Capítulo 43

Amanecer

—Emily por favor, ven conmigo.

Negación. La niña se aferraba con más fuerza a Quinn y negaba como si le estuviesen quitando el juguete más preciado del mundo.

—Emily, vas a conseguir que me enfade—recriminó la morena—Vamos, ven conmigo y deja a Quinn.

Negación. Una vez más. Emily no estaba por la labor de desprenderse del cuello de Quinn, y volvía a intensificar su abrazo, evitando que Rachel tuviese opción alguna para hacerse con ella.

—No te preocupes, Rachel—intervenía la rubia.

—No Quinn, claro que me preocupo. Es tarde, tiene que dormir y me tiene que hacer caso—respondía antes de un nuevo intento por hacerse con su pequeña.

—Hey espera—la detuvo Quinn—Déjala o va a terminar ahogándome—sonreía al ver como la niña conseguía aferrarse aún más a su cuello y hundía la cabeza sobre sus hombros.

—Pero es que tiene que dormir

—Pues ya la duermo yo—sentenció.

—¿Tú? —balbuceó.

—Sí no tienes inconvenientes, subo ahora mismo y consigo que se duerma—dijo con una nueva sonrisa dibujando sus labios.

—Pero…

—¿Qué sucede? —Brody interrumpía la escena tras salir de uno de los baños.

—Nada, tu hija, que se empeña en que sea Quinn quien la suba a dormir—explicó Rachel un tanto preocupada.

—Pues déjala ¿No te importa, Quinn? —espetaba divertido al tiempo que Rachel se sorprendía, y lo miraba un tanto incrédula por el descaro que utilizaba.

—En absoluto—respondía sonriente—¿Vamos a dormir? —miró a la niña.

Era la 01:00 de la madrugada del 1 de enero y Rachel, Brody, Quinn y la pequeña Emily, regresaban a la casa tras haber disfrutado de la celebración del año nuevo en Central Park. Quinn tuvo que acompañarlos obligada por la pequeña, que se había hecho dueña de toda su atención durante la noche.

Una noche que sin duda había sido especial y que Rachel, hasta aquel preciso momento, pensaba que se había acabado justo cuando la diversión para ella tenía su fin.

La responsabilidad de estar con su hija le prohibía aceptar cualquier invitación a fiestas y, por supuesto, aquella noche no iba a pedirle a Kate que trabajase para ella. Era una noche especial, una noche para disfrutar y nada más.

Pero la obsesión de su hija por conseguir que Quinn le acompañase hasta la mismísima cama, abría un nuevo abanico de posibilidades para la morena, que veía como Quinn tampoco tenía intención de asistir a ningún tipo de celebración, a pesar de que Matt le había invitado a una fiesta. Quinn, en vez de estar divirtiéndose en aquel primer día del año, subía por las escaleras con Emily entre sus brazos dispuesta a hacer lo que ella hacia prácticamente cada noche.

—Soy un genio ¿Verdad? —susurró Brody al ver como Rachel no perdía detalle de ambas, que ya se adentraba en la habitación de la pequeña.

—Vete—musito sin mirarlo.

—¿Qué?

—Que te vayas, márchate a la fiesta esa que te invitaron—insistía.

—¿Qué dices? No os voy a dejar solas a ti y a Em.

—Está Quinn—murmuró bajando los dos escalones en los que permanecía subida de las escaleras, enfrentándose al chico—Vamos Brody, es mi momento para poder hablar con ella, y no va a poder ser si tú estás aquí ¿No lo entiendes?

—¿Me estás echando? —espetó con una fingida molestia que derivó en amplia y traviesa sonrisa del chico.

—No seas payaso, necesito hablar con ella para aclarar lo del otro día y ahora es el momento.

—¿Pero ella no va a ningún lado? He oído como Matt la ha invitado a la fiesta donde van él y Kate.

—No, Quinn no va a ningún lado. Me ha dicho que su único plan para esta noche es dormir en su casa.

—¿Y la vas a convencer para que se quede aquí? —volvía a sonreír divertido.

