It's forcing you down,

and it's grinding against you

Let the war nerve break

For every fucking second the pathetic media pisses

on me and judges what I am in one paragraph

Look here...

Fuck you all!

"War nerve" (Pantera)


Su teléfono sonaba por cuarta vez, Sherlock no había contestado ninguna, sabía quién era y no tenía ganas de hablar, además, la investigación lo estaba haciendo solo. Se removió en su cama sobando su rostro en la almohada intentando retomar el sueño otra vez, y de hecho lo hizo, pero no duró mucho, puesto que, al poco rato, su madre entró a su habitación para despertarlo.

—Sherlock, el inspector Lestrade está abajo buscándote—

Cuando Sherlock se levantó de la cama, notó que su madre se acercó a él sintiendo un extraño olor.

—Sherlock Scott Holmes, bebiste anoche— dijo con tono de reproche —No es fin de semana para ese lujo, jovencito— su madre le entregó ropa, que en realidad era un piyama —Apresúrate—

El rizado volteó los ojos ignorando las palabras de su madre. Por supuesto, había esperado a que ella se retirase de la habitación para poder hacerlo.

Una vez vestido, Sherlock salió directo a las escaleras intentado ignorar la resaca, que, aunque no era tan fuerte como anteriores, le estaba jodiendo la cabeza.

— ¡Esto es inaceptable! — la voz de Mycroft había sonado muy enojado a pesar de que procuraba susurrar

Sherlock frunció el ceño al escuchar a su hermano, por lo que supo inmediatamente que algo había ocurrido, ya que, alguien que no sea el mismo Sherlock, no lograba hacerlo enojar tan fácil.

— ¿Qué sucede? — dijo el rizado bajando las escaleras para llamar la atención de ambos hombres

—Sherlock, maldita sea, muchacho, te he estado llamando desde ayer— dijo Lestrade dejando a Mycroft detrás de él

—Lo sé, pero he estado ocupado—

—Te advertí que era una orden policial—

—Necesito interrumpir un momento— se apresuró a decir Mycroft —Pasemos a hablar a la sala continua. Ahora—

Sherlock supo que su hermano intentaba alejar la conversación ya que era probable que sus padres estuvieran demasiado cerca para escucharla. Los tres caminaron en silencio, fue el inspector el primero en hablar apenas la puerta fue cerrada por el mayor de los hermanos Holmes.

—Eres irresponsable— dijo molesto —Te dije que te acercaras a hablar, ¡tu interrogatorio es la clave, Sherlock! —

—Si es tan importante, ¿por qué no viniste a buscarme a casa? Tan solo recibí mensajes de texto—

—Iba a hacerlo, incluso buscarte en tu universidad—

— ¿Entonces? — respondió sin preocupación Sherlock

El inspector dio un suspiro desviando la mirada del rizado para ver a Mycroft.

— ¿Quieres que pierda mi tiempo en un interrogatorio estúpido sobre Jim Moriarty? —

—Tengo una orden policial, Sherlock—

—Lo sé, tengo que… —

—Una orden para detenerte—

El rizado se quedó en silencio y frunció el ceño de inmediato.

—Te negaste al interrogatorio, eso fue un error, muchacho—

—Pero ese no es el motivo de mi arresto ¿verdad? — dijo Sherlock sabiendo que había algo más detrás

—Eres sospecho de ser uno de los autores intelectuales del asesinato de Adam Bennet—

Sherlock volvió a guardar silencio, subió el rostro un poco mientras intentaba buscar razones que pudieran inculparlo.

—Exijo ver las pruebas que se tiene contra mi hermano— dijo Mycroft

—Sabes que no puedo hacerlo, Mycroft— contestó Lestrade bastante molesto —Puedes ser el gobierno británico, pero esta es una de las investigaciones policiales más importantes que se ha hecho en muchos años y no tengo que explicarte porqué ya que lo sabes muy bien. Si Sherlock es sospechoso, tengo la obligación de arrestarlo hasta que esto se aclare—

Mycroft observó por unos segundos al inspector para luego responder —Sé perfectamente las reglas, por lo que comprendo que cualquiera puede ser sospechoso; sin embargo… —

—Sin embargo, Mycrotf, también comprendes que debo llevármelo bajo arresto—

Sherlock sabía que el silencio de su hermano a lo último mencionado por Lestrade indicaba que no había otra salida, además, el hecho de que ambos se hablen de "tú a tú" también era extraño, ya que mostraba una confianza que solo es conseguida con un acercamiento personal. Guardó ese detalle para él mismo, no era relevante en esos momentos.

—Mycroft no tiene derecho a saberlo, al menos no por el momento, pero yo si— dijo el rizado

—Primero te vas conmigo y lo sabrás—

La mente de Sherlock empezó a trabajar de inmediato, sin las pruebas que supuestamente lo inculpaban, no podía saber con exactitud qué tan comprometido estaba; sin embargo, él no era culpable de nada, por lo que tendría que encargarse de mostrar la falsedad en todo lo que habían conseguido en la investigación.

Ahora, si lo arrestaban, él no podría hacerlo, así que eso solo significaba una sola cosa: escapar.

