Buenas!

Casi casi que no publico, pero me vino un brote divino de inspiración.

Christine: Unas buenas nalgadas XD

July: Amaranta está enamorada y mucho no disimula. Al fin decidí poner la banda de Gary, ya que el personaje está basado en Gerard Way, de My Chemical Romance. Lorena demostró por qué es una serpiente. Ay, Draco, Draco XD

Wolf: 1. En español latino se llama MHB, pero en español de España se los llama TIMOS y me gustó mucho más. EXTASIS es en ambas versiones.

2. Siempre quiero poner interacción entre los hermanos, porque me encantan. Podría hacer un fic solo con los cuatro antes de este fic XD. El otro día vi la película en Netflix y me encantó.

3. Pasó tiempo y Lorena sigue traumada, pero se siente un poco mejor ante la perspectiva de que no va a volver con su padre.

4. Los comentarios de Lee Jordan y toda la escena del Quidditch son del libro, no te emociones. Si ves que mi calidad de escritura mejoró considerablemente, es del libro.

Lo de Draco disfrazandose de Dementor con los amigos también pasa en el libro, pero por motivos distintos

¡SAPEEE! *insertar gesto del bananero*

Capítulo veinticuatro

Terror en la torre Gryffindor

Christopher entró a su oficina, seguido de Malfoy. Después del susto inicial, Malfoy parecía más bien desafiante.

—Malfoy, ¿me podría explicar que fue lo que hicieron? —le dijo, con tono tranquilo

El rubio se cruzó de brazos y evitó su mirada.

—Solo fue una broma inocente…

—No me mienta. Eso fue un intento de sabotaje hacia Harry Potter y hacia todo el equipo de Gryffindor. Por suerte, no ha pasado nada.

Malfoy soltó un resoplido.

—Claro, porque le hice una broma a San Potter, lo llaman intento de sabotaje. Si me lo hubieran hecho a mi…

—… hubieran recibido el mismo castigo.

Malfoy lanzó una risotada, carente de humor.

—¿Recibido el mismo castigo? No, sanador. El director está de su lado, todo el mundo lo adora… hasta usted se volvió parte del club de fans —lo acusó.

—¿Yo?

—Si, usted.

—¿Y por qué demonios cree eso?

Malfoy no contestó. Se mordió el labio y miró hacia otro lado. Era evidente que se sentía avergonzado y, por algún motivo, herido.

—Malfoy, usted estaba haciendo las cosas bien hasta ahora. —dijo—. Su comportamiento en este último tiempo era casi intachable y, de golpe, se reúne con sus amigos para sabotear el partido. Digame que sucedió…

—Ya le dije que solo fue una broma.

—Malfoy…

—Le estoy diciendo la verdad.

—No le creo.

—Claro, a Potter le hubiera creído…

—¿Puede dejar eso de lado?

—¡No puedo porque usted lo prefiere a él! ¡Lo llamó por su nombre, yo lo oí!

Christopher se quedó congelado. ¿Era por eso? El día que Malfoy le había devuelto el libro… Mierda.

Mientras pensaba que contestarle, escuchó un maullido. Loki estaba en el suelo, refregándose en las piernas de Malfoy.

—Quiere que lo alce —le dijo.

Desconcertado, Malfoy se agachó para recogerlo. Loki maulló de felicidad y comenzó a ronronear.

—Sientese, por favor.

De mala gana, Malfoy se sentó en el sillón, dejando a Loki sobre sus rodillas. El gato negro bostezó, se acurrucó y se preparó para dormir.

—Escuche, no soy admirador de Harry Potter ni mucho menos. Estuvo viniendo seguido a mi oficina para preguntarme sobre la escoba.

—¿La Saeta de Fuego?

—Alguien se la regaló para Navidad, sin remitente y temimos de que la escoba estuviera hechizada, así que tuve que pasarme un mes entero probando cada hechizo habido y por haber.

