Arco 1: Detective Hikigaya Hachiman


Capítulo 23 - Flor de la jungla (Parte III)


Capítulo 23.1 - La culpa del ausente


*? ?

[30 de Agosto / 7:02 AM]

[Menú principal]

[Tienes… 1… nuevo mensaje de voz. Para reproducirlo, presione–]

[… reproduciendo mensaje]

[28 de Agosto, 2:00 PM]

¿Hola? ¿Hachiman?

Es… es tu padre… aunque, bueno, supongo que ya te diste cuenta por mi voz…

¡Como sea! Sólo llamaba para saber como estabas. Ha pasado un tiempo desde la última vez que te vimos. Tu madre ha estado muy preocupada por saber qué tan bien estás comiendo. Otra vez.

Así que… yo… eh…

Eh, ¿cómo va el trabajo? Tu Sensei llamó hace unos días, para decirnos que estabas trabajando en un caso importante. Sólo… eh… asegúrate de cuidarte. Aunque, pensándolo mejor, ¿todavía la llamamos así? ¿Cuál es la manera apropiada de…?

Ehhhhhh… K-Komachi te extraña… y no quiero que esté triste. Tu madre y tu hermana se sentirían mucho mejor si te pasaras por Chiba. Y quedarte una noche, quizá…

Supongo que… cortaré…

... ahora mismo…

Ah, demonios… ¿qué estoy haciendo?

Sabes mejor que nadie… que muchas cosas han pasado…

A veces ni siquiera puedo decir en qué momento comenzó todo, y en qué momento terminó. En el caso de que siquiera haya terminado.

¿Quién sabe?

Es todo un desastre y yo...

Sé… sé que no estuve siempre allí para ti.

Quizá si hubiera estado en casa un poco más.

Quizá si hubiera hablado contigo un poco más.

Y aquí estoy ahora. Habiéndote dicho de niño que "trabajar es perder", y aún así, irónicamente, me alegra que tengas un trabajo que te mantenga ocupado. Es algo que agradezco.

Lo cual es horrible, porque estoy aquí sentado sin hacer nada mientras tú estás lidiando con todo eso solo.

No puedo creer que esté feliz de que un trabajo te de más estabilidad que una familia…

Yo…

Quizá las cosas hubieran sido diferentes si simplemente hubiera estado ahí. Creciste tan rápido, y creí que estabas bien. Tal vez esperaba que estuvieras bien. Cuando me dijiste lo que querías hacer después de la preparatoria, creí que estarías bien.

P-por qué no… ni siquiera dije nada…

No puedo creer que simplemente dejé que pasara. Las cosas estaban bien… y cuando dejaron de estarlo, me pregunté a dónde se había ido todo ese tiempo…

Yo…

Sé que no dije esto lo suficiente… sé que aún no lo digo lo suficiente… pero estoy orgulloso de ti, hijo. Lamento no haber hecho nada para que tú estuvieras orgulloso de mí…

Me pasaré por Tokio pronto.

[…]

[Fin del mensaje]

[Para BORRAR mensaje, presione 7. Para–]

[Mensaje guardado en el dispositivo]


Capítulo 23.2 - Rehuyendo bajo falsas esperanzas


Morimi Emiko POV

*Kasumigaseki, distrito Chiyoda

[30 de Agosto / 4:55 PM]

¿Qué estoy haciendo?

Me he hecho esta pregunta varias veces. Mi madre siempre me decía que era porque era joven, tonta, y sin rumbo. No sé exactamente a qué se refería, pero asumo que se refería a algo más o menos como "no sé lo que quiero, por lo tanto, nunca estoy completamente satisfecha".

No puedo decir que esté en desacuerdo con ello. Nunca he tenido un objetivo en la vida. No había nada que me hiciera mirar hacia adelante ni luchar. Era un navío sin vela, una exploradora sin brújula. Así era como me sentía. Como alguien simplemente estaba ahí, sin nada en las manos.

Y me sentí aún más perdida cuando Hikigaya vino a hablarme hace unos días. No había rastro de sus lentes, y su característico pelo despeinado había regresado. Una corbata había sido amarrada descuidadamente alrededor de su cuello, y su rostro parecía contraído. Hikigaya parecía más un animal salvaje que un detective, con los ojos enfocados y rezumando un aura de seriedad e inestabilidad. Pero yo reconocía a este Hikigaya. Era el mismo que había conocido y que había observado trabajar durante años. Más que una bestia salvaje, el detective se sentía más como un enorme sabueso.

Lo que debió haber sido la interacción usual (incluso más que usual, tal vez) se interrumpió tan pronto él abrió la boca y me hizo la más extraña de las peticiones.

Si cualquiera que no sea del personal del Departamento viene a preguntar por mí, dile que no estoy. Y me refiero a cualquiera.

¿Qué? ¿Por qué?

Estoy… ocupado con un caso. Necesito tiempo… no quiero distracciones. Ni bloqueos. Ni cadenas. Nada.

La manera tan amarga en que dijo esas palabras agitó el crisol de emociones dentro de mí.

E-está bien —asentí.

Su viejo yo había regresado con todo, y odiaba lo aliviada que me sentía. Se había estado convirtiendo en alguien completamente diferente durante las últimas semanas. En un Hikigaya que apenas conocía.

Las historias que Haruno-san me contó me hicieron darme cuenta de que tenía una vida rica llena de gente, memorias, eventos y recuerdos que no podía siquiera empezar a imaginar. Y todo el mundo sabe que, si no conoces el pasado de una persona, ¿cómo puedes decir que la entiendes?

Pero él había dejado todo eso atrás, ¿verdad?

Yo sólo conocía al Detective Hikigaya. Hikigaya Hachiman, por otro lado, fue siempre un enigma, pero eso no me asustaba por alguna razón. Los dos eran inseparables en mi mente. Digo, por la forma en que trabajaba, parecía que su trabajo era su vida. Cualquiera con dos dedos de frente se daría cuenta de que esto iba a terminar mal para ambos si yo seguía con ello. Así que simplemente me guardé los sentimientos que tenía por él.

Digo, así era él ENTONCES.

Así es él AHORA.

¡Son diferentes y hasta podrían ser dos personas distintas!

Al menos eso pensaba, de todas formas. Pero probablemente, en el fondo, todavía tenía esperanzas de que tuviera una oportunidad. Y es por esto que me estaba cuestionando a mí misma ahora, en este mismo momento, porque ella había regresado.

Y por ella, me refiero a la hermana menor de Haruno-san.

Su entrada al vestíbulo del edificio pareció sacada de una película. Abrió la puerta y entró con el aplomo de una bailarina de salón. El calor del verano parecía no haberle afectado en lo absoluto, mientras que el resto de nosotros, los humanos normales, estábamos empapados de sudor por las abrasadoras temperaturas y el espeso aire. En cambio, ella estaba inalterada. Llevaba un traje y una falda gris, que combinados con su hermosa apariencia, hacían un ejemplo perfecto de la especie humana.