—Bien, comprendo, supongo que no tengo otra opción— respondió el rizado para luego dar una mirada a su hermano, quien en un segundo pudo entender el "sencillo" plan de su hermano.

—Lo lamento, Sherlock— dijo Lestrade posando sus manos en su cintura

—No lo hagas aún, resérvalo para cuando veas la mala investigación que has hecho. Dame diez minutos, estoy en piyama—

—Tienes cinco—

Sherlock prefirió quedarse con sus insultos para él mismo. Volteó dispuesto a salir del lugar, pero se detuvo al lado de su hermano —Asegúrate de que padre y madre no lo presencien— dijo y recibió un ligero asentimiento de cabeza como respuesta.

Estaba descalzo, por lo que pudo llegar a las escaleras en silencio sin que sus padres lo escucharan, luego subió al segundo piso dando grandes zancadas.

Hubiera preferido darse una ducha, lo necesitaba, pero no tenía mucho tiempo, así que solo se vistió… estratégicamente: optó por sus zapatillas, aun así, estas estuvieran hechas una mierda por la noche anterior (se reprochó por no tener más de una, ya que prácticamente, tenía solo zapatos de vestir).

Su pantalón negro sin sus cadenas y su mochila con lo necesario donde incluyó un clip de para sostener hojas, ya que, parte de su plan era, obviamente, abrir las esposas. Abrió un pequeño agujero en la tela de su mochila, justo en la base. Sabía que esposarían sus manos a su espalda, así que sería el lugar perfecto. Esa mañana sentía más frío de lo usual, por lo que se puso su chaqueta de cuero que tenía una caperuza de color gris oscuro, esa que solo usaba cuando el invierno le calaba los huesos aun estando drogado.

Salió de su habitación en exactamente cuatro minutos y quince segundos, justo cuando su hermano entraba por el pasillo.

— ¿Estás listo? — dijo Mycroft

—Pregunta innecesariamente estúpida, Mycroft, aquí me vez—

—Apestas, querido hermano. Lamento que no tengas tiempo de una ducha—

Mycroft entonces extendió su mano entregándole un celular, Sherlock lo reconoció en seguida, era el teléfono de emergencia que su hermano había llevado a casa y que sólo sería utilizado en caso de verdadera emergencia en casa, ya que, aunque Mycroft gozaba de buen poder en el gobierno, eso no significaba que no podrían atentar contra los Holmes.

Aquel teléfono tenía una línea completamente privada, no estaba registrada en ningún tipo de compañía, prácticamente, era imposible de rastrear. Sherlock lo recibió en silencio e inmediatamente lo guardó dentro del bolsillo de su chaqueta.

Sabía que debía actuar en el momento adecuado, tenía todo planeado; sin embargo, también tendría que improvisar, así que, confiando de que su hermano se había encargado de que sus padres no sean testigos del arresto, Sherlock se dejó poner las esposas para salir de su casa hasta la patrulla. Miró a su alrededor calculando y midiendo rápidamente las posibilidades que tenía para escapar, pero nada parecía estar a su favor. Entonces, cuando estuvo dentro del auto, la llamativa actitud de un Mycroft enojado cerca de la puerta de su casa llamó su atención.

Y de todos los presentes en realidad.

Sherlock sabía que era su oportunidad, su hermano lo estaba ayudando, Mycroft jamás discutiría a un volumen considerablemente alto delante de todos. Sonrió cómplice y giró mirando al joven oficial que estaba a casi cinco metros y medio de distancia del auto y que estaba bastante atento a la discusión entre el inspector y Mycroft…

Listo, ya sabía cómo escapar.

Se inclinó un poco y subió sus manos hasta alcanzar la base de su mochila, un par de segundos después ya tenía el clip en su mano. La estiró y empezó a intentar abrir las esposas. Estaba tardando un poco, pero él mantenía la calma con maestría.

Cinco segundos, seis segundos… Sherlock mantenía la mirada fija en un punto para poder concentrarse, siete segundos, ocho segundos y finalmente sus manos se liberaron.

Volteó a ver al joven policía, este seguía a atento al espectáculo, entonces, dejando las esposas en el asiento, pero manteniendo sus manos detrás, se volteó y con sus manos abrió la puerta del auto. El joven policía no se percató de él hasta que puso un pie fuera.

—Hey, espere, ¿qué cree que está haciendo? — el policía se acercó a él

—Olvidé mi teléfono en casa—

—Debiste acordarte antes, no puedes bajar de la patrulla—

Sherlock estaba con un pie en la acera y la otra lista para sacar, además, el policía se había acercado lo suficiente como lo había planeado. Era el momento. Sin previo aviso y con rapidez, Sherlock se levantó y estiró sus manos y tomó el arma del joven policía para luego empujarlo con fuerza con su cuerpo. Este cayó sin remedio mientras que Sherlock tomó distancia apuntando al resto de policías que habían volteado al escuchar el alboroto.

—Damas y caballeros, ¿serían tan amables de ponerse rodillas? —

Vio a Lestrade acercarse, no parecía sorprendido, de hecho, parecía decir con la mirada: "¿Y ahora qué rayos estás haciendo?"

