AVISOS: Historia creada por dos autoras, kaoru-himura1878 (Kaoru Himura en Amor Yaoi) y Fullbbuster (Fullbuster en Amor Yaoi).

ACTUALIZACIONES: El último domingo de cada mes.

ACLARACIONES: Queremos dejar claro una cosa, esto no es un omegaverse. Leímos las normas sobre lo que es un omegaverse y sinceramente... no nos gusta en absoluto, por eso tanto mi compañera como yo decidimos hacer una historia simplemente de ficción, cogiendo la temática de hombres lobo, así que para dejarlo claro, que nadie se deje llevar por las normas que otros autores hayan puesto sobre el omegaverse, porque no lo es. Para nosotras, ningún lobo nace y muere siendo un omega, ninguno nace y muere siendo un alfa, es una manada de lobos y todos sus miembros pueden ascender y descender de categorías, así que preferimos dejar esto claro, porque no vamos a seguir las normas impuestas por otros autores en referencia al "omegaverse", sino que seguiremos nuestra propia ideología y documentación respecto al tema y cómo funcionan las manadas auténticas de lobos.

En cuanto a actualizaciones, lamentablemente tanto mi compañera como yo estamos algo saturadas y, por tanto, este proyecto tan sólo se podrá actualizar una vez al mes, siendo el último domingo de cada mes. Esperamos la disfrutéis la historia y sobre todo recordad... somos dos autoras escribiendo esta historia, Fullbuster y yo. Un saludo.


Capítulo 35: Lejos de casa

Una vez más, mordía el espesor blanco que cubría el suelo. No era la primera vez que veía nieve, en Twain Harte solía nevar en invierno, sin embargo, sí odiaba estar fuera después de la ventisca. Hacía más frío que nunca y no se podía entrenar bien. Sus movimientos se volvían lentos y torpes a diferencia de los que la persona frente a él realizaba.

El ruido que llegaba a sus oídos no era comparable a todo lo que conocía en Twain Harte. Aquí era diferente. Sonaban aullidos muy a la lejanía, algún pájaro que habría salido en busca de alimento y unos cuantos arces que movían la nieve con sus hocicos. Escuchaba claramente cómo rumiaban y arrancaban la poca hierba que encontraban bajo la nieve.

– Levántate – la voz del nuevo hombre-lobo con el que entrenaba le sacó del resto de sonidos procedentes del bosque.

Naruto apretó los dientes. Sus congelados dedos se encogieron hasta formar un puño, arrastrando nieve y agarrándola con fuerza para ponerse en pie. ¡Estaba harto de esa mierda de entrenamiento que no parecía funcionar en nada! Tenía que volver rápido a Twain Harte, tenía que regresar con su manada cuanto antes pero el maldito teléfono no sonaba. Kakashi no llamaba diciendo que había terminado con la amenaza y allí estaba él, entrenando algo que quizá no le hiciera falta usar en un futuro.

– ¿Para qué mierda me va a servir esto? Kakashi dijo que se ocuparía él de Zabuza. Si él muere, ya no tendré un alfa biológico del que preocuparme.

– No te vendrá mal entrenar. Esto que estás practicando no te servirá sólo para intentar mitigar la voz de tu alfa biológico, tiene muchos beneficios. Te dará equilibrio, fuerza, flexibilidad y resistencia muscular. Ofrece mayor capacidad aeróbica y disminuye el estrés, además de mejorar la movilidad de diversas articulaciones. Y sobre todo, debes mantener el cerebro activo, no puedes pensar en otras cosas mientras practicas taichí al estilo Chen. Debes concentrarte en lo que estás haciendo, eso te ayudará a evadir la voz de tu alfa biológico.

– Es una pérdida de tiempo – se levantó Naruto sacudiéndose la nieve de la ropa – mi manada está en el pueblo enfrentándose sola a los problemas y ¿qué hago yo? ¡Taichí! Esto es absurdo.

Tenía ganas de llorar por la impotencia del momento. Había salido con el rabo entre las piernas, abandonando a todos, sin darle siquiera una explicación a Sasuke a quien consideró el mejor beta que pudo tener y ahora, estaba practicando taichí en un maldito bosque con un ermitaño pervertido.

Alzó la mirada hacia el hombre de cabello largo y blanco. Estaba realizando una "forma", lo cual Naruto entendió como un encadenamiento de movimientos. Realizaba un "Lao Jia Yi Lu", setenta y seis movimientos en total. Él ni siquiera se acordaba todavía de todos ellos.

– Jiraiya – le llamó en un intento por sacarle de su trance – tengo que volver a Twain Harte.

– No hasta que no domines los conceptos.

– Esto es una pérdida de tiempo.

– Lo mismo pensaba Kakashi antes de aprenderlo.

– Sé que fuiste su maestro y te tiene en alta estima, por eso me mandó aquí. Estoy… perdido en mitad de Alaska, nadie se esperaría encontrarme aquí y trato de verle la lógica a este entrenamiento, de verdad, pero no soy capaz. Tengo que volver con mi manada.

– ¿Para hacer qué exactamente? ¿Matarles a todos si tu alfa biológico te lo pide?

Naruto resopló ante aquello. No podía rebatirle su teoría, era posible que pasara en algún momento. Chasqueó los labios notablemente frustrado y observó a su nuevo maestro realizando los movimientos. Sus ojos permanecían cerrados, sus pies descalzos en la nieve y su concentración completamente puesta en los movimientos de sus manos, pies y cuerpo.

