Nota aclaratoria. Todos los personajes del anime y el manga de Candy Candy no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, de Yumiko Igarashi quien con su arte los plasmo en papel y de Toi Animation Co. Que llevo la serie a la televisión .
Capítulo 25. Caras vemos…
Una nueva mañana comenzaba y con ella una bella rubia de ojos verdes se levantaba. Se cambió la pijama y traía puesto su uniforme de enfermera, se acercó a su hermoso tocador para arreglar su cabello pero al mirar hacia la ventana la encontró abierta, entonces se dirigió a cerrarla cuando pudo darse cuenta de que una "Dulce Candy" reposaba tranquilamente en el marco junto a una pequeña carta. Inmediatamente tomó la rosa entre sus manos y la acercó a su nariz para impregnarse de su exquisito olor, posteriormente la depositó con delicadeza en su tocador y abrió el papel que tenía ahora entre sus manos. No traía remitente pero sabía perfectamente quien había tenido ese detalle. Cuando terminó de leer las bellas palabras que su rubio amor le escribió la noche anterior se llevó el papel al pecho mientras pronunciaba suavemente: "Yo tampoco veo la hora querido Bert, quisiera que el tiempo pasara muy rápido para poder estar siempre juntos"
Horas más tarde en otra parte de Chicago, cierta morena de ojos azules recibía una nota que traía su mayordomo en una pequeña bandeja de plata. A la mujer se le hizo un poco extraño porque no esperaba noticias de nadie por el momento ya que su prometido se encontraba de viaje y apenas la noche anterior recibió una llamada telefónica de Inglaterra donde se encontraba por negocios. Aun así decidió leerla y al abrirla se desconcertó.
Te espero a las 12:00 p.m. en el restaurante Avec que se encuentra en el centro de la ciudad. Como buena señorita de sociedad debes de saber cuál es. Si entiendes lo que te conviene no me dejes plantada. Conozco bien tus secretos Annie Britter.
Atte: Stephany Nicolette Lobel.
Es por demás describir la cara de frustración de la morena. Su molestia era evidente mientras la pequeña nota se arrugaba cada vez más entre sus delicadas manos de muñeca fina. No sabía de quien podía tratarse, pero de lo que estaba segura era que tendría que acudir a esa cita porque a pesar de que ella había sido cautelosa en su comportamiento y en sus "pequeños deslices" al parecer ésta persona conocía más de lo necesario, entonces más le valía saber qué era lo que pretendía con ella. El tiempo pasó rápidamente y cuando la hora del encuentro se acercaba Annie Britter le pidió a su chofer que la llevara al lugar indicado, mientras que a su madre le pretextó que saldría para visitar rápidamente a Candy en el hospital ya que no se habían visto lo suficiente en las últimas semanas y tenía algunas sugerencias respecto a su boda con Archie que quería consultarle.
Por su parte Nicolette había estado haciendo bien su tarea. Podía llegar a ser una mujer muy calculadora y dada su educación era una gran estratega en cuanto a la toma de decisiones se trataba. Para ella fue un golpe muy duro escuchar cada palabra del rubio diciéndole que había sido un simple error en su vida y negándose a enfrentar la realidad prefería pensarlo confundido, entonces desde el momento en que salió aquel día de la oficina de Albert, se propuso investigar todo lo que podía sobre aquella pequeña e insignificante rubia que se creía capaz de robarle algo que pensaba le pertenecía desde hacía muchos años atrás. Entonces dispuso de los contactos de su padre en Chicago para que siguieran a todas partes a la enfermera y saber todo acerca de su día a día para encontrarle alguna debilidad y luego ejecutar un plan que venía maquinando en su cabeza, pero no se conformó sólo con eso, también investigó sus orígenes y quienes eran sus amigos, fue así que descubrió a tres personajes interesantes: Patricia O'Brien que radicaba en Florida, pero que llegaría dentro de unos días para ayudar a la planeación de la supuesta boda (que jamás se llevaría a cabo), Archibald Cornwell que se encontraba de negocios en Inglaterra y Annie Britter. Al informarse sobre la vida de los tres amigos de la pecosa enfermera, se enteró también del atrevido comportamiento que la morena sostenía con algunos caballeros de la alta sociedad de Chicago, así que le pareció excelentemente conveniente el que se encontrara comprometida, ya que lógicamente dedujo que su futuro esposo no tenía idea alguna sobre su "trato ligero" y pensaba ocuparla para que le ayudara a quitar del camino a la odiosa rubia para quedarse así con el delicioso rubio, de lo contrario ella misma se encargaría de comunicarle a Archibald sobre sus indecentes acciones, ya que tenía celosamente a su cuidado unas comprometedoras y reveladoras fotografías de la morena que la descubrían abiertamente en uno de sus encuentros furtivos.
