― ¿Qué es lo que buscas? ―

― Paz ―


La sangre no se detuvo del brazo cortado de Serafall, la mujer estaba de rodillas apretando el lugar donde faltaba la extremidad, un sonido de aire cortado resonó con fuerza.

Un bloque de hielo enorme emergió debajo de los Serafall levantándola al instante junto con su brazo cercenado.

Un grito de dolor ahogado resonó mientras que giraba en el suelo que le propinó el bloque de hielo.

Eso hasta que empezó a caer.

Aquel pilar de cientos de metros de grosor, encantado por alguien como Serafall, fue cortado limpiamente por parte de Freed, el cual estaba aún parado al lado de Kaguya.

Nadie se movió, nadie dijo nada.

Freed tomó a Kaguya en brazos mientras que cerró los ojos.

Poco después de eso, cayó Serafall de la punta del bloque de hielo mientras que sostenía la cortadura y su brazo.

Sirzech no se movió.

Michael y Gabriel tampoco.

No era normal.

Nada era normal ahora.

El sonido de fractura vino de la cabeza de Freed, mientras que un cuerno de al menos doce pulgadas se extendió en su frente, un cuerno completo.

El tonó del hombre pasó a ser más claro, tanto como el de Kaguya misma.

Fue un parpadeo.

Un sonido.

No.

Algo similar.

Nadie pudo ver nada.

Pero para Freed de ahora.

Solo caminó hasta el lado de Grayfia y Azazel.

Una columna de energía color azul emano de parte del cuerpo del hombre mientras que su cuerno se redujo hasta la mitad de su apogeo anterior casi de forma instantánea.

― Cuídenla, ella va a estar bien, voy a generar una ruptura a la barrera, en ese momento, salgan ―Fueron palabras casi fantasmales de parte del hombre de pelo ceniza.

No era el mismo loco.

No, ahora mismo.

Él estaba totalmente loco, mucho más de lo que estuvo.

Fue otro parpadeo antes de que Freed volviera a su punto original. Parado en donde había caído Serafall, la cual ahora estaba de pie y apretando su brazo cortado, para poco después unirlo con hielo que rodeo el corte.

Una sonrisa salvaje vino del rostro de Serafall mientras que vio al hombre parado con los ojos cerrados, Freed los volvió a abrir con aburrimiento.

― Te hiciste mucho más lento ―aquel comentario de Serafall vino con fuerza mientras que un tridente de hielo vino a su mano, al momento en que aquel tridente toco el suelo, este quedo en completó estado de congelación instantánea.

Sirzech también lo notó, la velocidad inicial del hombre fue mucho, mucho más rápida de la que había usado hace unos momentos.

Freed frunció el ceño, él le entregó casi todo lo que tenía a su hermana ¿Quizá debió esperar más?

Quizá, quizá si derrotaba primero a todos ellos podría entregarle todo a su hermana, pero, ahora, no importaba, vio la sangre de su hermana, vio el dolor en la cara de ella, aquel dolor, aquella agonía.

Levantando una mano al cielo, una esfera color negro salió de la palma del hombre.

Michael alzó una ceja.

La energía de la bola de no era fuerte, no era para nada peligroso ¿Qué era aquello?

Una melodía empezó a sonar.

Un recuerdo, una propagación de recuerdo vino de parte de la esfera.

― ¿Música clásica? ―Sirzech preguntó mientras que la melodía empezaba tranquila.

― La sonata del trino del diablo ―Freed cerró los ojos mientras que dejaba que aquella música viniera a su cabeza. ― Odio la música clásica, pero, mi hermana amaba tocar el piano, amaba poder tocar melodías, esta era su música favorita, siempre decía que los demonios no podrían ser tan malos si es que dejaron a un humano aprender esto ―Freed alzó la espada mientras que dejaba que aquella música siguiera.

Para Freed fue un calmante.

Para los presentes un himno.


― No debes odiar a nadie, el odio solo genera más odio ―aquella dulce voz.

Aquella voz tan calmada. La voz que un niño anhela escuchar siempre, una vez que resuena en afecto.

Aquel niño de cabello blanco que abrazó a su hermana en una silla de ruedas mientras que veía con complacencia como tocaba el piano.

Los ojos de un niño que veían a su hermana sonreír con dulzura, que prometían afecto eterno.


― Escuché que te peleaste otra vez con los niños en la escuela ―una voz madura sonó mientras que vio a aquel niño de seis años.

― ¡Dijeron que mi hermana era una inútil que no podía pararse sola! ―los niños eran crueles.

Pero seguían siendo humanos.


― No deberías pelearte por alguien como yo ―unas manos cálidas vinieron y rodearon a Freed mientras que un perfume embriagador lo llenó.

Su hermana olía tan bien.

Tan hermosa, tan linda, tan elegante, Freed iba a protegerla, no iba a ser como uno de esos adultos que la despreciaban por su discapacidad.

― ¡Mi hermana es hermosa y es muy buena me molesta que esos tontos no lo entiendan! ―Freed miró con enojo hacia el suelo.

― Mi, mi pequeño hermanito ¿Quieres escuchar una melodía? ―


Un vals.

Un vals de llamas, Freed bailando con su hermana que hacía todo lo posible para ponerse en pie, ella era débil, pero de igual manera podía pararse por un corto periodo, la debilidad con la que su hermana nació siempre le molestó, pero al menos ella cada vez se ponía mejor.

La sonrisa inocente de Freed creció ante el vals.

El vals que se llenó de una marcha de fuego.

Había un gran pilar de madera en la espalda del niño haciendo que este esté contra el suelo.

Risas por todos lados junto con sus mejillas llenas de sangre.

― ¿La madre estuvo bien? ―una voz jovial sonó mientras que una gran cantidad de risas llegaron.

― Lloró un poco, pero poco después empezó a chupar y saltar como una perra en celo, era hermosa ―aquello terminó con una risa general una vez más.

¿Qué pasaba?

Demonios.

Demonios.

Padre.

Padre tenía la culpa.

Hizo un trato.

Dejó de ser humano.

Un trato para poder hacer que su hija pueda caminar con libertad.

Pero no pudo pagar el trato.

Freed de aquel instante no lo entendió, la conversación de aquellos demonios sobre su madre.

― Debiste ver la expresión del sujeto cuando violamos a su esposa frente suyo ¡Fue magnifica! Lloró como…―el demonio se cortó mientras que vio al pequeño de cabello ceniza viendo todo con lágrimas, pero con una expresión de enojo. ― Traigan a la niña ―la sonrisa del demonio creció.

Poco después seis demonios llegaron, tiraron a la joven, la hermosa mujer de cabello blanco, la hermana de Freed de su silla mientras que la dejaron en el suelo.

― ¡Freed! Dios ¡¿Estas bien?! ―Freed vio como su hermana solo podía darle una mirada de preocupación mientras que se arrastraba para tocar las mejillas de Freed.

― Hermana…―Fue débil, pero la voz de Freed vino con felicidad.

Eso hasta que escuchó el ruido.

Ropa siendo rasgada.

La falda larga de su hermana siendo arrancada mientras que fue tirada hacia atrás y desnudada.

Freed lo vio.

Como todos levantaron sus miembros hacia su hermana.

No hubo nada que hacer.

Los gritos de dolor de su hermana llegaron mientras que la penetraban por primera vez, aquello solo por unos momentos antes de que tomaran el cabello de su hermana y la forzaran a tener un miembro en la boca.

Fue allí que empezó.

Fue en ese momento en que Freed comprendió.

Al ver la mirada de auxilio de su hermana y la mano que se levantó hacia él en búsqueda de ayuda.

Aquello fue cuando Freed entendió lo que los demonios eran.

Que nadie debía ser un demonio.

También después de esa noche.

Él sabía mejor que nadie.

Que su hermana fue decapitada y su cabeza colgada en la chimenea.

Freed conoció todo, que la mujer que él encontró no era su hermana, pero, era igual, al momento en que la vio con la silla de ruedas y aquel cabello inconfundible, mirada y rostro idénticos…casi lloró.

Pero no importaba.

La melodía de parte de la esfera que estaba volando llegó a un solo de violines.

Las manos de Sirzech se llenaron de magia mientras que evitaba el corte que fue casi instantáneo, moviendo sus manos en cientos de movimientos en un par de segundos, bloqueo todos los tajos de la espada del hombre.

La espada no se corrompía por su poder.

Y sus brazos se estaban desgastando.

Una lanza de luz cayó en picada hacia el hombre de pelo ceniza mientras que aquella persona, uso la pierna que utilizo como soporte para un último tajó y salió hacia un costado.