Sherlock apuntó el arma y disparó dos veces al aire.

— ¡Ahora! ¡Obedezcan! —

— ¡Hagan lo que dice! — ordenó Lestrade

El rizado sabía que sus padres saldrían en cualquier momento por el sonido de los disparos, así que no se demoró mucho, retrocedió lentamente hasta que se acercó lo suficiente a la esquina. Su mente empezó a recorrer las calles en segundos, eligiendo en pocos segundos la mejor ruta para perder a los policías que irías tras él.

Entonces, llegado el momento correcto, Sherlock se echó a correr a toda velocidad. No miró atrás, no era necesario, solo debía estar atento a cumplir con la ruta trazada. Cruzó calles, se metió por uno de los pocos callejones de la zona, subió por las escaleras de una casa para cortar camino, corrió por la azotea cruzándose con una mujer que no atinó nada más que verlo pasar con rapidez.

Luego de casi ocho minutos sin parar de correr, trepar y saltar en ocasiones, se detuvo a respirar un breve segundo mientras esperaba al taxi que se aproximaba en el camino. Dio la dirección y subió, no vio a ningún policía por la zona, los había perdido fácilmente; sin embargo, tuvo que agacharse disimuladamente al ver una patrulla pasar frente al taxi. Luego de eso, el camino fue seguro.

El reloj marcaba las dos y treinta cinco cuando recibió un mensaje de John, Sherlock no se había comunicado con él en todo el día, puesto que cuando el taxi lo dejó en el lugar indicado, Sherlock se dirigió a una zona que ni Mycroft sabía que frecuentaba en ocasiones, especialmente cuando quería drogarse sin que su hermano se enterara.

Podía estar seguro de eso porque conocía bien los lugares de las cámaras de seguridad de la ciudad, por lo tanto, le era sencillo poder escabullirse entrando y doblando por las calles correctas. No había comprado drogas, no lo hizo por John, así que solo se dirigió a una casa abandonada donde alguna vez se refugió con otros drogadictos. Había entrado a una de las habitaciones que estaba desocupada y se sentó en el sucio colchón que se encontraba en el piso para poder entrar a su palacio mental. Tenía que encontrar alguna pista que lo ayude a comprender cómo es que la investigación de Lestrade lo había llegado a inculpar de alguna manera.

Aquel mensaje lo había sacado de su trance, había olvidado apagar su teléfono, la policía podría rastrearlo, miró su reloj y al ver la hora, fue consciente de todo el tiempo que había estado sumergido en su mente.

Sherlock, ya estoy en la cafetería, ¿quieres que te pida algo?

Su corazón dolió al leerlo, sabía que no era buena idea comunicarse con él en esos momentos, no quería que absolutamente nada implicara, ni en lo más mínimo y para eso debía estar incomunicado con él al menos ese día. John debía estar ajeno a él durante las veinticuatro horas, era totalmente necesario.

Contra su voluntad, más por el deseo de hablar con John que el hecho de ser rastreado, apagó el teléfono y lo devolvió a la mochila.

Miró a su alrededor escuchando la tranquilidad del lugar, lo cual le parecería aburrido y tedioso si no fuera porque necesitaba pensar. Suspiró profundamente intentando dejar de lado la imagen de John esperándolo por dos horas sin saber de él. En serio le dolía, pero debía hacerlo por su seguridad. Luego miró en un punto fijo en la pared analizando rápidamente lo que había recolectado de su palacio mental, incluyendo la otra vez que lo había hecho cuando intentó analizar qué conectaba a Jim con todo el asunto de Adam Bennet.

Por el momento sus pistas no le mostraban del todo cómo es que terminó implicado, pero de lo que sí estaba seguro, era de que Jim Moriarty lo había hecho, él estaba detrás de todo. Así que su búsqueda en su palacio mental se basó casi estrictamente a lo relacionado con Jim, especialmente de dónde conseguía Moriarty aquella flor para elaborar la droga.

Sus recuerdos almacenados sobre Jim eran casi exclusivamente sobre datos que había podido escuchar sobre su negocio de drogas, incluyendo cosas que el mismo Moriarty le había contado. Uno de esos recuerdos le mostró aquel día (cuando ambos eran amigos inseparables) que le dijo por primera vez que tenía una idea genial para un negocio, porque la venta de drogas, aunque le iba muy bien, era algo muy pequeño y él era de los que pensaban en grande.

—Un terreno, Sherlock, uno que pienso usar en el futuro— dijo Moriarty para luego darle una larga calada a su cigarrillo de marihuana

— ¿Para ese negocio que me dijiste? ¿Qué quieres hacer? — el rizado también tenía un cigarrillo de marihuana entre sus dedos

—Paciencia, ya lo sabrás y serás mi mano derecha, te lo prometo— Moriarty le sobó el brazo mientras le sonreía y tenía los ojos puestos en sus labios —Mierda, Sherlock, no sabes cuánto quisiera repetir lo de esa noche—

Sherlock, luego de aspirar un poco de su cigarrillo, sopló en la cara de Jim, pero en vez de lograr alejarlo, Jim aspiró profundamente ocasionando que a Sherlock se le escapara una divertida risa —Eres un hijo de puta— dijo aun riendo

—Solo un beso, ¿ok? Uno con lengua—

Jim se acercó y, por unos segundos, Sherlock lo dejó hasta que estuvo a casi rozar sus labios. El rizado sonreía mientras no dejaba de mirarlo.

