Capítulo 42

Año nuevo

—No me puedo creer que ese chico se haya creído mi mentira.

—¿Puedes callarte?

—¿Pero tú crees que es normal que vea a Em con Quinn, le diga que es su sobrina, que luego la vea con Kate y le diga que es su hija para después decirle que no, que es su sobrina, y ahora la ve conmigo y le digo que es mi sobrina y se lo crea? —susurraba Brody justo al lado de Rachel.

—Basta Brody, te va a escuchar.

—Lo dudo—volvía a responder en voz baja—Este tipo no se entera de nada.

Eran las 23:15 pm del 31 de diciembre. Rachel, Brody y Emily ya se habían encontrado con Kate y Matt, a quien Brody tuvo la oportunidad de conocer en aquel instante.

No fue sencillo aquel encuentro. Brody se permitió el lujo de decir que Emily era su sobrina, y Matt volvía a creer la excusa, a pesar de ya conocer a la pequeña. Sabía que algo estaba sucediendo, sobre todo después de recibir la petición especial de Kate para que obligase a Quinn a presentarse allí, sin que supiera que eran ellos los que estaban esperándola. Pero Matt era un chico cuidadoso y reservado que prefería no meterse en los asuntos de los demás, y por eso decidió callar y escuchar, esperando, por supuesto, que Kate le diese una explicación sensata después de todo aquello.

Se habían caído bien en aquel encuentro fortuito que tuvieron en la cafetería dos días antes, y que se convirtió en una agradable cita para los dos tras ver como Quinn y Rachel les dejaban a solas. Al día siguiente volvieron a verse para tomar unas copas y aquello derivó a lo que sucedía en aquel instante. Matt estaba invitado a una fiesta para celebrar la llegada del nuevo año y no dudó en pedirle a Kate que fuese su acompañante, algo que la chica aceptó casi sin pensarlo.

Había conseguido lo que llevaba proponiéndose desde hacía ya casi dos semanas, salir con aquel chico musculoso y guapo que compartía clases de boxeo con Quinn.

—Solo tengo dos opciones para clasificar a este chico—volvía a hablar Brody aprovechando que Matt atendía su teléfono, y se alejaba de ellos—Una; es un completo ignorante que no tiene ni idea de nada. Dos; sabe absolutamente todo y no habla porque como tú dices, es educado.

—¿Todo? —cuestionaba Rachel al tiempo que veía como Kate se les unía.

—¿Todo qué? —preguntaba la pelirroja.

—Kate ¿Tú novio es estúpido? —Brody fue directo.

—¿Qué? ¿Qué dices de estúpido? Es encantador y además no es mi novio.

—¿De verdad se ha creído que Em es mi sobrina?

—Pues no, claro que no se lo ha creído, si también la vio conmigo y le dije que era mi hija y después le he dicho que también es mi sobrina—respondía directamente.

—¿Y por qué no dice nada? —cuestionó de nuevo Brody.

—Porque es un buen chico y sabe que no tiene que meterse donde no le llaman—respondía. —No como otros…

—Pues sí que es buen tipo tu novio.

—¡Que no es mi novio! —le replicó sin poder controlar el volumen de su voz.

—Tranquila, tranquila—interrumpía—no hace falta que lo grites.

—Es que no me gusta que deis por hecho algo que no es. Yo no tengo problemas en decir si es o no mi novio, no como Rachel. Pero si no lo es, pues no es.

—¿Qué pasa conmigo? —intervino Rachel, que parecía entrar en ese instante en la conversación. Todos sus sentidos estaban pendientes de la inminente llegada de Quinn tras ver como Matt se perdía entre la gente—¿Qué pasa? ¿De qué os reís? —insistió tras ver como Brody y Kate se miraban y sonreían a la vez—¿Qué has dicho?

—Nada, cosas nuestras—respondía Brody.

—No, cosas vuestras no ¿Qué está pasando?

—Rachel—habló Kate—¿Cuándo nos vas a decir que Quinn y tú…?

—¿Quinn y yo qué? —cuestionó nerviosa. Volvían las miradas entre ambos y las sonrisas traviesas que conseguían poner aún más en entredicho la paciencia de la morena. —¿Qué pasa? —preguntó molesta—¿Por qué estáis así conmigo?

—Kate y yo lo sabemos, Rachel—reaccionó Brody, que volvía a alzar a Em sobre sus hombros—Sabemos que estás con Quinn, o estabas, no sé exactamente cuál es vuestra relación ahora mismo, pero que hay algo es seguro.

