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Shikamaru podía oír sus latidos. Eran desgarradores, hostiles y resonaban en su mente de tal modo que, en el fondo de un habitáculo oscuro, se mezclaba con el eco de varias voces conocidas.
Él sabía quiénes eran y qué querían.
—¿Qué harás? No podrás continuar confinado eternamente en una habitación sólo por haberle sido infiel a tu esposa. Comportate como un hombre y enfrentá tu destino...
Naruto, siempre tras su actitud indiferente, su depresión y sus claras intenciones de renunciar a la lucha.
De una manera poco amistosa, le recuerda que todo podría solucionarse si pusiera empeño a su vida.
—Sí, estoy embarazada...
Aquella revelación de Ino acabó por derribarlo. Cuando creía que todo terminaría en las cuatro paredes de su oficina, esa confesión lo volvió a hacer retornar a ese sitio lúgubre de traición.
—Haré los trámites de nuestro divorcio...
Pero esto último, las palabras de Temari, fueron lo que lo hicieron desplomarse en la tristeza.
Cuando creía haber encontrado un atisbo de ilusión, ella simplemente lo terminó arrancando de su ser.
—No podés estar sumido en esa angustia. El dolor del corazón es el enemigo silencioso más letal de nuestro espíritu.
Con su sabiduría y gran experiencia de vida, Asuma intentaba recuperar parte de la esencia del Nara. Él percibía cuánto dolor y culpa cargaba, pero sabía que era una etapa que debía superar tarde o temprano.
Todos opinaban. Todos lo regañaban.
Pero nadie podía entender la confusión del corazón del Nara. Había cometido el peor error de su vida y el precio a pagar era el más caro.
El habitáculo se alejaba de él. Sentía que se encontraba en una escalera mecánica que iba directo al infierno.
Shikamaru no podía hablar. Ni siquiera lograba ordenar sus pensamientos.
Necesitaba huir.
Cerró sus ojos y se perdió dentro de su alma.
—Shikamaru, necesitamos que despiertes... —aquella voz que solía aconsejarlo, lo llamaba incesantemente.
Abrió sus ojos y notó que se encontraba en su casa.
Aquella cama estaba más fría que de costumbre y aún más solitaria.
—Creí que no volverías a despertar hasta mañana... —su expresión denotaba la preocupación constante en el Uzumaki. Se encontraba sentado en los pies de su cama, esperando que el Nara despertase.
Shikamaru se movió apenas, estaba incómodo y su espalda dolía más de lo que pensaba. Su cabeza explotaba y no recordaba el momento en el que había vuelto a su hogar.
—Me alegra verte mejor, Shikamaru —parado junto al marco de la puerta, Asuma miraba con detenimiento una de las fotografías de Shikamaru y Temari.
Suspiraba. Sabía que era una persona completamente distinta cuando su esposa estaba junto a él.
Desde su separación, Shikamaru no tuvo un solo día en buen estado de salud. Ni mental ni físico.
—¿Qué me sucedió? —exclamó, adolorido y con un deje de fastidio fácilmente perceptible por sus acompañantes.
—Seré breve. Estabas llevando unos papeles y, de un momento a otro, caíste en medio del pasillo de la empresa—suspiró y dejó el portarretrato sobre el mueble de donde lo había sacado. Volteó la vista hacia su empleado y se acercó hasta la cama—. Un médico estuvo examinándote y me acaba de dejar las indicaciones que deberás seguir.
La seriedad con la que se expresaba y su tono agravado, le daba la pauta de que todo estaba demasiado mal.
Shikamaru, resignado a una vida confinada a la depresión y sin ánimos de intentar expresarlo, prefirió escuchar lo que su jefe estaba por decirle.
Su vida estaba acabada, mirara por donde mirara.
—¿Qué es lo que tengo entonces? ¿Acaso voy a morir o algo así? —espetó y chasqueó la lengua.
Naruto lo golpeó en una de sus piernas, captando su atención. Él también estaba cursando esa etapa a su lado. Era el amigo que podía coronarse como hermano.
—¡Idiota! —exclamó el rubio —¡Jamás juegues con ese tipo de cosas!
