Hola mis bellas y bellos lectores, gracias por entrar aquí. Hoy les traigo el capítulo 25 de este long fic. Disculpen la demora, he tenido mucho trabajo, y por eso no había podido actualizar. Agradezco la paciencia de todos. Espero que les guste el capítulo.

.

Como siempre agradezco a todas las personas que me leen y que me dejan algún review, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente me leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar :D

.

Capítulo dedicado a tod s los que comentaron en mi último One-Shot como también a los que comentaron en mi última actualización: alsole, Kaoru-sakura, AraOrtegaS92, ANABELITA N, Roronoa Saky y Lirio-Shikatema. Chicas, gracias por comentar, les mando a todas un gran beso y un fuerte abrazo.

.

.

Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.

.


Lo que siempre nos unirá

.

Capítulo 25.- Proponiendo ideas (parte 2)

.

La pareja comenzó a avanzar por la pista de baile, con el fin de cumplir su objetivo.

—Ino, no puedo aguantar hasta próxima semana —señaló un curioso Naruto, captando de inmediato la atención de su platinada amiga—, así que dime, ¿de cuándo existe algo entre esos dos? Yo pensé que de las miraditas no pasaban.

—No sé si ya pasó algo o estamos a portas de que ocurra —respondió, la Yamanaka, siguiendo los movimientos del ojiazul—. No los he visto interactuar desde el cumpleaños de Inojin. Aunque hace unos días atrás, fui a ver a Shika a la oficina, y éste me comentó que sentía a Tema cada día más cercana. Que estaba contento con lo que había logrado y que más adelante tenía pensando hablarle de sus sentimientos.

—Por lo que tú dices, entiendo que Shikamaru tiene como objetivo recuperar a Tema-chan.

—Pues, sí —acotó feliz, la platinada—, ¿no te parece romántico?

El Uzumaki se imaginó de inmediato el lío que esto acarrearía.

—Tal vez sí, pero… Shikamaru no debe olvidar que ambos están casados.

—No lo ha olvidado, Naruto —señaló, Ino, a la defensiva del Nara—, por ese motivo es que está actuando con cautela.

El rubio frunció el ceño enseguida.

—¿Con cautela? —inquirió esbozando una sonrisa —. Hace menos de una hora le hablé de Tema-chan y de inmediato puso cara de idiota.

—Quizás actuó así porque tú eres su amigo —volvió a defenderlo, la Yamanaka—, pero por lo general sabe disimularlo muy bien. Te lo digo con conocimiento de causa, ya que lo he visto conversar con terceros respecto a Temari y su hijo. Esa noticia todavía es tema en nuestro círculo de conocidos y amigos.

—Creo que antes de dar el segundo paso, Shikamaru debiese preocuparse de resolver su situación marital —acotó de forma sensata, el rubio, sin dejar de bailar magistralmente—. Es lo más sano que puede hacer antes de meterse de lleno en ese embrollo.

—Tienes razón, pero según entiendo, él no hará nada a menos Temari le demuestre algún tipo de interés.

El Uzumaki por reflejo la miró fijamente.

—¿En serio?

Ino de inmediato asintió.

La pareja dejó de avanzar y se quedó bailando en un solo lugar.

—Eso fue lo que Shika me dijo —señaló revelando lo que Shikamaru le había dicho para el cumpleaños de Inojin.

El ojiazul se quedó mirándola con detenimiento.

—Vaya que han pasado cosas y yo sin saber nada —se quejó éste, sacándole una sonrisa a la Yamanaka—. Menos mal que me estoy casando, sino ni me entero de lo que le está pasando a Shikamaru.

—Es entendible que no hayas percibido nada, Naruto —espetó, la platinada, de forma comprensiva—, tu mente estaba concentrada en los preparativos de tu matrimonio, es natural, pero ahora es tu oportunidad de ver a ese par más detenidamente —sonrió y lo miró traviesa—, y nada menos que bailando una linda pieza de vals.

El Uzumaki sonrió igual que ella, sin embargo, a los segundos esa sonrisa desapareció. La duda se reflejó en su rostro.

—Ino, ¿tú crees que Tayuya quiera bailar conmigo, si ve que voy a dejar a Tema-chan con Shikamaru? —espetó con algo de inseguridad, Naruto—. Quizás se niegue y hasta ahí llegue el plan.

—Imposible que te diga que no, eres el novio —aseveró con convicción, la Yamanaka, mientras seguía los movimientos del rubio—. Tú sólo actúa normal, ella no se negará. La sorprenderás con la guardia baja… aunque seguro que después te va odiar.

