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Corrió en medio de la noche escapando a toda velocidad de las sirenas, corrió sin descanso, hasta que sus piernas no aguantaron más y cayó a un lado del camino desde donde rodó para esconderse en medio de los matorrales. Allí, Lincoln esperó paciente a que todas las patrullas hiciesen su ronda, y solo cuando se hubo cerciorado de que nadie le buscaba se decidió a regresar al departamento que compartía con su novia en el corazón de la ciudad.
Esos dos… su mejor amigo y su chica…
Los iba a matar.
Cuando al fin pudo volver desde los límites urbanos se escabulló entre los transeúntes que recién se levantaban para ir a trabajar, cargando tras de si un par de bolsos llenos de efectivo, un arma cargada y una muda de ropa. Se suponía que sería un trabajo sencillo, con mucho dinero de por medio. Se suponía que se encontrarían al finalizar la noche, y lo único con lo que se encontró Lincoln fue un cuarto en llamas y las puertas cerradas.
Pensó en pasar por un hospital, pero luego deshecho la idea. No podía alertar a nadie, al menos no hasta que estuviese seguro de que ya no lo buscaban.
Evitó en el camino un par de patrullas, y solo al marcar el reloj las siete de la mañana llegó a su destino. No le costó entrar, dado que alguien había forzado la puerta. La mayoría de sus cosas, el televisor, el microondas, su portátil y muchas más ya habían desaparecido, pero eso poco le importaba.
Debía ver lo que le habían hecho.
Caminó hasta el baño y encendió la luz, para encontrarse con un monstruo que le observaba atento.
Lincoln quebró el espejo de un puñetazo, y luego comenzó a golpear el fregadero hasta soltarlo de la pared.
–Maldita… ¡perra!–
Lincoln salió del baño y se fue a recostar al sofá de la sala, en apenas unas cuantas horas lo perdió todo.
–No puedo quedarme aquí, tengo que planear algo, tengo que vengarme. Voy a vengarme–
Sus cansados ojos contemplaron la sala desierta, y en una esquina, apenas iluminada, los vestigios de su miserable vida junto a Haiku.
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Todas las familias tenían secretos, y la suya no era excepción, es decir, bastaba compararla con Cleo para que se notasen las diferencias. No era un gran misterio para ella ni para su hermana el tener padres distintos, cosa que en realidad jamas incomodó a Sonette. Después de todo su padre, su papá, siempre fue y sería Clyde McBride, el hombre la crió, la protegió y la cuidó con amor de ella desde el primer día sin hacer nunca una diferencia. Esa era la clase de cosas que lo convertía en un verdadero padre y en un gran hombre. Por otra parte, la figura de su progenitor era algo que a Sonette le causaba mínima curiosidad, o al menos así fue desde el día en que descubrió el motivo de que nadie hablase sobre ese tipo.
Aquel hombre era, en pocas palabras, un monstruo abusador.
Tendría en ese entonces unos trece años, cuidaba de Cleo mientras que su madre se hallaba preparando la cena cuando escuchó sobre él la primera vez. Sonette no recordaba exactamente los detalles ni el contexto, a decir verdad, poco recordaba aparte de su nombre.
Lincoln Loud.
El tipo que golpeó a su madre y que quería que se deshicieran de ella se llamaba Lincoln Loud, y en un abrir y cerrar de ojos ese nombre le dio sentido a todos los secretos que la rodeaban. Ahora entendía la reticencia de su padre a hablar sobre su infancia incluso cuando de amigos de la familia se trataba, o la incomodidad de su madre en las raras ocasiones en que una de sus muy lejanas tías llamaba para preguntar por ella y pedir verla, a lo que siempre se negaban con tantas excusas como fuese posible. Existía toda una familia a la que ignoraba de forma conveniente la cual se avergonzaba de la existencia de aquella oveja negra a la que jamas se atrevían a nombrar con la esperanza de que algún día, Sonette fuese hasta ellos para conocerlos y quizás, hacerlos parte de su vida. Mas, Sonette no tenía intención alguna de hablar con los Loud a los que mantenía a raya, y salvo por un par de ellas.
