Hola, mis queridos lectores. He venido con el capítulo final de esta hermosa historia. Espero que puedan ayudarme dándole like a mi página de Facebook EAUchiha-Fanfiction y a mi Facebook personal Anne Kristina Rodríguez (en mi perfil está el enlace directo a ambos perfiles) desde allí estaré pendiente de ustedes y publicaré sobre mis próximas actualizaciones.

Agradecimientos especiales a mi Beta: Hikari Takaishi Y

Espero que la lectura sea de su total agrado.

Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.


Capítulo 23.

—No recuerdo bien porque hice ese dibujo, pero mirarlo me traía paz...— habló de repente —Creo que una vez soñé con ustedes, podía ver todo en ustedes con claridad, excepto sus rostros. Con ese dibujo entendía que alguien verdaderamente me amaba...

Un silencio reinó en el vehículo de nuevo. Sarada los miraba con desesperación, sus amados padres estaban allí, le habían dicho que la amaban y se lo demostraban con cada fibra de su ser, pero aún no era suficiente para ella. Todavía hay una necesidad de amor en su interior, muy difícil de explicar.

—¡Ah, casi lo olvido!— la exclamación exagerada de su madre causó un sobresalto en ella —¿Puedes recordar esto, Sasuke-kun?

Mostró el pijama que Chiyo le había entregado con una sonrisa traviesa, al instante, las mejillas de Sasuke se ruborizaron. Sarada era ajena a la escena, ella solo veía el pijama con la que Chiyo le dijo que llegó a ella aquella vez.

—Te contaré una historia— los ojos verdes de la pelirrosa brillaron aún más —Este pijama fue la primera pieza de ropa que te compramos cuando mi doctora nos dijo que eras una nena. El recuerdo de papá sosteniendo esto entre sus manos con su rostro endurecido, es encantador para mí; sobre todo cuando dejó su orgullo de lado y pagó por esta preciosidad.

—¿Puedo saber más?— preguntó maravillada.

—Oh, por supuesto— sonrió con cariño —Deberías saber que él también fue el que decidió tu nombre y fue realmente encantador— él bufó avergonzado —En ese momento yo no dejaba de insistir en que teníamos que darte un nombre y él me dijo que lo decidiera por mi cuenta, pero yo quería que fuera algo de los dos, fue entonces cuando decidimos dejarlo para después de conocer el género del bebé. Entonces luego de saber que eras niña, fuimos de compras y después a comer...

—Mamá tenía una ligera obsesión por las ensaladas durante el embarazo— intervino él.

—Yo le dije que como tu padre, era su deber escoger tu nombre y mientras comía mi ensalada, ¡Lo dijo!— exclamó —Dijo: Su nombre será Sarada— trató de imitar el tono de voz del Uchiha —Al principio estaba un poco incrédula porque se le ocurrió mientras me veía comer, pero luego me pareció hermoso y perfecto para ti, tanto que quería llorar...

—Molestia— puso los ojos en blanco.

—La idea de los collares fue mía y ese minúsculo detalle fue lo que nos ayudó a saber que esa niñita curiosa era nuestra Sarada.

Tocó la mejilla de su hija con tanto amor y devoción, demostrándole lo mucho que Sarada significa para ellos, como es que ella se convirtió su tesoro más preciado desde el momento en que fueron conscientes de su existencia.

—¿Cómo es que él no se dio cuenta de mi collar?— quiso saber.

—Lo colocamos debajo de tu ropa de manera que no pudieras tirar de él y te hicieras daño— explicó.

Durante todo el camino, Sarada no dejó de hacer preguntas y sus padres no dejaron de responderlas con toda la disposición del mundo. Conoció un poco más de ellos, su historia de amor, como lucharon juntos por enfrentarse a sus demonios internos, peleas en la que su amor siempre salió victorioso y como eran él y ella contra el mundo.

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Al llegar a la casa de sus padres, Sasuke estacionó el vehículo, lo apagó y al instante, ambos voltearon hacia a la niña.

—¿Estás lista para conocerlos a todos?— preguntó Sakura ansiosa.

No estoy segura si quiero hacerlo...— expresó en un susurro —¿Y si no les caigo bien?, ¿Y si piensan que yo no soy quien creo ser?

—¿Por qué piensas que nadie creerá que eres nuestra hija, Sarada?— Sasuke se mostró incrédulo.

