Por supuesto que Hermione temía la pregunta. Pero había preferido no pensarlo porque si no, no se hubiera atrevido a buscarla. Sabía que Bellatrix no era tonta en absoluto y que insultaran su inteligencia era de las cosas que más le molestaban. No podía alegar casualidad porque llevaba el regalo para ella. Tampoco era un lugar de paso: desde que murió Dumbledore nadie subía a esa torre, mal augurio. Además era literalmente el punto más distante de sus habitaciones. Así que para no mentir, optó por hacerse la interesante.

-Tengo mis métodos –respondió con calma.

Bellatrix frunció el ceño pero no siguió preguntando. Solo le pidió que no lo contara a nadie, ese era su lugar especial. Desde que fue estudiante se escabullía a esa torre por las noches y fantaseaba con la libertad que la esperaba tras los muros del castillo. Esa libertad nunca llegó. La chica se apresuró a responder que por supuesto, guardaría el secreto. Tras eso y dado que había cumplido su misión de entregarle el regalo, decidió marcharse. Hizo ademán de despedirse pero la mortífaga le preguntó qué tal la vuelta al trabajo. La castaña entendió que era su forma de pedirle que se quedara. Así que se apoyó en una de las columnas y le contó que muy bien.

-Lo necesitaba –reconoció Hermione-, me gusta la rutina. Además nadie recuerda ya la escena que monté en el baile, están demasiado ocupados con sus problemas… Tenías razón.

-Siempre la tengo, monito, siempre la tengo.

La joven sonrió y sacudió la cabeza. Seguidamente le preguntó qué tal habían ido sus vacaciones.

-Estupendamente, lo pasamos muy bien –aseguró la morena-. Aunque tampoco hicimos gran cosa… Follar, principalmente.

Hermione chasqueó la lengua con fastidio. Al ver que eso la incomodaba, la mortífaga sonrió y continuó:

-Además tuve que devolverle el favor: Elle cumplió mi fantasía de hacerlo en el despacho de la directora con los retratos mirando, así que yo accedí a dejar que nos pillara su familia para que se escandalizaran. Los Aline se llevan bien, no se odian como los Black, pero desde pequeña insistían en buscarle varón y ella lo aborrece. Le hacía ilusión crearles el trauma.

-No dudo que se lo crearais –murmuró la castaña.

-En realidad no, fracasamos estrepitosamente.

-¿Por qué?

-Al principio sí que se escandalizaron, pero luego me reconocieron. Unir su noble linaje a la casa Black les pareció un plan inmejorable. Cierto que soy mujer, pero Elle nunca ha querido hijos, así que no había problema con eso. Insistieron en que nos casáramos esa misma semana. Obviamente ambas huimos horrorizadas.

A Hermione le costó aguantar la risa. Le preguntó si ella tampoco deseaba tener hijos. Bellatrix abrió mucho los ojos casi ofendida por la pregunta y exclamó que por supuesto que no, antes muerta. Le preguntó si ella quería. Hermione asintió con convicción. La mortífaga puso una mueca de fastidio y masculló: "Genial, más sangre sucias…". Como sospechaba que lo decía únicamente para hacerla rabiar, la castaña entró al juego:

-O no. Si me caso con alguien de sangre pura serán mestizos –comentó con calma-. Siempre he sospechado que le gusto a Draco.

La morena empalideció y su rostro reflejó tal horror que la castaña tuvo que recordar a sus padres para no reírse. Empezó a alegar que eso era imposible, que su sobrino la detestaba y que jamás mezclaría su sangre así.

-¡Le borrarían del tapiz! –continuó la mortífaga exaltada- ¡Nada molestaría más a sus padres!

Ahí se frenó en seco. Su mueca de disgusto se transformó lentamente en una sonrisa torcida y repitió:

-Nada molestaría más a sus padres… No habría un castigo mejor por traicionarme y abandonarme en la batalla… -murmuró casi para sí misma- ¡Buenas noticias, monito, he cambiado de opinión! Draco y tú os vais a casar y a tener muchos hijos.

-Yo no…

-Casi todos los jueves viene a tomar el té conmigo. La semana que viene te aviso, vienes a mi habitación y os dejo solos. Os presto hasta mi sofá para que practiquéis el coito cuanto sea necesario hasta que la estirpe de los Malfoy quede mancillada. Nunca creí que diría esto, pero… ¡Bienvenida a la familia, llámame tita Bella!

