POV. Anastasia Steele.
De acuerdo, esa situación fue muy bochornosa y divertida. Bochornosa porque Christian vio mi ropa interior, ¡mi ropa interior!, y el muy tonto solamente se reía de mí. Idiota.
Y divertida, porque ver la cara de mis padres era para hacerse pis encima, joder, estaba a punto de explotar de la risa. Y quiero seguir riendo de solo imaginarme a mí explotando. Creo que estoy loca.
Engañar a mis padres es muy fácil, siempre ha sido fácil, y yo soy una mentirosa, espero no irme al infierno por mentir.
Ese beso con Christian fue tan caliente que si seguíamos iba a dejar de ser virgen, fue mucho mejor que el anterior aunque ese también me gustó ya que fue muy tierno y suave. Pero este último fue tan salvaje, furioso y excitante.
—¿Nos vamos? —me pregunta Christian cuando termina de poner mis maletas en el coche.
—Claro —respondo y sonrío.
Me sorprendió mucho que mis padres me dejaran ir tan fácilmente, tal vez la táctica del sexo funcionó, ¡bien!
Fue muy divertido ver la cara de mi mamá cuando vio a Christian, prácticamente babeó por él, lo sé, es muy guapo. Ella le lanzo una mirada de «Por Dios, es mucho más guapo en persona», creo que hasta me envidió. Yo estaba a punto de gritarle «Él me bailó a mí y a ti no», pero sé que eso sería muy infantil.
—Vamos a despedirnos de tus padres entonces —dice Christian caminando hacia la casa.
Sé que él todavía está preocupado por su padre, y también sé que está intentado no pensar en ello, por eso creí que mudarme para su apartamento hoy mismo era buena idea.
Así él se distraía de todo lo que la ha pasado. Debe de tener muchas cosas en su cabeza. Necesita relajarse, y creo que si lo llevo a un spa no ayudará nada. Por supuesto que no.
Cuando entramos a la casa mis padres se encuentran sentados en el sofá con la mirada perdida. Ya decía yo que había sido muy fácil.
Sé que les haré falta pero algún día tenía que irme, no podía durar toda mi vida aquí con ellos.
Ellos se percatan de nuestra presencia y levantan la vista.
Los ojos de mi padre se ven tristes, y me duele en el alma verlo así.
—Nos vamos —susurro.
Mi madre se levanta de su asiento y camina hacia mí y me da un gran abrazo de oso.
—Te extrañaré, mi niña —dice entrecortadamente.
—Mamá no me iré para siempre, yo los vendré a visitar —musito tratando de no soltar una lágrima.
—Lo sé, pero ahora todo será diferente, espero que seas feliz con tu decisión.
—Necesito mi espacio, aunque ahora invadiré el de Christian. —Ríe por mi comentario—. Pero, créeme que nunca estaré más segura de mi decisión, esto es lo que necesito. Lo que necesitan ustedes.
Mi padre se levanta del sofá y también me da un abrazo.
—Siempre serás la niña de mis ojos —susurra.
De acuerdo, creo que están exagerando.
¡Por Dios! No me voy a morir.
Pero que más, lo mejor ahora es seguirles la corriente.
—También te extrañaré papá —susurro.
Si siguen así me harán llorar. Soy tan sentimental.
Christian mete sus manos en los bolsillos de sus vaqueros y se ve incómodo. ¿Quién no lo estaría?
—Si le pasa algo a mi hija por tu culpa, tenlo por seguro que te cortaré las bolas —amenaza mi padre a Christian.
—¡Ray! —le riñe mi madre.
—Bueno, nosotros nos vamos.
Le doy un beso en la mejilla a cada uno y Christian se despide para luego salir de la casa.
Doy un largo suspiro y me subo al coche. Sé que Luke me seguirá a cualquier lugar así que estoy segura.
Pensándolo bien, ¿dónde se quedará él mientras yo esté en el apartamento de Christian?
Espero que mi padre haya hecho algo al respecto.
En el camino Christian solo se concentró en conducir, nadie dijo nada, estábamos sumidos en un cómodo silencio.
