Muchas gracias por el apoyo
y el amor que le brindaron a
esta historia desde el inicio hasta este,
su final.
Espero haya podido ser de su agrado.
XXXII
EPÍLOGO
"I'M YOURS"
(The Script)
Blossom peinó su cabello, disfrutando la extensión del mismo y el potente aroma a frutas que tenía, gracias a ese nuevo champú que le había comprado su tía Karen. Pensó en atarlo, pero seguía mojado así que no lo estimó conveniente, lo dejó suelto, ni siquiera un lazo pequeño se colocó; no lo estimó necesario, aunque después de darle un par de vueltas al asunto consideró que un pequeño listón no le vendría nada de mal, al menos para despejar cualquier mechón rebelde. Le sonrió a su reflejo del espejo, se dio cuenta de que tenía mejor aspecto que hace dos semanas, cuando estaba en época de exámenes y la presión quería acabar con ella. Esta vez era diferente, se veía con vida, recuperó el color de sus mejillas, las ojeras se habían ido y la alegre sonrisa se había vuelto a apoderar de su rostro.
Salió del baño y caminó por el largo pasillo hasta llegar a su habitación, donde la esperaba su maleta negra, sobre el verde cobertor de su cama, ya cerrada y acompañada de un bolso de mano de color rosa con unas pequeñas flores blancas de siete pétalos. Miró sobre su mesa de noche y sacó el cargador de su móvil y las limas de uñas de tres colores distintos. Se giró hacia la puerta cuando escuchó que se abría y que entraba su compañera de cuarto, Amelie, una chica tres años mayor que ella, de melena rubia y ojos oscuros, sonriéndole y luego soltando un suspiro antes de dejarse caer a la cama.
–¿Ya te vienen a buscar? –le preguntó a Blossom, al verla terminando de guardar unas cosas.
–Sí, mi tío ya debería estar por llegar.
–Qué suerte tienes –se quejó Amelie–. Yo debo tomar el autobús hasta el aeropuerto. Las desventajas de vivir al otro extremo del país.
–De qué hablas –rio–. Vives a poco más de una hora en avión. Tu vuelo no durará nada.
–Deja que me queje, por favor, sabes bien que, si no lo hago, me quedaré sin aire.
Ambas rieron, Amelie siguió acostada, Blossom terminó de guardar todo y se sentó en la suya. Se quedaron en silencio, solo el ruido de ambiente podría llenar el espacio, y es que dejaron la ventana abierta para poder ventilar su habitación, y así dejaban entrar el ruido de la música que parecían tener en el primer piso, dos menos que ellas, y las risotadas de aquellos que pasaban el rato en los espacios destinados.
–¿Te encuentras bien?
La pregunta de Amelie la trajo de vuelta al mundo, la miró algo sorprendida, pero le sonrió cálidamente y asintió con la cabeza.
–Perfectamente, gracias.
–¿Estás segura?
Blossom no le respondió con palabras, solo asintiendo con la cabeza, sin dejar de sonreírle. Amelie le correspondió el gesto, pero en su mirada se seguía notando la preocupación que tenía por ella. Suspiró pesado, frotó sus manos y se inclinó un poco hacia la cama de la mayor.
–Ha pasado ya demasiado tiempo, casi ocho meses –dijo Blossom–. Siento que ahora sí puedo disfrutar la vida, y lo estoy haciendo sin culpa alguna, sin miedo. Mis hermanas se encuentran bien, mis tíos cuidan de nosotras, estamos tranquilas, podemos andar en la calle sin miedo a que nos pase algo.
–Es que –Amelie se sentó–, disculpa que lo recuerde, pero la imagen que tengo de ti, ¡la tengo tan viva en mi mente! –suspiró–. Recuerdo cuando llegaste a la habitación, con miedo, me mirabas con desconfianza, estabas en compañía de una señora muy elegante y de tu tía, la que pude identificar porque tienes rasgos parecidos a ella… Ellas hablaron conmigo primero, a modo de que tú entraras en confianza. Te veías temerosa.
–Sí –respondió la pelirroja desviando la mirada hacia la ventana–, es que, estaba recién viviendo una nueva realidad, además, estaba cumpliendo mi sueño de entrar a la universidad, pero no tenía a mis padres a mi lado. Ese día quería llorar, de felicidad, tranquilidad, de tristeza, obvio.
–Lo hiciste –afirmó Amelie–. Te escuché.
–Por eso me invitaste el desayuno al día siguiente y me llenaste de azúcar.
–Bueno, el azúcar endulza, pensé que sería una buena idea para endulzarte la vida, pequeña –se defendió Amelie, provocando así la risa de Blossom.
–Quizás sea porque estamos acercándonos a las fiestas de fin de año –empezó a decir Blossom–, pero quiero darte las gracias por haber estado apoyándome desde el día en que nos conocimos, por haberme escuchado y, por siempre, haber sido mi primera amiga aquí en la universidad.
Amelie iba a responderle, pero el móvil de Blossom empezó a sonar y el nombre de Caroline relucía en la pantalla.
–¿Aló?
–¡Cariño! Con Jeff ya llegamos, estamos en el aparcamiento norte. Él dice que va por ti.
–Oh, okay, entonces dile que iré de camino, así acortamos el tiempo de viaje.
–Como gustes, ya le digo que vaya por ti.
Blossom se despidió de Caroline y le sonrió expectante a Amelie, quien ya entendía lo que iba a ocurrir. No dijeron nada, ambas se pusieron de pie, Amelie se ofreció a llevarle la maleta, presumiendo que no iba al gimnasio solamente a sacarse fotos, hasta el primer piso. Blossom llevaba su copia de las llaves de la habitación, por si acaso, en el bolsillo pequeño de su bolsa roja. Una vez estuvieron fuera de la residencia, la pelirroja miró a Amelie, le sonrió y le dio un abrazo que fue correspondido en tiempo e intensidad.
–Ten unas lindas fiestas –le susurró Amelie.
–Tú igual. Mándame fotos con tu disfraz de elfo, por favor.
–¡Por supuesto que sí! –dijo Amelie cuando ya se hubieron separado–. Y tú mándame fotos de tus cupcakes, por favor.
–Prometo que te traeré unos cuantos.
Blossom estrechó las manos de su amiga antes de despedirse y caminar hacia el aparcamiento norte de la universidad. Pasó frente a la gran casona antigua, la facultad de derecho, su facultad, y sonrió de solo pensar que pasó el primer semestre con un rotundo éxito. Se sintió orgullosa de sí misma. Cuando volvió la vista al camino, pudo ver a su tío Jeff, con una notoria barba, su camisa blanca y unos pantalones marrones. Él alzó un brazo y empezó a trotar hasta su sobrina.
