Capítulo 22
Consecuencias.
—Ok. Entonces… Démosles algo más, ¿no?
La incisiva mirada de la morena estaba alterando el estado de Quinn, que sentía como los nervios se apoderaban de su estómago conforme pasaban los minutos, y Rachel seguía allí, esperando su reacción.
—Tenemos, tenemos la oportunidad de acabar con todas las dudas en una sola jugada.
—Y esa oportunidad es ahora.
—Exacto —susurró Rachel sintiendo como la saliva en su garganta, caía como fuego.
—Ok. Pues, pues vamos a darles lo que quieren.
—De acuerdo.
—Vale, y ¿cómo…? Quiero decir, ¿qué hacemos para que…?
—Shhh —la interrumpió se detuvo al tiempo que lanzaba una mirada hacia el exterior a través de la cortina de la puerta de entrada—. Escucha eso —susurró al percibir un leve murmuro desde el exterior.
—¿Vienen hacia aquí? —cuestionó Quinn justo cuando Rachel los descubría caminando entre las demás tiendas.
—Mierda, están ahí ya, Quinn. Tenemos que hacer lo que sea ya —murmuró tratando de ordenar su mente y saber que hacer, pero no necesitó demasiado.
—¿Nos…nos tumbamos? O… ¿Me siento encima de ti?
—No, no lo sé Rachel.
—Quinn, tú tienes experiencia… ¿Qué hago? —se mostró impaciente.
Quinn dudaba y lo hizo tanto que Rachel avanzó y sin pensarlo se sentó sobre ella, invitándola a que se reincorporase, y quedase sentada mientras rodeaba su cintura con sus piernas.
—Rachel —susurró cuestionándola con la mirada.
Una mirada que consiguió dejarla muda. Rachel permanecía en silencio, tratando de asimilar el paso que había dado.
—Sólo es una broma —espetó tratando de convencerla, no solo a Quinn, sino también a sí misma.
—Cierto, solo es una broma —susurró sin apartar la mirada de sus ojos—. ¿Y ahora?
—No lo sé. Tú eres la experta —añadió Rachel alzando los brazos sobre sus hombros.
—No, no me cargues a mí la responsabilidad…
(—Dave por favor, vámonos…no podemos hacer esto.)
(—Shhh, vamos…)
(—Es absurdo, no podemos espiar a dos chicas.)
(—Te vas a dar cuenta como nos han mentido.)
—Lo has escuchado —musitó Rachel de forma casi inaudible, a escasos centímetro de Quinn.
—Sí…
(—Hacemos una cosa, yo no miro. Mira tú por la trampilla del techo, solo así me conformaré.)
(—Estás loco.)
(—Hazme caso.)
Ambas miraron hacia el techo. Efectivamente, la trampilla que dejaba entrar algo de luz y aire, permanecía abierta sobre sus cabezas, y supieron que por allí aparecerían los ojos incrédulos de Melanie en cuestión de segundos.
—¿Y bien? ¿Qué hago? —cuestiono Rachel con apenas un hilo de voz.
—No lo sé. Qui…qui…quítate la camiseta —balbuceó, y Rachel no supo por qué lo hizo con tanta rapidez, quizás por la extrema cercanía de Quinn y la hipnosis que producían sus ojos a aquella distancia.
Quinn comenzó temblar. Todo era una broma, trataba de convencerse a sí misma, pero la imagen de Rachel, sentada sobre ella desprendiéndose de la camiseta, y quedándose con un sencillo sujetador, consiguió dejarla completamente fuera de juego.
—¿Y ahora? —preguntó tratando de controlar la respiración.
Quinn se dejó llevar. No podía hablar porque intuía que no sería capaz de hacerlo a un volumen tan bajo, lo suficiente para que ni Dave ni Mel los escuchasen.
Algo en su interior la incitaba a gritar, pero no de pánico, ni de horror, era una fuerza que la impulsaba a gritar solo para poder deshacer el nudo que se creaba en su pecho, y que estaba dejándola sin aire.
—¿Quinn? —susurró.
No obtuvo respuestas. La rubia se deslizó lentamente y consiguió rozar su cuello con los labios. Un roce casi imperceptible que logró erizar la piel de Rachel, y que supuso su perdición.
Quinn enloqueció al descubrir la reacción de Rachel, y ésta ni siquiera se planteó detener aquel avance de la chica.