—¿Qué no es obvio, papá?— inquirió con desesperación —¡Soy una completa desconocida para ellos!, ¡El único recuerdo que tienen de mí es el de una bebé recién nacida!— la pareja mostró asombro por las inseguridades de la niña —No entiendo cómo es que ustedes me aceptaron y me han dado su amor sin tener la certeza de que realmente soy su hija...— bajó los ojos con tristeza.

Sasuke frunció el ceño y miró fijamente a su esposa.

—¿Qué?— preguntó confundida.

—Definitivamente es tu hija— puso los ojos en blanco.

—¡Ah, no! ¡No me vengas a echar la culpa!— clamó ofendida —Es normal que tenga inseguridades, pasó once años viviendo en una fea granja con una anciana, sin tener nada más que su nombre. Además, prácticamente es una adolescente, los adolescentes sufren crisis existenciales por todo, y no me digas que no porque tú también las tenías.

—Sarada— él ignoró la mirada acusadora de su mujer y se dirigió a la niña —No hay dudas de que tú eres nuestra hija, los supimos desde que te vimos. Pero si quieres, podemos hacerte una prueba de ADN para que tú no tengas dudas. Nosotros estamos completamente convencidos de que eres nuestra pequeña.

—Cosas rara el instinto de los padres, ¿No te parece?— Sakura le guiñó el ojo —Eres idéntica a tu padre, lo único que yo hice fue darte una frente enorme ¡Shannaro!— se cruzó de brazos con un puchero.

—Su rostro es igual al tuyo— él comenzó a contar las similitudes entre ambas con sus dedos —Su tono de voz, su sonrisa, su figura, sus inseguridades, su inteligencia, sin mencionar esa palabra sin sentido que ambas dicen— las dos bufaron ofendidas —Claramente todas esas cosas las sacó de ti, sobre todo lo preciosa que ella es— sonrió levemente.

La pelinegra se contagió de la sonrisa de su padre, decidió dejar de pensar tanto y dejarse llevar por su corazón. Si él dice que no tiene que dudar, que todo lo que le está pasando es bueno y real, entonces es así.

Sus padres esperaban que ella se decidiera a salir del vehículo e ir a conocer a todas las personas que la amaban y esperaban por ella. Sacudió la cabeza y se bajó del auto, Sasuke y Sakura le tendieron una mano para que la tomara y ella se dejó llevar por ellos. Se sintió en paz cuando era llevada de las manos por sus padres, como amaba ser parte de esa pequeña familia, como amaba ser la hija de dos personas extraordinarias que se aman profundamente y la aman.

Los nervios volvieron a ella cuando su padre tocó el timbre de la enorme casa. Si no fuera por la necesidad de poder agradar a sus familiares, hubiera prestado más atención a las grandes obras arquitectónicas de la ciudad de Tokio y lo magnífica que es la casa de sus abuelos.

—Tranquila, todo estará bien— habló Sakura cuando sintió que ella le apretó la mano.

—Nosotros estamos contigo— aseguró Sasuke.

Su corazón latió con más fuerza cuando la puerta se abrió. Una mujer pasada los cuarenta les dio la bienvenida a todos.

—Sasuke-sama, Sakura-sama— la mujer hizo una reverencia ante ellos —Sarada-sama— se dirigió a ella una sonrisa maternal —Bienvenida a casa y feliz cumpleaños.

—Gracias— expresó con timidez.

—Todos los esperan en el jardín trasero— notificó antes de marcharse de vuelta a la cocina.

—¿Lista?— preguntó su madre.

—¡Sí!— afirmó con seguridad.

La pelinegra quedó sin aliento al ver a todas las personas de las que sus padres le hablaron, esperando por ella con sonrisas brillantes y lágrimas de alegría. Sarada esperaba que todos tuvieran sus dudas, pero no, todo el mundo tenía la misma certeza y seguridad que sus padres le trasmitieron al decirle que ella es su niña. La única que tenía dudas, era ella misma.

Sakura abrazó a su marido, conteniendo las ganas de liberar sus lágrimas al ver como sus seres queridos se reunieron para darle una cálida bienvenida a su hija. Incluso había una gran decoración para el cumpleaños de Sarada.

—Mírala, cariño— levantó la mirada hacía él —Es nuestra niña, ¿No te parece un sueño?

—Aún no termino de creerme que ella está aquí...

—No puedo dejar de mirarla y sentir la necesidad de llorar, es tan hermosa— sollozó.