Normalmente me irritaría al verla, ya que era objetivamente injusto que ella pudiera ser tan perfecta en lo que respectaba a la apariencia en cualquier circunstancia. Pero en vez de eso, lo que sentí fue una sensación de pavor arrastrándose hacia la parte posterior de mi garganta.

La hermana de Haruno-san se acercó al mostrador de información y habló con un tono claro.

—¿Se encuentra el Detective Hikigaya Hachiman? —preguntó con una voz agradable para los oídos. Como una delicada campana o una suave melodía tocada en el koto. [1]

Se me cortó el aliento.

Sí, estaba aquí.

Hikigaya no había salido de la oficina desde la noche anterior. Se había marchado esta mañana temprano, pero regresó junto a Shiba hace sólo 30 minutos. Los dos ahora mismo estaban probablemente en la oficina del departamento en el tercer piso. Una simple llamada desde el teléfono que tenía a mi derecha era todo lo que se necesitaba para llegar a Hikigaya o hacer que alguien lo trajera.

Me estaba costando respirar. Hikigaya parecía estar feliz últimamente, y era en parte gracias a ella; o al menos al hecho de que ella hubiera reaparecido en su vida después de tanto tiempo. El que perdiera todo ese progreso era algo alarmante y nada saludable. Lo correcto sería ignorar su petición y simplemente llevar a esta mujer con él.

¿Entonces por qué dudé?

—Lo siento —dije lentamente con una sonrisa que lastimaba físicamente mis mejillas y agonizaba mi alma—. No se encuentra ahora mismo. Ha pasado el horario normal de trabajo así que es posible que se haya ido a casa. ¿Quiere que le deje un recado para cuando regrese?

Lo conocías ENTONCES. No sabes quién es AHORA. Pero yo sí. Lo he visto trabajar y sufrir por algo que para él significaba más que su propia felicidad. Conozco al Hikigaya de AHORA mejor de lo que tú jamás podrás.

¿Estuviste aquí para ver cómo Hikigaya aceptaba un caso de infanticidio tras otro? ¿Sabías que no era capaz de mirar a ninguna niña a la cara, ni siquiera a las que había salvado y que venían a agradecerle? ¿Te has preguntado, tú o cualquier otra persona de su pasado, por qué machacaba su comida con un tenedor? ¿Saben que era porque tenía problemas para masticar?

¿Sabían que a veces él se iba del trabajo para que Shiba pudiera descansar también? ¿O que a veces seguía trabajando desde su casa para que el Jefe no se metiera en problemas con la nómina? ¿Sabían que era incapaz de mantener sus ojos quietos, siempre moviéndose para poder echarle un vistazo a todo? ¿Sabían que nunca se atribuía los méritos de un caso si ya había alguien trabajando en él desde antes?

Si todos ustedes lo sabían, entonces ¿por qué lo dejaron así?

Todo lo que no sabes, ahora es parte de Hikigaya. Tú no–

Y entonces, contra toda preconcepción, lo imposible sucedió. Esta mujer, que honestamente era más una muñeca que otra cosa, se quebró. Fue muy leve, pero una persona perceptiva podía notarlo. La forma en que sus ojos se humedecieron y perdieron algo de brillo. Sus pequeños labios rosados se doblaron ligeramente y pude oírla tomar un pequeño pero agudo respiro.

—No será necesario. Lamento haberla molestado. Gracias, y que tenga una buena tarde.

Como un robot, mostró cortesía como si hubiera sido pregrabada. Giró sobre su talón, con su largo cabello revoloteando como una masa singular. Observé como se iba, atónita y entumecida.

¿Qué he hecho?

Bueno… era obvio. Mi misma madre me lo dijo: ahora tenía algo que quería. Incluso si me mentía a mí misma, eso no iba a cambiar.

No quería que Hikigaya cambiara. Quería que se quedara como el Hikigaya que conocía. De esa manera, habría algo que yo pudiera hacer, y que todos los demás no. De esa manera, tendría una razón para seguir estando cerca de él.

Pero… ¿qué significaría eso para él?

¿Qué estoy haciendo?

Apoyé mi cara contra mis manos como si fuera una niña.

—Soy una estúpida.


Capítulo 23.3 - Flor de la jungla


Hikigaya Hachiman POV

*Departamento de Policía Metropolitana de Tokio, distrito Chiyoda

[30 de Agosto / 5:16 PM]

¿Quizá nací siendo un escéptico? O quizá nací con los genes que me hicieron más propenso a ser un escéptico. No estaba seguro de cuándo me di cuenta de esto, pero en algún punto de mi (ya muy larga) vida me había vuelto cauteloso con la casualidad. Después de todo, nada en esta vida era fácil y no tenía el dinero suficiente como para simplemente borrar cualquier consecuencia que mis acciones pudieran tener. Si las cosas eran demasiado buenas para ser verdad, probablemente lo eran. Y si las cosas estaban resultando demasiado fáciles, usualmente lo eran.

Esta mañana ocurrió justo lo que esperaba: absolutamente nada. Y la falta de algo de lo que preocuparme me tenía intranquilo.

Esto, por supuesto, si ignoraba la atmósfera cargada que ahora había por toda la oficina. Todo el mundo estaba nervoso, como si esperaran que la espada de Damocles sobre sus cabezas cayera y los decapitara. Afortunadamente, la intensidad no duró mucho tiempo. Como había predicho, un mensaje de texto llegó al teléfono que habíamos descubierto debajo del fondo falso del cajón, ese que estaba dentro de aquel apartamento en Minato. El contenido del mensaje era simple: una simple línea de caracteres que conformaban una dirección. El jefe había reunido a un pequeño grupo y marchó al lugar casi de inmediato, pero no sin antes dejarme bien claro que no quería que fuera con ellos.

—¿Senpai?

Siendo el tipo de persona y compañero que era, Shiba se quedó conmigo.

—¿Eh? —gruñí, levantando mi cabeza del cómodo nido que mis brazos habían formado sobre la mesa—. ¿Qué?

—¿Estás… bien? —preguntó Shiba, mirándome con cautela—. Sé que quieres llegar al fondo del caso y todo, pero…

Dejé salir un profundo suspiro y enderecé mi posición en mi asiento, estirando mis brazos hacia arriba. Las aspas giratorias de los ventiladores en el techo giraban lentamente, y tuve el repentino pensamiento de que ésta iba a ser de las últimas veces que los vería haciendo aquello, por un tiempo, ya que el clima se estaba enfriando.

—Estoy bien.

—Has estado diciendo eso bastante.

—Lo sé.

—… casi suena como si estuvieras tratando de autoconvencerte.

—… no negaré eso.

