Capítulo Veinticinco

El cielo estaba nublado cuando salieron del hospital en el auto de Pilika. En verdad agradecía que no preguntara más allá, ni que cuestionara esos favores tan extraños. Como el hecho de que le devolvería su auto mañana o que requería discreción absoluta en el tema referente a Yoh. Le bastó con saber que ambos hermanos no eran cercanos, lo cual no era mentira. También le aseguró que razonaría con Horo Horo para mantener en bajo perfil toda esa cuestión.

Anna podía ser hermética, hasta en cuestiones más simples. Ser exagerada y actuar como paranoica, no incomodó en absoluto al castaño, que iba recostado en la fila trasera, durmiendo.

Eran casi las ocho de noche cuando entraron en terreno más lejano hacia Kent. Y si lo que quería era privacidad, nada era más idóneo que la casa de sus padres. Sus vecinos estaban a millas de ellos, todo gracias a los cultivos que sus abuelos adquirieron con el tiempo. En realidad, vivía poca gente en el poblado, lo cual hacía aburrido arraigarse ahí. Motivo por el que se había ido a vivir a Londres en cuanto tuvo su oportunidad.

—Llegamos—dijo abriendo la puerta.

Él tuvo problemas para reaccionar, pero después de un ligero tirón en su brazo, no tuvo más que incorporarse. En realidad quería seguir durmiendo, pero ver la casa con fachada antigua le llamó la atención. Ella bajó una pequeña maleta y le dio las muletas. Con ello fue mucho más fácil moverse, aunque con la grava que había en la entrada, tuvo problemas de equilibrio.

—¿Estás bien? —dijo al verlo subir los escalones.

—Sí, todo bien.

Abrió la puerta principal y de inmediato percibió el olor a comida. Dejó en el pasillo la maleta pequeña y también la gorra que llevaba puesta. Su madre se extrañaría de verla tan fachosa. Sin embargo, traer a un chico con ella y encima con muletas era mucho más llamativo que su aspecto visual.

—¡Anna, llegas a tiempo para la cena! —anunció desde la cocina.

¿Cómo sabía que era ella? Tal vez por el modo en que los perros corrían del pasillo hacia ella. Sin embargo, su fresca bienvenida de siempre se vio interrumpida por el otro integrante, que lejos de asustarse sonrió afable a los animales, que ni siquiera le ladraron y por el contrario, dejó que los acariciara. Debería sentirse celosa, porque incluso se hincó para que los labradores no lo tiraran.

Pero antes de poder quejarse, su madre acudió al encuentro con el delantal aun puesto.

—Anna, no me dijiste que llegarías hoy—dijo secando sus manos—¡Oh! ¡Hao, qué grata sorpresa! Tenía tanto que no nos visitaba.

El castaño sonrió, mientras Anna se inclinaba hacia él para ayudarlo a levantarse.

—Mamá, él no es Hao Asakura, es Yoh—pronunció la rubia, rodeando su cintura con un brazo para mejor apoyo—Yoh, ella es mi madre, Lindsey.

—Encantado de conocerla—dijo estirando la mano.

—El placer es mío, joven—correspondió amable—Supongo que son gemelos, porque son idénticos, de verdad no noté la diferencia.

—Mamá…—acotó Anna.

Sabía que tenía muchas preguntas, demasiadas para ser exactos. Sí, también lo intuía por el modo en que exploraba su atuendo.

—Pasen al comedor, en un momento serviré los platos—dijo volviendo a la cocina.

Anna suspiró y levantó las muletas para dárselas. Lo guió por el pasillo hacia la amplia mesa, retiró una silla para que el pudiera sentarse. Ambos labradores los escoltaron. En verdad le molestaba un poco ese apego, porque no tenían ni dos segundos de conocerse, a sus hermanos aun les ladraban de repente.

—Pero qué veo, alguien te ganó a tus guardianes—se burló su padre—Señor Asakura, es un placer volverlo a tener en esta casa.

—No, querido, él no es Hao, se llama Yoh Asakura—aclaró su madre, colocando dos cubiertos más en la mesa.

—Vaya torpeza la mía, perdone usted señor Asakura—se disculpó el hombre—James Mathews Kyoyama, un placer conocerlo.