Es perfecta— declaró él en un susurro.

—Si que lo es— se recostó en su pecho sin dejar de observar a Sarada —Cuando se trata de fiestas, tu madre hace maravillas hasta con pocas horas de organización. La decoración es muy bonita.

—Está muy feliz, tal vez demasiado— rio levemente al ver a su madre llorar a moco tendido, sin dejar de abrazar a Sarada.

...

A pesar de que son personas completamente extrañas, son mi familia. A pesar de lo extraña que me siento con la atención excesiva, mi corazón está a gusto y ellos son completamente felices al verme. De cierta forma me sentí como una tonta, en el fondo tenía el temor que ellos dudaran de quien pretendo ser, pero no hubo ni un momento de incertidumbre en los ojos de esas personas que no dejaban de demostrarme lo mucho que me han amado desde que nací.

—Lo lamento— la abuela se apartó de mi con lentitud —Debes estar abrumada por tantas cosas y yo ni siquiera te dejo respirar.

—Se siente extraño todo esto— admití —Pero estoy contenta, no esperaba encontrarme a tantas personas felices de verme. De hecho, pensaba que mis padres me odiarían después de todo lo que han sufrido por mi culpa.

—Nada de lo que pasó fue culpa tuya— el abuelo Fugaku acarició mi cabeza.

—Fugaku está en lo correcto, ni siquiera nosotros estábamos preparados para evitarlo, no trates de echarte la culpa— apoyó mi abuelo Kizashi con una sonrisa.

—¿Soy rara por sentirme así?— preguntó avergonzada.

—No se trata de ser rara o no, se trata de que has vivido lejos por mucho tiempo y nosotros podremos ser unos completos extraños para ti— expresó mi tío Itachi, llegando junto a su familia —Te pareces mucho a mi estúpido hermano menor— me sonrió.

—¡Su preciosidad se debe a mi hermosa Sakura!— alardeó el abuelo Kizashi.

—¿Qué no tuvimos esta discusión el día que nació?— mi abuela lo señaló alterada —¡Mi Sasuke es un hombre atractivo también y su belleza la heredó de mí!

—Y-ya, ya— dije con nerviosismo.

—Esta discusión nunca ha tenido sentido alguno— mis padres llegaron al grupo —Parecen un par de críos— regañó papá.

—¿Alguna vez has probado postres?— preguntó mi mamá con dulzura.

—¿El pastel se puede considerar como uno?— me picó la curiosidad

—Definitivamente sí, pero hay muchos más que puedes disfrutar.

—¿Puedo comerlos?— desvié la mirada al suelo.

—¡Por supuesto!— exclamó —Todo lo que está aquí es para ti, ¡Andando!

Me tomó de la mano y me llevó a la mesa donde estaban todos los dulces, dejando a mi papá enfrascado en una discusión con su madre.

No podía dejar de mirarla mientras me mostraba todos los dulces en la mesa, no termino de creerme lo hermosa que es mi mamá. No me refiero únicamente a su belleza física, sino también de su manera de amarme. Por más que trato de entenderlo, no encuentro una explicación lógica a ese amor que desborda por mí con cada fibra de su ser. Supongo que eso es lo que llaman amor de madre. La vida tal vez no me dio la oportunidad de crecer bajo la cobertura de su inmenso amor, pero me doy cuenta que el pasado ya no importa, que a partir de ahora podré gozar de ello sin temor a perderlo de nuevo. Y una parte de mí desea egoístamente seguir siendo la única que reciba ese amor, pero hay otra que desea que ellos puedan tener la dicha de poder criar a un hijo desde sus cimientos, cosa que no pudieron hacer conmigo por las crueles circunstancias que nos han rodeado por años.

—Hola.

Un niño rubio llegó a nosotras, si mal no recuerdo, él es hijo de la amiga de mi mamá. Junto a él habían dos niños y una niña. Uno que evidentemente es el mayor, un niño igualmente rubio, aunque más joven y este sostenía a la niña más pequeña de la mano. Esos son los hijos del amigo de mi padre. Pero el mayor, aún no sé quién podría ser.

—Hola— me oculté detrás de mi mamá con disimulo, todavía estoy demasiado abrumada con tanta gente a mi alrededor.

—Quisimos venir a saludar apropiadamente, los adultos son un poco molestos y no nos dejaban acercarnos. Por cierto, feliz cumpleaños— sonrió amablemente.

