Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a JAnnMcCole. Yo solo traduzco
Capítulo 20.5
Las compuertas se están abriendo
"Las marcas que los humanos dejan suelen ser cicatrices." ~John Green
CARLISLE
Él solo tenía doce horas de vida. Era más pequeño que la distancia entre mi codo y mi muñeca, y aquí estaba, sin madre. Estaba sufriendo, como Edward sufrió de niño. Le llevó más de una década a Esme para finalmente abrazarlo… para amarlo. Y con cada segundo que Bella no estaba, Ethan era forzado a transitar el mismo camino que su padre. Ahora mismo, él era ignorante a todo, durmiendo en su cuna, su pequeño mundo.
—Carlisle. —Esme entró en la guardería del hospital—. Un enfermero fue a buscar a Bella así podía alimentar a Ethan.
—Mierda. —Era solo cuestión de tiempo antes que la policía se involucrara. Con la policía, venía los medios, investigaciones, gente entrometiéndose en nuestras vidas.
—¿Edward lo sabe? —le pregunté, sacando mi teléfono.
—Fue con sus superiores. Es solo cuestión de tiempo… —Ni bien salieron las palabras de su boca, una sirena silenciosa se activó en el cuarto. Era un parpadeo de luces brillantes que se supone que llamaría la atención de los enfermeros sin despertar a los niños.
—¿Qué hacemos? —susurró ella, caminando hacia Ethan.
Lo único que podíamos hacer.
—Decimos la verdad. Dejamos a Bella sola para que descansara y cuando volvimos, ya no estaba.
—Los horarios no van a coincidir, Carlisle. Fui a verla hace horas. O bien les decimos que sabíamos que ella estaba desaparecida hace horas o alguien tiene que arreglar las cámaras. —Era una situación en la que perdíamos todos, porque al final, solo crearía más preguntas de las que estábamos preparados para enfrentar.
No podía dejar a Ethan o a ella solos para preparar a Edward para las preguntas que le lanzarían. Todo lo que podía hacer era quedarme en el medio del cuarto personal de Ethan mientras las luces rojas parpadeaban sin cesar arriba nuestro.
—Él sabe… —Ella suspiró, permitiéndole que le agarré del dedo—. Él sabe que su madre no está. Así como Edward lo hacía.
—Esme…
—Edward y yo no tenemos un vínculo cercano. Es mi culpa. Lo dejé solo por años y cuando por fin me desperté, él ya no era un bebé y me evitaba. Ni una vez ha venido a mí por consejos. Sé que me ama, pero siempre has sido tú. Su furia, su dolor, su soledad, todo porque yo no estaba allí. —Podía sentirla temblar contra mi brazo mientras sus lágrimas humedecían mi camisa.
—Edward te ama y esto es completamente diferente. Bella no… Bella fue raptada, pero volverá. Estamos hablando de la mujer que fue la primera en reinar la mafia italiana. En el momento que pueda, volverá a nosotros y solo dejará sangre a su paso. Esto terminará pronto. —Eso espero. Cada momento que ella seguía sin estar aquí, Edward enloquecía cada vez más. Conocía esto sobre mi hijo: él no podía soportar ser abandonado.
JASPER
Nada más que un mar de azul inundaba las paredes, ahogando las batas blancas que normalmente infestaban los pasillos. La policía me daba asco, no eran más que unos parásitos oportunistas detrás de sus insignias. El enfermero nos atrasó y ahora estábamos en un hospital cerrado por emergencia, obligándonos a permanecer en un ala privada en vez de estar buscando a Bella. Edward no había dicho una palabra desde que matamos a la doctora. Parecía ser un hombre de mármol, su cabeza pegada permanentemente a sus manos.
—Sr. Cullen. —dijo un hombre pequeño, cubierto por medallas, las cuales sin duda había usado para las cámaras de afuera.
—¿Te puedo preguntar quién eres? Mi hermano está cansado y devastado, como se puede imaginar —le respondí, ubicándome al lado de mi hermano. Él subió su vista hacia mí, arqueando una ceja.
—Sr. Cullen, soy el superintendente Wendell Homer, quería venir personalmente aquí y decirle que haremos todo en nuestro poder…
—Déjeme detenerlo allí. Somos los Cullen, estamos acostumbrados a que nos besen el trasero, para beneficio personal. Así que, guarde las palabras para la prensa de allí afuera y encuentra a mi cuñada. —Como si pudieran. La policía de Chicago era un chiste en todo el país.
Se enderezó de su posición de lame-culos antes de colocarse el sombrero.
—¿Le han pedido alguna recompensa? —preguntó él y tuve que contenerme para no poner los ojos en blanco.
—No.
—De acuerdo, esperen una. Estos tipos de maleantes siempre buscan plata rápida. Vamos a necesitar una lista de todos los que puedan tener algo en su contra… —Se detuvo cuando Edward comenzó a reírse. Se reía histéricamente, inclinado contra su silla y pasándose las manos por el cabello.
—¿Sabes lo mucho que valemos? —le preguntó—. 32.7 billones de dólares. Eso nos pone a la altura de Wal-Mart y Michael Bloomberg en la lista de las personas más ricas de la revista Forbes. ¿Quieres una lista de las personas en contra nuestro? ¡Comienza con todo el estado y muévete hacia afuera!
—Sr. Cullen, sé que esto es difícil, pero, por favor, confíe en nosotros. No nos detendremos hasta encontrarla… hasta que encontremos quién hizo esto. Sabemos que hace solo un día su guardia fue asesinado. Obviamente están conectados, solo denos tiempo. Haremos todo —anunció, casi rogó, pero Edward ya estaba harto de ellos. En cambio, sus ojos verdes se nublaron mientras observaban la pared vacíamente. Ninguno de los dos tenía más para decir.