—El placer es mío, señor Kyoyama—dijo con una pequeña sonrisa—Pensé por un momento que tendría rasgos japoneses….

—No, pero ahora que toca el tema…

Su padre comenzó a hondar sobre sus orígenes. Era una de esas charlas que duraban toda la velada, de esas que incluso ya huían las novias de sus hermanos, cuando siquiera rasguñaban el tema. Tanto para decir, que su apellido venía de cuatro generaciones atrás.

Yoh no se mostró en lo absoluto incomodo, contrario a eso realizó un par de preguntas que sólo acrecentaron la charla.

—¿Quieres un poco de vino, Yoh? La cosecha que compró Justin de este año le va bien a las carnes blancas.

—Sí, claro.

—No, no puedes tomar alcohol—interrumpió Anna—Aun tienes que tomar medicamentos.

—¿No se puede solo un poco? —trató de convencerla el castaño.

—No, eso no está en punto negociable—respondió ella, sirviéndole más verduras.

—Hija, esas son más verduras que carne—intentó razonar su padre—Una copa hace buena digestión.

Lo único que provocó fue ganarse una severa mirada de su parte, mientras su madre reía divertida. Desde la cocina la había visto seleccionar para su invitado el trozo de pechuga con menor cantidad de grasa, argumentando que su estómago no estaba para cosas tan pesadas.

—¿Sería mucho inconveniente preguntar por qué las muletas? —cuestionó el hombre.

—Bueno….—dijo tomando una zanahoria en su tenedor—Tuve un pequeño altercado con algunas personas, en realidad estábamos discutiendo porque había un perro, ellos lo querían quemar su cola—describió un poco más serio ante la atenta mirada de todos—Lo sé, suena salvaje. Pero hay muchas personas crueles con los animales. Terminamos peleando, eran mayoría, así que me golpearon y quitaron muchas cosas—luego sonrió un poco—No tenía un zapato, así que en mi descuido, terminé pisando un vidrio.

Eso explicaba en mucho los moretones y golpes en su cuerpo. Sus padres no tardaron en dar su punto de vista, desaprobando esa clase de comportamiento irracional. Pero eso sólo podía abrir una caja más grande de preguntas, que por supuesto, su padre no dejó pasar.

—¿Y si pasó esté problema, dónde se encuentra su hermano?

—Trabajando—dijo Anna—Sigue viendo lugares para su hotel y me pidió como favor personal que cuidara de su hermano, ya que no estaría en la ciudad.

Eso había sido rápido y efectivo.

—¡Oh! ¡Entiendo! —dijo asombrado su padre—Me imagino que al final terminará escogiendo Scarborough. De tantos lugares que visita. Ni siquiera hemos tenido la gracia de verlo desde hace ya varios meses.

—Espere…¿dijo Scarborough? —dijo con una gran sonrisa—¿Él está preparando un hotel ahí?

—Según me dijo, es el primer sitio que visitó con Anna para eso—respondió Kyoyama—¿No se lo comentó?

—No lo hizo—respondió con un pequeño suspiro—Pero entiendo por qué escogió ese lugar.

Eso llamó la atención de Anna, que hace tiempo lo había cuestionado por la misma razón, sin una respuesta concluyente.

—Cuando éramos niños hicimos un viaje familiar, toda la familia vino a pasar las vacaciones ahí. Un amigo del abuelo nos invitó a su residencia y pasamos un agradable tiempo—dijo con añoranza—Hao y yo jugamos mucho en la playa, incluso fuimos a dar un paseo en las barcas del muelle. Fueron tiempos muy buenos, cuando estábamos todos juntos.

Podía imaginarlo, por el modo en que su rostro se había iluminado por el recuerdo. El resto de la velada fue tranquila, en especial cuando su madre presentó su postre de manzana. Lavaba los platos, escuchando de fondo a su padre decirle el nombre de sus perros y la anécdota del desastre de su llegada, mientras tomaban el té.

Estaba demasiado pensativa en todo cuanto Hao había reprimido de su vida, quizá en gran parte por la vergüenza de su pasado o el dolor que eso le acarreaba. Algo muy diferente a lo que parecía proyectar Yoh.

—Supongo que se quedarán a dormir—dijo su madre, secando los platos—Prepararé la recámara de invitados.

