Derechos de autor: EL MANGA, EL ANIME Y LOS PERSONAJES DE ESTA SON DE RUMIKO TAKAHASHI (y algunos inventados XD) LA HISTORIA ES DE MI AUTORÍA

ALGUNOS CAPÍTULOS CONTIENEN LEMON, LEER A CONCIENCIA

- blablabla -= diálogo en voz alta

"blabla" = pensamiento del personaje

-x-x-x-x = cambio de escena

AVISO: capítulo extra largo

Capítulo 23

La joven no pudo evitar tensarse al sentir la corriente a través de su cuerpo, inconscientemente éste trató de contraerse, y con la fuerza que lo hizo, provocó heridas por el roce contra los grilletes, por lo que sus muñecas y tobillos comenzaron a sangrar. Ryoga quedó sin aire al percatarse de la verdadera identidad de su compañera.

- Pero mira que tecnología más avanzada – musitó Naraku un tanto sorprendido – así que tu máscara no solo ocultaba tu rostro, sino que también te cambiaba el color de cabello – dijo esto mientras pasaba la mano por la cola alta que ella tenía de peinado, tomando las mechas que caían hasta la altura de su omóplato – Creo que querrás ver esto Inuyasha – musitó burlonamente y fuertemente agarró el mentón de la chica

- ¡No lo hagas, no abras tus ojos! – le ordenó Ryoga

- Bueno, tú te lo pierdes – dijo sin soltarla – jamás creí que tendría a una Higurashi frente a mí, mucho gusto… Kagome Higurashi, o mejor digo, Kagome Chiba – al escuchar esto, el peliplateado no pudo evitar abrir los ojos por la sorpresa –

- Kagome – susurró… frente a él estaba la azabache, atada y golpeada. Ella se había ocultado tras su máscara. Ahora entendía la razón porqué deseaba protegerla cuando aún no sabía quién era… frente a él estaba su hembra, la mujer que amaba - ¡Malditoooo!, ¡sueltalaaaa! – gritó desesperado luchando contra sus grilletes

- Vaya vaya… ¿así que te enamoraste de ella Inuyasha? … Jajaja esto está saliendo mejor de lo que esperaba – la chica lo miraba con odio - ¿Quieres decirle algo a tu noviecito Kagome?, ¿o acaso lo engatusaste solo para divertirte mientras lo vigilabas? – al escuchar esto, el ojidorado no pudo evitar preguntarse lo mismo, "¿realmente me ama o solo fue parte de su trabajo?"

- ¡No lo escuches Ukyo! – le gritó Ryoga, recordó las palabras de James… no dejaría que abandonara su rol como agente secreto

- Bien, veamos cuánto eres capaz de aguantar… ¿quién quiere seguir? – preguntó el hanyou mirando a los 7

- ¡Ay... yo… yo.. yo! – dijo eufóricamente Jakotsu

- Está bien, pero recuerda… todo superficial, nada de gravedad. El hijo de Inu-no sentirá el sufrimiento de perder a su hembra lenta y dolorosamente – se dibujó una sonrisa maléfica que estremecería a cualquier persona, pero no a aquella sacerdotisa, quien no se inmutó

- Está bien – diciendo esto se paró tras la espalda de ella y desenvainó su espada – veamos cuánto tardas en rogar que me detenga – y comenzó a causarle diversos cortes repartidos por todo ese lado del cuerpo. Muchas veces se detuvo, la velocidad de sus ataques iba fluctuando… a veces atacaba hasta 10 veces seguidas, en otras pausaba por minutos entre un ataque y otro. La única señal que daba la azabache era su mandíbula tensada, pero nada más. Ni un gemido, ni un grito, ni siquiera retorcía su cuerpo… estaba estoica. Ya habían pasado casi 50 minutos, ya no quedaban lugares en su retaguardia sin ser cortados. La poza de sangre bajo ella demostraba lo que había ocurrido en todo ese tiempo.

- Basta, me toca a mí – musitó Bankotsu, lo que hizo que Jakotsu guardara su espada y se colocara junto con los otros. Naraku estaba sentado apoyado en un pilar mirando y disfrutando del espectáculo.

