Podrick no le prestaba mucha atención a la celebración que se llevaba a cabo en frente de él, más se centraba en vigilar los alrededores desde su posición a menos de un metro detrás del Rey. Estaban a las puertas de un supuesto ataque y para no dejar marchar a la totalidad de los Lords hacia el Festival de la Cosecha que se estaba llevando a cabo en la ciudad se había organizado una mascarada.
Lords y ladies estaban contentos, y de buenos espíritus, con sus atuendos oscuros y elegantes mientras creían ocultar su identidad tras máscaras, algunas tan bien elaboradas que Podrick ni siquiera sabía de dónde habían salido, pues ésta era una celebración que se había armado a última hora. Lo cual no lo parecería por el gran ánimo que se sentía, el grupo musical ayudando al tocar sin parar melodías alegres y movidas.
Antes de siquiera ella hacer su entrada la sabía resplandeciente así hiciera uso de un atuendo el cual no sería el indicado para aquel baile. Y cuando llegó hizo girar cabezas como era de esperarse. La mujer más elegante de la sala, y Podrick fingió no notarla, viéndola de reojo dirigirse primero a la mesa del Norte y después de unos minutos caminar hacia el podio del Rey, pero mirándolo directamente a él a los ojos. Podrick la evadió por el más corto de los segundos, pero se arrepintió de haberlo hecho. Y lo rectificó de inmediato, mirándola de nuevo pues tenía que grabarse en su mente la imagen tentadora que pintaba.
La vio recorriéndolo lentamente de cabeza a pies y de pies a cabeza gracias a la armadura. Pero a él no le interesaba lo que ella pudiera estar pensando. En su mente estaba era la máscara elegante y oscura que le cubría mitad del rostro y por ende hacía resaltar su piel blanca, profundos ojos azules e incitantes labios carnosos y rojos donde invariablemente su mirada fue a parar por unos momentos antes de seguir con su figura esbelta que el vestido abrazaba. Su cabello rojo arreglado en una trenza sobre su hombro y los cabellos rebeldes que se salían de ésta moviéndose con el viento que entraba a la sala. Sintió su cuerpo y corazón reaccionando rápidamente ante su belleza. Y fue ella quien rompió el hechizo para momentáneamente dirigirse al Rey.
Cuando se quitó la máscara y se inclinó a besar a su hermano lo hizo volviendo a fijar a Podrick con la mirada, haciéndolo pasar saliva. Su corazón desbordándose incluso más ante el momento robado. ¿Y qué estaba ella tratando de provocar? Cuando se retiró trató de no seguirla con la mirada. Sentía que ya había dado mucho por hablar a quien estuviera estudiando su reacción, y por eso ni miraba a la mesa del Norte.
Aunque a decir verdad no veía para qué ella venía a hacer uso de esa mascara, su cabello rojo encendido la delataba, al igual que su altura, de pie sobresalía por encima de todas las mujeres, y de algunos de los hombres también.
¿Y porque tenía que encontrarla tan dolorosamente irresistible con esa máscara puesta? Su mente dejando atrás lo que se había propuesto y viajando a encerrarse con ella a compartir un momento robado. Ellos dos en una sala oscura, él presionándola contra alguna pared y comiéndosela a besos, ella gustosa y participando. Sus entrañas se encogieron ante la imagen recurrente y se sacó aquello de la mente.
Y ahí estuvo ella, bailando pieza tras pieza con un puñado de Lords que era obvio para ahora la pretendían, pues con todo lo que había pasado la última semana, y su forma de enfrentar el escándalo, su popularidad antes parecía haber aumentado. Y la recordaba una vez diciéndole que fingía que estas reuniones y atención le agradaban. Y aquello era tan difícil creerlo en ese momento, pues nunca la había visto sacar a relucir encanto como lo hizo aquella noche. Los lords y ladies a su alrededor complacidos con su presencia y comentarios astutos de los que a ratos Lord Tyrion también era participe.
En un par de ocasiones Podrick se fijó en la mesa del Dominio para ver si su actitud le molestaba a los Hightower, y los pudo ver ignorando la situación. Y aunque ella no era descaradamente amigable en su actitud, antes al contrario, encantadoramente cordial, podía ver porque aquello le caería mal a los Hightower.
Y no estaba totalmente seguro si le molestaba o no a él. Sólo sabía que en ocasiones –y cuando lo creía necesario– se arreglaba para que su belleza no fuera tan notoria, peinados recogidos y rígidos, cuellos altos y cerrados que hacían sus rasgos más fuertes y afilados, y hoy –y el día de su compromiso– se había arreglado era para llamar la atención.
Y buscaba llamar la suya, eso estaba claro, pues no dejaba de tirar miradas furtivas en su dirección de momento a momento, enervándolo, tanto que no veía el punto de quedarse en la sala una vez que su turno se terminara. Y por otro lado se preguntó si el Rey no lo notaba.
El momento más destacable para él en esa reunión fue cuando el cantante principal se tomó un descanso y momentáneamente fue reemplazado por su esposa. Podrick desde hacía unos días había entablado amistad con ellos, y de hecho los había acompañado la noche anterior en una presentación para los soldados cantando dos canciones. Así que cuando la mujer en un intermedio le asintió con una sonrisa desde la distancia, él le respondió de la misma manera. Y de repente su atención por alguna razón fue a parar a Sansa, quien había notado el gesto y enviaba una mirada tan de ella –de él a la cantante– del tipo del que si pudieran matar… Y por unos momentos aquello le causó la más pura y maligna gracia, aunque se contuvo de demostrarse complacido cuando ella lo volvió a mirar fulminantemente.
Más no tuvo que esperar hasta el final de su turno para perderla de vista, la vio retirándose tan solo dos hora y media o tres después de que llegó. Su tiempo normal.
Y con el Rey no marchándose la mayoría de los Lords tampoco manifestaban voluntad de hacerlo. Y el Rey estaba seguro que esa noche atacarían, más en tensión y preparado Podrick no veía el momento llegar. Y también dudaba de si ella estaba al tanto, pues aunque la veía utilizando uno de esos corset de armadura que muy pocas veces había hecho su presencia en el Sur, su actitud despreocupada no era la que ella tendría si sospechara de ese ataque. Cuando los nuevos Guardas se presentaron a relevar a los de la sala, entre todos se miraron pues incluso así el Rey se negaba a marcharse a descansar. Intercambiaron lugares con cierta duda más Podrick se marchaba tranquilo porque cuando no estaba él de turno lo estaba Ser Brienne, quien le inclinó la cabeza en ese momento.
Al cruzar el Gran Salón tuvo a Lord Bronn haciendo un gancho de su cuello e invitándolo a su mesa. Del Dominio. Esa era una burla no hablada, y no necesitaba más indicaciones pues podía ver el destello y la sonrisa maldadosa en el lord.
