Capítulo 41

Año Viejo

—Vamos, si quieres otra semilla tendrás que venir hasta aquí—susurró Quinn al tiempo que dejaba una de las semillas de las que se alimentaba su pequeña ardilla junto a su mano, sobre el sofá donde permanecía recostada. El animal observaba el gesto de la rubia y se mantenía fijo en el reposabrazos, esperando algún indicio de seguridad para poder recoger su recompensa.

Era el segundo día que decidía dejar a su acompañante pasear con total libertad por su casa y, para su sorpresa, el animal respondía como una compañera de piso más, y no como la ardilla voladora de días anteriores.

Se había contagiado de su propio estado de ánimo, pensó Quinn tras comprobar que Superman, al igual que ella, se limitaba a pasar las horas encerradas en aquel apartamento, donde solo comía y dormía.

Eso fue todo lo que hizo Quinn desde el viernes, y aquel 31 de diciembre, aún permanecía en su casa, sin haber llevado a cabo el viaje que inventó con la excusa de poder alejarse de Rachel.

Su madre no estaba en Lima, se había marchado a pasar el fin de año con la familia de su novio, y ella había decidido no abandonar Nueva York durante el fin de semana. Necesitaba estar a solas para pensar, pera recapacitar sobre lo que había sucedido en su vida durante las últimas 72 horas.

No había vuelto a saber nada más de Rachel, excepto por dos mensajes que recibió de ella en los que le explicaba que iba a dejarle tiempo para pensar, y varias llamadas que fueron repitiéndose a lo largo de aquel día y que se había negado a aceptar.

Seguía dolida, pero era plenamente consciente de que la furia con la que Rachel la increpó, estaba completamente justificada.

Ella habría actuado prácticamente igual si se hubiera visto envuelta en una situación como aquella. Sabía perfectamente que perdías el control de tus actos cuando era tu propia hija el centro de aquella locura, y aun siendo consciente de que lo que decías no era lo que sentías, lo hacías sin poder evitarlo. Ella misma lo sufrió con Beth y Shelby años atrás y aún sentía que no había logrado superar aquel trauma de entregar a su hija en adopción.

No obstante, seguía dolida y necesitaba ese tiempo para poder perdonarle, aunque se muriese por volver a verla.

Sí había algo que aquella discusión había logrado era convencerla de que lo que sentía por ella, era mucho más de lo que creía.

Conocía a Rachel, era consciente de que le gustaba y no solo como artista, sino como mujer. Nunca antes había tenido aquellos sentimientos por ninguna otra chica, y aunque era algo nuevo, no supuso ningún tipo de conflicto emocional. Era una persona madura, había vivido mucho a lo largo de aquellos años y no le incomodaba en absoluto sentirse atraída por personas de su mismo género, sin embargo, aquello no resultaba una mera atracción.

Quinn era consciente de cómo había deseado pertenecer a la familia que formaban Rachel y su hija, de cómo se había enamorado completamente de la pequeña, y cómo deseaba a la madre. De cómo aquellos besos que recibió de Rachel en los ensayos, la llevaron a imaginarla en las demás escenas que compartía con Matt, sustituyendo la cara, el cuerpo y por supuesto los besos de aquel chico por los de ella. De cómo aquellos besos que se regalaron fuera de los escenarios, le hicieron devolver la ilusión por encontrar de nuevo el amor. Un amor que no estaba previsto ni entraba en sus planes para aquella etapa.

Estaba enamorada, completamente enamorada de Rachel y ya lo había asimilado, pero aquello no le resultaba suficiente razón para aceptar, la que era ya la cuarta llamada de aquel día.

Su teléfono volvía a iluminarse y la imagen de Rachel aparecía en la pantalla. Ni siquiera se ocupó de detenerla. Quinn simplemente siguió con su interesante juego; conseguir que Superman terminase comiendo de su propia mano.

Al otro lado de la línea, era Rachel quien terminaba lanzando su teléfono hacia el sofá, mientras observaba a través de los ventanales de su terraza como Central Park ya se llenaba de gente dispuesta a disfrutar de los fuegos artificiales de aquella última noche del año.

—¿Sigue sin aceptar tu llamada?

Era Kate quien se adentraba en el solárium tras llegar al hogar.

—Sí, así es—respondía la morena sin apartar la vista de los ventanales.

—¿Le has escrito?