Cuando Britter llegó al restaurante, pudo observar de inmediato la insistente mirada de una sofisticada mujer pelirroja que portaba un largo vestido gris pero de corte un tanto atrevido, con escote recto descubierto de los hombros y una abertura del lado izquierdo que corría libre desde su rodilla. Annie no sabía realmente quien era ella, pero se sentía observada como si en verdad la conociera. Aun temerosa decidió acercarse. Una sonrisa ladina se formaba en el rostro de la pelirroja mientras la morena llegaba a su mesa, pero se armó de valor y con paso seguro llegó hasta el lugar en donde se encontraba y le espetó sin más.
—Supongo que tú eres la "señorita Lobel" – Dijo con ironía—
Entonces Nicolette dirigió su mano indicándole el asiento frente a ella y le dijo.
—¿Un escoses igual que yo Annie?
En el momento Annie se desconcertó, no era bien visto que las señoritas de sociedad bebieran, menos solas en un restaurante y con una bebida de caballeros.
Al notar la sobre actuada impresión en el rostro de la ojiazul Nicolette sonrió con sarcasmo y habló.
—No me mires con esa carita de santa Britter, porque sé perfectamente que eso es lo que acostumbras tomar cuando estas a solas con algún caballero – Soltó sin más mientras bebida de su copa—
Annie no cabía de la impresión, sus ojos azules no podían estar más abiertos. No entendía cómo era posible que ésta mujer se hubiera podido enterar de sus "acciones" si ella era por demás cuidadosa. Entonces en un gesto de dignidad le contestó.
—No sé de hablas, pero yo no bebo y menos a solas en un restaurante con una perfecta desconocida.
Nicolette jugaba con su vaso de whisky mientras le contestaba y la miraba fijamente con sus penetrantes ojos verdes.
—No te hagas la digna conmigo Annie que no te conviene. Tú no me conoces pero déjame corregirte que yo al contrario conozco todo de ti querida, así que si no pretendes que tu lindo y bien portado noviecito se entere de tus andadas mejor acepta mi copa y platiquemos un rato. Por cierto, corrijo, no te lo estoy pidiendo te estoy diciendo lo que vas a tomar conmigo. Minutos más tarde la morena sostenía un escoces en sus manos.
—Bien ya dime de una buena vez que es lo quieres de mi, porque si es dinero eso lo puedo resolver en un momento. –Dijo evidentemente molesta—
Entonces derrochando altivez, y soberbia la francesa le respondió.
—Por favor querida…el dinero es lo que menos me interesa. La pequeña fortuna de la que se jactan tus padres no merece mi más mínima atención, créeme cuando te digo que es lo que menos necesito, soy igual de poderosa que el querido "Señor William" al que trataste de embaucar sin éxito años atrás durante tu estancia en Lakewood.
Annie estaba muda. Ciertamente esta mujer la investigó bien.
—No te preocupes Britter. Tu secreto lo tengo muy bien guardado, aunque debo de reconocer que no es de "hermanas" querer robarle el amor a Candy, y no, no me veas así, porque yo no te voy a creer que tu amor por la asquerosa enfermera es cierto. En cuanto a tu proceder está claro para mi que tu comportamiento libertino de evidente interés hacia caballeros prestigiosos es solo producto de tu ambición por ascender de status social.
—¿Por qué te metes conmigo? Yo no te he hecho nada.
—Eso ya lo sé…solamente me conviene utilizarte y no podrás negarte, porque si lo haces corro a Inglaterra a encontrarme con tu noviecito y rompo tu compromiso en tres segundos. Créeme que no ha nacido aún el hombre que se resista ante este cuerpo y aunque tengas un "prometido modelo" después de que le cuente lo que realmente eres y lo provoque con mis encantos no tardará en rendirse a mis pies y entonces sí que te quedarás sin nada. –Dijo segura de cada una de sus palabras—
Annie se sentía atrapada y descubierta así que no le quedó más remedio que acceder.