La tía Lucy que era buena amiga de su madre y la tía Leni que era demasiado encantadora como para tratarla con crueldad. Podía por ello afirmar que al resto no los vería jamas.
Además, ¿para qué conocer a esas personas siendo que su verdadera familia era más que suficiente?, su papá le había dado siempre lo mejor a ella y a Cleo sin hacer diferencias, y Sonette no correspondería a su amor fraternizando con esa gente.
Tenía una familia a su gusto ideal sin que la sombra de Lincoln Loud fuese parte de sus vidas.
–Tenía la esperanza de que estuviese muerto, que lastima que me haya equivocado–, le dijo a su hermana que llevaba un buen rato de pie apoyada contra el marco de la puerta, viendo con algo de desagrado que la habitación que Sonette estaba hecha un desastre.
–No creo que sean la misma persona–
Cleo intentaba animarla aunque no con mucho éxito. El que su cuarto estuviese hecho un desastre junto con las ojeras, el cabello mal peinado y el nulo interés en salir de casa eran testamento de que no se hallaba del todo bien.
Todo marchaba de maravilla hasta el día en que lo vio charlando con su hermana, y ahora, la tranquilidad de todos corría riesgo, ¿no era eso suficiente para explicar el porqué no quería conocerlo?, Cleo había pasado toda la semana soportando su mal humor sin siquiera quejarse y manteniendo a raya a papá y mamá. De eso se trataba ser parte de una familia, esos eran los valores de los McBride y ella no dejaría por nada del mundo que esa escoria de Lincoln Loud viniese a arruinar su felicidad.
–¿Y quién más podría ser?, papá es hijo único al igual que mamá–, le contestó a su hermana, –Tiene que ser él, Cleo–
A pesar de la evidencia en contra, su hermana no se daba por vencida, –El tipo tiene apenas unas cuantas pistas, de seguro fue un error de su parte y por eso decidió preguntarme–
Sonette se frotó los parpados debido a la frustración que le estaba causando el discutir con Cleo. A veces, era todo un desafío el hacer que su hermana entrase en razón. Cleo se sentía igual, y aunque asumía que mucho de lo que Sonette decía tenía sentido, todavía quería darle el beneficio de la duda a Lunge.
–Ok, supongamos por un minuto que el mismo sujeto al que siempre alabas se equivocó y no es en realidad Lincoln Loud. ¿qué hacemos?–
Era un golpe bajo, reconoció Sonette, el señalar que su hermana estaba demasiado interesada en ese perdedor, pero debía hacerlo.
–No lo alabo siempre y no es Lincoln Loud–
Sonette sonrió bajo su máscara mientras que Cleo se sonrojaba.
–Lunge es un nombre falso–, le dijo a Cleo, –Vamos Cleo, no me digas que ese idiota se las arregló para engañare. Ambas sabemos que eres demasiado lista para eso–
Ella ni siquiera lo negó.
–Ya lo sé, sé que es un nombre falso–, admitió, –Pero tengo que llamarlo de algún modo, hasta que conozca su nombre verdadero–
Era oficial, Cleo sí estaba interesada en "Lunge", ¿por qué otro motivo se tomaría la molestia de investigarlo a fondo?, era casi gracioso el que tratase de ocultarlo cuando todo el mundo se daba cuenta del empeño que ponía en descifrar a esa persona.
–¿Por qué no me extraña?–, preguntó el tono de burla, tratando de aliviar la tensión por el bien de Cleo más que por el suyo.
–Tenía que investigarlo, ya sabes, para mejorar mis lecturas–, se excusó la menor de las hermanas McBride. –Además es el primer cliente que resulta ser un desafío, así que no me juzgues–
Para ser tan inteligente, Sonette a veces olvidaba lo inocente que podía ser su hermana. Lunge… ¿qué había hecho con el buen juicio de Cleo?, pues no importaba en realidad. Le pondría fin.
–¿Sabes?, creo que es mejor que ya no sea tu cliente–
Bastó eso para que Cleo se pusiese a la defensiva, –Puedo manejar a mi propia clientela Sonette, puede que te parezca raro pero Lunge es un buen hombre–, respondió a Sonette, muy segura de si misma.