—No es necesario que sigas escondiéndolo con nosotros—intervino Kate. —Matt ha ido a por ella, tal vez es el momento de que nos lo digas de una vez antes de que llegue.

—¿Es cierto o no? —volvía a hablar Brody. Pero Rachel ya se había olvidado de todo. Del mal momento que estaba pasando tras ver como sus dos mejores amigos le confesaban que ya sabía lo que sentía por Quinn. Se olvidó de que tenía que responder de alguna forma coherente o racional, y no conseguía enlazar palabra alguna en su mente. Fue saber que Quinn estaba a punto de aparecer y todo quedó a un segundo plano, tanto que obligó a Brody a que le entregase a su hija para así, poder focalizar su atención en alguien que no fuese la rubia.

Estaba aterrada, y juraría que el temblor en sus piernas no era por el frío sino por la supuesta reacción de Quinn al verlas.

Un temblor que también aquejaba a Quinn mientras esperaba ver aparecer a Matt entre los centenares de personas que abarrotaban aquellas céntricas calles.

Había tenido suerte de poder escapar a uno de aquellos controles de la policía para evitar conflictos en una zona atestada de cientos, miles de personas.

Por suerte, la calle donde ella tenía su hogar, pertenecía a la zona de seguridad marcada y desde allí, podía desplazarse sin demasiados inconvenientes, excepto por la multitud que se reunía en aquella zona y que llegaba hasta el lugar de la cita.

No dudó en llamar de nuevo al chico para que acudiera en su búsqueda, ya que la puerta de entrada a Central Park donde estaba situado el monumento Maine, era básicamente un hormiguero de personas que iban y venía, que salían y entraban en el parque y que conseguían dejarla apartada en una de las esquinas de la verja metálica que protegía la entrada.

—Hey Quinn.

La voz del chico tras ella le supuso un alivio, no así el gesto preocupado que mostraba.

—Hola—trató de sonreír—Siento haber hecho desplazarte, pero llevo aquí casi diez minutos y me era imposible localizarte.

—Tranquila, estamos ya dentro para tener buen sitio y ver los fuegos, hemos decidido que no vamos a ir a Times Square, es bastante complicado llegar hasta allí con toda esa gente

—Si, además hay controles de policías, dudo que nos dejen pasar con tan poco tiempo

—Cierto ¿Vamos? —le ofreció el brazo.

—Claro, oye estoy un poco nerviosa por tus amigos. No los conozco, y me da un poco de vergüenza—se excusó. —Me he puesto lo primero que he encontrado en mi armario. Hasta hace una hora estaba en pijama.

—Olvídate de eso—le dijo sonriente—Estás preciosa de todas las formas posibles, es más, si llegas a venir en pijama, habrías creado tendencia.

—Sí, claro…

—Tranquila, Quinn. Son buenos amigos. No tienes por qué preocuparte.

—Ok, me fiaré de ti—respondía y Matt se detuvo en seco.

Si había algo que aquel chico odiaba en la vida era la mentira y desde que se había topado con Rachel y Brody, todo eran mentiras, inclusive aquella que le había hecho cometer para convencer a Quinn de que acudiese aquella noche a su encuentro.

—¿Qué pasa? ¿Por qué nos paramos?

—Quinn, siento haberte mentido—fue directo, tan directo que llegó incluso a aturdirla—Esos amigos de los que te hablo no te van a juzgar, porque ya te conocen.

—¿Qué? —preguntó confusa.

—En realidad, más que mis amigos, son tuyos—añadió— Kate, Rachel y ese tipo de Hollywood, Brody Weston—anunció sin titubear—Ellos son los que están conmigo en el parque, y también está esa niña, la que supuestamente era tu sobrina pero que evidentemente no es.

El gesto pálido del rostro de Quinn podía equipararse al blanco de la nieve que se acumulaba en el suelo de aquel parque, al igual que el frío que se apoderó de ella.

—Siento haberte mentido, pero Kate me pidió que te llamase porque no sabían dónde estabas, y sobre todo porque pensaban que no ibas a celebrar año nuevo—se mostró preocupado—Y yo quiero que celebres año nuevo, quiero que te diviertas y por eso te llamé.

Quinn seguía muda. A decir verdad, la chica apenas prestaba atención a la confesión de Matt. Su mente se había detenido justo en el instante en el que escuchó el nombre, su nombre.