Naruto era muy susceptible con ese tema. Sus padres habían fallecido en un accidente hacía muchos años, pero aún le dolía pensar en ello.
—Lo siento, amigo.
Asuma guardó el papel que el médico le había entregado y se acercó un poco más hasta Shikamaru.
Apoyó una mano en su hombro y lo miró fijamente.
Naruto estaba al tanto de la situación y estaba de acuerdo con la decisión.
—Es momento que recurras a un especialista. Sé que es difícil, pero esto está yendo demasiado lejos... —explicaba y notaba cómo la expresión de Shikamaru se transformaba.
Era complicado, pero debía hacerlo para recuperar su salud mental y física.
—Entonces, ese estúpido médico cree que estoy volviéndome loco de amor y... —giró su rostro y observó una de las fotografías de su boda en la mesa de noche.
—Shikamaru, será lo mejor para que puedas recuperarte. Temari tomó su decisión y es momento que dejes el pasado atrás... —Naruto trataba de calmar a su amigo. Sabía que Shikamaru estaba destrozado, pero sentía que si no hacía algo por él, todo terminaría peor.
El Nara se quedó en silencio. Si bien era cierto que su cuerpo y mente estaban jugándole una mala pasada, debía tomar una decisión respecto al futuro.
Suspiró y mordió su labio inferior hasta hacerlo sangrar. Ambos estaban obligándolo a ir.
—Está bien, Asuma—respondió con resignación.
El Sarutobi esbozó una sonrisa sutil y Naruto soltó un pesado suspiro al percatarse de la decisión de su mejor amigo.
Él lo ayudaría a salir adelante, cueste lo que le cueste.
Temari estaba demasiado exhausta.
Se encontraba sentada en el asiento del acompañante, mirando por la ventanilla.
La lluvia por fin comenzaba a cesar, aunque aún no podían ver al sol.
Sus ojos se entrecerraban. La pesadez de sus párpados no le permitían mantenerse despierta.
—El viaje será algo largo. Si querés, podés descansar un poco...—carraspeó y continuó manejando.
Temari, en silencio y analizando la actitud del Uchiha, le tomó la palabra.
Cerró los ojos y apoyó la cabeza contra el respaldo del asiento.
Aunque deseaba dormir no podía hacerlo. No estaba cómoda.
Sólo se quedó así, lo que restaba del camino. Hasta donde su cuerpo le permitió aguantar.
Itachi esbozó una sutil sonrisa. Al menos, podía disfrutar de su compañía.
Cuando el auto se detuvo, Itachi volteó a ver a la Sabaku No. Ella parecía profundamente dormida, pese a que había fingido en gran parte del viaje.
No quería despertarla. Sólo se limitaba a observarla.
Acercó su mano a su rostro y acomodó su cabello.
Recorrió el contorno de sus mejillas y acarició su cuero cabelludo.
—Tem... —susurró.
La rubia se movió apenas y balbuceaba. Itachi se acercó un poco más para saber qué era lo que estaba diciendo.
—Será lo mejor... —alcanzó a oír y las lágrimas humectaron su rostro.
Itachi, ofuscado ante la situación, decidió llamar sutilmente a Temari para que despierte.
Sacudió su hombro con delicadeza, mientras susurraba su nombre.
Temía que fuera una mujer de mal carácter al despertar. Por ese motivo, trataba que no fuera tan brusco.
Entredormida, la rubia abrió sus ojos y notó la presencia del Uchiha.
—Itachi... —murmuró y volvió a cerrar los ojos—lo siento mucho.
¿A qué se refería con esto? ¿Acaso ella se arrepentía de algo?
—Tem, hemos llegado—espetó, ignorando aquello que Temari había dicho.
La Sabaku No fregó sus ojos y se acomodó. Realmente no quería quedarse dormida, pero el cansancio acumulado la había dominado.
—¿Qué...? —al voltear hacia la ventanilla, notó que se encontraban en una pequeña casa en un deplorable estado.
Itachi suspiró y volvió a acomodarse en su asiento.
Temari dirigió su mirada hacia el Uchiha. Él se mostraba triste al observar el lugar.
