CAPÍTULO 22
El día posterior a la fiesta de compromiso amaneció nublado. La mayoría de los invitados abandonaron el lugar temprano emprendiendo su viaje de vuelta. Bella y Edward no bajaron a desayunar como tampoco lo hicieron sus padres, aunque sí los novios que compartieron ese momento con los padres de Rosalie.
Edward estaba agotado, física y mentalmente. Era como si una losa de hormigón hubiese aplastado su cabeza y su cuerpo. Se sentía como si hubiese corrido una maratón. La resaca emocional de lo acontecido la noche anterior le estaba pasando factura. Pasó toda la noche inquieto, durmiendo a ratos, con Bella entre sus brazos, pero removiéndose en la cama cuando los recuerdos acudían a él. Sobre las cinco de la mañana consiguió dormirse por eso, ni siquiera sintió a Bella hablar con Emmet, cuando este, antes de bajar a desayunar pasó por la habitación para ver cómo estaban.
—Casi tengo que encerrar a mis padres en su habitación para evitar que viniesen. Me ha costado mucho trabajo convencerlos
—Has hecho bien
—¿Cómo está? Mejor dicho, ¿Cómo estáis? Sé que discutisteis y...
—Estamos bien. Él agotado y yo... Intentando asimilar todo. Siento el pequeño espectáculo.
—Tranquila, solo nosotros nos dimos cuenta. ¿Lo sabes?
Isabella asintió ante la pregunta de Emmet.
—Irina Voulturi fue algo indiscreta y Edward no tuvo más remedio que contármelo.
—Si te sirve de algo, yo intente convencerlo para que hablase contigo mucho antes de todo esto, pero ya sabes cómo es de cabezón. No deberías haberte enterado así.
—Eso no importa, lo único que quiero es que esté bien.
—Le quieres mucho. ¿Verdad? —Las palabras de Emmet no fueron una pregunta si no una afirmación.
—Le amo, como no he amado a ningún otro.
—En ese caso…Me alegro de que estés en su vida. Intenta que al menos se despida de nosotros antes de que os vayáis.
—Lo prometo.
Y lo consiguió.
Esa mañana antes de emprender la vuelta bajaron para tomar algo rápido y despedirse de sus padres.
Esme abrazó a su hijo en cuanto le vio y no se quedó tranquila hasta que le aseguró que estaba bien mientras que Carlisle permanecía en un segundo plano observando la escena, aunque su rostro se relajó cuando Bella le dedicó una mirada cómplice y le sonrió. Intuía que el hombre también deseaba hablar con su hijo, pues ayer le quedó claro que tras el muro de indiferencia que había construido en torno a su relación se ocultaba una gran preocupación.
No quiso preguntarle a Edward sobre lo ocurrido con su padre tras el accidente, pero estaba segura de que más adelante podría conocer que ocurrió.
Edward subió el equipaje al coche mientras que Bella se despedía de sus padres.
—Me alegro de haberte conocido, Bella. Espero que podamos vernos antes de la boda.
—Yo también, ha sido un placer. —Sonrió
—Gracias por querer a mi hijo.
—Aunque a veces sea un poco cabezota, gana su parte buena. —Bromeó Bella haciendo sonreír a Esme.
Miró a Carlisle y le ofreció la mano a modo de despedida, gesto que aceptó cortésmente.
—Señor Cullen...
—Isabella…—Hizo el amago de decir algo más, pero al final decidió callar.
—No sé preocupe, cuidaré de él. —Respondió Bella guiñándole un ojo.
El viaje de vuelta se les hizo más corto. El móvil de Isabella casi explota al recibir todas las fotos que Alice les había tomado con su teléfono. Tanto Jasper como ella se habían tenido que marchar temprano, pero según le informó Edward había hablado con ambos a través de mensajes pues se habían quedaos muy preocupados.
—Alice prácticamente nos ha hecho un reportaje fotográfico, pero lo mejor de todo es que en la mayoría de las fotos nosotros ni siquiera estamos posando.