No habló, no pensó, no hizo absolutamente nada que pudiera interrumpir el momento. Simplemente permitió que Quinn siguiese con el plan, tomándose incluso la libertad de disfrutarlo.
Eran cortos, leves, pero eran besos, muchos de hecho, lo que Quinn se atrevió a dejar en su cuello, hasta que lentamente fue ascendiendo para llegar al perfil de su mandíbula, mientras sus manos ya comenzaban a buscar un lugar al que aferrarse. Un lugar que se encontraba en la espalda de la morena, y que volvía a provocar la reacción de la chica, esta vez con un leve suspiro que dejó escapar sin control alguno.
—Quinn —susurró de forma que podía fundirse con un suspiro, en un vago intento por detenerla. Pero no halló respuesta alguna.
Quinn hacia rato que había olvidado hablar, y seguía inmersa en su papel mientras notaba como el cuerpo de la morena reaccionaba ante cada roce de sus labios.
Sus manos, sus dedos, su aliento, su mirada, todo, absolutamente todo en Rachel, conseguía apartar de su razón cualquier resquicio de consciencia.
—No consigo ver nada, Dave —el susurro de Melanie se pudo oír perfectamente en el interior de la tienda, pero ni Rachel ni Quinn detuvieron su escena. Apenas prestaban atención a lo que estaba sucediendo sobre sus cabezas, lo único que les mantenía concentradas era lo que estaba sucediendo entre ellas.
Era química, complicidad, algo realmente especial lo que inundaba aquél reducido espacio que, en cualquier otra ocasión, habría provocado claustrofobia en Quinn, pero que durante aquella semana se convirtió en el mejor lugar donde estar. Y todo gracias a Rachel.
—Dave, álzame —volvían los susurros desde el exterior y sonaban como órdenes en Quinn, que tomaba a Rachel entre sus brazos y la acercaba aún más a su cuerpo.
—No… No me beses, Quinn —susurró a escasos centímetros de su oído—. No me beses en los labios, por favor —suplicó. Quinn ni siquiera prestó atención, sus sentidos estaban puestos en seguir disfrutando, en seguir llenando de besos el cuello y la mandíbula de la chica mientras ésta se acoplaba más aún con suaves y sensuales movimientos de cadera—. No me beses —volvía a susurrar cerrando los ojos.
No quería que le besara, y no porque no lo desease, sino porque sabía que iba a ser su perdición, que iba a ser una locura que no iba a ser capaz de detener.
—¡Oh dios! —exclamó Mel sin poder controlar el volumen de su voz al descubrir la escena—. Vámonos Dave, vámonos de aquí —espetó apartándose de la tienda, y tirando de él.
—¿Qué ocurre? ¿Qué hacen? —preguntó confundido.
—Eres un imbécil. Están juntas, estaban besándose y… Dios, basta, vámonos a dormir.
—¿Besándose? —masculló sorprendido— No, no es posible.
—Lo acabo de ver con mis propios ojos, Dave. Así que vámonos…—tiró del chico que permanecía completamente confuso, junto a la tienda.
Expresión que logró detener el intenso momento que se vivía en el interior de la misma, y que acabó con Rachel y Quinn mirándose, a escasos centímetros la una de la otra.
—Quinn…—volvía a susurrar— Ya…ya se han ido.
—¿Qué? —reaccionó sin apartar la mirada de los labios de la morena.
—Mel, Dave, se han ido. Ya podemos…
Quinn se limitó a asentir, pero no reaccionaba. Tuvo que ser Rachel quien tomara la iniciativa y se apartarse de la chica, dejándose caer hacia su lado.
—Nos, nos han visto —musitó rompiendo el silencio.
—No lo sé, Quinn…— respondió tratando de recuperar la compostura.
No se atrevían a mirarse, no se atrevían siquiera a rozarse por miedo a perder la cabeza, porque algo estaba sucediendo entre ellas. Y empezaron a ser conscientes en ese preciso instante. Quinn sabía que había actuado como debía para lograr convencer a la pareja, pero las dudas no tardaron en asaltarla tras notar como había reaccionado su cuerpo. Porque probablemente, habían cruzado una línea que no debían.