–Pues no creo que a papá le haga mucha gracia que te estés involucrando con el mismo tipo que abusó de mamá–, retrucó Sonette, –Sin mencionar que también quería que se deshiciera de mi–
Cleo retrocedió como si le hubiesen dado una bofetada, y Sonette, lejos de angustiarse se sintió aliviada. Era hiriente a propósito porque debía hacerla entender el peligro al que se exponía, no solo ella, sino toda la familia. Ese tal Lunge era malas noticias.
–No estamos seguras de que sea él–
Sonette se dejó caer sobre la cama abatida, ¿¡por qué seguía defendiendo a ese tipo!?
Debía pensar en algo más, algo para deshacerse definitivamente de Lincoln.
Tenía que investigar, pero no del mismo modo que Cleo lo hacía. Debía buscar una mejor fuente, alguien que pudiese contarle detalles que nadie más conociese.
Tal vez se arrepentiría a la larga, pero en el momento, le pareció la mejor opción.
–¡Por supuesto!, ¿cómo no lo pensé antes?–
Cleo vio a su hermana saltar de la cama para recorrer su habitación, tropezando con una que otra figura tirada por el piso. Honestamente, no entendía la fijación de Sonette con esas bobas caricaturas japonesas, claro que había un par que le gustaba pero la mayoría de ellas era… bueno, no se sentía del todo cómoda viendo a un montón de adolescentes danzando al ritmo de una canción pop que dejaba mucho que desear o siendo convertidos en puré rosa en un abrir y cerrar de ojos, sin mencionar aquella ocasión en la que entró al baño sin darse cuenta de que Sonette estaba adentro haciendo esa… cara, frente al espejo, con los dedos haciendo el símbolo de la paz y saliva escurriendo de su lengua.
Nunca, jamas en su vida estuvo tan avergonzada, y esperaba de corazón que Sonette se sintiese peor, se lo merecía por exponerla a algo de esa naturaleza.
–¿Qué estas planeando?–, preguntó desconfiada, –Sonette, si piensas que te dejaré hacer algo estúpido créeme que no pasará. Todavía no supero lo de la última convención con tu "accidente"–
Las mejillas de Sonette se tornaron escarlata, obviamente sacaría eso a colación ahora que se suponía estaban haciendo algo de vida o muerte.
–Debo llamar a alguien, a solas–, le dijo a Cleo empujándola fuera de su habitación.
–Oh, ¡por supuesto!–, contestó Cleo, que si bien salió, se quedó junto a la puerta para escuchar.
Sonette al fin encontró lo que buscaba en medio de sus cosas, –¡Vaya!, este lugar es un desastre, será mejor que limpie antes de que acabe como una de esas perdedoras que solo ven anime todo el día en medio de su propia inmundicia–, pensó algo asqueada.
Hizo una nota mental y saltó de regreso a su cama, marcando ese número el cual solo veía en navidad y su cumpleaños y el de Cleo.
En su defensa, la tía Leni enviaba los mejores obsequios, y siempre eran dobles para los cumpleaños.
–Hola, ¿se encuentra Leni Loud?–
Tuvo que alejarse del teléfono por un instante, la tía Leni era algo… exuberante a la hora de hablar.
–Hola, tía Leni–
Como de costumbre hacía muchas preguntas, las que generalmente, contestaba de forma breve para no quedarse allí charlando durante el resto del día. No la odiaba, ni le guardaba rencor ni nada por el estilo, solo que… era demasiado alegre.
Y eso a Sonette la hacía sentirse como basura por no poder corresponder a su afecto.
–Es sobre Lincoln, quería… quería saber más de él–
Por primera vez en su vida, sintió una emoción distinta a la felicidad surgir de los labios de esa mujer. No fue una linda experiencia, no fue agradable el escuchar las excusas de la tía Leni que no sabía por dónde comenzar, así que Sonette se vio forzada a dirigir la conversación y en el proceso, aprender algo más sobre su padre.
No fue lo que esperaba, y por lo que la tía Leni le dijo, era posible que nadie, salvo el mismo Lincoln le pudiese explicar lo que había ocurrido con él después de que su madre al fin se deshiciese de su persona.
La imagen que tan cuidadosamente esculpió a partir de rumores se fue quebrando poco a poco.
