Buenas tardes :3
Por fin hemos llegado al final de las aventuras de Diana :D (Ahora si es definitivo XD)
Estoy feliz, porque ésta historia es quizás la más especial para mi, siempre lo ha sido desde que llegue a FF y les agradezco mucho a los que la han seguido y comentado ;D
No diré más, lo dejaré para el final. Ahora pasen a leer y ojala se animen a dejarme sus reviews, al menos quisiera saber si les gusto o no, porque es todo lo que escribiré respecto a mi querida Diana ;3 y porque los comentarios hacen felices a los escritores.
Gracias por su tiempo.
Atención: InuYasha y sus personajes pertenecen a Rumiko Takahashi. Los OC son de mi autoría personal, así como la historia, la cual solamente escribí por capricho y para satisfacer las perversiones de algunos(as), incluyéndome ;3
Capítulo 23: Conclusión
Zona residencial al norte de la cuidad.
Una semana después.
Ya se había cumplido exactamente 1 mes desde la confrontación entre los Inugamis Alfa y Beta. Sesshomaru aún no regresaba de China, no se sabía nada de él, ni en el territorio Occidental, ni en la oficina corporativa, donde InuYasha se había estado haciendo cargo de todo. Ni siquiera Irasue tenía noticias, así que no le quedaba más que esperar tranquila y aburridamente en el lujoso Penthouse de su hijo.
La demonesa se entretenía mirando las noticias, cuando escuchó el sonido del ascensor llegando. Giró levemente el rostro para mirar a los visitantes.
–Orejitas, pequeño demonio, ¿Qué los trae por aquí? – preguntó indiferente.
–Es Jaken, mi señora– rodó los ojos el fiel sirviente del Lord, ella jamás memorizaría su nombre. –Hemos venido a entregarle el reporte mensual y las estadísticas financieras– se inclinó para saludar y luego le entregó una carpeta.
InuYasha también hizo una reverencia y después tomó asiento frente a la demonesa.
–Señora Irasue, ¿Aún no tiene noticias de Sesshomaru? – preguntó.
–No orejitas, todavía no sé nada de él, pero no hay de qué preocuparse– sonrió levemente, mientras hojeaba el reporte. –Es muy probable que ya haya encontrado a su compañera y estén disfrutando de un tiempo a solas, después de todo, estuvieron separados quinientos años. –
El mestizo alzó las cejas y asintió.
–Sólo espero que Kagura no siga con ese carácter tan odioso que a veces tenía– sonrió levemente. –Después de todo, no me caía mal. –
Irasue dejó de leer e hizo a un lado la carpeta, después lo revisaría a detalle.
–Pasando a otra cosa, orejitas, ¿Qué sabes del escarlata y su compañera? –
–Hace dos semanas hablé con Akayoru, me pidió vernos para entregarme un par de sellos de ocultamiento– se cruzó de brazos en hizo un gesto de irritación. –Ese idiota de Sesshomaru se largó sin preocuparle en absoluto dejarnos sin camuflaje. –
–Oh, es cierto, me hubieran dicho, yo los habría recargado– dijo Irasue, mirando también a Jaken. – ¿Desde cuándo dejaron de funcionar? –
–Hace cuatro días, mi señora– respondió el sirviente. –Pero gracias a los pergaminos del Inugami rojo, no tuvimos problemas. –
–Perfecto, una razón más para llevarse mejor con ellos– hizo una media sonrisa y luego miró de nuevo a InuYasha. –Prosigue. –
El mestizo asintió y la puso al tanto de lo platicado con Akayoru. La casa Roja no había hecho ningún comentario sobre el duelo entre Inugamis, tampoco se mencionó nada en el territorio del Oeste y aunque el ministro Gobi hizo su registro correspondiente, nadie se enteró de dicha situación. La imagen de Sesshomaru seguía intacta, así como la de los demonios escarlata.