— ¿Quieres un beso? — preguntó Sherlock

—Sí, mi amor— susurró Jim con una sonrisa

—Y luego meterme la verga en el culo—

—Joder, claro que sí—

Sherlock entonces se alejó dando la vuelta, ambos estaban en la azotea de un departamento en donde un conocido mutuo había armado una fiesta. Ambos habían subido a fumar por un rato sin ser interrumpidos.

—Mierda, Sherlock, no puedes ponérmela dura y dejarme así— se quejó Jim

Sherlock se detuvo y volteó para mirarlo —Vete a la mierda, puedes jalártela solo— dijo divertido, luego le dio una calada a su cigarrillo, Jim solo sonrió —Y ese terreno que quieres comprar ¿qué piensas hacer con él? —

—Corrección, ya lo compré y está en un lugar especial—

— ¿Dónde? —

—Sussex—

Sherlock asintió con la cabeza dando una divertida sonrisa al mismo tiempo que volvía a dar una profunda calada, la última, para finalmente dejar caer el ya pequeño cigarrillo al piso y pisarlo para apagarlo.

—Supongo que reconocerás el lugar en donde está— dijo Jim acercándose hasta Sherlock, le dio una calada a su cigarrillo en el camino —Recuerdo que me dijiste que solías ir a un terreno lleno de vegetación para drogarte sin que nadie te vea—

—Ah, que detallista— dijo Sherlock en son de burla

Jim se encogió en hombros —Solo quería que, cuando todo esté preparado, estés cómodo conmigo—

— ¿Piensas hacer una casa ahí, acaso? —

—Y plantar flores—

Sherlock rió divertido ante la respuesta — ¡¿Flores?! — dijo entre risas

— ¿Qué? ¿No te gustan? — respondió divertido

— ¿Quieres hacer una maldita casa con tu cultivo de flores y hacer una cabaña donde me puedas dar por el culo todas las noches? — Sherlock sonaba bastante divertido

—No exactamente, pero diría que pasaremos mucho tiempo ahí. Y no solo te daría por las noches, te daría incluso todo el día— Lo tomó por la cintura y lo acercó a él —Así estarías listo para la noche y entraría sin problema—

Sherlock volvió a reír y se alejó para liberarse de su agarre —Bajemos ya, me aburre hablar estupideces—

Jim sonrió divertido como respuesta para luego darle la última calada a su cigarrillo y lanzarlo al piso sin preocupación. Juntos volvieron a la fiesta.

Sherlock sonrió de lado, toda esa conversación solo le hacía deducir una sola cosa: el lugar de elaboración. Se podría decir que el laboratorio se encontraba en Sussex, ya que la plantación de aquella flor se encontraba ahí, en ese terreno. Jim había conseguido un negocio rentable (bastante rentable) en la venta de drogas, así que creer que tenía el dinero suficiente para formar su laboratorio no podría estar tan lejos de la realidad. Al menos no un laboratorio como tal, pero sí uno con un equipo mínimo y lo suficientemente equipado.

Revisó la hora, habían pasado cerca de treinta minutos en su análisis. Ya sabía qué tenía que hacer, debía volver a Sussex para revisar aquel laboratorio, pero primero había algo importante que hacer en Londres. No podía irse así, sin más, necesitaba un contacto ahí para poder estar al tanto, no sólo de lo que pasaba, sino también de John. Además, antes de irse, encontraría la manera de verlo para avisarle personalmente sobre su ausencia. Necesitaba decírselo él mismo.

¿Quién podría ser la persona correcta? Su grupo de amigos se reducía prácticamente a Mike y Molly. Mike era amigo de John, sería sencillo saber sobre John; sin embargo, sería peligroso tener un contacto tan cercano a John. Molly sonaba bien, aunque no frecuentaba con John, tenían el acercamiento suficiente para saber de él, además, la conocía, podía confiar en que ella no soltaría palabra. Molly es bastante inteligente, solo que era un poco tímida.

Ahora, por otro lado, no quería implicar a Molly, era peligroso, en algún momento la irán a interrogar ya que era su amiga y compañera de clase y aunque ella no diría nada, podría ser seguida y vigilada por la policía.

Pero, mierda, era su mejor opción.

Sacó de su chaqueta el celular que Mycorft le había dado y llamó.

— ¿Aló? —

—Molly, no digas mi nombre, soy Sherlock, ¿estás sola? —

—Oh… eh… estoy en clases… Tom, ¿es importante? —

Sherlock sonrió, Molly no necesitó mucho tiempo para comprender la situación.