A los minutos llegamos al apartamento de Christian, veo a Sawyer bajar del coche y caminar hacia nosotros.
—Les ayudaré a subir las maletas —murmura encogiéndose de hombros.
Claro.
En realidad son cinco maletas las que me traje, creo que son pocas pero con eso sobreviviré, tal vez compre ropa más adelante.
Luke toma dos maletas, Christian toma dos maletas y yo tomo sólo una. O sea, soy yo.
Los tres subimos al ascensor que está completamente solo, y al par de minutos estamos en el último piso, nuestro destino.
—Mmm, ¿dónde me quedaré yo? —le pregunto a Christian.
—Conmigo —responde con el ceño fruncido.
Ruedo los ojos.
—¿Qué en que parte de tu gran ático me voy a quedar? —digo haciendo un ademán por todo el lugar.
—Ahh, en la parte de arriba hay más habitaciones. Sígueme —musita mientras camina por un pasillo que da hacia las escaleras.
Subimos las escaleras y llegamos al segundo piso, vamos por otro pasillo que tiene cuatro puertas más, deben de ser habitaciones.
Christian camina hacia la puerta que está al final y la abre mostrándome una gran habitación color crema, es muy grande.
¿Por qué tiene un hogar tan grande si vive solo?
«¡Ese no es tu problema, Anastasia!», creo que mi vocecita interior tiene razón, no es mi problema.
—Esta sería tu habitación, o también puedes escoger otra de allá —dice señalando al pasillo.
—No, está bien, esta me gusta mucho —digo mientras sigo admirando la habitación.
Tiene una increíble vista a Seattle, desde aquí las personas parecen diminutas hormigas.
—Aquí está el vestidor —dice señalando hacia una puerta que está al lado derecho del gran televisor pantalla plana que está ahí. ¿Gana tanto dinero como stripper? ¡Y solo trabaja en las noches!—. Y ahí está el baño —dice señalando una puerta al lado de la cama matrimonial.
—Wow... —murmuro. La verdad es que no sé qué decirle. Pero tengo que pagar por el alojo o algo, o si no me sentiré... incómoda—. Te ayudaré a pagar los servicios.
—¡No! Ni hablar. Yo puedo con eso —dice Christian molesto.
—Tal vez puedas con eso, pero yo también tengo que aportar algo —espeto cruzándome de brazos.
—Ya te dije que no, Anastasia. Yo los pagaré, tú quédate tranquila.
¡Vaya! ¡Me dijo Anastasia! Eso quiere decir que está muy molesto. O por lo menos es lo que he aprendido de mis padres.
No sé en qué momento Luke salió de la habitación, creo que solo dejo las maletas y se fue. ¡Bien!
—Y yo te dije que te iba a ayudar a pagar los servicios. También puedo permitírmelo —digo enojada.
Me sentiré un parásito si no hago nada aquí, y eso es lo que menos quiero.
—¡Maldita sea! Yo también puedo permitírmelo, no necesito tu dinero para pagar —exclama Christian exasperado.
Observo como pasa las manos por su sedoso cabello y camina de un lado a otro en la habitación.
Está muy enojado. ¡Bien! Yo también lo estoy.
—O pago la mitad de los servicios o me voy —lo desafío levantando la cabeza.
Creo que parecemos dos niños peleando por algo estúpido.
—Está bien. —Suspira resignado—. Iré a preparar algo de comida mientras que tú te acomodas aquí. —Doy un leve asentimiento y él sale de la habitación.
¡Vaya! Ni siquiera he terminado de desempacar y ya tuvimos nuestra primera discusión. ¡Genial!
Ya llevo una semana viviendo con Christian, y... ¡Ha sido genial!, nunca me había divertido tanto como lo he hecho esta semana. No hemos discutido más desde aquella vez, bueno, en realidad también discutimos cuando yo fui al supermercado a comprar comida pero fue algo estúpido, lo arreglamos a los minutos, no podemos estar mucho tiempo enojados porque es imposible, aunque debo admitir que me gusta mucho ver a Christian enojado es... excitante, ver como se le marca la vena de su cuello al gritar... ¡Ay Dios! Mejor detengo mis pensamientos pervertidos, todo esto es culpa de Kate y su mente pervertida.