—Brody—se mostró seria—Necesito hablar con ella cuánto antes, por favor. No es una broma ¿Ok?

—Ok, ya me he enterado—hizo una pausa—Yo me voy, y tú te quedas con la casa para vosotras dos solas toda la noche.

—No es necesario toda la noche—replicó molesta por el tono travieso que usaba—Solo un par de horas, las suficientes para poder hablar con ella.

—Rachel—musitó plantándose frente a ella de nuevo—Si me marcho, es para no volver hasta el amanecer—Le guiñó un ojo—Procura que se quede más de dos horas, o en el caso contrario, avísame cuando se haya marchado, y yo regresaré. No sé en qué estado, pero volveré…

—Ok. Ok. Está bien, vamos—comenzó a darle pequeños empujones—márchate.

—¡Ya, ya voy! —exclamó divertido—Dios, no sabía que estuvieses tan…

—¿Tan qué?

—Tan necesitada.

No le dio tiempo. Rachel reaccionó a aquello cuando Brody ya salía de la casa con una divertida carrera y la dejaba a solas en mitad del salón, tratando de asimilar la indirecta que el chico le había lanzado.

—Estúpida testosterona—masculló entre dientes—Todos son iguales— Añadió segundos antes de quedarse completamente paralizada.

Un sonido.

Un canto de sirena comenzó a inundar el salón procedente de la planta superior, y toda, absolutamente toda la piel de la morena se erizó, provocándole un escalofrío que jamás en su vida había sentido.

Era Quinn. Su voz, con una dulzura infinita, llegaba nítidamente a sus oídos, y Rachel, como si realmente fuese el canto de una sirena, no dudó en seguir la melodía hasta llegar a ella, sin dejar de sentir como aquel escalofrío lejos de desaparecer, se acentuaba sobre su piel.

Tuvo que contener la respiración cuando se acercó a la entrada de la habitación de su pequeña y descubrió la escena. Quinn, sentada en la cama, cantaba una canción de cuna a su hija, que ya perfectamente acomodada y cubierta por su manta de estrellitas, la escuchaba con atención.

Brilla, brilla pequeña estrella

¿Cómo imaginar lo asombrosa que eres?

Arriba en el cielo, tan lejos del mundo

Como un diamante en el firmamento

Brilla, brilla pequeña estrella

¿Cómo imaginar lo increíble que estás?

Brillantes

Así se encontraban los ojos de Rachel tras escuchar toda la canción hasta que la voz de Quinn fue menguando, y su hija ya se adentraba en un profundo sueño, probablemente repleto de estrellitas que brillaban en lo más alto del cielo.

Quinn dejó un pequeño beso en la frente de la niña, y se levantó de la cama sin apenas dejar movimiento alguno tras ella, y la arropó sin poder evitar mostrar una leve sonrisa.

Rachel la observó hasta que no pudo más, y temió por no poder controlar las ganas que tenía por abrazarla, por tomarla de la mano y suplicarle que se quedara para siempre allí, con ellas. Decidió adentrarse en el solárium para calmar esa necesidad que se había apoderado de ella, y la esperó allí, sin perder de vista la puerta de la habitación. Apenas un par de minutos tardaba Quinn en concluir su pequeña gran obra, y salir al pasillo. Le bastó un pequeño siseo para llamar su atención. Quinn no tardó en reaccionar y procurando mantener todo el silencio posible, fue hacia ella.

—¿Está dormida?

—Compruébalo tú misma—le dijo ofreciéndole la pequeña pantalla de vigilancia, y Rachel le agradeció el gesto. —La verdad es que ha sido sencillo—fue dulce—estaba muy cansada.

—Lo sé, por eso se ha empeñado en que la acompañases tú—aclaró—Cuando está cansada no se puede razonar con ella. —Le dijo sin poder evitar observar a su pequeña a través de la pantalla.

—Ha sido un placer, Rachel.

—Ya pero seguro que tienes cosas mejores que hacer que dormir a…

—Ni se te ocurra decir eso—interrumpía rápidamente—Dudo que haya algo mejor que lo que acabo de hacer.