Rachel, sin embargo, no se cuestionaba eso. No tenía dudas acerca de lo que acababan de hacer, simplemente se limitaba a cerciorarse de cómo había reaccionado su cuerpo, llevando a cabo aquello de lo que habían hablado horas antes, cuando Quinn sentenció que no eran necesarias las caricias y el amor para excitarse.
—¿Le…le enviamos ya el video? —preguntó en un intento por recuperar la normalidad que debía seguir existiendo entre ambas.
—Salgamos fuera —susurró Quinn, que vio en aquel gesto la mejor de las ideas para lograr estabilizar sus emociones, y a ser posible, tomar una gran bocanada de aire—. Vamos a acercarnos hasta su tienda, y así sabremos si le llega y si lo ve.
La idea gustó a Rachel, que al igual que Quinn, también necesitaba ese golpe de aire para lograr controlar su cuerpo, y el bombardeo delatador de su corazón. Así que no dudó en abrir la puerta de la tienda, y asomarse con precaución, asegurándose de que ya no había nadie allí espiándolas, y cumplir con la petición de Quinn, que salió tras ella como si le fuera la vida en ello.
—¿Vamos? —cuestionaba Rachel y Quinn volvía a asentir, como si las palabras hubiesen dejado de existir en su vocabulario, y recorrieron en completo silencio los escasos metros que las separaban de la tienda de Dave, dónde pudieron comprobar que ya estaba la pareja.
Dave, te echo de menos. Tengo un regalo para ti. Espero que tú también me estés echando de menos.
—¿Está bien así? —fue Rachel quien tecleó el mensaje en su teléfono, y se lo mostró a Quinn, que aun con el rubor en sus mejillas, asentía sin más—. Ok. Lo envío… —susurró segundos antes de que una alerta se escuchara desde el interior de la tienda, y tras un breve silencio, la voz de Dave confirmándoles que el plan parecía había salido a la perfección.
(—¿Qué mierda es esta?)
Rachel volvía a acercarse a Quinn, tomándola por la cintura mientras prestaba atención a los sonidos que provenían del interior de la carpa.
(—¿Qué haces con eso, Dave?)
La pregunta de Mel fue perfecta para que ambas supieran que habían visto el video.
(—No tengo ni idea, no sé quién es Ryan)—se excusó el chico, y Rachel no tardó en cuestionar a Quinn.
—Cambié tu nombre por el de Ryan —le dijo acercándose al oído de la chica—. Espero que te guste ese nombre.
(—Dave, ¿qué está pasando?) —se escuchó de nuevo desde el interior de la tienda.
(—No tengo ni idea. Esto debe de ser una broma, no conozco a ningún Ryan)
—Lo hicimos —susurró Rachel sonriente al tiempo que se abrazaba por completo a Quinn.
—Vamos, regresemos a la tienda antes de que nos descubran —le respondió Quinn tirando de ella con sutileza, y Rachel simplemente se dejó llevar.
—Lo hemos hecho, Quinn —musitó tras colarse de nuevo en la cara—. Dave no tendrá excusa alguna que haga cambiar a Mel de opinión —añadió dejándose caer sobre su saco de dormir.
Algo que volvía a llenar de tensión a la rubia. Una tensión que se convertía en falta de aire en su pecho, un nudo en el estómago, y unas irrefrenables ganas por continuar dónde minutos antes habían decidido parar.
Toda la efusividad del momento, la satisfacción de saber que habían logrado llevar a cabo el plan a la perfección, se esfumó justo en ese instante en el que volvían a quedarse a solas, y era consciente de lo que estaba sucediendo en su cuerpo. De la excitación que aún perduraba, y lo sumamente complicado que le suponía disimularlo.
—¿Estás bien, Quinn? Estás muy seria.
—Eh si, claro. Estoy bien —respondió deslizándose hacia su lado del colchón.
—¿Seguro? ¿No te estarás arrepintiendo?
—No, no, claro que no. Todo bien. Pero tengo sueño —se excusó—. Ha sido un día muy largo, y necesito dormir —añadió tratando de evitar que la conversación que Rachel parecía pretender mantener, no llegara a suceder.
—Oh… Ok. Pues, pues vamos a dormir —respondió un tanto confusa por su reacción.
Le fue suficiente ver como Quinn se giraba sobre su costado, y le daba la espalda, para saber que hablaba completamente en serio, y que realmente deseaba dormir, y no hablar sobre lo que acababan de hacer. Y lo cierto es que también fue una buena opción para ella, que pudo relajarse al fin después de toda la tensión que había acumulado tras aquel momento entre ambas.
