25.
La gira se nos hizo eterna.
Fueron casi cinco meses llenos de shows, y casi cuatro meses en los que nos la pasamos recorriendo China y Rusia. Corea del Sur nos recibió de forma muy cálida en medio del auge de su perfectamente diseñada y estudiada música, era hipnótico por momentos ver la explosión de su cultura.
Takato fue sancionado por la discográfica y ya no organizó ninguna reunión a nuestras espaldas, sAupimos que no era la primera vez que eso le ocurría. Había sido expulsado de una banda anterior por situaciones similares, y aparentemente nosotros éramos su segunda oportunidad para redimirse. A partir del hecho ocurrido simplemente solía acompañar a Akira y Hayato a algún lugar para conocer chicas y vigilaba que nada se saliera de control.
Ellos comenzaron a entender de otra forma las implicancias y la responsabilidad, la banda ya se había transformado en un trabajo que exigía lo mejor de cada uno. En las largas horas que pasábamos en el hotel o recorriendo autopistas y viejas rutas, comenzaban a nacer nuevas canciones. Al menos esos paisajes, sumados al inevitable intercambio cultural nos daban otras perspectivas e ideas sobre las cuales desarrollar las temáticas, en el medio del viaje pasé un solitario cumpleaños, acompañado de todos ellos pero deseando con todas mis fuerzas estar en casa con mi familia, amigos y Sora.
Diablos, qué difícil se me hacía aquello cuando estábamos en el medio de la nada sin señal, en el grupo a veces se generaban roces típicos del desgaste por la convivencia. A veces me quedaba en un rincón solo, con las auriculares actuando a modo de barrera con el mundo exterior para sentir que tenía tiempo para mí, pero algunas veces no funcionaba y redactaba mensajes para Sora o Taichi que se enviarían una vez que mi celular se conectara a una red.
Lo único bueno era la forma en la que nuestros ingresos crecían. Comencé a plantearme seriamente qué hacer cuando volviera a casa. Sabía que lo más adecuado sería enfocarnos en el nuevo album, porque la discográfica nos lo exigía en el contrato, y estábamos comprometidos con esa empresa hasta lograr editar tres discos con ellos antes de volver a evaluar la continuidad del contrato, lo que llevaría algunos años. Intentaba seriamente no desanimarme ante esa idea. Las ganancias que teníamos se debían exclusivamente a las giras, los derechos de autor eran una parte menor de los ingresos y la discográfica era dueña de nuestra música en línea.
De acuerdo, se me ocurría tomarme unas pequeñas vacaciones cuando llegara. No sabía si aquello era realista pero ya podría pensar en algo. Sería una buena idea arrastrar a mi padre fuera de la ciudad unos días, como un gesto de agradecimiento por todo el incondicional apoyo que había recibido de aquel. Sí, eso haría.
Y recuperaría todo el tiempo perdido con Sora y los demás.
Cuando pensaba en eso toda la nebulosa mental se disipaba y podía volver a enfocarme en nuevas canciones o integrarme a la actividad en la que estuviera el resto de la banda.
Y finalmente, entre diversos problemas técnicos en algún show, fans alocadas y manos doloridas de tanto escribir dedicatorias, nuestra primer gira asiática llegó a su fin.
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Llegamos cerca de las ocho de la mañana. Cuando bajé del avión estaba totalmente exhausto, ninguna de las horas que había dormido habían sido reparadoras. Pero finalmente estaba en casa. Y aquello era todo lo que deseaba.
Recuerdo estar haciendo la fila para ingresar con las tramitaciones de rutina cuando escuché un griterío a mi alrededor y de pronto todos fuimos abordados por varias chicas que nos tomaban fotos sin ningún tipo de recaudo y revoloteaban chillando a nuestro alrededor.
Imposible disimular mi mal humor. Me dolía la cabeza, estaba exhausto y solo quería llegar a mi cama.
Luego de acercarme - haciendo mi mayor esfuerzo- para saludar a cada una de ellas, me decidí a escabullirme en busca de mi valija.