—Pero… —bajó la mirada un tanto avergonzada.

Estaban allí, a solas en la encantadora terraza con una conversación pendiente y miles de luces procedentes de los rascacielos de Nueva York iluminándolas, y a ella solo se le ocurría pensar en la última y estúpida frase de Brody, dejándole entrever que tenía necesidad por estar con ella a solas.

No podía negarlo en aquel instante. Quinn no solo lucía radiante a pesar de que ni siquiera se había vestido de gala, sino que además desprendía un magnetismo espectacular, algo que no sabía cómo llamar y que conseguía que sintiese esa sensación de abrazarla en todo momento.

Si aquello era por culpa de la necesidad, como lo llamó Brody, no iba a negarlo en absoluto.

—¿Dónde está Brody? —cuestionó Quinn al ver como la morena no conseguía acabar aquella frase que había empezado.

—Se, se ha marchado—balbuceó—Le he obligado a que vaya a esa fiesta de actores con Matt y Kate.

—Ok —lanzó una mirada a su alrededor.

Quinn también sabía perfectamente cuales eran las intenciones de Rachel, y ella también sabía que era el momento adecuado para aclarar cualquier duda que quedase entre las dos.

Con Brody, Kate y Matt lejos, y Emily dormida, nadie podía interrumpirlas, como ya era habitual. Solo necesitaba ese pequeño empujón para comenzar una conversación que deseaba que fuese por el mejor de los caminos.

—Kate lo ha conseguido—susurró Rachel acercándose a uno de los sofás.

—¿Qué ha conseguido?

—Tener una cita con Matt—respondía esbozando una tímida sonrisa—Bueno una no, de hecho, creo que ésta es la tercera. La primera se la pusimos en bandeja nosotras, en la cafetería.

—¿Estaba interesada en él? —preguntó curiosa siguiendo sus pasos hasta el sofá.

—Así es. Al parecer, bueno, en realidad ella te vio en el gimnasio con él y dice que tuvo un flechazo—volvía a sonreír.

—¿Y por qué no me has dicho nada?

—No me ha dado tiempo, además cuando ella os vio tú y yo bueno, tú y yo aún no habíamos hablado de lo nuestro—dijo lanzando la mirada al frente, hacia los imponentes edificios de la 5ª Avenida—Y ella me dijo que te vio con él y que parecía que vosotros estabais juntos.

—Espera, no sería el día de la dichosa llamada que no acepté, ¿no?

—Sí, fue ese día.

—Oh dios, ¿es por eso por lo que te dio aquel ataque de celos cuando no te acepté la llamada?

—Así es—respondía cabizbaja—Ese día comenzó todo para mí y para Kate.

—Vaya… —Resopló abandonando su asiento para acercarse al enorme ventanal. Rachel no pudo evitar desviar la mirada hacia ella, y observarla completamente embelesada—Al menos ella ha logrado su objetivo mucho más rápido que nosotras, y sin menos titubeos.

—Esperemos que Matt también le corresponda de la misma manera.

—Matt es un buen chico, no estaría ahora con ella si no le gustase.

—Si, bueno, pero te recuerdo que hasta hace una semana estaba loco por ti.

—No te equivoques—la interrumpía girándose hacia ella—Matt no estaba loco por mí, solo le gustaba y eso se acabó en el mismo instante en el que le confesé que me había enamorado de una chica.

Rachel volvió a estremecerse.

A pesar del abrazo en Central Park, a pesar de estar durante muchos minutos con las manos entrelazadas en el interior del bolsillo de su abrigo, a pesar de aquel beso que apenas duró unos segundos, pero que fue igual o incluso más hermoso que cualquier otro beso, necesitaba escuchar de su voz precisamente eso que acaba de decir. Era la primera vez que lo decía con palabras, y el escalofrío no tardó en recorrer todo su cuerpo.

—Solo espero que no llegue a la conclusión de que esa chica eres tú, porque estúpido, a pesar de lo que piensa Brody, no es—volvía a hablar.