—Sí, y tampoco me responde—le dijo—Al menos sé que tiene el teléfono encendido. Estás muy guapa—susurró Rachel al percatarse de la vestimenta de la pelirroja, que no había dudado en acercarse a ella.

—Gracias—sonreía—¿Sabes que Brody está colocándole una corona de princesa a Emily y dice que va a bajar a la calle así?

—Lo sé.

—¿Lo vas a permitir?

—Es su padre—respondía con serenidad—lo que haga, estará bien.

Volvía el silencio. Rachel seguía inmersa en aquellas luces que se desprendían de los edificios que se alzaban en la 5th avenida, detrás de la inmensa arboleda de Central Park, mientras Kate volvía a sentirse impotente por no poder ayudarla sin hablar demasiado.

—Volveré a llamarla—reaccionó la morena al tiempo que se giraba y buscaba con la mirada el móvil sobre el sofá.

—Rachel—la detuvo—¿Qué sucede? —fue directa—Y no me digas que solo es una discusión entre vosotras porque no me lo creo.

—Le hice daño, Kate—se sinceró—Le dije cosas muy feas por culpa de algo que estaba fuera de lugar y no sé cómo conseguir que me perdone.

—Eso ya me lo has dicho, pero ¿Tanto te afecta? —interrumpía—llevas dos días como alma en pena, pareces… Pareces uno de esos fantasmas de tu musical.

—Kate, es serio. Quinn es alguien importante para mí y le hice mucho daño. No, no puedo permitirme el lujo de perderla, no me lo perdonaría nunca—volvía a mirar hacia el exterior.

—Pues si sigues llamándola y no te responde, vas a conseguir que se canse de veras—espetó—necesitará tiempo.

—Son las 21:34 pm—respondía mirando el reloj—dentro de dos horas y media será año nuevo y necesito hablar con ella antes de que eso suceda.

—Pues si no te ha aceptado la llamada antes, dudo que lo haga ahora. Además, me dijiste que estaba en Lima ¿No es cierto?

—Sí.

—Pues estará con su familia o con sus amigas, divirtiéndose—añadió—Deja que lo haga, seguro que cuando regrese se le habrá pasado el enfado.

—¿Sus amigas? —susurró ignorando el resto del comentario de la pelirroja—Claro… Sus amigas.

—¿Qué sucede?

—Mi agenda, necesito mi agenda—espetó abandonando el solárium con rapidez. Kate reaccionaba y seguía los pasos de la chica completamente confusa, para ver como Rachel, ya en la planta baja, sacaba de uno de los cajones de la estantería que adornaba una de las paredes de su salón, la agenda que había mencionado.

—Aquí está—espetó tras localizar algo en el interior del libro.

—¿A quién vas a llamar?

—Yo no, vas a llamarla tú.

—¿Yo? ¿Qué dices?

—Ven, vamos de nuevo al solárium—tiró de la chica que no dudó en perseguirla de nuevo hacia la planta superior.

—Rachel ¿Qué hacemos? Voy a subir y bajar estas escaleras más veces hoy, que, en toda mi vida, y llevo tacones.

—Escúchame—interrumpió su queja sin dejar de mirar la agenda— necesito que te hagas pasar por compañera de Quinn ¿Ok?

—¿Qué?

—Vamos a llamar a una de sus amigas y le vas a preguntar por ella, que te diga cómo está o dónde puedes localizarla. —Añadió entregándole su teléfono.

—Espera… Espera ¿Por qué yo? ¿Por qué no llamas tú a esa amiga y le dices que te pase con Quinn?

—Porque esa amiga no me quiere ni ver, así que dudo que me de esa información—le explicó rápidamente—Kate por favor, ayúdame a hablar con ella.

—Pero, va a reconocer tu número.

—No, Santana no tiene ese número de teléfono, te recuerdo que solo llevo con él un año.

—Pero…

—Por favor—suplicó de tal forma que la pelirroja tuvo que aceptarlo, no antes sin dejar escapar algún que otro insulto entre dientes.

—¿Qué se supone que le voy a decir?

—Pues no sé, dile… Dile que eres una amiga de Quinn y que estás llamando a su teléfono, y no responde. Igual así te pasa con ella, o… No sé.

—Joder…

—Kate, por favor. Te juro que no te vuelvo a pedir nada más en la vida.