—Ella es así. Le encanta fotografiar a la gente desprevenida.
—Pues hay algunas fotos preciosas, prometo enviártelas.
—Eso espero, o tendré que robarte el teléfono. —Bromeó.
Edward le ayudó a bajar la maleta cuando llegaron al apartamento que compartía con Jessica. Le hubiera encantado pasar la noche con ella, pero era tarde, ambos trabajaban al día siguiente y debían ponerse al día para enfrentar la semana.
—¿Comemos juntos mañana? —Pasaré a por ti en cuanto acabe las clases si te parece.
—Claro. Descansa y sobre todo duerme bien. —Pidió acariciando sus ojeras.
—Lo haré siempre que tú también duermas y sueñes conmigo.
—Lo prometo. —Dijo besándole suavemente.
Edward se alejó de ella muy a su pesar y se subió al coche dispuesto a marcharse, pero cuando parecía que se iba, frenó y llamó su atención.
—¡Bella! —Pronunció su nombre asomándose por la ventanilla del copiloto—. Estamos bien, ¿Verdad?
—Lo estamos. —Sonrió—. Te quiero.
—Y yo a ti.
Bella le lanzó un beso al aire haciéndole conducir hacia su piso con una sonrisa en los labios.
Subió hasta el apartamento y se encontró a Jess en pijama viendo la televisión mientras devoraba un bol de palomitas.
—¡Hey! ¿Qué tal el fin de semana? ¿Lo habéis pasado bien?
Isabella se dejó caer a su lado en el sofá tirando sus zapatos y apropiándose de las palomitas de maíz.
—Busca un par de refresco, vas a alucinar cuando te lo cuente.
Jessica obedeció a su amiga y fue a buscar un par de latas de té helado, se sentó a su lado y escuchó atentamente todo lo acontecido durante el fin de semana. Sin duda, lo que Bella le empezó a narrar hizo que perdiese todo el interés en la película que estaba viendo.
ὠὠὠ
—¡Tú lo sabías! —Le reprochó Bella a Alice al día siguiente en la librería.
—Claro que lo sabía, pero no me correspondía a mi decírtelo. —Se excusó.
—Al menos podrías haberme insinuado algo, darme alguna pista...
—Lo hice, cuando hablamos, pero creo que no supiste leer mis palabras.
Isabella rodó los ojos ante sus palabras. Era imposible que pudiese haber imaginado a lo que se refería.
—Eso no me vale, Alice.
—Bueno, lo importante es que ya lo sabes.
—Es que...Jamás imaginé que Ness pudiese ser su hija, y mucho menos toda la historia que hay detrás de ello.
—Nadie se merece que le ocurra algo así. Ningún padre debería enterrar a su hijo.
—Perder a tu familia de esa manera... —Lamentó Bella.
—Las cosas entre Tanya y Edward no iban bien, creo que eso hace que se culpe más aún.
—Pero no fue culpa suya. Tanya le hizo perder el control del coche, ¿Lo sabías?
—¿Cómo? —Exclamó Alice sorprendía.
Isabella le narró como había ocurrido todo según Edward.
—Quiero pensar que fue presa de un ataque de nervios, porque no encuentro otra explicación.
—¡Es increíble!¡Edward jamás dijo nada! —Respondió Alice sin poder ocultar su sorpresa.
—Creo que no quiere ensuciar su memoria.
—Pero si Carlisle supiera eso... Él prácticamente le culpó del accidente.
—Lo sé.
—Ya es duro castigarte tú mismo, pero si encima alguien te lo dice a la cara...
—Carlisle probablemente se equivocó al acusarlo, pero vive arrepentido, lo vi en su mirada cuando nos buscó para ver que ocurría.
—¡No me extraña! Ese hombre empujó a Edward al suicidio. En lugar de reconfortarle fue un verdugo para él.
—No me lo recuerdes, si Esme no hubiese llegado a tiempo...