La platinada soltó una risotada maligna.

—Me voy a ganar una enemiga de por vida, «amiga» —espetó, el ojiazul, tratando de disimular su preocupación.

Para variar no le resultó.

—Tranquilo Naruto, ella nunca sabrá que todo esto fue premeditado —señaló, la Yamanaka, con mucha seguridad. Tenía que darle ánimo a su amigo, para que éste no echara pie atrás.

Y lo logró. El semblante del rubio cambió.

—Tienes razón, Ino, no tiene como saberlo —afirmó éste, completamente convencido—, a menos que uno de nosotros diga algo.

La ojiceleste lo miró con seguridad.

—Puedes estar tranquilo, Naruto, que yo no lo haré. Confió en que tú tampoco dirás nada.

—Seré una tumba, Ino —acotó con seriedad, el Uzumaki, reiniciando su desplazamiento hacia donde estaba el matrimonio Uchiha—. No quiero morir en manos de esa loca.

—No está loca, Naruto —lo corrigió, la platinada—, sólo es una celópata.

—Para el caso es lo mismo, Ino —señaló, el ojiazul, girando con ésta para quedar al lado del Uchiha. Al separarse de la platinada, le susurró —. Bueno, aquí vamos. Espero que Kami nos eche una mano.

—A Kami no le gusta el chisme, Naruto —acotó quedito, la ojiceleste.

—Pero a nosotros, sí —musito, el rubio, con una sonrisa zorruna, para luego acercase al Uchiha y tocarle el hombro.

—Pero miren si es el novio —acotó, el azabache, con una sonrisa.

—Amigos disculpen la interrupción —espetó, Naruto, con su típica alegría—. Itachi me permitirías bailar un momento con la dama aquí presente. Es un cambio de parejas —explicó.

—Por mí no hay problema —le respondió éste, dirigiendo luego la mirada hacia su esposa.

—Imposible decirle que no al novio —espetó, Temari, con amplia sonrisa.

Al escuchar la respuesta de la ojiverde, el Uchiha desvió su mirada hacia la Yamanaka.

—¿Me permites? —acotó extendiéndole la mano a ésta.

La ojiceleste que tenía los ojos puestos en Temari, reaccionó.

—Claro —le respondió ésta, con una bella sonrisa.

—Tema-chan —espetó, el rubio, ofreciéndole la mano.

—Por supuesto —señaló ésta, aceptándosela.

Naruto extendió su brazo y puso su mano libre en la espalda de la rubia. A su vez, Temari colocó su mano desocupada en el hombro del Uzumaki. Sonrieron por inercia y a los segundos comenzaron a bailar. No había tiempo que perder. El rubio sabía que la música de este baile iba a ser bastante larga, pero tampoco se podía relajar. Había perdido bastante tiempo cuchicheando con la platinada, antes de echar a andar el plan.

La pareja con prontitud empezó a girar con gracia y elegancia.

La rubia sonrió.

—Me impresiona ver lo bien que bailas, Naruto.

Aquel elogio lo hizo sonreír.

—Tema-chan, todos tenemos talentos escondidos —acotó éste, con una amplia sonrisa. Tantos gritos de su madre habían valido la pena, ya que había logrado bailar como un profesional.

Terminó los giros con la rubia, y sin pensarlo dos veces, comenzó a desplazarse al otro extremo de la pista de baile.

—Así parece —espetó sonriente, la ojiverde—. Me alegro mucho por Hinata, ya que pudo cumplir su sueño: un baile perfecto en el día de su boda.

El Uzumaki no pudo evitar sonreír.

—Ella se merece eso y mucho más —señaló recordando lo feliz que se veía su bella esposa.

El rubio detuvo su desplazamiento y volvió a girar con Temari en cierto punto.

Esbozó una amplia sonrisa.

—Bueno, Tema-chan, creo ya llegó la hora de sacar a bailar a otra de mis invitadas —explicó, el ojiazul, tratando de sonar casual—. Gracias por concederme el honor de bailar contigo.

—Lo mismo digo, Naruto —acotó ésta, con una sutil sonrisa—. ¿Y a quién tienes en vista ahora?

El ojiazul cambió su rostro a uno pensativo.

—Todavía no lo sé —respondió éste, esbozando una gran sonrisa. Movió su cabeza de lado a lado y simulando que buscaba—, pero ya la encontré. Sígueme, Tema-chan.