Un sombrío silencio se formó entre nosotros. Intentar mantener las apariencias era agotador, y Shiba podía ver a través de ellas de todas formas.

—En el pasado… habrías seguido al Jefe de todas formas —dijo Shiba lentamente—. Nunca fuiste de los que se preocuparan por las órdenes o las reglas.

Me volví para mirarlo a los ojos. ¿Cuánto tiempo tuvo que pasar para que empezáramos a trabajar juntos de esta manera? Aquellos primeros días sí que fueron difíciles, Shiba no sabía cómo trabajar conmigo ni yo cómo trabajar con él. Chocábamos a menudo, y no tengo problemas en admitir que muchas veces me había aprovechado de su cortesía para arrastrarnos a ambos a situaciones poco óptimas. Pero sobrevivimos y resolvimos casos. Podía confiar en Shiba.

—La razón por la que no fui con ellos es porque creo que están equivocados.

—… ¿quiénes?

—El Jefe y los demás. No creo que esa sea la dirección correcta.

—¿Pero no habías dicho que Aoi nos enviaría un mensaje?

—Sí, lo sé —refunfuñé, dando vueltas distraídamente un bolígrafo alrededor de mi pulgar. Había algo… algo raro en todo esto. Me costaba encontrar las palabras para describir esta sensación—. Pero algo me dice que nos falta algo.

Shiba tarareó pensativamente, y sabía que él también estaba entrando en "modo detective"—. ¿Sabes qué te ha hecho pensar eso?

—Me parece… demasiado fácil. Demasiado directo.

—También es igualmente probable que estemos sobrepensando las cosas.

—Punto válido. —Shiba tenía razón, buscar patrones donde no los había era un error común. Pero esto era distinto. No, había algo más—. No es que esté tratando de encontrar rastros aquí, lo que no me cuadra es que no encontremos ninguno.

Un hombre como Aoi era inteligente. No, una sola palabra no bastaba para describirlo bien. Era listo, un futuro médico que desarrolló una gran conciencia de acción y reacción. Debió comprender todas las opciones que tenía. Me rehúso a creer que el tipo no considerara las consecuencias de las hipótesis y las respuestas de aquellos a los que esto pudiera afectar. El estudiante de medicina tuvo en cuenta todo ello con las pistas y los artefactos que dejó atrás. Lo tenía bien pensado.

Éste no podía ser el final… ¿verdad?

Sacudí la cabeza—. ¿Y qué hubiera pasado de no ser nosotros quienes encontraran el teléfono? ¿Aoi se arriesgaría a dejarnos un mensaje tan simple?

—Dejó bastante claro que quería que la policía lo encontrara. ¿Qué hay que dudar?

—Entonces, ¿para que hacer todo ese esfuerzo? ¿Para qué no usar una forma más directa para hacernos llegar la dirección? ¿Por qué hubo tantos pasos ente medio?

—… ¿ya has hecho un perfil para Aoi, Senpai?

—Más o menos.

Metódico. Cuidadoso. Desconfiado. Inteligente. Meticuloso. Listo. Disciplinado. Todas esas eran las cosas que me imaginaba, describían al hombre llamado Aoi Kaito. Y ninguna de ellas era consistente con el hecho de que Aoi nos entregara en bandeja de plata la que, según él, sería la clave de todo.

—Ya veo… puedo entenderlo ahora, no parece algo que él haría.

Moví mi cabeza hacia él—. Aunque estamos asumiendo que mi perfil es preciso. Por lo que sabemos, podría estar completamente equivocado. —Esa era la fuente de todas mis dudas, ¿había podido entender realmente a Aoi? ¿O sólo se trataba de mi imaginación? Desde un punto de vista puramente intelectual, la última opción era mucho más probable que la primera.

Shiba sacudió la cabeza—. Senpai nunca se equivoca cuando se trata de la gente.

—Para ser honesto, a veces me gustaría… —suspiré y apoyé mi cara en mi brazo-almohada.

—Es una habilidad valiosa, Senpai. Has salvado a mucha gente.

—"Salvar" es una palabra fuerte, Shiba. Una palabra muy fuerte. Nosotros los detectives llegamos al fondo de los enigmas, pero no somos salvadores.

—Otros no lo ven de esa manera. ¿No se refería Aoi a los detectives como "Salomón"?

—Las masas nos inflan todo el tiempo. ¿Y no sería genial si realmente fuéramos "Salomón"? Pedirle respuestas a un poder superior suena condenadamente más fácil que…

Salomón… Salomón… buscadores de conocimiento… detectives…

Como un rayo, una idea me impactó. Rápidamente levanté la cabeza—. Shiba… hipotéticamente hablando, si me refiriera a alguien como "Salomón", ¿cuáles serían tus impresiones de esa persona?

—¿Habiéndola conocido antes? ¿O sólo considerando lo que dijiste?

—Sólo por lo que he dicho. Nunca has conocido a esta persona, ni la has visto, ni has oído de ella, nada. Sólo mis palabras.

—Hmm… supongo que pensaría que es alguien inteligente.

—¿Qué hay de las expectativas? ¿Cuál asumirías que es su nivel de inteligencia?

—Bueno, si alguien te llama "Salomón", entonces claramente demuestras un intelecto superior a la media. Esperaría que ese alguien tuviera buenas habilidades de deducción y observación, así como un alto conocimiento general en muchas áreas… ¿Senpai?

Las palabras de Shiba se desvanecieron al notar que mi boca estaba abierta.

Encajó. Las palabras elegidas por Aoi. Las referencias. Su personalidad. Sus intenciones. Sus expectativas.

—No quería que su información cayera en manos equivocadas. Quería que la policía la obtuviera… pero no sólo la policía. Nos estaba buscando… a nosotros.

—¿A nosotros? ¿Aoi intencionalmente quería llegar a nosotros?

—No, no a ti o a mí, sino a gente inteligente. Piénsalo, los enrevesados métodos de entrega de información y pistas. No era sólo para despistar a los indeseables, nos estaba probando.

Me levanté de repente, sorprendiendo a Shiba. Las cosas estaban siendo muy fáciles. Nos llevó hasta el final, ¿por qué nos daría las respuestas de forma tan clara? Habíamos sido probados, y el hecho de que llegáramos tan lejos significaba que habíamos pasado la prueba. Nos llamó "Salomón". Tenía expectativas para nosotros ahora. Demostramos que seríamos capaces de resolver el último rompecabezas si llegábamos a esta etapa. Pero… no recibimos ningún tipo de mensaje.

Todo lo que obtuvimos fue una dirección. No, teníamos más que eso. Como cualquier buen acertijo, tenía que considerarlo todo. Tenía que haber una línea común, o algo que estábamos pasando por alto. Todo comenzó con los reportes de persona desaparecida que hacían parecer que Aoi simplemente se había desvanecido en su camino a la universidad. Libros perdidos, su mochila, su bata junto a un desayuno a medio comer, eran todas señales. No había pistas salvo bolsas con drogas obviamente colocadas de forma que casi parecían rogar ser encontradas. En retrospectiva, esto probablemente también fue obra de Aoi, su forma de comunicar que estaba involucrado.