—Muy bien. Acepto que siempre he envidiado a Candy, al parecer a ella todo el mundo la ama y eso me saca de quicio. Daría lo que fuera hacerla sufrir.
—Me parece excelente que lo aceptes Briter así no existirán caretas entre nosotras. Pero bueno querida lo primero que harás es meterte en la cama de su nuevo amigo el Dr. Kingsford. Lo necesitamos como aliado pero para eso tienes que hacer uso de tus encantos… ¿Comprendes?. Es más fácil manejar a un hombre cuando lo tienes atado a tu cuerpo.
Poniendo cierta cara de repulsión Annie dijo.
—Pero no puedo hacer algo como eso Stephany.
—Nicolette por favor.
—Bueno Nicolette. No puedo hacer algo así con quien no conozco.
—No te des golpes de pecho Annie, además, no te costará ningún esfuerzo el hombre es completamente atractivo no creo que sea ningún sacrificio ya lo verás..
—¿Entonces por qué no lo haces tú?
—Esa respuesta es sencilla Annie. Yo al que quiero es a Albert y necesito que el doctorcito los separe, que enamore a Candy, que haga y diga cosas que siembren la duda y lo decepcionen, pero para que haga eso tú lo convencerás en la cama, ya que estarás con él sin ningún tipo de compromiso y te mostrarás preocupada por su felicidad y lo aconsejarás. Finalmente es hombre, tiene necesidades y terminará aceptándote. Pero es muy importante que no te presentes como Annie Britter. De ahora en adelante te llamaras ante el como "Madison Smith" y usarás esto. –Dijo al momento en que le entregaba una peluca castaña—
En ese momento Niolette sacó de su pequeño bolso unas fotos y las colocó sobre la mesa.
—Él es Jonathan Kingsford. Trabaja junto con tu "hermanita" en el Hospital Santa Juana. Es pediatra. Tiene turno matutino. Termina su jornada a las dos de la tarde y como podrás observar no estaba equivocada al decirte que es por demás atractivo y sé que proviene de una muy buena familia.
—Muy bien al parecer si es buen mozo como dices, pero ¿Cómo entro yo Nicolette?
—Es fácil querida. Dos de mis hombres intentaran asaltarte mañana y robar tu bolso justo a la hora de su salida y cerca de su automóvil, así que siendo de una buena familia su caballerosidad lo obligará a defenderte y después ya será asunto tuyo agradecerle a …tu manera… obviamente primero tendrás que ganarte su amistad, pero de una vez te advierto que no tardes mucho porque no soy una mujer paciente.
—¿Y cómo haremos para que Candy no se entere?. Ella también termina a las dos de la tarde.
—Eso también lo tengo resuelto. Mañana infiltro a dos de mis hombres como voluntarios en el hospital y alguno de ellos la retendrá lo suficiente como para que el atraco suceda. Para cuando ella salga no debe encontrarlos ni a ti ni a Jonathan en el hospital.
Annie no estaba totalmente de acuerdo y no porque apreciara la amistad que aún mantenía con Candy sino porque no le agradaba que esta mujer la estuviera chantajeando, pero bueno, pensaba al final que si ya más de una vez engañó a Archie sin que lo notara si quiera por lo menos aprovecharía el estar con un hombre muy atractivo y de paso lastimar a su "hermana". Ya tendría tiempo después de casada de aburrirse con el mismo hombre cuando fuera la Sra. Cornwell.
—¿Eso es todo?
—Por el momento sí Britter, puedes retirarte. Es un gusto encontrar a una aliada en esta guerra que planeo, pero bueno vete ya. Yo te haré llamar para que me reportes por tu propia cuenta los avances que hagas, pero de cualquier manera no intentes pasarme por tonta porque tengo una escolta que desde hoy te vigilará para que no pretendas engañarme.
—Muy bien entonces, pero cuando esto termine necesito que me entregues esas fotos mías que guardas y tú y yo jamás nos conocimos. ¿Entendiste? –Le dijo con la voz más intimidante que encontró—
Dando otro trago a su escoses Nicolette le contestó maliciosamente.