La divisé el cabo de unos minutos y una vez que pasé por los típicos controles finales, me encontré desembocando finalmente en uno de los halls del aeropuerto.
Mi expresión se iluminó de inmediato al ver a mis padres, Takeru y Taichi, que acentuaron sus sonrisas en la medida que me acercaba a ellos.
Taichi me recibió con un abrazo y palmeó mi espalda de modo brutal, como cada vez que se entusiasmaba. Creí sentir cómo los pulmones se me escaparían a través de la boca a causa del golpe, pero ciertamente mi alegría de estar de vuelta con ellos eclipsaba cualquier tipo de reclamo o dolor.
Antes de separarme de él pude comprobar con la vista que Sora no estaba.
-Antes de que preguntes – dijo Taichi leyéndome la mente – tu novia está super estresada en una muestra de su explotadora universidad, así que no pudo venir, pero te verá esta noche o mañana.
-Genial – sí, estaba completamente de acuerdo con el adjetivo que Taichi había puesto en la frase, esa universidad explotaba a sus alumnos. Las últimas veces en las que había logrado hablar con Sora, siempre se encontraba muy atareada y con escaso tiempo libre. Sabía que ella habría hecho todo lo posible por estar presente en el aeropuerto para recibirme.
Una parte de mí protestaba por ello, pero la más realista y práctica me decía que prefería verla en un contexto más tranquilo y luego de haber dormido muchas horas.
Mis padres parecían bastante amables entre sí, no es que su relación realmente hubiera acabado mal, pero no era para nada usual que compartieran esas sonrisas.
Luego de saludarlos a todos, me voltée para despedirme de los chicos de la banda.
Kazehaya se despidió a lo lejos mientras se iba con su madre, mientras que Akira era recibido por sus hermanas y Hayato por sus padres.
No vi a Takato de nuevo, a la distancia saludé al equipo de técnicos que nos había acompañado durante la gira, entre ellos al señor T, que ya había sido recibido por su hija y la abrazaba con fuerza, habíamos conversado bastante con él sobre el trabajo y la familia, y de cómo la distancia le hacía sentir que se perdía mucho del crecimiento de la niña. Luego de eso nos marchamos.
Lo primero que hicimos una vez que salimos del recinto del aeropuerto fue ir a almorzar, y aunque en ese entonces mi cerebro ya no estaba funcionando muy bien a causa del cansancio, estuve encantado de poder contarles todo lo que habíamos vivido.
Mientras hablaba, todo el viaje iba tomando otra dimensión. De pronto me sentí afortunado, supe que aunque habíamos trabajado muy duro para conseguir que esto nos sucediera, habíamos tenido muchísima suerte. Sin duda siempre habría músicos excelentes que nunca llegarían a hacerse conocidos, no podía quejarme de nuestra situación.
Taichi y Takeru estaban fascinados con lo que yo les relataba y miraban las fotos que tenía en mi celular mientras les contaba anécdotas. Luego ellos me hablaron de aquellos cinco meses en Tokio.
Taichi estaba realmente a gusto estudiando Relaciones Internacionales, había afianzado su relación con Etsuko y se lo veía feliz, ya había empezado a aceptar que Hikari saliera con Takeru, en realidad no parecía muy dispuesto a escuchar hablar de eso.
Mimi estaba haciendo dos carreras en simultáneo, traductorado de inglés y un curso avanzado de cocina. Ella y Koushiro seguían juntos y al parecer ya había logrado volver a sentir cierta seguridad en ella misma. Paso a paso comenzaba a recuperarse de las secuelas de su relación con Fuji.
Koushiro estaba sumamente enfrascado en su carrera de ingeniería informática y ya había recibido interesantes propuestas de trabajo debido a su inteligencia y desempeño en la universidad, lo cual era extremadamente raro para tratarse de un estudiante del primer año.
