En mi cabeza solo hay silencio, personas vienen y van y yo solo puedo mirar el cuerpo de mi pequeño antes de correr hacia él y abrazarlo.

Está frío.

Se escapa una lágrima de mi ojo derecho y solo atino a abrazarle con más fuerza.

-Cariño, despierta.- Susurro mirando sus párpados los cuales tapan sus hermosos ojos.- No me hagas esto otra vez.

No reacciona.

-Por favor, pequeño, vuelve conmigo.

Gruesas lágrimas saladas de dolor caen desde mis ojos pasando rápidamente por mi rostro hasta llegar a mis labios los cuales junto con los suyos queriendo que me siga el beso, queriendo reír con él y ver sus ojos.

-Por favor.- Susurro lastimeramente al notar lo fríos que tiene los labios.

Miro hacia atrás al oír la puerta abrirse encontrándome a Sirius llorando. Niego con la cabeza y sollozo volviéndole a abrazar.

Sale corriendo de la habitación de hospital cerrando la puerta de un portazo dejándome solo con Harry.

No me responde.

No tiene pulso.

Su corazón no late haciendo que el mío se rompa en mil pedazos.

Grito.

Grito porque el amor de mi vida está entre mis brazos.

Muerto.

Muerto.

Está muerto.

Me repito esas palabras, no puede ser. No me lo puedo creer.

No quiero creerlo.

Grito.

Grito.

Solo grito.

Sollozos incontrolables salen de mis labios al igual que lágrimas del más puro dolor surcan dejando un recorrido húmedo por mi rostro.

-¡Vuelve!- Grito.- ¡Por favor!- Sigo gritando.- ¡No me dejes!

Miro su cara recordando su dulce sonrisa, sus ojos cariñosos.

Sollozo.

No puede dejarme.

Me niego.

-Pequeño.- Susurro. Se abre la puerta pero no me inmuto, sigo llorando lastimeramente mientras acuno el rostro de mi pequeño novio.- No me dejes ¿si? Te compraré todo lo que quieras, mataré a tus tíos muggles, te daré ese libro muggle tan raro que te gusta.- Digo tratando de que reaccione.- Pero por favor abre tus ojos, déjame ver esas esmeraldas que tienes.- Lloro con más fuerza y una mano se posa en mi hombro apretándolo fuerte, sollozos se oyen por la habitación.- No me dejes otra vez, te quiero ¿Vale? Te amo, joder.

No te vayas.

-Tom.- Niego con la cabeza y pongo mi cabeza en el lugar donde tiene su corazón.

No late.

Por favor late.

-Tom.- Repiten.

-No.- Mi voz sale ronca.- Está vivo, tiene que estarlo.

-Se ha ido Tom.- Susurran.

-¡No!- Grito.- ¡El no se puede ir! ¡No puede! ¡Me lo prometió! Me lo prometió.- Acabo susurrando.

-Está en un lugar mejor.- Dice una mujer.

-¿Mejor?- Grito incrédulo levantándome y acercándome amenazadoramente hacia ella.- ¿Mejor?- Repito y ella asiente con temor.- El estaría mejor conmigo, riéndose, no en esa maldita cama y sin latido. Así que no digas que está en un lugar mejor si no quieres que te envíe un maldito Avada y acabe con tu estúpida existencia.

He dicho la amenaza tan calmado y serio que tarda unos segundos en ser registrada.

-No puede hacer eso.- Dice la estúpida tartamudeando.

Saco mi varita y le apunto directo en la yugular.- ¿Quiere verlo?- No mueve la cabeza ya que podría clavarle la varita pero sus ojos me indican que ha entendido mi punto.- Hacer que vuelva conmigo.

-No se puede.

-Me importa una mierda que no se pueda. Lo quiero conmigo. ¡Ahora!- Acabo gritando.

-Está muerto.

-¡Hazlo!- Grito enloquecido.

-Relájate Tom.- Dice Lucius consolando a Sirius.

-No puede estar muerto Lucius, él no.

-No pueden hacer nada Tom.

-Tiene que haber algo.

En ese momento aparece una enfermera con una baso lleno de algo marrón y nos mira confundida.

-¿Qué es eso?- Pregunta Lucius.

-Es para Potter.

-Está muerto.- Dice la mujer cruelmente y sonriendo.

-Crucio.

Sirius grita antes de que pueda moverme y la mujer se retuerce de forma graciosa en el suelo mientras llora y grita de dolor.

Lucius consigue pararlo y le envío un olvídate a las dos mujeres.

-Esto podría hacer que reanimara.

Mi cara se ilumina con una estúpida ilusión y me alejo de la mujer para acercarme a Harry y agarrarle la mano viendo como la enfermera le hace tomar la poción y hace tragársela.

Vuelvo a posicionar mi cabeza en su pecho justo encima de su corazón aún silencioso y le paso un poco de mi magia rezándole a Merlín que no deje que mi pequeño se vaya de mi lado. Soy reacio con la idea de estar ni un minuto sin él.

Le amo.

Le amo con una locura insana.

Moriría y mataría por el sin pensármelo dos veces.

Pasan unos minutos que parecen horas donde no oigo el chapoteo de su corazón, lloro con más fuerza y le abrazo.

Pum.

Me quedo quieto ahogando mis sollozos.

Pum.

Pum.

Pum.

Su pecho comienza a subir y a bajar en un ritmo lento y le paso un poco más de mi magia con la esperanza de que no recaiga.

Pum.

Sube.

Pum.

Baja.

Pum.

Sube.

Sonrío.

Respira.

Está vivo.