—¿Alguien le regaló la escoba? —Malfoy entrecerró los ojos, con furia—. ¡Fue el director o la profesora McGonagall, estoy seguro!

—Si hubiesen sido ellos, no me habrían hecho perder el tiempo de esa manera —le respondió Christopher—. El caso es que venía mínimo cuatro veces por semana a pedirme que se la devolviera y en un momento lo comencé a llamar por su nombre. No puedo creer que se haya puesto celoso por eso.

—Yo… yo no estaba celoso…—tartamudeó Malfoy, con las mejillas coloradas.

Christopher se rio. Como hermano/padre de dos niños, sabía como se comportaba alguien celoso cuando sentía que el otro era el preferido.

—Malfoy, le tengo un gran aprecio. Exceptuando por lo que le pasó en el partido, usted estaba portándose bien, sacando buenas notas en mi clase… No puede arruinar todo lo que logró por una sola persona.

Malfoy bajó la vista, algo avergonzado y comenzó a acariciar las orejas de Loki.

—Si quiere que lo llame Draco, lo haré. Pero no voy a dejarme de hablar de Harry solo porque a usted le molesta.

Malfoy lo miró a los ojos, pero no dijo nada.

—¿Quiere que lo llame Draco, señor Malfoy?

El rubio dudó unos momentos antes de decir "si" en un tono casi inaudible.

—De acuerdo.

Malfoy hizo un intento de levantarse, pero se detuvo al recordar que Loki estaba durmiendo en su regazo.

—Dejamelo a mi.

Christopher alzó en brazos a Loki y lo dejó al lado de Draco. El gato volvió a hacerse un bollito y siguió durmiendo.

—Prométeme que no volverás a hacer algo como esto, por favor —le dijo. Malfoy se quedó en silencio unos segundos antes de responder.

—Lo prometo.

—Bien. Eres libre de venir a mi oficina cuando gustes, Draco —le dijo. Malfoy se levantó, ya mucho más relajado y casi hasta contento.

—Nos veremos en clase, sanador.

Malfoy se retiró y Christopher tomó de su cajón uno de sus caramelos para la ansiedad. Se lo metió en la boca y se sentó al lado de su gato, acariciándolo. Tendría que hacer anotaciones sobre Draco Malfoy en sus apuntes.


—Remus… Remus…

Eran como las dos de la mañana y el hombre lobo lo tenía aprisionado contra la cama, succionando su cuello de una manera que lo estaba volviendo loco y haciéndolo gemir su nombre como si fuera lo único que lo mantenía con vida. No podía mover sus manos, porque Remus le estaba sujetando las muñecas por encima de su cabeza y tenía una rodilla entre sus piernas, empujando un poco hacia su miembro de vez en cuando.

En contra de todo lo que los demás creían pensar de la homosexualidad, los dos se turnaban para ser el activo y el pasivo. Normalmente el activo era Christopher, ya que Remus no se sentía muy seguro al principio, pero no tardó mucho tiempo en querer invertir los papeles. Y mierda que le gustaba.

Remus le soltó una mano, solo para poder acariciarle todo el resto de su cuerpo.

—Chris —susurró el hombre lobo contra su cuello—. Eres tan hermoso… quiero que seas mío ahora mismo.

Christopher separó un poco más las piernas, totalmente excitado. No aguantaba un segundo más.

Unos golpes desesperados en la puerta los hicieron saltar de la cama. Remus se levantó y se acomodó la ropa, mientras que Christopher se aplicó un hechizo desilusionador por si la persona tenía que entrar.

—¿Minerva? ¿Qué sucede? —preguntó Remus. ¿Qué demonios quería Minerva a estas horas?

—Sirius Black volvió a entrar al castillo.

—¿Qué? —se sobresaltó Remus.

—Lo que escuchaste, Remus. Esta vez logró entrar a la torre Gryffindor.

—Por Dios. ¿Los alumnos están bien?

