No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Lauren Ruggieri. Yo solo me divierto un poco.
.
.
.
Edward jamás supo lo que pasó con Alistair. De quien sí supo al día siguiente fue de Tanya. Tanto él como Emmett y el resto de los abogados estaban extrañados de no haber recibido la citación del juzgado. Y Edward se sorprendió cuando le llegó una llamada de su ex directamente al móvil.
—No cuelgues, por favor —le dijo ella suavemente.
Cuando la sorpresa dio paso a la ira, él tuvo que hacer grandes esfuerzos para no gritarle. Estaba furioso con ella, no sólo por la mentira que pondría en jaque toda su vida, sino también porque todo ello podía implicar perder a Isabella.
Bella se había mostrado más que comprensiva con la situación, pero... ¿Aún lo sería cuando salieran a relucir detalles íntimos de la relación que había mantenido con Tanya? Es que no le había dicho todo. En el último minuto se había acobardado por el terror que tenía de que ella dejara de amarlo. Isabella no sabía que se trataba de una de las dos relaciones que él consideraba significativas en su vida. Le había hablado de ellas cuando se conocieron, aunque nunca llegó a ahondar en detalles. El miedo lo llevó a ocultarle que habían vivido juntos, y que Tanya había quedado embarazada. Sólo le contó que una ex secretaria con la que había tenido un romance lo había demandado por acoso sexual.
Y allí la tenía, al teléfono, y quién sabría qué era lo que quería. De ella no esperaba nada bueno, así que lo mejor sería terminar con ello inmediatamente.
—No quiero hablar contigo, Tanya— le dijo en un tono gélido.
—Estoy embarazada.
Se lo anunció sin preámbulos, con la esperanza de que no le cortara el teléfono.
Edward no supo qué decir. No tenía idea de por qué se lo mencionaba, a menos que intentara echarle la culpa a él, luego de casi dos años de haber terminado.
—Bien por ti— aventuró, tenso aún.
Pese a todo era verdad. Se alegraba por ella.
—Sé que lo dices de corazón, Edward. Y no temas, no intentaré complicarte con nada más. Tú nunca me amaste de verdad, y lo supe porque ahora me siento realmente querida. Se llama James y somos muy felices.
No se lo esperaba. Parecía sincera, pero con ella nunca se podía estar seguro. Era tan cambiante... Ese tal James la iba a tener difícil. Un error y estaría frito, como le pasó a él. Su gran equivocación fue dejarse querer sin estar enamorado de ella. Claro que intentó amarla, pero no lo logró. La vio construir castillos en el aire, y no hizo nada para detenerla.
De todos modos, no creía que eso justificara tanto ensañamiento.
—¿Por qué lo hiciste, Tanya? ¿Por qué intentaste arruinarme?
—No lo sé. Porque me sentía frustrada, porque estaba loca de dolor. Lo siento. Acabo de retirar la demanda. Ya no tendrás problemas por mi culpa.
—Tanya, yo tampoco quise hacerte daño. Hice lo posible por... comprometerme más, por quererte. A pesar de todo lo que sucedió, te deseo lo mejor.
—Igual para ti. Sé feliz—y colgó.
La nube gris que lo seguía a todas partes por fin se había disipado. Afuera llovía, pero su cielo volvía a estar despejado, después de muchos meses de dudas y temores.
De pie, frente a la ventana, dibujó una I en el cristal empañado y sonrió. En su cielo, por más nubes que hubiera Isabella siempre sería el sol. Estaba llegando el otoño, pero para él, ese verano sería eterno.
El otoño llegó y pasó, y con él las esperanzas de Isabella de poder pasar más tiempo a solas con Edward. Si bien Marie había moderado su actitud hacia él, continuaba entrometiéndose entre ambos como una chaperona pasada de época. Si no fuera porque sabían que le haría daño, Isabella ya le hubiese dicho que su virginidad era cosa del pasado. Además, temían que esa incipiente amabilidad de Marie hacia Edward se esfumara de pronto al saber que él había roto su promesa y otras cosas. Así que intentaban tolerar su castradora presencia, sus preguntas interminables y sus ojos que todo lo veían.