Jyou estaba con mucho estrés por sus estudios pero poco a poco comenzaba a estar a gusto yendo a hospitales a realizar prácticas menores en las emergencias, al parecer estaba muy interesado en trabajar y estudiar para especializarse como médico internista.
Mis ojos ya comenzaban a cerrarse, me hablaron de Sora y de lo mucho que se esforzaba por estar entre las mejores calificaciones de su curso para conseguir mostrar sus prendas en alguna campaña publicitaria, al parecer una amiga de mi madre estaba feliz con su desempeño académico y la había contratado para trabajar durante una temporada como auxiliar de vestuario en una famosa editorial de moda. Era muy reciente y ella apenas había llegado a mencionarme algo al respecto, pero no podía molestarme por eso, yo tampoco había tenido mucho tiempo a veces para entrar en detalles sobre mis asuntos.
Llegar a mi casa fue como desconectar de golpe con la fuente que me mantenía despierto. Mi padre se fue a trabajar y con mi mejor amigo y Takeru decidimos organizar una reunión para el sábado -era jueves- de todo el grupo.
Ni siquiera me molesté en desarmar el equipaje. Me di una ducha de agua caliente para relajar al máximo mi cuerpo y me acosté.
Al fin.
Mi cama.
Me quedé dormido en seguida.
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No importaba lo mucho que huyera, mis piernas se movían pero no avanzaban, ya sentía el estremecedor grito de la bestia acercándose peligrosamente.
Era un sonido antinatural, estridente.
Iba a alcanzarme.
Me desperté bruscamente, con los ojos muy abiertos y tembando en la oscuridad. Ya era muy tarde, o eso creía. Consulté mi celular y fruncí el ceño al ver varias notificaciones de las redes sociales y llamadas perdidas.
Escuché el timbre.
Agudo, penetrante y estridente, como la bestia que me perseguía en la pesadilla.
Me incorporé con lentitud y grité un audible "ya voy".
Me rasqué la cabeza sin recordar exactamente donde había dejado mi ropa, la busqué tomándome mi tiempo.
¿A quién se le ocurría molestarme a aquellas horas?
Abrí la puerta algo malhumorado y me quedé como una piedra.
Sora estaba allí, sonriendo y cargando una mochila bastante grande, que dejó caer para lanzarse sobre mí, rodeando mi cuello con fuerza y besándome con desesperación.
Sentí que mi cerebro se conectaba finalmente con la realidad y la levanté en el aire, envolviendo con los brazos su cintura y estrechándola con fuerza contra mi cuerpo, respondiendo su apasionado beso a la vez que afirmaba mis manos en sus piernas mientras estas me rodeaban.
Nos separamos para respirar y nos miramos unos instantes hasta que ella lanzó una risita. Estaba de muy buen talante, pero sobre todas las cosas, estaba increíblemente hermosa.
-Si me sueltas, podé recoger mis cosas y cerrar la puerta para tener mayor privacidad, y de paso no traumatizar a tus vecinos.
Abrí los ojos con sorpresa y ella me hizo un guiño con picardía antes de zafarse de mis brazos para entrar su mochila.
Ingresó al departamento y cerró la puerta tras ella.
La observé como si se tratara de un sueño, parecía irreal estar finalmente y luego de tanto tiempo con ella en ese momento.
-¿Hacía mucho que estabas esperándome en la puerta?
-Poco me ha faltado para intentar echarla abajo – dijo Sora con una mueca graciosa – lamento haberte despertado así, Taichi me dijo que estabas exhausto así que aproveché eso para hacer varias horas extras en el trabajo y pedirme el día mañana.
-¿Todo eso por mí? Qué tierna.
-Jah, ya quisieras. Por mí. No iba a poder dormir hoy si no te veía con mis propios ojos.
-¿Y pensabas quedarte aquí esta noche? – señalé la mochila apoyada en el suelo.
-En realidad esa cosa enorme la necesito para la universidad todos los días, no te hagas ilusiones.
-De acuerdo – ella detectó el tono decepcionado de mi voz y se rió.
