuando la canción terminó.
Lily lanzó una mirada hacia el área de juego. James no se había apartado de ese lugar, en esta ocasión estaba en un grupo de chicos que parecían muy entretenidos en una conversación. El chico tenía una gran sonrisa en los labios, los ojos estaban pequeños producto el alcohol consumido y cada poco soltaba una sonora carcajada. Esa risa que a Lily le gustaba tanto.
Negó con la cabeza.
—¿Por qué no? —río Marggie sin entender la seriedad del tema—. Ahí está tu hombre. Vamos. No seas necia.
La tomó del brazo y comenzó a jalarla en esa dirección. Lily se resistió un poco pero terminó siendo arrastrada a esa zona del jardín, y esperó mientras Marggie discutía que ellas serían las próximas. Lily no había tenido oportunidad de jugar nunca, y estaba un poco nerviosa pues el equipo contrario parecía ser bastante bueno.
—No sé si sea buena idea —dijo mordiendo un extremo de la lata de cerveza que sostenía.
—Tonterías. Tienes buen ojo y buena puntería, no sé cómo podrías fallar —exclamó pícara golpeándola con el codo en las costillas.
Entendió que se refería a James, que ahora estaba a un par de metros de distancia. La sonrisa se había borrado de su rostro y el ceño estaba fruncido. Lily se molestó. ¿Por qué el cambio de actitud? ¿Por qué estaba ella ahí? ¿Ahora él era el enojado? No tenía ningún derecho. El que la cagó fue él, ¿por qué se mostraba de esa manera? El fuego ardiente en su estómago volvió.
Giró sobre sus talones asegurándose de darle la espalda, y seguramente su expresión lo decía todo porque Marggie se mostró seria de repente. Le lanzaba miradas tratando de entenderla sin llegar a ninguna conclusión. Parecía estar por decir algo, cuando se les unió al grupo Petunia.
Lily no la había visto en varias horas, ahora parecía más intoxicada que nunca. Su cuerpo se veía pálido y más sudoroso que antes, el buen aspecto lo había perdido por completo y su corpiño ahora parecía empapado de sudor. Sus zapatos estaban sucios como si hubieran sido salpicados por vómito en alguna ocasión. Esto a la pelirroja le alarmó. Petunia no estaba bien.
La tomó de los hombros y la sacudió un poco.
—Petunia, ¿qué te pasa? —le preguntó observando su rostro.
Su única respuesta fue sonreír y comenzar a mecerse entre sus manos en un baile.
—Estoy siendo más feliz de lo que no había sido nunca.
A Lily le costó trabajo entender sus palabras, y Petunia con movimientos torpes se llevó la lata de cerveza a los labios. De un movimiento agresivo se la arrebató y la lanzó al suelo.
—Por favor deja de tomar, Petunia, no tienes buen aspecto.
—¡Estoy bien! ¡Te digo que estoy bien! —Aunque decía eso parecía todo lo contrario, su lengua se trababa y se tambaleaba considerablemente.
—Lily tiene razón, Petunia. Debes dejar de beber —le advitió Marggie con mirada preocupada.
Petunia gruñó.
—Déjenme en paz, par de quejicas. No son mi madre.
Se soltó del agarre de Lily y dio unos pasos hasta la mesa beer pong donde todavía se desarrollaba una partida. Tomó uno de los vasos servidos con la finalidad del juego y le dio un gran trago. Los jugadores respingaron, pero no dijeron nada al ver que se trataba de la cumpleañera.
Petunia sostuvo el vaso en alto hasta que la última gota se deslizó por su boca. Luego lo lanzó al suelo y voltea a verlas.
—¿Ven? Estoy bien.
Casi había terminado de decir esas palabras cuando tuvo una arcada, y de su boca comenzó a salir el líquido recién consumido, manchando sus zapatos. Se dejó caer en sus rodillas y apoyando las manos en el suelo vació su estómago. Lily rápidamente corrió a su lado, tratando de sostenerla.
—Petunia, Petunia, ¿estás bien?
Podía sentir la desesperación en su voz. Su hermana había bebido en muchas otras ocasiones, la había visto muy ebria pero nunca en ese estado. Petunia no era así, algo estaba mal. Alejó el cabello de su espalda y fue consciente de la temperatura de su cuerpo, estaba inusualmente alta. Las mejillas sonrojadas solo aumentaban conforme los arcadas disminuían.
Marggie también estaba a su lado, y sostenía a Petunia del otro lado.