—Solo muy asustados, pero ninguno resultó herido. Necesito que vengas a la sala de profesores tan pronto como puedas.

—En un momento iré.

Remus cerró la puerta y Christopher se quitó el hechizo.

—¿Escuchaste, Christopher?

—Si. Tenemos que ir ya.

Se acomodaron la ropa y salieron directo hacia la sala de profesores. Cuando llegaron, ya todos estaban allí, incluyendo al director Dumbledore. Christopher tomó asiento al lado de Severus, mientras que Remus se sentó en una esquina de la mesa.

—Sirius Black ha vuelto a entrar al castillo. Esta vez, logró ingresar a la torre Gryffindor —dijo Dumbledore a los presentes.

Hubo algunos murmullos en la mesa.

—¿Está seguro? —preguntó Severus.

—El señor Ronald Weasley me acaba de contar que vio a Sirius Black parado al lado de su cama con un cuchillo —dijo Minerva. Le temblaba el labio.

—¿Pero como logró entrar? —preguntó Madame Hooch, pálida como la luna.

—Sir Cadogan lo dejó pasar —explicó Minerva—. Longbottom tenía las contraseñas anotadas en un papel y las perdió. De alguna manera, llegó a las manos de Sirius Black y de esa manera logró entrar a la torre sin necesidad de forzar la entrada.

—¿Qué es lo que haremos? —preguntó Remus, pasándose una mano por el pelo.

—Debemos patrullar todo el castillo y los alrededores —dijo Dumbledore—. Christopher, Remus, como expertos en Encantamientos y Defensa contra las Artes Oscuras respectivamente, deberán usar sus mejores hechizos de protección para que Sirius Black no pueda volver a entrar.

Por alguna razón, Severus lo estaba mirando de manera fija. Intentó no mostrarse nervioso.

—Tengo algunos hechizos que podrían funcionar —dijo Christopher, como si no hubiera notado nada.

—Bien, entonces hablemos de patrullaje. Dos personas por piso. Tambien hay que peinar la zona exterior.

—Yo me encargo —dijo Hagrid.

—Alguien se tiene que quedar en la torre Gryffindor —sugirió Christopher.

—Yo lo haré.

—Lo haré yo, Minerva.

—Soy la líder de casa.

—Minerva, no le estoy cuestionando su autoridad o liderazgo. Yo soy de Gryffindor también, pero soy sanador de mentes. Los chicos deben estar asustados y necesitan a alguien que los tranquilice.

Minerva miró a Dumbledore, como pidiendo su opinión.

—Christopher tiene razón —dijo Dumbledore, con suavidad—. Alguien tiene que quedarse en la torre y él es la persona idónea.

Christopher se levantó de la mesa.

—Tengo que ir ahora —dijo y salió de la sala de profesores.

No fue directo a la torre Gryffindor, sino que fue a su despacho. Loki lo recibió, maullando enojado porque lo había dejado solo.

—Loki, te vienes conmigo —le dijo, mientras abría su armario y sacaba varias pociones que le podrían ser útiles. Después de dudar unos momentos, tomó su guitarra, la encogió con un hechizo y la guardó en el bolsillo. Alzó a su gato y salió del despacho hacia la torre.

Eran varios pisos y Christopher estaba atento a todo lo que pasaba a su alrededor. Tenía la varita apretada con fuerza en la mano, escuchando el silbido del viento y las sombras traicioneras, pero pudo llegar a la Torre Gryffindor sin problemas.

—¡Atrás, vil bellaco! ¿La contraseña? —preguntó Sir Cadogan, apuntando una lanza hacia él.

Malandrín —dijo Christopher, con desgano.

Sir Cadogan lo dejó pasar, claramente disgustado. Christopher entró por el agujero del retrato y se encontró con la Sala Común repleta de gente.