—¿Crees que va a decir algo de Em?

—No, no lo creo y, de todas formas, creo que es mejor que alguna de las dos hablemos con él. Si tu no quieres o no te atreves, lo haré yo, le diré que es algo delicado y que es mejor que no pregunte y lo deje estar. Estoy segura de que me hará caso.

—No quisiera tener que decirle directamente que ella es mi hija, Quinn—confesó Rachel—pero si no tengo más opción, lo haré.

—Hablaré con él antes ¿De acuerdo?

—Ok, gracias—susurró permitiendo que un breve silencio se adueñase de la estancia—Quinn, me dijiste que querías hablar conmigo sobre Em.

—Así es.

—Es, es el momento. Si quieres, claro.

—Claro que quiero, por eso sigo aquí.

—Ok ¿Y bien? —se mostró nerviosa—¿Qué es lo que necesitas saber de ella?

—No necesito saber nada de ella, Rachel—trató de sonar dulce—Es solo que no consigo entender como… Como no sabías lo que hacían en esa clínica, como te juegas tu casa por algo que ni siquiera conocías. Perdona por ser tan directa, pero es que no lo entiendo. Llevo dos días sin quitármelo de cabeza.

—Yo no sabía exactamente lo que hacían, porque no quise informarme como tú lo has hecho.

—¿Qué? ¿Por qué? Es la salud de tu hija, Rachel.

—Lo sé, Quinn. Yo solo sabía que utilizaban una técnica de estimulación sensorial, nada más.

—¿Y por qué no querías informarte mejor? A mí solo me bastó teclear un par de palabras en Internet para saber de qué trataba.

—Porque sabía que, si me informaba, el miedo me detendría. —Se excusó—Yo solo me dejé convencer.

—¿Convencer? ¿Por quién? —cuestionó confusa.

—Por Kevin.

—¿Kevin? ¿Tú representante?

—Sí, él—respondía levantándose del sofá y buscando la panorámica que le ofrecían los ventanales de aquella terraza—Fue el quien me habló de ello y me dijo que iba a necesitar mucho dinero para llevarlo a cabo.

—¿Y nada más?

—No Quinn, él me lo explicó, pero evidentemente no de la misma forma en la que lo hiciste tú. Solo, solo me habló con tecnicismos y estaba tan seguro de que funcionaba que me dejé llevar. Ni siquiera Brody sabe que él me lo dijo, así que te pido por favor que no se lo digas. Él no tiene buena relación con Kevin, y temo que pueda hacer algo de lo que nos arrepintamos todos.

—Ok—dejó escapar con algo de dureza en su voz. Aquel tipo, Kevin, pasaba a entrar en su lista negra de personas non gratas. No solo por cómo se había empeñado en hacer un búnker de la vida de Rachel, sino que además jugaba con la salud de la pequeña engañando u omitiéndole detalles a su madre—¿Y qué piensas hacer?

—¿Qué pienso hacer?

—Rachel voy a ser directa, no pienso estar con alguien que aun sabiendo el riesgo que conlleva algo así, decide seguir adelante.

—¿Nuestra relación depende de si yo decido o no decido buscar lo mejor para mi hija? —cuestionó confusa.

—No—se acercó a ella—No he dicho eso, he dicho que yo no pienso ser la pareja de alguien que juega con la salud de su hija, que es completamente distinto.

—Para mí es lo mismo—interrumpía—No voy a detenerme en mi empeño por darle lo mejor a ella, y si hay alguien en el mundo que el día menos esperado tiene la solución, la voy a estudiar, sin duda.

—No hablo de eso—insistió—No quieres entenderme, hablo de seguir adelante con la idea de llevarla a esa clínica.

—¿Qué? No, no claro que no la voy a llevar a ese lugar—respondía rápidamente—No estoy tan enferma, aunque sé que lo piensas.

—¿Que lo pienso?

—Quinn, sé que piensas que estoy enferma al igual que lo piensa Brody.