Encontrarlo muerto en otro apartamento, lejos de su residencia legal conocida por sus padres, confirmaban la teoría de que estaba huyendo de algo. La conclusión de los forenses fue que se trató de un suicido por sobredosis, que por definición significaba que fue algo voluntario. No podía deducir nada más. La única otra cosa que había era un mensaje en la pared y el teléfono escondido en el falso fondo de un cajón.

¿Cómo podía olvidarme del primer teléfono enviado a la comisaría por correo? Todos con mensajes de textos preestablecidos para enviarse en momentos específicos desde la tumba. Ésta era la única razón por la que Aoi se entregaría a la muerte: nadie sabría a quién le estaba dando esta información. Aoi tenía las cartas y se aseguró de llevárselas al infierno con él. Era el último recurso para guardar un secreto.

… ¿secreto?

Sí, un secreto.

Rápidamente me dirigí al archivador metálico situado cerca de la pared y tiré del cajón del medio con más fuerza de la necesaria. Shiba gritó sorprendido por el sonido del metal raspando contra el metal. Mis dedos se movieron a través de filas de carpetas y separaciones hasta que encontré la carpeta que estaba buscando. Luego de volver rápidamente a mi mesa, usé un brazo para quitar de en medio papeles sueltos y otras cosas que estuvieran encima de mi escritorio y vacié el contenido del sobre en la ahora despejada superficie. Sin nada que me distrajera, mi mente comenzó a concentrarse en la compilación de evidencias que tenía ante mí.

Las fotos de Shiba del apartamento de Aoi en Roppongi estaban en la esquina superior derecha. Una copia del primer mensaje de texto que llegó al teléfono que fue enviado al cuartel general. Fotos de la escena del crimen en Minato, con su cadáver en el suelo, estaban acompañadas por la inquietante foto del mensaje de carbón que había garabateado en la pared, junto a la nota escrita a mano de Shiba con la cita bíblica (primer libro de Reyes, capítulo 6, versículos 11 y 12). Finalmente, una transcripción completa de la dirección de su último, y probablemente final, mensaje.

—Pasamos algo por alto. Algo que nos ha ocultado aquí —me susurré a mí mismo, y llevé una mano a cubrir mi boca mientras trataba de encontrar algo.

—¿Queda algo por conseguir? —preguntó Shiba—. Puede que sea consistente con nuestra interpretación de Aoi, pero apenas tenemos interacciones de las que sacar conclusiones.

Shiba tenía razón. Apenas teníamos pistas. De hecho, el mensaje más directo que teníamos era el que Aoi escribió en la pared con un trozo de carbón. Incluso sus mensajes de texto no tenían un tema en específico. Mientras mis ojos se posaban sobre los papeles, noté algo extraño con la forma en que había sido escrita la última dirección enviada. Estaba escrita diferente a la primera dirección… ¿podría ser esto…?

—Shiba —lo llamé—. ¿Puedes enviarme un mensaje con tu dirección?

—Claro —respondió Shiba, desconcertado. Por rabillo del ojo vi cómo sacaba su teléfono de su bolsillo. En unos momentos mi teléfono sonó y revisé el mensaje que me llegó. Le hice un gesto con la mano a mi compañero, colocando mi teléfono junto a la dirección a la que había ido el Jefe.

—¿Notas algo particular aquí? —pregunté.

—Yo… ¿no lo creo?

—Las líneas. El formato. Me lo enviaste en una sola línea. Éste tiene saltos de línea, como si fuera un código postal.

El sistema japonés de códigos postales tenía un formato estandarizado: la primera línea tenía el símbolo postal que precedía al código postal, que era una serie de siete números separados por un guión. La siguiente línea tenía el nombre de la prefectura, el nombre del distrito, y el nombre de la subárea. Terminaba con tres campos de números que representaban el número de subárea, el número de bloque, y el número de la casa. La línea final era el nombre del remitente, que en este caso era Aoi Kaito.

Esto era algo tedioso de escribir, y aún más en un teléfono. Como resultado, nadie lo haría de forma casual, y como evidencia estaba el hecho de que incluso el ajustado Shiba me envió una versión abreviada. Esto había sido intencional. Tenía que serlo.

—Primer libro de Reyes… capítulo 6… versículos 11 y 12 —pensé en voz alta.

Un mensaje directo con números y letras. ¿Podía ser esto…? Me habría reído de mi idea, pero considerando que antes habíamos encontrado algo escondido bajo el fondo falso de un cajón, éste era el caso más probable.

Tomé un bolígrafo y un papel—. Tenemos cinco campos con números en el código postal. El primero y el segundo están en el código postal. El tercero, cuarto, y quinto son cada uno de los números entre los guiones que significan subárea, bloque y casa.

Con un movimiento del lápiz escribí los números verticalmente—. Contemos el código postal como un único número, ignoremos el guión. Tenemos cinco números. Ahora… esto es una exageración, pero Aoi nos dio otros cinco números también.

—… no te sigo.

—Yo tampoco, la verdad, pero sigamos con esto. El mensaje en la pared era una cita bíblica, ¿verdad? Del primer libro de Reyes, capítulo 6, versículos 11 y 12. Esos son cinco números también. El primer libro de Reyes es el 12vo del Antiguo Testamento, así que 12. El capítulo 6 es 6. Los versículos 11 y 12 representan a los números 11 y 12. Se alinean… así que digamos que los sumamos todos a sus respectivos campos y también restamos…

Hice el cálculo, de la dirección que Aoi había enviado sacamos dos conjuntos de direcciones.

—Cuando restamos, obtenemos números negativos. Así que esta dirección no puede ser real. —Taché una de las dos nuevas ubicaciones hipotéticas—. Comprueba esta otra dirección por mí.

Shiba recitó la dirección antes de quitarme el papel y abrir una ventana en el navegador de su computadora. Una rápida búsqueda en un mapa de Internet reveló la información que estábamos buscando—. Lleva a un complejo de apartamentos en Chuo-

Ya me había levantado y tomado mi chaqueta antes de que él pudiera terminar su frase—. Tenemos que ir. Ahora.

—¡S-sí!

Me acordé de algo, así que tiré de mi cajón y rápidamente busqué entre los documentos para encontrar lo que quería. Lo metí en el bolsillo interior de mi chaqueta.

—¿Senpai? —me llamó Shiba desde la puerta de la oficina, listo para salir.

—Aquí. —Me acerqué a su lado y nos abrimos paso a toda prisa por los pasillos—. Iremos en mi auto.

