Capitulo 43
julio de 1950...
—¿Qué quieres? —preguntó Riddle al ver entrar a Dolohov en la biblioteca pasado el mediodía.
—Mi señor, no puedes seguir bebiendo o acabarás mal...
—Me ha dejado, ya no confía en mí — llevándose la copa nuevamente a sus labios.
La Dolohov se acercó a su señor mirándolo detenidamente.
—Dice que le he engañado. No sé qué pasó aquella noche, ni siquiera sé si es verdad que ese bebé es mío.
—No lo es mi señor. esa arpía se lo ha inventado todo —respondió convencido—. Ella trama algo, recuerde que no es la primera vez que intenta separarle de Hermione.
El día que Mariene había subido a Riddle a la habitación, totalmente borracho, la elfa de la casa, los siguió y escuchó durante un rato al otro lado de la puerta. Solo se oía el taconeo de la mujer andando por la habitación y a los pocos minutos, usted estaba dormido. La única manera era que la elfa le explicara lo que vio.
—En el mismo momento en el que te dejó sobre la cama, caíste en un sueño profundo y en esas condiciones, es imposible que le puedas cumplir como hombre, mi señor.
—¿Es cierto lo que me estás contando? —preguntó con un atisbo de ilusión en su rostro, él no recordaba nada de lo ocurrido. Miro en las profundidades de la mente de Dolohov y vio que lo que decía era verdad.
Si mi señor, la elfa me lo conto.
—Mariene asegura que ya estaba embarazada ese día.
—Sigo diciendo que es una mentira, mi señor
—¡Ves y cuéntaselo a Hermione ahora mismo! A ti sí te creerá y volverá a confiar en mí, me dará una nueva oportunidad y podré casarme con ella.
—Sí, mi señor, pero… no estás en las mejores condiciones para que le vea la mujer que quieres.
¿Me estas cuestionando mis decisiones, Dolohov?
No mi señor, nunca, solo fue una sugerencia si usted me permite.
Al día siguiente, Riddle cumplió su promesa de volver a buscarla. Quería demostrarle que el hijo de Mariene no era suyo, pero, sobre todo, necesitaba convencerla que entre aquella mujer y él no había sucedido nada. La elfa, se lo podía asegurar a Hermione y con ese testimonio, la mujer a la que amaba ya no podría dudar de él.
—Necesito hablar con Hermione —le dijo al elfo de la familia Tarner.
—No sé si será posible, señor.
—De aquí no pienso irme hasta que ella salga a hablar conmigo.
En ese momento, Abril pasaba cerca de la entrada y al escuchar la voz del Sr. Riddle salió a recibirlo. Le dijo al elfo que ella se encargaba de atender al señor y juntos, salieron al jardín exterior para conversar. Riddle recibió la noticia de la marcha de Hermione como una jarra de agua fría. No podía creer que la mujer a la que amaba hubiera regresado a su época.
—¿Por qué pediste el deseo, mujer? —preguntó totalmente fuera de sí agarrando a la mujer por los brazos.
—Ella me lo pidió, estaba desesperada por volver. No pude hacer nada. Hermione me ha ayudado muchísimo, es lo mínimo que podía hacer por ella.
—¿Dónde está el relicario?
—Se lo ha llevado —mintió, Hermione se lo había regalado a ella y quería conservarlo para poder tener algo suyo toda la vida.
—¡Maldita sea…! Necesito que me ayudes, tengo que viajar a su época y convencerla —le explico Riddle.
—Lo siento, no hay nada que se pueda hacer o por lo menos yo no lo sé.
—Me niego a perderla —gritaba encolerizado tocándose el pelo—. ¡Haré todo lo que esté en mis manos para recuperarla!
—Lo siento, Sr. Riddle —se disculpó la mujer con lágrimas en los ojos, ella también se arrepentía de haber pedido el deseo—. Yo también la echaré de menos, pero hay que respetar su decisión y Hermione estaba convencida de que volver a su época era lo mejor para ella.
—Mi señor, será mejor que regresemos a la mansión —intervino Dolohov viendo el mal estado de este—. Aquí ya no tenemos nada que hacer, señor.
Riddle sintió como su corazón se rompía por la mitad y ya nunca más volvería a latir con la misma intensidad. Quería retroceder el tiempo unas horas, así hubiera impedido que se marchara. Había perdido lo que más amaba en la vida y le llenaba de impotencia no poder hacer nada por recuperarla. Si ya era doloroso que ella se hubiera enfadado y no le hubiera dado la oportunidad de explicarse, más desgarrador era que se hubiera marchado para nunca más regresar.
En aquel momento comenzó su lamentable vida, sintiéndose solo, apenado y sin un rumbo que seguir.