–¡Tío! –exclamó la chica antes de ser recibida por los cálidos brazos de su familiar.
–Bloss, pequeña –dijo Jeff–. Tanto tiempo sin verte, mi niña querida –se alejó un poco para observar de mejor manera a su sobrina–. ¿Te alimentas bien? Te veo más delgada y eso no me gusta.
–He tenido problemas con la alimentación, no te voy a mentir, pero ya me pude ordenar bien, te lo prometo –dijo la chica al momento en que Jeff tomaba la maleta.
–Tu tía va a pedir que le explicites tu plan de comidas, y yo también.
Cuando llegaron al vehículo, Caroline salió del asiento del copiloto, estaba con un largo abrigo gris, su cabello estaba atado en un bollo con una rosa de adorno, tenía una sonrisa que resaltaba más por el potente labial rojo que se había aplicado, se acercó a la muchacha y la abrazó cálidamente.
–¡Querida mía! –dijo la mujer–. ¡Estaba ansiosa por verte! Te ves más madura –dejó se abrazarla y pasó a besarle la mejilla, posterior a ello limpió la marca de labial con su pulgar–. Y más delgada, eh.
–Le dije lo mismo –habló Jeff antes de cerrar el maletero–. Nos tiene que decir exactamente cuál es su plan de comidas.
–Ya, ya, vamos, vamos –Caroline le abrió la puerta trasera–. Entra, cariño, hace frío y quiero que nos demos prisa antes de que nos topemos con el atochamiento.
Blossom hizo caso, dio las gracias a Caroline por el gesto, dejó su bolsa roja en el asiento vacío a su lado, se colocó el cinturón de seguridad y Jeff emprendió el viaje de vuelta a Townsville. La chica estaba ansiosa y se ponía cada vez más nerviosa. Veía por la ventana cómo se iba alejando de las facultades, y luego del edificio principal de la universidad se hacía más pequeño conforme se alejaban del lugar. Caroline no dejaba de hablar sobre el plan que tenían para las fiestas de fin de año, además de recalcar que su tía, Karen, estaba requiriendo de mucho cuidado últimamente y que ella se lo estaba brindando.
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La casa de los Keane estaba siendo adornada por Buttercup, y aunque la chica no se encontraba encaramada en el techo colocando las luces, era quien decidía en qué lado se pondría cada adorno. La chica estaba usando un sweater blanco cuello tortuga, unos jeans y unas botas de agua, puesto que en la noche anterior había caído un poco de lluvia.
–¡Baja un poco esa parte! ¡Lo estás haciendo mal! –exclamó la chica.
Jeff estacionó frente a su hogar, pero Buttercup no se percató de la llegada del auto, estaba muy pendiente de dar instrucciones a su asistente. Un chico estaba encaramado en el techo y trataba de seguir las indicaciones de la chica al pie de la letra, pero tenía miedo de moverse mal y terminar en el piso con fracturas.
–¡Sigue muy alto! ¡Bájalo un poco más! –exclamó Buttercup, frunció el ceño e hizo gestos con su mano–. ¡Tiene que formar una curva!
–Yo sabía que serías tú la encargada de la decoración de la casa.
Buttercup se sobresaltó al escuchar la voz de su hermana, se giró violentamente y, al verla sonreír, se lanzó a los brazos de ella, siendo recibida con entusiasmo y la misma intensidad que le estaba brindando a su hermana mayor. Gritaron de emoción, ambas, bajo la tierna mirada de su tío y de Caroline, quien decidió desviar la mirada hacia el chico que estaba colgando las luces. Entrecerró los ojos y negó con la cabeza.
–¡Hijo! –exclamó–. ¡Te está quedando chueco!
–¡Ugh! ¡¿Tú también, mamá?!
Blossom y Buttercup miraron a Boomer, que seguía en el techo, recostado, intentando colocar de manera precisa las luces. Él se dio cuenta de la presencia de la mayor de las Utonium y se enderezó, con sumo cuidado, y alzó uno de sus brazos, el cual movió de lado a lado.
–¡Hola, Blossom!
La chica se dio cuenta de que Boomer estaba mucho mejor que la última vez, había recuperado peso, el color de sus mejillas y el brillo de sus ojos. Le daba dicha verlo tan repuesto. Se separó de su hermana, pero seguía sosteniendo sus manos. Le sonrió a Boomer, mientras lo veía bajar por la escalera, hasta que lo tuvo frente a ella, soltó las manos de su hermana y abrazó al chico, quien la levantó del piso, como si estuvieran dando brinquitos. Blossom pudo darse cuenta de que tenía los músculos bastante trabajados.
–¡Te extrañé! –dijo el chico.
–Yo también a ti –respondió ella cuando volvía a dejarla en el piso.
–¿Qué tal la universidad? –preguntó él, pero antes de que ella le respondiera, Jeff intervino.
–¿Por qué no mejor entramos? Mi sobrina debe tener hambre y frío. Boomer, Buttercup, ustedes también entren. Después del almuerzo les ayudo con los adornos.
Caroline ya había entrado en la casa, dejando la puerta abierta. Boomer recibió el bolso de Blossom, Jeff entró con la maleta, mientras que Buttercup agarró a su hermana por el brazo y entraron juntas a la casa, siendo la menor de las dos la que cerró la puerta tras ellas. Blossom sintió el calor familiar, además del potente y delicioso olor que venía de la cocina. Jamás podría confundir el aroma del puré de patatas ni las verduras asadas, sobre todo cuando había extrañado tanto la mano de su tía.
–¡Tía Karen! –exclamó Buttercup–. ¡Ya llegó!
Sin embargo, la primera persona en salir de la cocina no fue su tía, sino que Bubbles, que usaba un delantal negro que tenía restos de harina, tenía su cabello tomado en un bollo único, dejando escapar algunos mechones, no tenía ninguno de los nuevos aretes de argolla a los que se había hecho adicta, tampoco ningún brazalete. Al ver a su hermana, sonrió, apurada se quitó el delantal, lo dejó sobre el sofá y corrió a abrazar a Blossom. El griterío no se hizo esperar, es que la euforia del reencuentro después de seis largos meses era tal que las tres hermanas empezaron a hablar al mismo tiempo, casi nada podía entenderse.