—Tenemos una patrulla que-

—Demasiado lenta.


Hikigaya Hachiman POV

*Complejo de apartamentos, Chuo

[30 de Agosto / 6:10 PM]

A diferencia de los anteriores edificios gigantescos de varios pisos que habíamos visitado, este complejo de apartamentos era mucho más reservado en comparación. Carecía de las características de hiper-modernidad a las que me había acostumbrado, sin extensiones de vidrio, ni finas líneas de acero, ni columnas en su vestíbulo.

El edificio estaba hecho a la antigua, con ladrillo y argamasa. Aunque era de apariencia reservada, no carecía de opulencia. Las ménsulas del alero que alineaban la parte inferior de cada ventana eran obviamente artesanales, así como el conjunto de figuras de leones que saludaban a los visitantes. Las esquinas cuidadosamente cinceladas dejaban ver la atención al detalle. Todo el lugar rezumaba una sensación de lujo de antaño, con alfombras estampadas y pinturas impresionistas en el vestíbulo.

Al menos tenían buen gusto.

—¿En qué puedo ayudarles, oficiales?

Dejé de admirar las copias de los nenúfares para mirar a la persona que nos había hablado. Shiba se puso a mi lado en un instante. Nos habíamos encontrado con el portero tan pronto llegamos, y apenas alcanzamos a mostrar nuestras placas antes de que el hombre se asustara y nos pidiera que esperáramos mientras llamaba al gerente.

—Detectives, en realidad —le informé, dando un paso delante de Shiba y haciéndole un gesto sutil con el codo para que no me siguiera—. Tenemos razones para sospechar que su edificio ha sido usado para algo relacionado con un crimen.

El rostro del gerente palideció—. ¡¿C-crimen?!

Ah, ya veo. No eres bueno bajo presión, ¿verdad? ¿No te gustan los problemas? No, no se encontraba con problemas en el día a día de su trabajo. Un trabajo cómodo. Con muchas responsabilidades, sí, pero la nave ya había sido enderezada antes de que él tomara el puesto. Las conexiones familiares lo trajeron aquí, no sus méritos.

—Sí, un crimen —suspiré, sacando mi placa para mostrársela. Shiba imitó mis acciones—. Soy el Detective Hikigaya, éste es el Detective Shiba. Nos gustaría hablar con usted.

—Yo... yo… yo… —el gerente tartamudeó, con el sudor formándose en su frente—. ¡S-sí, claro! ¿Cómo p-podemos…?

—Relájese —le aseguré, probablemente sin servir de mucho—. No vamos a traerle una tropa de vehículos policiales, sólo somos nosotros dos. Sus huéspedes ni siquiera se enterarán que estuvimos aquí.

Mis palabras lo calmaron visiblemente, sin duda le preocupaba cómo la presencia de policías en su turno afectaría a su posición como gerente. En serio… qué hombre más simple.

—E-está bien. —El gerente se quitó la gorra y se limpió la frente con un pañuelo—. ¿Qué necesita, d-detective?

¿Sólo el título? Estaba claro que había olvidado mi nombre y el de Shiba. No cabía duda de que este hombre había saludado a un montón de gente rica, gente cuyos egos se magullarían si olvidaba hasta el más pequeño de los honoríficos. Bien, usaría esto a mi favor.

—Tengo una orden de registro aquí. Necesitamos su total conformidad, no debería ser nada demasiado complicado. Simplemente queremos revisar su lista de huéspedes, especialmente las recientes. Y cualquier grabación de una cámara de seguridad de ciertos días.

Saqué un papel de mi bolsillo interior y se lo enseñé, Shiba inhaló fuertemente y se puso tieso. El gerente lo observó nervioso, rápidamente aceptó y nos llevó a la oficina del conserje en el subterráneo. Cuando íbamos de camino a abajo, Shiba me agarró del brazo.

—¡Senpai! ¿Qué estás haciendo? —me siseó mi compañero en voz baja, con una ira que no le había visto hace tiempo.

—No sé de qué estás hablando —le respondí con altivez, a lo que Shiba hizo rechinar los dientes, algo de nivel rareza SSR. [2]

—¡Esa orden de registro es para el apartamento de Aoi en Roppongi, al que fuimos hace semanas! Esto es completamente–

—¿Arbitrario? Sí. ¿Ilegal? También. ¿Efectivo? Definitivamente.

—¡Podrías ir a prisión! ¡Esta es una ofensa federal!

—Lidiaré con ello cuando llegue el momento. Hay cosas más importantes de las que preocuparse ahora.

Shiba me miró con preocupación e incredulidad.

—No pienso venderte, Shiba. Asumiré toda la responsabilidad.

—¡Ese no es el problema aquí!

Llegamos al fondo de la escalera y nos encontramos con un sótano oscuro. La única fuente de luz provenía de una entrada abierta que la hacía ver mucho más atractiva que los varios corredores que habían aquí abajo. Entré tranquilamente, con Shiba todavía echando chispas mientras me seguía, tratando de encontrar las palabras para decir lo que fuera que estuviera en su mente. Era una pequeña y pintoresca oficina con un escritorio de madera cubierto de herramientas en una esquina y unos monitores en el otro extremo. Un hombre de mediana edad con un estómago algo grande estaba sentado en una silla de oficinas y nos dirigió una pequeña sonrisa antes de que el gerente lo presentara como el conserje y se marchara.

El conserje se levantó lentamente de su silla y me tendió la mano. La estreché con elegancia y sentí lo callosas que eran sus manos, por lo que el posterior acento áspero no me sorprendió—. ¡Detectives! ¿Qué puedo hacer por ustedes?

Mierda. Luego de que hiciera esa pregunta, me di cuenta de que no tenía ninguna imagen de referencia de Aoi. Mi pánico no duró mucho, ya que Shiba, siempre confiable, suspiró y dio un paso adelante, sacando algo del bolsillo interior de su chaqueta.

—Estamos buscando información sobre el paradero de una persona desaparecida. —Shiba le entregó una foto impresa de Aoi al conserje con ambas manos—. ¿Ha visto a alguien así recientemente?

—Hmm, esta cara me resulta familiar. —El hombre se rascó la cabeza—. Se parece al chico que arrendó un apartamento en AirBnB hace un tiempo. No puedo estar seguro, no puedo controlar quién se queda en ese apartamento en particular.

—¿Por qué? —pregunté, confundido.

—Es un condominio. El propietario puede elegir alquilarlo temporalmente por sí mismo, ya que es el dueño. Incluso siendo el conserje no tengo voz en esto. AirBnB ha sido una elección popular últimamente.

—¿Debe haber algún tipo de registro entonces? —inquirió Shiba.

—Me temo que no. Los únicos registros serían de los propios AirBnB. No recibimos información como esa. Como dije, es propiedad de otra persona. Ellos pueden hacer lo que quieran con él, casi.