Naruto guió a la rubia hacia donde estaba su nueva pareja de baile. Ella con una sonrisa lo siguió, desconociendo el plan que éste tenía en su cabeza.

A cierta distancia, la ojiverde pudo distinguir a Shikamaru con su esposa. No tomó mucho reparo en ello, sin embargo, cada vez que el rubio avanzaba, los veía más y más cerca.

¿Será que Naruto tiene pensado bailar con ella? —se dijo mentalmente, Temari, mientras seguía los pasos de su compañero de baile —. No, no creo, seguramente sólo es una coincidencia.

Naruto de repente dejó de avanzar, y la hizo girar sobre su eje.

—Llegamos —espetó éste, con su típica alegría. Habían quedado prácticamente al lado del Nara y la colorina.

La rubia no supo qué pensar.

El Uzumaki giró hacia su izquierda para tocarle el hombro al pelinegro.

—Shikamaru, amigo —acotó éste, con una gran sonrisa, haciendo que el Nara se detuviera en seco—, ¿me dejarías un momento bailar con tu esposa? Es un cambio de pareja —le explicó señalando con su dedo pulgar hacia atrás. El moreno por inercia miró hacia donde apuntaba su amigo y la vio. Ella con sutileza, le sonrió.

—Por supuesto, Naruto… no tengo problema —respondió, el moreno, con un deje de parsimonia. Tenía que disimular su emoción, ya estaba al lado de su esposa. Shikamaru miró por inercia a su pareja.

—¿Tayuya? —inquirió, el ojiazul, mirando fijamente a la pelirroja. Ésta por dentro estaba hecha un mar de furia. No entendía por qué de todas las mujeres que Naruto podía escoger, tenía que venir a sacarla a bailar a ella, y más encima le traía a Shikamaru esa mujer, aquella mujer que ella odiaba con todas sus fuerzas, sin embargo, sabía que no se podía descontrolar. Tenía que simular serenidad. No estaba dispuesta a quedar en ridículo enfrente de todo su círculo social.

Mantén la calma, Tayuya. Las ocurrencias de este idiota no te van a echar a perder la noche —se dijo mentalmente antes de contestar.

Esbozó una sonrisa cínica.

—Será todo un honor bailar con el novio —espetó ésta, de la boca para afuera, porque por dentro lo único que quería era despellejar vivo al Uzumaki, sin embargo, éste ni siquiera lo notó.

Naruto apenas la escuchó, le ofreció su mano. Ésta al instante se la aceptó. La pareja de inmediato comenzó a bailar.

Temari y Shikamaru, al ver que éstos comenzaron a bailar, se miraron.

—¿Bailamos? —le preguntó, el pelinegro, extendiéndole la mano.

—Creo que la pregunta está demás —respondió con seguridad, la rubia, para luego tomarle la mano y colocar la mano libre sobre su hombro.

El moreno por inercia sonrió. Era la típica respuesta de la Temari de siempre, cuestión que de cierto modo le agradeció.

Shikamaru ubicó su mano derecha en la espalda de la rubia, para luego mirarla fijamente a los ojos. Comenzaron a bailar.

—Nunca me imaginé que en esta fiesta, iba a tener la oportunidad de bailar contigo —se sinceró, el pelinegro, mientras bailaban—. Esto ha sido toda una sorpresa.

—Pues, ya somos dos —reparó, Temari, con falso fastidio—. Jamás pensé que en este intercambio de parejas, terminaría aquí.

Lo miró con falsa altivez.

Shikamaru esbozó una semi sonrisa. Tal parecía que quería fastidiarlo como en sus mejores días. Tenía tan recuerdos junto a ella.

—No te quejes, mujer, si tampoco soy tan mal bailarín.

Ella enseguida le devolvió la sonrisa.

—Es una broma, Shikamaru, sólo que me parece extraña esta situación —espetó ésta, y el pelinegro le encontró la razón—. Seguro que Tayuya debe estar odiándome por estar bailando contigo.

—No tendría por qué molestarse, mujer, tan sólo es un baile —señaló cansinamente, el moreno—. Además la idea de cambiar pareja no fue tuya, sino de Naruto.

Una sutil sonrisa adornó su bello rostro.

—Tienes razón, pero tampoco soy santo de su devoción. Quizás hasta esté pensando que todo esto ha sido planificado

Shikamaru sonrió por inercia.

—Ninguno de los dos planeó esto, mujer —espetó éste, sin dejar de observar sus bellos ojos—. Tampoco creo que a Naruto se le haya ocurrido.