—Yo no pienso que estés enferma—respondía con seguridad—Lo pensé cuando leí de qué se trataba esa técnica, pero luego supe o, mejor dicho, me convencí de que tú no debías saber eso para aceptar llevar allí a Em. Por eso fui a llevarte la información y fui tan brusca.

—Aquella noche tuve una discusión con Brody—se giró hacia ella—Una más de las tantas que tenemos por ese tema, y te aseguro que su forma de expresarse tras haber hablado contigo, dejaba claro que ambos pensabais que yo estaba enferma, que era un monstruo.

—Te lo vuelvo a repetir, lo pensé cuando supe de qué se trataba, pero solo en ese instante, luego sabía que todo era por el shock. No estás enferma, Rachel—susurró—pero si estás traumatizada por lo que le sucede a Em, y eso mismo es lo que no te hace ser una persona racional en algunos momentos.

—¿Se puede ser racional cuando aparece en tú vida quien crees que es lo mejor que te podría suceder, y de pronto todo te hace indicar que viene a apartarte de tu propia hija?

—¿Por qué conmigo no eres racional y con Brody sí?

Rachel tragó saliva.

—Porque sé que Brody nunca me apartaría de Em, por mucho que lo diga. Hemos, hemos discutido tantas veces en los últimos meses por ese hecho, que los dos sabemos que no llegaríamos a llevar a cabo ninguna de las amenazas. Ni él me quitará a Em ni yo le prohibiré que le vea. Todo queda en una discusión que nos saca de quicio y unas horas más tarde, se olvida.

—¿Y conmigo por qué no es así?

—Porque no sabía cuáles eran tus intenciones, Quinn.

—No confías en mí.

—No, no es eso.

—Sí Rachel, sí lo es. No confías en mí, sigues sin confiar en que yo quiera estar contigo y ayudarte en lo que necesites. No confías y ya está—fue directa.

—No Quinn—respondía con seriedad—No es que no confíe en ti, es que tenía miedo.

—¿Miedo?

—Sí, miedo—repetía—Miedo porque tú eres mejor madre que yo—confesó.

—¿Qué? —espetó confusa.

—Desde que has llegado me has ido demostrando que nada es tan complicado, que la vida es sencilla si te lo propones, y has conseguido de Emily cosas que yo no he podido conseguir nunca—hizo una pausa—Has hecho que ella disfrute mucho más que conmigo y eso me deja en una mala posición.

—Increíble—susurró dándole la espalda para nuevamente girarse sobre sí misma, y enfrentarse de nuevo a ella—Rachel, yo no he hecho todo eso para demostrarte que soy mejor que tú, yo he hecho todo eso para demostrarte que puedes hacerlo sin temor, que estás dejando pasar un tiempo junto a tu hija que nunca más vas a volver a disfrutar, que te estás perdiendo su infancia y ella, ella te necesita en esos momentos también, no solo para dormir o comer, no solo para dibujar en su perfecta sala de juegos. Ella te necesita para que le enseñes un pato en el estanque o para que vayas a comprar galletas para las palomas. Yo no lo hago por ella, lo hago por ti, Rachel, porque quiero que disfrutes de tu hija. —Soltó casi sin respirar, y las lágrimas volvían a aparecer en la mirada de Rachel, que no podía más que bajar la cabeza y lamentarse. —Yo no tuve la suerte que tú has tenido, Rachel—añadió—Yo no pude sacar a mi hija a pasear ni pude jugar con ella, y es algo que jamás conseguiré superar. No quiero que tú sientas lo mismo que yo cuando pasen los años, no quiero verte sufrir, porque no lo mereces—susurró—Nadie más que tú merece ser feliz y esa felicidad ahora solo te la puede dar tu hija—sentenció al tiempo que veía como Rachel ya no conseguía contener las lágrimas y cubría su rostro con las manos. —Escúchame—la abrazó tratando de consolarla—Ser fuerte no es remover el cielo y la tierra para encontrar un milagro, ser fuerte es lograr que tu hija sonría y se enfrente al mundo sin miedos, igual que tus padres hicieron contigo ¿Alguien alguna vez te puso trabas para llegar a ser quién eres? —le preguntó y Rachel se limitó a asentir al tiempo que buscaba el cobijo entre sus brazos. —¿Y quienes estuvieron ahí, animándote a seguir?