-Claro que me quedaré aquí, tonto – observó el departamento - o donde sea que quieras recuperar el tiempo.
-Mi padre vendrá en la madrugada.
-Ah, si. Sobre eso… ¿crees que haya problema con que me quede? – Sora dudaba.
-Claro que no. Creo que a estas alturas debe estar imaginándose que estás conmigo.
-No sé si eso es peor – se resignó levemente ruborizada.
La observé detenidamente. No era la misma de siempre, estaba más animada de lo usual, eufórica.
-¿Qué pasa? – me cuestionó, incómoda ante mi muda contemplación.
La observé con intensidad y cerré la distancia entre nosotros, colocando mis manos alrededor de su cintura y acercándome a besar su cuello. Ella se estremeció ligeramente, recordé sus cosquillas y sonreí.
-Recuperemos el tiempo antes de que vuelva – dije entonces.
Era como si Sora hubiera estado esperando aquellas palabras para accionar, casi instintivamente, y echar sus brazos alrededor de mi cuello, besándome con todo su deseo reprimido durante aquellos meses de distancia.
Sí que nos habíamos echado de menos, la levanté con facilidad del suelo y cuidadosamente la coloqué sobre el sofá, mientras me ocupaba de besar su cuello y recorrer con mi boca sus clavículas hasta perderme en su piel a causa de su perfume con aroma cítrico.
Ella estaba en el mismo estado de lujuria incontenible que yo, tan solo unos segundos después había hecho desaparecer por los aires mi camiseta y se ocupaba de besar mis brazos y hombros.
Mentiría si dijera que aquello no era lo primero que quería hacer cuando la viera al pisar suelo japonés. Agradecí internamente que nuestro encuentro fuera tan perfecto.
La ropa comenzaba a estorbarnos así que ella se incorporó sin dejar de mirarme, sus ojos despedían fuego, eran intensos y solo reflejaban que le ocurría lo mismo que a mí.
-Te quiero – me sorprendió con la veracidad de sus palabras y se inclinó con lentitud hacia mí. Ahora fue ella quien se colocó encima de mí.
-Te quiero – respondí.
Ella comenzó a desabrochar la bonita camisa que vestía y le ayudé a quitársela,se retiró levemente hacia atrás para colocarse frente a mí y comenzar a besar mi abdomen, lo cual me encantó y comenzó a provocar espasmos en mi cuerpo.
No creía poder soportarlo más.
Ahora volví a inclinarme sobre ella para sentir que podía tomar un poco más el control.
Sora se echó dócilmente sobre el sofá y me miró entre expectante y ansiosa. Sujeté levemente sus muñecas y noté que su espalda se aqueó levemente ante el gesto. Le había gustado.
Procedí a retomar los besos en su cuello y comenzar a recorrer el resto de su cuerpo con mis labios, se le escaparon unos gemidos apenas audibles pero eran la señal inequívoca de que todo iba de maravilla.
Afirmé mi cadera sobre la suya y noté el rubor en sus mejillas y la forma en la quese mordía el labio. También sentía la reacción de mi propio cuerpo, sentía el ardor en mi rostro.
No quería cortar con la escena allí, pero necesitaba poder alcanzar lo vital en el último instante de cordura.
-Vamos… - se lo susurré luego de estar concentrado en su pecho. Sora solo me sonrió y asintió. Levantándose con mi ayuda y dejándose guiar gentilmente hacia mi habitación. Todo estaba desordenado allí, pero a ninguno le importó. Busqué entre mis cosas la protección mientras la escuchaba moverse detrás de mí. Ella se acercó por mi espalda y desabrochó mi pantalón cuidadosante. La dejé hacer, me gustaba su iniciativa para desnudarme y continuar besando mis hombros. Me volteé y vi que se estaba quitando el resto de la ropa, reaccioné para hacer lo que tanto deseaba.
Una vez más jugué con las sensaciones que despertaban mis besos en su abdomen y volví a sujetar sus muñecas al notar su respiración agitada.