La última vez que Christopher había entrado a la torre de Gryffindor había sido hacía como quince años atrás y le sorprendió darse cuenta que nada había cambiado en todo ese tiempo. Los alumnos lo miraron, pero no se atrevieron a decirle nada. Loki comenzó a maullar, feliz de ver a tanta gente.

—¿Atraparon a Sirius Black? —preguntó Ron Weasley, pálido como la cera. Harry y Granger estaban con él.

—No aún —respondió—. Están registrando el castillo. Yo me quedaré aquí para vigilarlos y protegerlos. Permitanme, tengo que pasar por todas las habitaciones primero.

Christopher subió las escaleras y comenzó a lanzar embrujos antiintrusos por todas las habitaciones, mientras que Loki se quedaba recibiendo mimos de los alumnos. Se sorprendió al poder entrar a la habitación de las chicas sin problemas, ya que recordaba que había un hechizo en las escaleras para que los varones no subieran, pero supuso que solo era para los alumnos, no los profesores.

—Listo —dijo, volviendo a la sala común y dejándose caer en un sillón—. Pasaré la noche aquí. Tengo pociones para dormir y pociones calmantes para el que lo necesite. Son hechas por mí, no por el profesor Snape, no son veneno —les aclaró, al ver que muchos dudaban.

Nadie lo pidió, pero con un vistazo, Christopher logró identificar a los que realmente lo necesitaban, principalmente los niños de primer y segundo año. Se les acercó y les administró la poción, diciéndoles que no tenía nada de malo en sentir miedo y querer pasar una noche tranquila.

La sala se fue vaciando poco a poco hasta que no quedó nadie. Era evidente que los alumnos no se sentían cómodos con un profesor ahí y mucho menos si ese profesor era hermano de Severus Snape. También estaba el hecho de que, ya que había un profesor dentro de la torre, podían ir a dormir tranquilos.

—Bueno, solo tú y yo, Loki —le dijo a su gato. Loki se acurrucó al frente de la chimenea para dormir un poco.

Christopher sacó la guitarra y la volvió a su tamaño original con un hechizo. ¿Qué tocaría? No estaba muy inspirado, pero no podía irse a dormir hasta que no viniera Minerva.

Esto comenzó antes de mí

Nunca creí que terminaría así

Rompiste tus promesas

Y me has aislado de todo

Y en mis más profundas pesadillas

Apareces siempre en ellas

Mi vida ya no es la misma

Y no saldrás jamás de mi cabeza

Christopher paró de tocar de golpe. Esa canción la había compuesto a los diecisiete años y ahora no tenía el mismo sentido que había tenido en ese entonces. Las pesadillas casi no existían, solo alguna muy de vez en cuando.

—¿Sanador?

Christopher giró la cabeza.

—¿Harry?

El niño se acercó a él, con pasos vacilantes.

—¿No tiene sueño?

—No me puedo dar ese lujo. ¿Cómo está tu amigo?

—Está con sus hermanos.

—Bien. ¿Quieres sentarte?

Harry se sentó a su lado. Parecía como si tuviera una lucha interna consigo mismo.

—Sanador, ¿usted conocía bien a mi madre?

Christopher improvisó unos acordes con su guitarra.

—Podría decirse que sí.

—¿Usted cree que ella quería que me quedara con los Dursley?

Christopher se quedó en silencio un momento. ¿A que venía esa pregunta? Después de un análisis rápido, se dio cuenta de que Ron estaba con sus hermanos, siendo consolado. Tal vez esa clase de unidad familiar lo había puesto incómodo. Tal vez por eso había bajado.

El silencio se estaba extendiendo demasiado. Christopher carraspeó:

—Lo dudo mucho. Tus padres no los eligieron como padrinos por una razón.

—Mi padrino quiere matarme —dijo Harry, con dureza.

—Quieres saber, si no fueran tus tíos ni Sirius Black, a quién hubiesen elegido tus padres, ¿verdad?

—Si.