–¡Oh, mi! –escucharon la voz de su tía desde la cocina–. ¡Niñas, tranquilas! Entre gritos no se entiende nada.
La figura de Karen apareció en escena, tenía su cabello amarrado, tenía puesto un delantal negro, como el de Bubbles, solo que sin harina, sobre su chaleco rojo, ocupaba unos jeans adaptados especialmente para ella, puesto que no eran apretados en el vientre, y es que los siete meses de embarazo que tenía eran notorios. Al ver a su tía, Blossom pasó de lado de sus hermanas y recibió el cálido de abrazo de la mujer que se había convertido en otra figura materna, y que, aunque no fuera al cien por ciento en el aspecto físico, le recordaba a su madre.
–Estás delgada –dijo la mujer, provocando la risa de Blossom, Caroline y las estruendosas carcajadas de Jeff–. ¿Se puede saber qué es lo divertido?
–Caroline y el tío Jeff me dijeron lo mismo. Él también dijo que me pedirías el plan de comidas.
–Ah, y está en lo correcto, señorita –dijo la mujer, alejándose un poco de ella–. Y apenas terminemos de almorzar, te lo pediré con lujo de detalles –miró a sus sobrinas, luego al sonriente Boomer, se fijó en que Caroline parecía estar revisando algo muy importante en su celular y su esposo acomodaba la maleta y el bolso de su sobrina en un extremo del sofá, cerca del árbol de Navidad que estaban por armar–. ¿Butch todavía no llega?
–El manco ese dijo que iría a la compra –suspiró Buttercup–, pero tal vez se fue a Megaville, porque se fue hace más de dos horas.
–Aww, ya lo extrañas, ¿no? –molestó Boomer, ganándose un codazo por parte de la chica–. Perdón.
Bubbles se acercó a su novio y le propició un par de caricias a modo de darle calma, pero lo miraba con cierto reproche, y es que ya sabía qué tipo de reacciones tenía Buttercup cuando la molestaban con Butch, a pesar de que estuvieran saliendo oficialmente hace ya medio año. Karen rodó los ojos, sonrió y le señaló la escalera.
–Puedes ir a la habitación, acomódate, hija, comeremos cuando Butch llegue.
Blossom asintió con la cabeza, Buttercup reaccionó primero para ir a tomar el bolso de su hermana, mientras que Boomer se ofrecía a tomar la maleta y llevarla al segundo piso. Bubbles guio a su hermana, aunque ella ya conocía la habitación que tenía destinada, ya la había utilizado, recordaba la sensación de estar escapando y encontrar refugio en la casa de sus tíos. Ahora no encontraba refugio, era su hogar, la casa de sus tíos era definitivamente su nuevo hogar.
–Acomódate –le dijo Bubbles–, yo volveré a la cocina, tengo que poner a enfriar la masa de galletas.
Buttercup y Boomer dejaron las pertenencias de Blossom en la habitación y la dejaron sola, dándole un poco de privacidad que le hacía falta. Dispuso de los objetos dentro de su bolso rojo en la mesa de noche, otros, como los libros que traía de vuelta –puesto que ya se los había devorado en su rato libre entre clases–, los dejó sobre la cama, antes de poder guardarlos donde correspondía. Sacó su ropa, dejó una muda a los pies de la cama y su pijama la colocó bajo la almohada. Estuvo quince minutos aproximadamente ordenando, escuchaba el ruido y las conversaciones de su familia, como la discusión que estaban teniendo Boomer y Buttercup, ya que él seguía molestándola con Butch, aparentemente la chica estaba haciéndole guardia mirando por la ventana, además, Boomer le hizo el comentario: "de seguro quisiste que colocáramos las luces para ver en qué momento el desgraciado ese llegaba". Definitivamente, Boomer no le temía a la muerte.
Se sentó en la cama y tomó uno de sus libros y golpeteó el lomo con sus uñas. Relamió sus labios antes de ponerse de pie y empezar a acomodarlos en el librero. Escuchó que la puerta se abría y que la conocida voz de Butch se hacía escuchar.
–¿Dónde está mi linda novia? ¿Me extrañaste tanto como para estar mirándome por la ventana?
–¡Boomer! –exclamó su hermana–. ¡Eres un desgraciado!
Pudo escuchar las risas, pensó que ya sería momento de bajar y compartir con los demás, pero antes fue a correr las cortinas que estaban levantadas. Bajó el cortinaje y lo ató con el lazo para ello, miró por la ventana y se dio cuenta de que Boomer y Butch llevaban bolsas en sus manos. Miró con atención a Butch, se dio cuenta de que tenía el cabello más largo, no lo tenía atado y le llegaba un poco más debajo de la zona de la clavícula. Contaba, ahora sí, con una perforación en el labio inferior, al lado derecho, se notaba cuando sonreía. Ya no tenía la mano con todas esas vendas que tuvo que usar después de la operación por el impacto balístico, pero sí ocupaba una protección para evitar cualquier tipo de infección, aunque ya estaba segura de que no era necesario que la usara. Escuchó el sonido que hacía el maletero cuando lo cerraban, y al mirar, sintió su corazón acelerarse, y unas ansiosas ganas de llorar.
Brick echó su cabello hacia atrás, lo había recortado la última vez que lo vio, lo tenía más corto que Butch. Parecía más alto y más musculoso que antes, y eso se debía a que pudo recuperar su rutina de entrenamiento, además de que la chaqueta abultada que estaba usando podría estar ayudando a que pensara eso. Sin embargo, la atención de la chica estaba en otra cosa, y eso era el parche negro que estaba usando en su ojo derecho, el cual había perdido totalmente, ya que no tenía visión.
No lo decía en voz alta, se lo guardaba para sí misma, pero ver ese parche, o el ojo, le provocaba una sensación de culpa tremenda, incluso cuando ella no era culpable en lo absoluto. Recordaba el proceso por el que tuvo que atravesar el chico, la rehabilitación fue horrible por los constantes dolores de cabeza y mareos que tenía, puesto que el mantener el equilibrio con la visión única de un ojo era difícil. Brick había tenido bajones anímicos severos, pero con el apoyo de su familia, y de su incondicional novia, los pudo afrontar.