—Sal de la clase ahora—

—Oh, de acuerdo, no cuelgues—

Logró escuchar algunos sonidos en el siguiente minuto, incluyendo la de una puerta de metal cerrándose, lo que le dio a entender que Molly había ido al baño. Finalmente, Molly volvió a hablar.

—Sherlock, ¿qué sucede? — preguntó preocupada

–Molly, necesito ayuda—

Un silencio de largos segundos se hizo presente al otro lado de la línea.

— ¿Qué necesitas? — dijo finalmente

Explicarle a Molly todos los detalles de lo que había pasado había sido necesario, incluyendo su escape de la policía y su obligatorio viaje a Sussex. Si ella sería su contacto, debía saber todo, no podía enterarse de algo de sorpresa, debía estar preparada.

—Dios, Sherlock… bueno… — Molly sonaba nerviosa —Intentaré… intentaré no meter la pata—

—Eres lista, Molly, si no lo fueras, no te estaría llamando ¿no lo crees? —

La pequeña y tímida risa de Molly se escuchó, a Sherlock le dio gracia imaginarla sonrojada.

—Esta noche deja tu ventana abierta— continuó él —Iré a verte. Tu clase termina a las ocho hoy, supongo que podrás estar en casa a las nueve… con treinta—

Molly volvió reír —Exacto—

—Bien, entonces te veo más tarde. Gracias, Molly—

—De acuerdo, Sherlock y… ten cuidado, ¿sí? —

—De acuerdo… Molly, ¿quién es Tom? —

—No es nadie, no conozco a ningún Tom, solo se me ocurrió— respondió entre risas

Sherlock también rió divertido —Esa es mi chica— sonrió —Nos vemos, Molly. Adiós—

—Adiós, Sherlock—

Luego de la llamada, Sherlock llamó a Mycroft y le comunicó todo el plan, además, pudo coordinar con él todo lo que se necesitaba para poder atrapar a Jim en Sussex. Porque sí, planeaba atrapar a Moriarty en Sussex, así que debía encontrar la forma de hacer que se encuentren allá.

Fue una llamada de poco más de hora y media, con ese teléfono y, por supuesto, el teléfono de Mycroft en las mismas condiciones, los hermanos podían hablar con libertad.

Sherlock no salió de aquella casa abandonada hasta la noche, solo para dirigirse directo a la casa de Molly. Casi todo el día se adentró en su palacio mental buscando más detalles dentro de sus recuerdos con Moriarty, repasó lo planeado con Mycroft y las probabilidades de que funcionaran. Luego simplemente esperó, pensando a John en todo momento, lo extrañaba tanto, extrañaba su cuerpo y lo cálido que hacía sentir su pecho.

Le dolía tanto no poder hablarle, no poder comunicarse con él, ¿qué estará pensando de su ausencia?... imaginó su rostro de decepción al ver que él nunca llegaría a la cafetería ese día. De seguro que tendría muchos mensajes de él en el celular, Dios, se sentía tan tentado de llamarlo, ansiaba tanto poder escuchar su voz. Pero no lo hizo, soportó, era por el bien de John, cuando se encuentren y le explique todo lo sucedido, él entendería, eso lo sabía muy bien.

Por seguridad, el taxi lo dejó a pocas cuadras de la casa de Molly, caminó a paso rápido hasta llegar y rodeó la casa. No sin antes asegurarse de que ningún policía estuviera vigilando a su amiga. La habitación de Molly estaba en el primer piso con la ventana dando al pequeño jardín que rodeaba la casa. Eran casi las once de la noche, solo para asegurar de que Molly estuviera ahí.

Una tenue luz estaba encendida, ella aún estaba despierta. Se subió al bajo muro del jardín y saltó y en un par de pasos llegó a la ventana para abrirla.

—Sherlock— dijo ella al voltear por el sonido de la ventana deslizándose

El rizado entró recibiendo el fuerte abrazo de la chica, él correspondió.

—Ven, siéntate en la cama—

Molly se acercó a su escritorio y Sherlock notó un vaso de leche y dos pastelillos.

—Molly, no como cuando estoy trabajando—

—No me creas estúpida, Sherlock Holmes, ¿crees que te dejaré por ahí sabiendo que no has comido? — Le entregó el plato

—Pero… —

—Cállate y come—

No pudo negarse, Molly era testaruda cuando se lo proponía. No sentía hambre, pero no pudo negar que disfrutó del sabor al probar el primer pastelillo.

—Ahora dime, ¿qué es lo que debo hacer? — ella le arregló los desordenados rizos

—De ti dependerá que… — tenía la boca llena, así que tragó antes de seguir —De ti dependerá que sepa los pasos de la policía aquí en Londres, pero no quiero que te acerques a ellos, solo lo que puedas averiguar, porque de seguro volverán a interrogar a algunos estudiantes de la universidad. Es muy probable que también lo hagan contigo—

—De acuerdo— respondió

Sherlock le dio otra mordida al pastelillo y bebió un poco. Molly sonrió al verlo comer con hambre.

—También quiero que seas mi intermediaria con mi hermano—

—Oh, Mycroft, el que una vez fue a recogerte en un auto negro ¿verdad? —

—El gordo, exacto—

Molly rió divertida.