- ¡Ni se te ocurra tocarla! – gritó Inuyasha tratando de zafarse hasta hacer sangrar sus muñecas

- ¡Basta! – le gritó Ryoga

- Pero Kagome está… -

- Si sigues sólo la perjudicarás – el peliplateado lo miró confundido – Mientras más te mueves, más energía gasta Ukyo en mantener el campo de protección, y en estos momentos debe concentrar toda su energía en ella. ¿Está claro? – al haber escuchado esto, el joven Taisho asintió

Bankotsu había dejado la alabarda a un costado de un pilar – No tiene gracia que la use si no le daré la emoción que se merece – le explicó a la azabache mientras se acercaba a ella. Al estar frente a frente, le tomó el mentón y le plantó un beso forzado, lo que hizo enojar a Inuyasha – No sé si quiero golpearte o tocarte – dijo con un tono libidinoso, mientras acariciaba su rostro. A pesar que ella trataba de alejarlo lo que más podía, en esa posición era difícil. Sintió como esa mano comenzaba a bajar por su cuerpo, y aunque quería llorar se contuvo, no le daría ese placer. Miró hacia el techo cuando esas manos trigueñas se posaron sobre sus senos, los apretaban con brusquedad. Apretó más sus dientes cuando las bajó por su torso y llegaron hasta su zona íntima, presionándola sin ninguna consideración.

- Te mataré, te juro que te mataré – le dijo Ryoga tratando de contenerse las ganas de luchar contra sus cadenas

- Preciosa, tendremos que dejar este juego para después… las visitas están arruinando el ambiente – al finalizar le azotó un combo en el estómago que provocó que se balanceara todo su cuerpo hacia atrás lo más que dieron las cadenas, y ella tosió al quedarse sin aire. Al volver a su posición inicial, el ojiazul le dio una patada en las costillas. Miró su reacción, esperó una mueca de dolor, pero el rostro de ella estaba implacablemente neutral. Esto provocó que se enfureciera, con su mano izquierda la agarró de la chaqueta y la derecha la cerró en un puño y lo plantó en el rostro de ella, haciendo que su cara se moviera en la misma dirección del golpe. La enderezó y lo repitió. Sonrió al ver como el labio sangraba profusamente.

Inuyasha no podía más de la rabia y la confusión. Una parte de él quería liberarla, pero la otra quería escapar de aquella sacerdotisa que podría acabar con su existencia. Intentó despertar su lado youkai, pero entre el anillo y el campo de protección no hubo caso. El rechinar de sus dientes por la fuerza que aplicaba en ellos se escuchaba a varios metros alrededor de él.

Bankotsu descargó su rabia más veces de las que se podía contar a través de golpes de puño y patadas contra la chica, pero no logró ni un pequeño quejido. Frustrado después de unos 20 o 30 minutos de darle una paliza, tomó su alabarda con la intención de enterrársela en su torso hasta partirla por la mitad, pero Naraku se cruzó en su camino a una velocidad más allá de lo concebible.

- Basta, ya hiciste suficiente – le ordenó. El muchacho enfurecido caminó y se colocó junto al resto de sus hermanos – Renkotsu, tu turno – indicó

El chico con el pañuelo en la cabeza sonrió y caminó en dirección a donde el cuerpo de la chica se encontraba suspendido en el aire por las cadenas. Hizo un movimiento con sus manos y de entre medio de sus dedos salieron unos cables, los cuales se enrollaron por todo el cuerpo de la sacerdotisa. De un segundo a otro, corría fuego por éstos.

- Creo que yo ganaré – les dijo a sus compañeros pues estaba seguro haber visto una mueca de dolor. Mantuvo las llamas por unos 10 minutos, hasta que Naraku le ordenó

- Detente un poco Renkotsu, dejemos que descanse un poco… total, la noche es larga – al escuchar esto, retiró sus cables y se sentó en el piso.

"Respira… solo debes seguir respirando" se decía para sí la azabache, tenía que mantenerse lo más estable posible o su plan no resultaría. Cerró sus ojos, debía concentrarse y tratar de salir de ese lugar, aunque fuera solo en su mente. Habrán pasado unos 15 o 20 minutos en que los guerreros comían y bebían sin tomar en consideración a sus prisioneros. Naraku no hablaba, solo se deleitaba con aquella imagen… su venganza había comenzado y de la mejor manera posible.