"Un ale. Una sola."
"Lo siento, mi señor." Todos estaban pulcramente arreglados, con sus máscaras y atuendos apropiados que él desentonaría...incluso más con la armadura. "Es muy tarde y mañana tengo que estar en pie a primera hora."
"¿Quién era la mujer dejando su habitación? ¿La Reina?" le preguntó bajamente al oído.
Podrick ya había escuchado de aquel chisme, "No." le respondió simplemente y cuando sintió que el lord aumentó la fuerza en su cuello continuó también bajamente, "Incluso usted sabe que ella no haría eso."
"No, no iría a su habitación, pero, ¿lo dejaría visitarla en la de ella?" lo soltó tras unos instantes y lo estudió, pero no vio nada que le dijera lo que en verdad pensaba, "Vamos, un ale." Podrick le volvió a sacudir la cabeza, "Aguafiestas. ¿Tiene alguna idea de cuánto me decepciona?"
"Me lo imagino." Le contestó para prontamente despedirse. Caminando apurado fue que atravesando un corredor oscuro de repente vio a dos Guardas de la Reina de pie ante uno de los tantos arcos, se la imaginó reunida con algún lord, y si sabía algo de ella era eso; mantenía de reunión en reunión. Se detuvo, no porque le fueran a negar el acceso a ese pasillo que tenía que atravesar, sino porque saludó a Jacob y vio a éste caminando en su dirección.
Le devolvió el saludo a Ser Podrick, y dudándolo colocó distancia con los otros Guardas, hablando bajamente, y no, no le iba a decir que creía ella lo estaba esperando porque aquello no era de su incumbencia, pero en el fondo lo era. "…Creo que ella lo está esperando." Le comentó, lo que vio desconcertó a Ser Podrick por unos instantes. Lo desconcertaba a él también pero no se podía traer a darle su opinión a ella. Pero se la podía dar a Ser Podrick. Le hizo una seña para que se alejaran incluso más, "…Estando las cosas como están no es adecuado que se dejen ver juntos."
Eso lo sabía. Y algo debía de estar pasando por la mente de ella si quería reunirse con él. Y por su parte cómo no querer hacerlo después de esa mirada que le había dado, sólo para saber qué se le estaba cruzando por la mente. Más siendo realistas ella probablemente le reclamaría por haberla besado y dejado tirada hacía unas noches, aunque bien que lo había disfrutado. "…Cortamos toda amistad." Dijo eso para darle cierta seguridad de que no tenía de que preocuparse, al menos por ese lado. Vio al Guarda frunciendo el ceño para luego asentirle, sin discutirle ni inmiscuirse de más. Así que Podrick tan solo se encogió de hombros y continuó, "Pero dígame, como le está yendo con sus Lords y el Dominio…¿han mejorado las cosas?"
Jacob exhaló, "…Está determinada a solucionar los problemas que se creó a sí misma." Le reveló algo de lo que él mismo era testigo, "Sorprendentemente la veo bien. Con una nueva disposición. Sino supiera mejor diría que está cómoda con mantener su mente ocupada limpiando sus errores."
"…Eso es bueno. Me alegra escucharlo."
"…Sí…" contestó, no sabiendo que más decir. Y él mismo había sido testigo de todo lo que se dijo e hizo la noche del compromiso, así que ya no le quedaba duda que el Guarda/Embajador sí se había visto involucrado con la Reina. Sintió a Podrick dándole una palmada en la espalda como despedida y lo siguió con la mirada.
Podrick continuó con su camino, muy bien sabiendo que podía rodear esa ala para evadirla si en verdad lo estaba esperando, pero en tentación no lo hizo, sintiendo perdiendo su determinación. Y después de unos segundos, de un giro y de un par de metros vio el fuego de una antorcha contorneando su figura ante un balcón en la casi oscuridad. Podrick apretó la mandíbula y se tensó, queriendo continuar su camino como si nada, y cuando ella se giró, levantando la mirada tentativamente y con expectativa hacia él, su corazón se le aceleró y se sintió deslizándose cada vez más lentamente hasta detenerse a su lado.
Ninguno de los dos diciendo nada, tan solo manteniéndose la mirada.
Ella sí lo había estado esperando y su mirada dócil y nerviosa se lo decía. Verle la falta de determinación en ésta lo sobrecogió.
Aun manteniéndole la mirada Podrick se quitó el casco con movimientos estudiados y parsimoniosos, esperando por palabras de ella que no llegaban. Y fue él quien momentáneamente rompió la mirada para estudiar el horizonte y sus alrededores. Y no había nadie por debajo de ellos, estaban solos, aparentemente. De reojo la vio moviéndose un tanto, aun sosteniendo con fuerza la baranda con una de sus manos, la máscara en la otra.
Y la volvió a mirar. Y ella a él también.
Y él no quería hablar. No quería escuchar disculpas nuevamente. No quería desespero al mirarla.
Por su parte Sansa quería preguntarle en ese momento si hacía tres noches cuando la dejó sola salió a buscar a la misteriosa mujer que habían visto dejando su habitación, pero se contuvo. No servía de nada, sólo ponerlo más en contra suyo, aunque reclamos era lo que deseaba hacerle, y salir de dudas. Más contenerse de no preguntar no quitaba la sensación de pesadez de su pecho. Y aquella mujer no era la cantante pues había llegado días después de que Tyrion le comentara las habladurías, había leído de más en esa situación. Y ya había hecho sus averiguaciones. Y en sí no sabía qué hacía con estarlo esperando. A él, obviamente, pero... Para variar ahora era él quien la miraba largamente y con estoicismo, y le mantuvo con dificultad aquella mirada, sintiéndose incomoda bajo ésta. Tanto que se la tuvo que rehuir por un instante para volverlo a buscar, aún sin saber qué decir.
Ella nunca lo había llegado a mirar así, como perro regañado, y se tuvo que contener en no bajar su guardia. Aun así, una exhalación lo dejó, y la pasó derecho, siguiendo su camino. Por ser idiota tras un par de pasos miró por sobre su hombro y la vio aun apretando la baranda mientras lo seguía con la miraba. Y deseaba que lo siguiera, que lo detuviera y dijera algo. Y nada más fue pensar aquello para verla soltar la baranda, ¡y de hecho acercársele lentamente! Pasando saliva Podrick se giró, colocando atención en frente suyo ahora con trepidación, escuchando los pasos de ella a sus espaldas, y continuó la distancia hasta una sala donde sabía era prudente estar, sin ir a tener ojos sobre ellos y poder decirse lo que quedaba por decir.