Había esperado esa última llamada de Rachel para poder dejar a un lado el estúpido orgullo que sabía que no la llevaba hacia ningún lugar, y cuando ya pensaba que eso no iba a suceder, llegaba Matt con aquella absurda excusa y le confesaba que todo había sido idea de Kate, probablemente inducida por ella. Por Rachel.

—¿Quinn me estás escuchando?

—Eh sí sí—trató de mostrarse seria, pero le costaba. Quería ver a Rachel, quería pasar aquella noche con ella y olvidarse de lo que había sucedido.

—¿Me perdonas?

—Matt, realmente me sorprende que hayas hecho todo esto, sobre todo porque no era mi intención pasar esta noche con nadie—fingió—Pero no te preocupes, no tienes que pedirme disculpas. Soy yo la que sigue en deuda contigo por haberte dejado plantado en la cafetería.

—Lo de la cafetería ya está olvidado. Ya me pediste disculpas por ello, y bueno, no fue culpa nuestra que nos interrumpieran—le sonrió confidente—Yo te pido disculpas por haberte mentido.

—Ok—sonrió por primera vez, disimulando y tratando de no mostrar los nervios que ya comenzaba a acusar.

—Genial, entonces… ¿Todo bien? —respondía más tranquilo—¿Vamos con ellos?

—Sí, claro—susurró volviendo a tomar el brazo del chico, y dispuesta a enfrentarse a todos sus temores.

No tardó mucho en descubrir a Kate en una de las explanadas y junto a ella a Brody. Los dos hablaban entretenidos mientras observaban el enorme escenario que había instalado en la zona oeste, y que podía verse desde allí a pesar de los cientos de personas que ya habitaban el parque en aquel instante.

Dos enormes pantallas quedaban justo a la derecha, desde donde emitían imágenes en directo de Times Square. A quien no logró ver fue a ella, a Rachel. No estaba allí, ni ella ni Emily, y eso empezó a preocuparla. Fue Matt quien alzó la voz interrumpiendo la conversación que mantenían ambos, y Quinn no tardó saludarlos forzando la sonrisa.

—Quinn, hola. Has venido—fue Kate la primera en adelantarse procurando saludarla.

—Me habéis traído, mejor dicho—se quejó con una improvisada mueca de disgusto.

—Solo queríamos que salieses a divertirte—se excusó Kate.

—Yo no he tenido nada que ver—interrumpía Brody, que no dudó tampoco en saludarla regalándole un breve abrazo.

—¿De quién ha sido la genial idea? —miró de nuevo a Kate que a su vez buscaba a Matt, y éste la esquivaba—¿Dónde está? —cuestionó al no recibir respuesta.

Fue Brody quien le indicó la situación exacta de Rachel con tan solo una mirada.

La morena permanecía unos metros más alejada de ellos, con la pequeña entre sus brazos mientras buscaban algo en uno de los árboles que había en aquel lugar.

La estaba mirando. Rachel había visto como Quinn llegaba y saludaba con aquella expresión de molestia en su rostro, y se sintió mal por volver hacerle pasar otro mal trago.

Más aún en aquel instante en el que por primera vez y gracias a Brody, ambas se descubrían mutuamente y cruzaban una indescifrable mirada.

Tuvo que volver a focalizarse sobre la pequeña para no perder la compostura.

Quinn estaba enfadada, al menos eso era lo que aparentaba y lo que Rachel creía. Lo que no sabía era el vuelco que el corazón de la rubia había dado al descubrirlas bajo aquel árbol.

Un vuelco que apartaba por completo cualquier mínima duda que pudiese existir en aquel instante y, probablemente durante el resto de su vida, acerca de lo que sentía por ella.

No lo dudó, y tras varios segundos Quinn avanzó hacia ambas. Emily era la mejor de las excusas que tenía para poder hacerlo, aunque la verdad era que deseaba poder saludar a la pequeña y entregarle ese abrazo que hacía ya más de dos días, tenía guardado para ella.

—Hola—susurró Rachel sentir la presencia de la rubia frente a ella. La niña se giraba en sus brazos, y rápidamente buscaba a Quinn para lanzarse a ella. Gesto que no tardó en aceptar.

Rachel terminó entregándole a la pequeña que se abrazaba a la rubia y por primera vez, conseguía provocar un pequeño ataque de celos en su madre.

Ella también se moría por abrazarla, y en ese instante solo su hija tenía el lujo de hacerlo sin recibir una negativa o tener algún tipo de consecuencias.