–Ya veo, entonces… ¿no has sabido nada de él?–
Lo que llegó a saber ese día…
–Pero creí… creí que estaban en contacto, es decir, al menos habla con sus padres, ¿verdad?–
No lo comprendió del todo en ese instante.
–¿Y ninguna de ustedes lo volvió a ver?–
La imagen que tenía de esa persona era distinta de lo que muchos otros veían. Aquellos que lo conocieron, aquellos que fueron sus amigos y su familia, le habían contado a regañadientes tantas verdades incómodas pero al final, solo podían relatar parte de la historia. En medio, se presentaba un abismo.
Lincoln Loud y Lunge eran uno y el mismo, distanciados por casi veinte años.
–No, eso sería todo, gracias–
Por primera vez en su vida, Sonette escuchó algo positivo sobre su padre, y detestó aquella chispa de envidia en contra de la tía Leni por haberlo conocido antes de que se convirtiese en la persona que tanto lastimó a su madre.
–Lo pensaré tía, gracias y hasta luego–
Por primera vez en su vida, alguien retrató a Lincoln Loud siendo una persona en lugar de un monstruo.
Sonette jamas imaginó que alguien pudiese hablar sobre él con ternura, jamas pensó que alguien pensaría en él con cariño.
–Supongo que incluso alguien como él debió haber sido bueno en algún punto–, murmuró para si misma, –Pero eso no importa, lo que le hizo a mamá es inexcusable–
Estaba segura de que Cleo seguía junto a la puerta espiando, intrigada por el misterio que se hallaba justo bajo sus narices, –Bien–, pensó algo irritada, –¡Ahora con mayor razón querrá investigar!. Tendré que ahuyentarlo por mi cuenta–
Buscó debajo de su almohada, hasta encontrar la herramienta que necesitaba.
–Espero que con esto sea suficiente para asustarlo–, pensó, –Ahora tengo que convencer a Cleo de ayudarme y no interferir–
Con un elegante movimiento de muñeca lo ocultó en la manga de su chaqueta, fuera de la vista de Cleo y con toda seguridad fuera de la vista de Lincoln.
Él jamas lo vería venir…
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Faltó al trabajo un par de semanas, hasta convencerse a si misma de que debía dar fin a todo ese asunto no solo porque su hermana necesitaba conocer la verdad, sino porque ella también deseaba descubrir lo que aquel hombre le ocultaba. Durante todos esos días Cleo no dejó de preguntarse si acaso debía renunciar o enfrentarse directamente a Lunge, decirle que su identidad ya no era un secreto y que ya había tenido suficiente de esa charada. Sin embargo, cada vez que intentaba visualizar esa conversación en su mente se sentía… incompleta. La verdad es que todavía sentía mucho aprecio por su cliente estrella, era… era frente a sus ojos un incomprendido que semana a semana compartía un poco más de si mismo y ella se sentía afortunada de ser la persona que tuviese su confianza. De buenas a primeras se notaba que no era de la clase de persona a la que le gustase hablar de lo que sentía, pero allí en su oficina era completamente distinto, y eso, eso deseaba preservarlo siquiera por un poco más de tiempo.
Por otra parte estaba segura de que también era el monstruo del que escuchó hablar a sus padres, el hombre al que Sonette odiaba a muerte.
No tenía sentido, Lunge no podía ser así en realidad.
–Señor L, bienvenido–
–Cleo…–
Se forzó a si misma a sepultar cualquier atisbo de duda. Sonette se hallaba cerca, escuchando en una de las habitaciones. Su hermana prometió no intervenir hasta que Cleo le diese la señal, y entonces y solo entonces ambas lo confrontarían y le sacarían la verdad.
Era un plan arriesgado, y a decir verdad Cleo no estaba del todo convencida de que fuese a resultar, ¿qué pasaría si ambas se equivocaban y Lunge era tan solo un hombre que apreciaba su privacidad y todo se trataba en realidad de una confusión de identidades?, jamas superaría el mal rato, pero allí estaba, lista y dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias con tal de resolver el enigma con el que de forma, "accidental", se encontró.