- Ya basta de descanso, continúa Renkotsu – ordenó el hanyou, a lo que el aludido asintió y se paró. Esta vez se paró detrás de la azabache, y le dijo en el oído en un tono que todos pudieron escuchar

- Si sobrevives, llevarás por siempre un pequeño recuerdo mío – soltó una carcajada y se alejó unos pasos. Tomó un sorbo del líquido que se encontraba dentro de su cantimplora, y sin previo aviso, comenzó a escupir fuego de su boca en dirección a la zona lumbar de la chica. Ella no pudo evitar mover sus manos y apretarlas como puños, y es que el dolor que estaba sintiendo la estaba sobrepasando. Las llamas ya habían consumido la tela del traje y ahora tocaban directamente la piel, haciendo una herida cada vez más profunda. Los campos de protección comenzaron a parpadear, por lo que ella pensó "no podré seguir aguantándome el dolor, estoy usando demasiada energía en eso y ya está afectando los campos". Cuando se detuvo para tomar otro sorbo de aquel líquido, fue interrumpido por Naraku

- Basta, deja que Suikotsu juegue con ella – y éste asintió

Aquel hombre reflejaba la maldad misma en su rostro, sus ojos parecían deleitarse con cada gota de sangre que salía de la sacerdotisa. Se pasó la lengua por sus labios como si saboreara aquel líquido rojo que estaba frente a él. La chica no pudo evitar sentir un escalofrío, sabía que sufriría y, por el bien de Ryoga e Inuyasha, ya no podría aguantarlo y eso le causaría placer al que le correspondía torturarla.

- Mukotsu pásame la botella que te pedí – dijo con un tono lúgubre. El gordito y más bajo del grupo se acercó y le entregó lo solicitado con una pequeña carcajada al hacerlo – Yo te haré gritar tan fuerte que no te quedará voz y me rogarás que te mate – musitó con una risa diabólica mientras desde sus ropas sacaba una daga – Esta es una de mis armas favoritas para estas ocasiones – le mostraba a la azabache - ¿Quieres saber por qué?... fácil, apenas tiene filo, por lo que debes enterrarla con mucha fuerza para que vaya perforando la piel lentamente – soltó una risa estremecedora – y esto de acá – le mostró la botella entregada por su hermano – contiene un ácido que se va activando con el frío, por lo que a medida que tu herida pierda más y más sangre, esta hermosa creación te irá provocando más dolor del que ya tengas – sus ojos brillaban ante la idea.

Vertió del líquido sobre la daga, para luego pasarla superficialmente por el cuerpo de la chica. El contacto la estremecía, si lo que le había dicho era cierto, no sabía si su cuerpo tan maltratado hasta ese momento resistiría. Los ojos chocolatados se abrieron a más no poder al sentir el contacto de la punta de aquella arma en contacto con su muslo izquierdo, la presión que el tipo infringía hacía que se balancearan las cadenas, por lo que molesto ordenó

- Bankotsu, afírmala – el hermano asintió, con un brazo la sujetó desde la cintura y con el otro desde la axila hacia el hombro

Satisfecho, repitió la presión en la pierna de la azabache. Ella tenía la vista fija hacia su compañero, no podía evitar verlo, necesitaba apoyo para ese momento y solo lo encontraba en él. Cuando por fin penetró la piel, cerró los ojos ante el dolor, pero permaneció en silencio. El hombre con marcas verdes en su cara solo sonrió, sabía que pronto estaría escuchando los gritos de la chica. Enterró un poco más la daga, lo que hizo que ella abriera los ojos nuevamente, cuando estaba la mitad del arma dentro de su muslo, comenzó a retorcerlo con movimientos circulares… esa fue la gota que rebalsó el vaso, la sacerdotisa no pudo más y permitió que el grito ahogado que había estado intentando salir de su cuerpo lo hiciera, era profundo, reflejaba todo el sufrimiento que estaba viviendo. Los 7 guerreros celebraron, Naraku sonrió, mientras que Ryoga desvió la cabeza, no podía verla, no podía ser su apoyo en esos momentos. Inuyasha estaba frustrado, escucharla le había causado tal dolor que era como si a él le hubieran enterrado la daga. Suikotsu detenía el movimiento de la daga y luego volvía a retorcerla, haciendo que los gritos fueran constantes y cada vez más fuertes. Esto le causaba placer, y como si fuera una adicción, cada vez lo hacía más seguido.

- ¡Ya déjala! – grito el peliplateado desesperado

- ¿Qué pasa Inuyasha? – preguntó Naraku con sarcasmo en su voz- ¿ves cómo duele que te quiten a la mujer que amas?, espero se lo agradezcas a tu papito – musitó burlonamente

- Te equivocas – respondió entre carcajadas – ella no es mi hembra, no es a ella a quien yo amo – rio lo más fuerte que pudo

- ¿A sí? – le interrogó el hanyou – Si lo que dices fuera verdad, no tendrías problema de decírselo en este momento mirándola directamente a los ojos, ¿o me equivoco? – lo estaba desafiando, y sin percatarse, tontamente estaba cayendo en su trampa.