No era sólo el tema de Marie lo que les impedía estar juntos en la intimidad.
Entre la universidad, la decoración del Sky Blue y los preparativos de la boda, Isabella no tenía tiempo ni para respirar. Se había tomado los estudios muy en serio, así que no se perdía una sola clase. Todas las mañanas las pasaba en la Universidad de la República, fascinada por cada cosa que aprendía. Finalmente se había salido con la suya, y había retirado la matrícula de la universidad privada ignorando las protestas de Edward. El sugirió, rogó, argumentó de mil maneras posibles la conveniencia de que asistiera a la elitista Universidad de Montevideo. Y además quería que fuese en coche.
Bella rió divertida cuando él la llevó a la concesionaria, y le pidió que eligiera… ¡estaba loco! Rindió el examen y obtuvo su licencia, pero se negó terminantemente a que Edward le comprara o le prestara un coche.
Le encantaba el autobús, pues podía abstraerse del entorno con sus auriculares y transportarse a cada momento disfrutado con Edward en el pasado, y también a lo que esperaba del futuro. Además, ocupaba ese tiempo en pensar en la boda de sus sueños...
A Bella le hubiese gustado planificar la ceremonia con su suegra, pues no tenía
idea de a quiénes invitar. Afortunadamente Gianna, la secretaria de Edward, le estaba echando una manito. Iba a ser algo muy sencillo, para los más allegados en una chacra en José Ignacio. Sería al mediodía, al aire libre y con el mar como fondo perfecto. Un poco de música, productos de mar como banquete, y luego… la ansiada luna de miel.
Finalmente convinieron en ir al Caribe. Edward no quería exponer a Isabella a cruzar el Atlántico en avión, ya que ello significaba por lo menos doce horas de vuelo.
En cambio, la Riviera Maya estaba mucho más cerca, y podían ir haciendo escala en un par de lugares, para que se le hiciera más llevadero. Ella creía estar lista para ese paso, era cuestión de mentalizarse. De nada le había servido la terapia, así que le parecía inútil volver a intentarlo. De la mano de Edward, podía hacer cualquier cosa que se propusiera, incluso lo que más temía: viajar en avión.
No pudo evitar pensar en su madre y en lo mucho que le hubiese gustado estar en la boda, en la que usaría el mismo vestido que ella había usado en la suya. Cada vez que pensaba en Renee, la veía sonriendo. Tenía la sensación de que había sido una mujer feliz, tan feliz como lo sería ella con Edward. Y más ahora que había desaparecido el fantasma de la demanda. Transitaba un tiempo de disfrute, pero la verdadera felicidad llegaría en sólo unos meses.
Fantaseaba con la idea de vivir con él, despertarse a su lado, comer juntos… y follar. Sobre todo, follar. Tenía demasiadas ganas de hacerlo, tanto que había días en que sólo en eso podía pensar. Y sabía que a él le pasaba lo mismo, sólo que no se habían dado las condiciones necesarias para que eso sucediese.
Claro que habían tenido algún encuentro furtivo. Un día, se lo hizo a Edward con la boca, hincada en la sala de reuniones, mientras los accionistas esperaban afuera. Eso estuvo… uf. Durante el consejo, ayudó a Gianna a servir el café, y en un momento él la acarició por debajo de la falda mientras explicaba un proyecto que tenía en mente.
Lo que ella tenía en la suya era demasiado sucio como para siquiera mencionarlo.
Y otra vez, Edward la había hecho correrse con la mano en el coche, mientras Marie permanecía en el portal mirándolos, y saludando a las vecinas. A Bella le había costado horrores permanecer estática mientras él le hacía esa maravilla allí abajo.