—Claro querida…unas vez que te utilice para mis propósitos no planeo hacerte ningún daño y no te volveré a buscar. Te doy mi palabra.
—¿Tan segura estas de poder quitarle a William?
—Querida…ese hombre ya fue mío muchas pero muchas veces en el pasado y no pretendo dejárselo a una insignificante enfermera. El necesita a su lado una mujer con carácter como yo.
—Pues que así sea. –Dijo mientras levantaba su copa para brindar con Nicolette—
—Así será.
Momentos después Annie tomó la peluca y salió del lugar, mientras Nicolette terminaba su copa de escoses bastante contenta con los resultados de la conversación que acababa de tener. Una sonrisa maliciosa se formó en sus labios cuando pronunció: "Vas a desaparecer de nuestra vida para siempre maldita enfermera…"
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En las oficinas del consorcio Andrew un alto rubio esperaba impaciente porque el reloj marcara la 1:45 p.m. para salir corriendo por su pequeña. Dorothy ya estaba esperando en el automóvil, George la había mandado a traer de la mansión y tenía en sus manos una canasta para picnic a petición del joven William. El cambió en el estado de ánimo de Albert era notorio y el moreno estaba más que contento por su muchacho, pero aunque la señora Elroy le pidió discreción respecto a la "señorita Nicolette" la verdad era que pensaba más prudente hablar con Albert para que estuviera atento a cualquier anormalidad alrededor de ellos, así que platicaría con él. Pero antes de que pudiera decirle algo Albert le preguntó.
—¿George me veo bien así?
Albert se había cambiado de ropa y vestía casual. Por su parte George se sentía un poco raro ya que jamás su muchacho le había hecho semejaste cuestión, así que solo atinó a decir.
—Si lo que pretendes es que te diga que te ves atractivo creo que estás preguntándole a la persona equivocada William.
—Disculpa George, es que estoy nervioso y quiero verme bien para mi pequeña. –Decía mientras caminaba por su oficina—
—William, William pareces un novio en su primera cita, ya calma un poco esos nervios que de seguir caminando tanto alrededor de la oficina terminarás por hacer un hoyo en el suelo.
—jaja què cosas dices George, pero por cierto ahora que recuerdo yo tengo una plática pendiente contigo querido asistente entrometido…
—No sé de qué hablas William.
—Si imagino que no, olvidaba tu terrible memoria.
George solamente le regalo una leve sonrisa.
—Muchas gracias por todo George. Gracias a tus consejos recuperé a mi Candy.
—No William, recuperaste a la señorita Candy porque el amor entre ustedes no se podía terminar tan fácilmente, es obvio que los dos se aman profundamente, yo sólo le abrí un poco los ojos. Sé que no soy muy expresivo que digamos pero los quiero como a los hijos que nùnca tuve y su felicidad es la mía.
Albert lo miró con profundo cariño mientras le decía.
—Ten por seguro que nosotros también te queremos mucho George. Eres lo más cercano que tengo a un padre y siempre te estaré agradecido por cuidar de mi desde que era un niño.
—Bueno, bueno William ya basta de sentimentalismos, creo que mejor pasamos a un tema más delicado que tengo que tratar contigo. –Dijo ya más serio—
—¿Ahora George?,¿No puede esperar hasta mañana? Ya sabes que en cualquier momento estoy por salir.
—Precisamente por eso William.
—Bueno pues tú dirás de qué se trata.
—Es sobre Nicolette.
La cara de Albert cambió drásticamente de felicidad a una de preocupación.
—¿Qué hizo ahora?
Entonces el moreno prosiguió a contarle todo cuanto platicó con la señora Elroy el día anterior, desde que la mantenían en constante vigilancia, los contactos turbios de su familia y terminando con el problema de desorden mental que padecía. Cuando acabó de informarle todo Albert ya se encontraba sentado nuevamente en la silla de su escritorio, tenía una cara realmente desencajada y pasaba constantemente sus manos por los rubios cabellos.
—Nunca pensé que pudiera padecer un desorden mental George. Esto que me cuentas es sumamente delicado mi pequeña puede sufrir algún atentado de su parte.
—Eso es lo que pensamos tanto la señora Elroy como yo William por eso aumentamos su seguridad y renovamos el equipo de nuestros guardias.
—Sí George pero eso no es suficiente… ay mil maneras de acercarse a ella para lastimarla.