—Bueno, de parte de tu padre no lo sé, pero de tu madre…

Dejó morir la frase. Probablemente habría sido él y lo sabía perfectamente. Sabía que estaba con Petunia, sabía que el chico la pasaría mal y había hablado con Dumbledore al respecto, pero el viejo se había negado rotundamente a la petición de llevárselo. Y, si bien no le gustaba agachar la cabeza ante nadie, meterse en contra de Dumbledore habría sido estúpido.

—¿Habría sido usted, verdad?

Christopher se removió en el sillón.

—Tal vez, ¿por qué?

—La carta decía que, si usted tenía un hijo, ella quería ser la madrina. Por eso lo pensé.

Christopher sonrió.

—Probablemente hubiera sido yo —dijo—. Pero habrías tenido que vivir con Severus también, ya que nosotros dos vivimos juntos.

Harry hizo una mueca de disgusto que intentó disimular en vano y Christopher lanzó una risotada.

—No te preocupes, te entiendo. ¿No te gusta vivir con ellos, verdad?

Harry miró a su alrededor, preocupado. Christopher alzó la varita y murmuró un muffliato.

—Nadie podrá escucharnos, tranquilo. Quiero que seas sincero conmigo. No se lo diré a nadie.

Harry se mordió el labio. El chico no sabía si podía confiar en él, pero necesitaba ayuda. Christopher tragó saliva mentalmente: ¿debía contarle parte de la verdad?

—Harry, yo puedo confiar en ti, ¿verdad?

—Claro —dijo Harry.

—Mi hermano y yo somos mestizos. Mi madre era bruja y mi papá muggle. Ella venía de una familia rica, pero cuando sus padres quisieron casarla con otro mago de buen apellido, ella se negó y huyó al mundo muggle, donde conoció a mi padre y se casaron. No mucho después, nació Severus y no mucho tiempo después, nací yo.

Harry asintió, con total interés en su historia. Christopher siguió:

—Mi padre trabajaba en una fábrica de telas, pero lo despidieron cuando eramos muy pequeños. Mi madre tenía algo de dinero que se había llevado cuando huyó de casa, pero no tardó mucho en acabarse y los problemas empezaron.

"Mi padre era una persona violenta, pero se ponía peor cuando se emborrachaba. A menudo nos golpeaba a mamá, a Severus y a mi. Si por casualidad llegábamos a hacer magia accidental, se ponía peor. Nos molía a golpes y nos encerraba en nuestra habitación por días, sin darnos de comer."

—Lo siento mucho —dijo Harry.

—Severus y yo nos la pasábamos casi todo el día en la calle, para no oir las discusiones de nuestros padres —continuó Christopher. No le pensaba decir que en una de esas salidas habían conocido a Lilly—. Solo nos teníamos el uno al otro. No teníamos amigos en la escuela muggle porque eramos pobres y vestíamos con ropa que nos quedaba muy grande.

Harry lo miraba casi sin respirar. Tenía que ir con mucha cautela con él. Un movimiento en falso y podría arruinarlo todo.

—Hacíamos lo que podíamos para intentar llevarlo lo mejor posible, pero era muy difícil. Nos podríamos considerar afortunados si nuestro padre solo nos daba una bofetada antes de irnos a dormir. No siempre teníamos esa suerte y agradezco a Dios haber accedido a la medicina mágica o aún tendríamos el cuerpo lleno de cicatrices.

Harry apretó los puños en sus rodillas.

—Debió haber sido duro.

—Lo fue.

—¿Su madre no podía hacer nada por ustedes? Era una bruja, ¿verdad?

—Mi madre habría terminado en Azkaban por atacar a un muggle y, sin influencias, hubiera quedado allí de por vida.

—¡Pero no es justo!

—La vida no siempre es justa, Harry. Pero así son las cosas. Las leyes mágicas protegían mucho a los muggles y ahora es aún peor. Además, mi madre no tenía mucho carácter. No se animaba a contradecirlo.