Finalmente acabó inclinándose hacia adelante, para que no le vieran el rostro, y mordiendo su propia mano para no gritar.
Pero follar, lo que se dice follar, nada de nada.
Tenían que encontrar la forma de solucionarlo, porque eso ya estaba pasando a mayores. Ahora que habían probado la miel, no podían estar sin ella.
Si Bella estaba medio trastornada, Edward estaba francamente loco. Lo llevaba el diablo. Cuando no trabajaba como un poseso, se mataba en las rutinas del gimnasio.
Había logrado que sus músculos se tensaran como cuerdas, a fuerza de sublimar a libido que de otra forma le envenenaría la sangre.
La tentación era tan grande que estaba dispuesto a cualquier cosa por volver a tenerla. El numerito que le montó en la sala de reuniones, lejos de haberlo descargado, lo había encendido más. Le había llenado la boca de semen, y ella se lo tragó como si toda la vida se hubiese dedicado a ello. Y además se relamió como una niña golosa.
No sabía ni cómo había podido llevar adelante la reunión, e incluso llegaron a votar un par de proyectos. Mientras la veía servir el café sentía cómo sus pantalones ya no podían contener al animal que escondía en ellos, y temía que todos lo notaran.
Y luego, aquella vez en el coche… Dios, con dos dedos dentro de ella y uno afuera rozándole el clítoris la había vuelto loca. Y con ella también él había enloquecido. Y todo delante de las narices de Marie. Con respecto a ella, no tenía quejas. Sí, continuaba siendo un estorbo que se presentaba automáticamente cada vez que él intentaba echarle mano a su nieta, pero por lo menos no lo maltrataba, ni le tiraba indirectas sobre la cancelación de la boda, ni lo hacía sentir como un hijo de puta pervertido. Hablando de pervertido, ¿qué habría sido del primo Alistair? Se marchó sin dejar rastro el día del entredicho. Era evidente que la amenaza en el dormitorio de Bella había surtido efecto. Mejor así, ella ni se había enterado del incidente, y no tendría por qué saberlo jamás.
Ya sin riesgo a la vista, lo que quedaba por solucionar era cómo diablos iban a hacer para tenerse el uno al otro un rato considerable a solas, como para sobrevivir un tiempito más.
El tema de la universidad y los nuevos compañeros con intereses en común también tenían a Edward bastante inquieto. No es que desconfiara de la fidelidad de Bella, pero sí lo hacía de los chicos que andarían de cabeza por ella. Era una tentación para cualquiera. No entendía por qué pensaba esas cosas… si sabía que era su Barbie Puta, y sólo con él hacía todo lo que hacían. Es que tenía celos hasta del viento…
Los hechos se dieron casualmente. Un paro nacional de obreros de la construcción, que primero puso a Edward como un demonio de tan furioso que estaba. La obra detenida por una huelga era la pesadilla de cualquier arquitecto o contratista.
Pero luego lo pensó mejor, era la oportunidad de estar a solas con Bella. Eso siempre y cuando Marie no se les sumara como había hecho las dos últimas veces que habían visitado el Sky Blue. Y sus deseos se cumplieron. Marie estaba harta del polvo y los groseros obreros que según ella la miraban, así que dejó ir sola a Isabella. ¿Qué podía pasar en un edificio en construcción lleno de obreros de aquí para allá? Al parecer no estaba muy empapada de las noticias, y eso que la huelga se había anunciado en todos lados. La obra estaba bastante avanzada. Sólo quedaba por finalizar el pent-house. Habían colocado ya todo el sistema sanitario y el tendido eléctrico. El suelo había quedado perfecto, y estaban abocados a instalar las luminarias y otros efectos decorativos fijos.
Era maravilloso… Isabella miraba extasiada lo bien que había quedado el sistema de iluminación. Era un hermoso departamento, y ella lo estaba decorando con mucho estilo. Qué felices que serían quienes lo habitaran. Tenía tres plantas. La de abajo era la principal. Una sala gigante se abría a una gran vista al mar, al igual que el comedor.
