Capítulo 25: Distinta
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"Llega un momento en que el soldado que se da cuenta de que no hay regreso posible de la guerra. Aunque vuelva a casa y todo siga igual, el ha cambiado."
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Ubicación: Residencia Uchiha
Una vez distribuidas las partidas de caza, Shikamaru asignó sus destinos al equipo dos mientras que el equipo uno se encargaba de vigilar a Sakura. Esa mañana, Naruto partía de misión. No quería irse… no cuando Sakura a penas podía dormir. La había acompañado cada noche des de que ella se lo pidió, y sus pesadillas solo hacían que ir a peor. Soltó un suspiro de resignación. Si tan solo no hubiese la amenaza de una guerra inminente… habría podido quedarse. En esos momentos, lo único que lo consolaba era saber que Sasuke estaría con ella. La noche anterior, se había encargado de hacer prometer al Uchiha que, aunque no le tocara ronda, no se separaría de ella.
Naruto cerró la mochila donde había guardado sus pertenencias y bajó las escaleras con desánimo. Aun tenía unos minutos antes de reunirse con el resto a la salida de Konoha, y vio que Sasuke y Sakura lo esperaban en la puerta. El Uchiha lo miraba fastidiado. Todavía le molestaba que los hubiesen puesto en grupos distintos, y, por si eso fuera poco, Ino y Sai habían tomado la primera guardia por lo que vendrían a pasar el día con la pelirrosa. Naruto le había hecho prometer que se quedaría con su compañera, y eso significaba que el también tendría que aguantar a su reemplazo y a la rubia histérica.
Por otro lado, Sakura miraba a Naruto afligida y preocupada. Había pasado tanto tiempo lamentándose por su situación que no había caído en la cuenta de lo peligrosas que eran esas misiones. Por un momento, se sintió ridícula. Naruto era el héroe de Konoha. Su fuerza, al igual que su valor, lo habían convertido en uno de los shinobis más poderosos de la historia… pero ella no podía evitar preocuparse. Si, Naruto era fuerte, pero también descuidado. Era impulsivo y hacía un uso excesivo de su chakra desgastando su salud, y un descuido así… podría significar su final. Sakura se estremeció solo de pensarlo. Le había costado tanto reunirlos a ambos, y ahora el se marchaba. Cuando Naruto llegó al final de la escalera, esta lo abrazó con fuerza.
- Todo irá bien, Sakura-chan – le susurró correspondiendo al abrazo.
- Prométeme que tendrás cuidado – le pidió en súplica.
- Lo tendré – afirmó regalándole una radiante sonrisa despreocupada. – Aunque si me encuentro con Kabuto voy a ser de los más impulsivo – bromeó el chico. Sin embargó Sakura frunció el ceño y le pegó en el brazo – Auch! Y ahora que he hecho?! – preguntó confundido.
- Hablo enserio, baka – dijo esta enfadada para que luego se le quebrara la voz – No puedo perderte…
- No lo harás – contestó este anonado por la confesión de la pelirrosa. Se acercó a ella y volvió a abrazarla demostrándole todo su amor y su cariño hacia ella. Si tan solo no hubiera una amenaza de guerra inminente… - se volvió a repetir. Después de unos segundos, se separó con desgana de Sakura, y miró una vez más a Sasuke. Este rodó los ojos.
- Largáte ya, dobe. Yo no pienso abrazarte – le soltó molesto. Sabía que Naruto iba a decir alguna bobada sentimental como "cuida de ella" o algo parecido. Ya se lo había prometido, y tantas muestras de afecto incomodaban al Uchiha. Naruto sonrió cómplice dándole a entender que habían captado su mensaje. Podía confiar en el.
- Volveré pronto – les dijo mientras los saludaba con la mano y empezaba a correr.