– No percibo que estés trabajando el "Bashi" – comentó Jiraiya.

Por un momento, Naruto echó la mirada hacia el bosque. Sin apenas cobertura, en un paisaje tan bello como solitario, con el pueblo más cercano para comprar a casi una hora de allí… era un lugar maravilloso si no se sintiera completamente desolado por la forma en que tuvo que marcharse. No pasaba ni un solo instante donde no pensase en Sasuke.

– Deja que los movimientos fluyan y céntrate en ellos. Tienes que despejar la mente.

– No puedo. ¿Vale? – se quejó.

Desde que abandonó su pueblo, estaba irritado con todo el mundo, con todas las decisiones que tomaba. Por el día, no dejaba de pensar en volver a su hogar y por las noches, lloraba por Sasuke. Del Naruto que conocía, quedaba poco. La pena le estaba destruyendo lentamente.

– Sólo son ocho movimientos. Céntrate en entrenar, vuélvete fuerte y regresa a tu sitio – susurró Jiraiya terminando la "forma" de la figura de Taichi.

Al ver que Naruto perdía nuevamente la visión en el bosque, Jiraiya resopló. Era mucho peor que entrenar a Kakashi. Al menos él lo intentaba, Naruto, en cambio, parecía haber perdido las ganas por todo en la vida. Ni siquiera su padre, quien descansaba las heridas y la pena del fallecimiento de su esposa en la cabaña, era capaz de acercarse a las preocupaciones de su hijo.

– Naruto, El taichí estilo Chen es capaz de pasar de la relajación a la explosión de un solo movimiento – comentó Jiraiya en un intento por explicarle lo que intentaba enseñarle –. Sé que trae una complicación mayor, pero con disciplina serás capaz de conseguir hacerlo sin que haya una interrupción entre la relajación y la explosión. Serás capaz de sacar ese lado agresivo, tu lado más fuerte como alfa y, a la vez, estar relajado aquí arriba – tocó Jiraiya ambos lados de su cabeza a la altura de la frente – relajarse es la clave para dominar tus impulsos y los de tu alfa biológico. Cuanto antes domines esto, antes podrás volver.

Un profundo resoplido antes de que Naruto cerrase sus párpados y elevase la cabeza hacia el cielo. ¡Iba a nevar! Podía olerlo en el ambiente. Los animales empezaban a esconderse, el aire traía una humedad tormentosa y lo único en lo que pudo pensar fue que el frío descendería en cuanto los copos de nieve empezasen a caer. El frío llegaría cuando la nieve cesase.

Con suavidad y tratando de alejar sus pensamientos de Sasuke para centrarlos en las figuras, empezó a mover su cuerpo nuevamente. Sólo eran ocho movimientos para hacer la primera forma que su maestro le enseñó. Habría figuras más complicadas de hasta casi ochenta movimientos diferentes, pero estaba dispuesto a superar ese entrenamiento igual que Kakashi hizo en su día. Debía encontrar su calma interior y la explosión de sus movimientos. Despejar la mente no era fácil y cuando dejaba de pensar en el movimiento para centrarse en sus problemas, Jiraiya aprovechaba para, con su garrote, darle en las piernas y derribarle contra la nieve.

¡Volvió a comer nieve! Tras sentir el golpe en sus piernas, todo su cuerpo cayó hacia delante y aunque puso las manos frente a él para frenar la caída, su rostro se hundió ligeramente en la nieve.

– Maldita sea.

– Deja de pensar en amoríos escolares – se quejó Jiraiya – deja de pensar en tu padre, en tu alfa biológico, en tu manada o en el que fue tu beta. Ahora sólo importa el taichí y sus movimientos. Levántate y empieza de nuevo.

– Necesito descansar – susurró Naruto. Tumbado en el suelo, bocabajo sobre la nieve, el frío empezaba a darle igual. Sus piernas hasta lo agradecían después de los golpes recibidos.

– ¿Descansar? Si quieres descansar puedes ir al pueblo a comprar – sugirió jiraiya, sacando de uno de los bolsillos de su gruesa chaqueta una lista con lo necesario a comprar. Naruto la agarró, la miró por encima, y se dio la vuelta para ponerse bocarriba antes de resoplar con cansancio.

¿Qué estaría haciendo Sasuke ahora? ¿Y su manada? Con los ojos puestos en el mismo cielo que recogía a todos ellos, con los brazos extendidos sobre la nieve en forma de cruz, era incapaz de dejar de pensar y centrarse en el entrenamiento. ¿Podría Sasuke perdonarle alguna vez? Durante semanas le dijo que le quería, se lo machacó a fuego porque quería que siempre recordase que le amaba incluso cuando debía marcharse de esas formas, pero conociendo a su novio, sabiendo el carácter fuerte que tenía... ¡No! No le perdonaría algo así.

Se hizo beta para estar a su lado, para ser su mano derecha. Naruto siempre supo cuánto le importaba a Sasuke llegar a ser beta y ser parte de sus decisiones, ser esa parte importante que cuidaba, protegía y servía a la manada. ¿Cómo le había pagado él? Ocultándole información. Había sido un pésimo alfa con él. Con Gaara no se sentía así, tan terriblemente culpable, pero tenía sentido, ya que amaba a Sasuke. Quería al resto de su manada, eran sus amigos y compañeros y quería protegerlos, pero con Sasuke... todo estaba a otro nivel. Le amaba con todo su ser, por lo que ese sentimiento de protección, hacia él, se multiplicaba por mil. Sus sentimientos por Sasuke le llevaban al borde de querer mantenerlo a salvo a cualquier precio. ¿Cuándo pensó que ocultarle información a un beta era mejor que contarle la verdad?