—¿Qué pasó con sus padres? —preguntó Harry, casi con temor.

—Mi madre murió cuando yo estaba en quinto año. Mi padre se fue al diablo con una amante que tenía —dijo, ya metiéndose de verdades a medias a la ficción total. Harry no tenía por qué saber que había matado a su padre en legítima defensa—. Quedamos solo Severus y yo en la casa.

—¿Cómo sobrevivieron?

—Severus era muy bueno en Pociones y se puso a trabajar en una tienda dedicada a eso en el Callejón Diagon cuando salió de Hogwarts —esa era la mentira que le había dicho Severus antes de enterarse que se había unido a los Mortífagos—. Comencé a salir con mi mejor amiga, Amaranta, y me casé con ella apenas terminamos el colegio. Cuando lo nuestro terminó, volví con Severus y estamos juntos desde entonces.

—¿Nadie los ayudo? —la voz de Harry temblaba.

Christopher negó con la cabeza.

—Sentía que no podía confiar en los adultos. Solo logré que me miraran con lastima. Para Severus fue aún peor; ¿a quién le importa un Slytherin?

Harry desvió la vista, avergonzado.

—Harry, si la estás pasando mal en tu casa…

—No es mi casa —dijo Harry con rapidez—. Es la casa de los Dursley.

Christopher asintió.

—De acuerdo. Si la estás pasando mal en la casa de los Dursley, puedes contármelo, no tengas miedo. Al menos puedes desahogarte un poco, sacarte ese peso de encima.

Loki, quien había estado durmiendo todo el tiempo frente a la chimenea, soltó un maullido de golpe y se subió a las piernas de Harry, pidiendo mimos. Harry le rascó las orejas.

—Yo pasé… yo pasé por lo mismo que usted, sanador —dijo Harry, con voz muy débil—. Usaba la ropa de mi primo, que me quedaba como cuatro tallas más grande, dormía en una alacena, me golpeaban y me mataban de hambre —bajó la vista para acariciar más atentamente a Loki, pero a Christopher no se le escapó las lágrimas que brillaban en los ojos verdes de Harry—. Toda la vida soñé que alguien viniera a buscarme para llevarme de allí…

Christopher apoyó la mano en el hombro de Harry y se acercó a él. Loki se levantó, trepó hacia la cara de Harry y comenzó a lamerle las mejillas.

—No tienes que seguir si no quieres —dijo, aunque Christopher ya prácticamente tenía lo que quería—. Mira, puedes venir a mi oficina cuando quieras y podremos hablar más tranquilos sobre esto.

—Suena como un psicólogo —bromeó Harry.

—No estás muy equivocado —le respondió. Al ver su cara de desconcierto, agregó—. Además de ser un sanador Experto en Encantamientos, soy sanador de mentes, que es el equivalente a un psicólogo en el mundo mágico.

—Oh —Harry no sabía cómo reaccionar—. Eso es genial.

Christopher sacó de su bolsillo una poción.

—¿Quieres tomarla esta noche? Es para dormir sin soñar, así te aseguras que no tendrás pesadillas.

Harry la tomó de su mano y se la quedó mirando.

—¿Cómo es?

—Tómalo justo antes de acostarte. Tienes que tomarlo todo. Toma otro más —le tendió un segundo frasco—. Para tu amigo si no puede dormir.

—Se la daré.

Harry se levantó con cuidado, poniendo a Loki en el suelo y se dirigió a los dormitorios.

—Harry, ni una palabra de esto a nadie, ¿si?

—No diré ni una palabra, lo prometo.

Christopher le sonrió.

—Buenas noches, Harry.

—Buenas noches, Christ… sanador.

El chico subió casi corriendo las escaleras. Christopher se quedó mirando unos segundos antes de volver a tomar su guitarra.

Era hora de planear como sacar a Harry de la casa de los Dursley.