—Ino estaba con él —señaló, Temari, a modo de detalle.

El pelinegro apenas escuchó ese nombre, se quedó pensativo.

Si ella estaba con él, todo puedo ser.

.

.

.

Y en otro lado de la pista de baile.

—Achu.

Soltó un estornudo cierta platinada con su antebrazo puesto sobre su boca.

—Parece que alguien se resfrió —acotó de forma amena, Itachi, deteniendo el baile.

La Yamanaka esbozó una sonrisa.

—Disculpa, sólo fue una pelusa que entró en mi nariz. Continuemos.

Apenas señaló el motivo de su estornudo, ambos reanudaron el baile

¿Quién se habrá acordado de mí? —se preguntó mentalmente, la Yamanaka, mientras continuaba bailando—. Espero que no sean Temari y Shikamaru uniendo cabos —de inmediato comenzó a mirar de reojo hacia el lado—. ¡Ay, que rabia!, no vea nada desde aquí. Sólo espero que Naruto tengo mejor vista que yo, sino… sino no me quedará de otra que interrogar a Shikamaru —sonrió para sí—. Él tendrá que contarme todo después que le confiese mi buena acción.

.

.

.

—No, no creo… ella nunca haría eso —acotó, el pelinegro, simulando seriedad, sin embargo, a los pocos segundo se le escapó una risa.

—Ni tú mismo te lo crees, Shikamaru —le recriminó de inmediato, Temari. Ambos conocían muy bien a Ino, y sabían lo ocurrente que ésta podía llegar a ser.

La rubia no pudo evitar sonreír.

El moreno a su vez la miró con cariño.

La tenía tan cerca, pero al mismo tiempo tan lejos, ¿podría conformarse con eso? Su respuesta obviamente era no, pero ¿cómo volver a conversar ciertos temas con ella?

—¿Me puedes dejar de mirar con esa cara de idiota?

La pregunta de la ojiverde lo trabajo de vuelta al planeta tierra. Temari no era ninguna tonta. Supuso que ésta hace mucho rato, se había dado cuenta que a él le estaban pasando cosas con ella.

Chasqueó la lengua.

—Problemática, mejor dejemos esta conversación hasta aquí.

Fue lo único que a Shikamaru se le ocurrió decir, sin embargo, a los segundos, se percató que quizás ésta era la oportunidad de conversar «algo más» con ella. La rubia no se veía molesta con sus acciones, todo lo contrario, parecía que disfrutaba de la situación y de su compañía.

Temari le sonrió divertida.

—Está bien, no insistiré más —acotó retomando la conversación anterior—, pero nadie me quitará de la cabeza que este baile fue planificado por tu amiga.

—Ya mujer, cree lo que quieras —espetó, el pelinegro, con una semi sonrisa —. Ahora concentrémonos en bailar.

.

.

.

A unos cuantos metros de Shikamaru y Temari, otra pareja que estaba bailando comenzaba a charlar.

—La verdad Naruto es que me has sorprendido —espeto, cierta pelirroja, después de bailar más de un minuto sin decir ni media palabra. Tenía que mostrarse más amena, antes que la tacharan de amargada—. Sabes guiar muy bien a la pareja y lo haces demasiado bien, te felicito.

—Gracias Tayuya —acotó con amabilidad, el Uzumaki—, trato de hacerlo lo mejor que puedo.

—No seas modesto, Naruto, tus movimientos son perfectos —insistió, la colorina, con una semi sonrisa.

Aquel comentario lo hizo sonreír ampliamente.

—Mejor no me elogies tanto, Tayuya, que me terminaré creyendo el cuento —espetó, Naruto, en un tono bastante alegre—. Bueno, creo que ya llegó la hora de sacar a otra de mis invitadas a bailar.

Apenas escuchó ese comentario, la pelirroja se preocupó. En el lugar que estaba bailando, podía ver a su marido de vez en cuando, pero después de este cambio no sabía en qué parte de la pista iba a terminar.

Sentía mucha intriga de lo que conversaba Shikamaru y esa mujercita. Veía demasiadas risitas, y aquello le daba muy mala espina.

—¿Y con quién me dejarás? —inquirió, Tayuya, simulando interés.

—Con Sasuke, iré a sacar a bailar a Sakura-chan.

La colorina hizo un repaso mental de todas parejas que vio a su alrededor. A ellos nunca los diviso.

—¿Y dónde están?

—Están al otro extremo de la pista —respondió con entusiasmo, el Uzumaki, mientras comenzaba a guiarla por la pista. La colorina no pudo evitar susurrar un «maldición», cosa que el ojiazul ni siquiera notó.