Sakura soltó un suspiro y se adentró en la cocina. No le apetecía nada que Ino y Sai vinieran. No es que no se alegrase de verlos, pero estaba agotada de no dormir, y despedirse de Naruto la había puesto de mal humor. La pelirrosa encendió el fuego y puso una cazuela con agua para prepararse una taza de café bien cargada. Iba a necesitarla. Sumida en una especie de trance, Sakura se quedó embobada mirando el agua hervir. Las burbujas y el vapor empezaban a subir como si de un volcán se tratara, y recordó las palabras que Shikamaru había dicho el día anterior. - Tu cuerpo está mutando. Parece ser que estás asimilando al fénix y este se ha convertido en una fuente de un poder regenerador inigualable. – Le había dicho. Entonces, decidió probar algo. Casi sin darse cuenta, la kunoichi alzó su mano y la metió dentro del agua. Ahogó un gemido de dolor y apretó los ojos al sentir como su piel se quemaba y se llenaba de ampollas. Cuando no pudo aguantar más, la sacó. El dolor no tardó en desaparecer, y Sakura se observó como su extremidad ya estaba sanando. Era increíble. En cuestión de segundos, su piel volvía a estar intacta. Fina y delicada… como si fuera de porcelana.
- Sakura – la llamó de pronto Sasuke. Sakura se giró y lo vio parado en la entrada de la cocina. Por el ceño fruncido y el tono se su voz, la chica pudo adivinar que había sido testigo de su momento sadomasoquista y que no lo aprobaba.
- Antes tenía que concentrar mi chakra para sanar. Eso era lo que me identificaba como ninja – le explicó con una sonrisa triste. – Ahora… ahora ya no se lo que soy. – murmuró de forma casi imperceptible mas el moreno la escuchó. Este soltó un bufido y se acercó a la chica. Cuando estuvo a su lado, Sasuke metió la mano también en la olla ante la mirada atónita de la chica. El Uchiha aguantó el dolor de las quemaduras, pero dio gracias a que Sakura reaccionó rápido y le sacó la mano del agua. – Te has vuelto loco?! – le gritó.
El Uchiha no respondió a la pregunta porque ni el mismo sabía la respuesta, y solo dejó que Sakura examinara su mano. Después de hacer un diagnóstico la chica empezó a emanar un chakra verde que regeneró las ampollas de su piel. Cunado terminó estaba como nueva. La chica volvió a mirarlo con el ceño fruncido, pero se quedó sin aliento al ver a Sasuke mirándola con una sonrisa arrogante. Esa sonrisa era su perdición.
- Por que has hecho eso? – le preguntó con un hilo de voz. Estaba perdida en sus ojos.
- Para que veas que sigues siendo un ninja médico – le contestó encogiéndose de hombros. Sakura se quedó sorprendida. Sasuke se había quemado la mano a propósito para que ella viera que seguía siendo capaz de curarlo?
Como la vez anterior, el timbre la de mansión sonó interrumpiendo el momento. Sakura salió apresurada para abrir dejando a Sasuke confundido por sus propias acciones. De pronto sintió una presencia cerca de el y lo miró con fastidio.
- Ahora me espías? – le pregntó a su hermano quien entraba en la cocina disimulando.
- No se que de me hablas – respondió Itachi mientras sacaba unas verduras del frigorífico.
- Hmp – Itachi mentía fatal pero no iba a darle el gusto de insistirle. Iba a salir cuando…
- Aunque puede que empiece a hacerlo – soltó burlón – voy a tener que vigilarte si te vas a autolesionarte cada vez que quieras acercarte a ella.
Sasuke soltó un bufido y salió ignorando los comentarios de su hermano. No sabía porque había hecho, pero estaba seguro de que no había sido para ganarse a Sakura. No soy tan idiota – se dijo molesto mientras llegaba al salón. El día de Sasuke fue a peor cuando se encontró cara a cara con Sai… sentado en su sofá.
- Donde está Sakura? – le preguntó al no verla.
- Hola a ti también Sasuke-kun – le contestó el Anbu con una sonrisa fingida. – Ino se la ha llevado a arriba, le ha traído ropa nueva. – le explicó.
- Hmp – masculló el Uchiha. No voy a prometerle nada más al dobe – se recriminó el Uchiha mientras se sentaba en el otro sillón. La idea de pasar el día cara a cara con su intento de reemplazo no le hacía ninguna gracia. Realmente esperaba que el chico tuviera sentido de la supervivencia, y se mantuviese callado mientras esperaba a que su novia bajara.
- Como llevas tus arranques de ira, Sasuke-kun? – preguntó Sai inocente. No, definitivamente el pintor no apreciaba su vida. Sasuke estaba por abalanzarse sobre el cuando Itachi apareció por la puerta junto a Shikamaru.
- Sai eres muy problemático – dijo el Nara – deja de hacer enfadar a Sasuke.