—¡Tienes fiebre! Petunia, ¿qué pasa? —preguntó con voz temblorosa y los ojos cristalinos.
—Llevémosla arriba. Sé cómo bajar la fiebre —dijo una voz barítono que Lily conocía muy bien.
Elevó la vista y se encontró a James inclinado sobre ellas. Las personas de alrededor habían formado un círculo, mirando todo desde cierta distancia. Pasó su brazo por los ojos alejando las lágrimas y asintió. James sujetó a Petunia de los brazos haciéndola erguirse y después la levantó como si fuera una princesa. Lily también se puso de pie, y sujetó a Marggie que lucía asustada y tenía la intención de seguir a James.
—Por favor dile a todos que se vayan —dijo.
Marggie asintió y le vio dirigirse al DJ.
Lily siguió los pasos de James dentro de la casa, y después se adelantó para indicarle donde estaba su habitación. Abrió la puerta para que James pudiera pasar, y dejar a Petunia sobre la cama. Su hermana pareció seguir vomitando porque ahora la camisa de James también parecía sucia de líquido amarillento.
—Abre las ventanas. Ventila la habitación —le indicó James mientras se inclinaba sobre el cuerpo de Petunia.
La pelirroja obedeció, acercándose a las ventanas y viendo como seguía habiendo mucha gente en el jardín. Regresó hasta la cama donde James le sacaba los pantalones a su hermana.
Lo golpeó en el hombro.
—¿Qué demonios crees que estás haciendo? —le dijo con voz temblorosa.
—¿Es esto o llevarla al hospital? Tú decides.
Lily parpadeó varias veces sintiendo lagrimas desprenderse de sus ojos. Tal vez lo mejor era llevar a Petunia al hospital, pero si lo hacía su padre se enteraría de lo que había ocurrido y no sabía si las consecuencias serían peores. Se enteraría que montaron una fiesta en casa, que Petunia había bebido hasta el desconocimiento y que Lily lo había permitido. Estarían castigadas por toda la eternidad, y Petunia nunca se lo perdonaría.
James no esperó a que ella diera una respuesta, porque terminó de sacar los pantalones y señaló la única puerta con la cabeza.
—Prepara un baño con agua tibia. Rápido.
Trató hasta el interior y dejó el agua correr por la bañera hasta que tuvo la temperatura correcta. Entonces regresó a la habitación, donde James estaba sentado al lado de Petunia y observaba su rostro seminconsciente.
—¿Qué es lo que le pasa? —preguntó.
Escuchaba el agua caer sobre la bañera, tardaría unos minutos en llenarse. Así que se sentó del otro lado de la cama, y comenzó a revisar el rostro de su hermana, buscando alguna señal de que era lo que le ocurría. Estuvieron en silencio un rato hasta que se atrevió a decir con voz congestionada:
—Jamás había bebido tanto. Ella no es así, no sé cómo llegó a este estado.
James suspiró a su lado.
—No te preocupes. Se pondrá bien.
Elevó la vista hasta el chico que miraba la pared frente a él. James también estaba en una actitud extraña, más que en las horas pasadas. Quiso preguntarle, pero entonces escuchó que la bañera empezaba a derramarse y corrió hasta el baño.
Mientras preparaba el suelo con algunas toallas, James ingresó llevando a Petunia en sus brazos como lo había hecho antes.
—Sostén su cabeza —le indicó James, y Lily obedeció cuidando que no se golpeara contra el mármol.
El cuerpo de Petunia poco a poco se sumergió en el agua, ocasionando que se derramara un poco más por los bordes. Respingó un poco, lo que a Lily le alegró porque significaba que no estaba por completo inconsciente. Sus ojos azules seguían abiertos y por algún motivo no apartaba sus ojos de James, que se había sentado en el borde de la bañera sosteniendo sus brazos, y evitando que se deslizara hasta el fondo.
—Humedece su cabeza, poco a poco —dijo James—. No vayas a ahogarla.
Lily tomó un pequeño recipiente y con delicadeza tomaba agua para luego deslizarla por el cabello rubio de Petunia.
Estuvieron ahí un buen rato. En silencio. Únicamente el chapoteo del agua que provocaba Petunia con sus dedos y cada vez que Lily humedecía su cabello. Poco a poco la temperatura fue bajando, y desde que ensució la camisa de James ya no había más vómito. Petunia parecía consciente de nuevo, miraba alrededor con curiosidad aunque sus pupilas permanecían dilatadas.