Igualmente supo que la humana había aceptado como compañero al beta y ahora habían iniciado una relación formal. Aunado a esto, el líder de la casa Roja, Kurenaichi, volvería pronto a Japón para continuar con los negocios, dejando en claro que no guardaba ningún tipo de rencor contra la casa Plateada.
La demonesa escuchó atentamente, satisfecha de que por fin las cosas estuviesen en paz. Solamente faltaba el regreso de su hijo y su futura nuera.
–Vaya, al fin podré retomar mis viajes sin preocuparme de que Sesshomaru vuelva a poner en riesgo nuestra jerarquía– rodó los ojos en un gesto aburrido. –Pero lo ideal sería que el beta y su compañera se mantuvieran a distancia o si no que Sesshomaru volviera a Japón– tomó un pequeño plato con frutos que tenía en la mesita de centro. –Pero bueno, eso ya lo decidirá él. –
–Señora Irasue– habló InuYasha. –En teoría, Sesshomaru ya no debería seguir obsesionado con esa mujer ¿Verdad? –
La Inugami mordió una de las frutas y confirmó levemente.
–Ya no debería– se alzó de hombros con indiferencia. –Quizás no se olvide de lo que sucedió con la humana, pero una vez que se asiente con su verdadera compañera, eso quedará en el pasado y es que el vínculo que se establece entre una pareja de youkais, se vuelve permanente, por lo tanto, también su lealtad y respeto. –
El mestizo asintió, mientras Jaken se sentaba a su lado en el sofá.
–Estoy muy contento por mi amo bonito– exhaló despacio. –Y al fin puedo dejar de temer por mi pellejo. –
–Tranquilízate Jaken, tu secreto está seguro con nosotros– se burló InuYasha.
La demonesa, sonrió levemente, ese pequeño Kappa se le hacía muy gracioso. Pero era obvio que su hijo nunca debía enterarse de lo que había hecho en el pasado. Por lo que no se haría mención de dicho tema nunca más.
En ese instante comenzó a repiquetear su teléfono móvil.
–Mi querido Sesshomaru, al fin te dignas a llamar– respondió ella con un tono serio. – ¿Por qué diablos estás tardando tanto en volver con ella? –
Irasue ya presentía que su vástago al fin había encontrado a Kagura, pero le molestaba que no se hubiese reportado desde antes, es decir, los negocios familiares no se iban a manejar solos y aunque el mestizo hacía un buen trabajo, no podía encargarse de todo.
Tanto InuYasha como Jaken guardaron silencio, escuchando la respuesta del Lord con su desarrollada audición.
–Madre, no fue fácil encontrarla y además necesitaba algo de tiempo con ella– gruñó el Inugami al otro lado de la línea. –Mañana estaremos por allá, así que dile al idiota de InuYasha que prepare todos sus reportes y a Jaken que empiece a reorganizar mi agenda para la próxima semana. –
–Sí, sí, ya te escucharon perfectamente– rodó los ojos. –Por cierto hijo, dile a la domadora de los vientos que estoy ansiosa por conocerla y que no quiero que de nuevo se eche a correr asustada– su tono fue burlón.
Sesshomaru volvió a gruñir, pero no dijo nada más, finalizando la llamada.
–Bien, creo que ya podemos regresar a la normalidad– comentó Jaken, tomando nota de lo dicho por su señor.
InuYasha se puso de pie e hizo otra reverencia.
–Entonces nos vamos señora Irasue, aún tengo pendientes algunos tratos que hacer con Akayoru y en unos días tendremos una cena de negocios– revisó la agenda de su móvil. –Pero por favor, no le diga nada a Sesshomaru, casi estoy seguro de que sigue resentido conmigo. –
La demonesa tomó otra fruta del plato.
–Pierde cuidado orejitas, dudo que siga tan irritado, en éste momento sólo deber tener cabeza para su compañera. –
El mestizo asintió y se encaminó a la salida, seguido por Jaken después de despedirse también. Irasue se reacomodó en su sillón y continuó mirando las noticias.
