Una semana había pasado y algunas personas en la Torre de Taflem, estaban un poco alteradas. La boda de sus hijos, se celebraría ese sábado y la joven muchacha, brillaba de felicidad, por el contrario del novio, que parecía una sombra.
-Bien... Ya esta todo listo para mañana, Louis-
Hablo el hechicero negro, cuyo nombre era Orphen, al hombre gordo y con bigote, sentado delante de él.
-Si, Isabel y mi esposa, están muy emocionadas-Tomaba una copa de licor en su mano -En cambio, la suya, no ha colaborado en lo absoluto-
-Cleo no está de acuerdo con esto... Pero sabe que es lo correcto- miró por la ventana. Su esposa se encontraba con sus amigas en el jardín del lugar -A pesar de ser una Everlasthing, decidió mantenerse al margen. Ella es demasiado sobria, no le gustan las fiestas y el exceso, en lo absoluto-
Dio por finalizada la conversación con esas simples palabras.
El canto de una jovencita, se escuchaba por los largos pasillos del lugar, mientras caminaba, distraidamente, buscando a su prima y mejor amigo, que según dijeron, estarían en la biblioteca.
-Mañana...parecere bajo el cielo, una paloma blanca que pierde el vuelo- entonaba esa triste melodía con nostalgia -Mañana...ay amor... Te vas a casar con otra, con otra que no soy yo-
Una puerta se abrió de golpe y un brazo, tomó a la muchacha con fuerza, introduciendola de un tirón a la habitación.
-No grites- murmuró tapándole la boca -Soy yo, mi reina...Tranquila- rozó sus labios en la frente de ella, suspirando -Te extraño- declaró. Ella estaba en shock.
-¿Por qué hiciste eso, Seth?- habló por lo bajo, cuando se recompuso -Casi muero del susto- tomó la mano de él y apoyó su cabeza en su pecho, respirando tranquila -Mañana te casaras... Tendrías que estar con Isabel- él negó, juntando sus frentes.
-Me voy a casar con otra...que no eres tu- la tomó de las mejillas y la besó, como hacía tanto tiempo que no lo hacía -Vámonos de aquí, mi amor...- temblaba como una hoja por la desesperación que sentía -Vámonos lejos, tu y yo... Y seamos felices, por favor-
Rogó limpiando las mejillas de ella, que estaban cubiertas de lágrimas.
-No podemos hacer eso, Seth- intentó apartarlo, pero él volvió a besarla -Yo no haría algo como eso... No podría vivir en paz si lo hago- confesó cerrando sus ojos después de ese beso -Intenta ser feliz sin mi, ¿Si?-
-No, nunca lo haré. Mi vida estará rodeada de amargura a partir de mañana- la abrazó, aspirando el aroma de su cabello -Y el día que tu estés con otro y te vea sonreír con él, como lo hacías conmigo...- se separó de ella -Ese día... Moriré- la besó de nuevo -Así pasen años y no nos volvamos a ver... Nunca voy a renunciar a ti-
-No digas eso... Yo siempre seré libre y lo sabes- sonrió triste y se alejó de él, despacio -Algún día, me olvidaras y sólo seré un recuerdo más- se acercaba a la salida -Y cuando eso ocurra, podrás ser feliz-
Abrió la puerta detrás de ella y salió de allí, dejándolo dentro.
-No... Nunca te olvidaré- se sentó en la cama tomando su cabeza -Lo juro...- miró la puerta cerrada delante de él.
-¡Es muy triste!- exclamó, arrojando el libro lejos y apoyando su cabeza en la mesa donde estaba, cubriéndola con sus brazos -¿¡Cómo pudo hacerle eso, Dante!?- su novio, la miraba con una pequeña sonrisa que evitaba escapar -¡La dejó ahí... Sin decir nada!- señaló el libro con furia -¡Maldito cazador mata duendes!- golpeó la mesa, llorando de amargura.
-Eyra... No llores- río, consolándola -Eso pasó hace más de cien años y no tiene nada que ver con nosotros, ahora-
-Tu no comprendes nada- lo apartó de ella, molesta -¿Qué pasaría si yo te dejará a ti, despidiéndome con un simple beso y nada más?- él la miro irónico -No me contestes...- río limpiando sus lágrimas -Lo siento... No debí decirte eso- lo besó en la mejilla.