–Entonces, ¿listo para nuestra sesión?–
Lo guió a la pequeña mesa en medio de la sala, justo debajo de la lampara colgante que era la única fuente de luz de esa habitación. Los tonos purpura producto de los velos que allí colgaban, el aroma de incienso quemado y la música, una tonada que francamente dejaba mucho que desear, tenían por objetivo el inducir a los clientes a abrirse con ella.
Lunge desde el principio se resistió al efecto de las luces bajas y el ambiente somnoliento, manteniéndose indiferente a todo. Era por ello obvio que su entorno no le estaba afectando.
–¿Se siente bien?–
Por primera vez, Cleo lo vio perturbado.
La imagen no encajaba para nada con la persona que la visitaba los domingos por la mañana.
–He estado pensando… que quizás, lo mejor sea sepultar el pasado–
A la joven se le hizo un nudo en la garganta. Esperaba resultados, solo que no tan pronto,y mucho menos sin siquiera comenzar su lectura. Mas, era una McBride de tomo y lomo. No desperdiciaría la chance ahora que la tenía al alcance de sus manos.
–¿Es sobre el favor que me pidió?–
Lunge entrelazó las manos sobre la mesa, con sus hombros encorvados de forma protectora sobre la fotografía de Sonette. Era obvio por su expresión, o al menos lo que lograba filtrarse a pesar de la máscara, que no se trataba de una decisión sencilla.
–Cleo, quiero que olvides el favor que te pedí. Ya no la busques, es… es lo mejor para todos–
–¿Entonces se dará por vencido?–, preguntó para confirmar, –¿De verdad quiere eso señor L?–
–No, pero es lo mejor para todos–, afirmó Lunge poniéndose de pie para depositar los veinte dólares de siempre.
Cleo se apresuró para bloquearle el paso, –¿Volverá la semana que viene?–, le dijo sin dar señas de que quería retenerlo un poco más, puesto que presentía que de sentirse acorralado, Lunge se las arreglaría para salir de una u otra manera.
–No lo sé, he estado pensando en viajar, ¿sabes?, solía viajar mucho–, murmuró Lunge dubitativo, – Tal vez visite a mis padres, mi hermana… ella me dice que ha estado muy preocupada, que le gustaría volver a verme–
Ese era un detalle importante para Cleo, porque encajaba, aunque de manera superficial, con la conversación que tuvo Sonette con su tía Leni, ¿podría ser la llamada de Sonette el motivo de que lo estuviesen buscando?
Debía indagar más.
–Ya veo, entonces irá a verla–
–No–
La finalidad de su respuesta dejó a Cleo sin palabras, ¿qué se suponía que hiciera ahora?
–Tan solo volveré a viajar–, aclaró Lunge incomodo, –No creo estar listo para ver a mi familia–
Habiendo dicho eso, pasó a un lado de Cleo y abrió la puerta para salir. Desde adentro, Cleo escuchó a Sonette abrir la puerta de su escondite, sus nudillos pálidos al enterrar las uñas en la madera. Estaba impaciente y eso jamas daba buenos resultados.
–Estoy muy cerca–, se dijo a si misma enfocándose en Lunge, –Tranquila, solo se trata del padre de tu hermana, el mismo tipo al que he odiado por años sin siquiera conocerlo–
Quiso patearse a si misma por lo último, ¡vaya manera de motivarse!
Lunge se había detenido frente a la puerta, ya tenía una mano en el picaporte pero todavía no lo giraba. Estaba enfocado en ella, examinando sus reacciones, esperando para ver lo que haría.
Cleo respiró profundamente y se plantó frente a su cliente..
–Yo… yo conozco a la persona a la que esta buscando–, confesó Cleo, esperando alguna clase de reacción por parte Lunge, quizás indignación o negación, cualquier cosa que evidenciase que lo habían sorprendido.
Lo que recibió en cambio fue una honesta sonrisa.
–Y usted ya lo sabía, debí imaginarlo–, le recriminó Cleo cruzándose de brazos, –Por eso me buscó desde el principio, y si tengo razón, si usted es de verdad quién creo que es. Pues bueno… al menos eso explica en parte el que esté buscando a mi hermana–
Lunge asintió en todo momento, y al finalizar, le dio un leve apretón en el hombro a Cleo.