—Esta vieja casa, que está en muy mal estado, fue el lugar al que acudía cuando estaba triste—comenzó diciendo, con sus orbes acuosas—. Hace muchos años, cuando vivíamos todos juntos, nos hospedábamos en la casa que se encuentra a unos metros de aquí—señaló en dirección al oeste.
La casa se encontraba ubicada en un sitio abandonado, dentro de un terreno sin dueño. El pasto estaba tan alto, que a Temari le costaría trabajo desplazarse por allí.
La casa tenía el techo en mal estado, con tejas destruidas y gran parte de ella estaba cubierta de humedad y moho.
Las paredes parecían resquebrajadas y de un color oscuro, dando indicios de que fue víctima de algunas inundaciones.
Sus ventanas de madera estaban quemadas, al igual que la puerta.
—Mis padres siempre se portaron bien conmigo. Mi madre demostraba más cariño hacia Sasuke y eso me tranquilizaba, de algún modo...
Temari escuchaba atentamente las palabras de Itachi. Era la primera vez que hablaba de las relaciones con su familia y ella presentía que su angustia derivaba de algún problema en su entorno.
—Pero mi padre... —formó puños y apretó su mandíbula. Pensar en Fugaku le daba dolores de cabeza— Él nunca respetó a Sasuke y siempre me ponía en un pedestal, con tal de humillarlo.
Temari bajó la mirada. De cierto modo, su padre también ignoraba a Gaara. Eso la enfurecía a tal punto de chocar con él, en varias ocasiones.
—Realmente... —sus labios temblaban y las lágrimas escapaban rápidamente —yo... —cerró sus ojos. Él necesitaba expresar lo que sentía— Ya no lo soporto, Tem.
Itachi, en ese instante, dejó que aflorara su lado más vulnerable. Aquel que nadie conocía, ni siquiera su madre.
Durante años cargó con el dolor de ser reconocido como el hijo capaz de lograr las metas de su padre. Lidiar con la carga de ser el mayor de los hermanos Uchiha y el único defensor de Sasuke.
Estaba cansado, devastado de tanto dolor.
—Te juro que no puedo más... —llevó las manos a su rostro y dejó que esa carga se aligerara ante la Sabaku No.
Temari comprendió su dolor y la empatía hacia ese sentimiento la llevó a llorar junto a él. Además, ella necesitaba hacerlo.
Cuando la humedad se hizo presente en sus mejillas, el rostro de Shikamaru, impactado y ofuscado ante su decisión, se aferró a su mente.
Estaba realmente triste y necesitaba expulsarlo de su ser.
Se acercó a Itachi y lo abrazó. Ambos estaban incómodos por el sitio tan pequeño, pero era reconfortante para el Uchiha que Temari tuviera esa pequeña atención hacia él.
Sus cálidas manos lo calmaba.
Eran como una dulce melodía en medio de un caos.
—Si te hace bien, llorá. Nadie más sabrá que esto sucedió. Ni tus padres, ni Sasuke—expresaba entre sollozos.
—No es sólo por eso, Tem. Me siento impotente porque sé que ese hombre te lastimó y no puedo hacer nada para ayudarte... —exclamó con seguridad, en un tono relativamente alto para que la rubia lo oyera.
Temari se alejó de él y lo miró. Ambos, con lágrimas en sus ojos, se mantuvieron unos segundos en silencio.
Ella, sin saber cómo afrontar lo que le pasaba. Él, escondiendo sus verdaderos sentimientos.
Temari bajó la cabeza y suspiró.
—Tomé una decisión—comenzó diciendo, observando su mano izquierda. La ausencia de su anillo de boda le mostraba que, aunque le costara, sería lo mejor. Levantó la vista—. Me divorciaré de Shikamaru.
Itachi, impactado ante la confesión de Temari, desvió su mirada.
Ella secó sus lágrimas y prosiguió: —Me iré. Me iré por un tiempo, a donde sea. No quiero pasar ese proceso aquí, sabiendo que podría encontrarme con él o ella, ahora que sé que está embarazada...
Itachi tomó las manos de la rubia, captando su atención. Él, aún con la angustia en su garganta, decidió jugar una última carta.
—Vení conmigo a Kumo... —propuso en voz baja, casi con timidez—Sé que ese proceso será difícil y si realmente querés olvidar todo lo malo, estoy dispuesto a brindarte un sitio en mi hogar para que puedas estar...