¿Ah, sí? Miré alrededor de la habitación, notando el conjunto de monitores que reproducían imágenes en vivo en banco y negro de los pisos de arriba—. ¿Este edificio tiene circuito cerrado? [3]

—Así es. Las imágenes se almacenan en este sitio. En esta habitación, en realidad.

—¿Podemos echarles un vistazo?

—Seguro.

Las imágenes de seguridad estaban organizadas por fechas y horas. Hice que Shiba adelantara las imágenes al día en que Aoi desapareció. Nuestra búsqueda fue validada de inmediato cuando vimos a un borroso Aoi Kaito entrando en el edificio de apartamentos. Tenía una mochila negra en la espalda y una bata blanca con una cubierta de plástico colgada del hombro. Había entrado en el elevador. Seguimos adelantando las imágenes, aunque a menor velocidad. Una hora después, la cámara captó a Aoi regresando con una niña pequeña que vestía una camiseta blanca. Shiba y yo intercambiamos miradas.

Me volví hacia el conserje—. Necesito revisar ese apartamento.

El conserje asintió y se acercó a un panel de metal, abriéndolo para revelar un estante de llaves, cada una cuidadosamente etiquetada. Tomó un juego de llaves del gancho debajo de la etiqueta "15J".

—El apartamento está en el piso 15, pero los elevadores están en reparación ahora mismo. Así que tendremos que subir hasta el piso 13 y luego usar la escalera de emergencia.

—Gracias por su cooperación —agradeció Shiba con cortesía. Me quedé en silencio y simplemente seguí a los otros dos mientras el hombre nos llevaba al ascensor de servicio, situado al final de uno de los oscuros pasillos de concreto. Nos metimos en la jaula de metal con torpeza. No había ninguna sensación de temor por parte del hombre, ya que en cuanto se cerraron las puertas, inmediatamente intentó iniciar una charla.

—¿Saben?, mi sobrino era policía.

—¿En serio? —respondió Shiba, empatizando con el conserje—. ¿Dónde trabajaba?

—Era parte del Equipo Especial de Asalto —dijo el anciano con una pizca de orgullo. No me sorprende, el Equipo Especial de Asalto era la fuerza de asalto táctico del sistema policial de Japón. Eran la élite entre las élites, aunque recientemente entraron en cierta controversia al no ser capaces de responder lo suficientemente rápido al incidente terrorista en la embajada, por lo que se necesitó la intervención del Grupo de Fuerzas Especiales. Los altos mandos del cuartel general no estaban contentos con haber sido dejados mal en su propio territorio—. Así que estoy familiarizado con el funcionamiento de la policía, aunque no tanto con los detectives.

—No somos realmente combatientes de primera línea, como su sobrino —explicó Shiba—. Entrevistamos testigos, interrogamos criminales, y recogemos evidencia para poder reducir los sospechosos y encontrar al perpetrador.

—¿Crees que puedan investigar un olor? Algunos de los residentes están empezando a armar jaleo, pero no lo encuentro por ningún lado —nos bromeó el conserje.

Shiba se rió y respondió incómodamente—. Lo tendremos en mente.

Llegamos al piso 13 y nos dirigimos a las escaleras de emergencia. Mientras subíamos los tramos de escaleras noté la falta de cámaras de seguridad.

—¿No hay cámaras de seguridad en las escaleras de emergencia? —le pregunté al conserje.

—El dueño planea adaptarlas para cumplir con las nuevas regulaciones de vivienda, pero no las veremos hasta dentro de un año o dos.

—Ya veo. —Entonces Aoi y esa chica podrían haber escapado fácilmente por aquí si supieran de este descuido. Y probablemente lo hayan hecho.

Llegamos al piso 15, y el superintendente tuvo que usar sus llaves para permitirnos volver a entrar al complejo de apartamentos desde las escaleras de emergencia. Entramos en un pasillo cuyas paredes estaban pintadas de beige claro y el suelo estaba cubierto por una alfombra marrón. Había una gran ventana situada en el extremo más alejado que dejaba entrar la luz del sol hacia el pasillo.

—15J está un poco apartado, está más al final y dando la vuelta a la esquina.

Nos dirigimos hacia allí. El sonido apagado de nuestros pasos sobre la alfombra reverberaba misteriosamente a nuestro alrededor. Cuando doblamos la esquina, el sol poniente dejó entrar un rayo a través de la ventana cercana. Hice una mueca y cerré los ojos.

En circunstancias normales, probablemente nunca hubiera detectado el olor que detecté, ya que era muy débil. Pero como estaba cegado, mi cuerpo naturalmente se concentró en los sentidos que no estaban comprometidos. Un particular olor pasó por mi nariz, ligeramente enmascarado por el ambientador usado en el edificio. Subyacente, pero lo suficientemente distintivo si uno lo buscaba. Era un olor a veneno con un toque dulce, reminiscente a las flores de las selvas húmedas, pero con una sensación terrenal de pozos de barro después de una lluvia.

Oye, ¿Sargento?

¿Qué pasa?

Un compañero de escuadrón me miró con aprensión, con sus dedos alternando entre agarrar y solar el mango de su rifle, haciendo que las venas del dorso de su mano se hicieran notar por la fuerza. Sus ojos miraron a la cosa que estaba detrás de nosotros.

Mi sangre se puso helada mientras mis ojos seguían el rastro invisible del olor. Perdí el aliento.

Dejé de caminar, haciendo que mis dos acompañantes también se detuvieran.

—¿Qué ha pasado?

—¿Sucede algo, Senpai?

—Shiba —me dirigí hacia mi desconcertado compañero—. Asegúrate de que ustedes dos se queden aquí. Pase lo que pase, no entren al apartamento.

—¡Espera un momento! Qué-

—Quédense. Aquí —lo interrumpí, tratando de evocar tanta severidad con mi voz como pude. Probablemente con la vana esperanza de que escondiera el temblor de mi laringe—. Bajo ninguna circunstancia deben entrar en el apartamento hasta que yo lo diga.

—Senpai, no-

—¿Has entendido? —presioné.

—Yo-

—¿Has. Entendido? —presioné más.

—S-sí… me quedaré aquí.

Le asentí con la cabeza y me dirigí al pasillo.

El olor se fue volviendo más fuerte conforme más me acercaba a la puerta, causando que mi cabeza palpitara y mi visión se pusiera borrosa. Bajo una placa de latón que contenía los caracteres "15J", la puerta de madera parecía brillar mientras inhalaba más de ese aroma.

Era de un fuerte acre, parecido al azufre. Rancio y asqueroso, pero una parte de mí disfrutaba del fondo dulce. Pensar que solía atragantarme al más mínimo contacto con este olor. Me preocupaba que me estuviera acostumbrando a esto. Como la cerveza, sabía horrible al principio, pero luego uno se ajustaba a su amargura debido a la exposición. Me asustaba pensar lo mismo de este olor.