—Podrías convencerla de volver a vivir en la mansión…
—No creo que acepte George…
—Podrían adelantar la boda…
—Por lo menos tendrían que pasar los tres meses para eso, además no puedo andar tranquilo por la vida sabiendo que en cualquier momento podría intentar algo contra Candy.
—Entonces. ¿Qué sugieres?.
—No sé que más hacer George. Tengo que pensarlo mejor, pero por lo pronto necesito que des parte de esto a la policía para poder levantar una orden de restricción para que no se acerque a mi pequeña, es evidente que la está acosando, lleva contigo también fotografías de los hombres armados que trabajan para Nicolette, así como de ella con la peluca si la encuentran rondando por el Magnolia o por el hospital, así por lo menos si llegara a intentar cualquier cosa por mínima que sea tenemos bases con que refundirla en la cárcel o en un psiquiátrico, pero está muy equivocada si piensa que le va aponer un dedo encima mi futura esposa, aún no sabe de lo que William Albert Andrew es capaz de hacer por proteger a la mujer que ama. –Dijo mientras miraba a George con la cara más seria que el moreno jamás le había visto en la vida—
—Muy bien William lo haré inmediatamente. De cualquier manera te pido que estés pendiente cuando veas a la señorita Candy por si notas cualquier anomalía.
—Claro que lo haré George. Ahora te dejo porque ya es tiempo de que vaya a recoger a mi princesa al hospital.
George se despidió de Albert mientras salía de su despacho para encontrarse con Dorothy.
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Mientras tanto en el hospital Santa Juana el día transcurrió normal, solamente que cierto castaño de preciosos ojos grises no había podido hablar con Candy, tenía planeado invitarla a tomar el té con su familia, pero sus intenciones se vieron desvanecidas cuando la miró trabajando de nueva cuenta en los cuneros. Iba a entrar cuando pudo notar cierto brillo que no estaba antes en uno de sus dedos, cuando se fijó mejor se dio cuenta que portaba una sortija de compromiso y lastimosamente entendió que el día anterior el rubio había logrado convencerla de regresar con él, así que se retiró, ni siquiera hizo el intento por hablar con ella, se encontraba un poco triste siendo sinceros, aún no lograba entender cómo es que había quedado irremediablemente prendido de la enfermera si recién la conocía y por más que se repetía que las cosas eran siempre como debían de ser no lo aceptaba. Su única esperanza era que todavía no se había hecho oficial ningún compromiso y mientras eso no pasara el aún podía darle batalla a William Andrew, así que decidió reponerse y actuar lo más normal posible, no quería que ella lo notara afectado. Estaban casi por terminar el turno cuando se toparon en uno de los pasillos. Tan sólo el mirarla le aceleraba el pulso y sentía como su corazón iba a explotarle en el pecho. Su presencia lo ponía inusualmente nervioso, pero con todo su autocontrol la saludó.
—Candy hasta que te veo. Has estado muy ocupada durante todo el día.
—Hola Jonathan. Sí lo siento es que estuve en cuneros todo el turno y casi no salí, pero ¿qué tal tu día?.
Por más que Jonathan quería dejar de mirarla le resultaba imposible, le encantaba perderse en esos bellísimos ojos verdes, era como pedirle a una polilla que no volara hacia la luz, esta vez pudo notar como unas preciosas pestañas rizadas eran el complemento perfecto de esa seductora mirada. Estaba realmente perdido antes esa pequeña mujer. De pronto la voz de Candy lo regresó a la realidad.
—¿Jonathan…?
—Sí…Lo siento Candy me quedé pensando en que tus pestañas son hermosas al igual que tus ojos. –Dijo sinceramente—
—¿Mis pestañas? Jajaja que cosas dices Jonathan, creo que son igual que las de cualquiera, pero gracias de todas maneras. –Dijo mientras le regalaba una abierta sonrisa—
Entonces Jonathan no pudo evitar el comentario y le dijo.
—Veo que arreglaron sus problemas Andrew y tú. –Al tiempo en que dirigía su mirada hacia la preciosa sortija de compromiso que descansaba en el dedo de Candy—
—Así es Jonathan y estoy muy feliz por eso, lo amo con todo mi ser, la verdad es que si por mi fuera me casaba mañana mismo.