—Buenas noches, Quinn.
—Buenas noches —respondió con apenas un hilo de voz.
Seguía sin el aire suficiente para poder deshacer aquel estúpido nudo de su estómago que, drásticamente, subió hasta su pecho y le estaba ahogando, haciéndola sufrir sin saber por qué.
La oscuridad absoluta en la tienda de campaña fue lo peor.
Escuchaba la respiración de la morena a su lado, probablemente aún despierta, y trataba de relajarse ignorándola. Pero Rachel estaba demasiado cerca, tan cerca que sentía el calor que desprendía su cuerpo, y eso la metía de nuevo en un bucle en el que la escena vivida con ella se repetía una y otra vez en su cabeza. En su cuerpo aferrado a ella, en como sus propias manos la acariciaron cuando solo debían fingir. En cómo fue capaz de hundir sus labios en el cuello, y besar su mandíbula, mientras su perfume aún permanecía anclado en su nariz. En como el estúpido sueño erótico que tuvo con ella, casi se había hecho real en aquel mismo lugar.
No iba a conseguir dormir. No mientras no lograse deshacerse de todos esos pensamientos que, probablemente, la volverían a meter en un sueño impropio entre amigas. Y casi 30 minutos después de haberle dado las buenas noches, Quinn decidía que tenia que abandonar la tienda para volver a tomar algo de aire.
Idiota, se dijo así misma al creer que iba a lograr salir de allí sin llamar la atención de Rachel.
—¿Quinn? —le dijo nada más reincorporarse— ¿Estás bien?
—Sí. Duérmete, Rach…
—¿Dónde vas? ¿Te sucede algo?
—Nada, solo… Solo necesito ir al baño —se excusó con algo de dificultad.
—Oh dios, pues voy contigo.
—¿Qué? No, no es necesario, Rachel. No me da miedo.
—Pero a mi si, y llevo un rato aguantando porque no quería molestarte —le dijo, y Quinn se lamentó—. ¿Puedo acompañarte?
—Claro, como no…—respondía al tiempo que se alzaba, y conseguía encender la luz. Una tímida sonrisa de satisfacción se adueñaba del rostro de la morena, justo cuando Quinn ya decidía abandonar la carpa. Y Rachel no tardó en imitar sus pasos, y seguirla.
—Espero que no nos encontremos con otro alce —bromeó Rachel tratando de romper el silencio que se apoderaba de Quinn, de camino hacia las cabañas.
—Si eso vuelve a suceder, gritaré para que todo el campamento se despierte —respondió al fin, y Rachel volvió a sonreír.
—Tienes razón. Si hubiésemos avisado la otra vez, quizás no…—silencio. No pudo evitarlo. Ni ella ni Quinn, que tras escuchar el extraño murmullo que las interrumpió, detuvieron el paso para buscarse con la mirada—. ¿Has escuchado eso?
—Sí.
—¿Qué ha sido? —cuestionó lanzando una mirada a su alrededor, cuando de nuevo volvían a escucharlo. Pero esa vez, con algo más de nitidez— ¿Qué es eso? ¿Otro alce?
—Parece más un…
—¿Un gemido? —susurró Rachel abriendo los ojos como platos, y lanzando la mirada hacia la izquierda. Quinn la imitó al detectar exactamente el lugar de procedencia— Oh dios… Quinn, eso era…
—Dave —masculló por inercia, y sin siquiera pensarlo, caminó directa hasta la carpa del chico que se presentaba a unos escasos metros. Rachel la imitó con algo más de reparo, sin saber si las intenciones de Quinn eran las mismas que el chico había llevado a cabo con ellas.
—¿Vas a espiarlos? —susurró llegando junto a ella. No necesitó respuesta. Un nuevo gemido, esa vez acompañada de una casi imperceptible risa, les hizo innecesaria la tarea. Era evidente lo que estaba sucediendo entre Dave y Mel, y ambas lo supieron en ese preciso instante— Oh dios…
—Shhh
—No me lo puedo creer —se lamentó la morena, y el malestar se apoderó de Quinn, que, con el gesto contrariado, no dudó en tomarla de la mano y apartarla de la tienda de campaña, dispuesta a llegar a la cabaña de los servicios, y acabar ya con aquel suplicio—. Quinn, ¿estaban haciendo el amor? —preguntó nada más entrar en la cabaña.