—Aunque es poco probable que suceda, lo de Sussex no durará tanto, solo te lo digo para que estés preparada por si el gobierno británico se contacta contigo—

— ¿El gobierno británico? —

—Mi hermano tiene una posición en gobierno, una bastante importante, así que sí, es prácticamente el gobierno británico—

—Wow… —

Su estadía en la habitación de Molly duró casi una hora, se despidió de ella con agradecimiento y un beso en la frente. Luego salió de ahí siguiendo el plan que había hecho en la tarde, le daría una llamada a Moriarty. A esa hora era seguro que estuviera en el bar de Irene y como la policía sabía que incluso tocaba con frecuentaba en ese lugar, no era seguro ir.

Luego de caminar por buen rato, siempre con cautela y muy atento, entró a una cabina telefónica y llamó. No podía hacerlo con su celular y el teléfono de Mycroft solo lo usaría para llamar a personas de confianza.

— ¿Aló? —

La voz de Moriarty sonaba junto con la música que tocaban en el bar.

— ¿Implicarme en tu negocio es tu venganza por no unirme a ti? —

Nada más que la música se escuchó por unos largos segundos hasta que la risa de Jim se escuchó.

— ¡Sherlock! ¿Cómo está mi prófugo favorito? ¿dónde estás, amor? Puedes dormir en mi departamento esta noche—

—Supongo que planeas acorralarme y… —

—Y hacerte el amor— interrumpió Moriarty, al parecer se había alejado de donde estaba, ya que la música ahora sonaba alejada

—Acorralarme y así aceptar tus condiciones, que es ingresar a tu estúpido negocio—

Sherlock mentía, sabía que había algo más detrás de todo eso, aún no lograba deducir qué era exactamente, pero lo haría pronto, estaba seguro de eso.

—Oh, creí que hablabas de mi propuesta— Moriarty rió divertido —Mierda, Sherlock, en serio te hacen falta drogas, esa cabecita tuya está algo lenta—

—Supongo que deducir la ubicación de tu laboratorio en Sussex es algo lento también—

—Umm, sí. Ya te lo había dicho antes, así que era sencillo para deducir. Vamos, Sherlock, veámonos en mi departamento, tengo unas jodidas ganas de follarte que ya hasta se me está poniendo dura de solo hablar contigo— Jim rió divertido

—Supongo que tendrás otro laboratorio en la ciudad, tal vez tu departamento–

—Podrías ir tú mismo para averiguarlo, mi amor—

—Te destruiré, Moriarty y será sencillo hacerlo— Sherlock no necesitaba tener un tono especial para sonar amenazador, su sola voz era suficiente

—Lo dudo, mi amor. Quien resultará destruido serás tú. Sabrás quiénes son tus verdaderos amigos y quien es el que en realidad te ama—

John vino a su mente en ese momento… ¿acaso Jim estaba haciendo referencia John?

El silencio que guardó por unos segundos dio a entender a Jim que en efecto pensaba en el rubio, algo que hizo reír al mismo Moriarty.

—Lo entendiste, ¿cierto? — volvió a reír — ¿John Watson se creerá todo lo que has hecho con mi droga? ¿Te amará lo suficiente como para confiar en ti? —

Sherlock sonrió divertido, Jim sí que estaba celoso, tanto que pudo planear algo tan ridículo como eso. John no creería ninguna mierda que pudiera salir, John no podría hacerlo, no era estúpido.

— ¿Crees que John creerá todas las mierdas en las que me implicaste? —

—Con las pruebas necesarias, yo creo que sí—

—No será un problema desmentirlas— se burló con una pequeña risa

—Ya lo veremos, mi amor, terminarás llorando. Es la única forma en la que entenderás que estar conmigo es lo mejor que puedes hacer. Joder, Sherlock, nos divertiríamos todo el tiempo, follaríamos como unos malditos conejos en celo y tendríamos todo lo que deseáramos—

— ¿Te dolió saber que le di el culo a otra persona y no a ti? —

Sherlock quería herir a Jim con esa pregunta, pues sabía que se resentiría lo suficiente como para querer encararle frente a frente en Sussex.

Luego de unos segundos en silencio, Jim emitió una risa, tal vez fingida, pero Jim no sonó dolido —No voy a contestar eso, Sherlock, solo esperaré a que todo suceda—

—Te escuchas tan seguro, Moriarty, será un placer verte caer—

—Placer, Sherlock, es lo que podría darte esta noche, o en todo caso, cuando seas un mar de lágrimas y yo tenga que conciliarte con buen sexo—

—Muy bien entonces, veamos quién será el que caerá—

—Irás a Sussex, ¿verdad? Averiguarás mi laboratorio, mi plantación de hermosas flores ¿y luego qué harás? ¿le darás datos a la policía de manera anónima? — esas palabras hicieron sonreír a Sherlock, eso era justo lo que quería escuchar —Te conozco tan bien que me eres jodidamente predecible, Sherlock—

—Me sorprendería si tu deducción fuera correcta—

—No lo niegues, es lo que harás, lo sé… tal vez te daría una visita, estarás hecho mierda para ese día y yo tendré que ayudarte a recuperarte—

—Entonces te veré cuando estés acabado, Moriarty—

—Espera, amor, lo de mi departamento era en serio, quier-… —

Sherlock colgó, no necesitaba escuchar más, ya había conseguido lo que quería. Ahora solo debía esperar hasta mañana para tomar el avión privado que Mycroft mandaría por él, pero eso sería de madrugada, así que tenía todo un día de espera, puesto que en la noche planeaba ir a ver a John antes de tomar el avión.