.

.

.

—Yo no sé cuál es sentido de alargar la última pieza de vals —se quejó, Kankuro, parándose a lado de Gaara. El castaño había estado agachado, jugando con Dai y su pálido amiguito.

—Que los novios compartan un momento con algunos de sus invitados —respondió, el pelirrojo, sin dejar de mirar la pista de baile.

—El cambio de pareja lo podrían haber hecho después de cenar, cuando los invitados sólo quieren beber y bailar.

Gaara volteó su rostro hacia su hermano.

—Ya deja de quejarte, Kankuro, este baile ya debe estar por terminar.

—Es que tengo hambre, Gaara —insistió, el castaño, cuestión que hizo al pelirrojo suspirar.

—Yo tamben tengo hambe —espeto, Dai, captando la atención de Kankuro.

El castaño sonrió al ver que el pequeño se tocaba la barriga.

—¿Ves?, mi sobrino está igual que yo —señaló éste, desviando nuevamente la mirada hacia el pelirrojo. Éste por inercia volvió a suspirar.

—¿Y la mamá? —inquirió, Dai, atrayendo la mirada de ambos no Sabaku.

—Tu mamá en la pista baile, bailando con tu papá —respondió, Gaara, con serenidad.

La respuesta de su tío no lo convenció del todo.

—¿Con el papá Itachi? —preguntó con la curiosidad reflejada en el rostro

El pelirrojo le sonrió sutilmente

—No Dai, con tu papá… con tu papá Shikamaru.

Kankuro apenas escuchó ese nombre, volteó su rostro hacia Gaara.

—¡Qué está bailando con Shikamaru! —exclamó, el castaño, sin poder creer lo que éste había pronunciado.

El pelirrojo lo miró extrañado.

—Sí, eso dije ¿o acaso estás sordo?

Kankuro ni siquiera se inmutó por el llamado de atención, sólo le interesó la confirmación.

—Pero Gaara, me debiste haber avisado —acotó con interés, el castaño, para luego comenzar a buscar a Temari con la mirada.

El pelirrojo frunció el entrecejo.

—¿Por qué tenía que avisarte? Sólo es un baile.

Kankuro bufó al no hallarlos. Volvió a mirar a Gaara.

—¿Dónde están? —preguntó ignorando todo lo que había dicho éste.

—Allí —respondió, el menor, apuntando hacia donde éstos se encontraban. El castaño de inmediato enfocó la mirada donde su hermano apuntó.

El semblante del castaño enseguida cambió.

Gaara lo miró de reojo.

—¿Y esa cara? —inquirió al ver a su hermano sonreír burlesco.

—Ya tengo mucho material con qué fastidiar a nuestra hermana —respondió socarronamente, Kankuro, sin dejar de mirar la escena.

Shikadai que había escuchado todo, también sintió curiosidad.

—Yo tamben quero vel —espetó tirando el pantalón a Gaara.

El pelirrojo desvió la mirada hacia Dai

—¿Tú también los quieres ver? —le preguntó éste, con una semi sonrisa. Dai asintió con su cabecita.

Se veía muy entusiasmado.

El menor de los No Sabaku se inclinó hacia su sobrino y lo tomó en brazos.

—Mira, allí están —acotó mostrándole dónde se encontraban sus papás.

El niño los observó por un momento y luego se rió.

—¿Por qué te ríes, Dai? —inquirió, Gaara, con curiosidad.

—Poque el papá quere a la mamá —espetó con alegría, el pequeñín, haciendo que el castaño volteará bruscamente su rostro hacia él.

—¿Eh?

Al ver la reacción de Kankuro, el pelirrojo decidió hablar.

—¿Por qué dices eso, sobrino?

—Poque la abaza —respondió éste, sonriente.

—Técnicamente no, Dai —corrigió, el castaño, captando la atención de su hermano como la del niño—, le tiene tomada una mano y la otra la tiene en la espalda.

El niño se quedó pensativo, para luego volver a mirar a la pista.

—La mamá tamben quere al papá.

El castaño abrió la boca para volver a refutar.

—Kankuro… no lo contradigas —lo interrumpió, Gaara, en su tono habitual.

Ambos cruzaron miradas.

—Puede ser —señaló, el pelirrojo, volviendo a mirar a Dai—, hay amores y cariños que en la vida nunca se olvidan —el pequeño le sonrió. Gaara le devolvió la sonrisa—. ¿Te gusta ver a tu papá junto con tu mamá?