El humor de Riddle, después de dos semanas sin ver a Hermione, no podía ser peor. Se pasaba el día encerrado en la biblioteca, comía obligado por sobrevivir. Había abandonado tanto y su aspecto, que parecía mucho mayor de lo que realmente era. Además, se negaba a recibir visitas.
—Mi señor —golpeó la elfa en la puerta de la biblioteca antes de entrar—, la odiosa de Mariene está en la sala y pide permiso para verle. Yo he insistido en que no quiere recibirla, pero finalmente, he decido avisarle por si quiere hablar con ella.
—No quiero ver a nadie —gritó furioso pegando un golpe en la mesa—, y mucho menos a ella. —La elfa asintió y se giró para marcharse, sin embargo, Riddle, cambió de opinión y con su grave voz, detuvo a la mujer—. ¡Espera!, hazla pasar. Creo que ha llegado la hora de enfrentarme a ella y dejarle claro quién manda aquí.
A los pocos minutos, ante él apareció una elegante Mariene, con un bonito vestido en color burdeos que ensalzaba su pequeña tripa que estaba empezando a crecer y con un escote cuadrado de infarto, detalle que pasó desapercibido para Riddle que la miraba con los ojos cargados de odio.
—¿Qué quieres ahora? No tienes suficiente ¿qué más deseas de mí, arpía? —La interrogó a voces.
—Yo solo he defendido lo que es mío y si te soy sincera, mi señor —se acercó unos metros a él y dibujó una sonrisa satisfactoria en su rostro—, no me arrepiento de nada. Que la niñata esa, haya desaparecido de tu vida es lo mejor que ha podido pasar.
Aquellas palabras solo sirvieron para encender más la ira que sentía Riddle. Apretando los puños, y sacando la varita, rodeó la mesa del escritorio y con paso firme, se acercó a la mujer.
—¡Estás loca! —le gritó a escasos metros de ella—. Yo nunca he sido tuyo y jamás lo seré. Siempre he sido muy claro contigo, maldita furcia.
—Pero ahora todo es diferente, estamos esperando un hijo y no puedes seguir eludiendo tus responsabilidades de padre. Nuestro hijo…
Riddle se cansó de escuchar aquellas infamias de boca de la mujer que un día fue su amante y totalmente desquiciado, la agarró de los brazos y la zarandeó con coraje y apuntándole con la varita.
—¿Cuándo vas a dejar de inventar mentiras? Estoy cansado de tus injurias. Nunca voy a responder como padre de este hijo, porque estoy totalmente convencido de que no es mío. —Al darse cuenta de que estaba perdiendo el control, la soltó—. Podrás venir a mi casa todas las veces que quieras a exigirme que cumpla como padre, pero en todas encontrarás una respuesta negativa.
—¡Este hijo es tuyo! Aunque sé que hubieras preferido mil veces que la que estuviera embarazada fuese la perra de tu Hermione. —Mariene no se aminoró ante él y sacó su rabia también—. Si no te comprometes conmigo hoy mismo, puedo denunciarte a las autoridades y crear un escándalo por no querer a tu hijo.
La paciencia de Riddle había llegado a su punto máximo y sin pensar en nada más, estalló como una bomba de relojería. Con la varita le lanzo un Crucio. Haciendo que la mujer se retorciera de doler.
—¿Quieres que juguemos a denunciarnos? Creo que tú saldrías perdiendo si yo llegara a hablar.
—No puedes decir nada en mi contra, yo no tengo nada que ocultar. — respondió Mariene jadeante.
—¿Segura? Puedo acusarte de todas las triquiñuelas que hiciste con Abraxas Malfoy en el secuestro de Eris. —El rostro de Mariene se descompuso y Riddle pudo comprobar que ese era el camino para que Mariene dejara de mentir—. O también puedo decir que la noche que iba a encontrarme con la que Eris , me echaste algo en mi bebida para que no acudiera a esa cita.
La mujer al sentirse descubierta empezó a temblar de pánico y tuvo que sentarse en el sillón para no desmallarse. Si Riddle la acusaba, no habría nadie que la pudiera librar de ir a Azkaban y sin contar con que todo el mundo la repudiaría en la alta sociedad. En ese momento fue consciente de que debía hacer todo lo que estuviera en sus manos para callar a Riddle.
—¿Cómo… lo supiste? —Logró decir con la voz temblorosa sin ser consciente de que se estaba delatando.
—¿Quieres saber la verdad? —Mariene lo miraba imaginándose la respuesta—. Legeremancia, querida, y en parte mis fieles seguidores me contaron detalles muy interesantes. ¡Explícate!
Mariene se levantó y quiso escapar de la biblioteca, pero Riddle, al intuir sus intenciones, levanto la varita haciendo que la puerta se cerrara en sus narices. Quería acabar con aquella situación.