Saliendo disparado hacia Gabriel que estaba preparándose para dar una embestida.

Levantando su lanza Gabriel bloqueó el tajo, solo para que Miguel llegara y diera una patada en el estómago del hombre, aquello recubierto con luz.

Freed abrió la boca dejando que sus órganos se dañen, pero giró para cortar de forma diagonal el pecho de Michael. A pesar de todo, Freed aún era demasiado humano.

Aquel golpe al pecho de Michael, parecía bueno.

Más solo fue algo superficial.

Pero no quedo fuera de lugar el hecho que los restos de la armadura del hombre cayeron como si nada al suelo ante el corte.

Humo empezó a salir del estómago de Freed mientras que tomaba distancia, curación instantánea.

¿Qué importaba la humanidad de uno?

La mano de su hermana vino a su mente una vez más.

Los demonios.

Los malditos demonios.

Apretando los dientes, dejó que sus ojos se pongan rojos por las venas que saltaban y las venas de su frente crecieran, la sangre salió de sus ojos como lágrimas, al igual la sangre cayó de sus oídos.

Estaba molesto, Freed quería terminarlo ahora.

Pisó con fuerza mientras que alzaba el brazo y se preparaba.

Vio a Sirzech, y…

Un bloque de hielo enorme llegó mientras que se extendió antes de que pudiera tocar al hombre de pelo rojo.

― ¡Levi-tan está enojada! ―un bloque del tamaño de un meteorito caía sobre Freed, el cual había quedado encerrado en el hielo.

Freed lo sabía, que, si era mejor, no iba a necesitar tanto tiempo para hacer algo contra ellos, o algo por el estilo, pero ahora, no importaba, él solo sabía blandir una espada, entonces.

Un corte con aquella hoja que era su ser mismo iba a ser.

El humo llegó por todos lados mientras que el bloque de hielo quedo al rojo vivo mientras que el corte del hombre de pelo blanco llegó, la cortina de niebla se extendió solo unos instantes antes de que entre la niebla saliera a cortar a la mujer Leviatán.

Eso hasta que seis lanzas se pegaron a su espalda evitando que se acerque.

Haciendo que Freed terminara clavado en el suelo. Más aquello fue solo momentáneo, se puso de pie, las lanzas aun en su espalda mientras que cuatro lanzas de luz llegaron por el frente, dos de ellas entraron en sus hombros y las otras dos en su pecho.

Una risa enorme llegó de parte del hombre de pelo blanco. La alegría de poder hacer algo, de no quedarse atrás esta, de haber extendido su mano.

Quebrando el piso con un pasó, tomó su espada con ambas manos mientras que cortaba en donde estaba Gabriel, la cual esquivo el ataque, pero de igual manera le dio un ligero corte en su brazo.

Más el suelo de donde siguió el corte se dividió como si nada.

Una esfera de color negro carmín llegó al brazo del hombre de pelo ceniza.

Dejando que aquel brazo cayera al suelo al instante en que se convertía en polvo.

Otra risa más fuerte vino de Freed.

A él no le importaba, no sentía el dolor.

No cuando lo único que estaba haciendo era tiempo.

La espada que se había quedado en el aire por la pérdida de un brazo, fue tomada por el brazo izquierdo de Freed mientras que cortaba las lanzas que veían a su dirección.

Saltó mientras que bloqueó el golpe que venía de arriba de Gabriel con la planta de su pie, en una patada alta, aquello para poco después girar y cortar parte del estómago de Gabriel en forma horizontal.

Esta vez Gabriel arrugó el rostro mientras que su armadura cayó.

Dejándola en una camisa alta de mangas largas color negro, su cuerpo fue expuesto, al menos su figura.

Una patada llegó de parte de Michael en la cabeza de Freed, el cual se deslizó, pero tomó la pierna del hombre mientras que volaba por el impacto.

Llevándose consigo al Michael y usándolo como escudo de las lanzas de hielo que veían de parte de Serafall.

Dejando al hombre con las lanzas, Freed rompió algunas de las que tenía sobresaliendo de su cuerpo antes de correr hacia su espada. Tomando su espada bloqueo el ataque entrante de Sirzech, para poco después ver como el hombre de pelo rojo frunció el ceño ante aquello.

Más una lanza pasó cortando el brazo de Freed desde el codo, aquello en una lluvia de sangre.

Aquello fue algo que notó Gabriel, él hombre de pelo ceniza no estaba curando sus extremidades como lo hizo con sus heridas.

No podía.

Sirzech vio la apertura para atravesar al hombre de pelo ceniza, pero no contó con lo que pasó, Freed mordió la mano que fue cortada en el aire para que la sangre se esparza para luego tomar la empuñadura con la boca. Dando un tajo vertical.

Sirzech retrocedió.

Pero de igual manera su ojo derecho, con parte de su rostro fueron alcanzados por la punta de la espada.

Una risa voraz llegó del hombre de pelo ceniza ahora sin manos mientras que sujetaba aquella espada con la boca.

Sirzech cayó de rodillas mientras que llevó una mano a su rostro, solo para levantar su único ojo bueno y ver al hombre frente suyo.

El cual le escupió uno de los dedos que rompió mientras que mordió su propia mano.

Ese hombre.

Esa bestia, estaba loca.

Siete lanzas de luz cayeron en la espalda de Freed, haciendo que se tambaleara hacia adelante.

La sangre cayó sobre la empuñadura de la espada que emergió de la boca de Freed.

Un golpe de parte de Gabriel coronó aquello mientras que mandó a volar a Freed hacia Serafall, la cual lo esperó con el tridente en mano, el cual atravesó su pecho sin problemas.

El hielo se expandió con rapidez por el cuerpo del hombre. La espada cayó por fin de la boca del hombre mientras que grito ante la congelación inminente.

Ha este punto, no había nada que hacer por parte de los espectadores, todos Koneko, a pesar de todo, estaba gritando alzando su mano mientras que quería ir al lugar donde se encontraba Freed ¿Quién era otra vez ese sacerdote loco?

Un genocida en masa de las personas que tuvieran una minina cercanía con los demonios, pero, él sabía lo que era ella, él sabía quién era, pero de igual manera, la trato como si realmente fuera una sobrina, no, una hermana pequeña.

Pataleó mientras que los brazos de Rossweisse estaban abrazando con fuerza Koneko con lágrimas en los ojos y gritando desgarradoramente, nadie dijo nada por la actitud de Koneko, tampoco por la forma en las que Rossweisse lloraba de igual manera por aquella persona.

Para Rossweisse, no hubo mucha más historia con Freed de la de que era el hermano de Kaguya, un hermano con tendencias raras, pero a final del día, cocinaba bien, cocinaba para ella, hablaba, podía preparar un té realmente bueno, y siempre escuchaba cualquier cosa, nunca le molesto por su torpeza.

Freed apretó los dientes mientras que forzó ante el hielo que lo estaba cubriendo sin más, avanzó unos pasos mientras que se quedó cara a cara con Gabriel, le escupió sangre antes que la mujer le diera un golpe en el rostro, haciendo que Freed patinase hacia atrás.

― ¡Sucios seres! Los matare ¡Los matare! ¡Mi hermana va a caminar tranquila! ¡Ella va a poder salir a trabajar cuando quiera! ¡Se reirá de la vida que perdieron mientras que sonríe a su hija con amor y me llama hermanito! Si…―el cuerpo de Freed era casi en su totalidad hielo menos parte de su cabeza para arriba. ― Ella me llamara, hermano, hermana, mi dulce hermana, mi querida hermana, esta vez…si...extendí…mi mano…―Freed estaba empezando a cerrar sus ojos.

Unas manos salieron de un portal negro mientras que rodearon las mejillas de Freed, era cálido.

Freed abrió los ojos mientras que vio el rostro sonriente de Kaguya.

― Buena noches, mi querido lindo hermano ―Kaguya se sintió en la necesidad de decirlo.

Tampoco entendió algo.

¿Por qué lloraba por aquel loco que siempre rogó que se fuera de su vida?

Freed cerró los ojos con una sonrisa antes de que él hielo le cubriese por completo.

― Bueno eso fue más intensó de lo que pensé ―Kaguya alzó la vista y los vio, a todos, curados. ―Las lágrimas de los Phenex realmente son algo ―Sirzech llevó una mano a su ojo.

Un pitido continuó empezó a sonar.

Todos alzaron la vista ante la esfera negra que se había detenido hace un rato.

La cual se rompió y dejó caer algo sobre el suelo frente a Gabriel.

― ¿Un teléfono? ―Gabriel preguntó mientras que lo vio.