También contaba con una oficina, un vestíbulo enorme, una cocina con todos los artefactos de última generación, dormitorios de servicio y un toilette.
En la segunda planta estaban las habitaciones. Eran cinco hermosas suites. La master era algo de otro mundo. La vista era magnífica pero lo que la hacía inigualable era el jacuzzi de cristal en la terraza que parecía suspendida sobre el mar. Y el vestidor era doble. Incluso tenía dos baños, ambos con techo de cristal y peces de colores. Había también un enorme tocador, y las gavetas se abrían a control remoto.
La tercera planta albergaba una piscina, una parrilla y un solárium. Y también un gimnasio. Isabella había hecho instalar hasta un sauna. El departamento debía entregarse en octubre completamente amoblado, ya que era un proyecto de decoración integral de dos millones de dólares. Iba a ser una pena terminarlo. Es más, casi no quería hacerlo. Pero ahora no tenía tiempo para lamentarlo. Estaba a solas con Edward y él acababa de cerrar la puerta principal con llave…
"Ay… Me muero por tocarlo, pero no quiero parecer ansiosa. Sin embargo, lo estoy. Quiero desnudarlo y besarle todo el cuerpo". Se mordió el labio, pues tenía ganas de gritar cuánto lo deseaba.
Y él la miraba de una forma… Era única su forma de observarla.
—Estamos solos, Isabella— dijo Edward sonriendo seductor.
—Sí.
"Parezco una tonta… Me siento como si fuese la primera vez. Oh, si continúas sonriendo de lado me vas a matar, hombre lindo. Mi corazón se dispara, ¡qué ganas de tocarte!".
—Soy todo tuyo.
"Ohhh. Me adivina el pensamiento. Sabe lo que quiero hacerle, que quiero tocarlo, lamerlo… su cuerpo no tendrá límites para mí el día de hoy. Bendita huelga".
Isabella se acercó y le desabotonó la camisa. Él no le quitaba los ojos de encima, pero permanecía pasivo y se dejaba hacer. No obstante, ella notó cómo apretaba los puños y también los dientes. Podía sentir la tensión y el calor que emanaba de su cuerpo. Ella giró a su alrededor y terminó de quitarle la camisa. Y mientras ella hacía eso, él tomó su rosario y se lo quitó.
"Perfecto… No quiere que su dios vea como follamos. Porque eso es lo que haremos, y ni el altísimo lo podrá impedir", pensó. Su único dios era Edward, y por eso se puso de rodillas y tiró de sus pantalones… él gimió. Era evidente que también lo excitaba cuando tomaba la iniciativa.
"Sin duda que desea a su Barbie Puta el día de hoy. Y la tendrá…", pensó mientras terminaba de desnudarlo.
Ahora Isabella lo tenía como quería: desnudo, con las piernas separadas y los brazos cruzados sobre el pecho. No parecía para nada cohibido.
"Este hombre no tiene vergüenza. Su… animal, como él lo llama, está totalmente rígido contra su vientre y parece a punto de explotar, pero su dueño parece sereno. Ya le quitaré yo esa tranquilidad, lo juro", se prometió, sonriéndole seductora.
Él bajó la vista y miró su pene. Le indicó con la mirada que la quería allí. Bella estaba tentada a obedecerlo, pero se contuvo… ¿Es que era una sumisa? ¿Desde cuándo hacía lo que le decían? Hoy sería más Puta que Barbie. Hoy no sería una muñequita y haría lo que quisiera.
Se acercó lentamente, y Edward cerró los ojos pues creyó que volvería a ponerse de rodillas para lamer su pene. Pero ella no tenía esas intenciones. Se colocó detrás de él, y oprimió sus senos contra su espalda musculosa, mientras le acariciaba el pecho.