– ¿Por qué mentimos a los betas? – preguntó Naruto al aire aunque la pregunta fue recogida por Jiraiya. Éste se sentó a su lado en la nieve y miró el cielo junto a él.

– Porque les amamos. Generalmente. Soy un lobo solitario desde hace demasiado tiempo, Naruto, pero… una vez también pertenecí a una gran manada. Tuve alfas, tuve betas, fui omega y ascendí a beta y finalmente a alfa. Pasé por todas las etapas. Como omega, odiaba ser el último eslabón en la manada; como beta, odiaba cuando mi alfa se preocupaba y no me lo contaba; y cuando fui alfa, odié mi trabajo, porque hubo cosas que supe que debía esconderle a mi beta. Sin embargo, a medida que ganas experiencia y envejeces, te das cuenta de que no puedes ocultarle las cosas a un beta. Él siempre será tu mano derecha, tu mejor amigo, tu mayor aliado.

– Le oculté tantas cosas – susurró afligido, con una triste sonrisa en su rostro – siento que he sido un pésimo alfa desde que él ascendió. Es extraño, porque aunque con Gaara me llevaba bien, no tenía el mismo sentimiento que con Sasuke. Sasuke ha sido más que un beta para mí, fue un apoyo siempre, sabía que estaría a mi lado pasase lo que pasase, le contase lo que le contase, él me entendería y me ayudaría. Aun así, le mentí y le oculté información que debió saber. Ahora pienso que fue una gilipollez ocultarle todo esto. Pude decirle que un alfa iba tras él, pude contarle lo de mi alfa biológico, pude confesarle que debía irme y, en vez de repetirle y grabarle a fuego que le quería durante semanas, haber hablado con él. Seguro que me habría entendido si se lo hubiera explicado.

– Un día te darás cuenta, Naruto, de que lo mejor que puedes hacer para proteger a un beta, es mantenerle informado – sonrió Jiraiya.

– Tenía tanto miedo a perderle. Ahora, estando aquí en mitad de la nada, en un bosque donde no hay preocupaciones, donde no tengo problemas y nadie nos persigue, puedo ver en perspectiva todo. Sasuke me habría apoyado, habría entrenado conmigo para vencer a Pain, habría hecho lo que fuera por ayudarme a controlar la voz de mi alfa biológico, él la entendía, tiene el mismo problema con su hermano, pero nunca se lo expliqué. He sido un auténtico gilipollas.

– Entonces, ¿por qué lo hiciste si te arrepientes tanto? – quiso saber Jiraiya.

– Una parte de mí bastante grande se arrepiente, pero hay otra que no, porque lo hice para protegerle a él y al resto. Zabuza habría ido a por ellos, les hubiese torturado para sacarles la información, y eso era algo que no podía permitir.

Jiraiya comprendió que Naruto actuó por miedo a que hirieran a las personas que eran importante para él.

– Lárgate a comprar lo que necesitamos, la caminata de una hora para ir y una de volver, seguro que despejará tu mente. Mañana empezaremos a entrenar desde bien temprano y no quiero volver a escuchar hablar de este tema. Lo hecho, hecho está. Ahora lo único que puedes hacer es ser mejor de lo que eras y volver al pueblo para proclamar lo que es tuyo. Aprovecha este tiempo para poner en orden tus prioridades.

– Mis prioridades… – susurró Naruto, porque no estaba seguro de cuáles eran. Quería hacer tantas cosas y no sabía ni por dónde debía empezar.

Vencer a Zabuza, suplicar a Sasuke que le perdonara y recuperarle, derrotar a Pain, proclamar a Sasuke como su beta, pedir disculpas a su manada, pedir disculpas a Kakashi, a su padre, volver a Twain Harte, no cometer de nuevo los mismos errores… tenía tantas cosas que hacer al volver… ¿Por dónde debía empezar?

. . .

El repiqueteo de las gotas de lluvia golpeando contra el parabrisas, junto al sonido resbaladizo que hacía la goma del limpiaparabrisas al moverse para eliminar cualquier rastro de lluvia del cristal, era lo que se escuchaba en el interior del vehículo. Por lo general, la radio siempre estaba encendida dejando salir canciones populares de la misma, pero hoy, no era el caso. Permanecía apagada.

Aunque la lluvia no era tan intensa como para no ser aconsejable conducir, Tobirama intentaba tener cuidado pese a ir a una velocidad superior a la aconsejable. Sin embargo, el enfado que llevaba encima le incitaba a pisar el acelerador más de la cuenta y llegar cuanto antes a su destino. Por suerte, por ahora, estaba consiguiendo controlar ese impulso.

La razón por la que se encontraba en ese estado alterado era la noticia que acababa de recibir hacía tan sólo unos instantes.

Flashback

Zabuza se había puesto en contacto con él para reunirse esa misma noche. A Tobirama le pareció rara la hora en que le llamó, casi la una de la madrugada, pero Zabuza le había dicho que era urgente, por lo que no le quedó más remedio que acudir al lugar de encuentro acordado. No iba a mentir, aquella llamada le había despertado de un descanso bien merecido, por lo que no estaba del mejor humor, así que más le valía que realmente fuese importante lo que tuviera que decirle.

