IMPORTANTE!

NO poseo los derechos de autor, simplemente me divierto. Los personajes pertenecen a S. Mayer y la historia es de Federico Moccia.

Espero lo disfruten!


Capitulo 22

A Jacob, de repente, le cambia el humor, está lleno de entusiasmo.

—Pues ¿sabes lo que vamos a hacer? ¡Voy a darme una ducha y salimos! ¿Te apetece?

Bella está de acuerdo.

—Muy bien.

—Vamos a comer algo aquí cerca, como cuando íbamos a la universidad. Tenemos que celebrar tu regreso.

Jacob desaparece en el dormitorio. Bella va a la cocina y coge una cerveza que ha visto en la nevera durante su registro anterior. Menos mal, ha seguido comprando Isaac Baladin. La destapa y va al salón. Abre la puerta y sale a la terraza. Coge una tumbona de debajo del techado y se sienta al lado de la baranda. Apoya la suela de los zapatos encima, como un chicarrón, mientras la falda se desliza y toca el suelo, tapando las braguitas pero dejando las piernas al descubierto. A continuación, apoya la cabeza en el respaldo y empieza a tomarse la cerveza mientras contempla los tejados de las casas. En una azotea no muy lejos, una mujer está recogiendo la colada. Saca las pinzas una a una y se las guarda en los bolsillos del delantal; seguidamente coge una sábana, la dobla y la deja con mucho cuidado en un barreño, lo levanta hasta el hombro con una increíble fuerza y, sujetándolo con un brazo, abre la puerta y desaparece por la azotea comunitaria. Bella mira a su alrededor. Bandadas de pájaros revolotean en lo alto del cielo, ensayando algún dibujo más o menos concreto, en el horizonte, campanarios besados por la puesta de sol yacen inmóviles entre terraza sin conexas y pequeñas torres. El azul del cielo se ha vuelto rosado y se engarza en cada espacio que queda libre, mientras de vez en cuando alguna gaviota pasa volando solitaria hacia algún destino que sólo ella conoce. «Qué bonita es Roma, me alegro de haber vuelto.»

—Aquí me tienes, ya estoy listo.

Jacob aparece en el umbral de la terraza. Bella se toma deprisa el último sorbo de cerveza y se levanta. Él lleva una camisa azul vivo, un pantalón gris, los Tod's de color azul oscuro y un suéter de algodón de cuello redondo y punto grueso de estilo marinero.

—También te he cogido una para ti, a lo mejor después hace frío —y le muestra la chaqueta abrochada por delante de color anaranjado claro—. ¿Te parece bien? —pregunta titubeando.

—Perfecto, siempre me ha gustado mucho, me la regalaste tú —dice ella entrando en casa.

—Sí, me acuerdo.

Bella decide ponerlo a prueba.

—¿En qué ocasión me la regalaste?

Jacob sonríe, la hace salir, cierra la puerta dando tres vueltas a la llave y llama el ascensor.

—Semana Santa de 2010. Junto con los huevos de chocolate negro de Venchi.

Bella simula ponerse a la defensiva.

—¡Tú no eres Jacob! ¡Quítate enseguida la máscara!

—Pero ¿qué dices?

—Jacob nunca recuerda nada de nada y tú te acuerdas incluso de que los huevos eran de chocolate negro de Venchi. Venga ya..., ni siquiera yo me acordaba...

—Sí, pero resulta que ese día fue una fecha memorable.

—¿Ah, sí?

—Abriste el regalo y te gustó, decidiste no cambiarlo. Es por eso por lo que me acuerdo de todo. Esta chaqueta de color naranja marcó un antes y un después en nuestra vida.

Bella se echa a reír.

—Qué exagerado.

—Es cierto; mira, ese día me quedé tan sorprendido que no podía creer que después de probártela decidieras dejártela puesta, no pude comerme ni un huevo, ¿te acuerdas?

—No. ¿Y por qué?

—¡Hice una especie de promesa!

—Venga ya...

Bella le da un suave empujón.

—Me tomas el pelo.

—Te lo juro.

—No jures.

—¡Te lo juro por ti!

—No lo jures por mí...

Siguen caminando y riendo despreocupados, como si se conocieran desde hiciera pocos días, cuando todo es fácil, cuando te gusta una persona, no la conoces lo suficiente y todo te parece bien. El momento sencillo del amor, el más sencillo. Después es cuando se vuelve difícil, cuando ya le conoces, cuando descubres aspectos del carácter del otro que hasta ese momento no habías visto o, peor aún, que te había escondido deliberadamente. ¿Y ahora? ¿Podría ser este momento un escenario más del amor? Reencontrarse después de haberse perdido, conocerse desde hace años y saberlo todo de la otra persona, sus gestos, sus expresiones, sus pensamientos, su manera de bromear o de encarar un problema. Sentirse seguro. Las pequeñas costumbres, la casa que ha sido testigo de nuestra felicidad, compartir el tiempo libre sin demasiadas complicaciones, sin esfuerzo. Jacob le señala algo, también le cuenta que un señor, justo en esa calle, hace unas semanas se paró en medio de la calzada con su Vespa para recoger un enorme clavo que había en el suelo y podía pinchar alguna rueda. Pero todo el mundo empezó a tocar el claxon contra él y al final él se enfadó con razón, volvió a dejar el clavo justo donde estaba y se marchó. Jacob se ríe y sacude la cabeza. Bella lo mira. Siguen caminando. «Pero ¿es esto la felicidad? ¿Está realmente aquí mi corazón?»


Gracias por leer.

Besos!