—Tengo sed —Fueron las primeras palabras que dijo después de un rato.
—Te traeré agua —dijo Lily poniéndose de pie y saliendo de la habitación a toda prisa.
Cuando bajó las escaleras se dio cuenta que la fiesta no había terminado. Seguía la música a buen volumen y probablemente había más gente que antes. Pensó que ya se encargaría de ello más tarde cuando Petunia estuviera mejor.
Se dirigió a la cocina y comenzó a llenar una jarra de agua. En ese momento Marggie entró a la estancia, parecía más ebria que cuando la había dejado y era todo risas acompañada de un chico.
—Lily —Se sorprendió al verla deteniendo la risa de repente—, lo siento. Nadie quiso hacerme caso y el DJ dijo que ya le habían pagado por dos horas más.
—Está bien —asintió con la cabeza.
El chico que venía con Marggie se quedó en el marco de la puerta mirando hacia el exterior.
—¿Cómo está?
—Mejor —suspiró Lily—. Está consciente de nuevo y pidió agua. James la está cuidando.
—¿James Potter la está cuidando? —preguntó la chica con el ceño fruncido. Lily no entendió por qué el desconcierto si ella misma vio cuando James la levantó en sus brazos, tal vez era el efecto del alcohol—. Es curioso. Tal vez sea culpa —dijo por lo bajo, pero Lily la alcanzó a escuchar.
—¿De qué hablas?
Marggie frunció los labios y se acercó a ella. El aroma a alcohol que desprendía su cuerpo era impresionante. Lily se preguntó cómo era que se llevaba tan bien con ella en las fiestas, si en ese momento le pareció tan insoportable.
—Kenny me dijo que James le había vendido algo a Petunia. Tal vez es por eso que está en ese estado.
Lily no quiso hacerle caso. Marggie estaba muy ebria. Atropellaba las palabras en su boca y su aroma la delataba. Ni siquiera sabía quién era Kenny, tal vez era solo un sucio chismoso.
—Tengo que irme —dijo, tomando la jarra llena y un vaso limpio.
Salió de la cocina y subió las escaleras. Cuando entró a la habitación descubrió que Petunia ya estaba en su cama envuelta en varias toallas. Se acercó hasta la enferma y peinó su cabello con dulzura.
—Traje agua —le dijo.
Petunia esbozó una sonrisa e hizo el esfuerzo de levantarse para beber un poco. A Lily le sorprendió la rapidez con la que lo hacía, y cuando le pidió un segundo vaso se lo sirvió con gusto.
—No le des más. Podría vomitar de nuevo —advirtió James saliendo del baño. Su camisa parecía mojada, lo que indicaba que seguramente había intentado limpiar el vómito de la tela.
Lily dejó el vaso de cristal a su lado y acarició la frente de su hermana con delicadeza. La temperatura había disminuido como James había dicho, y ahora sus mejillas tenían un color natural. El cabello y la ropa interior estaban mojadas, pero no parecía molestarle en lo absoluto porque eso regulaba su temperatura. Tomó un cepillo del tocador y sobre la almohada empezó a cepillar el cabello. Petunia poco a poco fue cerrando los ojos hasta que por fin se quedó dormida.
Las caricias ahora estaban en el brazo desnudo de su hermana, y la tranquilizó de sobremanera saber que ahora ella estaba bien. Elevó la vista a James, que se había sentado en la silla del escritorio y no hacía más que mirar el móvil entre sus manos. Estaba callado y en esa actitud extraña. Lo que Marggie le había dicho parecía tener mucho sentido en esa situación, él parecía culpable: con la mirada baja y los dedos temblorosos.
—¿Tú le vendiste algo a Petunia? —cuestionó directo.
James elevó sus ojos oceánicos hasta ella, sin cambiar de posición. Parpadeó varias veces y humedeció sus labios antes de responder.
—Sí.
Esa palabra tan simple había sido un golpe duro en el estómago. Sintió los ojos aguarse pero no se iba a permitir llorar en ese momento.
—¿Qué le diste?
Se tomó su tiempo para responder.
—Ella me pidió algo más fuerte que la yerba. Le conseguí Molly y le advertí que no debía beber o podría ocasionar efectos secundarios.
Lily dejó de acariciar el brazo de su hermana, y se puso de pie. Petunia estaba dormida y no quería importunar su sueño. James también pareció entender porque ambos se dirigieron a la salida de la habitación. En cuanto cerró la puerta con delicadeza se giró al chico que estaba muy cerca de ella. Parecía culpable, cargaba consigo esa expresión de la primera vez que le habló de sus padres adoptivos. Como si se arrepintiera de sus actos, pero no lo hacía, ya que ni siquiera había emitido una sola disculpa.