—Mis, mis padres—balbuceó con apenas un hilo de voz.

—¿Quiénes te apoyaron cuando no conseguiste pasar la primera audición?

—Mis padres.

—¿Quiénes te recibieron en su casa cuando te quedaste embarazada?

—Mis padres.

—Dime Rachel ¿Alguna vez has sentido que no podías lograr tus sueños? —Negó. El llanto conseguía dejarla sin palabras. —Tus padres tampoco han sentido que tú no pudieses llegar a las estrellas, y ese debe ser tu ejemplo, Rachel. No yo, ni Brody ni nadie que venga ofreciéndote milagros, tú ejemplo a seguir son tus padres y tu objetivo tiene que ser que Emily, algún día, hable de ti como tú hablas de ellos.

Volvía a abrazarla y esta vez con más fuerza aún, con más intensidad, con la necesidad de sentir que el abrazo era reciproco, y que Quinn no iba a marcharse de su lado en aquel instante, y a poder ser, nunca jamás.

—Recuérdalo Rachel—susurró tirando de ella hasta obligarla a sentarse en uno de los sofás—Todo va a ir bien ¿Ok?

—¿Vas a estar a mi lado? —cuestionó con apenas un hilo de voz y el temblor que aún le provocaba el llanto, ya mudo, que se había adueñado de su cuerpo.

—¿Tú me quieres a tu lado? —cuestionó acomodándose junto a ella.

—Yo te necesito a mi lado—la miró a los ojos—Necesito que estés ahí para guiarme. No quiero perderme otra vez, Quinn, la próxima vez quizás no tenga tanta suerte.

La besó.

Quinn apartó con delicadeza un mechón de su pelo, y sostuvo su rostro para regalarle un beso que apenas duró un par de segundos.

—Eso es un sí—susurró Rachel a escasos centímetros de sus labios, y Quinn de nuevo volvía a besarla. —Juraría que es un sí—volvía a hablar Rachel al tiempo que comenzaba a secar las lágrimas que mojaban sus mejillas—Quinn—balbuceó sintiendo como le costaba incluso tragar—¿Quieres, quieres quedarte aquí esta noche?

—¿Quieres que me quede a dormir?

—No, no ha dormir precisamente.

—¿Cómo? —la miró sorprendida, y Rachel reaccionó rápidamente.

—No, no me malinterpretes. Yo normalmente en fin de año nunca duermo hasta que amanece. Me preguntaba si querías acompañarme.

—¿No duermes? ¿Por qué?

—Me gusta ver el amanecer del primer día del año—balbuceó—y desde aquí es impresionante—lanzó una mirada hacia los rascacielos que emergían en el horizonte.

—¿Quieres que nos quedemos aquí hasta que amanezca?

—Solo si quieres, tú puedes dormir si lo prefieres no es necesario que estés despierta, yo te despertaría cuando estuviese a punto de amanecer. Pero me encantaría tener tu compañía esta noche.

—¿En este sofá? —preguntó curiosa. —¿Te quedas aquí toda la noche?

—Sí, es cómodo.

—Eh, ok—balbuceó—Si así lo quieres, yo me quedo.

—¿En serio? —le preguntó al tiempo que se secaba las lágrimas—¿Te quedas?

—Claro. Que mejor plan que pasar la noche aquí, contigo—le dijo esbozando una tímida sonrisa.

—Levántate—le ordenó con gesto que Quinn, completamente incrédula, llevó a cabo rápidamente.

Rachel hizo lo mismo y ante la confusa mirada de la rubia, apartó la pequeña mesita que se interponía entre los dos sillones, y de nuevo regresó al sofá, donde tras buscar algo en la parte baja, comenzó a desplegar una zona que permanecía oculta en el interior del mismo y que conseguía hacer de aquel pequeño sofá, un cómodo chaise longue.

—Ok, esto es otra cosa—musitó Quinn sorprendida. —¿Es una cama?