Suspiró, eso se oiría aún más raro.

—Dormirá conmigo.

—¿Puedo preguntar cuándo pasó todo eso? —dijo sorprendida—Porque yo dudo mucho que el señor Asakura le guste que compartas habitación con su hermano.

Volvió a suspirar.

—Mamá, Hao y yo no tenemos ese tipo de relación—esclareció la rubia.

—Aja… sí… claro. —dijo llevando la vajilla a la barra—¿Y qué hay con eso de que quieres dormir con él?

—Quiero atender lo que necesite, ¿qué tal si quiere agua?

—Podemos dejarle una pequeña jarra en su cómoda.

—Tal vez quiera ir al baño.

—Cariño, tiene muletas, no creo que sea algo muy urgente—dijo con una pequeña risa—Además tu habitación no es la más grande, tu cama no es muy grande. Hao, las dos veces que se quedó, fue en la habitación de invitados.

Anna trató de no quebrar el último plato. No había considerado esa visión. Aunque no estaba dispuesta a cambiar de opinión.

—Yoh dormirá conmigo—dijo firme—Si te molesta, puedo buscar un hotel en el centro…

Pero lejos de discutirle, ella sólo comenzó a reír, palmeando su hombro.

—Está bien, Anna, no necesitan moverse. Ya me quedó muy claro desde que llegó, que no dejarás que lo toque ni una mosca.

No pudo más que avergonzarse del modo que lo decía.

—Y no te atrevas a negarlo, tu instinto materno está más alerta que nunca—dijo con una pequeña sonrisa—Que no se entere tu padre o preguntará más cosas de las que querrás responder.

En eso tenía razón. Cuando terminó de acomodar la vajilla en su lugar. Su padre ya no estaba más en la sala. Yoh se encontraba mirando una vieja fotografía en la chimenea, mientras Russet y Pippin dormían al pie del fuego.

—Tienes una bonita familia—comentó el castaño.

—Sí, son agradables—describió llegando a él—Claro que no dirás lo mismo cuando conozcas a mis hermanos.

Emitió una pequeña risa.

—Esto que haces no es nada inteligente, ¿por qué traes a un criminal a tu casa y le quieres presentar a tu familia?

Tal vez porque de algún modo, también quería que fueran su familia. Sus ojos se encontraron y él pareció descifrar ese pensamiento en su mirada.

—No puedo—murmuró apenas audible—Creo que es suficiente con que Hao esté aquí, él le agrada mucho a tu papá. Me contó todas las buenas impresiones que le causó.

—Y tú eres su hermano, también serías bienvenido a las reuniones familiares.

Roló los ojos, buscando en el techo las palabras correctas para hacerla desistir de su objetivo.

—Tú de verdad piensas que hablando con Hao va a cambiar su perspectiva de vida.

—Tú lo dijiste, era feliz con su familia.

—Él dejó a su familia—enfatizó serio.

—¿Por qué?

—Siguiente.

No vio venir una pequeña patada en su espinilla. Ella sonrió al verlo retorcerse de dolor en el sillón más cercano, mientras ambos animales acudían a consolarle de la mejor forma posible.

—Traidores—denominó la rubia.

—Au… Au…. Pero qué diablos te pasa.

—Tú, eres lo que me pasa—dijo tomándolo brusco—Vamos a dormir.

—Puedo dormir en el sillón—sugirió el castaño.

—De ninguna manera, escaparás a media noche si te quedas aquí—describió entregándole las muletas—Vamos arriba.

Él no dejó de quejarse que para él era tedioso subir de brinco en brinco esas escaleras tan grandes. Claro que sería ideal para él usar la habitación de invitados, en parte porque estaba en la parte baja. No obstante, no confiaba en él. Sabía que a la menor oportunidad saldría huyendo.

Una vez arriba, abrió su recámara y luego la cerró con llave. No solía hacer eso, pero la ocasión lo requería.

—¿Es tu cuarto? —dijo sentándose en la cama.

—Así es—dijo colocando la maleta en el mueble al pie de la cama, sacando otro pantalón deportivo para él.

—Porque no mejor duermo en alguno de los cuartos de tus hermanos. No sé si a tu papá le guste eso de que te duermas conmigo.

—De mis padres me ocupo yo, tu ocúpate de cambiarte.