—¿Por qué lo hiciste? —preguntó.
James se llevó la mano al cabello alborotándolo un poco, y de repente su expresión volvió a ser fría. Esa con la que ya casi se había familiarizado.
—Porque lo pidió.
—¡Ella es mi hermana, James! ¿No podrías habérselo vendido a alguien más? ¿Por qué a ella?— exclamó con las manos temblorosas.
James chasqueó la lengua.
—No es como si yo hubiera querido. Yo no le ofrecí nada. Ella lo pidió.
—¡Petunia no consume drogas!
—No sé si lo hace de forma regular, pero ella me lo pidió —repitió.
Estaba furiosa. ¿Por qué él no cedía? ¿Por qué no aceptaba su culpa en lo que le había pasado a Petunia? Las palabras no importaban. Sin saber exactamente lo que hacía, una de sus manos se elevó y le dio una bofetada a James en la mejilla. Él se quedó estático. Sin mover un solo músculo. No lo podía creer ni ella misma. Lo había golpeando.
—¡Yo no te importo! ¡Drogaste a mi hermana y ni siquiera te detuviste a pensar un segundo en lo que esto podría provocar! ¡Solo te importó tu puta venta y ya!
El rostro de James en ese momento se elevó de temperatura. Parecía furioso. Nunca lo había visto con esa expresión, aunque sí que muchas veces había estado enojado, jamás se había permitido llegar a ese estado.
—Claro que me importas, y si le vendí a tu hermana fue porque ella lo pidió —repitió en voz pausada.
—¡Pues que forma tan ejemplar de demostrar cuando alguien te importa!
James también empezó a elevar la voz.
—¿Y qué querías que hiciera? ¿Que le dijera que no?
—¡SÍ! ¡Qué dijeras que no! Porque es mi hermana, porque te importo y porque no quieres dañarme —exclamó. No podía ni respirar correctamente, el pecho subía y bajaba sin control, el pitido estaba constante en sus oídos. No se había dado cuenta en que momento había empezado a llorar, pero podía sentir lagrimas deslizarse por sus mejillas—. Esto que hiciste no es lo único que me demuestra que yo te importo un reverendo pepino.
Elevó una ceja y cruzó los brazos. Estaba incrédulo.
—¿Ah, sí?
—Sí. Tu falta de interés completo en mí. Tus reservas, todo lo que escondes y no te atreves a decir. La manera en la que inconscientemente me alejas de ti. Cada vez que siento dar un paso hacia tu interior, tú me empujas y te alejas, formas una barrera protectora que antes no estaba ahí. Dijiste que lo intentarías, pero no era cierto. No lo estás intentando en lo absoluto y estoy cansada. Estoy harta de rogar por un poco de atención de tu parte.
—Tú fuiste la que me alejó…
Ni siquiera lo dejó terminar. Estaba furiosa. Su cuerpo vibraba de manera inconsciente.
—¡Eso ya pasó! —Exclamó con los puños apretados— Te pedí disculpas. Te busqué. Me humillé para pedirte otra oportunidad. Aun así me empujaste lejos y nunca te permitiste estar conmigo para algo más que pasar el rato.
—Si así fuera ayer me hubiera podido aprovechar de ti de muchas maneras.
—¿Sabes qué? Eso es lo peor. Yo estaba dispuesta a entregarte todo de mí, y tú me rechazaste. ¿Hay alguna otra manera en la que puedas hacer sentir a una chica más humillada y menos importante que esa? —exclamó por última vez antes de dar la vuelta y alejarse del lugar.
James la alcanzó antes de bajar las escaleras y la tomó del brazo.
—Y sí es así lo que dices, ¿entonces por qué pensaste que era buena idea?
Se soltó del brazo con brusquedad, y lo empujó con las dos manos en el pecho mientras decía:
—Porque me enamoré de ti, tonto.
Con el corazón palpitándole a mil por hora terminó de bajar las escaleras. No escuchó a James siguiéndola, él debió permanecer en el mismo lugar meditando sus palabras. Lily por otro lado, limpió las lágrimas que seguían en sus ojos, sin poder creer lo que había dicho. No sabía por qué esas palabras habían salido de su boca. Antes no lo había pensado y no llegó a esa conclusión antes, simplemente en ese momento salió tan natural. Porque era cierto, no sabía que se había enamorado de James hasta que su boca lo dijo. Y ahora que lo sabía, ya era muy tarde.