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A la semana siguiente.
Zona céntrica de la cuidad.
Restaurante Lu Long, 8:00 pm.
Diana observaba la detallada estatua que adornaba la entrada del lugar, un precioso dragón de jade. Se entretenía admirando sus relieves mientras esperaba el regreso de Akayoru, quién había ido a dejar el automóvil al estacionamiento subterráneo. Ambos llegaron al restaurante antes de lo planeado para encontrarse con el nuevo socio mayorista del Inugami rojo.
De repente, ella sintió como se le erizaba la piel, al mismo tiempo que la cicatriz en su hombro derecho punzaba con intensidad. La respiración se le detuvo cuando supo a quién le pertenecía semejante presencia sobrenatural. Ladeó el rostro con lentitud, sólo para confirmar que su sobresalto era real, el Inugami plateado le dirigía una miraba rencorosa mientras se detenía a un par de metros de distancia.
Había salido del restaurante.
–Tú de nuevo, mujer problemática– gruñó en voz baja.
La joven tomó una gran bocanada de aire y retrocedió un par de pasos, tratando de no asustarse demasiado ante la presencia de Sesshomaru. Esto parecía una mala broma, que el Lord volviera a aparecer en su vida de nuevo y que posiblemente tuviese la intención de desquitarse.
–S-señor del Oeste… q-que pequeña es la cuidad– murmuró nerviosa, dando otro paso hacia atrás. –Pero creo que no deberías estar aquí… éste no es tu territorio… –
Sesshomaru estrechó la mirada, esas palabras solamente tendrían sentido para un youkai. Ya la había olfateado sutilmente desde hace unos momentos cuando salía del lugar, pero no estaba seguro si era ella, dado que su aroma permanecía enmascarado parcialmente por el olor del Inugami beta. Lo que también lo puso en sobre aviso.
No esperaba encontrarse con ninguno de ellos nuevamente, pero tan pronto la vio, de inmediato su irritación se hizo presente, inquietando su aura sobrenatural. El señor de Occidente era bastante rencoroso, sin embargo, sólo era una reacción visceral de él mismo y no de su lado bestial, el cual permanecía dormido en éste momento.
Su mirada la recorrió rápidamente, tenía el cabello negro recogido en una coleta alta, llevaba puesto un vestido de noche azul, zapatillas de tacón y una pequeña estola artificial oscura sobre sus hombros. La cual no ocultaba por completo su cuello… ni la cicatriz de la mordida que ahora portaba.
La humana había sido reclamada por el Inugami escarlata, por lo tanto, ahora era su compañera.
No obstante, saber esto ya no tenía importancia alguna para el demonio plateado. Después de todo, lo que sucedió entre ambos, jamás cambiaría. Pero aún le era inevitable molestarse con el atrevido comportamiento de la humana.
–No es mi territorio, es verdad– hizo una mueca prepotente. – ¿Y qué piensas hacer al respecto? –
Diana tuvo la intención de contestarle, pero otro cosquilleo en su hombro le avisó de que alguien se aproximaba por detrás de ella. Entonces notó como el falso color de los ojos del Lord, cambiaba a un intenso ámbar, desviando la mirada. Los colmillos se asomaron amenazantes, al mismo tiempo que su energía youkai estresaba el ambiente, provocándole otro escalofrío a la mujer.
–Cuida tus palabras mi Lord, estás hablando con mi compañera– siseó Akayoru en un tono sumamente afilado. –Y ella tiene razón, te encuentras en mí territorio y esto puedo tomarlo como una afrenta… –
El Inugami escarlata llegó junto a la mujer en una actitud completamente protectora y al mismo tiempo, desafiante contra el señor del Oeste. Su aura sobrenatural también creció de golpe, chocando con la de Sesshomaru, mientras que sus ojos grises se rodeaban de un matiz rojizo.