—Está limpio.

—No puedes dormir con eso, la ropa de cama es diferente a la del diario.

—Esto no es ropa de cama—ironizó el Asakura, sólo recibiendo otro golpe en la cabeza—Au… eres muy mandona.

—Lo mismo dijo tu hermano—se jactó, sacando un camisón de su ropero.

Ni siquiera se molestó en entrar al baño, sólo deslizó el vestido por sus hombros y esperó que el camisón bajara al tiempo que lo hacía el otro. Cepilló su cabello una vez más y notó que él seguía batallando por subir la licra entallada. Hacía calor, así que prefirió no darle camiseta.

—Voy a desinfectar tu herida—dijo tomando la bolsa de medicamentos.

—No es necesario, en el hospital lo hicieron.

En menos de dos horas había aprendido una lección valiosa: a Anna nada se le discutía. Ahora le dolía la mejilla por estar replicando. Ella apagó la luz, una vez que terminaron de asearse. Él terminó entrando en aquellas sábanas suaves. Aprendiendo, también, que todo era frescura en ella.

—¿Vas a abrazarme también hoy? Si es así, deberías cambiar de pijama.

—Deja de quejarte, cualquier chico en mi universidad hubiera llorado porque yo le dirigiera siquiera una mirada—dijo acomodándose en su torso—Eso no implica que puedas estarme tocando, si eres un caballero sabrás respetarme.

—¿Tú me dices que no puedo tocarte? —preguntó con gracia— Tú violas mi privacidad, ni siquiera me dejas entrar al baño más de cinco minutos solo.

—No violaría tu privacidad si supiera que no vas a salir huyendo como ayer—dijo mirándolo duro—Si los grilletes no funcionan, sé que mis brazos o mi cuerpo van a reaccionar si te mueves.

¿Tendría otra opción? La respuesta era un simple no. Suspiró y acarició sus cabellos rubios.

—A Hao no le gustará saber que estás durmiendo conmigo.

—Tendría derecho a enojarse si fuéramos algo, pero no somos nada—murmuró contra su piel.

—Serán algo, estoy seguro—dijo con un gran suspiro—Sólo dale tiempo, a veces los hombres somos complicados. Además, nadie en su sano juicio dejaría ir a una suegra que cocina un delicioso pastel de manzanas y a un suegro tan agradable como tu padre. Seguro tus hermanos son geniales… con eso qué importa que la chica sea una mandona golpeadora.

Sonrió, aspirando un poco de su olor corporal.

—Yoh, prométeme que hablarás con él—dijo con suavidad—Sea lo que sea, por lo que se pelearon, no puede ser eterno. Hace rato te vi, eras feliz cuando lo mencionabas…

—Es que el problema no es que estemos peleados, al menos de mi parte, Anna.

—Entonces cuál es el problema.

—Siguiente.

Cerró los ojos, esperando recibir un golpe, pero lo único que hizo fue abrazarlo más.

—¿Algún día confiarás en mí?

Un nudo se formó en su garganta, mas no dijo nada. En realidad, confiaba bastante en ella, pero no quería involucrarla más de lo que debía. Tenía bastante sangre en sus manos. Su cuenta estaba en números rojos.

Continuará


Un capítulo más a la lista. Espero que no se les haga raro que Hao no salga aquí, preferí enfocarme en unos detalles con Yoh para darles una visión de familia. Es muy diferente a lo que piensa Hao, pero también es de algun modo una de las motivaciones de Anna desde capítulos previos, que era incluirlo en su círculo social. Ahora también le agrada Yoh. Respecto a un comentario que vi por ahí que decía de la relación de Hao y Anna, sí concuerdo con eso. De hecho, como estaba viendo como terminó lo del embarazo, me hizo reflexionar que para ellos había que darles una renovación, porque no había modo en que Anna se quedara ahí, nada mas porque él tomaba las decisiones. Creo que una relación es de ceder un poco, pero no por obligación, sino por amor. Y por eso Yoh entró a sacudirlos a los dos. Incluso más de la cuenta.

Muchsisisisimas gracias por todo su apoyo. Sus comentarios son muy buenos, porque nutren mis ideas y a parte, acepto sugerencias para la trama. Gracias por esa motivación, espero que les agrade.