Mientras conducía, pensó en Zabuza. Llevaba ya unas cuantas semanas reuniéndose con ese extraño hombre que parecía tener miedo hasta de su sombra. Siempre en diferentes partes de la ciudad, sin repetir nunca la misma localización como medida de seguridad. Podría decirse que, en cierto modo, era su confidente, aunque realmente no le había aportado información verdaderamente provechosa que pudiera usar contra Kakashi. Además, nunca hablaban más de cinco minutos sin que Zabuza creyera haber visto una sombra que le acechaba y huyera antes de que pudiera detenerle y decirle que no era nada. ¡Nunca había visto a una persona desaparecer tan rápido!

Tobirama empezaba a pensar que lo hacía aposta. No estaba seguro de si era porque no tenía nada útil que contarle o para crear expectación y que siguiera acudiendo a él, como si quisiera tenerle enganchado. Aunque, si era la segunda opción, no entendía el motivo para ello, ni siquiera le recompensaba por la información por muy inservible que fuera. ¿Quizás le gustaba la atención? ¿Sentirse útil? No sabía qué buscaba exactamente Zabuza, pero tenía claro que algo ocultaba.

Pese a actuar atemorizado, mirando siempre de reojo hacia todas direcciones con miedo como si temiera ser descubierto, Tobirama no terminaba de creerle. Había algo en él que no le cuadraba, no sabía qué era exactamente, pero su intuición de policía le decía que fingía. Si así fuera y cada vez estaba más convencido de ello, debía reconocerle que era un buen actor, porque cualquier otra persona le habría creído a pies juntillas. Por suerte para él, sus años de experiencia en la policía le ayudaban a ver tras ciertas mentiras y actuaciones.

Aun así, no había dejado ver ante Zabuza que no terminaba de confiar en él. Si usarle le ayudaba a desenmascarar a Kakashi, no le importaba en lo más mínimo seguirle el juego a ese hombre y ver qué le ofrecía con tal de lograr su meta. Al menos por ahora, porque su paciencia también tenía un límite y, si al final resultaba que no era de ayuda, le daría la patada.

Tras varios minutos perdido en sus pensamientos, por fin llegó al lugar de la reunión: la zona de senderismo de Sugar Pine. Tobirama aparcó a un lado de la carretera, apagó el motor y salió del vehículo, no sin antes dejar las luces encendidas. Dudaba que a esas horas pasara algún conductor por esa zona, pero prefería ser visible para evitar cualquier incidente. Además, él también necesitaba ver los alrededores para localizar a Zabuza y averiguar el motivo por el que le había despertado a la una de la madrugada.

El policía observó las cercanías buscando a su confidente, pero no parecía haber ni rastro de él. ¿Todavía no había llegado? Tobirama resopló con fastidio. Ya que le había sacado del calor de su cama, lo mínimo que podía hacer ese hombre era llegar con antelación o, al menos, llegar a tiempo.

Mientras maldecía internamente la tardanza de su informador, sintió que una gota caía sobre su rostro. Llevó la mano derecha hacia su cara y se la limpió, aunque no sirvió de mucho porque, a esa gota, le acompañaron dos más, y luego, cuatro. Y así, sucesivamente, hasta que la llovizna nocturna comenzó a mojar todo a su alrededor.

Tobirama soltó un suspiro con fastidio. Era lo que le faltaba, ahora se ponía a llover.

– Inspector Senju.

Tobirama dio un respingo por el susto que le dio oír la voz de Zabuza a su espalda.

– Joder. Casi me matas del susto – se quejó malhumorado volteándose para encarar a aquel hombre –. La próxima vez, ponte un cascabel para que pueda oírte aproximarte y no me provoques un infarto.

Realmente, Zabuza era muy sigiloso. No le había oído acercarse en ningún momento, además, ¿de dónde había salido? Tan sólo unos segundos antes había revisado la zona con la mirada y no había visto que se acercara por ningún lado, mucho menos, por detrás de él.

– Lo siento – se disculpó Zabuza, fingiendo sentirse mal por haberle sobresaltado, aunque en realidad no le importaba nada.

– ¿Y bien? ¿Qué es tan urgente como para pedirme que venga a este apartado lugar de madrugada? – inquirió Tobirama, dejando ver que no estaba del mejor humor como para que Zabuza se anduviera con rodeos o le soltase alguna chorrada. Además, pese a que la lluvia no caía con fuerza, no le apetecía estar mucho rato más ahí mojándose. Sólo quería volver al calor que su funda nórdica le proporcionaba.

– Minato Namikaze y su hijo han desaparecido – fue la contundente respuesta por parte del hombre-lobo.

La mirada que le dirigió Tobirama fue de extrañeza. ¿Cómo que Minato Namikaze y su hijo habían desaparecido? ¿A qué se refería? ¿Cuándo había pasado? Ésas y otras preguntas aparecieron dentro de su cabeza.

– ¿De qué estás hablando? – fue lo que pudo articular ante la confusión que le invadía.

– Su casa parece abandonada y no se sabe nada de ellos desde que a Minato Namikaze le dieron el alta.

– ¿Cómo sabes eso? – preguntó con sospecha.

– Sé que Kakashi es alguien peligroso aunque no lo parezca y también sé lo obsesionado que está con Minato, por lo que me temía que algo pudiera hacerle, así que he estado vigilándole cuando podía. Creo que tenía motivos para preocuparme porque, por lo que he podido averiguar, Kakashi fue la última persona con la que se vio a Minato – dejó caer el último dato con tono dramático siendo consciente de que Tobirama también siguió a Kakashi aquel día.