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Los ojos de Sora se abrieron cuando entré en la habitación. La vi bostezar y observarme algo desorientada desde mi cama.
-Creí que estarías lista para entrar a darte un baño.
-Sabes que no – dijo ella sonriendo – siempre prefiero quedarme durmiendo hasta el último momento.
-Anda, no seas vaga.
-Perdón, señor vago. No he estado todo el día recuperando horas de sueño como usted, he estado trabajando el doble de mi jornada. – se levantó lentamente a regañadines pero era evidente que fingía estar molesta. Me encantó ver que vestía una de mis camisetas.
La retuve unos instantes entre mis brazos, rodeando su cuerpo desde atrás y disfrutando del contacto de mi nariz con su cabello pelirrojo.
-Te extrañé, bonita.
Ella apoyó su nuca en mi hombro para mirarme con una tierna sonrisa.
-Y sabes que yo también.
-Te traje regalos.
-Mmmm… continúa.
-Luego de que te duches.
-Qué sutil manera de llamarme sucia -dijo riéndose, fui a protestar pero ella desapareció rápidamente por el pasillo, lanzando divertidas risitas.
Así que me vestí rápidamente y me dirigí a la cocina, con esa bobalicona sonrisa que tenía en el rostro desde que ella había aparecido en el departamento.
Revisé los armarios en busca de comida y también el refrigerador. Quería prepararle algo delicioso.
Dos cosas me llamaron poderosamente la atención.
La cocina estaba realmente ordenada y muy limpia, era demasiado para tratarse de mi padre. Distinguí sobre la mesada unos recipientes que me resultaron conocidos, no sabía porqué, pero algo había cambiado durante aquellos meses en mi ausencia.
Comencé a razonar y llegué a dos improbables conclusiones.
Takeru podría haber aprendido a cocinar y ser ordenado – incluso más que yo – o la segunda y más improbable opción…
Me concentré nuevamente en los recipientes de plástico, abrí el refrigerador y vi otro similar.
Mi madre había estado allí.
Me reí ante mi estúpido razonamiento.
De acuerdo, ya estaría más atento a mi padre los días siguientes.
Por el momento preferí elegir algunas verduras y comenzar a cortarlas mientras elegía qué otra clase de relleno pondría en los onigiris que estaba preparando.
Al cabo de unos minutos escuché los pasos de Sora acercarse y sus brazos aparecieron unos instantes después, rodeando mi cuerpo mientras sentía su frente apoyada en uno de mis omóplatos.
Se quedó unos instantes así y estuvimos en silencio.
-¿Te ayudo?
-Ya queda poco.
-De acuerdo. Voy a poner la mesa.
La vi con sus idas y vueltas. Estaba visiblemente cansada, sus movimientos eran algo lentos y estaba levemennte ojerosa.
-¿No quieres recostarte? Luces cansada, estás más delgada.
-Primero me llamas sucia y luego me das a entender que estoy demacrada – dijo burlonamente - ¿así es como me has extrañado?
-Claro – dije sonriendo.
-Está bien -se rió - te esperaré en el sillón.
Cuando terminé de armar las bolas de arroz, me acerqué a la mesa y deposité la bandeja con cuidado. Llamé a Sora y no escuché respuesta, así que me acerqué con una sonrisa burlona al sillón.
Se había quedado profundamente dormida, exhausta. Me las ingenié para despertarla y obligarla a comer, mi comentario sobre su bajo peso era cierto, me preocupaba la forma en la que sus clavículas se marcaban más de lo usual y las ojeras.
Cuando terminamos de cenar ella se me adelantó y se acostó, iba a madrugar bastante, sus clases comenzaban muy temprano. La escuché cepillándose los dientes y luego divisé su silueta en idas y vueltas para dejar todo listo. Sabía que al día siguiente tendría que volver a la universidad, sabía que era lo que a ella le gustaba hacer, pero ya habría tiempo para hablarle sobre el alto precio que estaba pagando.
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