—Gracias— le devolví el gesto.

—Te dejo a solas con Inojin y los demás— mi madre se dirigió a mí —Irás a la misma clase que Inojin, así que seria bueno que comenzaran a conocerse mejor para que él te pueda ayudar a adaptarte.

De no ser por ella, habría pasado un momento vergonzoso, pues no recordaba su nombre ni el de los demás.

—Está bien— accedí.

Me dio un beso en la frente y me dejó con ellos. Al principio fue todo muy extraño, no tenía idea de qué hablar con ellos, nunca había entablado conversación alguna con nadie además de la anciana.

—Debe ser abrumadora tanta atención— Inojin decidió romper el silencio.

—Admito que quiero huir al auto de papá e irnos a casa de una vez, pero también estoy feliz de estar aquí y conocerlos a todos. Es bastante complicado— dije —Por eso mi mamá me trajo para acá con la excusa de comer postres, para alejarme un poco del bullicio. Pero estoy muy interesada en probar cosas dulces además del pastel.

—Será un placer ayudarte con eso— de nuevo sonrío.

Pasar el rato con personas contemporáneas no fue como yo lo esperaba, admito que fue bastante divertido pero... los niños más pequeños lograron exasperarme. Ellos juegan, corren, gritan y se divierten. Supongo que eso es lo que debe hacer un niño con una infancia feliz. Pienso que si yo no hubiera crecido en otro lugar, tal vez mi niñez hubiera sido como la de estos niños. La anciana solo me llenaba de tareas escolares y domésticas, mi único entretenimiento de niña era colorear en un libro y leer novelas cuando aprendí a leer, aunque dudo que eso último se pueda definir como una actividad predilecta para un niño. Me pregunto si mi madre hizo bien en perdonar a la señora Chiyo por lo que hizo, porque es evidente que mi padre no está del todo convencido en perdonarla. Me pregunto si yo estoy completamente segura de perdonarla por mi triste vida a su lado...

Incluso mi pequeño primo se unió al juego, me di cuenta que él es un niño más tranquilo que los otros. Cuando se cansó de corretear, Ichigo simplemente se sentó junto a mí y comenzó a hacerme preguntas mientras degustaba felizmente un dulce llamado dango. Supongo que la hiperactividad de un niño también depende mucho de su personalidad.

Durante la conversación, descubrí que el niño más grande se llama Kawaki, que él es hijo de uno de los empleados del padre de Naruto y que, debido al problema de alcoholismo de su progenitor, Naruto decidió acogerlo en su hogar y tiene prácticamente los mismos derechos que sus dos hijos. Él cumplirá trece años muy pronto y va a comenzar la secundaria cuando el año escolar dé inicio en un par de días. Inojin es un chico bastante sensato y alegre, que disfruta dibujar, pintar y que no le gusta jugar béisbol como a su padre, pero es bastante insensible al decir ciertas cosas.

—¡Es hora del pastel!— el llamado de mi madre nos hizo voltear a todos hacia donde ella estaba.

—Es mejor que nos demos prisa— Inojin se adelantó con Ichigo, Boruto y su hermanita.

Cuando comencé a caminar hacia donde todo el mundo me estaba esperando, Kawaki se puso a la par conmigo.

—Deberías saber que cuando Naruto-san armó un alboroto porque habían encontrado a la niña de Sasuke-san, creí que se estaban alterando demasiado por una simple niñata— comentó.

—¿Y qué piensas ahora?— debatí.

—Que valió la pena tanto alboroto— esbozó una sonrisa traviesa, tal vez fue la primera sonrisa ha hecho desde que llegó con los demás.

Sentí un poco de calor en mis mejillas, no podría decir con propiedad si es un cumplido, pero me hizo ligeramente feliz.

—¿Por qué estás sonrojada?— preguntó mamá cuando llegué hacia donde estaban ella y papá —¿No será por algo que te dijo Kawaki?— dijo en voz baja mientras me codeaba las costillas.

—¡Ma-mamá!— exclamé avergonzada, ella me había dejado en evidencia.

—No estés diciendo cosas raras, Sakura, es una niña todavía— regañó papá.

—Que aburrido eres— murmuró con un mohín en sus labios.

—Hmp— bufó.

No pude evitar reírme un poco, me da la impresión de que mi papá es un poco celoso y a mi madre le importa muy poco que lo sea.