Por un instante, el detective se quedó petrificado al escuchar aquello. De repente, un enorme peso cayó sobre sus hombros. Él había estado vigilando a Kakashi aquel día y vio cómo conducía la camioneta de Minato con éste a su lado, pero le perdió de vista durante el camino. ¿Quería decir que podría haber ayudado al rubio, que podría haber evitado su desaparición? ¿Por su culpa podría estar la vida de Minato en peligro?

– ¡¿Y por qué no me lo has contado antes?! – gritó alterado Tobirama caminando hacia Zabuza hecho una furia.

El hombre-lobo se echó hacia atrás y puso sus brazos frente a su rostro de forma defensiva, fingiendo tener miedo del policía.

– N-no lo he podido confirmar hasta hace unas horas – tartamudeó para vender mejor su actuación.

Tobirama se detuvo al ver el miedo en aquel hombre y se arrepintió de descargar su culpa sobre él. Siguió pensando en aquel día, repasando mentalmente todos sus movimientos. Después de perder la camioneta durante el trayecto, fue directo a casa de Minato y vio el vehículo aparcado en la entrada, por lo que no pensó que algo sospechoso hubiera pasado. Incluso los días siguientes, no le quitó los ojos de encima a Kakashi y no vio nada fuera de lo normal. ¿Cómo era posible entonces que éste estuviera involucrado en la desaparición de Minato y de su hijo? No lo sabía, pero lo averiguaría.

Sin decir una palabra más, Tobirama dio media vuelta y se metió en su coche, encendiendo el motor de inmediato y abandonando aquel lugar, dejando tirado al hombre-lobo. Por primera vez, Tobirama era el primero en marcharse antes que Zabuza. ¡Al fin le había proporcionado algo útil y no pensaba perder el tiempo!

Fin del flashback

Por eso se dirigía a la casa de los Namikaze-Uzumaki, para corroborar que la información que le había dado Zabuza era cierta. Debía verificar que realmente no había rastro de Minato ni de su hijo y, a partir de ahí, averiguar cómo conectarlo con Kakashi.

Ya le quedaba poco para llegar. Acababa de entrar en el barrio donde vivía o había estado viviendo la familia si lo que decía Zabuza era cierto. Tan sólo tenía que recorrer unos pocos metros más y estaría frente a la casa.

En cuanto la vivienda entró en su campo de visión, una sensación de urgencia y nervios le invadió. Ni siquiera se molestó en aparcar bien o apagar el motor cuando paró frente a la casa, sino que salió apresuradamente del coche y corrió el camino de entrada que llevaba hasta la cochera sin importarle lo más mínimo resguardarse de la lluvia que caía.

La furgoneta ya no estaba aparcada fuera como la última vez que la vio. ¿Estaría en el interior de la cochera o era posible que Kakashi se hubiera deshecho de ella? El garaje no tenía ventanas por lo que no podía asomarse para verificarlo y no podía abrirlo para no contaminar las pruebas si las había. No le quedaría más remedio que pedir una orden de registro. Sin embargo, lo que sí podía hacer era mirar por las ventanas de la casa, al menos las del primer piso. Así que se alejó de la cochera y se dirigió hacia la vivienda.

Al asomarse por una de las pocas ventanas donde la cortina no tapaba la visión del interior, lo primero que notó Tobirama fue la oscuridad que reinaba en la casa. Aunque no era nada extraño teniendo en cuenta que eran más de la una de la mañana. Si había alguien en la casa, estaría durmiendo seguro.

Intentó fijarse mejor en el interior y detalles que le pudieran ayudar a averiguar lo que quería, pero era un poco difícil ya que las luces que proyectaban las farolas no iluminaban apenas esa parte de la vivienda. Tampoco la luz de la luna ayudaba mucho. A simple vista, parecía todo ordenado, sin embargo, eso no era suficiente para sospechar que Zabuza tenía razón. Necesitaba algo más.

Cambió de localización y fue hasta una ventana que daba a la cocina. Al observar a través de ella, le recibió más de lo mismo: oscuridad y orden. Quizás demasiado. Por lo poco que podía ver, no parecía haber nada sobre la mesa ni en el fregadero. De hecho, ni siquiera estaba el juego de cuchillos que vio cuando estuvo en la casa por la investigación, ni tampoco los dibujos ni las fotografías pegadas en el frigorífico. Eso sí era raro.

Después de seguir inspeccionando el lugar con la mirada en busca de más detalles de ese tipo, se topó con uno que estaba justo delante de sus narices y lo había pasado por alto. Justo en el borde interior del marco de la ventana había una pequeña planta de decoración y parecía un poco mustia, como si no la hubiesen regado en días. ¿Acaso a los habitantes de esa casa se les había olvidado darle un poco de agua o es que no había nadie viviendo allí y, por tanto, nadie podía hacerse cargo de ella?

Todo aquello no era concluyente, pero sí que le hacía sospechar a Tobirama que el chivatazo de Zabuza era cierto. Pensar en la posibilidad de que algo le hubiera pasado al resto de la familia Namizake por culpa de Kakashi le provocó la necesidad de ir hasta donde residía el susodicho y sacarle a la fuerza qué había hecho con Minato y Naruto. No obstante, apartó la idea de su mente porque sabía que no serviría de nada. Para atraparle, necesitaba pruebas irrefutables, lo cual requería una investigación apropiada y oficial. El siguiente paso estaba claro cuál era: debía hablar con su hermano para contarle sus sospechas y conseguir una orden de registro ahora que tenía una causa probable.