El Lord bufó molesto, lo que decía el otro macho era verdad. Esa zona estaba en el centro de la ciudad, lo que quería decir que los youkais residentes se subordinaban a la criatura sobrenatural más fuerte que también viviese ahí, y que por su nivel de poder, se podría considerar como el "dueño" de dicho territorio. Y ese era Akayoru.
Una situación cotidiana que se daba en cualquier lugar donde hubiese criaturas sobrenaturales. Sesshomaru lo entendía perfectamente, ya que él apenas tenía un par de meses visitando esporádicamente tierras continentales, pero los youkais al norte de la cuidad ya se apartaban de su camino cuando salía de su Penthouse.
Sí, todos le mostraban respeto, excepto el Inugami rojo.
– ¡Maldito beta, cuida tus amenazas, no creas que se me olvida lo que hiciste! – siseó.
Akayoru respondió con frialdad, mostrando ligeramente sus propios colmillos.
–No seas necio, señor del Oeste, ya es tiempo de que sosiegues ese maldito orgullo que tienes. –
Diana tragó saliva con dificultad y retrocedió otro paso, no quería que algo malo sucediera, pero no estaba segura si debía decir algo al respecto, después de todo, sólo era una humana. Entonces, escuchó el sonido de unos tacones acercándose. Se inquietó al pensar que alguna persona común pudiese ver semejante escena, pero de inmediato descartó dicha posibilidad al sentir otro escozor en su cicatriz.
– ¿Qué sucede Sesshomaru? – preguntó una voz femenina.
–Kagura, mantente al margen de esto– contestó él, dándole una mirada rápida.
La domadora de los vientos también salía del restaurante, ambos habían ido a cenar, sólo que se atrasó unos momentos en lo que pasaba al tocador de damas. Y ahora que ya alcanzaba a su compañero, se encontraba con una situación bastante extraña. Una humana junto a otro Inugami, el cual estaba en un evidente estado de irritación, enseñándole los colmillos a Sesshomaru.
Akayoru desvió la mirada brevemente, observándola con atención. Su desarrollado olfato le dijo que era una hembra youkai con un elaborado disfraz humano y no sólo eso, sino que además, su blusa permitía ver una evidente marca en la curva de su cuello. Lo que significaba que ella era la pareja de Sesshomaru. Sin lugar a dudas, esto resultaba una interesante coincidencia.
Pero había algo más, su aspecto se le hacía bastante familiar. Su memoria buscó rápidamente, él conocía a la demonesa y su gruñido fue incluso más colérico al reconocerla.
–Vaya, vaya, miren lo que trajo el viento, la pequeña desfalcadora vuelve a dar la cara después de 75 años– siseó amenazante hacia Kagura. –No pensé que volvería a verte, ¡Maldita ladrona! –
La mencionada puso más atención al demonio canino y de pronto palideció a pesar de su camuflaje.
–Creo que será mejor irnos… – dijo en voz baja, evidenciando que la presencia del macho rojo la inquietaba.
Para el Lord Occidental esto no pasó desapercibido, al parecer, Kagura conocía al beta y su reacción indicaba que tuvo algún conflicto con él en el pasado. Entonces esto podría tomarlo como una oportunidad para encararlo de nuevo. Su aura se hizo más pesada y sus garras se vislumbraron intimidantes.
– ¡Cuida tu lengua, a menos que quieras que te la arranque! – advirtió, conforme sus iris iban cambiando al azul metalizado y se rodeaban de carmesí.
Akayoru medio sonrió, aceptando la provocación, mientras sus ojos acerados se inundaban de un profundo color negro y sus colmillos se hacían más evidentes.
–Me alegra saber que por fin encontraste a tu compañera, mi Lord, pero deberías preguntarle en que pasos andaba tiempo atrás– se expresó irónico, para luego señalar a la demonesa acusatoriamente. – ¡Hace 7 décadas, ella desfalcó una de mis compañías en plena guerra y huyó con todo el dinero, dejándome en la quiebra! –
Sesshomaru miró de reojo a Kagura, haciendo un gesto de extrañeza por semejante anécdota. Ella suspiró despacio y solamente se alzó de hombros, haciendo una media sonrisa.