—Está bien, está bien. Lo haré, pero solo porque no soporto esa versión de tuya de alma errante —respondía con desgana—Y porque después de esto, me vas a explicar con todo lujo de detalles que diablos pasa entre vosotras y qué es eso que os ha hecho discutir, ¿Entendido?

—Entendido—aceptó Rachel al tiempo que le mostraba el número de teléfono en la agenda—Pon el altavoz, por favor—le dijo tras ver como marcaba uno a uno los dígitos, y se aclaraba la voz antes de realizar la llamada.

—¿Cómo has dicho que se llama?

—Santana, se llama Santana.

—¿Sí? Hola—Santana respondía al segundo de aquellos tonos, y Kate se erguía rápidamente como si aquello le fuese a entregar más confianza.

—Hola—respondía tras aclarar su voz—¿Santana?

—¿Quién eres?

—Kate—espetó rápidamente—Kate McAdams.

—¡No! —exclamó con apenas un susurro la morena, pero ya era tarde. Kate le había dado su nombre y temía porque Quinn no aceptase la llamada si sabía que era de ella.

La pelirroja se limitó a excusarse con un leve movimiento de hombros mientras mantenía la conversación.

—¿Kate McAdams? —cuestionó Santana un tanto confusa.

—Soy, soy una compañera de Quinn, del teatro—respondía tratando de tranquilizarse.

—Ah ¿qué sucede? ¿Ha pasado algo?

—No, no sucede nada, tranquila. Verás, es solo que prometí llamar a Quinn hoy, pero por algún motivo ella no tiene su teléfono disponible y bueno, tú eres amiga de ella y pensé que podrías hacerle llegar mi mensaje o pasarle la llamada.

—¿Qué? —masculló Santana completamente confundida—¿Por qué tienes mi teléfono? ¿Dónde está Quinn?

—Tengo, tengo tu teléfono porque, porque… —Kate miraba a Rachel y ésta se cubría el rostro al ver que la pelirroja no atinaba a responder—Porque Quinn me lo dio—reaccionó—Ella, ella me dijo… Kate, voy a estar en Lima con mi amiga Santana, si necesitas llamarme y mi teléfono no funciona, llama a éste.—Soltó y Rachel se llevó las manos a la cara, arrepentida por haberle pedido que hiciera aquello.

—¿Es una broma? —cuestionó Santana molesta—¿Quién diablos eres y por qué me preguntas por Quinn?

—Santana—interrumpió Rachel sorprendiendo de Kate—Soy Rachel.

—¿Berry? ¿Qué demonios haces llamándome? ¿Qué es todo esto? ¿Me estás jodiendo?

—No, no—interrumpía de nuevo—Solo quiero saber si Quinn está ahí contigo y si está bien, nada más.

—¿Por qué iba a estar Quinn aquí conmigo? —respondía confusa.

—Me dijo que iba a pasar la Nochevieja en Lima, pensé que estaríais juntas.

—Pues no, no estamos juntas… Además ¿Por qué no la llamas a ella? ¿Por qué diablos me llamas a mí?

—Porque lleva dos días si aceptarme la llamada y ya estoy preocupada—Explicó—no consigo hablar con ella.

—A lo mejor es que no quiere hablar contigo—ironizó—¿No sabes captar una indirecta?

—Santana por favor, estoy preocupada ¿Puedes, puedes decirle que la he llamado?

—Pero ¿qué dices? Que Quinn no está conmigo—insistió

—Pero está en Lima ¿No?

—Olvídame Berry, no tengo nada que hablar contigo—sentenció.

—Espera San, espera, —exclamó tratando de mantener la conversación, pero de poco le sirvió. Santana no dudó en colgar la llamada provocando un silencio ensordecedor entre las dos.

—¿Quién es esa y por qué es tan borde? —cuestionó Kate.

—Es Santana—respondía lamentándose—Es una de las mejores amigas de Quinn.

—Pues si así es de amiga, no quiero ni imaginarme como es de enemiga, ¡que carácter!

—No querrás saberlo—interrumpía Rachel dejándose caer sobre uno de los sillones de la terraza—Volveré a llamar a Quinn.

—Creo que te vas a arrepentir de todo esto, Rachel—murmuró Kate tras ver como Rachel ya volvía a realizar la llamada. Una llamada que sorprendentemente no pudo realizar al escuchar como el teléfono de Quinn aparecía como ocupado.