Podrick quería demostrarse que continuaba manteniendo lo último que le dijo. Que había confidencia en él, y en la oscuridad ingresó unos pasos, esperándola. La dejó que apenas y pasara el umbral, y no sabiendo que lo poseyó se acercó totalmente a ella, dándole a entender lo que quería. No hablar. Fue por el movimiento que se provocó que supo la mano de ella posándose sobre su brazo cubierto por la armadura, y él, con el otro brazo libre de un manotazo cerró la puerta, dejándolos en la oscuridad que mermaba una simple antorcha encendida.
Y Podrick no tenía qué decir, ni siquiera explicar sus putas indecisiones que ni él mismo comprendía. En la mirada de ella viendo indecisión también, pero aquello no la detuvo de colocar las manos abiertas sobre la placa de su pecho. En su propio desespero y tentación Podrick la escuchó preguntar susurrante y con vergüenza sobre las habladurías sobre él y una mujer dejando su habitación, lo que lo sacó de golpe de sus pensamientos pesimistas, regresando a sí mismo y fijándola con mirada desafiante. En los ojos de ella no encontrando ni celos, ni enojos, ni mucho menos reclamos. Ella misma prontamente añadiendo bajamente –y mientras acariciaba el diseño en alto relieve del Cuervo de Tres ojos– que él era libre de hacer lo que quisiera y ambos lo sabían. Sólo quería sacarse la duda de la mente.
Estúpidamente se encontró devolviendo la pregunta, cuestionándole si alguna vez besó a Lord Humfrey, no que eso importara. Y de paso no se detuvo ahí, le sacó en cara haberla visto bailar esa misma noche con lord tras lord sabiendo lo que eso provocaba en él. Él tampoco estado celoso, pero si molesto por que la vida, y ella, le restregaban en la cara lo que no podía tener. Y de repente las manos de ella estaban tomándolo del rostro.
Y mientras ambos se miraban a los ojos, no obteniendo respuesta, fue que cayeron en cuenta de queya sabían la respuesta a esos cuestionamientos.
"…Usted es mío." Dijo sin pensar aquella estupidez, influenciada por el momento y los sentimientos y de inmediato se arrepintió con vergüenza, más cuando lo sintió soltándola y su mirada enfriándose; no agradándole aquella declaración, lo sostuvo con mayor fuerza esta vez de los hombros, "Y yo soy suya." Si eso era lo que quería escuchar se lo daba. No era sino justo.
Ella no podía decirle ese tipo de cosas. Suya mientras estuviera en esta sala, en Desembarco del Rey, "¿Y eso de qué sirve?" su voz sin aire.
"…De nada..." respondió con sinceridad y pasando saliva.
Podrick muy bien sabía que este era el momento de tirarle encima que podía dejar la Guarda sin manchar su honor…dejar todo en manos de ella, pero ir a recibir una negativa era algo que no quiso volver a enfrentar. Sentía aprehensión de solo pensarlo. Ella lo agachó hasta sus labios los pocos centímetros que los separaban. Y no sólo se estaba volviendo a meter en sus pensamientos, sino también en sus necesidades, necesidades que lo invadían certeramente con sus besos y cercanía…necesidad que ella no saciaría. Pero necesidad después de todo. Y en tentación estaba dispuesto a aceptar las migajas que tirara en su dirección en lo que le quedara de esta estadía.
Y respiración pesada, labios, y su cuerpo, y otra clase de desespero, y cercanía, falta de aire, humedad de su boca, los sonidos bajos que ella hacía, él haciéndola caminar hacia atrás y presionándola contra la pared. Las manos de ella deslizándose ansiosamente por su armadura, pareciendo estar buscando musculo y no encontrándolo. Y a él también de repente la armadura le vino a parecer un fastidio, y sin pensarlo se acercó más. Aprovechando la falta de armadura en su parte baja y deslizando su muslo entre las piernas de ella y la sintió tensándose ante ello y Podrick abrió los ojos para estudiar su reacción y la vio con ojos cerrados frunciendo el ceño fuertemente mientras continuaba besándolo, después de unos momentos decidió concentrarse en las sensaciones y volvió a cerrar los ojos. Y manos que estudiaban el corset de armadura de ella, deseando viajar y apretar y se sentía conteniendo cada vez más. Los labios de ella pasando a su cuello, dejando picos lentos mientras se tomaban un momento para respirar. Y ella lo había estado esperando para algo, y asumía no era esto. Y lo que escuchó a continuación se le hizo un absurdo en su multitud de preocupaciones.
"…Se ve tan guapo con la armadura." Suspiró lo que había pensado desde el mismo momento en que entró en el Gran Salón. Y lo sintió pujando en gracia contra ella.
"Usted está hermosísima." ¿Y dónde quedaba la charla que habían tenido hacía tres días? En el aire, como todo entre ellos. Pero aprovecharla, aprovechar este momento era algo que no podía dejar pasar, una parte cínica suya le dijo.
Y cuando ella le empezó a besar de nuevo el cuello, más prolongada, y entusiasmadamente se dejó, disfrutando de las sensaciones. Pero en el momento en que pasó a rozárselo con los dientes y sin cuidado la presionó más contra la pared, ganándole un quejido bajo y su cuerpo empujando contra el de él también. Por el más pequeño de los instantes la sintió haciendo una pausa, seguramente ella tomando en todo lo que estaba sucediendo, para después abrazarlo más a ella. Una exhalación dejándola al sentirlo contra su muslo, y temblando y buscando ahora su boca besándose más desenfrenadamente mientras sus cuerpos continuaban amoldándose y empezaban a empujar contra el otro. Y para el momento Podrick no sabía qué más hacer con sus manos, estas bajando cada vez más peligrosamente por la espalda de ella o subiendo por sus costados.
Sus pantalones haciendo tal presión que no recordaba la última vez que sintió tal deseo y carnalidad. Tanta, que ella ruñéndolo cada vez más fuerte con sus dientes y después mordiéndolo cuando lo escuchó quejándose lo hizo casi estallar y continuar empujando contra su muslo. Cuando le pasó la lengua como calmando el dolor allí un escalofrío lo recorrió y se contuvo con todas sus fuerzas, tensando sus muslos y no pensando en la sensación porque si se centraba en esta se avergonzaría a sí mismo. Estaba en una línea peligrosa y por eso alejó sus caderas y cuello no queriendo irse a dejar llevar, porque francamente, donde ella no fuera la mujer que era, ahora mismo estaría tratando de convencerla de que se dejara clavar en el mueble. O en la mesa. O contra la pared. Incluso el piso también parecía apropiado a su cabeza lujuriosa.