La alarma decía…

― ¿Púdranse? ―aquello fue raro.

Eso hasta que una fisura se abrió detrás de Gabriel.

Kaguya se dejó caer de rodillas al lado de la estatua de Freed mientras que vio quienes salían.

Era hora.

―…―

Cuando ambos.

Naruto y Sasuke llegaron, no olieron la ciudad o la residencia del rubio a la que se suponía que iban a ir.

― Entonces volvieron ―Los ojos de Naruto giraron hasta una figura…

Kaguya, con lágrimas en los ojos, sangre por la comisura de sus labios y agujeros por todos lados de su cuerpo, sangre llenaba a la mujer.

y…

la energía de Freed estaba en cero.

Alzando la cabeza Naruto vio la estatua sonriente de hielo del hombre de pelo ceniza.

Las lanzas por todo su cuerpo mientras que la sangre misma se congelo en el aire, no tenía brazos y estaba con heridas por todos lados.

― Supongo que no salió como debía ser ―había una voz que Naruto siguió.

Azazel sin un brazo y con su energía saliendo a cada segundo que pasaba, el cuervo iba a morir.

Quietud.

Algo no iba a bien.

Algo, algo primordial llamó a los cuatro señores de las facciones.

Algo que decía que se alejaran.

― Sasuke ―Naruto llamó mientras que la voz plana del rubio fue todo lo que se necesitó.

El rostro siempre hermoso de Rossweisse estaba llenó de lágrimas mientras que gritaba y lloraba de rodillas.

Freed estaba muerto.

Kaguya y Azazel al borde de desaparecer y Rossweisse llorando desconsoladamente mientras que vio todo con impotencia.

Las venas de la frente de Naruto salieron mientras que la piel de la cara del rubio se despegaba dejando una masa roja debajo.

― Lleva a todos, dentro de Susano ―no fue una orden, tampoco una súplica.

Fue un hecho que Sasuke hizo al instante.

Nadie vio nada, nadie pudo seguir al hombre de cabello negro que de la nada tenía a todos reunidos.

― Manipulación espacio temporal instantánea…―Sirzech susurró mientras que vio a todos de la nada cerca de ambos recién llegados.

Era raro, demasiado raro.

Se sentía que nada iba a terminar.

Vio como el rubio, levantó una mano, una llena de vendas, quitándose cuidadosamente las vendas, dejó a la vista un brazo blanco puro, con arrugas y de una forma rara, casi viscosa a la vista.

Tocando a cada uno, Azazel, Kaguya y la estatua de Freed. Solo para que al instante todos desaparecieran.

Un profundo suspiro salió del hombre.

― Realmente estoy enojado. ―

Esas palabras fueron todo lo que mencionó mientras que la piel y cabello se despegaran de su cuerpo.

Vas a darles una mínima oportunidad ¿No? Que amable de tu parte, pero no importa que hagan ellos, es la primera vez que te veo tan enojado

Naruto lo supo en ese momento, el como nadie debía verlo como algo que realmente importase o ayudase, para ellos, en este mundo, no era nada más que una amenaza, alguien que vino de la nada invadió.

Los que no dijeron nada por el shock que poseían, fueron Gabriel Y Michael.

Para ellos, no vieron a Naruto Uzumaki, aquel kyubi, no para ellos.

Las lágrimas salieron de sus rostros mientras que no importaba que hicieran solo podían pensar en una persona.

― Hermano…Azazel…―la voz de Gabriel fue casi muerta, retrocediendo y viendo al rubio, Michael estaba quieto viendo lo que pasaba.

Sasuke vio todo de la distancia, no importaba ahora la historia o lo que dijeran aquellas personas, no todo aquello, no era nada más que un chiste mal contado ahora.

Naruto estaba quieto viendo a todos los seres sobre naturales con una mirada muerta, la piel rasgándose nunca fue una buena señal, pero ahora, siendo que después de tantos años, tanta experiencia, tanto temple mental.

Que lograran hacer que el odio nazca en alguien como él, era algo como si le pidieras a Dios que diga una blasfemia.

Sentía pena, pero este mundo.

No iba a llegar lejos.

Los ojos de Gabriel reflejaron a la figura frente suyo, las emociones fueron varias, no había nada que decir, no había nada que hacer, todo lo que podía era ver como cada una de las acciones del rubio delataban más su forma profana.

A pesar de que era Azazel, al menos en apariencia, del tiempo en el cual estuvo en el cielo, aquel hermano bondadoso, tranquilo, juguetón y algo torpe estaba allí.

― Sasuke…―No hubo mayores palabras, solo un asentimiento de la cabeza de parte del hombre alto de cabello negro.

Dio un paso hacia adelante, cuando lo vio, la mujer Rossweisse.

Corriendo hacia el rubio que estaba parado en medio de los tres líderes.

Era obvio lo que estaba en el rostro de Rossweisse, miedo.

Ella pudo sentirlo, desde un comienzo, quizá Azazel, Kaguya y Freed, para su sorpresa, estaban en otra liga que no era si quiera posible para muchos, pero, tener a cuatro seres los cuales habían vivido por milenios y habían hecho cosas que nadie, ni siquiera algunos dioses lograron.

Era obvio que el miedo era lo primero que sintió, pero no fue miedo de sí misma, Rossweisse no se llamaría a sí misma como alguien bondadosa, pero quería lo mejor para todos.

Era por eso que cuando Naruto vio correr a Rossweisse a su lado y abrazarlo con fuerza que no supo que responder, al instante dejó que la ira dejara su cuerpo para no dañar a Rossweisse, con un movimiento suave y con total cuidado la abrazo mientras que la mujer lloraba en su hombro.

Naruto perdió luz en sus ojos a cada segundo.

Rossweisse estaba llorando.

― Detén esto…solo…vámonos…ya no quiero ver a nadie más herido…sácanos sé que pueden hacerlo ―no fue un llanto, fue un ruego, el ruego de ver a Rossweisse llorando con desesperación por su bien.

Naruto se quedó quieto, estaba enojado, ardía, quemaba, quería golpear algo, pero ¿Realmente era necesario? Quizá, su viejo yo de siempre volvió, por eso.

Sonrió y pensó en las palabras de Rossweisse, la abrazó con fuerza y pegó su cabeza contra el cabello de Rossweisse. Nadie se movió en ese lapso, nadie dijo nada, Naruto sabía mejor nadie, como después de las ordenes, y los esfuerzos, Azazel y Sirzech, no importaba que, tenían que cuidar a Rossweisse, siendo alguien tan noble de parte de los nórdicos.

Por eso, cuando un zumbido llegó a su lado juntó con un dolor en el pecho que algo en él se rompió.

El llanto de Rossweisse se detuvo, la lágrima de la peli platina estaban saliendo con más delicadeza, menos fluidas, más tranquilas, más lentas, terminándose.

Los brazos de Naruto envolvieron con delicadeza a Rossweisse, cerrando los ojos el rubio, sintió algo en el pecho, una punzada.

Tomó con fuerza la mano de la mujer ante la mirada atónita de todos los presentes y la acomodó en su pecho y la guio como si estuviera bailando.

Fue tranquilo, todo, a pesar de que incluso Sasuke tenía la boca abierta.

Terminó aquel vals junto con Rossweisse que estaba cerrando sus ojos, bajándola lentamente.

Dejando que la lanza de luz se deslice por su pecho y el de Rossweisse.

En su momento cúspide, curar algo como esto a alguien más no era la gran cosa, pero ahora, siendo que se enfocó tanto, tanto recurso para curarse a sí mismo siempre con el paso de los años…él no era Dios, si lo fuera, no iba a necesitar intervenir.

Aquella mano blanca y lechosa poso sobre la herida de Rossweisse, no hubo tiempo o algo a parte, aquella herida en el pecho de la mujer se cerró casi al instante mientras que Naruto movía su mano izquierda y acariciaba el cabello de la mujer.

La mano de Rossweisse subió a la cara del rubio acariciando con tranquilidad mientras que una sonrisa se formó en el rostro de la peli platina, una sonrisa amorosa.

― No te esfuerces…volvamos…―tranquila, feliz, calmada, amable, y amorosa, la Rossweisse que amaba.

Sasuke apareció a su lado mientras que tomaba a la mujer en brazos, no dijo nada, Naruto tampoco.

Había pasado mucho tiempo para Sasuke, que realmente quisiera hacer un genocidio.

Naruto vio al frente, su forma humana ahora estaba al cien, no había ningún rasgo extra, bueno, todo normal menos el agujero que se asomaba en el pecho del rubio.