Blossom estrechó su dije de "B", hizo un pequeño puchero, pero tomó una gran bocanada de aire que la ayudó a relajarse. Tragó saliva y se dispuso a salir de la habitación. No quería parecer desesperada, así que fingiría tranquilidad, cuando en realidad quería lanzarse a los brazos de Brick y comprobar, de primera fuente, si de verdad estaba más tonificado o no. Pero al ir bajando la escalera, notó que el resto se había dirigido al comedor, ayudarían a poner la mesa para poder almorzar, Caroline había salido para atender una llamada, escuchaba la conversación de sus hermanas y los chicos en el comedor, además de sentir que sus tíos estaban en la cocina. La figura de Brick estaba en la puerta, algo perplejo, se quitaba la chaqueta para colgarla en el perchero. Blossom bajó a paso lento, Brick no apartaba la vista de ella.
–Bienvenida –dijo él, acercándose a la escalera.
–Gracias –respondió bajando el último escalón, quedando frente a él.
Se quedaron mirando, Brick parecía algo avergonzado, todavía, por su apariencia. Blossom dio un par de pasos para romper la distancia que los separaba, lo tomó por las mejillas e hizo que la mirara. Brick se dejó llevar por ella, pero su mirada no le correspondía. Blossom acarició el pómulo derecho de su novio con el pulgar, de manera lenta y delicada, sabía que, si bien no le dolía, su aspecto le afectaba y ahora mismo podría estar sintiéndose incómodo.
–Sigues estando igual de bonito –le dijo antes de acercarse para darle un beso en la mejilla derecha.
–Yo debería decir eso de ti –respondió Brick, sonriendo–. Siento, además, que te extrañé tanto durante todo este tiempo, que verte me parece todavía un sueño –susurró–. Y espero que no sea un sueño, no creo poder soportarlo por séptima vez.
–¿Séptima? –preguntó Blossom sonriendo–. ¿De verdad ya has soñado seis veces con verme de nuevo?
–Sí –asintió con la cabeza–, y siempre despierto cuando estamos a punto de… –y calló.
–¿De…? –inclinó un poco su cabeza.
No se habían alejado, ella seguía posando sus manos en las mejillas de su novio, y este, de a poco, acercaba las suyas para tomar las de ella y estrecharlas, sintiendo el calor que había estado añorando por bastante tiempo. Brick relamió sus labios, negó levemente con la cabeza antes de soltar un poco de aire en un suspiro y hablarle a la chica.
–Ya sabes…
Blossom sabía a lo que se refería, también sabía que Brick se ponía nervioso de demostrar lo que son en público, sobre todo con la familia cerca, pero como no había nadie cerca, quiso aprovechar y tomar la iniciativa. Se acercó un poco más, alcanzó a rozar los labios de su novio, pero…
–¡Chicos! Oh, perdón.
Ambos pelirrojos se sobresaltaron, se miraron a los ojos y luego miraron a un avergonzado Butch, quien cubría su rostro dejando solo a la vista su boca. En un segundo, separó dos dedos de una de sus manos para poder echar una ojeada a su hermano y cuñada, al notar que seguía siendo observado por ambos, volvió a cubrir su vista.
–Escuchen, pueden seguir con esto, pido disculpas, como ya se pueden imaginar, soy un experto arruinando momentos, es algo que acabo de descubrir –decía Butch–. ¿Les parece si dejan su romance para después? Blossom, entiendo que tienes hambre, y mira, coincidentemente yo también, estoy seguro de que Brick también tiene hambre, de los dos tipos de hambre que te puedes estar imaginando.
–Idiota –dijo Brick, alejándose un poco de su novia.
–¿Acaso miento? –Butch inclinó su cabeza hacia un lado, no descubría sus ojos–. Blossom, ¿no tienes hambre?
Blossom rio por lo bajo, tomó la mano de Brick y, con su mano libre, señaló a su cuñado.
–Vayamos a comer, después tendremos tiempo para nosotros –le sonrió cálidamente–. Extendamos más tu sueño, ¿sí? Si es que llegase a ser uno.
–¿Puedo descubrirme los ojos ya? –preguntó Butch.
–Sí, sí, idiota –dijo Brick, estrechó la mano de su novia y se dirigió al comedor–. Ahora, apúrate tú también.
–Ahora sí puedo decirlo –suspiró Butch luego de suspirar y caminar tras la pareja–. Me alegra mucho verte, Blossom.
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Durante la tarde, Buttercup y Boomer terminaron de poner las luces, con ayuda de Jeff, quien estaba demasiado preocupado, no quería que ninguno terminara con alguna herida producto de un mal movimiento, o bien, terminaran discutiendo porque no se ponían de acuerdo con respecto al luego de luces que querían colocar en cada sector en específico, asimismo con los adornos como las farolas alrededor del camino, la figura de Santa, los duendes, letreros, en fin, eran demasiados adornos, la casa quedó totalmente ambientada según la época.
El olor dulce por las galletas de Bubbles inundaba la casa, así como también ese aroma a chocolate que estaba preparando Blossom, esa bebida particularmente espesa que había estado pensando hacer desde que Amelie se lo enseñó luego de haber tomado la clase de pastelería –para reponer créditos que había tenido pendientes desde hacía unos semestres atrás.
Caroline había estado de visita, pero luego del almuerzo tuvo que irse rápido para la fiscalía, puesto que estaba trabajando en otro caso y, debido al éxito que tuvo la misión, Stewart la recomendó como apoyo del servicio secreto, actualmente se encontraba dirigiendo la agencia de su difunto esposo. La mujer se mostraba fuerte, pero llegada las fiestas de fin de año, se dio cuenta de que Tyler le estaba haciendo una enorme falta. Ya arriba del auto, camino a la fiscalía, relamía sus labios, respiraba profundamente para relajarse, pero su labio temblaba y su rostro se tensaba; era inevitable, iba a llorar. Al menos estaba a solas, y podía disfrutar de ese momento con sumo gusto.
Karen se había sentido cansada, así que, luego de compartir con sus sobrinas y los chicos, se fue a descansar, en compañía de su esposo, quien ya, en lo poco que le quedaba antes de dar a luz a su bebé, no se le despegaba y hacía de todo para hacerla sentir cómoda. La verdad era, también, que quería darle un poco de intimidad a sus sobrinas. Confiaba en que no le faltarían el respeto a la casa, su hermana y cuñado las habían criado de tal forma que eran respetuosas con el espacio y lugar en el que se encontraban; luego de todo lo acontecido, ellas habían aprendido otras lecciones al respecto.