—¡No te voy a dejar ir, Mariene! Me contaras todo y digo todo cada de talle de tus planes con Malfoy. Sabes que soy una persona que puede ser muy persuasivo—Riddle se apoyó contra la puerta y Mariene retrocedió varios pasos sopesando sus posibilidades—. Tengo tres opciones, o matarte y que parezca un accidente y sabes que puedo. Te declaras culpable y termines en Azkaban, o, que tú y yo lleguemos a un acuerdo. ¡Tú decides!
—¿Qué quieres de mí? —preguntó la mujer con lágrimas en los ojos.
—Quiero escuchar de tu boca que el hijo que esperas no es mío.
—¡No, no lo es! —gritó encolerizada—. Y ahora, ¿puedo marcharme?
—¿Y por qué querías que yo me hiciera cargo de él? ¿Tan tonto me consideras? —preguntó enfadado.
—Era la única forma de retenerte a mi lado. Riddle, yo realmente te amo y haría cualquier cosa…
—¡Bonita forma de amar! —rió irónicamente él—. Me has destrozado la vida y si yo ahora quisiera, te la hundiría también. Pero no lo voy a hacer y no por ti, más bien por el niño que llevas en tu vientre y que no tiene culpa de tener una madre tan inconsciente como tú. ¿quién es el padre?
La mujer pensó en ocultarle la verdad, pero ya todo le daba igual. Su plan de casarse con él acababa de romperse. Se giró y contestó con voz cortada.
—Abraxas Malfoy.
Riddle, al escuchar aquel nombre, se compadeció de ella y se enfadó consigo mismo por no haberse dado cuenta antes. Nunca se hubiera imaginado que Mariene, la distinguida y adorable hija del Sr. Miller, callera tan bajo.
—¿Cómo pudiste convertirse en su amante?
—Por el mismo motivo que todas las mujeres que se acercan a él, por interés. Nos aliamos para separaros, él quería a Hermione y yo deseaba recuperarte.
—Sois los dos unos estúpidos—escupió con rabia.
—¡Acabemos con esto Riddle! —suplicó la mujer aún temerosa de que ese hombre pudiera delatarla o matarla—. ¿Qué tengo que hacer para terminar con esto?
—Lo primero, vas a decirle a tus padres quién es realmente el padre de tu hijo y si se lo dijeras a la sociedad entera, mucho mejor.
—Pero Riddle, tú no puedes hacerme esto…
—¿Querida… me ves a mi ser compasivo con la gente como tú? Parece que no me conozcas bien, Mariene. Demasiado benévolo estoy siendo contigo.
—Está bien, hablaré.
Riddle abrió la puerta de la biblioteca y pronunció un nombre a voces. Al cabo de unos minutos, la elfina se presentó en la sala.
—¿Qué desea mi señor?
—Mariene quiere disculparse con usted.
—¿Conmigo? —preguntó la elfa anonadada.
—No pienso hacerlo —aseguró Mariene abochornada, aquella era la humillación más grande a la que jamás había tenido que enfrentarse. Disculparse de un elfo domesticó.
—Por supuesto que sí, des pues de todo siempre ha maltratado a los elfos. Esto le hubiera disfrutado Hermione. —dijo divertido, al ver la cara de la mujer.
—¡De acuerdo! —gritó enfadada al sentirse acorralada—. Esto... discúlpeme por favor.
La elfa no entendía por qué aquella mujer tan distinguida estaba pidiéndole perdón y regresó la mirada al señor sin saber qué decir.
—No hace falta que entienda nada, acepte las disculpas y regrese a trabajar.
La elfina asintió y abandonó la biblioteca totalmente confundida.
—Nunca perdonaré la humillación que me estás haciendo pasar.
—No te preocupes querida —dijo con ironía—, no deseo que me perdones. Solo quiero que una cosa y es recuperar Hermione.
Mariene iba a reclamarle, pero entendió que era mejor marcharse. Si seguía en aquel lugar por más tiempo, la única que saldría perjudicada sería ella. Cuando estaba a punto de salir por la puerta, la voz del él la hizo detenerse.
—Una cosa más —ésta se giró con sus defensas totalmente destruidas—, no quiero que vuelvas a acercarte a mí. —La mujer no dijo nada, pero Riddle, concluyó—. ¡Nunca más!
Después del encuentro, Riddle se sintió más aliviado al haberse quitado un buen peso de encima, sin embargo, sus días grises no volvieron a dejar que el sol entrara en su vida.
—Ya se marcha mi señor —pregunto Dolohov.
—No puedo seguir aquí ni un minuto más, tengo que buscar una solución.
¿Y el plan?.
—Ahora eso es imposible —aseguró Riddle llevándose la copa de licor a los labios—, cada rincón me recuerda a ella.
—Debes olvidarla, mi señor. Castigarse de esta manera no le hace bien.
—¡Jamás! la amo demasiado y ella siempre estará presente en mis pensamientos.