Todos vieron aquello, a pesar de aquel agujero en el pecho del rubio, este quedaba impasible.

Pobres, realmente piensa que pueden matarte atravesándote el corazón, muy posible la única forma sería quitándote la cabeza, pero no importa ―La voz de Kurama fue tranquila, casi burlona, pero no dijo mucho más.

Kurama fue una masa de odio, por lo cual, pudo sentir, a pesar de que el rubio estaba con los ojos cerrados y con una sonrisa tranquila viendo a Rossweisse. Kurama lo sintió, el verdadero odio que jamás mostro el rubio.

Por muy poco, casi nada que sintió, el pequeño sentimiento de misericordia surgió, el rubio era un idiota amable, pero esto, esto estaba fuera de cuestión, fuera de la liga que él conoció.

Sasuke pasó con Kaguya a su lado, Rossweisse siendo cargada y tomo también a Koneko, Azazel y Grayfia, y un clon tomando a la estatua de Freed.

Un agujero se abrió frente a Sasuke mientras que no hubo palabras de más, Kaguya mismo no dijo nada mientras que ingreso, Grayfia llevando a Azazel en su hombro como apoyo tampoco, fue un silencio casi sepulcral.

Nadie dijo nada, nadie opino nada de las personas que se fueron, a pesar de la furia anterior de Michael y Gabriel por Kaguya, no se movieron, Gabriel estaba llorando mientras que veía a Naruto, Michael estaba con los ojos muertos también viéndolo.

― ¿Eso es lo que hizo al final Azazel? ―Michael preguntó mientras que veía a Naruto.

Para él, era como ver la versión ángel y joven de Azazel, entonces, eso fue lo que busco por tanto tiempo.

Volver a ser uno de ellos, no solo eso, sino traer de vuelta a aquella mujer.

Ahora tenía tanto sentido el cómo se quedó interesado por las construcciones de Dios.

Gabriel estaba llorando viendo a Naruto, ella había lanzado la lanza contra el rubio y Rossweisse, la lanza que le dio Michael, ahora, Naruto estaba quieto, sin decir nada, sin hacer nada, estaba meditando.

― ¿Por qué siempre buscan una salida así? ―la voz profunda del rubio llegó mientras que miró a su alrededor.

El humo salió del pecho del rubio mientras que la herida se cerraba como si nunca hubiera estado.

El rubio miró sus manos, aquella mano que simbolizaba mucho más que una guerra, simbolizaba el olvidar todo lo que hizo, sin tenerlo en cuenta. Bueno, era momento de dejar de actuar como si fuera el héroe.

― ¿A qué te refieres con esa salida? ―la voz de Michael sonó con calma, ninguno de los lideres realmente estaba sorprendido por como el rubio sobrevivió ante aquello, no, aquel silencio anterior fue respeto, respeto por la mujer de cabello blanco y como el rubio actuó como su amante y escolta hasta el último momento.

Las lágrimas salieron del rostro de Naruto.

― ¿Por qué esa salida? ¿Por qué me obligan a hacer esto? ―dolía, quemaba, para Naruto, esto era el infierno. ― Mi princesa y mi hermosa y torpe valquiria heridas, de muerte no menos, mi mejor amigo sin un brazo, herido de muerte, muriendo a cada segundo y una persona, que, a pesar de loco y tonto, era bueno al final, un buen amigo, muerto…yo…―Naruto llevó su mano a su rostro mientras que las lágrimas no dejaban de salir.

Nadie se movió.

― ¡Vine aquí para escapar de las obligaciones! ¡De los delirios! ¡De la gente y su maldad! Pero…―Naruto llevó una mano a su pecho, cayendo de rodillas mientras que apretaba con fuerza su pecho. ― ¿Por qué me obligan a hacer esto? ―la voz del rubio era cansada, casi muerta.

Nadie entendió nada, nadie dijo nada, las palabras del rubio no tenían sentido para nadie.

― Tu…solo viniste para entrometerte con la paz que había, salvando a asesinos y matando, eres de lo peor ―Ah, Naruto abrió sus ojos ante las palabras de Rias.

Lo peor.

Lo peor.

― ¿Lo peor? ¿Qué es lo peor? ¿Qué es lo bueno? ―Naruto cuestionó viendo sus manos haciendo que Rias levantase una ceja.

Rias estaba en su plenitud de sentirse segura, ahora mismo, al lado de su hermano, de Serafall y los líderes de los ángeles, juntos, por no decir más.

Era casi como si fuese intocable.

Por lo cual ignoró la mirada de pánico de Sona mientras que vio al rubio con molestia.

― Solo eres una excusa lamentable, un siervo al cual casi se le arrebató su maestra, alguien que podría abandonar a sus hijos ―Rias clavó muy profundo, mucho más profundo de lo que pensó ella misma.

Naruto alzó la cabeza con los ojos cerrados.

El viento frio era casi algo divertido.

Llevando una mano a su camisa, hizo un desliz por el agujero de su pecho mientras que se quedaba intacta, incluso la sangre y las esquinas quemadas se fueron.

Divertido, por no decir más, ahora no tenía sentido la vida para él rubio.

Aquellas palabras.

Eran ciertas.

― Quería ser alguien normal, con preocupaciones normales, vivir con paz con Kaguya, estar tranquilo con ella, no esperé que Ross-chan venga a nuestra vida y ambos, Kaguya y yo nos agradase tanto, la amamos, Kaguya solo quiere vivir en paz, le gusta pasear, ver el parque, las flores ―El rubio se puso de pie mientras que algo cambió en el lugar, el aire era pesado. ― Le compré algunas flores y masetas, ella las cuidó con tanta alegría que no pensé que era la misma mujer que conocí, era tan dulce, tan amable, lo único que tenía de más era que era demasiado formal, pero eso se fue poco a poco, con Rossweisse, siendo ella tan dulce, posiblemente la mujer más tontamente dulce que conocí, alguien que no le importa lo demás a su alrededor con tal de que todos estén bien ―Naruto giró con fuerza a un lado su cuello mientras que abrió uno de sus ojos.

Un rojo profundo con una rejilla negra, fueron vistos.

Los líderes lo sintieron.

La venida de un Yokai trascendido, un maldito sabio, lo peor, mientras más viejo era el sabio más fuerte era, y dado que la mujer que servía tenía orejas de gato, malditas orejas de gato sólidas, como cuernos, entonces, el rubio era de esa era también, o algo como eso, debían interrogar a Azazel bien lo que pasaba.

Pero algo si era posible decir.

Tenían genes de los progenitores directos de los yokai en su sangre.

El rubio se movió, todos se pusieron en guardia, más Naruto soló llevó una mano a su rostro limpiando las lágrimas.

¿Por qué lloraba? Aquella pregunta se formó en la cabeza de todos.

Rias alzó la ceja en confusión.

― ¿Piensas que con unas lágrimas todo se va a arreglar? ―Las palabras de Rias eran ciertas, nada ser arregla con lágrimas, el único problema.

― Solo…porque siempre me obligan a hacer esto…―con una mirada llena de tristeza Naruto se puso de pie, ya era hora.

Al menos, la vida de Kaguya, Rossweisse y Azazel ya estaba asegurada encontrándose fuera de ese mundo.

― Quiero paz, eso fue lo único que siempre quise ―Naruto dijo mientras que dejó de limpiar las lágrimas que salían de sus ojos, ya no importaba nada más, era momento, momento de volver, regresar.

Y ser lo que debió ser.

― Quiero ser algo lo cual todos quieran, que no se enojen, pero, siempre, siempre hay alguien que encuentra una forma de molestarme, siempre hay alguien que encuentra lo que amo, juega por ello y lo aparta de mi ―Michael era uno de los pocos que empezó a cavar hilos.

Aquellas palabras, eran las mismas que Azazel dijo cuándo Dios hizo que caiga.

¿Qué era realmente esta situación?

Ya no importaba nada, la persona frente suyo, pasó del odio, a la molestia, de la molestia a la tristeza, y ahora, no sentía nada de parte del rubio.

― Odio la violencia, realmente pienso que todo es posible arreglarse con el dialogo, pero, por primera vez, no voy a decir nada, no voy a intentar convencer de que todo está bien, siempre me llevó eso a una cosa. ―El rubio flexionó los brazos mientras que sonreía mostrando colmillos y caninos afilados.

― Normalmente no voy con todo desde el comienzo, me parece un desperdició, pero, ahora, ahora estoy molesto, más que nunca, más que cuando absorbí el odio de miles de años, no, ahora estoy suficientemente molesto ―levantó una mano mientras que mordió con fuerza su dedo y dejó que la sangre caiga.