Bubbles y Boomer estaban jugando ajedrez, Boomer llevaba tres de cuatro partidas ganadas, y estaba por ganar la cuarta, completando así las cinco partidas que habían planeado, estaba a dos jugadas de Bubbles para poder acorralar al rey. La chica limpiaba su boca del resto de migajas que le quedaron por comer de sus galletas e iba a ser el movimiento para tomar el alfil de Boomer con su torre, pero eso le dejó el camino despejado hasta el rey, y cuando ella se dio cuenta, Boomer ya había movido a sus dos caballos y, solo le bastó con mover al rey para acorralarlo.
–Jaque mate –dijo el rubio, la chica suspiró–. Más suerte para la próxima.
–No se vale –respondió ella–. A Butch le gané tres veces seguidas.
–Butch no es tan diestro en el ajedrez, ya te lo había dicho.
Bubbles hizo un puchero antes de deslizarse un poco en la silla. Habían estado en silencio en la cocina, no se escuchaba ruido alguno en los alrededores, solo los leves ronquidos de Butch y Buttercup, que se quedaron dormidos mientras se acurrucaban en el sofá, cubiertos con una frazada que les colocó Brick antes de irse a la terraza trasera con Blossom.
Boomer corrió un poco su silla hacia atrás, extendió los brazos y le pidió a Bubbles, con ese simple gesto, que se le acercara. La chica sonrió, aceptó la invitación, se sentó en el regazo de su novio y, tomándolo de la barbilla, lo besó. Fue un contacto suave, lento, no pensaban ser más frenéticos al respecto, era un momento de privacidad que no querían arruinar por hacerle caso a unas hormonas.
Cuando se separaron, Bubbles acarició la barbilla de Boomer antes de depositar un par de besos más en sus labios. Boomer rodeó de mejor manera a su novia, ella terminó acomodándose, intentando, sin mucho éxito, apoyar su cabeza en su hombro. Estuvieron en silencio, disfrutando el calor corporal del otro mientras percibían el persistente aroma azucarado en el ambiente. Boomer quería preguntarle algo, pero no sabía si ella iba a responder, si iba a querer hablar del tema. Y es que, desde el día de la captura de Jim y sus secuaces –los que quedaron vivos–, había tenido que agendar una cita con el doctor, porque necesitaba urgentemente de atención psicológica, creía que se estaba volviendo loco, cuando solo estaba recuperando sus memorias que se habían perdido. Durante el tiempo en que había "vuelto a la vida", y sus memorias se habían ido a un recóndito lugar de su interior, Bubbles permaneció a su lado, siendo increíblemente amigable, siempre se percató de que su corazón latía cuando la veía y se sentía incómodo, pero lo relacionó con el trabajo que se le había encargado a hacer, nada más, considerando esas sensaciones como una respuesta a esos recuerdos que mantenía. Cuando, por fin, recobró la memoria, se dio cuenta de que esas sensaciones estaban ligadas a la historia de amor que habían mantenido, y que Bubbles, definitivamente, era la mujer más paciente y dedicada del mundo.
–¿Te hice sufrir mucho? –preguntó sin más.
–¿Eh? –susurró Bubbles, alejando su cabeza para mirar al rostro de Boomer sin ser correspondida–. ¿Qué dijiste?
–Que si te hice sufrir mucho… –bajó el volumen de su voz, tenía la mirada perdida en algún punto del piso–. Dime, cuando me viste de nuevo…
–No sigas –interrumpió la chica, se puso de pie y, para la sorpresa de Boomer, lo miró molesta–. ¿Por qué es que insistes en hablar del tema?
–Porque es importante, ¿no crees? –Bubbles bufó, rodó los ojos y se cruzó de brazos, Boomer frunció levemente el ceño–. Bubbs, es algo importante, tenemos que hablarlo.
–No siento que sea tan importante como para hablarlo, Boomer, en serio.
–¿Por qué no?
–¿Por qué es que tú quieres hablarlo?
Bubbles estaba molesta, definitivamente molesta, y Boomer estaba experimentando algo parecido a la culpa por el daño que le había provocado. Él mantenía la cabeza gacha, entrelazó los dedos de sus manos y levantó un poco los hombros, incómodo y algo avergonzado. Bubbles dejó de cruzar los brazos, pero seguía mirando molesta al chico, suspiró pesado, suavizó un poco su mirada, se agachó y posó sus manos sobre las de él.
–Boomer –llamó–, eso ya pasó, no tienes por qué atormentarte. ¿No te lo dije en su momento, también? No estabas consciente de que me estabas dañando, y tampoco es como si lo estuvieras haciendo –estrechó las manos del chico, haciendo que él dejara de entrelazar sus dedos para tomar las manos de su novia y acariciarlas con el pulgar–. Además –siguió diciendo–, ¿no crees que valió la pena la espera? Ahora estamos aquí, juntos, y viviendo nuestras vidas en paz, ya no tenemos que escondernos ni nada.
–Pero…
–Pero nada, Boomer –le tomó el rostro–. Ay, no llores.
–No me malentiendas –se alejó del tacto y enjugó sus lágrimas–, es que, siento –su voz se quebraba–, ¡siento que no te merezco! Tú tan comprensiva, tan dulce, siempre estuviste ahí para mí, actuando como si nada, como si no te doliera.
–Deja el tema ya, Boomer, quizás podamos hablar de eso más adelante, ¿sí? No ahora, no tengo ganas.
–¿Lo prometes?
–Te lo prometo, Boomer. Tenemos toda la vida por delante –le sonrió.
Boomer la miró un momento, luego la tomó de la nuca y se acercó para volver a besarla. El sonido que produce un beso al romperse se hizo presente, se alejaron el uno del otro, pero solo para que Bubbles pudiese volver a acomodarse en las piernas de Boomer. Estuvieron en esa posición y en silencio un par de minutos, hasta que ella le habló:
–¿Te parece si me ayudas a envolver unos regalos?
–De acuerdo, de paso, me ayudas con los míos.
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Blossom le mostraba y explicaba a Brick las anotaciones que tenía en su planner y cómo ya estaba llenándolo con cosas antes de iniciar el semestre. Le explicaba los horarios, que estaba repitiendo a una profesora bastante desagradable en la continuación de una cátedra, pero que, a fin de cuentas, era la mejor en esa disciplina. También le explicó que añadió otra actividad extracurricular a su horario, la misma de Amelie, así que después él y la familia tendrían que ser los sujetos de prueba con respecto a sus preparaciones.
–La universidad no se te hizo tan pesada, ¿o sí? –preguntó Brick.
–Académicamente sí… y a la vez no, solo me costó empezar a seguirle el ritmo. Los horarios y esas cosas sí que fueron complicados, bajé de peso porque no me alimentaba bien y dormía poco, pero ahí es donde entra Amelie, ella fue un apoyo en cuanto empecé a establecer hábitos.