- Que haces tu aquí? – le preguntó el vengador confundido.
- Tu y yo vamos en equipo, recuerdas? Yo también quiero ver a Sakura – explicó - Además no quería dejarte solo con esos dos.
- Hmp – contestó Sasuke calmándose. Apreciaba que Shikamaru se quedase con el mientras Sai estaba en la casa o lo acabaría matando.
Mientras tanto, Sakura miraba atónita la cantidad de ropa que le había traído su amiga. Ino se la había llevado a su habitación para que se probase las diferentes prendas. La verdad era que con todo lo ocurrido, la pelirrosa no se había parado a pensar en su apariencia. Des de que despertó, había estado usando unas viejas mallas de combate que le había prestado Tsunade y las camisetas holgadas de Narutol, pero Ino iba a cambiar eso.
- Y has cargado con todo esto hasta aquí? – preguntó la chica con una gotita en la frente.
- Por que te crees que Sai ha venido conmigo? – le bromeó la rubia. – y bien?! Que te parece esto?! – le preguntó mostrándole una minifalda rosa similar a la solía llevar cuando tenía 16 años. Sakura miró la prenda y sintió nostalgia de esa época.
- Es muy corta – contestó negando con la cabeza. Ino arqueó una ceja. Esa falda no era nada corta, no al menos según sus estándares.
- Y este? – volvió a preguntar esta vez con un vestido de color rosa palo.
- No quiero vestidos… - murmuró desanimada. Ino arrugó la nariz. Sakura se lo estaba poniendo difícil.
- Vale, bueno… pues por que no miras lo que he traído y escoges lo que te haga sentir más cómoda? – sugirió la rubia.
Sakura miró las prendas de la cama y asintió dubitativa. Escoger era complicado. Todo lo que Ino le había traído era corto, ajustado y revelador, y ella no se sentía cómoda con ello… ya no. Al final se decantó por unos pantalones blancos, ceñidos y de cintura alta, que le llegaban hasta por debajo de las rodillas, y un top de tirantes rojo oscuro que dejaba entre ver levemente su abdomen plano. Sakura se miró al espejo, y no se reconoció. Hacía tres años que no veía su reflejo, y se sorprendió al ver las curvas en su cuerpo. Se había vuelto una mujer y no se había dado cuenta.
- Oh frente! Te ves increíble! – exclamó Ino orgullosa de su elección. Entonces, la rubia se dispuso a peinar su larga cabellera rosada.
Sakura no apartó la mirada de su cuerpo. De pronto, sintió frío. Ese cuerpo femenino y deseable le había traído mucho sufrimiento. Miró su largas y torneadas piernas y recordó como sus captores las recorrieron con sus manazas. Volvió a sentir su nauseabundo tacto… como la besaban, como la tocaban, como la… Sakura apartó la vista del espejo de golpe sobresaltando a Ino. La rubia observó a su amiga con desconcierto pero pudo ver la expresión asqueada en su rostro.
- Sakura… por que ya no quieres llevar vestidos o faldas? – temió preguntar su amiga.
- Por que son más fáciles de quitar… - susurró esta con miedo. Ino sintió una enorme pena al oír las palabras de su amiga. Quería abrazarla pero cuando hizo el amago, la Haruno se apartó. No quería que Ino la compadeciera. Se suponía que ella no debía saber lo que le había pasado, pero había hurgado en su mente, y eso la incomodaba. La joven Yamanaka iba a hablar pero Sakura la interrumpió. – Será mejor que volvamos.
- De acuerdo! – dijo esta intentando sonar animada.
Cuando volvieron al salón, todas las miradas se posaron sobre la pelirrosa incluyendo la de Sasuke.
- Vaya! es agradable recordar que eres mujer – le dijo Sai en tono de broma, pero Sakura no contestó. No le había gustado llamar la atención de esa manera, así que se abrazó así misma intentando cubrir la franja de vientre que quedaba al descubierto.
- Queréis tomar algo? – preguntó desviando la mirada para cambiar de tema.
- Si! Vayamos a hacer té! – exclamó Ino jovial mientras le dedicaba una mirada asesina al bocazas de su novio.