Él nunca fue fu bueno en nada, al menos al comienzo, años estudiando, la única rama que al final era un genio, lo llevó a lo que era lo que estaba por hacer, todos lo vieron, como la sangre se pegó al aire, los ojos de todos se estrecharon, era evidente que debían detenerlo, pero.

Algo les dicto que no se movieran.

Hubo algo como electricidad color negro alrededor de la sangre mientras que cientos de patrones y sellos se crearon de la nada.

Serafall fue la que sintió la verdad detrás de eso, eso no era un ataque.

Era la ruptura de la barrera que preparó.

Nadie pudo hacer nada, fue tarde, como si fuese un cristal, todo alrededor de la pequeña fisura recorrió los cientos de metros.

La barrera no pudo más mientras que cayó.

― Sabes, esto no fue hecho para algo como ustedes, era para contener a ciertas amenazas que realmente era algo que podía afectar mundos, pero ahora, pensar que usaría algo como eso otra vez ―Naruto mencionó con tranquilidad invisible mientras que el mundo humano volvió.

Serafall no perdió el tiempo intentando volver a poner una barrera, la cual se fracturaba al instante sin posibilidad de expandirse.

― Es un intento en vano, ese sello no limita lo que llaman barreras, limita el espacio, la realidad misma a un mismo plano, bueno, en mi mundo algo como esto fue necesario, pero ahora, pensar que necesitaría algo como esto de esta manera ―apretando el puño blanco, Naruto dejó escapar un suspiro mientras que vio al frente. ― Bien ―fue un simple susurró de Naruto mientras que una capa de chakra color dorada lo rodeaba.

Hacía mucho tiempo que no existía algo que le hiciera usar esto, pero, no importaba si ellos se lo ganaron o no, ahora mismo, no estaba de humor.

― ¡¿Qué demonios quieres hacer?! ―la voz de Rias resonó mientras que Sirzech corrió hacia donde estaba su hermana, no fue una velocidad simple, fue un parpadeo.

El satán de cabello rojo estaba con la mano extendida mientras que una masa de poder de la destrucción, estaba deteniendo una esfera color negro que iba en dirección a Rias, algo estaba mal con aquella cosa, se sentía demasiado familiar, la luz, parecía que la maldita esfera consumía hasta la luz que estaba rodeándolo.

La luz dorada vino de parte del rubio, un manto dorado con magatamas color negro apareció, su ropa pasó a ser dorada con líneas negras recorriendo y separando los colores, casi como si hubieran puesto los colores que el rubio vestía en negativo. Siendo lo naranja negro y lo negro dorado.

Lo más resaltante, sin duda fueron los ojos, dorados con forma de cruz.

― Un hibrido de sapo y kyubi…―La boca de Serafall casi cae.

Los híbridos no eran raros, bueno, no cuando no se trataban de las dos razas más antiguas y extintas que había en el mundo.

Siendo los sapos muertos hace milenios.

Los cuernos tampoco daban algo a lo cual decir, cuernos dorados hechos de puro chakra.

Solo, para los presentes.

Que abominación creó Azazel basándose a sí mismo…

― Fuiste inteligente, te doy eso, no tocaste la esfera como pensé ―la voz de Naruto resonó mientras que otras cinco esferas aparecían en su espalda, la sexta volvió al rubio, esta vez tomando la forma de un bastón color negro.

Los ojos de Sirzech se abrieron al igual que su mandíbula ante la sorpresa.

Algo como aquellas esferas, estaban hecho casi o lo mismo, que sus esferas de la destrucción, lo que el rubio tenía en su mano, podría hacer que alguien que entré en contacto se vuelva cenizas, pero allí estaba el rubio, sujetándolas.

Naruto vio su mano, las líneas de sus mejillas, se presentaron con fuerza, solo que esta vez, ahora había líneas de lágrimas negras cayendo.

― Ah, supongo que eso era de esperarse ―Naruto tocó su rostro mientras que sintió aquello, era tranquilizador, el estado en el que estaba ahora, si hubiera estado normalmente como hasta hace unos minutos, muy posiblemente iba a terminar como Kurama.

Bueno no importaba.

La tierra debajo del rubio se esparció mientras que empezó a volar.

Llevó ambas manos atrás mientras que sujetaba el bastón.

― Pueden llamarme como quieran, pueden maldecirme como quieran, pero no importan, nadie importa, solo los que están a mi lado importan ―la voz del rubio fue tranquila, la sonrisa y enojo ya no estaban presentes.

Solo había una cosa que describía a lo que el rubio estaba actuando. Iluminación.

― Ahora ¿Cuántos yo creen que pueden manejar? ―la pregunta fue rara de parte de Naruto, confundiendo a los líderes.

― Serafall lleva a la nobleza de tu hermana y la mía de aquí, no hay barrera, ese sujeto, piensa hundir Japón ―la voz de Sirzech fue sería.

Serafall asintió mientras que llegaba con los demás, solo para ver como Issei estaba de rodillas con los ojos abiertos y la mirada perdida.

― No vamos a poder correr ―la voz de Issei sonó casi muerta mientras que miraba al rubio volando.

Arrugó el rostro mientras que llevó sus manos a su boca mientras que vomitó.

― ¡Issei! ―Rias gritó mientras que corría hacia el castaño.

Issei se mordió el labio mientras que el horror llegó a su ser, no era algo normal, no era algo lo cual podían competir.

El poder mágico.

Sabes, ustedes confían demasiado en sentir magia, deberías aprender de Koneko, el chakra es fácil de sentir, a diferencia de manipularlo, cualquier humano puede, sabes, solo tienes que concentrarte.

¿Qué pasa si la persona que está frente mío me da ganas de vomita? Issei lo mencionó más como broma que como algo verdadero, pero la mirada de seriedad de Naruto hizo que entendiera que algo no iba bien con la pregunta.

Corre, intenta huir, no importa que, a pesar de la opresión que sientas, debes correr, cuando eso pasa, es porque no puedes ni siquiera estar en presencia de esa persona, por eso intenta correr, pero si te ve…

― No importa si corres, siempre te encontrará…―la voz de Issei resonó con calma mientras que caía de rodillas, una vez más, había intentado ponerse de pie, pero no funcionó. No podía moverse, no podía hacer nada, la cosa que estaba frente suyo.

¿Siempre fue el mismo profesor tonto y amable?

Issei no escuchó la voz de suplicas de Serafall por moverse, tampoco la voz de Rias gritando a su lado para que entré en razón.

Ahora entendía porque habían sacado a Koneko antes de que el rubio se transformara, si alguien como él, apenas sensible sentía este miedo, pánico, horror.

Posiblemente Koneko hubiera perdido la consciencia.

Issei vio su sacred gear.

― ¿Se supone que eso es un Dios que puedo matar? ―más que una pregunta sonó como una broma a Ddraig.

El dragón no respondió.

Solo esperó lo peor.

Al menos. Se había divertido con Issei.

Naruto miró desde arriba la ciudad, los que estaban caminando por las calles, vieron al rubio volando, era difícil no ver a alguien que volaba y brillaba, las cámaras y videos empezaron.

Pero no importaba.

Ya no era su mundo.

No, nunca lo fue.

Con cada cosa, las personas de aquel lugar le recordaron aquello.

Levantó una mano mientras que una esfera de chakra se formó en su palma.

Era tiempo, de mostrarles, a ellos, porque, debían valorar la vida y paz que tanto Azazel quiso lograr.

Una bijudama se preparó.

No hubo respuesta, aquel ataque fue en contra de Gabriel, la persona que lanzó aquella lanza contra Rossweisse.

Ella lo esquivo, pero.

Los ojos de Gabriel se abrieron mientras que sintió la ola de calor detrás suyo.

Fue momentáneo, pero el cielo atardeciendo se puso negro como la noche, aquello mientras que aquella bola de energía que le rubio lanzó recorrió la dirección donde Gabriel había esquivado.

Poco después.

El viento llegó.

La onda explosiva fue tan que sacudió los edificios, las personas que estaban cerca no fueron nada más que borradas, el concreto siendo llevado y destruido, nubes de polvo, de escombros caídos, lagrimas, sangre, miedo.

Todo, mientras que el rubio apretaba su mandíbula ante el dolor que ocasionó, el dolor de matar, de quitar una vida.

Las alas de Gabriel cayeron hacía bajo como símbolo de su sorpresa mientras que se volteaba y veía lo que pasó.

La ciudad al menos en la dirección del ataque, fue borrada, sintió el miedo de las personas, la gente llorando.