—Te he echado de menos, hormiguita—susurró Quinn tras darle un pequeño y cariñoso achuchón. —¿Qué hay aquí? —cuestionó curiosa al ver cómo tras aquel abrazo, la pequeña comenzaba a señalar hacia el árbol que las cobijaba.

—Eh, hemos descubierto una flor y estábamos mirándola—respondía Rachel en lugar de su hija—Es raro encontrar una flor en un árbol en pleno invierno con tanta nieve.

Quinn se guiaba por la indicación de Emily y descubría la pequeña flor que salía de una de las ramas—Es como un milagro—susurró Rachel.

—Ya ves—respondía por primera vez Quinn—Hay cosas que suceden sin explicación alguna—añadió.

—Lo siento, Quinn—se disculpó Rachel casi sin darle tiempo a reaccionar—Siento haber vuelto a jugarte una mala pasada. —Le dijo, pero ella no le respondió. Llenó sus pulmones con una gran cantidad de aire y fue expulsándolo poco a poco. No se había dado cuenta como, pero se había acostumbrado a esa sensación de sentir como el frío casi helaba su interior cada vez que respiraba con tanta profundidad. Y le gustaba, le ayudaba a relajarse cuando más lo necesitaba. —No volveré a molestarte—susurró abatida por su silencio.

—Matt sabe que Em no es mi sobrina—dijo sin dejar de mirar a la pequeña, ignorando por completo su disculpa—Estás jugando con fuego.

—Ya lo sé, Quinn. Tampoco cree que sea sobrina de Kate ni de Brody. Supongo que ya sabe todo, o al menos lo intuye.

—¿Y no te preocupa? —la cuestionó con algo de sarcasmo.

—No—fue sincera—Es un buen chico, tú misma me lo has dicho muchas veces, y Em no tiene la culpa de mi maniática obsesión por apartarla del mundo—hizo una pausa—Ella tiene que ser una niña, y disfrutar como tal.

—Vaya—la miró por primera vez a los ojos—Veo que al fin haces caso a Brody, aunque me extraña que lo hagas con tanta rapidez.

—Voy poco a poco—respondía un tanto molesta por el sarcasmo que desprendían sus palabras—Dudo que nadie me pueda reconocer aquí ahora—lanzó una mirada a su alrededor—Ni siquiera reconocen a Brody, que es mucho más famoso que yo, así que no creo que suceda nada.

—Eso espero—volvía a mirar a la pequeña, que ya se entretenía jugando con la trenza que ella misma se había hecho en el pelo y que caía sobre uno de sus hombros.

El silencio después de aquella respuesta regresó a ellas a pesar de estar rodeadas por miles de personas. Y fue Quinn, tras ver como Rachel bajaba la cabeza y mostraba un gesto de pena en su rostro, quien terminó acabando con la tensión.

Tener a Emily entre sus brazos le hizo recapacitar y recordar cuál era su deseo desde la llamada de Santana; ver a Rachel. Y la tenía justo a su lado, tratando de encontrar algún tipo de conversación que no provocase ninguna de aquellas agrias respuestas que había empezado a regalarle sin más.

Fue Rachel quien dio el paso para que ella estuviese allí aquella noche, y era hora de agradecérselo. De hacerle ver que, aunque aún sentía aquella punzada de orgullo tras la discusión, quería estar allí, con ella y con su hija.

—Te la has jugado con Santana—habló al fin y terminó sorprendiendo a Rachel.

—¿Te lo ha dicho?

—Sí, y no solo eso, por culpa de esa llamada me ha obligado a salir hoy.

—Vaya, lo siento, Quinn—volvía a responder cabizbaja—veo que no acierto de ninguna manera.

—Tranquila—interrumpía con algo de dulzura—Estaba esperando a que volvieras a llamarme—confesó provocando que Rachel alzara de nuevo la mirada hacia ella.

—¿Mi llamada?

—Así es, me prometí aceptar la quinta de tus llamadas—trató de sonreír—Pero se adelantó Matt. —Añadió y la confusión se adueñó de la morena. —Os he echado de menos—dijo acabando con sus dudas.

—Eh, disculpadme—Brody interrumpió el cruce de miradas—Los fuegos están a punto de comenzar, me llevo a Em. —Dijo arrebatándosela directamente a Quinn, que no pudo más que aceptar la petición regalándole un último achuchó a su pequeña amiga.