Después de unos segundos de tomar aire, y de calmarse un tanto se dieron una mirada puntual, la de ella hasta un punto avergonzada que se preguntó si esto era un acto. Este era el momento antes de llevarse a alguien a la cama, y aun con su poca experiencia ella debía de saberlo, así que se preguntaba porque la mirada cohibida si era obvio que esto era lo que ella había deseado toda la noche con arreglarse tanto, mirarlo constantemente, estarlo esperando. Lo quería seducir y lo había logrado. La apretó del codo, "…No estoy para tratarla con gentileza." Y aun se sorprendía ante esta forma de ella…que le permitiera este tipo de acercamientos no tan cariñosos, no tan tiernos de antes…que ella los devolviera de igual manera. "…No después de lo de hoy…No esta noche." El subidón que tenía siendo demasiado… "La deseo demasiado." Si fuera por él hacía a un lado el sabor del vino que podía sentir en la boca de ella, lo ignoraría, pero no podía.
Lo cual era absurdo porque ella tampoco estaba siendo gentil, pensó Sansa, lo que la continuaba avergonzando al notar la forma lujuriosa en que habían estado. Más con su ser y cabeza sintiéndose como en una burbuja no sabía que responder.
Podrick pensó que con sus palabras la espantaría, pero antes la vio remojándose los labios mientras lo miraba a la boca y mierda, él daría todo por lo que fuera que ella tuviera en mente. Su instinto dándole ánimos diciéndole que la pasión que lo recorría era algo que tenían en común.
"…Entiendo." Dijo, y esperó unos segundos para continuar, ¿más que decía eso de ella sí sentía que estaba igual que él? Tan sólo quería besarlo y besarlo y no parar, y su cercanía...
"…No es lo que usted se merece en todo caso." Y ella probablemente solo estaba pensando en besos interminables que para él no serían suficientes.
Sansa se había vestido para él, había tenido en mente hasta el peinado que sabía a él le gustaba, tan solo para matar el hielo entre ellos, para que hablara con ella, no para terminar de esta manera. Soltó la máscara cuando lo sintió quitándosela, y por estarlo besando no había tenido cuidado con ella, ahora viéndola doblada, pero eso no le impidió a él para colocarla sobre su rostro nuevamente. Y se sintió mirándolo con curiosidad mientras él tan solo la estudiaba larga y abiertamente. Lo vio remojándose los labios e hizo lo mismo en ese instante.
No la besó de inmediato, tan solo se quedó grabándose en su mente ese momento. Ella con la máscara, y en los ojos deseo. Después de unos momentos bajó la máscara y se encontraron en otro beso. Ninguno de los dos fijándose en ésta cayendo al piso.
Y besos cada vez con más ganas, más profundos.
Los últimos días Podrick los había pasado en una contradicción de atreverse a jugárselo todo. Donde ella se negara a su proposición lo destrozaría, ¿pero aquello no lo liberaría también? Se encontró de repente intimidado, con aprehensión, pero al mismo tiempo queriendo actuar impulsivamente, sentirla tomar aire profundamente contra su boca lo hizo hacer lo mismo para darse valor de derrumbar por completo todo entre ellos. Cerró su boca sobre la lengua de ella mientras se retiraba, dejándole de paso un pico sobre su labio superior y habló de inmediato, "El Rey…me ofreció…dejar la Guarda honrosamente…a raíz de mi lesión." Ella lo miró tras un instante, como queriéndose convencerse de que no había equivocación en lo que acababa de escuchar. Podrick de antemano anticipando y concentrado en estudiar su reacción, sus gestos. Se separó darle un tanto de espacio, pero no suficiente. El ceño a ella frunciéndosele mientras hacía para atrás la cabeza, los músculos de su garganta trabajando con dificultad mientras pasaba saliva. La mirada de desconcierto fija sobre él.
Decir que estuvo confundida por unos momentos era decir poco. Emociones contradictorias golpeándola, su mundo sacudiéndose en sus cimientos, vislumbrando tanto problemas como un panorama esperanzador, molestia y preocupación por un lado, calma y felicidad por el otro. ¿Y no era ésta a la conclusión que había llegado gracias a la conversación con Lady Cromwell? ¿No se le facilitaba ya casi la mitad del trabajo? …Porque si él se lo estaba contando era por algo. Y se tuvo que reprender de inmediato, no queriendo centrarse solamente en ilusiones y fantasías que no reflejarían la realidad... "¿Cuando?" preguntó a media voz, teniendo que aclararse la garganta primero, cruzándosele por la mente que entonces Bran estaba tramando algo…
"…Por allá cuando usted me escribió diciéndome de su compromiso." la sintió separándolo de los hombros y se dejó, apurándose a continuar por que supo lo que le iba a decir a continuación, "¡No, no se lo mencioné, pero fue cuando le escribí diciéndole que me casaría con usted si usted quisiera!" Y ella de repente lo pasó de lado exhalando y necesitando más espacio, la siguió con la mirada. Y sí, nada más el día anterior había buscado la respuesta de ella entre los innumerables pergaminos chamuscados, queriendo recordar sus palabras a flor de piel por si este momento se presentaba. "Usted hizo alusión a lo que Ser Humfrey le podía ofrecer y yo no. Y a una vez más a anteponer el pueblo y su deber por sobre su corazón. Así que no insistí."
Sansa exhaló, sacudiéndole la cabeza, todo esto llegándole de la nada, sintiendo necesitar calma para hacerse a una idea de lo que él hablaba, "…Usted es un idiota." la garganta cerrándose y todo esto, todo esto de su desespero ante su compromiso no deseado, del problema que se vendría con el Dominio, de cómo la veía el Norte en esos momentos, ¡todo eso no existiría si él hubiera hablado!
La siguió con la mirada viéndola empezar a caminar de un lado al otro, Podrick no se tomó a pecho sus palabras porque eran verdad; él mismo lo había declarado en frente de ella; era un idiota al no conformarse con perderla, al necesitar seguir luchando por ella. Decidió conservar la calma, "Si se lo hubiera dicho tal cual era usted habría continuado superponiendo al Norte y su deber por sobre su corazón. No lo vaya a negar. La respuesta habría sido la misma."
¿Lo habría sido? Ni siquiera estaba segura de ello, "…Usted no sabe lo que fue verme involucrada en ese compromiso, así que no haga asunciones por su cuenta de lo que cree habría pasado..." ¡Había sido un martirio!
Podrick se sintió defensivo ante aquellas palabras y su tono, la acusación, y muy bien sabiendo que la decisión de ella se habría mantenido. "El Norte primero. Esas son sus palabras."