-Esta bien... Pero mira como terminamos después de eso- dijo juntando sus mejillas -Valió la pena sufrir tanto-
-¡Cállate!- lo empujó -¡Perro del ejército!-
-Esa es otra de las cosas que hice por ti, así que... No te quejes- le hizo cosquillas -Tu madre y mis padres, están felices por lo nuestro, parecían niños cuando se lo contamos- sonrió -En cambio tu padre...- negó con la cabeza.
-¡Nah! Que sufra en silencio- acotó burlona -Esta acostumbrado a eso...gracias a mi madre- río a carcajadas de las miserias de su padre.
-Pobre hombre...- río divertido -Aunque me odie, muchas veces me he sentido identificado con él-
-¡Oye!- lo golpeó en el brazo -¿Cómo crees que este Seth?-
Preguntó a su novio que frotaba el golpe que recibió.
-No lo sé, hace más de una semana que no sabemos nada de él-
Levantó sus hombros cerrando el libro frente a él.
-¡Esa maldita bruja!- murmuró apretando los dientes -¡No quiere que este cerca de nosotros! ¡Es un monstruo! ¡Le hará la vida totalmente miserable!- él asintió de acuerdo.
-Eso es cierto- agregó acariciando los largos cabellos de ella -Lo que realmente me sorprendió, en toda esta situación, fue la reacción de la tía Gaia-
-Si, la tía discutió con el tío Orphen por eso- miró a la nada como recordando el momento -Fue terrible para él discutir con ella. La adora y es lógico, la eligió como la madrina Seth, imagínate-
-Si, por suerte tu tío Keilot estaba allí, sino, hubiera salido volando por los aires- aseguró él.
-La tía es muy temperamental y cruel cuando quiere- miró a su prima que se acercaba a la mesa -Pero esta vez, tenía razón- se sentó delante de ellos -Primita, ¿Cómo estas?- le tomó una mano.
-Mañana... Me iré de aquí- sonrió -Está noche, prepararé todo y me iré. Mis padres arreglaron el auto, así que, puedo marcharme en él- observó al alquimista -Te extrañaré, amigo- él se acercó y la abrazó.
-Y yo a ti, enana- la zamarreó -Eres mi mejor amiga y siempre lo serás-
-Tu también...- Apoyó su cabeza en su hombro -¿Eyra?- su prima estaba teniendo una visión.
-¿Si?- preguntó al regresar, frotando sus ojos -¿Qué sucede?-
-¿Qué viste?- indagó, sospechoso.
-Nada... Una estupidez de la boda de mañana- mintió.
-Eres muy mala mintiendo, ¿Lo sabías?- la apuntó aún abrazada a su amigo.
-¡Seth!- gritó al verlo entrar a la biblioteca y correr hacía él -Te ves terrible- lo abrazó con fuerza y él también -Ven conmigo... Tenemos que hablar- lo tomó de la mano y salieron juntos de allí.
-Eso fue extraño- murmuró, mirando hacía la puerta.
-Si, lo fue...- se incorporó -Vamos al bosque, quiero pasar mi último día aquí contigo-
-Me parece una gran idea, alfa- la rodeó por los hombros.
Ambos amigos, casi hermanos, salieron de allí entre risas y empujones, ya no viajarían juntos, pero era su manera de decirse adiós.
-Si, eso hice Eyra- tenía la cabeza de su mejor amiga sobre su hombro -No quiero que viaje sola... Es lo último que puedo hacer por ella y por ti- sonrió aferrando sus manos.
-Si, gracias. Por eso eres mi mejor amigo, siempre cuidaste de mi... De nosotras- apretó la mano de él -Mañana será nuestro último día juntos...- Suspiró profundo -Deseo que seas muy feliz, pero sé, que no será así- el cerró sus ojos ante lo que dijo.
-¿Cómo es Elliot?- preguntó para cambiar de tema.
-Será hermoso...- suspiró, parecía que podía verlo -Tendrá el cabello rubio como ella y ojos azules, como tu- río con gracia -Será extraño, porque querrá ser un cazador, pero será un gran hechicero-
-Puede ser ambos- río maravillado ante la idea -Al igual que mi madre- ella asintió.
-Créeme... Lo será- lo besó en la mejilla -Alguien llegará a tu vida para ayudarte- mencionó, teniendo una visión difusa de algunos años -Nunca olvides, que siempre contarás conmigo, Seth- se incorporó -Me voy... Isabel esta buscándote y no quiero encontrarla-
-Gracias, Eyra- Abrazó a su amiga por última vez -Te quiero, vidente- ella se fue de allí susurrando un adiós.