La chica de verdad era la mezcla perfecta de sus padres,solo que sin los vicios ni falencias que él conocía tan bien. No podía imaginar el involucrarla en algo tan sucio como lo que planeaba hacerle a esos dos y era por ello que se decidió a renunciar a su venganza, al menos por el momento.
Involucrarla a ella y a Sonette… eso le dejaría la consciencia sucia, y ya tenía suficientes cosas de las que arrepentirse como para sumar más.
–Vamos a comer Cleo, yo invito–
Cleo tuvo que pellizcarse el brazo, ¿de verdad iban a ir a comer?, era inesperado aunque bueno, tratándose de Lung… es decir, de Lincoln, supuso que no era tan raro.
Quizás ya no era tan malo como antes, tal vez había cambiado para mejor.
–¿20 dólares y el almuerzo?, podría acostumbrarme a esto señor L–, bromeó Cleo, imaginando la cara de sorpresa que pondría Sonette al darse cuenta de que el tipo no era el mismísimo demonio.
Sin embargo Sonette vio algo muy distinto, vio a un manipulador jugando con las emociones de su hermana, aprovechándose de su buena voluntad.
Era justo lo que temía.
–Alejate de mi hermana–
La puerta detrás de la que se ocultaba se abrió de par en par, y en un par de zancadas Sonette se plantó entre su hermana y Lincoln.
Cleo apenas pudo atajarla.
–Sonette, dijiste que esperarías–, le recriminó Cleo, mas, Sonette ya no la estaba escuchando.
Ya no se trataba de Cleo jugando a las predicciones sino de algo mucho más importante.
Lincoln ahogó el nerviosismo que le invadía y se forzó a actuar de la forma más calma posible. A pesar de eso, la imagen de su niña enfurecida, llena de odio en su contra se quemó en sus retinas. Estaba seguro de que ningún padre querría ver algo así en los ojos de su hija, y helo allí, sin siquiera poder explicar lo que en realidad sucedía.
–Sabes quien soy–, le dijo, –Sonette, hay cosas que desconoces, cosas que he querido decirte–
La joven lo empujó antes de que pudiese continuar, –¡Alejate de mi familia!–, gruñó, ignorando a Cleo que trataba sin éxito de apartarla de Lincoln.
–Sonette, prometiste que me dejarías manejar esto–, dijo Cleo algo atemorizada, –Por favor, me prometiste que haríamos esto juntas, ¡me lo prometiste Sonette!–
No la escuchó, sencillamente no podía hacerlo. Sonette no tenía la intención de escuchar a nadie más hasta que se asegurase de que Lincoln ya no fuese un riesgo ni para ella ni para Cleo.
–Eres un monstruo, no quiero verte, no quiero saber nada de ti, ni que me vuelvas a buscar–, siseó al agarrarlo del cuello de su chaqueta, –No eres mi padre, ¡no eres nadie para mi!–
–Como tú quieras, hija–
En un abrir y cerrar de ojos, desde la muñeca derecha de Sonette un resplandor metálico cortó el aire, y Lincoln acabó con una mano firmemente cerrada alrededor de una hoja. El cuchillo cartonero no era especialmente firme, y se quebró con la presión mientras Sonette luchaba por liberarlo del agarre de Lincoln. Mas, nada de eso importaba, el daño ya estaba hecho.
Sonette lo soltó y retrocedió un par de pasos, tratando de ignorar en vano la expresión de absoluta tristeza que marcaba el rostro de Lincoln.
–Si vuelves a molestarme a mi o a mi familia haré que te arrepientas–, lo amenazó con voz temblorosa antes de salir corriendo.
Cleo salió de su estupor, completamente pálida y aterrada frente a lo que había visto.
Por un instante, de verdad creyó que Lincoln no atajaría la hoja, que esta se hundiría en su cuello y que lo mataría…
Su hermana, ¡debía detenerla!.
–¡Sonette!–, gritó estirando ambos brazos para atraparla antes de que la puerta se cerrara en su cara.
Lincoln abrió su mano, y la hoja empapada de sangre cayó al piso.