Las lágrimas corrieron por mis mejillas mientras todo el mundo me cantaba el cumpleaños feliz. Mi corazón se había sentido más emocionado cuando mis padres lo hicieron en el vehículo, pero aún así, el sentimiento de felicidad es completamente indescriptible. Después de soplar las velas, volteé a abrazar a mis padres. No puedo dejar de agradecer el tenerlos conmigo, el contar con la suerte de que ellos nunca se rindieron conmigo y no decidieron continuar sus vidas sin mí. Los tres hemos sufrido mucho en estos años, pero finalmente todo terminó. Yo estoy de vuelta en sus brazos, justo donde siempre debí estar.

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Cuando la fiesta acabó, tuve que agradecer a cada persona que estuvo presente esa noche. Yo solo quería irme a casa con mis padres, pero la gente no terminaba de irse. Finalmente me despedí de mis abuelos, y mis padres decidieron que ya era tiempo de irnos a casa.

En el trayecto, ellos conversaban algunas cosas que habían pendientes ahora que yo había regresado. Yo decidí mantenerme callada, la verdad estaba cansada mental y físicamente, pero todavía tenía muchas preguntas rondando en mi cabeza.

—Debemos llevarla al hospital para que le hagan algunas pruebas para saber si su salud es buena y establecer un programa de vacunación para completar su cartón de vacunas, incluso mandar a revisar si la medida de sus anteojos es la correcta— hablaba mi madre —Debemos comprarle una cama más grande, ropa, zapatos...

—Sai me dijo que para cerrar el caso, debían hacerle una prueba de ADN— comentó él —Al principio me dijo que tenía sus dudas al respecto, pero cuando la vio en persona se dio cuenta del parecido que Sarada tiene con nosotros.

—¿Por qué no solo comparan sus huellas dactilares y ya? Entiendo que es parte de su trabajo, pero es un fastidio que tengan tanto protocolo— replicó ella.

—Incluso debemos llevarla para que la interroguen— añadió con molestia.

—¡¿Pero qué demonios creen que les pueda decir ella?! ¡Es una niña, Sasuke!— vociferó enojada.

—Es parte importante del caso, se debe hacer— decretó —También van a interrogar a la anciana, Sai dice que podría cumplir una pequeña condena por haber sido cómplice de su secuestro...

No sabría como sentirme al respecto, si es verdad que ella no me dejó ir porque no quería estar sola, pero me apena que vaya a la cárcel, ella ya está muy anciana, tal vez no lo vaya a resistir.

—Espero que tengan consideración con ella por su edad avanzada— expresó con pena —Por otra parte, pues tendrán que esperar por la declaración de Sarada— se cruzó de brazos —Tenemos que hacer todo lo que te mencioné con anterioridad y también debemos averiguar cuáles son los requerimientos que necesitamos para inscribirla en la escuela. Ella no ha ido nunca a una escuela, de hecho...— volteó a verme —¿Cómo fue la educación que te dio la señora Chiyo?

—No sabría decirlo, no conozco cómo funciona el sistema educativo. Ella solo se encargaba de darme libros de todas las áreas que ella tenía disponibles y de allí sacaba mi tarea— respondí.

—Tendrían que hacerte un examen para saber el nivel educativo que tienes y poder estar en el grado apropiado para tus conocimientos— divagó —Aunque mamá no está del todo convencida, tú no estás acostumbrada a convivir con tantas personas y enviarte a una escuela ahora... no lo sé. Es lo correcto, pero me preocupa mucho, los niños en las escuelas pueden ser muy crueles...

—¿Fueron crueles contigo en la escuela, mamá?— pregunté.

—Sufrí acoso por parte de las niñas en la primaria y la secundaria— contestó —Yo no era muy feliz vistiendo ni actuando como una niña comúnmente lo hace, yo prefería estar jugando béisbol con los niños. Además que mi color de cabello, mi supuesta falta de belleza y mi frente enorme también eran un blanco para las burlas. Eran muy creativas al momento de criticar mi falta de feminidad, mi fealdad, mi cabello y mi frente. Pero tenía a Ino, ella siempre estuvo allí para mí y me defendía de todas. La preparatoria fue distinta, decidí vestirme de varón para poder estar en el equipo de béisbol. Me sentía bastante cómoda, hacía lo que me gustaba y no sufría por las crueles palabras de las otras chicas, al contrario, Ino tuvo que fingir ser mi novia para quitármelas de encima porque les parecía un chico muy lindo— puso los ojos en blanco —Pero gracias a eso, conocí a papá.