Jonathan sintió la terrible honestidad de la enfermera como un puñal atravesando su joven corazón, pero no se mostró débil.
—Pues si es tu felicidad Candy creo que está bien, pero bueno ya es la hora de salir. ¿Caminamos juntos?
—Claro Jonathan, Albert ya debe estar esperándome, quedó de pasar por mi hoy.
Jonathan no estaba preparado para verla en brazos de William ni en brazos de nadie más pero ya no podía retractarse.
—Pues bien salgamos Candy.
Cuando llegaron a la entrada del hospital se encontraron con un guapísimo y alto rubio que cargaba consigo un precioso y delicado ramo de orquídeas. Esta demás mencionar que había cambiado su traje por un atuendo casual y aun con unos sencillos jeans y un jersey beige junto con sus característicos lentes oscuros se miraba espectacular. Candy había podido notar su presencia a una distancia prudente y enseguida sintió como le temblaron instantáneamente las rodillas y su corazón se aceleraba mientras más se aproximaban hasta donde la esperaba, pensaba para sus adentros que ese hombre era sencillamente una visión, una exquisita visión. Iba caminando al lado de Jonathan y notaba que hablaba de algo pero ya no le estaba poniendo atención porque toda la enfocaba en "el". Cuando por fin se encontraron no dudo ni dos segundo en correr los escasos metros que la separaban de su rubio amor y lo abrazó sin importarle en lo absoluto la presencia de Jonathan. Albert se sorprendió, pero al instante correspondió a su abrazo, recargando su cabeza sobre la de ella y besando tiernamente sus rizados cabellos, sentía que poco a poco su pequeña regresaba a él y ese gesto tan suyo se lo confirmaba. Después de unos segundos se separaron, ella lo miraba amorosamente con sus verdes esmeraldas cuando de repente un ligero rubor se asomó por sus mejillas. Este gesto le pareció al rubio lo más lindo que había visto en su vida, la ternura de su princesa era indescriptible, así que brindándole la más cálida de sus sonrisas la saludó.
—Hola pequeña…
—Hola Bert..
—Te extrañe… —Dijo mientras acariciaba lentamente una de sus mejillas sonrojadas—
—Yo también Bert. Gracias por la "Dulce Candy" y por la carta, fue un detalle hermoso.
En eso un ligero carraspeo los saco de su burbuja de amor.
—Lo siento Jonathan creo que nos olvidamos de que estabas aquí – Dijo orgulloso Albert—
—No te preocupes William, ya iba de salida.
Entonces se dirigió a Candy y tomando su mano para besarla se despidió mientras le guiñaba un ojo coquetamente.
—Nos vemos mañana preciosa. Por cierto, se me olvidó comentarte que mañana no estarás más en los cuneros, trabajaremos juntos todo el día, te necesito conmigo para que me asistas en una operación que tengo programaba con un pequeño.
A Candy le tomó por sorpresa este cambio en su rutina pero de igual manera lo aceptó con naturalidad, finalmente formaba parte de su trabajo entrar a cirugía.
—Está bien Jonathan. Nos vemos mañana temprano entonces.
—William fue un gusto.
—Igualmente Jonathan.
Albert solo miraba con recelo como el castaño se alejaba. Le carcomía el alma pensar en ese hombre, porque sabía perfectamente que intenciones tenía con su princesa y seguía sin soportar la idea de que compartieran tanto tiempo juntos. Además la llamó "preciosa" en frente de él, pero respiró hondo y se calmó. Nadie iba a separarlo de Candy, no iba a permitirlo. Entonces volvió su mirada hacia la linda rubia que lo seguía mirando con esos bellos ojitos y le dijo.
—¿Nos vamos pequeña?
—Claro Bert.
—Muy bien. Dorothy nos está esperando en el automóvil. Pienso llevarte de picnic. ¿Te parece bien?.
—¡De picnic! Claro que me encanta la idea Bert, pero ¿no te importa que no vaya con la ropa adecuada?, es que no traigo un cambio. –Dijo un poco afligida—
Entonces Albert la miró con profundo amor para decirle.
—Tú vestida de enfermera o con el más fino de todos los vestidos te miras siempre hermosa pequeña.
Candy se llevó sus manos al rostro para cubrir el rubor de sus mejillas y no pudo articular palabra. Entonces él le dijo mientras le ofrecía su brazo.