–Ve por ella–, murmuró, –Por favor Cleo, ve a buscarla–
–Pero estas sangrando–, protestó débilmente Cleo al ver el piso manchado por las gotas que caían desde la palma de Lincoln.
Lincoln negó con la cabeza, transfijo en el corte en su palma, –No importa, ve por tu hermana–, le pidió mientras buscaba en sus bolsillos con qué detener el sangrado.
Escuchó los apresurados pasos de Cleo y resistió el impulso de seguirla. En ese momento, sabía que el ir detrás de ella solo ocasionaría más daño, sin embargo, eso en nada cambiaba lo mucho que lo estaba matando por dentro el no poder hacer nada.
Deseaba más que nada el explicarle pero… era obvio que no estaba lista.
Tal vez jamas lo estaría.
–¡Debería haber seguido adelante con el plan original y estrangular a esos dos!–, bramó al retirarse de la consulta de Cleo para regresar a casa a atender su mano, antes de que perdiese definitivamente los estribos y dejase a ambas chicas huérfanas.
Mientras tanto, con Cleo y Sonette…
–¿Qué hiciste?–
La halló en el baño del centro comercial, con las manos apoyadas sobre el lavabo y el rostro completamente expuesto. Sonette odiaba quitarse la máscara y en especial en lugares públicos.
Debía de estar muy molesta para hacer algo así…
–Oh Sonette… ¿por qué hiciste eso?–
Cleo la abrazó del mismo modo en que Sonette solía hacer con ella cuando eran pequeñas, y así, poco a poco hizo desaparecer la rigidez de los hombros de su hermana. Estaba molesta con ella por no confiar, por actuar de manera tan irracional, echando por tierra todos sus esfuerzos pero por el momento, lo que importaba era contenerla en lugar de regañarla. De nada le servía ponerse a pelear con su hermana.
–Debería sentirme mal, pero no siento nada–, susurró Sonette, –¿Es normal que me sienta así?–
Habían tantas cosas que le preocupaban, como el hecho de que Cleo se comportase de forma tan familiar con ese monstruo, o que el mismo monstruo pareciese sentirse cómodo con su hermana. A Sonette no le hacía ninguna gracia. Ese tipo era peligroso por lo que no tenía sentido que se comportase de esa manera salvo que tratase de manipular a Cleo.
Eso debía de estar haciendo, manipulando a Cleo con ese acto de padre preocupado buscando reconciliarse con su niñita, una completa ridiculez en su opinión, aunque tratándose de Cleo, pues veía el merito en su plan, lo que le demostraba el riesgo que presentaba para su familia. Lincoln debía de ser convincente para engañar a su hermana menor… pretendiendo que se interesaba, que de verdad tenía alguna excusa para que lo perdonasen.
Esto solo reafirmó para Sonette la necesidad de mantenerlo a raya, el era un verdadero lobo con piel de oveja.
–¿Escuchaste todo lo que dijo?–, preguntó Cleo apoyándose contra la puerta de uno de los cubículos.
Sonette hizo correr el agua para limpiarse el rostro, observando en todo momento su reflejo. Una serie de gotas oscuras habían manchado la manga de su chaqueta y también la palma de su mano derecha. Al darse cuenta de esto último se lavó las manos de manera profusa, hasta dejar la piel enrojecida.
Seguía entumecida, tanto por dentro como por fuera.
–Escuché desde el principio–
–Se va a ir–, le contestó Cleo tomándola de las manos, –Y es posible que no vuelvas a verlo–
Sonette se apartó de su hermana y salió del baño con Cleo pisándole los talones. Una vez estuvieron afuera, ambas hermanas acabaron de regreso en la consulta.
Lincoln ya se había marchado.
–Te lo dije, se irá y no lo volverás a ver–
–Puedo vivir con eso–, masculló Sonette al ver la sangre sobre la alfombra, –Digo, nunca lo necesité antes, así que es mejor que se vaya–
Todavía le quedaban muchas preguntas, ¿pero qué más daba?, viviría con eso y mantendría a Cleo y al resto de la familia a salvo. Sin embargo, un detalle en especial llamó su atención, algo que jamas le mencionaron al preguntar sobre Lincoln.