El niño asintió con una sonrisa.

—Me lo imaginé —espetó, el de ojos claros, acariciándole la cabecita—, ya que te ves muy feliz. Tu mamá y tu papá también se ven felices.

—Demasiado diría yo —intervino, el castaño, con un deje de seriedad.

Gaara enfocó sus ojos en los de su hermano.

—Quizás tengas razón, pero es un asunto que a ninguno de los dos nos compete.

.

.

.

Shikamaru por más que trató de concentrarse sólo en el bailar, no lo consiguió. Todavía le daba vueltas en la cabeza que, quizás, ésta era la oportunidad que estaba esperando para conversar «algo más» con ella, pero ¿cómo podía abordarla sin que se molestara u ofendiera?

—¿Qué te pasa? —le preguntó bruscamente, la rubia, al notarlo un poco distraído.

El pelinegro esbozó una semi sonrisa. Pese a los años que habían estado alejados, ella todavía podía leerlo como un libro.

—¿Te puedo decir algo? —inquirió con un deje de nerviosismo.

Ella lo miró divertida.

—Pero si ya me estás hablando.

Su ironía lo hizo sonreír.

—Te gusta fastidiarme, ¿eh?

Ella esbozó una amplia sonrisa.

—Hace tiempo que no lo hacía.

Ambos se miraron con un deje de melancolía, sin embargo, mantuvieron la sonrisa.

—Tienes razón, aunque no me molestaría que te pusieras al día —señaló con franqueza, el moreno—. Puedes hacerlo cuando voy a ver Dai.

Temari le sonrió con cariño.

—Está bien, lo tendré presente… ahora dime lo que me querías de decir.

Shikamaru se quedó en silencio observando sus ojos fijos.

—Te ves preciosa— espetó éste, con una semi sonrisa.

Aquel cumplido la tomó por sorpresa, sin embargo, no podía negar que le gustó.

Sonrió con sutileza.

—Gracias, tú también te ves muy bien.

—No, yo me veo normal —la contradijo, el pelinegro, en su tono habitual—, la que está en un nivel mucho más alto eres tú. Estás bellísima.

La ojiverde volvió a sonreír, sin embargo, a los segundos desvió la mirada

— ¿Te gustaron los chocolates que te dio Dai? —inquirió, Shikamaru, con el fin de continuar la conversación.

La rubia volvió a mirarlo.

—Sí, estaban muy ricos, pero no te debiste molestar.

—No fue ninguna molestia, mujer. La verdad es que era un presente que te quería hacer hace varios días.

—¿Y por qué sería?—preguntó, la rubia, con interés.

—Simplemente por ser tú cada vez que voy a ver Dai.

Ella sonrió con dulzura.

—No podía seguir poniendo distancia entre nosotros. Tenemos un hijo en común, además…

—¿Además? —inquirió, el moreno, mirándola con expectación.

Temari se humedeció los labios.

—Además… existe un cariño que no puedo negar —señaló abiertamente, pero esta vez, sin la presión de Dai —. Te conozco hace tantos años, Shikamaru, por ende, la confianza y el… y el cariño siempre van estar.

El pelinegro percibió que sus ojos almendrados habían transmitido mucho más de lo que había dicho su boca, sin embargo, se lo guardó.

Sonrió.

—Me pasa algo similar —espetó éste, con suavidad, cuando de repente la música dejó de sonar. Enseguida se escucharon algunos aplausos.

El animador agradeció a todos los invitados que habían compartido ese largo baile con los novios, para luego invitarlos a tomar ubicación en sus respectivas mesas.

La rubia y el pelinegro se miraron.

—Gracias por haberme concedido esta pieza, mujer —acotó, Shikamaru, dulcemente —. Te veo después de la cena, cuando vaya a buscar a Shikadai.

—Ok, nos vemos después —espetó ésta, con una semi sonrisa, para después girar y avanzar hacia donde estaba su familia.

Shikamaru la siguió con la vista por unos segundos, para luego fruncir la boca.

Suspiró.

No sé cómo lo voy hacer, pero te voy a recurar, mujer.

.

CONTINUARÁ…

.


Gracias por leer, espero que les haya gustado el capítulo.

Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor. Yo los amo con el corazón :D

Durante la semana responderé los reviews pendientes. Siento mucho la demora.

Disculpen también las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré (ayyy Kami... quién sabe cuándo lo podré hacer).

Nos vemos en mi próxima actualización.

Saludos. Besos y abrazos para todos.