Pujó viéndose de repente en la encrucijada que tanto había barajado en su mente, tratando de no tirársele encima a hacerle reclamos de porque no habló antes. ¡Era más que un idiota! "¡Palabras sin mérito alguno desde que cancelé mi compromiso! Si me lo hubiera revelado, yo–"
Al verla perder la compostura la interrumpió, acercándosele, "–Ya no importa. No hay que pensar en los si," palabras dicha por ella misma alguna vez. La volvió a tomar del brazo y que ella no se negara era porque ya sospechaba de las palabras que diría a continuación, "Lo que importa es que yo la quiero, y sigo dispuesto a dejar la Guarda si usted me lo pidiera." Por incontables segundos lo miró extrañada, y sí, Podrick sabía que todo esto era repentino como para imaginársela tomando una decisión inmediata. Y después de unos segundos más la mirada se le enfrío, Podrick viendo que en vez de dejarse llevar por el corazón los engranajes en su cabeza empezaban a trabajar. Eso era lo que se había esperado.
Para Sansa eran más problemas. Más pensadera. Optimismo también, esperanza.
Podrick sentía que fuera cual fuera la respuesta de ella al menos ya se había quitado ese peso de sobre los hombros. Por su parte acababa de hacer lo más que podía hacer por ellos dos. "Si fuera inteligente, si me quisiera a mí mismo, le diría que quiero todo o nada, no términos medios. Pero no tengo voluntad a resistirme a lo que se podrá venir en los próximos días entre nosotros así me de una negativa."
Sansa se quejó, ¡Ahora lo que menos le importaba era lo que se podría venir entre ellos en términos físicos! Tenía que tomar una decisión fundamental y vivir con las consecuencias. La presión aumentando incluso más.
"…Sé que necesitará tiempo para pensar en mi propuesta y…pues ahí se la dejo."
"…¿Usted realmente está dispuesto a dejarlo todo por mí?" Lord Cromwell y lady Cromwell lo habían leído mejor que ella.
¿A qué se venía el tono de incredulidad? Decidió acercársele, cerrar de nuevo el espacio entre ellos, "Sí. Para mí todo esto siempre se ha tratado más de lo que usted está dispuesta a hacer por mí que yo por usted." Con sus palabras vio que la tomó desprevenida, nuevamente, la tomó de las manos y se las besó. "Deseo que usted piense detalladamente su decisión. Porque en el momento que me dé un sí voy y renuncio ante su hermano de inmediato…"
Sansa exhaló, acercándose y apoyando la frente contra el hombro de él. Necesitando calma y no obteniéndola.
Sin palabras. Podrick le colocó una mano en la cintura, la otra mano fue a parar a su trenza, a jugar con el mechón final, "Sólo quiero una respuesta certera, sea sí o no. Pero ya no quiero andar con rodeos. Necesito saber qué será de nosotros." Ella asintió sin despegarse y Podrick dejándose convencer le dejó un beso sobre la cabeza. Los brazos de ella rodeándolo en la cintura.
Lo que creería un buen indicio. Pero esta vez no se daría ánimos.
"¿No se arrepentirá de su decisión?"
"…Creo que peor sería vivir sin arriesgarme a haber hecho la pregunta, y no saber la respuesta."
Después de unos momentos Sansa se separó lo suficiente para poder mirarlo, asegurándose de mantener cualquier clase de contacto para que no pareciera que lo rechazaba, "…Usted es el único hombre con quien me veo teniendo una vida…pero…sabe que así le quiera decir que sí primero tengo que considerar a cabalidad las repercusiones de mis actos…sobre todo ahora en que he dejado mal la imagen del Norte."
Podrick le asintió, "No le estoy pidiendo una respuesta ya. Tómese su tiempo para pensar todo con detenimiento. Para hablarlo con el Rey, si lo desea. Con sus asesores talvez." Sacudió la cabeza, "Con Lord Harry no."
Sansa exhaló ante eso último, no causándole gracia el comentario. Besándole el hombro y colocando espacio entre ellos, abanicándose con la mano porque la temperatura subió incluso más que cuando se habían estado besándose.
Podrick la observó, "…Pero deseo esa respuesta antes de que usted se marche. Después de que se marche ya no habrá vuelta atrás."
Sansa le asintió, atreviéndose a dejarle un pico en los labios. Acariciándole la corta barba.
"…Ahora dígame de nuevo que soy suyo y usted mía…" Cómo se lo esperó no hubo más que silencio.
Pero justo para cuando se fue a dar por vencido ella dijo las palabras, sin indecisión, con el pulgar acariciándole la mejilla y dándole el más corto de los besos en los labios.
Y después de aquello se despidieron sin más.
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Podrick sabía que su atención completa debía de estar en el ataque. Pero no lo estaba, más que nunca lo estaba era en ella. Y esa noche, como en la anterior, la había visto tirando constantemente miradas en su dirección mientras se daba el banquete y otra celebración.
Esa noche el Rey les había permitido a sus Guardas tomarse un descanso al ver que el día anterior los tuvo las veinticuatro horas alertas y aquello no servía de nada si se presentaba un ataque y todos estaban cansados. Así que después de su turno Podrick se cambió en sus ropas de civil mientras se unía a la celebración que estaban llevando los soldados. Y muy bien el Rey les había reducido el licor, pero aquello no cambiaba la buena disposición de algunos soldados.
Por su parte se encontraba intranquilo desde su conversación con ella. Su mirada puesta en las llamas danzantes mientras en un tic nervioso no podía dejar sus pies quietos. En algún momento sus compañeros pidieron que cantara, y así lo hizo por un rato, más por ser cordial que por ánimos. Negándose cuando en vez de canciones felices empezaron a pedir una que otra de amor, así que lo que hizo fue disculparse por el cansancio y ubicarse en un rincón con su soledad y una copa de ale rebajada con demasiada agua.
Y no quería más que estar feliz, cantando y tomando, pero su mente estaba en lo contrario. Al menos ya su mente no estaba en compadecerse por su historia con ella, más tampoco estaba seguro de donde estaba.
Se quiso contener de salir a buscarla, sabiendo que no debía, ya había sucumbido cada vez que lo había intentado y había fallado, ¿Qué más daba fallar una vez más?
Y odiaba esta indecisión de un día pensar una cosa para al siguiente hacer la contraria. A veces ni siguiera al siguiente.
No pudiéndolo aguantar salió a dar una vuelta, vuelta que lo llevó a uno de los lados restringidos del castillo desde donde alcanzaba a vislumbrar entre sombras el balcón de ella abierto. ¿Una invitación? …Conociéndola por seguridad habría cerrado aquella puerta. Y tentación le dio el pensar en la posibilidad de hacer algo más que la noche anterior. En profundizar aún más en esos besos y caricias que se venían dando.
Pero una vez más decidió no caer en la tentación. Se encontraba haciendo su camino hacia la celebración de los soldados nuevamente cuando vio a Bronn junto tres barriles, soldados contentos con sus copas llenas, y el olor del ale puro le llegó a la nariz. Se acercó al Lord, recibiéndole la copa que le extendió, "No debería de estar haciendo esto si sabe que estamos frente un ataque." Le susurró bajamente.