Los cinco shinobis se sentaron alrededor de la mesa de la cocina, y conversaron tranquilamente durante la mañana. Bueno, más bien Ino conversaba. Tanto Sakura como Sasuke se mantuvieran callados todo el tiempo y no abrieron la boca más que para responder alguna pregunta dirigida a ellos. Ella miraba algún punto fijo de la mesa, y el… el la miraba a ella. Algo no iba bien, y Sasuke lo notaba. Por su parte, Sakura se sentía completamente ajena a todo lo que su amiga decía. Le estaba contando que Yugao y Hayate habían anunciado su compromiso o algo parecido. Antes de la guerra, Ino y ella tenían la costumbre de hablar durante horas sobre banalidades y chismes. Ahora, nada de lo que decía le importaba, y la hacía sentirse como una completa desconocida. En esos momentos, solo podía pensar en la partida de Naruto, y que pasaría si este se encontraba cara a cara con Kabuto. Intentó bloquear esos pensamientos de su mente y volver a la realidad, cuando algo que le dijo Ino la alarmó.
- Que? – preguntó desconcertada. No debo haber escuchado bien – se dijo.
- He dicho que para que día quieres la fiesta? – repitió la Yamanaka animada. Sakura arqueó una ceja. No podía ser cierto. – Tu fiesta de bienvenida, frente! Tenemos que planearla para cuando todo esto terminé!.
- No quiero hacer ninguna fiesta – declaró Sakura desviando la mirada. No se podía creer que tuvieran una amenaza de guerra inminente e Ino estuviese pensando en hacer una fiesta. Los presentes se quedaron en silencio mirando a la pelirrosa.
- Claro que la haremos! Hay que hacer pensar en cosas optimistas y la gente querr… - la rubia no pudo continuar porque Sakura se había levantado de golpe.
- Alguna vez escuchas algo que no sea el sonido de tu propia voz!? – le gritó – No quiero una maldita fiesta, Ino! Déjame en paz! – explotó saliendo del lugar y dejando a los presentes atónitos.
Las lágrimas no tardaron en inundar los ojos de la joven Yamanaka como reacción. La había cagado con Sakura… otra vez. Sai la abrazó para consolarla, y esta lloró sobre su hombro. Sasuke, Itachi y Shikamaru caminaron al salón dejándolos solos para que la rubia pudiera recomponerse.
- Deberías hablar con ella – le dijo Itachi a su hermano.
- Y decirle que? Tiene razón -contestó Sasuke. Admitía que no era normal en Sakura saltar de esa manera, pero no le había molestado del todo verla poner a Ino en su lugar. Además, el ya había asumido que el no sabía como reconfortar a la pelirrosa. Ese era el rol de Naruto. Que podría decirle.
- Tsk! Que problemático – se quejó el Nara dirigiéndose a las escaleras. Tendría que hacerlo el.
Después de comprobar que la chica no estaba en su habitación, el moreno subió a la azotea. En ese sentido, Sakura era como el. Cuando estaba frustrada se tumbaba a mirar el cielo para relajarse. La encontró sentada con las piernas cruzadas y los ojos cerrados. Estaba intentando meditar. La pelirrosa frunció el ceño al sentir que alguien había venido a buscarla.
- No pienso disculparme con ella – anticipó la chica mirándolo molesta. Shikamaru solo le sonrió.
- No lo hagas – dijo este sin darle importancia. Sabía que su compañera podía llegar a ser insoportable. – Quieres salir? – le preguntó desconcertando a la chica. Sakura lo miró desconfiada.
- Creía que no podía salir hasta mi segunda semana bajo vigilancia. – contestó.
- Lo se… pero quiero enseñarte algo – confesó el moreno con una sonrisa. A Sakura se le iluminó el rostro. Estar encerrada la estaba volviendo loca.
Ubicación: Frontera del País de Fuego
Lee, Neji, Naruto e Hinata corrían a gran velocidad entre los árboles. Habían conseguido llegar a la frontera en apenas unas horas. Cuando alcanzaron el límite territorial, pararon a descansar.
- Bien, a partir de aquí nos separamos con nuestras respectivas parejas. – informó Neji como capitán del equipo. – Naruto, tu e Hinata iréis al Norte y Lee y yo nos dirigiremos al Sur. Recordad, la misión tiene que durar exactamente tres días para que tengamos tiempo de volver y tomar el relevo de la vigilancia. Si no habéis encontrado nada para entonces, al menos habremos descartado una zona.
- Hai! – respondieron ambos antes de que todos se dispersaran.