–Bueno, algún día te lo iba a contar, digamos que hace tiempo hice unas cuantas travesuras por ahí y pues… en ese entonces no sabía que era un Inugami de alto rango a quién le estaba robando. –
El señor del Oeste no pudo evitar reírse internamente al escuchar a su compañera, le complacía saber que ella había hecho rabiar al beta. Ya le preguntaría más tarde por dicha historia, pero por ahora, sólo tenía deseos de cortarle el cuello al insolente macho. Aunque sabía que no era buena idea, porque el periodo de vigencia de una dimisión, nacida de un combate entre Inugamis, era de al menos medio año.
Si atentaba contra él, podría tener problemas.
–Sólo porque mi hermano y yo estábamos bastante ocupados con otros asuntos en Japón, de lo contrario, te hubiera buscado y atrapado, pequeña ladrona– masculló Akayoru.
– ¡Es suficiente, escarlata! – interrumpió Sesshomaru, tensando las garras y dando un paso hacia él. – ¡Arreglemos esto de una vez! –
El demonio rojo levantó las manos, cerrándolas y abriéndolas rápidamente, haciendo que sus zarpas crecieran afiladas y amenazantes en menos de un segundo, para después tomar una posición defensiva.
– ¡Te lo advierto, mi Lord! – increpó con seriedad. – ¡Si deseas arriesgar tu jerarquía una vez más, atente a las consecuencias! – entonces miró de reojo su compañera. – ¡Diana, aléjate de aquí! –
La mujer respingó nerviosa y solamente asintió. No era buena idea quedarse ahí, ya que ninguno de los dos InuYoukai parecía querer retroceder en sus despliegues de energía sobrenatural. Al parecer, no les importaba que algún humano pudiese verlos o que estuviesen presentes sus compañeras.
De repente, un potente claxon se hizo escuchar.
El sonido fue bastante sorpresivo para Diana, haciéndola casi brincar. Pero para los youkais presentes, fue por demás doloroso y lo pudo comprobar al ver que los tres se llevaban las manos a los lados de la cabeza, intentando cubrir sus oídos. Entonces volteó, buscando al autor de semejante interrupción.
Un auto de color vino se estacionó junto a ellos y de inmediato los pasajeros descendieron. Una mujer se quedó al lado de la puerta, guardando silencio. El conductor se acercó a los Inugamis rápidamente.
– ¡Sesshomaru, Akayoru, ¿Qué rayos está sucediendo?! – reclamó InuYasha.
El Lord Occidental gruñó furioso, su molesto hermano se había atrevido a generar ese desquiciante ruido para detener la confrontación. No tuvo que pensar demasiado la razón del porque estaba aquí con su esposa, probablemente venían a encontrarse con el escarlata. Era obvio que ambos seguían teniendo una amistad a pesar de que se lo prohibió anteriormente.
Akayoru sacudió la cabeza, mascullando también alguna maldición. Aunque los youkais podían disfrazarse como humanos, sus sentidos desarrollados permanecían intactos, por lo que los sonidos estruendosos, y con la frecuencia adecuada, podían irritarlos de sobremanera. No obstante, le alegró ver que InuYasha intervenía, ya que no deseaba volver a pelear con Sesshomaru. Era absurdo seguir con las rencillas. Miró de reojo a Diana, comprobando que estaba bien y no parecía haberle molestado el claxon.
Kagura se quitó las manos de los oídos, igualmente le había resultado molesto el escándalo. Les dio un rápido vistazo a InuYasha y Kagome, haciendo sólo un movimiento con la cabeza a modo de saludo para ambos. Ya se había reencontrado con ellos hace unos días, cuando regresó con Sesshomaru de China. Decidió mantenerse callada, éste no era su asunto.