Rachel guardó silencio observando la escena, completamente fascinada por la dulzura que desprendía Quinn cuando trataba con su hija. Ni siquiera se percató como Brody la miró de reojo para asegurarse que se encontraba bien, mientras Kate y Matt no perdían detalles de ellas unos metros más alejados.

No supo por qué, pero las lágrimas comenzaron a inundar sus ojos justo cuando ambas se quedaron a solas, aun tratando de asimilar aquel os he echado de menos que Quinn acababa de regalarle.

—Quinn—susurró recuperando su atención—Esto significa que…

—Esto significa que tenemos que hablar y aclarar todo lo que ha sucedido con Em—le respondió con rotundidad.

—¿Con Emily? ¿Y qué sucede con nosotras? —balbuceó. —Se que me pediste tiempo para pensar, pero yo no tengo ni idea de en qué punto estamos. Y necesito saber si…

—No hay nada que hablar sobre nosotras—la interrumpía volviendo a provocar su incertidumbre—Tú y yo ya tenemos todo claro, al menos por mi parte.

—¿Todo claro? —preguntó confusa—No entiendo que quieres decir con eso.

Un aviso. Una sonora explosión les indicaba que los primeros fuegos artificiales estaban a punto de comenzar, y fue Quinn la primera en reaccionar.

—Será mejor que vayamos, sería una pena perdernos los fuegos artificiales estando aquí—murmuró.

—Oh, Ok—respondía de nuevo cabizbaja. Rachel había dejado escapar la primera de aquellas lágrimas que pretendía contener tras escuchar su respuesta. Una respuesta ambigua que no le permitía saber si su relación iba a seguir adelante o, por el contrario, ya no había nada más que hacer. No tuvo más remedio que hacer lo que le pidió, y siguió sus pasos dispuesta a encontrarse con el resto, y disfrutar, si es que lo lograba, de los fuegos artificiales. Pero algo la detuvo antes de que aquello sucediese. Quinn se aferró a su brazo y buscándola con la mirada, realizó un gesto con la mano que quedaba libre.

La alzó hasta tocar su propia barbilla y boca, y luego realizó un círculo imaginario frente a ella. Rachel se mostró confusa y no dudó en reaccionar.

—¿Qué es eso?

—Estás…—volvía a repetir el gesto con la mano—Muy… Guapa—susurró dejando completamente petrificada a Rachel, que no sabía si reír o llorar—Deberías aprender de una vez el lenguaje de signos—volvía a hablar dibujando una leve sonrisa en sus labios.

Un nuevo estruendo se dejó oír y el murmullo de la gente las devolvió a la realidad tras percatarse de que los fuegos artificiales previos a la cuenta atrás, habían comenzado. Y esa vez sí, Quinn caminó sin detenerse hasta la zona donde seguían situados Kate, Brody, Matt y la pequeña Emily.

Rachel tardó en reaccionar al ver como la dejaba a solas, rodeada de desconocidos y aquel gesto de signos guardado en su mente.

Le acababa de decir que estaba guapa y eso, después de las dudas que dejó por culpa de su respuesta, era un claro signo a su favor. No había nada que hablar sobre ellas, porque todo estaba bien entre ellas. No había otra opción, pensó Rachel al ver como Quinn ya comenzaba a sonreír y observar los dibujos que la pólvora quemándose creaba en el oscuro cielo, incluso llegando a sacar algunas fotografías que rápidamente envió por mensaje, o eso intuyó que hacía al ver su sonrisa.

Un nuevo gesto, una nueva mirada de Quinn hacia ella, invitándola a que se uniera al grupo, fue la respuesta que necesitaba para confirmar sus sospechas, y sin dudarlo, Rachel avanzó entre la gente, y tuvo el valor de colocarse a su lado para terminar entrelazando su brazo con el de ella, que ya reposaba con su mano dentro del bolsillo del abrigo.

Solo una sonrisa.

Quinn dibujó una nueva sonrisa en su rostro sin apartar la vista de las luces que ya comenzaban a iluminar el cielo de Manhattan, y Rachel entendió que aquello estaba bien. Tanto que no dudó en deslizar su mano hasta introducirla en el mismo bolsillo, y aferrarse a la suya.

La respuesta de Quinn fue la mejor que podría esperar. La rubia volvía a aceptar aquel movimiento y entrelazaba sus dedos con los de ella, protegidos por la cálida lana de la prenda de vestir, y ocultos a las miradas de quien les rodeaba.

Era como aquella flor que permanecía en el árbol, luchando contra la violencia del frío y la naturaleza, algo completamente mágico.