Durante el trayecto, ni Naruto ni Hinata se dijeron nada. Para la Hyuga, no había nada que decir. Sakura había regresado, y eso cambiaba las cosas.
-/Flashback/-
Había pasado un año des de que Sakura Haruno los había traído de vuelta, y cada día Hinata se preocupaba más por Naruto. A pesar de que el rubio intentaba aparentar estar bien, sus ojos brillaban con menos intensidad cada vez que lo veía. Su voluntad de fuego se estaba apagando, y eso la entristecía. Siempre había sabido lo importante que era Sakura para Naruto, pero nunca imaginó que hubiera algo que el no pudiera superar. Hinata siempre había admirado la capacidad del kitsune de recomponerse y demostrar fortaleza, pero esa vez… la pérdida se o estaba llevando.
Aquel día tuvieron su primera misión juntos después de mucho tiempo. Era una partida de búsqueda voluntaria para encontrar a la kunoichi de cabellos rosados. Después de buscar incasablemente, ambos pararon a descansar en un pueblo cercano. Era de noche y ambos se relajaban mirando las estrellas.
- Neji-nissan va a ser nombrado líder del clan – mencionó Hinata intentando sacar tema de conversación. Naruto la miró sorprendido.
- De verás? Eso es genial, Hinata-chan! – exclamó el rubio. – Aunque tu también habrías sido una buena líder – añadió con una sonrisa. Hinara se sonrojó ante el cumplido.
- De-de verdad lo crees? – preguntó insegura. Ella misma había votado por Neji. El siempre había tenido madera de líder.
- Claro que si, dattebayo! – respondió el rubio. – Eres fuerte, leal y compasiva y creo que eso son cualidades muy importantes.
- Tu serás un gran hokage – dijo Hinata. Naruto sonrió de forma triste.
- Eso mismo me dijo alguien una vez – contestó recordando las palabras de despedida de su amiga. – pero yo ya no estoy tan seguro…
A Hinata le partió el alma ver a Naruto abandonar sus sueños… abandonándose así mismo. No quería verlo así. De forma casi instintiva, la Hyuga agarró la mano del kitsune haciendo que este la mirara perplejo.
- Lo serás. Yo creo en ti. – le dijo con una firmeza que ni ella misma creía poseer. Naruto se quedó mirando anonado a Hinata. El sabía de sus sentimientos hacia el cuando eran más jóvenes, pero a caso seguía sintiendo lo mismo?
- Arigato, Hinata-chan – murmuró el chico mientras seguía perdido en la mirada de la Hyuga.
Sin poder resistirse más, la pelinegra se acercó lentamente al rostro del rubio ante los atentos orbes azules de Naruto. No sabía que hacer… la valentía de la ojiperla lo había dejado perplejo. Suavemente, Hinata se puso de cuclillas, cerró los ojos, y depositó un beso en la comisura de sus labios. Fue solo un roce… casto y dulce. Cuando se separó de el, lo miró intensamente como esperando una respuesta. Sus mejillas se tornaron de un adorable tono carmesí y su respiración se aceleró. Se había expuesto completamente a el, pero no le decía nada. De repente y para su sorpresa, Naruto la abrazó con fuerza. Un abrazó que ella misma calificó de no romántico, pero que intentaba transmitir todo el cariño que el Uzumaki sentía por ella. Y eso fue todo. Un abrazo. Sin decir nada más, la chica salió del lugar, y, a la mañana siguiente, actuaron como si no hubiese sucedido.
-/Fin del flashback/-
Naruto soltó un bufido. Llevaban todo el día buscando y no habían detectado nada. Necesitaba algo de acción para liberar tensiones, pero al parecer esas alimañas sabían esconderse. Al final, pararon en una cueva, y decidieron pasar allí su primera noche.
- Iré a por leña para encender el fuego – anunció el chico. Hinata asintió con la cabeza.
Después de recoger algunas ramas y talar algunos troncos para descargar su frustración, el kitsune regresó al escondite, pero al llegar se encontró con la espalda desnuda de la Hyuga. Hinata se estaba cambiando, y no se habían percatado de su presencia.
- Mierda perdón Hinata-chan! – exclamó el rubio avergonzado mientras se daba la vuelta nervioso. La pelinegra se sonrojó a más no poder y se colocó de nuevo su camiseta.