Sherlock volvió a la casa abandonada para pasar la noche, no había más que hacer, estar en la calle era peligroso teniendo a la policía encima de él. La habitación en la que había estado todo el día ahora se encontraba ocupada por un hombre totalmente inconsciente, gracias a la droga que se había inyectado. Sherlock se sintió tentado, pero su promesa pesaba más, John era quien lo mantenía bien.

Para su fortuna, pudo conseguir un viejo colchón en una pequeña habitación que daba a lo que sería un descuidado jardín. La arrastró al lado de la ventana y se echó encima sin importar lo sucio que se encontrara. John estuvo en sus pensamientos todo el tiempo y los recuerdos de sus encuentros íntimos con él lo asaltaron causándole una erección. Sherlock nunca se tocaba, pero su cuerpo ya se había acostumbrado tanto a disfrutar de John por noches seguidas que simplemente tuvo que dejarse llevar para encargarse de su problema personalmente. Terminó susurrando el nombre de su novio entre jadeos.

Al día siguiente, en la mañana, se atrevió a encender el teléfono, solo por un por si acaso, para asegurarse de no perderse de nada. Lo haría rápido, pero encontrar los mensajes que le había mandado John le partieron el corazón, especialmente la última. Tuvo que obligarse a no contestar y seguir rápidamente con lo que debía hacer, revisó su red social rápidamente, su chat siempre estaba desconectado, no había problema. Nada parecía fuera de lo normal.

Luego a las demás redes, tampoco nada, lo hacía todo muy rápido, lo más que podía. Al último entró en Whatsapp, aunque él había bloqueado la opción de mostrar su última hora de conexión, no quería mostrarse en línea por mucho tiempo. Tenía varios mensajes de sus contactos, ninguno de importancia, entonces, cuando estuvo a punto de cerrar la aplicación, un mensaje de John llegó y su corazón se detuvo al instante.

Podía ver parte de los mensajes, pero no quería entrar en el chat, no podía aún, que lo descubriera conectado había sido un error; sin embargo, cuando decía "escribiendo", su mano se negaba a cerrar la aplicación. "Qué rayos es lo que te pasa?", ese mensaje lo hizo sentirse mal, así que tuvo que obligarse a apagar el teléfono, porque sentía que en cualquier momento estaba por ceder a contestarle.

Tiró el celular al colchón una vez que se apagó, tenía que hablar con él esa noche sí o sí. Era arriesgado, pero tenía que hacerlo, o mejor dicho, necesitaba hacerlo.

Sherlock había podido comprar una cajetilla de cigarrillos a uno de los drogadictos que habían pasado la noche en la casa, este le había reconocido a pesar del tiempo en el que el rizado había dejado de ir. "Debo decir que me decepciona que hayas vuelto" le había dicho el viejo de piel oscura, "mereces más que estar en esta mierda, Sherlock. Tú eres brillante", Sherlock simplemente había sonreído para luego ofrecerle un dólar extra de lo que costaría la cajetilla.

El reloj marcaba las cuatro de la tarde y aquellos cigarrillos habían sido consumidos lo más lento posible, sin poder hacer mucho en aquel lugar más que esperar, el rizado había hecho lo posible para que su consumo no sea exageradamente rápido.

Cuando las cinco y media se marcó, Sherlock llamó a Molly sabiendo que había una hora libre hasta la próxima clase, podía deducir que, para entonces, Lestrade y su equipo, ya habían dado una visita a su centro de estudios para hacer preguntas a los estudiantes que compartían clases con él.

—Estoy sola— contestó Molly

— ¿Ya te interrogaron? —

—Oh, ¿cómo lo supis…? De acuerdo— pudo imaginar a Molly rodando los ojos al responder eso —Lo hicieron y… Sherlock, siento que algo anda mal—

—Todo saldrá bien, sé los pasos que dará Moriarty—

—Tienen un video, Sherlock, uno en la que hablas con Jim dentro de la universidad—

El recuerdo de aquella última vez que había hablado frente a frente con Jim vino a su mente en seguida… ahora entendía que aquella visita había sido planeada para eso.