—Anda amor, vamos que imagino que ya has de estar muriéndote de hambre.
En ese momento a Candy se le olvido la pena porque un ruido en su estómago la delató.
—jaja es cierto Bert creo que mi estómago piensa igual que tú.
Llegaron al automóvil y efectivamente Dorothy se encontraba ahí. La saludó amistosamente y después se dirigieron al Lincoln Park. Al llegar Dorothy les ayudó a acomodar todo. Minutos más tarde sobre un lindo mantel a cuadros se encontraban los alimentos preferidos de Candy y de Albert. No podían faltar los sándwiches, algunas frutas, bebidas refrescantes y por supuesto pastel de chocolate. Después de comer Dorothy les dio un poco de privacidad y fue a caminar por los alrededores. Entonces Albert se recostó en el pasto, descansando su cabeza sobre sus brazos y Candy se encontraba a su lado sentada cómodamente recargando su espalda sobre el tronco de un fuerte árbol que les regalaba su sombra. Se volteó un poco para acariciar los suaves cabellos rubios de él y le dijo.
—Muchas gracias por todo Bert. Me la estoy pasando muy bien.
Aun con sus ojos cerrados disfrutando de la suave caricia que ella le prodigaba le contestó.
—No tienes nada que agradecer pequeña, sé que la ciudad puede tener un ritmo muy acelerado y a los dos nos hace bien disfrutar un poco de la naturaleza.
—Sí, pero no por eso tenías que consentirme tanto Bert. Trajiste todo lo que me gusta comer, además esas orquídeas son preciosas.
Entonces Albert se reincorporó para quedar sentado frente a ella y acomodando uno de los traviesos rizos que se escapaban de su coleta le dijo:
—Las orquídeas son para mi las flores más bellas que existen, son particularmente diferentes, su rareza es lo que las vuelve especiales y eso tienen en común contigo, tu mi pequeña no eres como cualquier mujer, eres diferente, eres espontánea, alegre, compasiva, natural, no deja de deslumbrarme tu calidez, la belleza de tus ojos, tu increíble sensibilidad, pero al igual que ellas eres fuerte y delicada al mismo tiempo. Eres la flor más hermosa que he encontrado en mi vida.
Candy sentía que miles de mariposas revoloteaban en su estómago, le parecía increíble estar pasando un instante tan bello nuevamente con su rubio tormento, pero agradecía a Dios por que fuera así, entonces lentamente se acercó para depositar un pequeño beso en la comisura de los labios de Albert, pudo sentir como su piel se erizaba ante su contacto y le pareció maravilloso que ella pudiera provocar esa reacción en él. Por su parte Albert mantenía sus ojos cerrados disfrutando de ese hermoso momento, no pensaba obligarla a nada, pero pronto sintió como ella tomaba sus labios en un cálido y tierno beso, era una sensación indescriptible, ella lo estaba besando a él, entonces el correspondió a su beso y la tomó con todo ese amor que guardaba para ella, acarició sus labios una y otra vez, mordiéndolos suavemente, lentamente en un baile que quisiera no terminara jamás, podía sentir la entrega de ella y le parecía extraordinario que se abrieran el alma de tal manera con un sólo beso, vaya que las palabras sobraban y lo estaba disfrutando, pero recordó que esta vez haría las cosas bien y muy a su pesar fue cortando el beso, porque se conocía perfectamente para saber hasta donde podían llegar si pasaban de esos límites, así que dolorosamente fue separándose de ella y de esos labios rosa de tentación que tenía frente a él. Seguía con su frente recargada en la de ella y con su nariz acariciaba tiernamente la naricita respingada de Candy. Entonces con su voz enronquecida y profunda le dijo.
—Te amo pequeña…eres mi vida.
—Yo también te amo Bert, te amo y siempre lo haré.
Tuvieron que separarse y el tomó su mano para darle un casto beso. Minutos después regresó Dorothy. La buena mujer sabía que la estaba haciendo de chaperona pero por más que quería no podía dejarlos sin algunos minutos de privacidad, así que por eso decidió caminar por el parque, calculó unos diez minutos y se dispuso a regresar. Entendía perfectamente que ellos necesitaban demostrarse su amor y ella no iba a evitarlo.
Continuará…