Los ojos de Gabriel se llenaron de lágrimas mientras que veía todo, los que estaban cerca de la escuela estaban más o menos ilesos, pero, las almas, las almas que no sabían nada, llenas de odio ante aquella muerte tan injusta, ante un simple movimiento de capricho.

Un gritó fue dado por parte de Gabriel mientras que la lanza de Michael brillo con fuerza y sus músculos se tensaron para ir contra el rubio, Naruto aun con los ojos cerrados llenos de lágrimas levantó su mano.

Fue instantáneo, como una mano hecha de chakra enorme se extendió del costado del rubio mientras que atrapaba la lanza de Gabriel.

― Lo siento tanto ―la voz del rubio estaba rota, el llanto era inminente.

Las vidas que tomó, que tomaría.

Inmovilizando a Gabriel la sujeto con fuerza para poco después traerla y hacía sí.

Naruto no quería esto, pero mentiría.

Que no estaba satisfecho cuando abrazo al ángel en sus brazos.

Un golpe solido en el estómago de Gabriel fue dado mientras que los ojos del ángel giraron hacia atrás.

Fue como una bala contra el suelo, partiéndolo al contacto con este.

Fue en aquel momento que todos pasaron a la verdadera ofensiva y defensiva.

Comparado con Azazel, Kaguya y Freed, aquellos sujetos, no eran nada más que humanos, y aquel rubio llorando con agonía.

Dios.

Sirzech apretó el puño mientras que el odio surgió en él.

¿Cómo se atrevió aquella persona a dañar a los inocentes?

― Tu odio por mí es demasiado visible, demonio de cabello rojo ―la voz del rubio fue muerta, giro sobre sus pies en el aire mientras que miraba a Sirzech.

― ¡Serafall! ―la voz de Sirzech llegó con fuerza mientras que se agachaba y tomaba impulso.

Sus doce alas salieron con gloría mientras que una cúpula roja llegó alrededor del rubio.

Serafall también había entendido, el espacio donde estaba el rubio.

No fue anda más que hielo.

― ¡Saca a Rias y Sona ahora! ―Sirzech ordenó mientras que vio como dentro de la cúpula las lanzas de Michael aparecieron.

― ¡Ya! ―Serafall grito tomando a su hermana de la mano mientras que la guiaba con su nobleza hacia donde estaba Rias.

Ellos ahora lo sabían, que aquello que estaban haciendo con aquel ataque combinado.

Era solo ganar tiempo.

― ¡Llama a Ajuka, maldita sea, llama a todo quien pueda pelear con nosotros! ―Sirzech cerró el puño mientras que la cúpula se cernió en el rubio.

Un grito de guerra llegó de parte de Sirzech mientras que empujó más energía de la que realmente pensó que iba a necesitar. Las lanzas explotaron mientras que todo a su alrededor fue consumido en luz, el hielo que estaba sosteniendo al rubio fue reducido a humo, poco después todo aquello fue llamado ante una luz color rojo que envolvió el lugar, siendo el humo atrapado junto con parte de la escuela, creando una noche roja momentánea.

Sirzech respiró hondo, no fue un ataque realmente significativo para sus reservas, pero si para su concentración para mantener estable aquella energía.

Aquella era la desventaja de que su poder fuera lo que fuera, necesitaba realmente estar al tanto de todo lo que hacía para poder hace algo que no terminara con la explosión de todos lados por un derroche de poder que no estaba tan acostumbrado a usar.

No cuando todo lo que necesitaba era una esfera del tamaño de su palma para que todos se volvieran cenizas.

El polvo llegó por todos lados mientras que caía en cascada, era realmente una vista única.

Sirzech giró su cuerpo mientras que lo vio.

La misma maldita esfera de hace unos minutos.

Aquella cosa, debía bloquearla, todo detrás suyo, la muerte, el dolor, de todos…

Entonces…

¿Por qué esquivó a último momento?

Sirzech vio la bola negra pasara a su lado, no quería recibir el disparo directo, aquello…

La explosión cortó sus pensamientos mientras que se dio la vuelta, todo aquella en la dirección contraría del primer disparó quedo destruido, para poco después detonar dejando el cielo color negro una vez más.

Lo peor de todo…

La persona la cual debía estar en aquel iceberg, siendo reducido a cenizas estaba detrás suyo.

― ¿Por qué siempre buscan algo para que todos se enojen? ―la voz del rubio resonó mientras que Sirzech levantaba los brazos y bloqueaba una un golpe a su rostro, retrocedió mientras que el dolor en sus brazos llegó, el sujeto, golpeaba duro.

Patinó un poco para ser detenido, unas manos se posaron en sus hombros, estaba por darse la vuelta mientras que vio a otro rubio detrás suyo.

― ¿Qué? ―los ojos de Sirzech se agrandaron, dejó que el poder de la destrucción corriera a su alrededor mientras que una nube de humo llegaba de parte de aquel rubio que lo había detenido.

― Siempre pensando de más ¿No? ―Sirzech se quedó quieto mientras que vio a su alrededor, cinco rubios.

Un fuerte estallido sonó mientras que vio a Michael aterrizar con fuerza contra el suelo, giró su lanza mientras que cortaba a otros tres rubios que se le arrojaron, la sangre caía por la nariz de Michael mientras que escupió sangre.

― ¿Qué demonios está pasando? ―la única que no había ido contra el enfrentamiento de manera directa fue Serafall.

Eso hasta que una mano llegó por detrás de Serafall, pasando por su estómago y saliendo afuera.

― Es obvio que no puedes llevar a nadie, no lo dije ya ¿Verdad? Este lugar, no está hecho para que la gente se mueva, siempre lo digo y ahora con más razón, deberían cuidarse mejor cuando alguien explica ―Serafall dejó que una gran bocanada de sangre cayese por su boca mientras que caía de rodillas, deslizándose de la mano que estaba en su estómago.

Una explosión de agua llegó a la espalda del rubio.

Haciendo que este se fuera en humo.

Sona estaba aterrada, pero, al ver a su hermana herida, no le importó nada, lanzó todo lo que tuvo en aquella onda de agua.

― ¿Tu hermana es importante verdad? ―la voz del rubio sonó detrás de Sona.

Los ojos de Serafall se abrieron con horror mientras que intentó levantarse, eso hasta que un pie cayó sobre su rostro.

Otro rubio.

― Normalmente no quiero hacer esto, pero me recuerdo algo que decía alguien que conocí, algo sobre el dolor ―uno de los Narutos habló.

Rias estaba quieta sin saber qué hacer, todos los clones de los rubios estaban quietos. Dos clones apretando a Serafall contra el suelo.

― No…―Los ojos de Serafall se llenaron de horror mientras que veía al rubio detrás de su hermana.

― ¿El dolor nos enseña? Si ―otro Naruto respondió.

― Pero están los que no quieren aprender ―siguió otro.

Era un coro en el cual todos se respondían con la línea siguiente.

Serafall ya sabía a donde iba esto.

― La pregunta es ¿Aprenderás del dolor? ―un grito que erizó la piel de todos llegó mientras que vieron a Serafall intentando levantarse.

Eso, hasta que un bastón negro pasó por el estomagó de Sona.

― Hermana ―la voz de Sona fue casi intangible mientras que sus gafas cayeron y se rompieron.

Serafall gritaba como podía forcejeaba, pero no podía salir del agarre, todos se quedaron quietos.

― Tengo miedo ―aquello marcaría a Serafall para siempre.

Su hermana con una cara de horror, el rostro arrugado llorando desesperadamente antes de caer en un montón de polvo al suelo.

Serafall se quedó quieta, no había nada más que hacer, su orgullo.

¡Hermana!

― Lo que sentiste, la impotencia ―un Naruto se agachó y se puso al lado del oído de Serafall. ―Fue lo que sintió Freed antes de caer a la locura ―la voz de Naruto terminó mientras que Serafall estaba llorando con los ojos abiertos, gritando como loca.

Liberando a la mujer, todos vieron como lo primero que hizo fue correr, a pesar de resbalarse con su propia sangre, Serafall llegó y enterró su cara en el polvo que una vez fue su hermana.

Rias cayó de rodillas, giró sus ojos y vio a otro rubio a su lado.

Para ese sujeto, matarla era tan simple.

Un rugir unánime de todos los miembros de la nobleza de Sona todos gritando y llorando, y cargando contra un enemigo que no iban a ganar.

― ¡Deténganse! ―tan rápido como Serafall grito eso una lluvia de polvo golpeó su rostro.

No te preocupes ¡Defenderemos a Sona-sama incluso si morimos!

El viento sopló mientras que llevó aquel polvo.