Bronn se sonrió, dándole una palmada en el hombro y haciéndolo votar un tanto del ale que ya sabía de antemano no se bebería. "Valor moral, amigo, ¿no conoce de eso?"
"El Rey no–"
"–Cálmese." Le dio un golpe seco con el pie a uno de los tres barriles, "Sólo dos rondas, eso no emborracha a nadie. La moral es lo que hay que mantener en alto." Lo vio disgustado y mirando a su alrededor. "Está tan amargado, Podrick, relájese un poco."
Podrick no contestó, dejando la copa sobre la mesa al lado suyo.
"Me tiene harto verlo triste y abatido, con esa huevonada de estarse lamentando en cada esquina. Si va a hacer de aguafiestas mejor váyase y enciérrese en su habitación."
Frunció el ceño ante aquello, estarse lamentando en cada esquina sí era molesto. "…No ando triste y abatido." Al menos, creía no demostrarlo mucho. "Y sí, es mejor irme a encerrar a mi habitación que hacer parte de esto."
Bronn se sonrió, "Buenas noches, Ser Podrick." Podrick no le contestó, marchándose de inmediato, "¿Cómo va la mano en todo caso? Ya ni me acordaba."
Podrick se la mostró, sin detener su andar, "Perfectamente."
Más Podrick se devolvió en cuanto llegó a su habitación, tomando un largo pasillo oscuro y alterno. No sabía en sí qué se esperaba. No debía de estar tomando. Y mucho menos yendo a buscar a la hermana del Rey en la madrugada con dobles intenciones. Madrugada en que podían ser atacados. Tan solo estaba cambiando una distracción por otra más placentera.
Pronto se encontró en su balcón, viéndola con la espalda hacia él mientras dormía, Nieve reconociéndolo y calmadamente acercándosele. El cabello de ella aún húmedo y suelto, una bata que dejaba al descubierto sus brazos y sus curvas, anhelo llegándole mientras se sentía indeciso y se debatía entre despertarla y retirarse, y cobardemente lo último ganó. Pero Nieve, pareció tener otra idea porque se tiró a sus pies. Cabeza hacia el solar, como diciéndole entre que yo coloco atención. Y aquel pensamiento era tan absurdo. Pero eso era lo que era el animal; el testigo y Guarda mientras ambos estaban juntos, por eso no entendía porque también el disgusto para con su persona. Podrick fue a llevar su mano hasta el pelaje del lobo, pero éste como sintiéndolo se giró hacia él, y se detuvo a sí mismo. Y de reojo la pudo ver despertándose en ese momento, aun dándole la espalda y sentándose en la cama, buscando alrededor por el animal.
Sansa se sorprendió, primero de haberse quedado dormida pues el Descanso que obtenía en Desembarco del Rey era poco con tantas preocupaciones, y segundo de girarse y ver a Podrick de pie en el umbral del balcón. Su corazón acelerándose mientras iba hasta él.
Ausentemente la escuchó diciendo que no se lo había imaginado que viniera a buscarla. Ausentemente, porque su atención no estaba en lo que decía sino en lo que veía. La delgada bata, el cuello de aquella bata mostrando sus clavículas, lo más bajo que le había visto, aunque tampoco era nada que mostrara mucho, la forma abultada y pesada de sus pechos, su cintura estrecha, sus pechos de nuevo y se preguntó cuándo ella se daría cuenta de su vestuario poco recatado y se cubriría. Y al parecer fue sólo pensar eso porque la vio incomoda y sonrojada, buscando con la mirada por su abrigo mientras se trataba de cubrir al cruzarse de brazos, brazos desnudos también. En otra ocasión Podrick habría atravesado la sala para pasarle el abrigo, pero no lo hizo.
Estaba aquí por una razón y ambos lo sabían.
Y al parecer ella cayó en cuenta de ello, porque después de ver el abrigo no fue hasta éste, nerviosismo en su mirada. Y la verdad Podrick no sabía cómo proseguir, no con ella, quería ser sutil en cuanto a la cuestión, pero había hecho el camino hasta aquí sin pensar cómo actuar. Más fue ella quien se le adelantó. Quien se movió primero, caminando hacia él decididamente, bajando los brazos mientras la falda de la bata ondeaba alrededor de sus pies descalzos, tomándolo del cuello y agachándolo, pero no para besarlo sino para apoyar su frente contra la de él, lo que lo desconcertó, pero no perdió momento para colocarle las manos sobre la cintura.
Y se quedaron de aquella manera, frente contra frente. Podrick no interrumpiendo el momento ni el significado, que del todo no comprendía. Cuando momentos después sintió el aliento tibio de ella, le devolvió el beso más que gustoso.
Y prosiguieron a besarse, a besarse como lo venían haciendo aquí.
Sansa lo sintió haciéndola caminar hacia atrás, su falta de vestimenta se le hizo bastante evidente en ese momento porque podía sentir el cuerpo de él, sus manos, su calor, su forma como nunca antes. Mientras la besaba bruscamente en el cuello, lo sintió acariciándole también firmemente la espalda y no pudo evitar quejarse altamente mientras se erizaba. Ambos tensándose y mirando hacia la puerta, y aunque una ante sala extensa los separaba de la habitación, se esperaron de un momento a otro escuchar a uno de los Guardas preguntarle si estaba bien. Pero todo fue silencio. Cuando se volvieron a mirar ambos estaban sin aire.
La volvió a besar, yéndose bruscamente hacía ella y se sintió que trastrabillaban hacia atrás de nuevo, hacia la cama, así que al retomar el balance la sostuvo a él, "Perdón," susurró ante su afán. La vio asintiendo una y otra vez y pasando saliva con dificultad. Su corazón estallando en el momento en que ella llevó sus manos y su mirada hasta el frente de su jubón, empezando a desabotonarlo.
Sintió los ojos de él fijos sobre ella, mientras ella miraba aquellos botones. No se atrevía a mirarlo, pero él se separó un tanto cuando sus manos llegaron lo suficientemente bajo como para tener que darle permiso. Ella entera temblante, en sus dedos siendo más notorio. Podrick no le quitaba la mirada de encima, viéndola sumamente sonrojada, el cabello suelto, sus lindos ojos brillando. La sangre de él hirviendo. "¿Está segura?" No lo estaba y él lo sabía de antemano.
"…No sé." Murmuró entre dientes. Y aun evadiéndole la mirada lo vio asintiendo. Cuando acabó con los botones llevó sus manos hasta los hombros de él nuevamente, y lo ayudó a despojarse de la prenda deslizando sus manos a lo largo de los brazos de él, sintiendo sus músculos.