—Si, o quizás estaban viendo el video que absurdamente le hemos enviado. Pero me temo que es lo primero —espetó malhumorada.
—Oh dios… ¿Entonces? No entiendo nada. ¿Cómo puede Mel después de lo que ha visto…?
—Es Dave —interrumpió—. Es así. Seguro que Mel le ha dicho que es gay y él ha encontrado la forma perfecta de demostrarle que no. ¡Mierda! Todo para nada. Hemos perdido la estúpida guerra.
—Cierto. Hemos perdido…
—Dios. Lo detesto. Detesto perder contra él. Es un…
—Hey, tranquila —le dijo al ver como se sentaba en uno de los bancos frente a las duchas, y comenzaba a maldecir—. Tenemos que ser honestas. Al menos a ellos les ha valido.
—Me importa un bledo que a ellos les haya valido, Rachel. ¿Te das cuenta de todo lo que hemos hecho para nada?
—Bueno Quinn, hay que ser buena perdedora. Nos han ganado y punto. Mejor para ellos. Que lo disfruten…
—Si, claro. Mejor para ellos, pero las consecuencias las sufrimos nosotras —masculló colándose en una de las cabinas. Gesto que Rachel también imitó, aunque lo hizo completamente desconcertada por aquellas últimas palabras. Apenas un par de minutos después, tras abandonar la cabina, descubría como Quinn ya la esperaba en el exterior, con el gesto completamente serio.
—¿Vamos? —le dijo sin siquiera mirarla, y Rachel asintió extrañada por su actitud.
—¿Estás bien, Quinn?
—No, estoy muy enfadada ahora mismo. Así que no. No estoy bien.
—Pues no deberías enfadarte tanto. Solo es un juego, ¿recuerdas? No entiendo por qué has dicho eso de las consecuencias —le dijo tratando de no perder el paso mientras la seguía a marchas forzadas.
—Consecuencias, Rachel. Todo lo que hemos hecho para que esos dos imbéciles no estén juntos, no ha servido de nada.
—Pero tú hablas de consecuencias en nosotras, ¿no es cierto?
—También —respondía sin mirarla—. Nos han jodido.
—¿Qué? —se detuvo justo en la entrada de la carpa— ¿Nos han jodido? ¿Por qué dices eso?
—Rachel, mira todo lo que hemos hecho por ellos. Nos hemos hecho pasar por novias, hemos estado disimulando ante todos para nada.
—¿Hacerte pasar por mi chica es una consecuencia mala? —preguntó incrédula.
—Rachel, hace media hora hemos estado a punto de…
—¿A punto de qué, Quinn? —interrumpía al ver como la rubia iba cediendo, dándose cuenta de cómo se mostraba por tal hecho.
—A punto de…Bah, da igual. No tiene sentido que sigamos hablando de esto. Ya da igual todo —se excusó regresando al interior. Acción que Rachel no hizo.
La morena se mostraba incrédula, tratando de comprender que es lo que sucedía, y por qué empezaba a sentirse realmente ridícula con ella.
—¿No entras? —Quinn se asomó por la cortina.
—¿Consecuencias? ¿Te sientes humillada por haberte hecho pasar por mi novia? —fue directa.
—¿Qué? No Rachel, no estoy diciendo eso.
—¿Ah no? Pues es lo que he entendido.
—No, no he dicho eso. Sólo he dicho que no ha servido de nada.
—¿Y crees que eso lo justifica? ¿Crees que me puedo sentir bien escuchándote decir eso?
—Rachel… ¿Qué te pasa? No he dicho nada malo.
—¿Qué no has dicho nada? Quinn, me estás diciendo que todo lo que te queda después de todas estas mentiras son consecuencias, cosas que no sirven para nada.
—No…no te entiendo —espetó al ver el gesto apenado de la morena.
—Para mí esas consecuencias de las que hablas es tu amistad, es conocerte más, compartir todo lo que hemos compartido juntas… ¿No te sirve eso de nada?
Por fin lo entendió. Quinn comenzó a ser consecuente con las palabras que había dicho sin pensar en lo cómo lo podía tomar la morena.
Y lo tomó de la peor de las maneras posibles.
—Rachel… No he querido decir eso.