—¿Quisieran anunciar algo oficialmente? ¿Rogar para que los secuestradores regresen a su esposa? —preguntó, haciéndome querer darle un puñetazo en su pequeña cara de teletubby.
—En todos tus años como oficial, ¿alguna vez ha funcionado esa mierda? ¿Realmente crees que a ellos les importe? —Podía comprender por qué pensaba que esa fuera una opción.
—No estaría mal intentarlo. Por favor, disculpen —dijo, caminando por el pasillo mientras llegaba más seguridad y hablaron entre ellos.
Suspirando, tomé asiento al lado de mi hermano.
—Tenemos una lista de doce propiedades de las cuales cinco están fuera del país. He llamado a Anna y le dije que se cobrara cada favor que tenía en la Interpol para conseguir historial de vuelos…
Él suspiró profundamente, pellizcándose el puente de la nariz.
—Bien. No puedo moverme, no con estos malditos metiéndose en mi culo. Consigue a todos los hombres que tenemos afuera y que comiencen a buscar, quiero que Emmett vaya con ellos. Él ha estado en público, viajando por el país, no se vería feo si siguiera haciéndolo.
—¿Emmett? Iré yo, Edward…
—No, Jasper, te necesito aquí. Necesito que revises cada maldita cámara del estado. Estos malditos tienen que pedir permiso para hacerlo, nosotros no. No voy a desperdiciar otro maldito segundo solo porque quieran una foto. Si Renée la quisiera muerta, la podría haber matado meses atrás. Ella quiere a Bella viva. Y conozco a mi esposa, mientras siga con vida intentará contactarse con nosotros. —¿Y si no lo hace? ¿Y si…?
—Edward…
—No me hables así, Jasper. Ella es mi esposa. Es una maldita luchadora, una líder. Tengo fe que va a moler a golpes a su madre y vendrá con la cabeza de ella clavada en una estaca. Ella no se convirtió en lo que es por ser débil. Ella es fuerte. Voy a ser fuerte. Y nuestro hijo sabrá eso. Así que no te atrevas a hablarme así y haz tu maldito trabajo. —Con eso, se puso de pie y se fue. No estaba seguro si él sabía a dónde se dirigía. No podía ni comenzar a entender su dolor. Su miedo y la única persona en el mundo con el que podía ser honesto ya no estaba.
—Jazz. —Se acercó Alice en su silla, de la nada, y comenzó a jugar con la bandita elástica en su muñeca, algo que había comenzado a hacer durante su tratamiento.
—A…
—¿Qué puedo hacer? ¿Qué debería estar haciendo? Necesito hacer algo. Esme me lo contó y yo…
—Alice. —Me dejé caer sobre mis rodillas, tomando su mano—. Solo cuida a Ethan, no quiero que salgas herida…
—Pero, Jas…
—¡No! Necesito ayudar a Edward, a esta familia, y no puedo hacer eso si estás en medio de todo esto. Te lo ruego. Solo cuida a Ethan, evita a la policía y concéntrate en tu salud, ¿de acuerdo? —Ella suspiró, asintiendo, pero sin encontrarse con mi mirada. Besé su frente y la abracé por un momento—. Te amo, nena, solo mantente a flote y sobreviviremos a esto.
—Siempre lo hacemos —susurró—. Voy a ver a Ethan y, antes que lo preguntes, no te preocupes por mí, puedo llevarme yo misma.
—Por supuesto que sí. —Levanté la mirada y vi a Angela. Se encontraba de pie en medio del ala privada del hospital, observando el caos a su alrededor. Su cabello estaba mojado, pegoteado a su rostro. Parecía como si intentara contenerse, envolviendo sus brazos a su alrededor. Parecía como un perro mojado a punto de morir sin un hogar.
Ella era la mano derecha de Bella. Tenía que haber más propiedades que Bella nos escondía. No me sorprendería que tuviera dinero y planes de los que nadie tenía idea.
—Cuídate —le dije a Alice antes de dejarla y caminar hacia Angela. Los pasillos estaban llenos de insignias, pero no estaba seguro de dónde llevarla sino.
—No lo entiendo —susurró ella, sus manos temblaban—. Ella estuvo conmigo hace unas horas. No… No… Ella no puede ser secuestrada. Ella no es de ese tipo. Ella es Isabella.
Genial, ella también está perdiendo la cordura.
—Angela, sé que esto es difícil, pero necesito que pienses. ¿Está bien? Necesito que me cuentes sobre las propiedades que Bella no nos ha informado que tiene.
—Ella tiene quince millones y un departamento en Cagliari, una casa particular en Varna, Bulgaria. Y… mierda, ella tiene casas particulares que nadie conoce por toda Italia. No las conozco a todas, es su resguardo. Solo guarda esa información en su cabeza. Esas son las únicas dos que…
—Está bien. Seguiremos buscando, ¿okey, Angela? Pero ahora mismo, necesito que te calmes y respires. Necesitas salir de aquí, parece cómo si acabaras de asaltar a una anciana. Ve a casa. —Primero Ben, ahora Bella. No me sorprendería si estuviera meciéndose de un lado a otro en un rincón.
—Se supone que la protejo, especialmente cuando ella no puede… ese es mi trabajo. Ese es mi verdadero trabajo. Todo lo que hago y he hecho es porque quería ayudarla… Haría lo que fuera para ayudarla. —Eso lo sabía. Dudaba que alguien pudiera decir lo contrario.
—Ve a casa, Angela —repetí mientras sacaba mi teléfono… Esperaba por Dios que Edward tuviera razón y Bella estuviese intentando contactarse con nosotros.