Podrick temía hacerle la pregunta que le estaba rondando la cabeza. Las desconfianzas que en su interior sentía de porqué lo deseaba. "¿Haría el amor conmigo antes de marcharse?" habían ganas, lo veía en su mirada. Pero también actuar en ello era ir en contra de lo que era ella. La conocía.
Se tensó ante la pregunta, y aunque hacía unos segundos no creía poder sentir más calor estuvo equivocada. ¿Y porque estaban hablando? ¿Acaso no era mejor proseguir en silencio? Pero ella qué iba a saber. No se le hizo sencillo mirarlo a los ojos, "…Me gustaría intentarlo…" susurró a media voz, sintiéndose temblar.
Podrick asintió, el aire dejándolo como si le hubieran dado un golpe, sus entrañas contrayéndose hasta el punto de hacer a un lado el cuestionamiento que quería hacerle. Ella incitantemente sonrojada, duda y deseo en sus ojos dilatados. Él sintiéndose derretir por esa mirada, "A mí también." Se acercó de nuevo a besarla suavemente, brindándole valor. Sus labios con detenimiento bajando a su mejilla, quijada, cuello, clavícula, y haciéndola caminar de nuevo hacia atrás.
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Estaban acostados de lado, aun sosteniéndose, la mirada de ella pasando por sobre el hombro de él y fijándose en un punto en el horizonte cercano, su ceño un tanto fruncido. No se habían dicho nada en los minutos anteriores. El silencio solo estando ahí y Podrick la sabía confundida y tal vez frustrada. La mano de ella abarcando su cuello, pulgar sobre su mejilla, una de él sosteniéndola de la espalda.
Ella no estaba lista y ambos lo habían sabido de antemano, así que no se sorprendió de que, al momento de tratar de despojarla de su bata, ella lo hubiera reconsiderado, "Está bien. Sino está lista, no está lista." Y tal vez había sido culpa de él ser tan intenso, de desearla tanto, de no haberla preparado mejor antes de tratar de despojarla de la bata.
Más al pensarlo mejor y mirarla, verla aun sonrojada, con los ojos sumamente dilatados, la boca hinchada y su cabello desordenado no sabía cómo más pudo haberla preparado, sí sabía, era sólo que ella había estado actuado tan incitante hasta ese punto, diciéndole que no podía parar de besarlo, no dejando espacio entre ellos, quejándose bajamente que no se detuvo a considerar la intensidad de aquellas caricias, a actuar menos necesitado y disfrutar del momento, prestarle más atención a las necesidades de ella.
Por otro lado, sintiendo entre conmiseración y cierta decepción absurda y espantando aquellos sentimientos y pensamientos, hasta tal punto que empezó a sentir sus ojos cada vez más pesados. No supo qué tanto pasó para cuando la sintió moviéndose y besándole el hombro, al parecer ya habiendo llegado a una conclusión, y dispuesta a hablar.
"…Siento decepcionarlo." Estaba decepcionada incluso de sí misma.
Respiró profundo, despertando de su adormecimiento, "…No estoy decepcionado..."
Sansa pujó bajamente, "Mentiroso." Dijo en gracia, y tras unos instantes vio el rostro apacible de él devolviéndole la sonrisa, lo que la tranquilizaba más, le quitaba parte de la vergüenza que tenía.
"…Sería un idiota sino estuviera preparado para la posibilidad de que esto ocurriera. Además, usted sí dijo que deseaba intentarlo."
Sansa exhaló profundamente, otro silencio largo dándose, tantas explicaciones por dar del porqué no estaba lista.
La interrumpió antes de que fuera a decir que talvez el daño en ella continuaba, pues no era así, definitivamente no con la forma en que lo besaba. Se separó un tanto para estar cómodo al mirarla a la cara, empezando a acariciarle la espalda y el cabello suelto. "No se preocupe por el no poder continuar…yo no estoy presionando." Una parte suya quería presionar, pero sabía que aquello no llevaría a nada. Indisponerla talvez, no hacérselo placentero…
Se acercó y le dejó un pico corto en los labios, "…Lo sé."
¿Y ahora qué? Podrick se preguntó girándose un tanto hacía atrás, a mirar hacia la mesa, "¿Tiene vino?" definitivamente lo necesitaría para la pregunta que quería hacerle.
Estando al tanto de un ataque era imposible no sentir el tener que estar alerta a lo que se pudiera presentar, "…Puedo hacer que uno de los Guardas nos traiga una jarra."
Se negó a ello, lo menos que ella hiciera para llamar la atención; mejor. La fijó con la mirada y tener esta conversación sentados o de pie sería más fácil, "…Sé que esto es un gran paso para usted…pero en mí hay dudas del porqué lo quiere dar..." y al admitirle aquello vio su mirada cambiar a una de cuestionamiento, que la dejara sin palabras y obviamente sorprendida lo hizo proseguir, "A su llegada aquí me dijo que se le había cruzado por la mente la idea de un bastardo." Ella exhaló de inmediato, reconociendo para donde iba. La dejó salirse de su abrazo y colocar espacio entre ellos, más Podrick continuó hablando, ella sentándose en la cama, "Y luego se niega a un matrimonio. Y todo este tiempo me demuestra cuanto me desea. Una sorpresa para mí al comparar su forma pasiva en Invernalia con la más activa que ha tomado aquí." A su vez también se sentó, ella saliéndose de la cama, "Así que puede ver porque al pensarlo con cabeza fría empiezo a desconfiar de sus motivos. Sé que sus sentimientos por mí son reales, pero también la conozco, y asumo que ya ha barajado lo que digo en su mente, la posibilidad… Y de una pedrada se pueden matar dos pájaros, ¿verdad?" La había visto tramando, planeando y colocando circunstancias en movimiento como para no sospechar de ella.
Sansa se encontró sin palabras ante todo su comentario, el no haberse imaginado que él traería aquello a cuestionamiento. De repente sintió su boca seca y estudió muy bien sus palabras antes de dárselas, Podrick llegando hasta ella, "Con conciencia yo nunca haría algo contra usted, Podrick," por alguna razón siempre habiéndose hecho creer a sí misma que él solo veía su lado justo y no el más maquinador, "No le voy a mentir; he pensado en la posibilidad. Más no es eso lo que deseo. Yo no puedo, no me veo trayendo al mundo a un niño de esa manera, mucho menos sin su consentimiento." Debería de estar dolida de que él pensara eso de ella, pero no lo estaba, "Esto no es una maquinación. Yo no le podría hacer eso."
Una pequeña parte suya continuaba desconfiando de ella, no quería desconfiar, pero lo hacía, sería un iluso sino desconfiara.
Respiró profundo, leyendo en su mirada que no lo convencía completamente, "…Lo deseo. Tengo la curiosidad de saber que se sentirá…con usted, con alguien que me respeta y ama, y que yo amo. Esa es la verdad." Y no sabía que la estaba poseyendo para hablar con ese descaro. Nunca se había imaginado hablando de esta manera, o actuando de esta manera y se sentía incomoda.