–Pregúntale a tu hermano, es él quien desea pelear nuevamente– habló primero Akayoru, retrayendo sus garras y colmillos.
– ¡Estúpido InuYasha, deja de entrometerte en lo que no te importa! – reclamó el Lord, apenas retomando su disfraz.
El mestizo se colocó entre ambos y encaró a su hermano.
–Es suficiente Sesshomaru, recuerda lo que dijo el ministro Gobi, la dimisión está en vigencia– explicó, intentando hacerle entender que el conflicto no era lo mejor. –Akayoru no tiene ninguna intención de pelear nuevamente y tampoco puedes prohibirme tener tratos con él, después de todo, yo también puedo escoger a mis socios para el beneficio de la casa Plateada. –
El señor del Oeste siseó colérico. No quería reconocerlo, pero InuYasha tenía razón, no había un motivo válido para volver a discutir. Y también era consciente de que su medio hermano sabía cómo hacer crecer los negocios familiares. Quizás la idea de tener tratos con la casa Roja no le hacía nada de gracia, pero incluso su madre Irasue estaba de acuerdo con esa tontería de mantener la paz entre ambos linajes.
No tenía argumentos, sólo se trataba de una rabieta por el hecho de que el Inugami escarlata había resultado ser un buen rival, que no se sometería más allá de lo que su jerarquía le concedía.
–No pensé que volvería a saber algo de ésta ladrona– Akayoru miró a Kagura y luego a Sesshomaru. –Pero si el señor del Oeste promete que no volverá a amenazarme a mí o a mi compañera, puedo dar por olvidada su fechoría… porque no creo que quieran pagar la cantidad que ahora representaría ese robo– dijo con una leve sonrisa.
La demonesa del viento asintió despacio, era obvio que no deseaba pagar semejante deuda, ni que su compañero quisiera resolverlo peleándose con el otro macho.
–Sesshomaru, por favor– colocó la mano sobre su hombro, hablando con seriedad. –Desconozco el problema que tuviste con el Inugami rojo, pero no es necesario continuar con esto, hazlo por mí. –
El demonio plateado la miró por un instante. Su forma seria de expresarse le agradaba, ella no estaba interesada en saber qué había sucedido entre él y el beta, solamente quería evitar la confrontación. Kagura era su compañera y la complacería, así que rodó los ojos en un gesto de fastidio y luego resopló resignado, mirando de nuevo al pelirrojo y a su compañera.
–No se crucen en mi camino y todo permanecerá en paz. –
El camuflaje sobre su rostro se desplegó de nuevo, dio la media vuelta y comenzó a caminar. Kagura hizo un saludo para todos a modo de despedida y se fue con él. Ambos desaparecieron al dar la vuelta en la esquina y por fin InuYasha exhaló cansadamente, rascándose la cabeza.
–Rayos, ¿Por qué no pueden estar en paz? – se dirigió a Diana y Akayoru. – ¿Todo bien, podemos ir a cenar? –
El pelirrojo asintió y abrazó a su compañera por la cintura.
–Creo que sí, siempre y cuando tu hermano regrese a Japón y no busque provocarme o molestar a Diana. –
–Él regresará al Oeste junto con Kagura, no te preocupes por eso– dijo InuYasha, haciendo un gesto con la mano para que su pareja se uniera a la conversación. –Ahora quiero hacer las presentaciones correspondientes, ella es mi esposa. Kagome, te presento a Diana y Akayoru. –
La mujer de largo cabello castaño y ojos cafés se aproximó con una sonrisa.
–Hola, mucho gusto, InuYasha me platicó que tú eres su nuevo socio y que eres un InuYoukai– el aludido asintió cortésmente. –Y tú eres su compañera, ¿Cierto? – miró a la joven.
Diana confirmó despacio, ya estaba más tranquila y ahora podía pasar una velada amena. Tenía bastante en claro quién era InuYasha, pero no sabía que estaba casado.
