Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenecen a Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.
Hoy un poco de Emmett y Jasper :)
Capítulo veinticuatro
Como todo sobre él, el amor de Emmett era fuerte. Sus muestras de amor, publicas o privadas, no eran para nada sutiles. Desde que había conocido al amor de su vida, el día de San Valentín era uno de sus días favoritos del año. Le daba la excusa de hacer un enorme gesto de amor. Mientras más grande, mejor, según Emmett.
Ese día de San Valentín, Emmett salió de trabajar primero. Como se había hecho costumbre, él se dirigió hacia el armario de licores antes de siquiera quitarse el uniforme. Solo después de haber bebido un gran trago, Emmett se quitó el arma. Lanzó su cinturón sobre el sofá. No había razón para guardarlo. No había pequeñas manitas que pudieran agarrarlo.
Emmett se bajó el vaso, lo rellenó, y se sentó en su sillón. No era la primera vez que pensaba en redecorar la sala. Desde donde se sentaba, podía ver el cuarto de juegos de Katie. Intentó juntar la energía para ponerse de pie, pero no lo logró. En cambio, bebió un poco más. Trató de encontrar algo de emoción por la salida que se venía con su marido. Eso, también, no lo pudo encontrar.
Era como si el volumen de Emmett hubiera sido apagado. Todo lo bueno—alegría, anticipación, emoción—había perdido su brillo. Aunque intentara encontrar placer en las cosas que solían hacerle feliz, no podía. Pero entonces, también significaba que no podía encontrar ese dolor agonizante que lo había estado partiendo al medio mientras su bebé era arrancado lentamente de sus brazos. Era como si su interior haya sido arrancado. Cuando su enojo se esfumó, parecía haberse llevado todo con él.
La puerta de entrada se abrió, pero Emmett no se movió. Seguía mirando hacia el frente cuando Jasper se acercó a su lado.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Jasper, su tono neutro.
Aun así, Emmett no levantó su cabeza.
—Creo que eso es bastante obvio —respondió, terminándose su segundo vaso.
—Creo que quizás deberías dejar de beber por una noche. —Jasper le quitó el vaso de la mano—. Se supone que íbamos a salir hoy.
—Sí. —Emmett se limpió la boca con una mano—. No creo que tenga ganas hoy, cariño.
—Se lo prometiste a Katie.
—¿Y? Le mentiremos. —Incluso mientras lo decía, las palabras se sentían horribles. Se levantó de su silla y se digirió hacia el armario de licores otra vez, sacando un vaso nuevo.
Jasper fue y le quitó ese vaso de las manos antes que pudiera verter.
—¿Acaso no puedo decir nada al respecto?
Emmett finalmente levantó sus ojos.
—Vamos. Siempre dijiste que el día de San Valentín era una pesadilla comercializada. Mucha gente. Mierdas cursis. ¿Vas a decirme que este año de todos tienes ganas de celebrar?
—Quiero cumplir con una promesa.
—Ni siquiera la vamos a ver hasta dentro de dos días. —Una vieja amargura dio vueltas en su estómago, y Emmett empuñó sus manos a sus costados—. ¿Acaso crees que recordará que nos pidió eso? Y si lo hace, ¿y qué? Le decimos que la pasamos bien y nos creerá. Es así de simple. —Volvió a tomar el vaso y vertió otro trago de whiskey.
Un silencio incómodo cayó sobre ellos mientras Emmett volvía a su lugar en el sillón. Últimamente había muchos silencios largos e incómodos.
Jasper suspiró mientras se sentó en el sofá.
—¿Y si yo quiero ir porque quiero intentarlo?
—¿Intentar qué?
—No lo sé, Emmett. Algo. Lo que sea.
La furia en el tono de Jasper lo irritaba.
—¿Vas a ser dramático conmigo solo porque no quiero salir?
—Esto no es por eso, y lo sabes. —Su tono se suavizó—. Tiene que haber un primer paso. Si no quieres salir, está bien, pero háblame.
—¿Qué hay que hablar? No tengo ganas de salir.
Jasper soltó un gruñido y se puso de pie, solo para arrodillarse frente a Emmett así podía mirarlo. Para la sorpresa de Emmett, sus ojos estaban mucho más asustados que furiosos.
—Estás alejándote cada vez más con cada minuto que pasa. —Tomó la mano de Emmett—. No vamos a sobrevivir, cariño. No vamos a durar si no encontramos la forma de cómo pasar esto juntos.