Hacía apenas una hora trataba de mantener la mente ocupada jugando con Superman, tras cenar una pizza medio quemada y los restos de una botella de champan abierta días atrás, y ahora estaba allí, con Brody a su izquierda y Emily regalándole sonrisas mientras observaba los fuegos artificiales, y a su derecha, Rachel aferrada con fuerzas a su mano.

No podía evitar sonreír y suspirar al mismo tiempo que pensaba en la situación, y se dejaba llevar por el momento. ¿Tan complicado era que todo fuese así? ¿Tan difícil era poder disfrutar de aquellos sentimientos con la persona que deseabas a tu lado?

Aquella situación le demostró que no, que nada era tan complicado y difícil si se deseaba. Y se hizo una promesa.

La promesa de no volver a dejar que fuesen los demás los que diesen ese primer paso, mientras ella esperaba sentada. A partir de aquel instante no iba a dudar en llevar la voz cantante si deseaba hacer algo y estaba en sus manos.

Un pequeño apretón de la mano de Rachel sobre la suya y el aviso en las pantallas que aparecían a lo lejos, le indicaba que la cuenta atrás para la llegada del nuevo año comenzaba en ese enorme bola azul caía en Times Square y ellas la observaban a través de las pantallas, acompañada de una cuenta regresiva que todos los presentes en aquel lugar, acertaban a cantar al unísono.

Ni Matt, ni Kate, ni Brody se quedaban atrás y alzaban la voz cantando cada número con emoción. Una cuenta regresiva que Emily disfrutó sobre los hombros de su padre, con una sonrisa que podía conquistar al mundo entero. Una cuenta regresiva que Rachel pronunció con apenas un hilo de voz mientras observaba a su hija. Una cuenta regresiva que Quinn seguía con la mente, siendo consciente de que estaba justo en el lugar en el que quería estar, entre las dos únicas Berry que le hacían feliz, y que sin duda se habían ganado su corazón.

El éxtasis llegó tras ver como la bola ya había descendido por completo y los gritos y risas se dejaban escuchar en todo el parque, felicitando la entrada del nuevo año.

Los abrazos entre ellos no tardaron en llegar. Abrazos que se repartían entre Matt y Quinn, Kate y Rachel, Rachel y su hija, Brody y Rachel, Kate y Emily, Quinn y Kate, Brody y Quinn, Emily y Quinn y, por último, como si de un guion perfectamente detallado se tratase, entre ambas.

Rachel buscaba a Quinn, a su Quinn, a su chica, porque daba igual que no hubiese nada oficial, daba igual que aún estuviesen molestas y que no hubiesen hablado. No importaba nada en aquel instante, solo el hecho de poder abrazarla como deseaba. Hecho que no tardó en llegar tras ver como Quinn volvía a entregar a Emily a su padre, y éste, completamente enloquecido, comenzaba a jugar con ella provocando también la atención de Matt y Kate, que no tardaron en unirse a la diversión que el chico de moda en Hollywood conseguía transmitir.

—Feliz año nuevo, Quinn—susurró la morena acercándose sin miedo a ella.

Apenas un segundo más tarde las dos se abrazaban en mitad del parque, donde miles de personas celebraban aquel instante. Donde miles de personas no les prestaban atención. Donde miles de personas ignoraban que aquella actriz de Broadway estaba entregándole el más cariñoso y sentido de los abrazos a otra actriz, menos conocida pero igual de talentosa que ella.

Donde miles de personas fueron testigos ciegos de cómo un añorado beso se producía entre aquellas dos mujeres que parecían vivir una nueva adolescencia.

Ni Kate, ni Matt, ni Brody fueron testigos de aquel beso que las volvía a poner en el camino que habían elegido comenzar juntas hacia escasos días.

Solo había una persona que fue testigo de aquella muestra de amor en mitad del barullo de gente que seguían brindando por la felicidad. Una persona que iba a ser la mejor de las confidentes de aquel secreto que mostraron durante algunos segundos, y que nadie acertó a ver.

Emily Charlotte Berry.

Ella fue la primera en presenciar aquel primer beso público de su madre y de una de sus personas favoritas.

Estaba bien guardado el secreto, pensó Rachel al descubrir la mirada curiosa de su hija observándolas desde lo alto de los hombros de su padre.

—No estés tan segura—susurró Quinn al descubrir la situación, y como si pudiese leer la mente de Rachel, mostró una sonrisa ante la mirada confusa de la morena—Es probable que nos dibuje.