― ¿La agonía de perder algo que tanto quisiste? ¿Es curioso como dejaste que esos demonios jugaran con la hermana de Freed aquella vez? Sabes, nadie esperaría que la siempre enérgica y casi inocente, Serafall, pudiera hacer algo como eso, pero sabes, Azazel lo sabía, él sabe todo, el bastardo siempre lo supo, pero no podía hacer anda, no podía hacer nada más que sonreír ―Naruto pateo la cabeza de Serafall haciendo que la mujer salga volando y se estrelle contra uno de los muchos edificios rotos.

Nadie se movió. Aquello no era algo que esperasen oír.

― Yo siempre pensé que todos podrían ser buenos ―Esta vez la voz del rubio fue más lejos, en sus brazos.

Gabriel desnuda reposaba en los brazos de varios clones.

La mujer estaba inconsciente mientras que estaba siendo cargada.

― En su momento, casi caí en la locura e hizo algo como esto a mi diosa, ahora ¿Qué tiene de más romper a alguien que odia a lo que protejo? ―Michael vio aquello con horror.

Algo como eso.

Sería la caída de Gabriel.

Las lanzas alrededor de Michael brillaron, su cuerpo se iluminó mientras que su armadura volvió, solo que esta vez fue pura luz, sus alas blancas puras salieron al aire mientras que un casco de luz cubrió su cara.

Era momento, todo o nada.

Los ojos de Naruto se abrieron, mientras que cargaba a Gabriel vio aquello con sorpresa.

Aquello no era el nivel que esperó realmente.

La voz de Serafall llegó también en auge, el hielo cubriendo su cuerpo mientras que su brazo que había vuelto a salir, fue reemplazado por uno de hielo.

Sirzech estaba al margen, acababa de eliminar a todos los clones cerca de la nobleza restante de Rias.

― Los subestime ―la voz de Naruto realmente sonaba sorprendida, el nivel de ellos.

Fue más alto de lo que pensó.

El juego de lanzas de Michael comenzó mientras que intentó cortar al único rubio que quedaba, algo de estrés había salido del rubio al ver la furia con la que Serafall caía, una pequeña venganza por Freed.

Saltando desde su posición, Serafall golpeó donde estaba el rubio, el cual giró, aun cargando a Gabriel mientras que dejaba que el golpe pase de largo.

Alzando una ceja Naruto vio como todo el terreno donde Serafall goleo ahora era hielo, no solo eso, sino que fueron cientos de kilómetros de hielo.

― ¡Contrólate! ―La voz de Sirzech resonó, pero a pesar de todo.

No se alejó de Rias.

Por miedo a perderla como Serafall perdió a Sona.

Un grito frustrado de Serafall llegó mientras que alzó los brazos al aire.

¡Ice time! ―la voz de Serafall fue fuerte mientras que todo comenzó.

Fue entonces.

Que comenzó el verdadero juego.

La nueva era del hielo.

Moviendo su mano como si barriera el lugar, todo fue instantáneo, el hielo cubriendo hasta donde llegaba la vista.

Esta vez fue Michael que se quedó con horror, la vida, todo, todo lo que había en Japón, no todo lo que había a los alrededores de Japón, no era nada más que hielo puro.

― Que acabas de hacer…―los ojos de Sirzech estaban en puro horror.

Pero aquello quedo en oídos sordos mientras que vio como Serafall seguía llenado contra el rubio, sin importarle que Gabriel este en los brazos del rubio.

Fue un descuidó, al menos eso pensó Michael, pero no importó por mucho, una vez que todo esté en orden, ellos arreglarían el mundo, como siempre.

Naruto soltó a Gabriel mientras que caía, aquello con el fin de esquivar las lanzas de Serafall junto con el hielo puro que se propagaba como si nada.

Michael no dudo, quito su armadura de luz mientras que saltó y atrapó a Gabriel.

Solo para que poco después la nube de humo de siempre fuera revelada.

Entonces.

¿Dónde?

Gemidos.

Gemidos de dolor y placer fueron escuchados.

Aquello mientras que la boca de Michael se abría y giraba su cuello con lentitud.

Aquel bastardo rubio, estaba…

Estaba…

Estaba violando a Gabriel frente suyo…

Las alas de su pura hermana.

De su querida hermana.

Eran negras como la noche, aquello mientras que las lágrimas salían de la cara de Gabriel, el rostro totalmente rojo mientras que sus pies desnudos tocaban la tierra, aquello mientras que estaba siendo penetrada sin cesar por el rubio.

Una virgen, Naruto lo supuso, y como previó, el dolor que le dio el cómo la estaba follando le hizo sonreír por dentro.

Más cuando vio las alas de la mujer negras, negras como la noche.

Ella había caído a la lujuria.

Ya había estado haciendo esto desde que inició toda la pelea, casi desde que noqueo a Gabriel él había estado jugando con ella.

Una pena que fuera aquella mujer de tal calidad fuera la que hizo aquello como dañar a su valquiria.

Una carga dentro del ángel ahora caído, mientras que la llenaba por dentro.

Los dedos de los pies de Gabriel se apretaron mientras que ella apretaba el cuello del rubio y hundió sus uñas en la piel de la espalda del rubio.

Para poco después hacer que Gabriel caiga el suelo, semen cayendo de su entrada mientras que ella estaba en el suelo respirando con dificultad.

Gabriel ya estaba fuera.

Mirando con molestia el rubio vio hacia abajo, al ex ángel, bueno no importaba.

Quedaban tres por romper.

¿Quizá había sido demasiado esto?

Recordó, aquella vez que se encontró con Kaguya hace un tiempo en aquel mundo dentro del sello.

Cuando lo primero que hizo fue casi violarla, él rubio estaba roto en ese momento, la perdida y la traición era una cosa.

Pero…

¿Algo como le hicieron aquellos seres?

No importaba ahora, podría ser la persona más asquerosa, desquiciada y malvada para todos.

Pero, con tal de que fuera aquella persona que tanto anhelaban que fuera Kaguya, Rossweisse y Koneko, entonces que más daba.

Algo como ensuciarse como lo había hecho.

No importaba, no cuando ellos cruzaron la línea.

Un grito fue dado mientras que los mimos cielos respondieron ante el llamado de Michael.

¿Aquella emoción era furia?

Michael no sabía, pero lo que sí, su luz ahora brillaba más que nunca, saltó mientras que apareció al lado de Naruto, esta vez dentro de todo el combate, que le tocó Naruto alzar los brazos y cambiar a su estado completo una vez más.

Todo se ilumino en un cielo amarillo, aquello mientras que la luz de Michael rugió.

Aquella lanza, cortó por debajo del rubio y por el cielo mismo, las nubes se abrieron mientras que el suelo quemó.

Fue el momento, fue el pináculo en el cual Michael llegó. La armadura de luz casi insípida ahora era algo fuera de lo que todos vieron, las doce alas blancas puras arriba mientras que anillos de luz cubrían al ángel en aquella armadura de luz que poco a poco se asentó a una armadura blanca con oro, que poco a poco se oscureció a un dorado algo gastado.

De las alas blancas, ojos que veían más de lo que se comprendía surgieron, el halo de Michael brilló mientras que una esfera de luz pura salió de su espalda.

El estado máximo de un ángel, antes de que tuvieran que adoptar la imagen que dios les dio.

Una creación de manos de Dios para regir el mundo.

Los mensajeros del único y gran Dios.

Naruto vio aquello.

Aquel poder, comparado con los otros, tres jefes de facción, ahora solo eran perritos y gatitos.

El cielo ya de noche fue iluminado por fracciones de luz que salieron de Michael.

Naruto vio aquello, alzando los manos como si le estuviera dando la bienvenida a Michael.

― Felicidad, armonía, paz, nada se siente de ti, gran arcángel Michael ―No hubo respuestas de parte del ángel, voló con tranquilidad donde estaba Gabriel para poco después tocar las alas de la mujer.

Volviendo al blanco puro una vez más.

Todos vieron aquello con sorpresa, nadie dijo nada, todos solo pudiera ver como aquel cambió surco de la nada.

La mano de Michael se levantó mientras que la tierra misma brillo. La luz surgió del suelo, los demonios volaron mientras que vieron todo aquello.

― ¿Michael? ―la voz de Sirzech sonó casi muerta mientras que vio al ángel cargando a su hermana en brazos.

La luz debajo de todos se moldeó.

Dejando los edificios como estaban.

La sonrisa de Naruto creció.

Aquello que le explicó Azazel.