—Pero no sería justo que...
—Si se trata de dinero, te ofrezco un empleo. Estaré a cargo de una de las plantas de mi familia—aclaró y soltó las manos de la rubia.
Temari, atónita y confundida, se limitó a quedarse en silencio.
—Lo siento, Tem. Esto fue demasiado precipitado...
—Lo siento, Itachi—respondió, dejando sorprendido al Uchiha —Mi idea es salir adelante y olvidar. Quiero trabajar y tener mi mente ocupada en otros asuntos.
Itachi respiró profundamente, secó sus lágrimas y se apoyó sobre el volante.
Sus esfuerzos cada vez eran más inútiles y sólo se podía conformar con su presencia en ese momento.
—Perdón por arrastrarte hasta aquí, pero este sitio era el único en el podía llorar en libertad—añadió, tratando de calmar ese tenso momento.
Temari lo comprendía. Itachi no le mostraba sus sentimientos a cualquiera.
Ella era la persona que conocía sus puntos débiles.
Pero el más fuerte era Sasuke, siendo su fortaleza y debilidad, al mismo tiempo.
—Perdón por hacerte cargar con mis problemas. Es algo tonto, pero creo que me siento mejor de haberte contado.
Itachi estaba resignado. Nadie mejor que él conocía la historia de "Corazón delator" y, a excepción de la bibliotecaria, sabía cuál sería el final.
Sólo que, para no repetirla, decidió reescribirla.
Gaara estaba exhausto. Imaginaba que su hermana estaba del mismo modo, por eso prefirió quedarse él junto a Kankuro.
—Si querés, podés volver a casa. Tem y vos están destrozados... —exclamó Kankuro, preocupado por el aspecto de sus hermanos.
—No quiero que cometas otra locura, Kankuro—respondió con firmeza—. Además...
—¡Además, una dulce y hermosa chica me cuidará esta noche! —aclaró mientras extendía su dedo índice.
Gaara, confundido, creía que lo mejor era que él vigilara su hermano mayor.
Kankuro, con el paso de las horas, parecía mucho más animado y eso tranquilizaba a los Sabaku No.
—Acaso Matsu...—murmuró.
—No... —chasqueó la lengua y comenzó a reír—Sabemos que Matsu es hermosa y dulce, pero ella cuidará de vos—exclamó.
Desconcertado por las palabras de Kankuro, Gaara comenzó a reír.
¿Acaso estaba delirando? ¿Por qué diría algo así, justo en ese momento?
—¿Acaso te estás burlando de mí? —exclamó con un deje de molestia.
Gaara negó con la cabeza, aunque estaba seguro de que su hermano sabía algo que él ignoraba.
—Quiero que vayas en este instante a la entrada del hospital. Ella ha de estar esperando para ingresar.
Gaara estaba aún más confundido.
¿Cuál era el propósito?
Desde que él supo que Kankuro estaba enamorado de Matsuri, trató de apartarse del camino para evitar que ambos sufrieran.
Pero todo acabó siendo al revés.
—¿Por qué debería hacerlo? —inquirió en voz baja, nervioso por lo que su hermano estuviera por responder.
—Ustedes se aman. Eso es así y no volveré a ser un obstáculo—argumentó—. Así que corré por ella y cuidala. Ella está perdidamente enamorada de vos y no supe verlo hasta ahora.
Con lágrimas en los ojos, Gaara abrazó a Kankuro. La culpa se desvanecía y el peso que cargó por años se perdía en la habitación.
Escuchar a Kankuro tan seguro y hablando del amor que siente hacia Matsuri y reconocer que ella estaba enamorada de él, sin dudas fue una gran noticia para el pelirrojo.
—Yo...—humectó su labios, tratando de agradecerle por su inesperado apoyo.
—Ya habrá tiempo para hablar de esto. Andá por ella—palmeó su espalda y sonrió.
Gaara le tomó la palabra,buscó su bolso y salió de la habitación, saludando con la mano a su hermano.
Caminó rápidamente. Deseaba correr, pero las políticas hospitalarias se lo impedían.
En el camino, se chocó con Tenten. Ella parecía haber estado llorando.