Christian empezó a trabajar el lunes, pero solo va en las noches, cuando yo duermo. La verdad es que espero poder hablar con María pronto para meter a Christian en el mundo del modelaje, ese es su sueño y si está en mis manos poder ayudarlo lo haré. Además, podemos modelar juntos.
Mi supuesta boda es mañana, espero que Aaron pase las peores de las humillaciones, nunca le he deseado mal a nadie, excepto a él, por mí que se tire por un barranco. Y lo mejor del día de mañana es que... ¡Christian me volverá a bailar!
Anhelo tanto el día de mañana, las horas se pasan demasiado lento para mi alegría. Cualquier chica estaría contenta porque mañana se casaría... Menos yo. Gracias a Dios que me di cuenta del patán de hombre que tenía a mi lado
Cierro el grifo de la ducha y salgo de ella. Me enrollo mi cuerpo con una toalla y salgo del baño. Busco que ropa ponerme y la coloco encima de mi cama.
Me quito la toalla y me pongo unas bragas blancas de encaje. En ese momento suena mi teléfono que está en la mesita de noche y veo que es Kate así que lo tomo.
—¡Hola, Ana! —grita Kate al otro lado de la línea.
—¿Es necesario gritar? —pregunto rodando los ojos.
—Yo estoy muy bien, gracias —dice ella sarcástica.
—Ay, Kate, tú siempre molestando.
—Tú sabes, Anita.
—¡Que no me digas así, bruja! —gruño.
—Está bien, Ana, lo siento —dice tratando de sonar arrepentida. Pero yo sé que no lo está ni en lo más mínimo—. En fin, ¿qué harás mañana? ¿Tenemos una salida de chicas?
—No, tú mañana vas a ir a mi boda —digo decidida.
No quiero que ella me acompañe con Christian, no es que sea mala amiga, pero sé que algunas veces Kate puede ser un grano en el trasero.
—¡¿Cómo?! ¡¿Estás loca?! ¡¿Para qué voy a querer ir yo allá?! —grita como una maniática.
—Relaja la pelvis, Kate. Quiero que grabes la cara de Aaron mañana, daría lo que fuera por verla —digo suspirando.
—Pero, le puedes decir a algunos de los guardaespaldas que lo graben, yo que sé.
—De todos modos no podré salir contigo —digo rodando los ojos.
—¿Por qué...? —Ahora parece que captara el mensaje porque pega un grito de aquí al cielo—. ¡Ah! ¡Saldrás con Christian! ¡¿Verdad?!
Alejo un poco el teléfono de mi oído, cuando ya no oigo ningún grito lo vuelvo a acercar.
—Sí, saldré con él.
—¿Adónde irán?
Como siempre de inquisidora.
—Al club —susurro.
—¡Al club! —grita—. Yo quiero ir con ustedes, te prometo que cuando lleguemos desapareceré de su vista —suplica.
Suspiro pesadamente porque sé que será imposible llevarle la contraria.
—Está bien.
—Gracias, Ana, te quiero mucho.
—Yo también, mañana te mando un mensaje con la hora y la dirección del apartamento de Christian.
—Está bien, nos vemos —dice y cuelga.
Coloco mi teléfono en la mesita y en ese instante se abre la puerta de mi habitación dándole paso a Christian quien se queda boquiabierto al verme.
¡Claro! ¡Estoy desnuda! Bueno, solo tengo unas bragas puestas.
¡Dios, ¿por qué me odias tanto?!
—Yo... Eh... Mmm... Nos vemos ahorita —balbucea pero no se va de mi habitación. Está como una estatua examinándome con su mirada y de alguna manera me hace sentir... excitada.
Lo recorro con mi mirada, lleva una camisa y unos vaqueros que ahora se le ven demasiado ajustados debido al bulto de ahí abajo.
¡Y es por mi culpa!