–Así es, somos pareja recientemente– devolvió el mismo gesto amable. –Perdona la pregunta pero, ¿Tú eres humana? –
Kagome asintió.
–Lo soy y creo que nos vamos a llevar muy bien. –
Inuyasha y Akayoru se miraron entre sí, escuchar eso fue agradable para ellos.
Después de todo, ya eran socios formales y se iban a ver constantemente. Además, Kagome era la persona más adecuada para ayudar a Diana a adaptarse por completo a ser la pareja de un InuYoukai, es decir, llevaba bastante tiempo unida a un mestizo de esa especie, así que era lo más lógico.
–Entonces vayamos a cenar– indicó Akayoru, tomando de la mano a su compañera.
Ambas parejas entraron al restaurante, la convivencia sería entretenida.
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Horas después.
Diana permanecía envuelta en una sábana, observando la ciudad desde el gran ventanal. La noche estaba fresca y serena, la luna llena iluminaba el cielo y ella sentía como una gran tranquilidad la envolvía por completo. Ladeó el rostro un poco para mirar al Inugami recostado en la cama, suspiró lentamente y sonrió.
Se sentía feliz al lado de Akayoru.
Los últimos días habían resultado entretenidos y emocionantes. Sabía que no sería fácil acostumbrarse a convivir con un demonio canino, pero llevar una relación de éste tipo era toda una experiencia nueva para ella como humana y eso la hacía sentir especial. Suspiró una vez más y luego regresó al lecho junto a él.
Akayoru la abrazó de inmediato contra su pecho y sin decir nada, le dio un tierno beso en la frente. Las palabras sobraban y ambos lo sabían. Diana se acurrucó, dejándose llevar por el calor de su piel, quedándose dormida poco a poco, manteniendo una gran sonrisa en los labios.
Con esto concluía un capítulo en su vida e iniciaba otro.
=FIN=
Muchas gracias por haber llegado hasta aquí.
Desde el fondo de mi corazón les agradezco a todos los que siguieron esta larga tetralogía, desde sus inicios o recientemente, no importa. Me hace muy feliz el haberla concluido por fin y más contenta estoy con ustedes, los lectores que se tomaron la molestia de leer mis locuras, desde una cuenta de FF o desde el anonimato, como sea, estoy muy agradecida.
Jamás imaginé que la historia, inventada de alguna fantasía loca hace casi 5 años, pudiera convertirse en esto. Estoy orgullosa de haberla escrito, porque fue un capricho obsesivo hacerlo, no lo puedo negar. Pero al mismo tiempo, se convirtió en una herramienta que me ayudó a escribir más y mejor.
Yo no entendía del todo el manejo de los OC (y quizás aún no lo hago del todo bien), pero sé que cada autor le pone un poquito de su corazón al crear un personaje original y una historia a su alrededor. Eso me pasó con Diana y sus aventuras pervertidas XD. Sí, quizás estoy un poco mal de la cabeza, pero sólo queda ahí, una mera fantasía.
Y también cabe aclarar que, si alguien escribe estas cosas, es porque existen otros que las quieren leer. Así que también tienen mi gratitud esas personas que me alentaron a redactar, que me dieron sus sugerencias, ideas, opiniones y comentarios. A todas(os) ellas(os), Gracias.
Sé que éste fanfic y los otros tres que componen las aventuras de Diana, no son la gran cosa, es cierto. Pero para mí fue una experiencia muy entretenida y placentera, ya que lo hice por y para mí. Como dije, un capricho que necesitaba saciar.
También comprendo que para algunos lectores fue agradable y para otros no, es lo que más natural que podía suceder. Pero de todas maneras, me doy por bien servida con sus comentarios, sus seguimientos y sus favoritos para toda la tetralogía. Me hicieron sonreír mucho a lo largo de estos años.
No tengo más que decir. De nuevo Gracias por leer mis locuras.
Nos leemos en otra historia :3
17/junio/2020