—Está comunicando—susurró extrañada.

—Estará llamándola esa amiga simpática que tiene.

Kate no se equivocó. A 500 metros de allí, Quinn aceptaba la primera de las llamadas de todas las que había recibido, y lo hacía porque en la pantalla aparecía el nombre de Santana.

—No me digas que estás esperándome en la estación porque no tengo intención alguna de moverme de casa—Quinn era la primera en hablar.

—¿Dónde diablos estás?

—¿Qué? ¿Dónde voy a estar? —le respondió sorprendida por la brusquedad de su tono.

—¿En tu casa?

—Claro.

—¿En Lima?

—No, en Nueva York ¿Qué pasa, Santana? ¿A qué viene ese cuestionario?

—¿Por qué diablos me ha llamado Berry para hablar contigo?

—¿Qué?

—Lo que acabas de oír.

—¿Te ha llamado Rachel? —cuestionó reincorporándose rápidamente en el sofá, provocando que Superman, que ya había logrado acercarse a escasos centímetros de su mano, retrocediera espantada.

—Sí, he tenido que hablar con la imbécil ésa solo porque tú no le aceptas la llamada, ¿Qué haces? ¿A qué juegas?

—No le hagas caso ¿Ok?

—¿Qué ha pasado? ¿Por qué estás en tu casa a las nueve de la noche en vez de estar por ahí?

—No es asunto tuyo.

—Sí, sí que lo es, porque por culpa de lo que quiera que sea que te pase, el hobbit me ha llamado, y yo no quiero hablar con ella.

—Pues no le aceptes la llamada—sonó dura.

—Me llamó con un número que no reconozco—le recriminó—Y ese no es el punto, el punto es que ¿Por qué ella cree que estás en Lima cuando en realidad estás metida en tu casa, probablemente en pijama y jugando con la rata?

Quinn lanzó una mirada a su vestimenta, el pijama al que hacía referencia Santana y a su ardilla, que, junto a sus pies, terminaba de comerse las semillas completamente recelosa.

Había acertado de pleno y no pudo evitar sonreír.

—¡Quinn! —exclamó—¿Vas a hablar o lo vas a hacer el año que viene?

—Discutí con ella ¿Ok? No me apetece aguantar su intensidad y le dije que me iba a Lima para que me dejase en paz.

—Por fin me dices algo coherente—respondía rápidamente—Pero eso no me sirve si me dices que estás en tu casa y que por lo que dejas entrever, no vas a salir.

—No me apetece.

—¿Vas a pasar la nochevieja a solas en tu casa?

—No estoy a solas—miró a la ardilla—tengo a mi perfecta compañera de piso.

—¿Una rata?

—Una ardilla.

—Me importa un bledo que sea una ardilla, Quinn. No seas imbécil y sal a divertirte, o vas a conseguir que me vaya a la estación y me presente en tu casa.

—Ya ¿Vas a celebrar nochevieja en el tren? —ironizó—¿Quién se cree eso?

—Puedo volver a llamar a Rachel y decirle que estás en tu casa—amenazó y Quinn volvía a tensarse.

—¿Tú llamando a Rachel? Eso es casi peor que pasar la nochevieja en el tren.

—Si quieres lo comprobamos ahora mismo, puedo hacer una llamada múltiple—volvía a amenazar.

—No San—interrumpió rápidamente. Sabía de lo que era capaz y si en aquel instante se empeñaba en hacer aquello, no iba a dudar en llevarlo a cabo—no lo hagas por favor.

—¿Vas a divertirte?

—Sí—respondía sin convicción.

—¿Seguro? Me vas a mandar una foto de los fuegos artificiales, y no la intentes hacer desde tu ventana.

—¿No tienes nada mejor que hacer que esperar que yo te mande una fotografía? No sé ¿Por qué no te dedicas a controlar a Britt? Con ella siempre se te dio mejor y…

—No juegues conmigo—la interrumpió amenazante—Hablo muy en serio, o me envías una jodida foto celebrando año nuevo por ahí, o te aseguro que hablo con tu novia y le digo donde estás.

—¿Qué? ¿Qué dices de novia? Yo no tengo ninguna novia.

—Ya, obviamente Rachel no es tu novia, por eso estás ahí metida un día como hoy y no le aceptas las llamadas después de mentirle, y decirle que te venías a Lima—masculló con tanto sarcasmo, que podía traspasar el auricular—¿Cuándo vas a aceptar que a mí nadie me engaña?