La respiración de Emmett se aceleró. Quería discutir. Esto estaba sobrecargado. Simplemente era que, si salían esta noche, sería una farsa. Iban a estar rodeados de parejas enamoradas mientras que ellos…
Iban a estar sentados uno frente al otro, charlando banalidades como lo venían haciendo por meses ya. Como extraños en vez de compañeros enamorados que habían estado juntos por casi quince años.
—Es como si te hubieras dado por vencido, Emmett. Dejaste de ir a terapia. Prefieres tomar a hablar conmigo.
Emmett bajó su trago y se pasó una mano por sobre sus ojos. Las palabras jamás habían sido fáciles para él. Se puso de pie y tiró de Jasper con él. Lo llevó hacia el sofá, se sentó a su lado y envolvió sus brazos alrededor de él. Escondió el rostro en el cuello de su marido, inhalando su aroma. Amaba tanto a este hombre, pero eso, así como todo lo demás, había perdido su brillo estos últimos meses.
—Solo quiero pensar en ello —dijo finalmente—. Pienso en San Valentín, y comienzo a preguntarme si su colegio elegante hace lo mismo que hacía su primaria. ¿Hizo tarjetas de San Valentín para Edward y Bella? —Se le hizo un nudo en la garganta y casi volvía a buscar su trago.
Jasper no habló de inmediato. Pasó sus dedos por los rizos de Emmett y besó su frente.
—¿Recuerdas lo enojada que estuvo el año pasado cuando le preguntaste en chiste si le iba a pedir a alguno de sus compañeros de su clase para que sea su enamorado?
La risa de Emmett fue ahogada. Sus labios se curvaron hacia arriba mientras las palabras de Jasper le recordaban a una Katie de cinco años, su rostro rojo como un tomate mientras negaba sus dichos. Era un hermoso recuerdo, pero Dios sabía que dolía.
—¿O el año anterior a ese que le diste una paleta en forma de corazón y antes que nos diéramos cuenta, todo su rostro estaba rojo y pegajoso?
Emmett cerró los ojos fuertemente.
—¿Por qué haces esto? —susurró.
Jasper acarició su cuello.
—Porque no quiero olvidarlo, Emmett. No quiero guardarlo como si fuera algo de lo que no nos atrevemos a hablar porque duele mucho. Ella es una parte de nosotros. Parte de nuestra historia.
Ambos se quedaron en silencio con eso, pero no fue incómodo como había sido antes.
—¿Recuerdas, creo que era nuestra segunda o tercera cita, cuando tuviste una llamada en el medio de la cena? Me habías pasado a buscar así que no tuviste tiempo de dejarme antes de salir disparando al hospital.
—Liam —dijo Emmett, un dolor incluso más viejo se retorcía en su estómago. Liam había sido un hermano adoptivo tiempo atrás—. El imbécil había sido apuñalado. Se estaba muriendo, y pidió que me llamaran.
—Sí. Era extraño, ¿sabes? Podía ver que este tipo no era bueno, y tú eras un policía. ¿Qué diablos tenía que ver un policía con este tipo? Pero te vi sostener su mano y decirle las cosas que necesitaba escuchar antes de morir.
Emmett se enderezó un poco donde se sentaba, observando sus manos unidas.
—Pensé que jamás iba a tener una tercera cita después de eso.
—Me contaste sobre tu infancia en el sistema; sobre crecer sin tus padres.
El sistema les daba a los niños un lugar donde dormir, ropa, y cuidaba de sus necesidades básicas. Lo que el sistema no podía prometer, lo que raramente proveía, era amor consistente.
—Dijiste que querías adoptar a un niño del sistema —dijo Jasper—. Querías salvar a uno de ellos.
Emmett cerró los ojos, pero había algo de consuelo en los besos que su marido le dejaba en su cabello. Años después, cuando habían comenzado a planear su vida juntos, ambos estuvieron ansiosos de comenzar una familia. Iban a cuidar de un niño grande. En muchas formas, Emmett prefería a los niños grandes que eran difícil de adoptar, pero eso no fue lo que el destino les dio. No. Su hogar fue aceptado justo cuando Katie lo necesitaba, y se enamoraron de ella.
Jasper se movió y tomó el rostro de Emmett en sus manos.
—Una vez, antes que supiera que íbamos a obtenerla, te observé con ella. Era una bebé muy pequeña. La sostenías contra tu pecho mientras mirábamos la televisión. Ella parecía una gatita, durmiendo acurrucada contra ti. —Jasper jadeó. Besó a Emmett una vez, suavemente—. Esa fue la primera vez que rece para que no encontraran a su familia biológica.