Sin perder más tiempo, Tobirama se apartó de la ventana y emprendió el camino de vuelta a su coche, dejando que la lluvia siguiera empapándole. Una vez en el interior del vehículo, condujo hasta su nuevo destino.

. . .

Al abrir la puerta de la comisaría, vio a los agentes del turno de noche trabajando. Eran menos de lo que solía haber durante el día, pero los suficientes para cubrir los posibles sucesos que pudieran ocurrir. Sin prestar demasiada atención a las miradas que le lanzaban por aparecer por allí cuando ya había terminado su turno hacía horas y, sobre todo, con la ropa totalmente mojada, se dirigió hasta el despacho del capitán, donde esperaba que su hermano se encontrara.

A través de las persianas entreabiertas, pudo vislumbrar la leve y cálida iluminación que provenía de la lámpara que estaba sobre el escritorio. ¡Buena señal! Su hermano todavía no se había ido a casa, por lo que no tendría que esperar hasta la mañana para hablar con él.

Al llegar a la puerta de su despacho, dio unos ligeros golpes sobre la dura superficie. Tras escuchar un "adelante" por parte de Hashirama, abrió la puerta y entró al despacho, cerrando tras él.

– ¿Tobi? – preguntó Hashirama cuando, al alzar la mirada, vio a su hermano pequeño –. ¿Qué haces aquí? ¿No te fuiste hace horas a descansar?

– Sí, pero tenía que hablar contigo – le contestó mientras tomaba asiento frente al moreno.

– ¿Puede esperar a mañana? Estaba a punto de irme a casa. Sólo me quedan estos documentos por revisar – le señaló una carpeta abierta sobre el escritorio con varios papeles en su interior.

– Es urgente – le indicó.

Al ver la seriedad en el rostro de su hermano, Hashirama dejó el folio que tenía en la mano sobre el resto, para prestarle toda su atención. Por el rostro serio que tenía, parecía ser algo muy importante.

– ¿Ha ocurrido algo? – preguntó Hashirama.

– Se trata de un caso – respondió su hermano.

– ¿Un caso nuevo o alguno de los que llevas actualmente? – indagó el capitán.

– Técnicamente, sería un caso nuevo, de desaparición concretamente, pero estaría relacionado con un caso todavía abierto – explicó Tobirama.

Aquello llamó la atención de Hashirama, quien se inclinó hacia delante mostrando su interés.

– ¿Quién ha dado el aviso? Porque no me han informado de ningún caso nuevo – le comentó el moreno.

– Es porque aún no se ha abierto ninguno aún – aclaró.

El ceño ligeramente fruncido de Hashirama le indicó a su hermano que estaba un poco confuso y no terminaba de entender la situación, por lo que continuó poniéndole al corriente.

– He recibido un chivatazo de uno de mis confidentes y hay motivos para abrir un caso de desaparición, posiblemente secuestro.

Aquello llamó el interés de Hashirama. Nadie había llamado denunciando la desaparición de algún familiar, amigo o conocido, aunque podría ser que nadie se hubiera dado cuenta todavía, solamente la fuente de su hermano.

– ¿Estás seguro de ello? Es raro que nadie haya denunciado la desaparición de algún ser querido.

– Seguro al cien por cien, no, pero hay indicios para creerlo. He estado en la casa esta noche y parece que nadie la ha pisado en varios días.

Al escuchar aquello, el capitán se tensó.

– ¿Has registrado la casa sin una orden? – le espetó.

– Por supuesto que no – le contestó ofendido por la duda –. Solamente he echado un vistazo desde fuera y he visto algunos detalles que me hacen pensar que el chivatazo es cierto.

Hashirama se quedó más tranquilo tras la explicación. Sabía que su hermano era un buen policía, pero también conocía su parte temeraria, la cual no miraba demasiado las consecuencias con tal de conseguir justicia. Por unos instantes, había pensado que ése era uno de esos momentos.

– Por eso quería hablar contigo. Pensaba llamar al juez por la mañana para conseguir la orden, pero sabes tan bien como yo que en este tipo de casos, el tiempo es oro. Quizás podrías despertar a algún juez para conseguir esta misma noche la orden de registro. No es lo mismo recibir una llamada del capitán que de un simple detective, el cabreo por levantarle a estas horas de la madrugada no será el mismo.

El moreno sonrió. Su hermano pequeño no tenía ningún problema en echarle a los leones, aunque en parte, tenía razón. Seguramente al juez no le agradaría que le sacasen de la cama a esas horas, pero si era el capitán quien le llamaba por un caso urgente, no sería tan malo como si hubiese sido Tobirama quien le despertase. Además, su personalidad era más agradable y jovial que la de su hermano, eso también influía.

– Está bien, me encargaré de ello, aunque me tienes que decir quién es la persona desaparecida, con cuál investigación en curso está relacionado y cómo – le pidió.

Nada más terminar la frase, Hashirama vio cómo su hermano cambiaba de posición en la silla con cierta inquietud, lo cual no era una buena señal. Por su parte, Tobirama sabía que, tarde o temprano, tendría que dar esa información pese a haber estado alargando la conversación para evitar la discusión que sabía que se avecinaba.