¿Qué hacemos… con eso?

¿Hmm? Estaba pensando en que simplemente sigamos adelante. Ya tengo toda la información que pude conseguir. No puedo sacarle nada más.

No, digo, ¿qué hacemos con eso, así como está ahora?

Golpeé la puerta dos veces. Nadie respondió.

Volví a golpear la puerta tres veces más, con más fuerza. Una vez más, nadie respondió. Ya no había vuelta atrás.

Usé las llaves que el conserje me había dado y abrí la puerta con un clic inquietante. Mi mano se retorció y empujó la puerta hacia adentro. Sentí una sensación caliente en la cara al instante. El aire calentado parecía amplificar el aroma, tragándose todos mis sentidos al completo. Casi podía saborear la carne podrida.

¿Tienes algo en mente?

Pude verle considerando las opciones en su cabeza, preguntándose si valía la pena decirlo en voz alta. Respetaba aquello, pero también me molestaba. Valoraba su opinión. Especialmente cuando ninguno de nosotros estaba acostumbrado a lidiar con esta clase de cosas.

Deberíamos enterrarlo antes de seguir.

Mi mano alcanzó el interruptor de luz a mi derecha. Mientras la luz me invadía, también lo hicieron los sonidos de una jungla que creí haber abandonado hace años. Mis oídos estaban inundados con los sonidos de los chirridos de cigarras y graznidos de pájaros entre los árboles. El sonido del río, nuestra fuente vital de agua. Los monos llamándose los unos a los otros con aullidos y chillidos. Y cómo podía olvidarme del sonido de los pasos torpes que ciertos humanos hacían con sus botas, mientras hacían crujir hojas y ramas muertas.

No estoy seguro de que tengamos tiempo —le respondí con las cejas fruncidas—. ¿Por qué? ¿Algo te molesta?

Es sólo que… con este calor se descompondrá más rápido, ¿no? Olerá aún más, atrayendo a los depredadores y todo eso. Y atraerá al enemigo también. Deberíamos quemarlo o enterrarlo.

Ya veo…

Sangre.

Había sangre por todas partes.

No sangre fresca y roja, sino café, oscura y espesa. Como lodo. Las manchas y charcos estaban repletos de gusanos, a pesar de que la sangre se había coagulado completamente en medio del calor de la habitación.

Mi visión se centró en el único objeto que estaba en el centro de la habitación. Había una cuerda atada a un gancho incrustado en el techo. Colgando de ella había una vulgar cruz de madera contrachapada. Y en dicha cruz había un pequeño cuerpo con un opaco cabello negro. Su cuello estaba retorcido y mantenido en una posición dolorosa. Sus extremidades estaban atadas en su lugar con unos blancos cables de plástico.

Mis ojos se estaban volviendo más conscientes mientras me acercaba. Cada paso era temeroso. Sabía que estaba muerta, pero algo profundo y primitivo dentro de mí todavía tenía la esperanza de que estuviera viva. No quería que esta fuera otra muerte.

Otra vida que no pude salvar a tiempo.

En sólo un momento llegué cerca del cuerpo, lo suficientemente cerca como para ver el color de los ojos de la niña. Eran de un bonito azul, o tan bonitos como podían ser los ojos de un cadáver. Sin vida ni brillo, sólo podía imaginarme el esplendor que debieron tener en vida. No llevaba ropa, revelando un estómago abierto y carne cortada a lo largo de sus muslos y brazos. El aire estaba completamente quieto e insoportable, sin siquiera una brisa que moviera las hebras de su cabello. Las uñas y los labios estaban agrietados, con una boca abierta que servía de túnel para las moscas. La piel estaba gris y tiesa, toda la sangre había goteado o se había coagulado dentro de ella. Una grotesca estatua romana, era como si su relieve estuviera esculpido en mármol.

Y entonces la realidad me golpeó: había muerto.

Estaba muerta

Había dejado a otra morir.

El apartamento a mi alrededor desapareció. El calor de la habitación fue reemplazado por el calor húmedo de esa maldita jungla. Podía sentir cómo el sol dejaba caer sus incómodos rayos sobre mi espalda.

Esta era la prisión que me perseguía hasta hoy, incluso en mis sueños.

Los sonidos del mundo se habían convertido en un ruido blanco. Había aprendido a filtrarlo, pero odiaba su presencia. Me había adaptado. Había cambiado. Me había rendido ante las presiones del mundo que me rodeaba. Y lo odiaba.

No quería acostumbrarme a este sonido. No quería familiarizarme con este olor. No quería que la muerte fuera algo tan común para mis ojos.

Miré mis manos, ahora cubiertas de sangre. Pude haber gritado. Pude haber llorado. ¿Quién sabe? Mi mente ciertamente no. Junté mis dedos, probando la viscosidad del líquido. Era ligero, como agua. Como si acabara de sumergir mis manos en un corazón latente.

Otra más por la que responder.

Pero mis deudas ya son muy grandes.

Y mis excusas están muertas, al igual que mi inocencia.

Mis ojos se movieron hacia lo que tenía enfrente. La niña crucificada había desaparecido, reemplazada por una nueva figura. Una muy familiar.

Una pequeña niña de piel morena y un largo cabello negro trenzado de forma infantil, casi parecía algo que había hecho yo. Vestía un vestido azul, pero estaba repleto de incontables agujeros carmesí que atravesaban su cuerpo. Podía ver a través de ella, como si fuera una especie de valla de carne.

La primera por la que tengo que responder.

¿A cuántos más iba a dejar morir antes de finalmente ponerme las pilas?

¿Cuál era el punto de haber dejado esa maldita jungla, si esto era todo lo que era capaz de hacer?

¿Para qué molestarse en seguir existiendo? ¿Sólo para sufrir, y a su vez, infligir sufrimiento?

"Señor Soldado. ¿Cuándo lo veré de nuevo?"

Pronto, muy pronto.

Su boca se movía como la de una marioneta. Su sangre se derramaba de sus labios con cada sílaba. Cerró la boca lentamente, deteniendo el flujo, y vi como sus labios se retorcían en una sonrisa. Levantó un brazo flácido para hacerme un pequeño saludo.

"Se acordará de nosotros, ¿verdad? Volverá, ¿verdad?"

Pronto, muy pronto.

—Senpai, ¿estás bien? Llevas allí mucho tiempo.

Mis pulmones volvieron a llenarse con ese aire pútrido, como si acabara de resurgir de un literal Mar Muerto. La jungla se desvaneció como niebla, llevándose consigo a la pequeña niña con el vestido azul. Pestañeé una vez y me di la vuelta, ya de regreso en el apartamento.

—¡Imbécil! —le grité—. ¡Te dije que te quedaras afuera!

