São pablo, Brazil
La mañana era fresca en la ciudad de Sāo Pablo, Albert no había podido dormir toda la noche de felicidad, preocupación, desespero por regresar al lado de Candy.
«Un minuto más y me volveré loco si sigo aquí esperando autorización» — Se decía mientras colocaba su ropa en la maleta. Cogió su móvil y se dispuso hacer una llamada telefónica, sería su última esperanza para llegar al lado de Candy. En el tiempo que estuvo en Kenia, conoció médicos de otras partes del mundo que también eran voluntarios. Se acordó del Dr. Gómez, un médico Cubano quien era amigable y siempre le ofrecía tabaco cubano. Albert sonreía y le decía que como siendo un médico, podía fumar esos cigarros que no eran buenos para sus pulmones. El Dr. Gómez sonría y le respondía que no eran cigarrillos — Son tabacos Albert, tabaco… coño, ¡¿cuantas veces tengo que repetirlo?!... ja ja ja.
— Eso es... Gómez. Luis Gómez puede ayudarme a llegar a la isla y de ahí me embarcaré a Miami —. Pensaba mientras el celular sonaba.
— ¡Oigo!...
Pero coño caballero, pensé que tú nunca me hablarías. — El hombre sorprendido al ver la pantalla de su móvil y darse cuenta que el nombre de la persona del otro lado de la línea era Albert, no paraba de hablar.
— ¡Amigo mojito Gómez! — dijo por fin el rubio cuando tuvo oportunidad de saludar.
— ¡Tanto tiempo Dr. de la salud jajajaja!... ¿Está todo bien? La última vez que hablamos estabas por trabajar en New York.
Dime... ¿Estás listo para irnos de viaje al Kongo?
— Luis, lamento que mi llamada es no es para saludarte sino, para pedir que me ayudes, es un asunto delicado de vida o muerte.
— Claro coño…. pero porque te tienes que disculpar si tú y yo somos amigos aunque te tardes miles de años en saludarme.
¿En que te puedo ayudar Albert? Tú sabes, dime y yo veo cómo puedo hacer realidad lo que necesites.
—Estoy en Brasil por unos negocios y no puedo regresar a New York por avión, los aeropuertos están cerrados y no creo poder aterrizar el pequeño Jet que he comprado.
— ¿No me digas que volviste con esa vaina de pilotear?... ¡Mira que casi nos matamos chico! ¡Esa vaina no es para ti! Lo tuyo es ser médico, curar, no matar a los sanos me entiende…. — Albert carcajeó al recordar que el Dr. Gómez casi mojó los pantalones cuando una de las turbinas de la avioneta dejó de funcionar al momento de aterrizar.
— Tengo que hacerlo Gómez, mi mujer está embarazada y tú sabes cómo está la situación en los Estados Unidos. — dijo Albert en tono preocupado. Luis dejó la broma y comenzó a hablar seriamente.
— ¿Que necesitas de mi caballero? Tú dime y lo haré posible si está en mis manos.
— Ese día recuerdo que dijiste que la autopista de tu sobrino estaba más grande que la de la aldea. Voy a pilotar, y necesito donde aterrizar en Cuba, de ahí viajaré en barco, yate, lancha, canoa lo que sea. Pero tengo que llegar a tierras Americanas. ¡Ayúdame por favor! — El hombre le dijo que podía hacerlo posible, que no se preocupara.
El sobrino del Dr. Gómez tenía negocios con el gobierno de Cuba, negocios ilícitos que Albert prefirió no saber. No juzgaba a las personas por sus comportamientos, pero tampoco se lo aplaudiría, y aunque el Dr. Gómez era un buen médico, el dinero que usaba para llevar víveres y medicinas a los damnificados en Kenia, venía de negocios mal habido, nadie lo sabía solo Albert cuando sin querer escuchó la conversación del Luis Gómez con su sobrino.
Todo estaba preparado, Albert arribaría a Cuba y de ahí tomaría una lancha hasta Miami. En tierras Americanas sería más fácil para llegar a New York.
Hospital Bellevue
Candy había pasado la noche cuidando de Helen. Por el humor de la mujer, ninguna enfermera se había arriesgado ni querían cuidar de ella. Le habían hecho estudios, exámenes de sangre y la prueba del virus del Sars. Afortunadamente el resultado salió negativo. Pero Helen había estado enferma en el pasado y nadie lo sabía.
Había estado en tratamiento por Cáncer de mama.