- No-no pasa nada, Naruto-kun – le contestó con voz dulce, pero Naruto seguía sin voltearse. La chica se le acercó por detrás y lo tomó de la mano para que la mirara.
- Hinata yo.. – empezó a decir el chico. Hinata era una mujer muy hermosa, y seguramente su vida sería mucho más sencilla si la escogiera… pero no podía. La Hyuga vio la angustia reflejada en los ojos del chico y entendió lo que quería decir.
- No tienes que decir nada… - le dijo con una sonrisa triste. – La eliges a ella, verdad? – continuó sin mirarlo.
- Hinata… - murmuró perplejo – No voy a negarte que me siento atraído por ti… pero la vuelta de Sakura cambia las cosas - confesó Naruto. Se sentía mal al rechazar a la pelinegra mas no sería justo darle esperanzas.
- Lo imaginaba – contestó aguantando las lágrimas. El rubio hizo el amago de abrazarla pero ella lo rehuyó. Le dolía demasiado. – Ni siquiera nos has dado una oportunidad. Se que puedo hacerte feliz… - se quejó.
- Lo se – admitió el chico.
- Ella ama a Sasuke - añadió. – Que harás si lo escoge a el?
- Tendré que respetar su decisión. – contestó Naruto dolido. No quería pensar en ello. Sabía muy bien que llegado el momento, una nueva discordia afloraría entre el y su mejor amigo.
- Te va a hacer sufrir – finalizó bajando la cabeza. No quería que el la viera tan vulnerable. Naruto sonrió ante esas palabras.
- Hinata… tengo sentimientos por ti, pero no puedo engañar a mi corazón. Des de el primer momento en que la vi… supe que era ella. Siempre ha sido ella… Mi corazón dejó de latir durante los tres años que la perdimos, y cuando volvió… supe que no me importaba que no me eligiera. Solo quiero que sea feliz. – las palabras del chico dejaron a Hinata sorprendida.
- Una chica con suerte… - susurró dolida. Naruto le sonrió.
- Y quiero que tu seas feliz. No quiero que te conformes con alguien cuyo corazón late por alguien más. Quiero que encuentres a un hombre que te mire, y solo te vea a ti. – le dijo dejándola sin habla. Podía sentir la bondad en las palabras del kitsune y su cariño hacia ella.
- Naruto-kun… gracias – le contestó con una pequeña sonrisa. Si, le había dolido, pero el kitsune le había regalado sus mejores deseos para que ella pudiese avanzar liberándose de su espera. Naruto quería verla feliz, y eso era lo que haría.
Ubicación: Konoha
Mientras seguía a Shikamaru, Sakura observó las calles de la aldea que la vio nacer. La gente parecía feliz y salía despreocupada a la calle como ella siempre había deseado. Estaba todo tal y como lo recordaba, y, aun así, parecía distinto. De pronto, la pelirrosa vio como el joven Nara se paraba delante de un portón y le sonreía. Sakura miró el letrero y frunció el ceño. Este tenía escrito con letras de colores: Jardín de Infancia de Konoha.
- Niños? Me has traído aquí para ver niños? – preguntó Sakura extrañada.
- No – respondió este mientras le hacía una señal para que entrara. – Te he traído aquí para ver a una niña en concreto. - La pelirrosa lo miró confundida pero no le rebatió.
Caminaron por los pasillos y Sakura no pudo evitar sentir envidia de los infantes. Se veían tan alegres… tan puros. Habría deseado poder recordar lo que era tener inocencia. Cuando llegaron a su destino, a Sakura le sorprendió la presencia de alguien conocido.
- Kurenai-sensei? – preguntó desconcertada. Ella solo le sonrió. Que hacía esa mujer en una guardería? De pronto Sakura abrió los ojos de par en par, y un enorme sentimiento de euforia la invadió. Analizó el salón con la mirada hasta toparse con una preciosa niña con el cabello negro y los ojos rojos. Debía tener alrededor de unos tres años y estaba sentada en el suelo jugando con una muñeca. Sakura se quedó embobada mirando a la niña. – Es preciosa…
- Sakura, te presento a Mirai Sarutobi – dijo la sensei con orgullo. Sakura la había ayudado mucho durante el periodo de gestación y había estado esperando ese momento para presentarle a su hija. – Mirai! Ven cariño! – la llamó – Ven a conocer a la tía Sakura.