Con solemnidad, la bruja se levantó y la abrazó. Hermione no supo qué hacer. Así que se encogió de hombros y aprovechó la situación apretando el cuerpo de la morena contra el suyo. Entonces la bruja notó algo en el bolsillo de su sudadera e introdujo la mano sin pedir permiso. Extrajo una hoja de pergamino plegada sobre sí misma y aparentemente en blanco. Hermione hizo ademán de recuperarlo pero la slytherin no se lo permitió. Lo examinó con atención y le preguntó qué era. Antes muerta que romper el secreto, así que respondió con calma:

-Un pergamino, evidentemente. Si quieres te explico también lo que es una pluma.

La gryffindor realmente sentía calma. Sabía que aunque usara revelio o cualquier otro hechizo le sucedería lo que a Harry con Snape: aparecerían comentarios mordaces contra la intrusa. Sintió una curiosidad malsana por lo que los merodeadores pudieran manifestar sobre Bellatrix. Estaba a punto de comprobarlo. La mortífaga sacó la varita y apuntó al pergamino. Seguidamente, ante la enorme sonrisa de Hermione, murmuró el hechizo... Solo que Bellatrix no murmuró el hechizo:

-Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.

Al instante, la tinta negra empezó a aparecer y los señores Canuto, Lunático, Colagusano y Cornamenta le dieron la bienvenida al Mapa del Merodeador. A la gryffindor se le desencajó la mandíbula. ¡¿Cómo conocía la contraseña?! Bellatrix no se regodeó en su victoria, ni siquiera la miró. Volvió al alfeizar y se sentó con la mirada perdida en el mapa. No parecía contemplar ningún punto concreto, solo la obra en sí.

-¡¿Cómo sabes eso, cómo sabes abrirlo?!

Cuando por fin salió de su ensoñación, la morena respondió: "Tengo mis métodos". La gryffindor apretó los puños y acusó el golpe. Se la había devuelto, no le iba a sacar nada más. La contempló en silencio de brazos cruzados sin atreverse a decir nada. Creyó que se burlaría de ella o le echaría la bronca por vigilarla, pero no dijo nada. Juzgó que merecía una explicación y le comentó que Harry se lo había prestado para que se sintiera más segura, seguía sintiéndose mal por el ataque de Greyback. La morena asintió distraída y murmuró sin mirarla:

-Potter acapara más recursos que Gringotts, ¿eh? El mapa, la piedra de la resurrección, la varita de sauco…

-No, Harry no es así. El mapa lo guarda más por cariño que por necesidad. No sé qué hizo con la piedra pero no se la quedó y la varita la devolvió al lugar que correspondía. Harry es muy coherente y noble.

La castaña defendió a su amigo con vehemencia. Con tanta que no se cuestionó cómo sabía su compañera que Harry poseyó las reliquias de la muerte. Supuso que lo dedujo durante la batalla cuando tras dos avadas, el joven no murió. Tampoco buscó la causa de su súbito cambio de humor, simplemente agradeció que la morena volviera a mirarla con una sonrisa.

-¿Y tus Navidades qué tal? ¿Cómo sigue tu atractivo novio?

La mirada de Hermione se ensombreció por unos segundos, pero seguidamente se encogió de hombros. Le contó que lo había dejado porque era lo mejor para ambos. La primera reacción de Bellatrix fue de sorpresa, la segunda quizá pudiera ser alegría y la tercera sin duda fue desazón. Le costó poco entender la razón: le aterraba pensar que lo hubiese hecho por ella, que esperase algo a cambio. No era así. La tranquilizó asegurándole que llevaba meses meditándolo y se debía únicamente a que ya no se veían y ya no eran los chicos inocentes que estudiaban en Hogwarts. Bellatrix se tranquilizó de nuevo. Bajó la vista al mapa y comentó:

-Mira, Brown está en la habitación de Vector, ese chaval se tiraría hasta al sauce boxeador…

La gryffindor sacudió la cabeza pero no defendió al joven psicólogo. Se acercó a Bellatrix y contempló el pergamino. El misterioso olor de la mortífaga le resultaba ahora aún más familiar: el peluche con el que dormía olía a ella. Era una sensación demasiado agradable.

-Y ahí está Sprout en el invernadero corriendo de un lado para otro a la una de la mañana, seguro que se está colocando con los hongos -murmuró la slytherin.

Hermione no pudo evitar sonreír. En ese momento, Bellatrix levantó la vista y sonrió también. Tiró de la sudadera de Hermione hasta acercarla a ella lo suficiente para juntar sus labios. La castaña no tuvo objeciones. Respondió al beso y le pasó un brazo por la cintura para evitar que perdiera el equilibrio (porque seguía sentada en el alfeizar). Al sentir el calor de su cuerpo, sus brazos rodeando su cuello y su lengua recorriendo su boca, Hermione se dio cuenta de que deseaba mucho más. Y ahora no engañaba a nadie: estaba soltera y libre.