—Algo así. —Le sonrió la morena—Puedes, puedes ponerte cómoda. Voy a buscar un par de mantas, ¿de acuerdo?

—Eh, ok. Claro.

—Quinn—se detuvo justo en la puerta—¿Necesitas algo?

—Eh, pues no, no creo.

—¿Quieres ponerte algo más cómodo?

—No, no creo que sea necesario. Estoy bien.

—Genial… ¿Y quieres algo de tomar?

—No, tranquila.

—Ok. Ahora vuelvo. Vigílala—le dijo señalando hacia la pequeña pantalla que había dejado sobre la mesa, y Quinn asintió tras observar cómo Emily dormía plácidamente en su habitación. —¿De verdad que no quieres nada?

—No, no Rachel, estoy bien. — Insistió un tanto aturdida por aquel cambio brusco de planes. Si había algo que no hubiera imaginado apenas tres horas antes de aquel momento, cuando se empeñaba en conseguir que Superman comiese directamente de su mano, era terminar la noche allí, durmiendo con Rachel.

Durmiendo, o lo que quisiera que tuviese en mente, porque eso aún no le había quedado claro.

Se había puesto nerviosa ¿Cómo no? Eso de ver amanecer podía tener diferentes connotaciones, pero su mente solo se empeñaba en pensar en una concretamente, una que en aquel instante no estaba segura de si iba a ser capaz de afrontar. —Ok Quinn—se dijo así misma tratando de autoconvencerse, y evitar que los nervios pudieran jugarle una mala pasada. —No creo que piense en otra cosa que no sea estar tranquilas y hablar de lo que sea. No es el momento aún de pensar en…

—Ya estoy—Rachel interrumpía los pensamientos de Quinn y se adentraba de nuevo en el solárium, mostrándole la manta con una amplia sonrisa.

—Ok —susurró al verla como directamente iba hacia el sofá.

Quinn hizo lo mismo, solo que actúo de forma más pausada, tratando de averiguar si solo tenía que recostarse junto a ella, o lanzarse a por ella.

—Quiero que me cuentes algo. —Le dijo y Quinn la miró confusa.

—¿Qué te cuente algo?

—Sí no sé, por ejemplo, como es trabajar en televisión.

—¿Cómo?

—Kevin me hizo llegar varias ofertas para hacer cosas en televisión, pero yo siempre las rechazaba. Ahora siento curiosidad, y como tú has trabajado en televisión y tenemos toda la noche por delante—Hizo una breve pausa—Me gustaría saberlo todo.

A su lado.

A Quinn le bastó sentir la naturalidad con la que Rachel le hacía aquella cuestión, para saber que lo único que pretendía aquella noche, era pasarla a su lado, contemplando las estrellas hasta que llegase el amanecer. Y se relajó, tanto que no dudó en tomar su lugar en el sofá, y permitió que Rachel la cubriera con la misma manta.

—Ok. Si quieres hablar de mi maravillosa carrera en la televisión, yo te cuento—aceptó tras varios segundos acomodándose. —Al fin y al cabo, soy toda una estrella—bromeó provocando la sonrisa en Rachel, que, desde ese preciso instante, no iba a dejar de observarla en ningún momento.

El desconsuelo que sentía hacía escasos minutos aún se hallaba en su interior, pero pasar aquella noche junto a Quinn, probablemente abrazadas, o al menos eso iba a intentar durante los siguientes minutos, le iba a servir para sentirse bien, para recuperar su destrozado estado anímico que, en ese instante, solo ella podía enderezar.

Y no dudó en poner todo su empeño para que así fuese.

¿Qué más podía pedir? Tenía a su hija completa y felizmente dormida en su habitación y a Quinn a su lado, mientras observaban como entre las nubes que cubrían la ciudad, aparecían claros que le permitían ver alguna que otra estrella.

Un par de minutos tardó en buscar el calor que desprendía su cuerpo, acurrucándose entre sus brazos, y por primera vez en mucho tiempo, se sintió segura. Segura y en calma.