–¿Por qué usaba esa cosa?–
Cleo pensaba en qué excusa dar para explicar la sangre en el piso y la perdida de un cliente cuando la voz de su hermana la interrumpió.
Sonette, al notar la confusión de su hermana apuntó a su propio rostro, en especifico al cubre bocas que siempre usaba y que se había vuelto a poner apenas estuvo afuera del baño.
–¿Para qué crees?, no le gusta enseñar el rostro–, contestó Cleo de mala manera, buscando en uno de los armarios algo que le ayudase a limpiar la evidencia.
A Sonette le pareció algo gracioso, ¿qué se creía un personaje de anime o algo así?, ¿o quizás un villano de esos muy trillados de las caricaturas viejas?. Sonaba algo hipócrita viniendo de ella, tomando en cuenta que su atuendo no era para nada común, pero en el caso de Lincoln estaba segura de que se trataba de una tontería, pues la máscara se veía completamente burda.
–Tú lo has visto sin su máscara–, canturreó Sonette, –Apuesto a que es horrible–, bromeó.
Cleo frunció el ceño, –Una sola vez–, respondió de manera grave, –Y no, no le saqué fotos ni nada de eso, así que ya no hagas más preguntas–
Sonette sacudió los hombros y se puso a limpiar junto con Cleo, pero al cabo de un rato…
–¿Cómo es?–
Cleo resopló molesta y talló con más fuerza sin darse cuenta de que la mancha ya había desaparecido. ¿Así qué así sería?, primero atacaba a un cliente,que si bien era potencialmente peligroso jamas había hecho algo para generar desconfianza, luego, en lugar de disculparse, la molestaba con más preguntas, y justo de la clase que no debía de responder. Honestamente, Cleo amaba a su hermana y comprendía que no debía ser sencillo para ella el estar cerca de alguien que lastimó tanto a mamá. A la misma Cleo no se le hizo fácil en un principio, pero al menos estaba tratando, que era mucho más de lo que Sonette hacía.
–Vamos dime, ¿cómo es debajo de la máscara?–, volvió a preguntar Sonette, aunque ahora, su tono de burla era mucho menor, casi como si de verdad estuviese interesada.
–Tiene los ojos más tristes que te puedas imaginar–, replicó Cleo de forma automática, dejando a Sonette consternada.
La menor de las hermanas se aclaró la garganta, –Se ve mal, ¿ok?, se ve muy mal–, rectificó evitando la curiosa mirada de Sonette.
No era un hombre mal parecido, de hecho, todavía se notaba cierta semblanza del rostro de Sonette en su persona, pero lo que le habían hecho era… inhumano.
Respiró profundamente antes de hablar. Lo que le diría a Sonette bordeaba en lo aceptable, en términos respecto a Lincoln, pero supuso que merecía saber al menos eso sobre su padre.
–Está cubierto de cicatrices–
Sonette no lo esperaba, ¿cubierto de cicatrices?, eso era bastante interesante.
–¿Crees que papá se las haya hecho?–
Cleo rió, sorprendida por la pregunta de Sonette.
–Papá no sería capaz de hacer algo así–, contestó Cleo con una sonrisa, –¡Vamos!, ¿de verdad crees que nuestro tierno papá podría lastimar a alguien?–
Sonette no compartió el humor de su hermana, estando demasiado enfocada en Lincoln.
–Pero si sabes cómo se las hizo, ¿verdad?–
Cleo se puso a guardar los materiales de limpieza, sin siquiera ver a su hermana.
–Cleo, dime qué le pasó por favor–
–No sé cómo sucedió Sonette, lo único que me dijo fue que confió en las personas equivocadas–, respondió Cleo de manera cortante, –Ya está todo listo, cerraré por hoy–
Sonette no tuvo más opción que seguir a su hermana, preguntándose que tan fuerte fue la impresión que Lincoln le causo y si es que acaso, llegaría a conocerlo tan bien como lo hacía Cleo. No que le importase, pues si se iba nada cambiaría.
Nada, nada cambiaría entre las dos, o al menos eso creyó, hasta que vio a Cleo revisando algo en su teléfono el que guardó sutilmente en su bolsillo trasero antes de que Sonette pudiese espiar la pantalla.