—Creía que se conocieron en el restaurante favorito de mamá— recordé que eso me dijeron hace algunas horas atrás.

—Oficialmente así fue— sonrió con picardía —Nuestros equipos fueron rivales durante la final del torneo regional de béisbol en el último año de preparatoria. Papá fue el único chico que logró acelerar mi corazón cuando vestía de varón. Unos meses después de terminar la escuela, nos conocimos en ese lugar, pero ahora estaba siendo yo misma.

—¿Nunca viste de nuevo a esas personas que te hicieron sentir mal?— quise saber.

—Pues una vez me invitaron a una reunión de ex alumnos y no fui porque tuve un accidente... o más bien la persona que te secuestró trató de matarme— relató —Ninguna creía que yo había conquistado a un hombre como tu padre, de hecho decían que yo lo estaba manipulando para que estuviera conmigo.

—Y no olvides a la odiosa del hospital— agregó él.

—La noche previa a tu nacimiento, me llevaron al hospital porque entré en trabajo de parto. La enfermera a mi cargo era una de esas chicas que solía molestarme, dijo muchas cosas horribles mientras me atendía, pero cuando vio a tu padre tuvo que cerrar la boca. La persona que te secuestró se aprovechó de ella para poder sacarte del hospital pues todas las salidas estaban vigiladas. La amordazaron, robaron su identidad, su apariencia y fingieron ser ella, supuestamente ella iría a mi habitación a llevarte de regreso a la sala de maternidad esa noche, pero a pesar que yo me di cuenta que esa persona no era Shion, no pudimos salvarte.

—Mamá— me di cuenta que ya era tiempo de hacer esa pregunta que ha rondado por mi cabeza un buen rato —¿Por qué decidiste perdonar a Chiyo-sama?

—Porque...— suspiró profundamente antes de continuar —Vimos muchas cosas terribles durante tu búsqueda, vimos lo que el mundo lleno de depredadores le puede hacer a un niño indefenso y desamparado. Una vez tuvimos que ir a identificar un cadáver con tus características, me aterra el simple recuerdo de todo lo que le hicieron a esa pobre criatura. Me aterraba pensar que él te mantuviera a su lado y te hiciera lo mismo, por eso de cierta forma estoy agradecida con ella, porque te cuidó y te protegió del mundo.

—Eso lo sé porque también se lo dijiste a ella, pero no entiendo cómo se te da tan fácil el perdonarla...— insistí.

—Porque tú estás viva, solo por eso— decretó sonriente —Aunque no voy a negar que me molesta el hecho de que ella te conozca mejor que yo que soy tu madre y que ella haya vivido momentos tuyos que nosotros habríamos querido presenciar.

—¿Está bien que yo tenga mis dudas sobre si perdonarla o no?— musité con tristeza.

—Haz lo que te haga sentir bien y lo que le haga bien a tu corazón— aconsejó —El rencor solo consigue envenenar el alma.

—Lo haré— acepté.

La casa de mis padres, o más bien, mi hogar, es muy bonita por fuera. Tiene un gran jardín, aunque no tan grande como el de la casa de mis abuelos. Antes de entrar al recibidor, ellos me pidieron que me quedara afuera unos instantes. Cuando me pidieron que entrara, ambos estaban descalzos sobre la tarima, mi padre con una mano sobre el hombro de ella y sus rostros adornados con una suave sonrisa.

—Okaeri, Sarada— dijeron al unísono.

¡Ta-tadaima!— respondí con lágrimas en los ojos.

Me quité los zapatos y los abracé con mucha fuerza. Finalmente lo conseguí, por fin logré recorrer mi camino y llegar a casa.

Fin.


Finalmente hemos llegado al final de esta maravillosa historia, finalmente Sarada está en su hogar como ella siempre anheló. Yo estoy feliz de haber terminado y aunque he tenido altos y bajos, logré traer un final para ustedes. Aunque tendrá un epílogo, por lo que aún no se acaba del todo. Amé estoy y no quería terminarlo tan pronto, pero otra deseaba terminarlo apropiadamente. Gracias por leer, gracias por seguir apoyándome, realmente gracias por todo.

Espero que se tomen la molestia de dejarme su opinión por medio de un review.

Nos leemos en el próximo capítulo, hasta la próxima.

EAUchiha.