Y más aún después de un divertido gesto de la rubia, que, con una habilidad pasmosa, logró descalzarla con sus propios pies bajo la manta.

—¿Estás desnudándome, señorita Fabray? —cuestionó divertida al tiempo que buscaba la mirada de la chica.

—No, pero si es lo que quieres lo hago—replicó con una fingida soberbia marcada en su rostro.

—No creo que sea el día para algo así, ese hotel de ahí tiene cámaras de seguridad por toda la azotea, y me temo que nos iban a grabar—sonreía mirando hacia el imponente edificio que se alzaba a la derecha de su apartamento—Te imaginas la cara de los guardas de seguridad visualizando las grabaciones y viéndonos a nosotras aquí, desnudas.

—¿Esa es tu excusa? —cuestionó observando como tenía razón, y las plantas altas de aquel hotel quedaban por encima de sus cabezas.

—Sí

—Ok, tú te lo pierdes—espetó volviendo la mirada al frente y tratando de contener la sonrisa. Una sonrisa que se esfumó por culpa de la sorpresa que iba a provocarle de nuevo Rachel. Notó su mirada fija sobre ella, y no dudó cuestionarla. —¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?

—Por lo que acabas de decir.

—¿Qué he dicho? Estaba bromeando, Rach… No te habrás ofendido, ¿no?

—Quinn—musitó ignorando su pregunta.

—¿Qué?

—¿Tú, tú quieres acostarte conmigo? —Le soltó y Quinn se quedó sin habla por algunos segundos—¿Quieres? —insistió haciéndola reaccionar.

—No—fue directa

—¿Qué? No, no quieres—le replicó Rachel confusa.

—No me quiero acostar contigo, Rachel… Yo lo que quiero es hacer el amor contigo—respondía logrando que el shock inicial fuese diluyéndose y una leve sonrisa dibujase sus labios—Es lo lógico cuando te enamoras de alguien y eres correspondida ¿No crees? —Añadió y Rachel bajó la mirada pensativa—¿Qué ocurre? ¿Tú no quieres?

—¿Cuándo? —acertó a preguntar con algo de temor, ignorando de nuevo su pregunta, y Quinn volvía a sorprenderse, pero esa vez por la ternura que reflejaba su mirada.

—Cuando sea el momento—le susurró robándole un pequeño beso en los labios—Ya tendremos ocasión.

—No me malinterpretes Quinn, pero para cualquier otra pareja hoy sería el momento perfecto—Le dijo segura de sí misma—Nos acabamos de reconciliar, estamos en una terraza con las estrellas sobre nosotras a solas, y no tenemos nada que hacer hasta el amanecer.

—Rachel, ¿tú quieres que hagamos el amor ahora?

—Yo… No lo sé, Quinn. Yo lo que no quiero es que…

—Yo no quiero hacer nada ahora—le interrumpió al notar sus dudas, y buscó de nuevo sus ojos—No quiero vivir ese momento contigo escondidas bajo una manta, suplicando porque alguna de esas no nos grabe—susurró—Merecemos algo más especial ¿No crees?

—Tienes, tienes razón—respondía al tiempo que le devolvía el gesto, y le robaba otro beso.

—Bien, pues disfrutemos esta noche de nosotras y de las vistas—Susurró tras disfrutar de aquellos segundos en los que duró el beso.

Rachel no tardó en volver a aferrarse a su cuerpo, como si de esa forma consiguiera retenerla junto a ella para siempre, como si con aquel abrazo nada ni nadie pudiese separarlas en aquel instante, ni nunca más.

—Quinn—susurró tras varios minutos de silencio, y la rubia no pudo evitar sonreír al ver como volvía a notar la ternura en su tono.

—Dime…

—Tú y yo ya… O sea, ¿Eres, somos…?

—¿Qué somos? —le interrumpió y Rachel volvía a mirarla completamente confusa. —Vamos, dime—le insistió cuando Rachel volvía a aferrarse con más intensidad a su cuerpo, y usaba su pecho como almohada.

—¿Eres mi chica?