—Llevabas allí casi una hora, me estaba preocupando. —La voz de Shiba venía justo desde la entrada—. ¿Qué pa-?

Las palabras nunca salieron de su boca cuando dobló la esquina.

Bien, enterraremos el cuerpo. Quítenle cualquier identificación. Placas, parches, insignias, todo. En caso de que lo desentierren.

Mi equipo se puso manos a la obra, sacando las palas.

Miré mis botas llenas de barro, sintiendo una quemadura ácida que iba desde la boca de mi estómago hacia la parte superior de mi garganta.

Podía ver a mi antiguo yo en Shiba. La manera en que sus ojos se abrieron y su cara palideció ante la horrible escena que teníamos ante nosotros. Yo solía hacer eso. La manera en que su nariz se movió al darse cuenta súbitamente del olor. Yo tampoco solía conocer este olor. La manera en que rápidamente se dobló y se arrodilló. Qué nostálgico, yo también solía hacer eso. La manera en que tosió violentamente y comenzó a vomitar. Sí, yo también solía ser capaz de hacer eso.

—¡Por eso te dije que no vinieras! ¡Vamos, tenemos que sacarte de aquí! —Caminé hacia adelante con pasos torpes. Lo agarré del cuello de su camisa y lo saqué al aire más fresco del pasillo.

Al dejar la habitación, dejé el cuerpo.

Y probablemente dejé una parte de mí también.

Lo cual estaba bien.

Después de todo, ésta era otra deuda más. Y mi alma era todo lo que me quedaba para pagarla.


Capítulo 23.4 - El amor es furia


Hikigaya Hachiman POV

*Distrito residencial, Shibuya

[30 de Agosto / 10:04 PM]

Me encontré con la familiar casa mientras conducía por la calle. Con cuidadosos giros del volante, estacioné mi auto en la acera. Los asientos de cuero del deportivo se sentían especialmente acogedores esta noche, como si hicieran todo lo posible por impedir que me bajara. En algún momento me las arreglé para salir al mundo exterior. El aire húmedo de la noche llenó mis pulmones con el aroma de la hierba y el ozono.

Caminé hacia la casa de los Tsurumi y noté el silencio de la noche. Se acercaba una lluvia, y las cigarras no se veían por ninguna parte… ni se oían. Mientras me acercaba a mi destino, el primer signo de anormalidad fue el ver a Rumi sentada en los escalones delanteros con una mirada de preocupación en su rostro.

—¿Rumi?

Rápidamente alzó la cabeza—. ¡¿Hachiman?! —exclamó mientras corría hacia mí, envolviendo sus brazos alrededor de mi cintura y enterrando su cabeza en mi pecho.

—¿Qué pasa? —le pregunté suavemente mientras le acariciaba el cabello con lentitud. Frotó más la cara contra mi camisa mientras se estremecía. Si estaba así de alterada, algo debía estar muy mal.

—Son Shizuka y el tío Kenji… están… —dijo, con su voz apagada haciéndome vibrar el pecho.

Después de soltarme cuidadosamente del abrazo de Rumi, intercambié una breve mirada de preocupación con la adolescente, quien me asintió para hacerme saber que se encontraba bien. Caminé hacia la puerta de la casa con la que era tan familiar y giré el pomo de la puerta. Como siempre, estaba abierta y cedió sin resistencia. Pero esta noche no era como las demás. Los gritos eran prueba de ello.

—¡ME LO PROMETISTE! ¡ME LO PROMETISTE, KENJI! —gritó Shizuka, con una manía inusual.

—¡Cariño, por favor, cálmate! —le respondió el Jefe, con su voz tensa por la preocupación.

—¡¿Qué me calme?! —El tono de su voz bajó un poco, pero su rabia se hizo aún más evidente—. ¡Me prometiste que no volvería a ver cosas como esa! ¡¿Pero le dispara a un drogadicto en una puta librería y después ve eso?!

—¡Cariño, lo sé, lo sé! —el Jefe intentaba explicarle desesperadamente—. Lo saqué de Homicidios por esa razón. Todos estuvimos de acuerdo con esto. Lo juro, no sabía que esto iba a-

—¡¿Y si se quiebra de nuevo?! ¡¿Puedes soportar ver eso?!

—Yo-

—Ya ha pasado por tanto… no debería… por qué esto es tan…

—…

—¡Se está esforzando mucho! Está dando lo mejor de sí, creí que… con ella aquí, ¡las cosas iban a…! —Escuché cómo la mujer que siempre había considerado inquebrantable dejaba escapar un horrible sollozo.

—Cariño…

—¡Tú lo metiste en esto! —rugió, con el tono acusador mezclándose con la traición y el dolor—. ¡Tú y tu hermano! Hachiman no es… no es… —La voz de Shizuka se quebró cerca del final, seguida por un sonido de pasos.

—¡Cariño, espera! ¡Cariño! ¡Shizuka! ¡Shizuka, por favor! —llamaba el Jefe a su esposa mientras oía pasos acercándose.

Al segundo después me encontré cara a cara con Shizuka. Su cara estaba roja, al igual que sus ojos. La luz de la entrada se reflejaba en las manchas de lágrimas que corrían por sus mejillas. Su aliento se paró cuando me miró. Antes de que pudiera decir nada, me abrazó fuerte y dolorosamente, apretando mis brazos contra los costados de mi cuerpo.

Shizuka me soltó un segundo después, y colocó una mano en mi mejilla. No pude evitar estremecerme ante el contacto. Todo parecía electrocutarme, y mi cuerpo se entumeció aún más. Como un cadáver andante.

—Hachiman… Hachiman por favor… no te guardes las cosas —imploró—. Dime si necesitas ayuda. Dime si no estás bien… por favor, no escondas nada…

—E-e-estoy bien… —dije con vacilación—. C-creo…

¿Podía uno tener emociones para ser demolidas si no era humano? Después de todo, sólo los humanos podían tener pensamientos y sentimientos como aquellos.

No podías ser humano si tu alma estaba incompleta. Y después de todas mis deudas, me quedaba menos de la mitad.

En retrospectiva, casi cuatro años después, pude ver que el cálculo de Jameson no estaba tan alejado de la realidad.


[1] El koto es un instrumento de cuerda tradicional de Japón. Con 13 cuerdas y 13 puentes móviles, permite un enorme número de posibles sonidos que producen una música característicamente asiática.

[2] SSR es un término común en los juegos gacha que indica el nivel superior de rareza. A menudo, la probabilidad de obtener un ítem/personaje de estos es de menos del 1%

[3] El circuito cerrado es un sistema de vigilancia por video donde las cámaras envían imágenes a un solo lugar localmente. Es bastante seguro, y la única manera de manipularlo sería cambiar físicamente los cables y las cámaras, cosa que ya de por sí es complicada sin contar lo fácil que uno podría ser descubierto.