El corazón de la pelirrosa se paró al oír las palabras de Kurenai, y sus ojos se llenaron de lágrimas, pero esta vez… eran lágrimas de alegría. La bebé caminó torpemente hasta Shikamaru quien la alzó en brazos para dársela a la chica. Mirai se quedó embobada mirando las facciones de porcelana de la kunoichi y de inmediato se puso a jugar con su cabello rosa. Para la niña, Sakura era una hermosa muñeca.
- Es increíble… - murmuró la chica al sentir como sostenerla había despertado una ola de emociones en su interior.
- Lo se, es la niña de los ojos de Asuma. Casi me tiene hasta celosa – bromeó la sensei.- y ella adora a su padre… - finalizó dedicándole una mirada de inmenso agradecimiento. Sakura lo sintió. Mirai era feliz y tenía un padre gracias a lo que ella había hecho, y eso le devolvió la paz que tantas pesadillas le habían quitado.
- Gracias – le susurró a Shikamaru. Este solo asintió con la cabeza.
Después de jugar un rato con la niña, ambos shinobis retomaron su camino, y acabaron sentados en un banco. Se permanecieron en silencio hasta que el Nara decidió hablar.
- Ino siempre ha sido muy problemática – soltó haciendo que Sakura sonriera. Shikamaru quería hacerle recapacitar. – Pero eso nunca te había molestado tanto.
- La gente cambia – masculló.
- Y te has molestado en decírselo? – le preguntó con ironía. – Ino te quiere y ha intentado reconfortarte de la forma en que ella sabe hacerlo. De la forma que a ti te solía gustar…
- Me siento distinta – confesó Sakura. – quiero creer que es el fénix, pero…
- Los cambios no siempre son malos, Sakura.
Las palabras de Shikamaru calaron hondo en Sakura, y entonces lo entendió. Había sido muy dura con su amiga. La verdad era que la villa estaba igual pero ella era la que había cambiado… solo que los demás sabían quien era ahora. Bueno, ni ella misma lo sabía, pero no podía culparles por querer intentar acercársele como a la antigua Sakura le habría gustado. La chica sonrió a Shikamaru y asintió con la cabeza para darle las gracias. De pronto, la voz de una vieja amiga los interrumpió.
- Se suponía que vendrías a buscarnos a la entrada, vago – dijo una Temari muy molesta mientras caminaba hacia ellos junto a sus hermanos. Su rostro se alegró al ver a Sakura. – Me alegra ver que estás bien.
- Un placer volver a verte Temari-san, Kankuro-san, Kazekage-sama – respondió la chica haciendo una reverencia al último.
- Puedes llamarme Gaara, Sakura. – le corrigió el pelirrojo – estamos en deuda contigo. Primero salvaste a Kankuro del veneno de Sasori no Akatsuki, y luego nos salvaste a todos del sueño eterno. – la chica asintió apenada. No quería que la adularan tanto.
- Como te encuentras – le preguntó el tercer hermano. Estaban al tanto de la situación de la chica.
- He estado peor – bromeó – Que os trae por aquí?
- Habíamos quedado con el estratega para que nos llevara junto al hokage, pero no se ha presentado – gruño Temari mirando a Shikamaru molesta.
- Que problemático… se me ha pasado la hora, perdón – confesó el pelinegro rascándose la nuca. Su novia soltó un bufido y comenzó a andar.
- Debemos reunirnos con Kakashi ahora pero te pasaremos a ver antes de volvernos a Suna, vale? – le dijo Kankuro a Sakura mientras el y Gaara seguían a su hermana.
- Mierda.. se ha cabreado – masculló el Nara. Sakura sonrió y le hizo una mueca.
- Anda ve por ella – lo animó. Shikamaru negó con la cabeza.
- Se supone que no puedo dejarte sola
- Temari es una mujer con mucho carácter. De verdad quieres que acumule más enfado? – le preguntó juguetona. El pelinegro tragó grueso. La rubia daba miedo cuando se enfadaba.
- Estás segura? – le preguntó antes de empezar a caminar.
- Si. Tengo que ir a disculparme con Ino. Ah y… Shikamaru? – lo llamó antes de empezar a caminar – Me alegra que os dierais una oportunidad. Hacéis muy buena pareja. – dijo a lo que el chico sonrió.
- Mujeres problemáticas – dijo antes de perseguir a su temperamental novia.
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Continuará...