Brick le sonrió, pero se quedó en silencio, relamió sus labios y desvió la mirada. Blossom sabía que algo le pasaba, y no era tonta, sabía de qué se trataba. Él continuaba formando parte de la agencia de su padre, así como sus hermanos, solo que a él le correspondía el lugar de vicepresidente y el cabecilla de la brigada, sin embargo, el problema de Brick no era el trabajo que estaba ejerciendo, era su apariencia, su jodida apariencia. El parche en el ojo perdido solo hacía que la gente lo mirara feo, algunos con asco, y claro, no faltaban los morbosos. Las bromas, cuando venían de sus hermanos, no le afectaban, de hecho, se lo tomaba con gracia, adoraba la idea de disfrazarse de pirata en Halloween o de seguirle el juego a Butch con que hiciera cosplay de Kaneki en la primera temporada del anime al que pertenecía. Pero cuando escuchaba comentarios de un extraño, Brick se molestaba, y a Blossom no le cabía duda, también se sentía horriblemente mal consigo mismo.
–Te sigue afectando, ¿no es así? –preguntó la chica.
–¿Qué cosa? –se hizo el desentendido, claro que sabía a lo que se refería.
–Tu ojo.
–Ah –miró el patio, que se separaba de ellos por una mampara de vidrio, protegiéndolos así del frío–. Mira, no voy a engañarte, sé que es imposible –Blossom sonrió levemente–, y la verdad es que lo he estado aceptando de a poco.
–¿Sí?
–Sí –la miró a los ojos–. Definitivamente, al principio, no podía ni siquiera mirarme al espejo, me mareaba, no podía caminar –alzó las cejas al suspirar–. Luego, ese repudio al espejo era por mi nueva apariencia. Sin el parche no me siento cómodo, me veo horrible. Al cubrirlo, al menos, tengo una apariencia más llamativa –rio flojo–. ¿No crees que también podría considerarla una herida de guerra? No es que esté orgulloso de los conflictos bélicos, pero es que eso es, una herida de guerra, al fin y al cabo. Cuando pienso en que mi apariencia es horrenda, recuerdo el sacrificio por el que perdí mi ojo. Era eso, o que, en un giro de acontecimientos, Jim hubiese podido escapar. ¿Qué es un ojo en comparación con vidas? No es nada, Blossom, absolutamente nada.
Sus manos estaban tomadas, Brick acariciaba la de la chica con su pulgar. Ella, en tanto, pensaba en que él tenía razón, pero no podía evitar sentirse afectada por lo sucedido. A veces cometía el error de compararlo con Butch, pero él puede mover su mano, solo que tiene que tener cuidado por si la herida se vuelve a abrir, y es que las heridas de bala son difíciles de sanar, pero no imposibles, él se encontraba mejor, solo tenía precaución a la hora de hacer fuerza con la mano, tenía pensado esperar por lo menos seis meses más antes de hacerlo. Brick no podía hacer eso, él no tenía la posibilidad de volver a ver por ese ojo, perdió la visión en su totalidad, y su recuperación era aprender a vivir con ello. Se angustiaba al pensar en cómo era estar en sus zapatos, mas cuando lo veía, haciendo de su vida lo más normal posible, recordaba la fortaleza mental que poseía el chico.
–Brick.
–¿Mhmm?
Sin previo aviso, lo besó. Brick respondió inmediatamente, cerrando los ojos y estrechando la mano de la chica. Al separarse, mantuvieron sus ojos cerrados, y volvieron a besarse. Cada segundo que pasaban, en contacto con el otro, lograba calmar la ansiedad que tenían. Y es que recién se habían dado el "beso de saludo", ese que Butch les había interrumpido. Cuando ya se separaron, nuevamente, Brick desvió la mirada hacia el pino del patio trasero, que estaba rodeado con las farolas que funcionan con luz solar, y sonrió soltando un poco de risa.
–¿Qué te parece divertido?
–Cada vez que nos besamos, en mis sueños, es cuando me despierto –confesó y se empezó a reír–. ¡Y ahora no pasó!
La risa de Brick tenía un toque de nerviosismo, Blossom negó con la cabeza mientras sonreía, palmeó la espalda de su novio y esperó a que se dejara de reír, aunque ella también rio un momento, porque le pareció divertida la forma en la que Brick disimula sus nervios. Cuando él volvía a acomodarse en su asiento, apoyó ambas manos sobre la mesa de vidrio y suspiró fuertemente. Ella aprovechó esa instancia para volver a tomar la mano de su novio sin alterar la posición en la que se encontraba.
–Durante todo este periodo de fiestas –empezó a decir Blossom–, no te despertarás cuando me beses.
–Ah –sonrió él–, creo que, entonces, aprovecharé cada instancia para besarte, porque después te irás a la universidad por otro semestre, y volveré a tener esos sueños.
–¿Me besar-?
Fue interrumpida por los labios de Brick, obteniendo así una respuesta a la pregunta que no pudo formular.
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Buttercup despertó de esa siesta, con su mano derecha tocó sus labios, checando si había rastro de saliva en ella, pero nada. Levantó su cabeza del pecho de Butch, lo miró y tuvo que aguantar una risotada que le provocó la pose de él: la boca abierta, el cabello le cubría los ojos y se escuchaban unos leves ronquidos. Con sigilo, intentó tomar su celular que mantenía en el bolsillo de su hoodie, abrió Instagram y empezó a grabar un video, pero a los tres segundos de grabación, Butch habló:
–¿Crees que no me he dado cuenta?
Buttercup dejó de grabar en el acto y bloqueó la pantalla del móvil, luego volvió a ver a Butch, que se estaba despejando el rostro y pasaba a limpiar su comisura derecha. La chica se acomodó en su asiento, junto a él, mientras que él se reía por lo bajo.
–Idiota, me asustaste.
–Ah, perdón –ironizó Butch–, ¿sufriste mucho?
–No.
–Entonces de qué te estás quejando –pasó ambas manos por su rostro–. ¿No ves que estaba durmiendo? Abusaste de tu posición para hacer burla de mí, o, al menos, esa era tu intención.
–No exageres –bufó la chica.
–Al menos, dime, ¿mi pecho fue reconfortante? ¿Dormiste bien?