Sus ojos estaban inflamados y acuosos.
Gaara se detuvo frente a ella y ambos se miraron en silencio.
—¿Qué ha sucedido? —Gaara intentó tocar la mejilla de la castaña, pero ella lo esquivó y se dirigió a la habitación de su hermano.
El Sabaku No jamás había tenido tal actitud de parte de Tenten y eso despertó su curiosidad.
No obstante, debía respetar su decisión y proseguir con su plan inicial.
Caminó a paso lento, recordando la triste expresión de Tenten. Preguntándose los motivos por el cual ella se encontraba en ese estado.
Al salir del hospital, levantó la vista. La lluvia había cesado, mas no la llovizna.
Bajo un paraguas negro, refugiada en el estacionamiento del hospital, Matsuri esperaba en silencio.
Con una expresión rígida, tensando sus labios y conteniendo una evidente rabia, apretaba el mango del paraguas.
Gaara corrió hacia ella. Matsuri volteó a verlo y su rostro no daba un atisbo de esperanza.
El pelirrojo se ubicó frente a ella y esbozó una sutil sonrisa. Su expresión de enojo en la castaña le generaba ternura y ganas de hacerla reír.
Sin embargo, esto iba más allá de lo que él había conocido.
—Gaara... —susurró, con cierta vergüenza.
El Sabaku No resopló y sujetó el rostro de la chica. La besó con intensidad y pasión que guardó por muchos años.
Atónita, Matsuri mantuvo sus ojos abiertos por unos segundos, disfrutando de la dulzura que Gaara le transmitía.
Poco a poco, cedía ante él, respondiendo a su beso.
Dejó caer el paraguas y abrazó el cuello del pelirrojo, aumentando la intensidad de su beso.
Ambos se necesitaban. Sus corazones se habían reprimido por mucho tiempo y era momento de expresarlo.
—Te amo, Matsuri... —susurró Gaara y abrazó fuertemente a su amada.
Con un creciente caudal en sus lagrimales, la chica sonrió y se aferró con fuerza a su primer amor.
El que nunca pudo olvidar. Aquel que soñaba todos los días.
—Yo también te amo, Gaara. Siempre te amé y no podría haber sido mejor que esto... —expresó con felicidad.
Matsuri rompió en llanto. Aquel día parecía haberse derrumbado, pero la confesión de Gaara le abrió un nuevo portal a la ilusión.
Por fin, después de tantos años, podrían declararse aquello que guardaron en sus corazones.
Las maquinarias trabajaban más que cualquier otro día.
Las personas ocuparon el 100% del gimnasio y la demanda era bastante alta.
Sasuke se tomó un instante para ir a la oficina y chequear los crecientes números en los clientes.
Notaba un aumento de los servicios de luz e impuestos varios, dándole una jaqueca que le impedía pensar.
Pero aquello no era lo que realmente lo tenía molesto. Había muchos asuntos de los cuales hubiera preferido no inmiscuirse.
Pensaba en su hermano Itachi y cómo se enfrentó a esos hombres que se atrevieron a burlarse de él.
Sentía rabia. Se contenía mucho más de lo que podía.
Sostenía las facturas en sus manos. Lo arrugaba y bufaba.
Aborrecía que su padre lo dejara mal parado frente a los empresarios y por esa razón, hacia todo lo posible para hacerlo enfadar, dándole razones suficientes para que lo critique.
Sasuke suspiró. En su hombro llevaba una toalla pequeña con la que secaba el sudor de su frente. Lo hizo por enésima vez en ese día.
Su musculosa realzaba aquellos músculos que su vanidad le imponía trabajar. La humedad de su propia sudoración, remarcada tanto en su nuca como en su pecho, demostraba cuán duro había trabajado ese día.
Su pantalón comenzaba a apretarle más de la cuenta. Maldecía por haber comprado un talle más pequeño del que acostumbra.
Suspiró y masajeó el entrecejo.
—Es sólo sexo... —la voz de Sakura aún resonaba en su mente, castigándolo con el mismo precio con el que estaba pagando el suyo.
Sí, era una realidad. Ambos cedieron a la infidelidad.
Aunque no tenía en claro desde cuando Sakura tenía sus encuentros con Kakashi, él era consciente de lo que estaba por suceder algunos meses más tarde.