Podrick pasó saliva, obligándose a no perder más la compostura y la cabeza por esas palabras, "…Cuando llegó a Desembarco del Rey, usted ya venía con la intención, ¿cierto?"
¿Y aquello qué cambiaba? El calor no mermando,"Venía con la tentación…como una fantasía. En la realidad quería tanto alejarlo, como déjalo acercar… Pero después en la playa…me re planteé todo…tener intimidad con usted como una posibilidad y realidad." Y esas palabras pesaban demasiado en ella. Tanto que las dijo murmurando entre dientes lo más rápido que podía, cada vez más sonrojada. Sansa continuó, no porque quisiera, sino porque quería darle mayor seguridad a Podrick, que se sacara esa idea absurda de la mente. "Sabe que usted es el único hombre con quien me veo tratando de hacer aquello…"
Eso era verdad. Y aunque esas palabras significaban el cielo sabía que, si las circunstancias fueran diferentes, donde se las hubiera dado en Invernalia habrían significado el cielo, habría saltado de la felicidad. "Lo siento por desconfiar."
Sansa no le negó ni aceptó sus disculpas. Tan solo se mantuvieron la mirada.
"¿Desea que me marche?" preguntó, porque no estaba seguro si ella se sentía dolida o no.
"…Sé que no soy una persona…integra…pero ir en contra suya nunca."
Podrick asintió detenidamente y se acercó a ella, "¿Descánsanos entonces? O podemos bajar hasta el solar y sentarnos un rato…"
"…No he tenido un buen descanso desde que llegué a Desembarco del Rey." Decidió compartir aquello. El único que había tenido fue junto a Lady Rose…
"Y yo desde que usted llegó." Ambos pujaron ante la ironía. Y momentos después estaban en la cama, Podrick trayéndola con él, ella moviéndose por unos momentos hasta al parecer encontrar acomodo a su lado, cabeza sobre su hombro, y brazo sobre su pecho. Podrick respiró profundo, cerrando los ojos a esperar a ver ella con qué le saldría a continuación.
No era incomodidad lo que sentía, pero tampoco sentía calma, suponía que era más tensión de estar con él de esta forma. No saber qué hacer, ni que decir, ni que tema tratar…así que simplemente comenzó a acariciarlo suavemente por el hombro. No moviendo mucho la mano de su posición original. Poco a poco su propio cuerpo perdiendo la tensión que sentía la dominaba. El momento tornándose apacible y empezando a sentir sus ojos pesados… Después de unos momentos de tentación levantó la cabeza para empezar a besarle la quijada, pero al irlo a hacer lo encontró dormido.
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Para cuando Sansa se despertó lo hizo porque adormilada constantemente había tenido en la mente que él se marchara antes de que empezara a amanecer, y una mirada hacia el balcón abierto y el cielo le dejó ver que aún estaba a oscuras. Aunque sospechaba que esta vez no por mucho tiempo más. Levantó la cabeza de nuevo, y el rostro apacible de él se le hizo visible. Lo estudió por unos instantes, sus rasgos llamándole la atención, sus cejas que notó perfectas y la barba corta que volvía a hacer su aparición. Había notado que se la cortó para ella después de la tarde en la playa. Y no era que no lo encontrara atractivo con barba, pues lo hacía…en el Norte talvez había sido el desarreglo, y que una parte suya quería algo diferente a los hombres del Norte. Estudió sus cejas nuevamente, y su rostro completo. Bastante llamativo.
Después de unos momentos lo empezó a mover levemente del hombro, llamando su nombre. Verlo despertar poco a poco, mirarla extrañado y después a su alrededor le dejó saber que no se ubicaba del todo.
Podrick empezó a respirar profundamente y después de unos momentos estiró todo su cuerpo, bregando a que el sueño lo dejara y las energías le llegaran, sorprendido de haberse quedado dormido profundamente. La vio mirándolo sonrojada, y le sonrió a su vez. Muy al tanto que evitarían hablar sobre el futuro por mutuo acuerdo no hablado. "¿Puedo visitarla también ésta noche?" sintió la necesidad de preguntar. Y ella le asintió apenada. Irremediablemente se acercó a dejarle un pico corto. Iba a terminar con el corazón roto nuevamente, de nuevo la razón le dijo. Pero esta vez era la gran incertidumbre que notaba en ella lo que no lo dejaba tranquilo. Pero al menos era incertidumbre y no determinación. "¿Descansó?"
Como cosa rara, lo había hecho. "Talvez fue la compañía." La sonrisa agradable y honestas que muy pocas veces le había visto en este viaje hizo su aparición.
"Talvez." Contestó, mirando hacia el balcón y viendo el cielo profundamente a oscuras. "…¿Quiere que me marche ya? Todavía falta un buen rato para el amanecer…"
Sansa frunció el ceño ante aquello, "¿Está seguro?"
"Sí." La vio entre cerrándole los ojos, "Así como usted conoce el Norte yo conozco Desembarco del Rey."
Quería creerle, pero una parte suya dudaba. Y aun así…
Podrick la recibió cuando se le acercó con un par de besos, lentos y lánguidos que eran perfectos para un despertar entre sábanas. Hacía un rato había evitado colocarle atención a sus cicatrices para no alarmarla o irla a indisponer más, todas las caricias y besos se los había dado por sobre la bata. Cambiaron de posición, sus músculos protestando por haber estado en la misma por un par de horas, ahora ella boca arriba y él justo a su lado boca abajo, y continuó evadiendo rozarle los brazos, colocándole la mano en la cintura y acariciándola suavemente sobre esta, sabiendo que la hacía erizar por la forma en que temblaba. Después de unos segundos donde la sintió sonriendo contra su boca lo hizo con todo su ser querer retomar la actitud suave y tierna que había tenido con ella en Invernalia. Le empezó a acariciar una ceja con su pulgar tras separarse un tanto, "Talvez lo que usted necesita para empezar a desenvolverse más en este ámbito es sentir seguridad y perder los miedos, como con los besos…" y después de decir aquello le robó un pico corto.
Sansa continuó acariciándole a lo largo de la espalda, "No tenemos un año y medio para eso."
Le sonrió, y había escuchado que ella había pospuesto su marcha por casi dos semanas por temor a ser atacada en el camino. "…Veamos entonces a dónde nos llevan estos días. Sin presiones ni afanes."
Le asintió, sonrojada. En vez de besarla en la boca, exhaló cuando la mano de él se situó de nuevo en su cintura y empezó a rozarla, agregarle a eso la cara de él de nuevo suavemente en su cuello y se sintió tensando de las sensaciones y de no querer quejarse de lo bien que se sentía.
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