Regresó al jardín donde milagrosamente ya se encontraba medio vacío. El DJ recogía su material y solo quedaban unos cuantos grupos de personas con música sonando desde sus móviles. Había una pareja que jugaba beer pong, y a su lado pudo distinguir a Marggie en compañía del chico que la había acompañado antes. Ellos no jugaban, pero conversaban con los jugadores.
Lily se acercó hasta ellos todavía con los ojos llorosos, y tomó una cerveza fría que estaba en la hielera.
—¿Petunia está mejor? —preguntó Marggie ahora su voz parecía más natural.
—Sí. Se quedó dormida, pero ya está bien.
—Intenté que la gente se fuera, pero una vez que el DJ terminó con la música todos comenzaron a recoger e irse. En unas horas tenemos clase.
Un pequeño detalle que prefería olvidar.
—Lo sé —respondió, y le dio un largo sorbo a su cerveza—. ¿Tienes un cigarrillo?
El chico que estaba con ellas buscó en su bolsillo y le extendió la droga. Lily aceptó uno y se inclinó para que encendiera el mechero. En esa posición alcanzó a ver de reojo a James saliendo de la casa. Se acercó a ellos y tomó su brazo con delicadeza.
—Lily, tenemos que hablar.
—No tengo nada que hablar contigo —le dijo para después darle una calada al cigarrillo.
James pasó su peso de un pie al otro. Intentó soltarse de su agarre, pero él la sujetó con más fuerza.
—En serio. Tenemos que hablar.
—Que no.
—Te dijo que no, amigo, déjala en paz —interrumpió el chico dando un paso hacia enfrente.
El cuerpo de James se tensó y dirigió su atención al otro varón. Lily aprovechó la oportunidad para soltarse y acercarse a Marggie que la abrazó de inmediato. Parecía que las pocas personas que seguían en el lugar se dieron cuenta de la situación que se desarrollaba en ese momento.
—¿Y tú quién eres para decir lo que puedo o no hacer? —gruñó James apretando los dientes.
—Yo no soy nadie, pero la chica te está diciendo que no. Y no, es no.
La cólera en el rostro de James era visible, y antes de poder emitir una palabra más, el cuerpo del chico había sido empujado. Lily no podía creer lo que veían sus ojos. James estaba iniciando una pelea con un completo desconocido. El chico tampoco era muy robusto, pero sí algo más alto.
—Métete en tus asuntos —exclamó James.
El chico respondió con otro empujón que hizo trastabillar a James. De repente, sin previo aviso la burbuja de tensión explotó. James empujó su puño contra la mandíbula del chico, que se tambaleó hacia atrás. No tardó mucho en recuperarse porque se lanzó contra James ocasionando que los dos cayeran al suelo. Lily vio como uno de los golpes impactó en el ojo de James, mientras este alcanzó a detener los brazos que amenazaban con un segundo golpe. Su puño derecho golpeó el pómulo izquierdo del chico haciéndolo desorientarse por varios segundos. Con esto logró salir del suelo, y ponerse de pie de un salto. Antes de respirar le había dado un puntapié en el medio del pecho, haciendo que el chico se derrumbara por completo.
—Métete en tus propios asuntos —gruñó antes de elevar la pierna y atinar otro en el estómago.
Lily lo había visto todo en cámara lenta, y sabía que el chico solo la había defendido. Se soltó de Marggie que parecía tan asustada como ella, y se acercó a James tomándolo del brazo.
—Ya basta —dijo con voz firme. No sabía cómo había logrado hablar así, tomando en cuenta que su cuerpo vibraba completo.
James pareció relajarse con su agarre. Se giró hasta ella y comenzó a esbozar una sonrisa.
—Lárgate de mi casa. No quiero volverte a ver.
Los ojos oceánicos parpadearon varias veces, sin poder creer sus palabras. Estaban más oscuros de lo normal, y de esa forma que era tan difícil de interpretar. La pelirroja soltó su brazo y él comenzó a caminar hasta la salida del jardín, rodeando la casa.
Lily lo vio alejarse. Con la espalda tensa y una de sus manos sujetando la muñeca que antes ya se había lastimado. Cuando se perdió de vista se acercó a ayudar al chico que la había defendido. Le agradeció y se disculpó varias veces, todavía con la imagen de James alejándose del lugar y el corazón hecho añicos.
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