No le respondió, le dio la espalda y desbloqueó la pantalla de su teléfono, el video seguía ahí. Sabía que Butch no tardaría en inclinarse sobre ella, le intentaría arrebatar el aparato para poder borrar el video, así que, solo lo etiquetó, lo más rápido que pudo, y publicó el video en sus redes sociales. Sintió los brazos del chico rodeándola, se dejó abrazar y luego lo miró, girando solamente su cabeza.
–¿Y bien? –insistió él.
–He tenido mejores almohadas.
–Ah, ¿sí? –Butch arqueó una ceja–. Pues, vale, lo siento por ti, pero tendrás que conformarte conmigo por ahora.
–Meh, creo que puedo manejarlo.
–Música para mis oídos –murmura Butch antes de dejarle un beso, un largo beso en la mejilla.
Buttercup no solía reaccionar mucho a las muestras de afecto, Butch sabía ello, a veces se mostraba muy incómoda cuando se trataba de asumir lo que estaba sintiendo en el momento en comparación a las instancias en que estaban a solas, solía decirle que lo quería, le daba besos y le decía que lo quería –siempre y cuando él lo hubiera dicho primero. Lo que el chico no sabía, era que ella estaba pensando que, tal vez, debía comportarse más como sus hermanas, y es que después de todo ese horrible conflicto, ellas se mostraban abiertamente enamoradas, y lo decían, sin más, sus relaciones parecían fuertes, se veían bastante cómodas, pero ella era esquiva a cualquier muestra de afecto en público, trataba a Butch de idiota –aunque muchos coincidían en eso cuando lo decía–, con suerte le permitía caminar tomados de la mano, no le daba muchos besos, al menos no formaban parte de su iniciativa, entonces, hace un tiempo, que la idea de Butch terminándole por esa actitud fría y distante invadía sus pensamientos, jugándole una mala pasada a sus inseguridades.
–Me encanta esto –le susurró el chico.
–¿Qué cosa?
–Que me pongas un desafío cada vez que te intento demostrar lo mucho que te amo –volvió a darle un beso–. No dejes que muera la llama, por favor.
–¿Hablas en serio? –entrecerró sus ojos, sabía que no le estaba mirando, pero necesitaba expresar su incredulidad con su rostro.
–¿Y por qué razón mentiría? –se extrañó Butch–. ¿Cómo fue que empezamos a gustarnos?
–Intentaba ser sociable.
–Lo sigues siendo, al menos conmigo.
–Pero soy muy esquiva –apretó sus labios.
–¿Y? ¿Eso se supone que es nuevo? Fue lo que me enamoró de ti, en primer lugar, tu actitud.
No le dijo nada, se acomodó mejor para que Butch pudiera abrazarla más cómodo. ¿Cómo sabía que estaba pensando en algo así? Quizás fue solo coincidencia, no lo sabía, sin embargo, le encantó que él supiera, definitivamente, qué decir justo en ese momento. Pero quiso asegurarse de algo, y solo iba a hacerlo si se lo preguntaba en voz alta.
–¿Y si demostrara más lo que siento por ti?
–¿Qué?
–Eso, Butch, ¿y si empezara a decirte lo mucho que te amo, a darte besos cuando estemos en la calle, tomarte de la mano sin problemas? Así como lo hacen mis hermanas con tus hermanos.
Él se quedó en silencio, Buttercup giró un poco su cabeza para verlo mejor, y notó que él se mostraba dubitativo. Apretó nuevamente los labios y esperó por una respuesta, él la miró, estaba serio, muy serio.
–¿De verdad lo harías? –ella asintió–. Uhm…, no, me niego.
No le dio posibilidad para responder, porque empezó a darle cortos y rápidos besos en los labios. Ella los recibió con gusto, intentó responderlos, pero Butch era más rápido en darlos, así que se le hizo un poco difícil. Cuando se detuvo, le sonrió y eso provocó que Butch le robara otro beso, pero uno más largo.
–Buttercup –le dijo–, no tienes que cambiar nada, ni demostrar nada, porque yo sé lo que sientes por mí. Desde que juré protegerte, aprendí a conocer tus facetas, todo de ti, el lazo que establecimos tú y yo fue especial, en circunstancias de mierda, pero fue especial. Ahora estás libre, puedes ser lo que quieras sin miedo, yo no me alejaré de ti a menos que me lo pidas.
Lo miró fijamente a los ojos, luego pasó a ver la perforación que se hizo, el cambio de look le había sentado muy bien, se veía todavía más guapo que antes. No pudo evitar sentir que se le calentaban las mejillas, bajó la mirada y escuchó la risita de su novio. Butch colocó un mechón de cabello tras su oreja y pasó a besar su frente.
–¿Tú estás más tranquila? –le preguntó.
–Sí –respondió–, a estas alturas, no tengo por qué preocuparme, solo rendir en la escuela.
–Y postular a la universidad.
–Y postular a la universidad –repitió Buttercup, sonriéndole–. Es lo único que me preocupa.
–Sabes que me tendrás siempre a tu lado, ¿no? –con su mano herida, tomó la de la chica y la besó.
–Más te vale –pidió–, no quiero que te alejes de mí. Escucharé kpop contigo, y veré anime, quizás no sea fan, pero estaré compartiendo tus gustos, así como lo haces tú con los míos, cuando me ayudas a practicar vóleibol, incluso siendo tan malo –se burló.
–Después de haber dado mi vida por tu seguridad –murmuró acercándose a sus labios–, ¿crees que querré alejarme de ti?
Y fue ella la que lo besó, pasó sus brazos por sus hombros para rodear su cuello, él le rodeó la cintura y se dejó guiar por la chica.
–Te quiero –le dijo, separándose por un solo segundo del beso.
Él no le respondió, pero mantuvo los ojos abiertos hasta que lo volvió a besar. Esa declaración lo estaba tomando de sorpresa, y si bien quería decirle que le correspondía sus sentimientos, el hacerlo podría arruinar el momento. Últimamente estaba teniendo detalles por parte de ella, le tomaba las manos, le ayudaba a colocarse las vendas, y le dejaba cepillarle el cabello.
Se separaron del beso al escuchar una puerta abrirse, luego las voces de Boomer y Bubbles se hicieron oír, discutían que necesitaban más cintas y papel de regalo. Se acomodaron y Butch se aseguró de cubrir a su chica con la manta. Miró a la escalera y vio a su hermano entrecerrando los ojos, mientras que Bubbles enumeraba la lista que debían comprar en la librería del centro de la ciudad.
–Te quiero, Butch –le volvió a decir–. Planeo decírtelo más seguido, al menos por esta temporada.