"No me queda otra… perdóname Kagome" pensó para sí. Miró donde estaba ella, Naraku había ordenado que la soltaran y le quitaran la daga. Tenía la cabeza gacha, estaba agotada y el dolor era insoportable, pues el ácido comenzaba a hacer efecto. Con una seña del hanyou, Bankotsu le agarró fuertemente el mentón y lo levantó hasta que estaba lo suficientemente alto para que pudiera ver al peliplateado, pero ella miraba a su compañero… se negaba a ver al hombre que ella amaba.

- Kagome mírame – musitó el ojidorado. Al no tener respuesta de ella, le gritó - ¡Maldita sea, mírame! – las orbes chocolates se cruzaron con las ámbar. Él tomó aire, y gracias a la distancia que los separaba, bajó la vista hasta los labios de ella… así no vería su reacción cuando escuchara lo que estaba a punto de decir, y sus captores no se percatarían de su pequeña trampa.

- ¡No te atrevas!, ¡no lo hagas Inuyasha!, ¡si lo haces, yo mismo te mataré, ¿me oíste?! – le gritaba Ryoga desesperado. Sabía de los sentimientos de la azabache hacia él y lo que provocaría en ella.

- ¡No te amo!, ¡jamás te he amado!... solo te he deseado y después de ese viernes – hizo una pequeña pausa – creí que sería más fácil llevarte a mi cama, pero me la hiciste difícil… por eso fui atento contigo, pero nada más. Eres una de las tantas chicas que traté de engatusar… Feh, ¿de verdad creíste que te podría amar?, ¿a una chica como tú? – respiró profundamente, su voz no había titubeado por ningún momento, sonó claro y sincero… ¿cómo lo había logrado? No lo tenía claro, porque cada palabra que había salido de su boca lo habían lastimado tanto como a ella. Pero confiaba que al declarar todo esto la dejarían libre.

Para Kagome, a la distancia a la que estaban, él la estaba mirando directamente penetrándola con sus orbes hasta lo más profundo de su ser. Por eso, cuando comenzó a decir aquellas palabras que iban rompiendo su corazón en millones de pedazos, el brillo en sus ojos fue desapareciendo lentamente hasta no quedar ni rastro y las lágrimas comenzaban a acariciar su rostro. No dijo nada, no desvió la vista ningún momento, pero una parte de ella había muerto… así se sentía en ese momento.

Ryoga miraba a su compañera, vio como las palabras del peliplateado le iban quitando su brillo, como lentamente se transformaba en un ser muerto en vida. Apretó su mandíbula, sus dientes rechinaban a más no poder de la fuerza ejercida. Quería matarlo, no importaba si su intención era buena o no, pero había cometido el peor error de todos… al decirle eso, Ukyo había desaparecido y Kagome tomaba las riendas. Al tener una doble vida, se les había enseñado que una personalidad era distinta de la otra, por eso era relevante saber separarlas y no permitir que la original tomara el control durante un enfrentamiento, pues esa mente no estaba entrenada para soportar todo lo que podrían enfrentar.

- ¡Ukyo! – le gritaba el pelinegro desesperado - ¡Ukyoooo! – no obtenía respuesta de su compañera, y sus ojos comenzaban a llorar

(a través del intercomunicador en su oído) – Ukyo, resiste un poco más Ukyo… ¿me escuchaste?, solo falta media hora, media hora… ¿está claro? – le decía James desde la van donde se ubicaba el puesto de control – Ukyo, por favor resiste – desactivó el micrófono, sus lágrimas caían rebeldemente. No necesitaba verla para saber que estaba sufriendo.

(aplaudiendo) – Muy bien Inuyasha, lograste quebrantar el espíritu indomable de la sacerdotisa – al escuchar esto el ojidorado comprendió el daño que había causado, pues su amada parecía un zombie, su mirada estaba perdida en el espacio – Puedes continuar Suikotsu – ordenó

- ¿Qué? – preguntó ofuscado Inuyasha

- Jajajaja… ¿de verdad creíste que con eso evitarías que jugáramos con ella?, eres más tonto de lo que pensé. Caíste en mi trampa, necesitaba quebrarla y tú lo lograste, ahora solo deléitate en verla morir -

Continuará…

Hoooola, asumo que varios lo suponían, otros se sorprendieron… ¿qué les pareció? (sé que estos capítulos no han sido muy gratos, pero todo tiene su razón de ser)

A.R. Tendo: discúlpame… sé que te despisté hace unos cap atrás sobre la identidad de Ukyo, pero todas las dudas que puedan surgir serán aclaradas en un par de cap más jijiji