Él echó la cabeza hacia atrás y tomó sus manos, subyugado…
Pero ella se soltó. Se puso de rodillas y por fin se quitó las ganas de observar su increíble trasero. Sus manos siguieron el camino de sus ojos, y luego su boca lo hizo.
Lamió y mordisqueó sus nalgas perfectas. Tenía marcados los glúteos siempre, y más en ese momento que estaba en completa tensión.
"Oh, sí… por este culo haría lo que fuese… Soy toda tuya, tú eres mi dios, y yo tengo el diablo en el cuerpo. Aquí habrá guerra, aquí habrá acción, hombre lindo".
Continuó mordiendo sus nalgas mientras lo escuchaba gemir…
—Ahhh Isabella… Maldición. Si sigues con eso voy a explotar…
"Pues explota, mi vida. Porque yo no pienso salir de aquí".
Edward estaba desesperado. Su capacidad de autocontrol estaba llegando al límite… Ya no podía soportarlo. Tenía a esa belleza a la que adoraba, de rodillas detrás de él, y le estaba mordiendo el trasero. Jamás le habían hecho algo así. Tenía miedo de que sus piernas no pudieran sostenerlo, por lo que se afirmó en lo que tenía más cerca; una escalera de pintor. La tomó con una mano, pero no fue suficiente. Entonces la tomó con las dos, pues sentía que la tierra estaba temblando.
Isabella separó sus nalgas y…
"¡Carajo! Me besa allí… ¿Qué puedo hacer? No sé si esto está bien. Me gusta, me enloquece, pero no sé si está. Ay…me lame, me introduce su maravillosa lengua en el… Ahhh… Sí, definitivamente me gusta demasiado lo que me hace".
Y así, mientras él se apoyaba en la escalera, una Isabella descontrolada le lamía el culo. Y eso a Edward lo volvía loco. Sabía que no se vería bien, pero ya no intentaba contraer sus glúteos, y la dejaba hacer. Lo que más lo excitaba era que a ella parecía encantarle.
"Y ahora hace algo más. No, no, no. Todo tiene un límite, y mi resistencia está llegando a ese límite".
Así como estaba, acuclillada en el suelo, Isabella pasó entre las piernas separadas de Edward y comenzó a lamerle los testículos. Se acomodó en la escalera y también parecía disfrutarlo…
Edward la observó y sintió que se derretía. Ella tomó su verga con una mano, y comenzó a moverla como lo había visto hacerlo a él, en la ducha.
"Dios, y continúa besándome los huevos… Carajo, carajo. Tengo que pensar en otra cosa porque si no esto va a ser como un volcán en segundos, y habrá una memorable erupción".
Pero no lo logró. Desbordado por las sensaciones y cegado por las lágrimas, acabó gritando. Y mientras se corría sobre su rostro de muñeca, ella le introdujo un dedo ahí atrás…
Edward no pudo evitar gritar de nuevo, pero no de dolor. Qué maravilla lo que ella le hacía. Esa mujer había sido la única que lo había hecho llorar de placer.
—Ahhh Isabella, de veras no hay nadie como tú…
Ella lo sabía. Seguro que lo sabía, a juzgar por su mirada pícara.
"Ah, diablita. ¿Has hecho conmigo lo que querías, verdad? Pues ahora me toca a mí, y te aseguro que tengo cuerda para rato".
E inmediatamente la puso de pie, mientras le decía con una voz desconocida para ambos:
—Y ahora, mi vida, comienza por quitarte toda la ropa…
.
.
.
Oye… esto no me lo esperaba… jajajaja! Que hermoso XD
Debo decirles que para el próximo capítulo habrá más drama jajaja (mucho) y pues… esto es todo por hoy jajaja ya nos quedan sol caps para terminar esta historia n.n
Mañana habrá actualización de LA MANERA EN LA QUE ME CONOCES, para que estén pendentes.
No olviden dejar comentario.
¡Nos leemos pronto!