Gruñó y arrojó todo lo que estaba sobre el escritorio, rompiendo un vaso de cristal que su madre le había regalado en su último viaje a Iwa.
Sasuke se apoyó en el escritorio sosteniendo los extremos de la mesa con fuerza.
El sudor comenzaba a caer nuevamente. Su mente estaba a punto de explotar.
La puerta de su oficina se abrió y el Uchiha volteó a ver de quién se trataba. Aunque sabía que nadie más que ella lo hacía, tenía la esperanza de que fuese cualquiera.
—Ups, mi pequeño Uchiha está algo tenso... —expresó en un tono juguetón.
La pelirroja se acercó a Sasuke y pasó sus manos por debajo de su musculosa, haciendo que él se incomodara.
—Estoy sudado, Karin. No hagas eso, es asqueroso... —espetó con repulsión. Realmente le molestaba esa situación, pero no tenía otra opción.
—Y es cuando te ves más sexy, Sasuke—sujetó sus manos y lo giró para ubicarlo frente a ella.
Karin era una mujer que no era de fiar. Poseía un índice elevado en sensualidad y altas probabilidades de enredar a sus presas.
—Exageras... —intentó zafarse, pero Karin guardaba una poderosa arma bajo su manga.
Con una clara malicia, mordió su labio inferior.
—Hoy conocí a ese hombre,¿Cómo se llamaba? —manipulaba la mente del Uchiha—¡Ah! Si, Kakashi.
Sólo con escuchar su nombre, Sasuke resoplaba y maldecía por dentro. Kakashi es una sombra que le molestaba demasiado.
—¿Qué traés entre manos? —espetó con fastidio.
—Bueno, dado el hecho de que nuestra boda será más pronto que tarde...
—¿Quién te dijo que nos casaríamos? —inquirió con rabia.
Karin, con una sonrisa maliciosa y una expresión de goce, acarició la entrepierna del Uchiha, apretando sutilmente su miembro.
—Supongo que la deuda que tenés conmigo, mi vida—susurró y mordió el lóbulo derecho de su oreja.
Sasuke estaba claramente en un aprieto que no podía salir.
Pero...
¿Cuál sería aquella deuda?
En la casa de Shikamaru, Naruto se encontraba bañándose.
Estaba más tranquilo al notar que Shikamaru estaba cocinando y quería relajarse.
Al salir de la ducha, notó que debía afeitarse nuevamente. Había descuidado su físico y aspecto, por mantenerse preocupado en su amigo.
Aun llevaba puesta la toalla, cubriendo su entrepierna. Su torso aún estaba desnudo y se estaba lavando los dientes.
De pronto, su celular recibió un WhatsApp.
Naruto siempre fue ansioso y curioso, así que no pudo soportar escuchar las notificaciones del mensaje y lo abrió.
—Perdón que te moleste a esta hora. Te necesito más que nunca. ¿Será que podemos ir a algún lado a tomar algo?
Sakura fue su mejor amiga desde muy pequeños. Él y ella compartían muchas anécdotas y secretos.
Si ella le enviaba un mensaje de esa índole, significaba que estaba muy mal anímicamente.
Naruto jamás abandonaría a un amigo en ese estado.
Luchaba entre ir con Sakura o quedarse con Shikamaru.
No sabía qué responder.
Pensó durante unos minutos y dejó el celular donde lo había dejado.
Buscó su ropa y comenzó a vestirse.
Suspiró.
Volvió a tomar el celular y contestó:
—Por supuesto. Pasame la dirección y saldré ahora mismo.
Era una oportunidad para hablar con la pelirrosa después de tanto tiempo.
Mejor dicho, después de que comenzó a salir con Sasuke.
—Al bar de siempre.
—Saldré ya mismo, así no me esperás.
—No te preocupes, ya estoy aquí.
Naruto llevó la mano a su frente. Sakura solía actuar impulsivamente, pero esa fue una de las peores que hizo.
—Está bien. No tardaré.
—Gracias, te quiero.
El Uzumaki leyó esto último y sonrió. Se vistió rápidamente para no seguir perdiendo tiempo.
Sakura lo necesitaba. Él también a ella...