– Las personas desaparecidas – corrigió a Hashirama ante su error al pensar que se trataba de una única persona – son Minato Namikaze y su hijo Naruto.

Durante varios largos segundos, no se escuchó ni un sólo sonido dentro de aquel despacho. Hashirama estaba estupefacto porque ahora entendía de qué caso abierto hablaba y sospechaba a quién intentaba acusar de una desaparición que quizás ni se había producido.

– Tobirama, no – le avisó.

– ¿No qué? ¿Acaso no es nuestro deber investigar la posible desaparición de dos ciudadanos de nuestra ciudad?

– Sí, si realmente ha ocurrido – dijo Hashirama dejando ver que no estaba convencido de que se hubiera cometido un delito en este caso.

– Es así, un confidente con el que he estado trabajando las últimas semanas me ha dado el soplo, he revisado el hogar de ambas víctimas y no hay indicios de que hayan estado recientemente.

Aunque no creyese que ahí estuviera ocurriendo algo que mereciese ser investigado, debía conocer todos los detalles y evaluar si su hermano estaba viendo cosas donde no las había o realmente había caso.

– ¿Qué indicios? – le preguntó.

– Parece que no hay nadie viviendo en la casa, he notado que todo está demasiado ordenado y que faltan objetos como utensilios de cocina que vi cuando estuve la primera noche de investigación, o dibujos y fotografías que estaban colocados en el frigorífico. Y también he visto que hay plantas que llevan días sin ser regadas.

Hashirama caviló en silencio durante unos segundos. Todo eso podía tener una explicación sencilla como que hubiesen guardado los objetos en otro sitio, sobre todo las fotografías. Esa familia había pasado por un momento muy duro y difícil, por lo que podía costarle todavía ver imágenes que le recordasen tiempos más felices. Y lo de las plantas, igual. Es normal que se les hubiese olvidado.

– No creo que sea suficiente para pensar que algo les ha pasado ni tampoco veo por qué crees que está relacionado con el caso de Kushina Uzumaki.

– Porque ambos casos tienen un denominador común: Kakashi Hatake – Tobirama contestó con seguridad.

– ¿Por qué crees que Kakashi está involucrado? Ya lo acusaste de otro crimen y te equivocaste al hacerlo.

– Precisamente una de las razones es que fue un sospechoso en el caso de Kushina Uzumaki. Kakashi fue pareja de Minato en el pasado y habrá aprovechado ahora que no está en las mejores condiciones para defenderse, para ir a por él. Además, Kakashi fue la última persona con la que se le vio salir del hospital.

– ¿Cómo lo sabes? ¿Te lo ha dicho tu confidente?

– Sí – le afirmó.

A Hashirama le seguía sin convencer la teoría de su hermano, ya que no había pruebas y ni siquiera veía un motivo. Además, la persona que le había dado el soplo a Tobirama podía estar equivocada.

– Esa fuente de la que hablas... ¿has dicho que llevas unas semanas trabajando con ella? – indagó Hashirama.

– Sí, se me aproximó y me propuso ayudarme con... un caso.

Tobirama había hablado sin pensar, pero al darse cuenta de lo que estaba a punto de contar, se detuvo. Para su mala suerte, su hermano se percató de esa pequeña vacilación y cómo había obviado a propósito el tema.

– ¿Con qué te iba a ayudar? – le preguntó Hashirama con tal seriedad que indicaba que no se anduviera con juegos.

Al verse pillado, Tobirama no tuvo más remedio que contar la verdad. Sería mucho peor si mentía a su hermano a la cara.

– Se suponía que me iba a proporcionar información sobre Kakashi para ayudarme a desenmascararle. Pero nunca me ha dado nada útil – contestó con fastidio.

– Hasta hoy – concluyó Hasirama y vio a su hermano asentir. El moreno se echó hacia atrás en el respaldo del asiento y trató de hablar lo más tranquilamente posible –. ¿Y no se te ha ocurrido considerar la opción de que, si de verdad le ha pasado algo a Minato Namikaze y a su hijo, tu confidente podría ser sospechoso? Tú has dicho que te propuso ayudarte a atrapar a Kakashi y que no te había proporcionado nada útil hasta ahora, ¿no crees que podría estar tratando de incriminarle por un delito que no ha cometido o, incluso, que ni ha ocurrido?

– No – contestó sin dudar.

Hashirama miró incrédulo a Tobirama. ¿Cómo era posible que no sopesara esa posibilidad, que no viera que todo pudiera ser una trampa? Su hermano siempre había sido un gran policía, pero el tema de Kakashi le cegaba mucho.

– Explícame por qué no – le pidió mientras se masajeaba cansado la frente.

Tobirama se tomó unos segundos, pero no para pensar una respuesta, sino porque sabía que Hashirama no iba a estar contento con lo que iba a contarle. Si ya notaba que estaba malhumorado, aquello iba a ser la guinda del pastel.

– Porque yo también lo vi.

– ¿Qué es lo que también viste? – preguntó intuyendo que no le iba a gustar la respuesta.

– He estado vigilando a Kakashi desde que me sacaste del caso porque sigo pensando que algo tuvo que ver. No me creo que un animal matara a esa pobre mujer y por eso, le he estado siguiendo. Estuve el día que Minato salió del hospital y le vi subirse a su camioneta junto a Kakashi.

El rostro de Hashirama adquirió una seriedad inusual en él, lo cual le indicaba a Tobirama que estaba enfadado.