Butch inmediatamente miró a su novia y le dio un beso en la cabeza.
–Amo la Navidad, entonces –le murmuró, ganándose un codazo.
–No digas eso, o te corto la mano.
–Ah, claro, quieres tener una razón verdadera para llamarme manco, ¿verdad? Dios, ¿qué hice para merecer a la mejor novia del mundo, pero, al mismo tiempo, tan violenta?
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La lluvia era débil, las tres estaban con un paraguas cada una, el aroma a la tierra mojada era potente, había estado lloviendo toda la mañana y ya ahora había disminuido la intensidad. Buttercup dejó el primer ramo de claveles rojos y blancos, luego de ella, Bubbles dejó el ramo de jacintos y romero, para que, al final, fuese Blossom la que dejara las rosas rojas sobre la tumba de sus padres. El leer el nombre de su padre era abrir una herida que todavía no sanaba, pero ahora no estaba solo el de él.
Sara Marie Utonium
23.05.1979 – 03.02.2016
Estuvieron en silencio, escuchaban las débiles gotitas de lluvia sobre sus paraguas, Bubbles arreglaba su bufanda mientras que Buttercup tenía ambas manos en su abrigo, sujetando el paraguas presionándolo con su brazo contra su cuerpo. Cada una trataba de ahogar la tristeza que sentía, intentaban comunicarse con sus padres hablándoles internamente, pero pensaban que debían decir algo en voz alta, para darse apoyo entre sí. Blossom decidió hablar primero, sentía que era su deber, por ser la hermana mayor.
–Mamá, papá, tanto tiempo –sonrió–. Hace frío, y está lloviendo, aunque dijeron que este año no se pronosticaba mucha lluvia, no hay ninguna diferencia con los años anteriores –sus hermanas la miraron sorprendidas–. En otras noticias, entré a la universidad, terminé con éxito el primer semestre, y mis hermanas están dando todo de ellas en la escuela.
–Estoy subiendo mis notas –dijo Bubbles–, y me inscribí en distintas actividades curriculares para que mi futura postulación a la universidad se vea beneficiada con eso.
–En mi caso, gracias a la ayuda de Blossom, y las tutorías de Boomer, estoy por entrar al cuadro de honor… Y me llamaron para participar de un campamento de entrenamiento de vóleibol, tal parece que podrían considerarme para formar parte de la selección sub 20 –dijo Buttercup, siendo abrazada por su hermana mayor.
–Como ven, nos está yendo bien, tal y como ustedes habrían querido –siguió diciendo la mayor–. Nuestras vidas cambiaron drásticamente, desde que los perdimos –su voz quería quebrarse, no obstante, prefirió mantenerse fuerte y mostrarse alegre, como ellos habrían querido que fueran siempre–. Y si, en un principio, nos sentíamos desprotegidas, nos dimos cuenta de que no estamos solas, nunca lo estuvimos. La tía Karen y el tío Jeff son nuestros padres actualmente, lo dicen con orgullo y se presentan ante todos de esa manera –rio un poco.
–Ah, y Caroline –dijo Buttercup–, es la madrina de la futura hija de los tíos, la pequeña Sara. Mamá, quisieron ponerle tu nombre para que sintiéramos que volvías a la vida. Papá, también dijeron que querían ponerle el tuyo, pero optaron por el segundo, se llamará "Sara Jamie", en su honor.
–En cada paso que damos, los recordamos y sabemos que están con nosotras –dijo Bubbles–. Los extrañamos, demasiado. No hay día en que no pensemos cómo sería tenerlos a nuestro lado, dándonos consejos, regañándonos, dándonos amor –su voz de quebró, cubrió su boca–. Los amamos.
La lluvia empezó a intensificarse, se miraron entre ellas y asintieron con la cabeza, lo mejor sería irse a casa, total, todavía les hacía mal estar en el cementerio, costaba acostumbrarse a la idea de que ya no tenían a sus padres. De momento, no querían estar más en ese lugar.
–Ya nos vamos –dijo Buttercup–, pero volveremos la próxima semana, antes de que Bloss se vaya a la universidad.
–Esperamos que no llueva –añadió la mayor–. Traeremos más flores.
–Hasta luego, mamá. Hasta luego, papá –dijo Bubbles.
Las chicas empezaron a caminar, a paso lento porque el piso estaba resbaladizo, Caroline las estaba esperando, ella y sus hijos habían ido a visitar la tumba de Tyler, y tal parece que los chicos seguían allá. La mujer les sonrió, y les hizo una seña con la mano para que se apresuraran, la lluvia de verdad estaba cada vez más fuerte.
–¡Ah! –exclamó Buttercup–. Un momento.
Volvió a acercarse a la tumba de sus padres, bajo la atenta mirada de sus hermanas.
–Olvidé decirles algo… Feliz año nuevo –besó la punta de tres de sus dedos y los posó en la piedra de su tumba, antes de alcanzar a sus hermanas.
Al final, solo quedó esa piedra, con los nombres de sus padres. Sus muertes desataron el caos en dos instantes, provocando que, quienes más sufrieran, fueran sus propias hijas, aquellas a quienes amaban a más que cualquier persona en el mundo. Pero ahora, podría decirse que estaban en paz, y es que sus hijas estaban viviendo, experimentando el amor, siendo enormemente queridas por sus tíos, seguían teniendo una familia con la que contar, y tenían muchos, muchos sueños cuales cumplir.
El epitafio de Keith relucía, y a pesar de la lluvia, se mantenía más vivo que nunca.
"Las situaciones nos impiden tomar las decisiones correctas… Y lo más probable es que solamente logremos romper nuestras alas"
Sin embargo, el epitafio de Sara era el complemento necesario para entenderlo.
"Pero nuestras alas están destinadas a sanarse, sobre todo si buscamos emprender el vuelo".
FIN
Respondiendo review(s):
Lala: ¡Espero esto sí te haya dado un final feliz! Ay, de verdad, espero que te haya gustado. Muchas gracias por tu apoyo, también te amo.
MisguidedGhost08: BOLUDA, hola. Gracias por tu apoyo, Y PERDÓN POR ESTRESARTE, IDK. Me encanta lo intensa que eres hasta en los reviews, jajajaja.
A todas las lectoras, muchas gracias por haberle dado apoyo a esta historia, haber esperado por cada actualización, desde hace años. Muchas, muchas gracias.
Esta historia, en su totalidad, consta de 420 páginas de word y un total de 158.469 palabras.