— ¿Te mostraron otras pruebas? —

—No, solo eso, para saber si yo alguna vez hablé con Moriarty—

—De acuerdo, todo está como se supone—

—Y me preguntaron por John—

Sherlock guardó silencio por unos segundos — ¿Qué dijeron? —

—Si había visto a John ofreciendo drogas o algo, o contigo en algo extraño. ¿Tú crees que él esté seguro, Sherlock? ¿quieres que hable con él? —

—No, hablaré con John esta noche antes de volar a Sussex—

— ¿Entonces ya hablaste con Moriarty? —

—Todo ya está listo. Gracias, Molly—

—Sherlock, espera… por favor, cuídate mucho—

El rizado sonrió —Lo haré. Adiós, Molly—

Por la mente de Sherlock pasó el qué sería de él si Molly Hooper no hubiera coincidido con él en la misma universidad. Ser su novio había sido algo insufrible, pero ser su amigo merecía la pena, especialmente cuando podía confiarle algo tan importante como su propia libertad. Molly se había ganado una parte importante de su estrecho corazón.

Entonces las horas pasaron, Sherlock podría estar aburrido, pero esta vez no, solo estaba concentrado, en silencio, mirando un punto fijo en la pared. Solo debía esperar pacientemente y tendría a Moriarty en cuestión de horas, así limpiaría su imagen y, de paso, le daba una patada en el culo a todo Scotland Yard por la increíble y estúpida ineficiencia de sus miembros.

Solo para asegurarse, Sherlock esperó a que se cumpliera las doce para recién salir e ir a la casa de John, su vuelo estaba programado para las tres de la madrugada, un auto de Mycroft lo recogería en un punto de la ciudad previamente acordada, así que tenía un par de horas para encontrarse con su novio, explicarle todo lo sucedido y, si había tiempo, no desperdiciaría la oportunidad de hacerle el amor antes de irse.

Dos días había sido demasiado, lo extrañaba a pesar de que mantenía su mente ocupada en el caso, mantenerse alejado de John de manera obligatoria había dejado una ausencia palpable incluso en su mente, era imposible de ignorar para él. John Watson siempre lo mantenía bien, lo mantenía correcto. Sonrió al imaginarse el rostro de su novio cuando lo vea esa noche, anhelaba tanto volver a verlo.

Fue la llamada de Mycroft lo que lo sacó de sus pensamientos.

—Querido hermano, solo llamo a confirmar… —

—Lo sé, Mycroft, estaré a la hora acordada— interrumpió

—Sigues en aquel escondite tuyo, supongo—

Sherlock se demoró un par de segundos en contestar, sabía que ir a ver a John era una pésima idea y que su hermano no estaría de acuerdo con eso, pero sería mentir que sentía que explotaría si no veía a John esa noche antes de irse.

—Hablaré con John, estoy en camino—

— …Por la reina, Sherlock, ¡¿has perdido la cabeza?! — Mycroft definitivamente no lo tomó de buena manera

—No será por mucho tiempo, solo quiero hablar con él y me iré—

—John Watson es la persona que más vigilancia tendría en esa investigación, si la policía te captura, ¡todo el plan quedará descartado! —

—Necesito verlo, debo hacerlo—

— ¡Estás pensando con las hormonas, Sherlock Holmes! ¡Estás arriesgando la captura de un criminal peligroso solo por un simple muchacho! —

—No, Mycroft, no es cualquier persona, John… —

—Nada te asegura que él estará de tu lado, hermano— interrumpió —involucrarse puede cegarte, Sherlock—

La advertencia de su hermano solo causó una burlona risa en el rizado.

—Confío en él con mi vida, John jamás creería todas las mierdas de Moriarty—

—Estás colocando demasiada confianza en una persona que apenas conoces—

—Conozco lo suficiente de él como para hacerlo, Mycroft. Tú no tienes idea de lo que es amar a alguien, de lo que es confiarle tu vida a una persona que te ama. Hasta que no lo hagas, no te atrevas a advertírmelo—

Un silencio de largos segundos seguido de un suspiro se escuchó al otro lado de la línea.

—O tal vez ya lo sepas— continuó Sherlock, nuevamente obtuvo silencio como respuesta —No creas que no noté la extraña confianza que tienes con Gavin Lestrade, aunque hablar de amor contigo es totalmente surreal, hermano— Sherlock no pudo evitar burlarse

—Su nombre es Greg Lestrade y considero que llevamos una cómoda relación de… —

— ¡Aburrido!, no me interesa y me enferma. Estaré en el punto a la hora indicada y, por favor, no me vuelvas a llamar, es probable que esté teniendo sexo con John—

Dicho esto, Sherlock simplemente colgó la llamada y guardó el celular, nada en el mundo lo obligaría a escuchar la aburrida y exasperante explicación de su hermano.

Casi cuarenta minutos después, Sherlock bajaba del taxi a un par de cuadras de la casa de John, se cubrió la cabeza con la caperuza y empezó a caminar con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta, sentía mucho frío, pero esa emoción que sentía en el pecho por volver a ver a John le ayudaba a dominarlo.

Observaba las calles con atención, no había nadie, no había patrulla, al parecer no habían decidido vigilar al rubio a pesar de ser el novio del sospechoso número uno. Divisó la casa de John frente al suyo y no pudo evitar sentir esa sensación de emoción en su estómago, después de dos días sin si quiera escuchar su voz, lo primero que haría sería darle un beso tan apasionado que recuperaría los días perdidos, de eso estaba seguro.