Dejando caer sus manos sobre los hombros de Emmett, Jasper lo besó de nuevo y suspiró.
—Verte ser un papi para nuestra hija ha sido uno de los grandes placeres de mi vida, Em. Siempre fuiste gentil con ella. Y creo que tenerla curó una parte de tu pasado que yo nunca pude tocar. —Inclinó su cabeza así unían sus frentes suavemente—. Creo que, quizás, eso es lo que está roto.
Emmett se estremeció y llevó su mano hacia la mejilla de Jasper. ¿Acaso este hombre no tenía idea de lo que había hecho por él? Ellos eran hombres que crecieron en hogares rotos. En Jasper, él encontró el amor estable y la aceptación que no había tenido en su vida. Jasper había creído en él, y caminó a su lado. A menudo, como ahora, él era la voz de Emmett, ofreciéndole las palabras que jamás podía encontrar. Su marido era muy bueno leyéndolo.
Cuando él era un niño, Emmett se había prometido que jamás dejaría que su familia se desmoronara. Jasper era su familia, y estaban desmoronándose. Katie seguía siendo su familia, y él no la decepcionaría tampoco. Él ya había perdido algo preciado—la relación que podría haber tenido con su hija mientras crecía. Él no perdería esto. No perdería a su marido también.
Emmett envolvió un brazo alrededor de los hombros de Jasper y lo acercó a él.
—Oye, sé a dónde podemos ir sin una reserva por San Valentín. ¿Recuerdas a Denny's?
Jasper levantó su cabeza, una sonrisa se asomaba en sus labios.
—Jamás olvidaré a Denny's.
Emmett acarició su mejilla. Adoraba a este hombre, y esperaba que siguiera siendo capaz de demostrarlo. Ellos se conocieron en Denny's en la mitad de la noche. Emmett acababa de terminar su turno, y Jasper había sido obligado a salir de su laboratorio por la necesidad molesta y humana de comer. Emmett pensó que él era adorable—inclinado sobe una mesa—lleno de papeles, sus lentes cayendo por sus narices, murmurando para sí mismo. Él se había acercado para decirle que se relajara; que nadie debía estar tan estresado a las tres y media de la mañana. Siguieron estando allí a las cinco y media, el trabajo de Jasper olvidado.
—Quizás podamos comenzar de nuevo —dijo Emmett. Entonces, sonrió diabólicamente, recordando cómo, mientras su conversación terminaba esa mañana, se había preguntado si podría persuadir a Jasper para que fuera a su cama—. Excepto que esta vez, estoy muy seguro de que tendré sexo en la primera cita.
Jasper le devolvió la sonrisa, envolviendo sus brazos alrededor del cuello de Emmett.
—Está muy seguro de sí mismo, ¿no, casanova? No soy fácil. Va a tener que impresionarme si quiere meterse dentro de mis pantalones.
Emmett resopló.
—Tengo movimientos, cariño. No te preocupes.
Entonces, se besaron. Besos lentos y dulces que eran una disculpa y una promesa. Reavivando un romance que Emmett no se había dado cuenta que se había esfumado mientras estaba ocupado estando triste.
Cuando terminaron su beso, se apartaron jadeando, aun envueltos en los brazos del otro, su aliento caliente alrededor de ellos. Jasper dejó suaves besos contra la punta de su nariz y sus mejillas. Cuando Emmett abrió los ojos, pudo ver, por primera vez en meses, una chispa de felicidad y emoción en los ojos de Jasper.
—Vamos a estar bien —dijo Jasper, como si lo estuviera prometiéndoselo a los dos—. Solo quédate conmigo, amor. Estaremos bien.
Emmett hizo una mueca. Gran parte de él quería desquitarse, gritar que por supuesto que no estarían bien. Su hija jamás podrá ser de él otra vez. Su pequeña y hermosa familia estaba destruida, y eso jamás, jamás estaría bien.
Tomó aire profundo y besó a Jasper de nuevo.
—Puedes contar con eso —dijo.
Después de todo, ¿acaso la vida no le había enseñado que se podía encontrar la belleza después de una completa destrucción? Tenía a su marido. Quizás no podría reclamar a su hija, pero siempre sería parte de su vida.
No era lo que habían planeado, pero serían felices de nuevo. Juntos.