– ¿Has estado llevando una investigación en paralelo sin autorización, siguiendo y vigilando a Kakashi Hatake, cuando te saqué del caso? ¿Sabes en el lío en el que te podrías meter? ¿Has pensado siquiera en la posición que me pones? – le dijo en un tono duro.

– Pues entonces no se lo estoy contando a mi superior, sino a mi hermano.

– No vayas por ahí, Tobirama – le advirtió que no estaba para juegos.

– Si como mi capitán no puedo acudir a ti, tendré que pedírtelo como hermano, porque sabes tan bien como yo que algo extraño está pasando. Al menos, consígueme la orden para registrar la casa de Minato, así saldremos de dudas.

– No pienso despertar a un juez por una acusación sin fundamento, para que puedas seguir acosando a un ciudadano por una rencilla personal – le informó Hashirama.

– ¿Por qué? – preguntó Tobirama molesto –. Otras veces hemos conseguido órdenes gracias a chivatazos anónimos o de confidentes, por lo que no entiendo por qué esta vez es diferente, cuando parece que dos personas han desaparecido y la última vez que se vio a una de ellas, iba acompañada de un anterior sospechoso en la investigación del asesinato de su esposa. Y no se trata de una rencilla personal – añadió.

– Porque no tienes nada. Unas fotos perdidas no demuestran nada – alzó la voz el moreno cansado de la terquedad del otro –. Tampoco tienes motivo. ¿Por qué iba a querer secuestrar a Minato?

– Para tenerle para él. Quizás Kakashi intentara volver con él ahora que se ha quedado viudo y Minato le rechazara, entonces no lo habrá soportado y habrá querido tenerle a la fuerza.

– ¿Y qué pasa con Naruto? ¿Por qué llevárselo a él también? – inquirió el moreno.

– Quizás para vivir la fantasía de familia feliz o... es posible que se tratase de un cabo suelto – implicó unas acusaciones todavía más graves.

Hashirama estaba atónito ante las ideas del otro. No era que no hubiera personas así en el mundo, pero no creía que ése fuera el caso.

– Tu obsesión con Kakashi te ciega y no te deja ver más allá – fueron las contundentes palabras del capitán.

Tobirama frunció el ceño ante la afirmación de su hermano.

– ¿Y qué es lo que no veo, según tú? – le soltó ofendido.

– La navaja de Occam – fue la simple respuesta del otro.

– ¿Qué?

– La explicación más sencilla suele ser la acertada.

– Sé lo que significa – le cortó de mal humor – pero no sé a qué te refieres.

– Me refiero a que, en este caso, estás pasando por alto lo más obvio: que Minato y su hijo se hayan marchado de Twain Harte por voluntad propia.

– ¿Y marcharse antes del funeral de Kushina? No lo creo.

– Aún no hemos liberado el cuerpo. Es posible que se hayan marchado unos días para escapar de su dura realidad y que vuelvan para cuando puedan enterrarla.

– Pues yo creo que la explicación más sencilla es que Kakashi haya preparado todo para que la gente creyera lo mismo que tú cuando se supiera que habían desaparecido – dijo con terquedad Tobirama.

– ¡Basta! – sentenció Hashirama.

Ya había oído suficiente por esa noche y estaba claro que su hermano no iba dar su brazo a torcer. Debía tomar medidas ante su terquedad antes de que fuera demasiado tarde.

– Vas a alejarte de todo lo que tenga que ver con la familia Namikaze y Kakashi, lo que significa que nada de investigar tanto de forma oficial como por tu cuenta, ni hablar con confidentes sobre el tema, ni seguir supuestas pistas ni acosar a nadie. Es una orden y, si no la cumples, tendré que suspenderte. ¿Entendido?

– Pero... – quiso quejarse.

– ¿Entendido? – repitió el capitán dando a entender que no había margen para más discusión.

Tobirama miró a su hermano incrédulo y dolido. No podía creerse que no considerase su teoría y encima le impidiese seguir adelante.

– De acuerdo – accedió a regañadientes.

Hashirama se quedó un poco más tranquilo al notar que Tobirama le hacía caso, al menos por ahora.

– Ahora vete a casa y descansa –. Aquello más que una petición, fue una orden.

Tobirama asintió antes de levantarse y marcharse del despacho en dirección a casa. Mientras Hashirama observaba a su hermano cruzar la comisaría hacia la salida, pensó en una frase que éste había dicho. "Sabes tan bien como yo que algo extraño está pasando". Posiblemente, era lo único con algo de verdad que había dicho Tobirama esa noche.

Hashirama era consciente de que algo no terminaba de cuadrar en el caso de Kushina Uzumaki, pese a que a la autopsia había determinado que murió debido al ataque de un lobo. Sin embargo, no habían conseguido explicar cómo acabó colgada, porque no habían hallado pruebas que evidenciasen la presencia una persona en el momento de su muerte. Por eso estaban reteniendo el cuerpo más tiempo del debido, para volver a examinarlo, pero nada.

No iba a negar que su intuición también le decía que allí estaba pasando algo más, sobre todo, tras saber que Minato se había marchado con su hijo. ¿Huían de alguien? No lo sabía, pero lo investigaría, aunque tenía claro que no le iba a dar alas a su hermano con sus ideas sin fundamento. Lo mejor era que Tobirama se alejase del tema y él se encargase de averiguar un poco más qué estaba ocurriendo de verdad.