― Como puedes intervenir con el sistema del mundo mismo, todo porque no hay un dios que te restrinja, todo porque ya no estas limitado―la voz del rubio hizo eco sordo a los odios del ángel.

La ciudad volvió en pie.

Los humanos muertos regresaron, el sello fue roto.

Todo con un maldito movimiento de manos.

Naruto miró con asombro a Michael.

La única persona a la cual no guardaba odio, sabía lo que Dios le hizo, sabía lo que Dios le hizo a toda la primera generación de ángeles, Dios los restringió, no por miedo, sino por protección.

Alzando las manos Michael dejó que volviera como si nunca hubiera pasado nada.

Fue entonces que sucedió.

Un ojo enorme emergió en medio del cielo, todos vieron aquello, solo para que terminase con el cambió que Naruto sabía.

El campo de flores interminable que estaba a sus pies, la vida de los humanos salvada, era obvio que todo aquello, todo aquel manejo no fue sin ningún costo, la armadura cayó poco a poco mientras que una barba se dejó ver, los rasgos de Michael más viejos mientras que su cabello rubio puro paso a un blanco opaco. Los ángeles guardianes de la humanidad, quizá no tuvieran los mismos privilegios, pero seguían siendo creaciones de dios. Como creaciones de Dios tenían un potencial ilimitado.

Evolución.

― Bienvenidos al paraíso ―Michael sonó cansado mientras que dejaba a Gabriel entre las flores.

Todos se quedaron en silencio, nadie dijo nada, no cuando lo más importante estaba por venir.

Michael caminó con calma pasando al lado de los demonios, nadie intervino.

Una mano se posó en el hombro de Sirzech.

― La retribución viene para todos, Demonio, ahora, entiendo…una vez más ―la voz de Michael sonó cansada mientras que veía a Naruto.

― Azazel, ha pasado mucho tiempo, querido hermano, te ves tan joven, aquel día, me lamenté tanto tu caída, tanto que Dios tuvo miedo de todos nosotros para seguirlo, supongo que le que le hiciste a mi hermosa hermana es una retribución ―la voz de Michael no era la misma.

Nada era lo mismo.

Era como si todo fuera una marcha atrás.

― ¡Y mi hermana! ―Serafall intervino gritando, ella sintió como se revivieron todos aquellos humanos.

Aquel milagro.

Pero ¿Y su hermana inocente?

― Es tu retribución, pequeña Leviatán, cuando la pagues, pueden volver ―la ropa de Gabriel volvió dejando su desnudez, un vestido blanco baila en la mujer, Michael vi sus manos.

¿Era esto que lo que haría padre?

Caminando de regreso hacia su hermana la cargó y como si no hubiera pasado nada.

Salió un destello mientras que desaparecieron ambos ángeles.

Serafall estaba con los ojos abiertos y la rabia a flor de piel.

No lo iba a perdonar.

Aquel ángel. Aquel bastardo que se negó a traer a su hermana.

Naruto se quedó quieto simplemente sin palabras.

Curioso.

Retribución, Sirzech vio a su hermana menor junto con la nobleza de ella.

― Issei-kun…necesito tu ayuda ―la voz de Sirzech no quiso sonar desesperada, pero lo estaba.

Issei abrió los ojos mientras que iba a decir algo.

― ¡Cómo tu reina te ordeno que ayudes a mi hermano a todo costo! ―la voz de Rias fue duro, aquello mientras que veía a su hermano.

Serafall estaba aún furiosa, preparándose.

El viento sopló mientras que las flores se movieron, el hielo empezó a cubrir las flores mientras que Serafall apretó los dientes.

Era tiempo.

De terminar todo.

Naruto lo sabía, todos los sabían, el cantó de Issei entrando en su punto de ruptura mientras que su armadura llamó fue lo que dejó al rubio con un suspiro.

No quería hacerlo ¿Por qué no comprendieron como lo hicieron los ángeles?

― Supongo que…faltan dos por romper…no―la vista de Naruto se cernió sobre Rias. ― Tres…aún quedan tres ―


Michael cayó de rodillas dejando que Gabriel tocase el suelo mientras que llevó sus manos a su rostro.

Lloró, el ángel más grande del cielo lloró.

Michael lo sabía, él no era Dios, no estaba cerca de serlo, miró sus manos.

Ahora algo con arrugas.

El ángel se mordió su labio inferior.

Actuar calmado, aquello fue lo máximo que pudo hacer en ese momento, pero ¿Por cuánto tiempo estaba bien eso?

El haber hecho lo que hizo por el mundo.

El haber dado tanto de su tiempo para ganar…solo…un poco más de tiempo.

¿Cómo iba a seguir desde aquí?

Él no era dios, no podía mover su mano y decir que todo iba a ser normal otra vez.

No, lo máximo que hizo aquel milagro que uso.

Fue generar tiempo para los humanos, para que los cielos se preparen para confrontar el desastre, aquella acción de Serafall.

¿De qué servía revivir a su hermana si iba a morir una vez que el tiempo que puso se acabe?

A ojos de todos, algo pareció salvarse, pero ahora.

Nada era posible de arreglar.

Una pequeña campana de luz salió frente a su boca.

Respiró con fuerza mientras que dejó que aquel suspiro de cansancio y relajar su voz fuera presente.

Si tan solo padre estuviera presente, todo iba a ser más fácil.

Todo iba a arreglarse como él lo sabía, pero ahora.

Ahora solo podía aguardar unas horas antes de que todo cayera a lo que fue aquella destrucción.

― Necesito que se preparen…las trompetas…tendrán que ser tocadas ―aquella frase fue todo lo que dijo antes de que la campana ante él desapareciera.

Michael lloró mientras que miró a su hermana, abrazándola con fuerza.

¿Cómo iba a explicarle lo que pasó? ¿Qué podía hacer por ella?

No importaba ahora, quizá ella fuera su más preciada y querida hermana, pero…el mundo, todo lo que se conocía iba a cambiar.

Levantó la vista mientras que vio a Japón una vez más, las familias felices como si nada, el aire caliente de temporada, la paz que había…

La paz que moriría.

Dos horas, miles de años, por dos míseras horas para atrasar lo inevitable.

Poco tiempo faltaba, las trompetas iban a ser tocadas, no había de otra, no había forma de solucionar las cosas del mundo humano, nadie tenía el poder, nadie podría intervenir y decir "Ahora nadie lo recordara"

No…

El aire se enfrió poco a poco en Japón, aquel lugar, aquel lugar que se sacrificó tanto de sí para salvar, dentro de poco iba a estar con las mismas almas en pena, aquellos cuerpos, aquel hielo cubriendo todo el continente de Asia y alrededores.

Aquella era del hielo inevitable.

Alzando la cabeza mirando arriba vio el cielo, aquel cielo reflejarse ante sus ojos, apretando los dientes, alzó a Gabriel en sus brazos mientras que la cargó y la llevó de vuelta su recamara.

A pesar de todo, lo único que había conseguido de todo esto…

Era el no poder odiar…

No, él nunca pudo, incluso a pesar del amor y demás emociones, él nunca tuvo derecho, él no era Dios, él no era infinito, el perecería, algo como retrasar lo inevitable casi lo condenó.

¿Era esto lo que sintió Dios cuando mandó el diluvio?

Abrazando con fuerza a su hermana respiró hondo mientras que sonrió casi como si haciéndolo iba a ser mejor las cosas.

Las acciones condenan, y todo tiene su retribución.

Él tuvo la suya, Gabriel la suya.

¿Sirzech y Serafall encontraran la suya?

Michael detuvo su caminar mientras que vio a la nada.

―…―

No, personas con tanta codicia…

Nunca obtuvieron una segunda vista…

Nunca obtuvieron…el paraíso…


Que puedo decir pasó mucho tiempo desde que subí algo, incluso un one-shot, pero bueno, estoy pensando terminar la historia pronto, creo que queda un capítulo más a lo mucho o dos con un epilogo.

Como sea, esto de la cuarentena esta, como decirlo, medio loco, ya, voy a aprovechar a que alguna persona llegué a leer esto, ahora hago directos en twitch, estoy como i_zente, así que si quieren instigarme a que termine con capítulos y demás ya saben dónde encontrarme.

Por cierto, también estoy con una cuenta de patr eon , sé que no vale la pena lo que escribo, pero al menos me puede ayudar un poco a seguir con paz lo que al menos intento lograr patr eon / zente. Para buscarme

Tiene alguno que otro beneficio, pero de igual manera termino haciendo lo que me piden, así que es más como apoyo o algo por el estilo, en fin, perdón por la tardanza, y gracias por todo el amor que recibió el capítulo anterior.

Rey de picas fuera.