—No tengo ganas de discutir también contigo—interrumpió sin encontrar otra excusa que pudiese servirle en aquel instante—Te voy a colgar y ni se te ocurra avisar a Rachel, o te las vas a ver conmigo. —Le amenazó.

—Rachel, relájate—Era Kate quien volvía a tranquilizar a la morena tras un nuevo intento por contactar con Quinn, y ver que su teléfono seguía comunicando. —Vamos, tienes que ir preparándote, como tardes un poco más, Emily se va a quedar dormida. Brody está tratando de distraerla para que aguante.

—Lo sé—resopló lanzando una última mirada al teléfono, con la esperanza de ver en la pantalla el rostro sonriente de la rubia. —Ya, ya voy.

—Yo me marcho ya, mi cita me está esperando

—¿Tu cita?

—Sí—sonreía traviesa—Matt.

—¿Vas a pasar Nochevieja con Matt? —cuestionó sorprendida.

—Así es ¿Qué te crees? ¿Qué ese chico se va a resistir al encanto de los McAdams? Solo he necesitado un café con él, y ¡zas! —bromeó—No sabes cuánto te voy a agradecer que ambas lo dejaseis plantado en la cafetería.

—No, no sabía que seguías hablando con él después de ese día.

—Nos dimos el teléfono, y no he sido yo quien lo ha invitado… Ha sido él.

—Guau, pues me alegro mucho. Matt es un buen chico.

—Y está buenísimo.

—Sí, eso también. Pásatelo bien.

—Lo intentaré. De todos modos, si necesitas algo solo tienes que llamarme, porque vamos a estar en el parque también ¿Ok? Voy a procurar que él no os vea, así que sería interesante que me mantengas informada de donde vais a estar y esas cosas…

—No, no Kate, espera—se levantó rápidamente—No es necesario.

—¿Cómo qué no?

—No, quiero decir, si nos encontramos no hay problema. Es más, podéis estar con nosotros en el parque.

—¿Cómo? ¿Qué dices Rachel?

—Sí, sí, no me importa que estéis con nosotros en el parque.

—Rachel, te recuerdo que es Matt y que él no sabe que Emily es tu hija.

—Me da igual, es perfecto, es la mejor de las ideas.

—No entiendo nada ¿Quieres que Matt te vea con Em?

—Da igual eso, Matt es un buen chico y se puede confiar en él, al menos eso es lo que dice Quinn.

—Rachel… —balbuceó confusa.

—Escúchame, tienes que hacerme otro favor.

—¿Qué? No, espera… No me jodas, me acabas de decir que no me ibas a pedir nada más para averiguar dónde está Quinn.

—¿Y por qué piensas que te voy a pedir algo por ella?

—Por tu cara. Porque se te acaba de ocurrir lo que sea, y te lo veo en la cara. ¿Me equivoco?

—Pues, no, no te equivocas.

—¿Ves? Si es que te conozco mejor que tú misma.

—Bueno, no importa, es solo un favor más. Y no te va a suponer nada.

—¿Qué diablos quieres que haga ahora?

— Pídele a Matt que la llame. Si Quinn está en Nueva York, seguro que a él si le acepta la llamada.

—¿Y por qué le iba a aceptar la llamada a él?

—Porque siempre lo hace cuando le hace algún gesto feo, y el otro día lo dejó plantado. Si Matt la llama, Quinn va a aceptar venir.

—¿Venir? Espera, espera —interrumpía—¿Quieres que le diga a Matt que llame a Quinn para que pase Nochevieja con nosotros? ¿No era solo saber dónde estaba y si estaba bien?

—Necesito verla—Confesó provocando un breve silencio entre las dos— Dile que la llame, por favor, o bajo yo y le aviso—se giró hacia la salida de la terraza. —Si es un compromiso para ti, no te preocupes, yo…

—Espera, espera Rachel—la detuvo—Relájate ¿Ok? Yo se lo comento, pero no entiendo por qué quieres que ahora Matt sepa que tú y Quinn sois algo más que compañeras de teatro, y encima va a ver a Em. Yo le dije a Matt que le había mentido, que cuando me vio con Em en la cafetería frente al gimnasio, le mentí. Le dije que Em era mi hija, pero solo porque no sabía cuáles eran sus intenciones… Sí, suena estúpido, pero él me creyó. Y ahora cree que Em es mi sobrina. Si la ve contigo… ¿No crees que es arriesgado?