—Pero lo has dicho —espetó adentrándose en la tienda, y tumbándose sobre su saco de dormir.
—Rachel, no. No saques las cosas de quicio, porque no es eso lo que pretendía decir.
—¿Ah no? ¿Y qué pretendías decirme? Porque yo sólo he escuchado consecuencias, y por tu tono, has dejado claro que son consecuencias no agradables. Has dejado claro que, de toda esta historia, yo soy los contras en vez de algún pro.
—Sólo he dicho que todo lo que hemos hecho no ha servido de nada, que Dave ha conseguido lo que se proponía, y nosotras seguimos siendo la pareja de su mentira. ¿No lo entiendes?
—Si…Claro que lo entiendo. Tú pierdes tú batalla, y el sacrificio de estar cerca de mí no te ha servido. Perfecto Quinn, me ha quedado clarísimo —esgrimió girándose sobre su costado, para darle la espalda a Quinn.
—Rachel, no sigas por ahí, porque no es eso lo que quiero decir. No tienes razón.
—Ok. Genial, Quinn. Mira por donde, esta batalla si la vas a ganar tú.
—Joder Rachel…
—Basta. Tengo sueño, y tú también lo tenias hace cinco minutos. Así que vamos a dormir.
—Rachel, no te pongas así porque no es lo que…
—¡Basta Quinn! —exclamó molesta— Quiero dormir.
—¿Enfadada? ¿Es así como solucionas las cosas?
—Duermo como quiero y punto. Así que, por favor, te pido que me dejes hacerlo con tranquilidad.
—Está bien, haz lo que quieras —respondió al tiempo que cerraba la cremallera de la cortina y apagaba la luz, dispuesta a ocupar su lugar en el colchón, y dormir.
Pero le resultaba imposible. No podía concentrarse en dormir sabiendo que pensaba aquello de ella. La excitación, la tensión creada por la perfecta escena que habían protagonizado, se había esfumado. Ahora necesitaba la aceptación de la morena, necesitaba que la mirase y entendiese lo que había querido decirle.
—Rachel —susurró tras varios minutos en silencio, pero la morena no mencionó palabra alguna—. Te juro que no es así como lo piensas. No es lo que quise decir —dijo sin recibir respuesta alguna—. Sé que no estás dormida, así que, por favor, no me hagas esto. Eres importante para mí, pero ya lo eras de antes. No tiene nada que ver con esto.
La respiración de Rachel se dejaba oír pausada provocando las dudas en Quinn, que había empezado a creer que realmente se había dormido—. Me da igual que no me escuches o que estés dormida, Rachel —añadió entre susurros—. No necesitas que te diga que eres importante, porque lo eres para mí. Y no puedes enfadarte pensando en esas cosas, porque ya deberías saber lo que significas para mí.
No aguantó más. Quinn tomó la iniciativa y se acercó a la morena, tratando de visualizar su rostro, pero la oscuridad y la postura que mantenía dándole la espalda, dificultaban aquella tarea—. Me da igual que me ignores ahora…—susurró apenas a unos centímetros del oído de la chica— Sé que no estás dormida, pero me da igual. Solo quiero que lo sepas. Eres, eres muy importante para mí, y vas a seguir siéndolo…Y quiero seguir estando a tu lado. Ahora, mañana y cuando estemos en Lima.
—Descansa, Quinn —acertó a responder Rachel, tratando de evitar más el discurso de la chica.
Aunque le estaba diciendo cosas que jamás imaginó que pudiese escuchar de ella, aún sentía ese pequeño dolor que notó al ser comparada con una mera consecuencia, como si su amistad fuese un daño colateral que Quinn debía aceptar para ganar aquella estúpida y absurda batalla con Dave.
—Está bien. Voy a dormir, y a descansar —respondía con dulzura, sin darse por vencida—. Pero lo voy a hacer aquí, justo a tu lado. ¿Entendido?
El silencio volvía a ser la respuesta de la morena. Un silencio que era la mejor opción para que Quinn no se percatase de las lágrimas que habían comenzado a caer por sus mejillas, y que trataba de ocultar a duras penas camuflándolas contra la pequeña almohada.
Quinn se dejó caer justo detrás de ella, y terminó por posar una de sus manos sobre la cintura de la chica.
—Buenas noches, Rachel —susurró por segunda vez en aquella noche.
—Buenas noches, Quinn —pensó la morena.