Unas horas antes
_ ¡Helen por favor reaccioné!… ¡Ayuda por favor!... _ gritaba Candy mientras sostenía a Helen entre sus brazos. La mujer había perdido el conocimiento y si no hubiera sido porque Candy la tomo a tiempo, su cabeza habría pegado en una esquina de las camillas de hierro en del cuarto de cuidados intensivos. Al escuchar la voz de Candy pidiendo ayuda, el Dr. Leonard asustado llego a ayudar a Candy, creyó que algo le había sucedido y su primera reacción fue pensar que Albert le reclamaría y que explicación le daría después de tanta suplica.
_ Señorita Candy… ¿está usted bien? _ dijo el hombre agitado y preocupado.
_ Estoy bien Dr…. Pero Helen… Helen no reacciona _ El hombre le cargo en sus brazos y la llevó a una de las habitaciones, lejos de los pacientes con el virus para examinarle.
_ ¡Señorita Candy!…es mejor que se vaya a su casa. Por favor... la situación es grave en el hospital y usted debe descansar. _ Habló el hombre con voz firme. Esta vez no aceptaría un no por respuesta.
_ ¡Pero Dr. Leonard!
_ Pero nada señorita Ardlay. Entienda que me pone en una situación difícil y crítica. Por favor valla y descanse. _ La cara de Candy enrojeció del coraje al escucharle.
_ Me iré a descansar al cuarto de enfermeras un par de horas, después regresaré para cuidar de la señorita Brussette. _ Advirtió Candy en tono delicado y comprensivo.
El Dr. Leonard no respondió.
Mientras Candy salía de la habitación y se dirigía al cuarto de reposo, Archie salía de uno de los elevadores con destino a la oficina de Helen.
_ ¡Buenas tardes joven Archie!… ¿Qué hace aquí? Se supone que está prohibida la entrada al hospital por seguridad de las personas. Claro, sino está enfermo. _ dijo Candy en un tono poco audible y todavía preocupado por la salud de Helen. El chico le sonrió y guiño un ojo.
_ Nadie puede prohibirme la entrada al hospital. ¡Además tengo mis guantes y mascara! ¿Porque podrían detenerme? _ Archie tenía un ramo de rosas en sus manos y antes que Candy pensara que eran para ella y las rechazara dijo:
_ ¿Dónde está la señorita Brussette? Vengo a verle y traerle este ramo de rosas para alegrarle el día. ¡Ash! solo espero no encontrarme con el Dr. Africano.
_ ¿Dr. Africano?... ¿Te refieres al Dr. Albert? _ pregunto la joven con una sonrisa que hacía que se le iluminara el lugar.
_ ¡Oye! no es Africano… y yo que tu tendría más cuidado al hablar de él.
_ ¿Por qué todo el mundo tiene que advertirme de eso? _ El hombre con la voz pausada y pasos lentos se alejaba de Candy, cuando ella le dijo que no podría ver a Helen.
_ Helen está en cuidados intensivos.
_ ¡Cuidados intensivos!.. ¿Qué sucede con ella? ¿Contrajo el virus?
_ Aun lo no sabemos. El Dr. Leonard en estos momentos le está revisando _ Archie camino de prisa en busca del Dr.
Mientras en el cuarto de descanso, Candy se encontró con la Dra. Patricia quien tomaba su taza de café número cinco en plena tarde.
_ ¡Patricia!… ¿cuantas tazas de café has tomado? _ Candy se quedó con la boca abierta cuando vio cuatro tazas en línea. Patty suspiró e hizo señal con su mano abierta.
_ ¿Cinco?... este café es fuerte… no podrás dormir por días si continuas así.
Ven, vamos a tomar aire fresco. _ Las jóvenes salieron de las instalaciones del hospital hasta una área recreativa con muchos árboles. La brisa fresca y el olor a hierba comenzaban a sentirse con la llegada de la primavera. Mientras Candy pensaba en Albert, un joven muy parecido a él les hablaba desde las alturas de un frondoso árbol.
_ ¡Buenas tardes señoritas!_ Dijo el chico que se encontraba colgada en una de las ramas del roble, colgando de un objeto que parecía un paracaídas.
Continuará.
Holas chicas, agradezco a cada una sus bellos comentarios.
Los leo y me alegra saber que les gusta la historia de los rubios.
Estoy en un dilema y necesito de su ayuda.
No sé si hacer que Candy pierda él bebe o que solo se enferme un poco y se recupere sin que pierda a baby.
¿Qué opinan ustedes?