—No Kate, me da igual. Yo, yo necesito hablar con Quinn o al menos verla, y sólo él puede conseguirlo.

—Siempre y cuando Quinn esté en Nueva York ¿No?

Suspiró. Rachel dejó escapar una bocanada de aire procedente de sus pulmones y bajó la mirada—Necesito intentarlo al menos—susurró segundos antes de conseguir que Kate aceptase la propuesta, y bajase directa hacia la calle, donde Matt ya la esperaba impaciente junto a una de las entradas al parque.

La misma impaciencia que Quinn sentía tras colgar la llamada de Santana y volver a tumbarse en el sofá.

Era deprimente, pensó. Casi las diez de la noche de aquel 31 de diciembre, a apenas dos horas de dar la bienvenida al nuevo año y ella seguía en pijama, con el pelo alborotado y dejando una hilera de semillas en el sofá para que Superman siguiera su rastro. ¿Estaba cometiendo un error? Pensó tras aquella llamada de Santana, asegurándole que Rachel había terminado llamándola a ella, para saber dónde estaba y por qué no le atendía al teléfono.

Sin duda, había sido todo un verdadero acto de valor por parte de la morena, sobre todo sabiendo como era su relación con Santana.

—Vuelve a llamarme —susurró como si Rachel la pudiese oír a través de su mente—vuelve a llamarme y la acepto.

Estuvo a punto de saltar del sofá al escuchar el sonido de su teléfono irrumpir con fuerza en ese instante, provocándole un susto que no esperaba, y que la llevó a mirar con temor la pantalla del mismo, temiendo porque su mensaje mental hubiera dado resultado. La confusión desaparecía de su rostro al descubrir que era Matt quien la estaba llamando y no su chica, porque Rachel Berry ya era su chica, a pesar de todo.

—Hola Matt—volvía a dejarse caer sobre el sofá tras aceptar la llamada.

—¡Quinn! —exclamó el chico que apenas podía escucharla por culpa del ruido que ya comenzaba a inundar el parque, procedente de los cientos de personas que empezaban a congregarse allí.

—¿Matt? ¿Dónde estás? —alzó la voz.

—¡Quinn! Escúchame, no te oigo muy bien porque aquí ya hay mucha gente, ¿Dónde estás?

—¿Yo? ¿Dónde estás tú?

—En Central Park, voy a ver los fuegos artificiales con unos amigos y luego nos marchamos a Times Square a celebrar el año nuevo ¿Té vienes?

—¿Qué? —cuestionó al tiempo que se reincorporaba en el sofá.

—¿Estás en Nueva York?

—Eh sí—susurró, pero Matt pudo oírla perfectamente.

—Ok, ¡vente conmigo y con mis amigos, los vamos a pasar bien! —respondía casi a gritos.

—Pero, pero no conozco a tus amigos.

—Vamos Quinn, deja lo que estés haciendo y vente, estaré esperándote junto al monumento Maine. No tardes ¿Ok? Esto se está llenando de gente.

—Pero Matt…

—¡No te oigo Quinn! Vamos, no hagas que vaya a tu casa a buscarte—sentenció—Te estaré esperando.

—Eh, ok—respondía sin saber muy bien porqué, pero lo hizo.

—¿Y bien? —Kate cuestionaba al chico, que rápidamente mostraba una sonrisa y guardaba su teléfono—¿Está en Nueva York?

—Sí, al menos ha aceptado la propuesta, así que supongo que sí—sonreía satisfecho.

—¡Genial! —exclamó regalándole un improvisado abrazo que por supuesto, Matt aceptó de la mejor manera. —Has conseguido algo que yo no he logrado.

—Aun no me conoces, puedo ser muy pesado cuando quiero algo.

—Eso está bien—respondía sonriente—Rachel te va a adorar.

—¿Por haber conseguido que venga Quinn?

—Así es, realmente necesitaba que viniese.

—Ok.

—¿Estás bien?

—Sí. Tengo un montón de dudas, pero algo me dice que es mejor que no te pregunte.