—En fin, ¿Y ahora como estáis? ¿En qué punto se encuentra vuestra relación?
—Bien, estamos bien. El saber la verdad no ha cambiado mis sentimientos por Edward, solo los ha hecho crecer. Pero creo que él aún no tiene superado lo ocurrido. Tiene que seguir hacia delante, perdonarse y volver a vivir.
—Estoy de acuerdo contigo.
En ese momento la campanilla de la entrada sonó dando paso a un repartidor que venía cargado con un enorme ramo de flores.
—¡Oh! ¡Alguien va a recibir un regalo! —Exclamó una alegre Alice palmeando sus manos.
—¿Trabaja aquí la señorita Swan? —Preguntó el repartidor.
—Sí, soy yo.
—Esto es para usted. Firme el recibo de entrega, por favor.
Isabella tomó la hoja que él le ofrecía y firmó.
—¡Qué tengan un buen día! —Se despidió el muchacho.
—¡Ay, qué ilusión! Edward es todo un detallista. —Sonrió Alice—. Aunque... ¿Margaritas? ¿Quién regala margaritas amarillas a su novia? ¿Dónde han quedado las rosas rojas? —Se quejó indignada inclinándose para oler las flores.
—Lo que importa es el detalle, Alice. Son preciosas.
—Pero los claveles son más bonitos, incluso los tulipanes... ¿Traen tarjeta?
—Sí. —Bella cogió el pequeño sobre y le abrió para leer la nota, sin embargo, se quedó completamente perpleja al leer el mensaje.
No te olvido. Él no es para ti.
Jacob
—¿Qué pasa? Te has quedado pálida. —Preguntó Alice al ver su reacción.
—Es... No son de Edward. —Respondió aún perpleja.
—¿No? ¿Entonces quién las envía?
—Jacob.
Alice abrió los ojos de par en par el escuchar el nombre.
—¿Cómo?
—Mira —Bella e tendió la nota para que la leyese.
—¡Este tío es idiota! ¿Qué quiere ahora?
—No lo sé.
—¿Has vuelto a verle?
—¡No! Desde que coincidimos con él en el cine no he vuelto a saber nada. Creí que le había quedado claro que lo nuestro estaba acabado.
—Pues parece que no lo quiso entender.
—¿Qué vas a hacer?
—Nada. Espero que así capte la indirecta. —Tomó el ramo y se dirigió a la papelera— Tiraré las flores.
—¡Oh, pero es una pena! ¡Son bonitas!
—¡Pero si no has parado de quejarte al ver que eran margaritas!
—Ya, pero las pobres no tienen la culpa. —Dijo Alice haciendo un gracioso mohín.
—Quédatelas si quieres, o ponlas en algún lado aquí en la librería. Yo no las quiero. —Le ofreció Bella tendiéndole las flores.
—Las pondré en un jarrón y las llevaré a aquella mesa. ¿Vas a contárselo a Edward?
—¿El qué?
Ambas se giraron sorprendidas al escuchar la voz de él detrás de ellas... Tan inmersas estaban en su conversación que ni siquiera le escucharon entrar.
—Alice, déjame decirte que Jasper tiene un gusto pésimo para las flores... —Bromeó Edward haciendo que ambas se mirasen incómodas.
—Ehh, ¡sí! ... Yo..., Iré a ponerlas en agua. —Alice desapareció dejándoles solos.
—¿Y bien? ¿Qué es eso que me tienes que contar? —Preguntó Edward expectante.
Isabella se mordió el labio inferior nerviosa. No le iba a gustar nada saber que Jacob quería estar de vuelta en su vida.
¡Hola! ¿Qué tal todo?
Volvemos al presente después de descubrir los secretos de Edward y parece que alguien quiere recuperar lo que perdió.
No creo que a Edward le haga mucha gracia saber que le han mandado flores a su chica.
Muchas gracias a todos por los favs, follows y reviews.
Espero vuestros comentarios.
Saludos
Nos seguimos leyendo.