—Eh, verás Matt, yo…

—No, no, tranquila. Precisamente por eso no quiero preguntar nada. No tengo ni idea de que es lo que sucede con ellas, ya me dejaron claro el otro día en la cafetería que algo pasaba, y tengo la impresión de que tú estás en medio sin saber qué hacer.

—Es una larga historia, ¿pero sabes qué? Prometo contártela cuando estemos más tranquilos, y cuándo yo esté enterada también, porque, aunque no lo creas, hay muchas cosas que aún no sé.

—No te preocupes, hoy lo único que me interesa es divertirme.

—Pues precisamente eso es lo que quiero yo también.

—Genial, pues vamos a divertirnos… Espero que Quinn llegue pronto, o no la van a dejar entrar. ¿Rachel va a venir ya?

—Sí, ya debe estar al llegar. —Le respondió, y no se equivocaba.

—Vamos Rachel, nos están esperando—En el interior de la casa era Brody quien se impacientaba mientras jugaba con Emily.

—¡Voy! —exclamó la morena bajando las escaleras—Estaba terminando de peinarme—se excusó.

—¿Para qué te peinas si vas a colocarte ese gorro? —lanzó una mirada hacia el accesorio que ya traía entre sus manos.

—¿Y qué tiene que ver eso? Tendré que peinarme ¿No?

—Ok, pero vamos, no tardes más o nos quedamos en tierra.

—Ya, ya vamos—espetó regalándole una sonrisa a su hija. —¿Has visto, cielo? Vamos vestidas igual—le dijo a la pequeña mientras se colocaba el gorro.

—Oye… ¿De verdad que no te preocupa que ese chico, Matt, te vea con Em?

—No, no me preocupa—respondía terminando de recoger su bolso y dispuesta a abandonar el apartamento, con Emily entre sus brazos.

—Vaya ¿Y cuál es el motivo por el que no te preocupa? —cuestionó siguiendo los pasos de ambas.

—Es un buen chico, estoy segura de que ni nos va a preguntar por ella. No suele meterse en la vida de los demás.

—Sí, pero, aun así, es un desconocido. Te va a ver conmigo y con Emily, apuesto a que eso es una bomba para él.

—Brody—se detuvo tras cerrar la puerta—Me dijiste que tenía que empezar a hacer una vida normal con Em ¿No es cierto?

—Sí.

—Pues habrá que empezar de alguna forma, así que deja de provocarme inseguridad. Ese chico es un buen chico y si me pregunta, hablaré con él.

—Ok—alzó las manos en señal de rendición—No diré nada más, solo quiero que estés segura de lo que vas a hacer, y luego no te arrepientas.

—Estoy cansada de arrepentirme de todo lo que no hago, Brody—le dijo regalándole un par de achuchones a su hija mientras esperaban a que el ascensor se abriera ante ellos—Estoy cansada de ir siempre excusándome. Quiero empezar a hacer bien las cosas de una vez.

—Guau

—¿Qué?

—Nada, es solo que estoy sorprendido.

—¿Por qué?

—Porque llevas dos días insoportable, enfadada con el mundo y triste, y ahora de repente estás… Estás.

—¿Cómo estoy?

—Eufórica.

—¿Y eso es malo?

—No, claro que no, pero imagino que algo te ha sucedido para que des ese cambio tan radical en apenas una hora. ¿No? ¿Qué ha pasado?

—Nada. Estoy contenta por la llegada del nuevo año—respondía tratando de mostrarse convincente.

No era cierto. Aquel estado de euforia, como Brody lo había llamado, se debía a un mensaje que acababa de recibir por parte de Kate, y que fue el verdadero motivo por el que se entretuvo más en el interior de su habitación. Quinn estaba en Nueva York y había aceptado la invitación de Matt para reunirse con él en Central Park, y celebrar la Nochevieja. Era consciente de que lo hacía completamente engañada, pero no le importó hacerle esa última jugarreta. Lo que de verdad le importaba a Rachel era que iba a estar allí y que iba a hacer todo lo posible porque terminase bien.

Confiaba en ella, se sentía segura y con ganas de cambiar de una vez por todas lo sucedido, y que estaba arruinando una de las mejores cosas que le había pasado en toda su vida.

—Ya, la entrada del nuevo año—repitió Brody adentrándose en el ascensor con una traviesa sonrisa en su rostro.

—Así es—sonreía también Rachel mirando a su pequeña—La entrada del nuevo año y decirle adiós al año viejo.