No empezaré este capítulo sin antes agradecer al grupo de facebook "autoras de candy y terry" (espero no equivocarme con el título jajaj) por haber nominado a mi historia como mejor fic de drama en proceso, y por último y no menos importante, a todas y cada una de las personas que votaron para que mi historia fuese la ganadora. De verdad que ese gesto hizo mi día muy feliz. Saber que lo que escribo es no sólo de mi agrado sino de ustedes es genial y maravilloso.

También me gustaría mencionar que como nos estamos acercando al final de esta historia, si, hay mucho drama, muchas emociones intensas y situaciones a flor de piel. Espero no dañar la sensibilidad de nadie.

Astareth Veruck, muchas gracias por tus sinceras opiniones con respecto a este capítulo. Tus ojos y platicar contigo me ayudó bastante a encontrar lo que deseaba transmitir.


Capítulo 23. Osadas decisiones

_Candy_

"Dorothy, ¡qué alegría me da verte!" sollocé a penas en un susurro.

Cuando sus brazos rodearon cariñosamente mi espalda, fui consciente que cada una de mis extremidades temblaba. No conseguía controlar las sacudidas que dominaban mi cuerpo.

"¡Candy! pero… no entiendo… que… " balbuceó visiblemente confundida.

Sacó de entre su uniforme un pañuelo y empezó a limpiar las lágrimas que escurrían por mis mejillas sin desdibujar de su rostro la dulce expresión de su mirada.

De nuevo me sentí aquella niña huérfana que lloraba en secreto después de haber sido víctima de la crueldad de los hermanos Leagan. Recuerdo que en cada una de esas ocasiones, Dorothy entraba sonriente en secreto a mi habitación, me escuchaba, y aunque continuaba llorando en sus brazos, el hecho de platicar con ella me ayudaba a sentir que no estaba tan sola después de todo.

Dorothy es tan maternal en su manera de procurar a sus semejantes, que inmediatamente recordé lo reconfortante que me resultaba hablar con ella.

"¡Gracias a Dios que estás aquí! ¡Ayúdame a escapar! Loyd me secuestró" sorprendida pero con la serenidad que siempre la ha caracterizado, se sentó a un lado mío de la cama y me pidió que le contara con más calma la historia completa.

Y eso hice.

Conforme avanzaba en mi relato, la mirada serena de mi amiga fue reemplazada gradualmente por una llena de horror e incredulidad.

"¡Oh Candy! No puedo dar crédito a todo lo que me has contado. Es tan horroroso que apenas puedo hacerme a la idea que el Sr. Ainsworth es capaz de cometer actos tan reprobables" musitó sorprendida.

"Loyd está obsesionado con el pasado que nos unió. Se ha engañado a si mismo con la falsa idea que lo amo y que el bebé que espero será de ambos" histérica, me puse en pie y me encaminé furiosa a uno de los tantos ventanales. "además no sé dónde estoy, no sé si seguimos en Nueva York o en otra parte del mundo. Desconozco si mi esposo y mi familia saben lo que está pasando, y por si fuera poco, la policía enfocará su atención en la persona equivocada" hablé tan rápido que no estuve segura si Dorothy siguió el hilo de mis ideas confusas y aceleradas.

Giré mi rostro hacia ella en cuanto sentí una de sus manos posarse sobre mi hombro.

Su rostro seguía iluminado con aquella sonrisa que conseguía sosegarme incluso en estos momentos tan oscuros de mi vida.

La dejé de ver por tantos años, y mira donde nos habríamos de reencontrar; en el lugar y momento donde más necesitaría de su amistad.

Un largo suspiro escapó a través de mi boca, y sin oponer resistencia, me dejé guiar por ella en silencio a la cama.

"Número uno, tranquilízate. No le hace bien a tu bebé que te dejes llevar por la desesperación. Número dos, nos encontramos a 6 horas de Nueva York. Estamos en Saranac Lake, y por último, necesitas comer y descansar" disconforme levanté la mirada.

¡No es momento para comer! Necesito salir de aquí cuanto antes! quise decir, pero con un gesto de su mano me silenció al instante.

"En estos momentos tu prioridad debe ser cuidar a tu bebé, ¿entiendes? Él depende enteramente de ti" las palabras de Dorothy me sacudieron.

Bajé mi mirada hacia mi vientre y asentí avergonzada.

"Tienes razón como siempre, Dorothy. Has hecho que me avergüence de mí misma una vez más" acaricié mi vientre y sonreí apenada.

"No digas eso, Candy. La situación que estás atravesando derrumbaría a cualquiera. Yo no tendría la entereza que tú posees ahora" negué con la cabeza sin atreverme a verla a la cara. No soy digna de la admiración de mi amiga. "te aseguro que no pasarás este trago tan amargo tú sola. Estoy aquí contigo" un doloroso nudo se instaló en mi garganta.

Con lágrimas en los ojos, levanté mi rostro hacia ella.

¿Qué hubiese sido de mí si Dorothy no hubiese llegado en este preciso momento a mi vida? No quiero ni imaginarlo.

"¡Muchas gracias!" mi respiración así como los acelerados latidos de mi corazón comenzaron a seguir un ritmo más normal en cuanto escuché sus palabras.

Dejé escapar un suspiro que de algún modo aligeró el pesar que aplastaba mi pecho desde que este infierno se desatara.

"Ahora escúchame bien, ayudarte a salir de este lugar es prácticamente un suicidio. Hay escoltas dentro y fuera de la casa. Ahora mismo dos personas custodian muy de cerca el acceso a esta habitación. El Sr. Ainsworth tiene restringido el paso a este piso para el resto de mis compañeros. Yo puedo entrar porque me asignó como única responsable de proveer tus alimentos" con el ceño fruncido bajó la mirada al suelo unos momentos.

Parece molesta e incluso decepcionada consigo misma. ¿Por qué? ¿Será mi imaginación?

¿Entonces de verdad no existe manera de escapar?

Leyendo la duda en mi rostro, coloca sus manos sobre mis mejillas obligándome a verla a la cara.

"No he dicho que no te ayudaré. Sólo necesito pensar cómo hacerlo. Es imperioso que nadie sepa que nos conocemos, de lo contrario todo se puede complicar" sonreí y asentí más tranquila "ahora a comer. El escolta no tarda en entrar"

Decir que me engullí la comida con poco decoro fue decirlo prudentemente.

No recuerdo que una persona que se jactaba de no tener hambre como yo hace unos momentos, comiese tan rápido sus alimentos.

"Estuvo delicioso, Dorothy. Muchas gracias" retiró la bandeja de comida con un gesto serio e indiferente.

Enseguida adiviné que su cambio estaba relacionado con los pasos apresurados provenientes del pasillo que se escuchaban cada vez más cerca de nosotras.

"No seas impulsiva. Se cauta y prudente." susurró segundos antes que la puerta de la habitación se abriera estrepitosamente, dejando ver al guardaespaldas, al cual si mal no recuerdo, Loyd llamó Asher.

"He cumplido con la tarea que el Sr. Ainsworth me encomendó. ¿Requiere mis servicios aun?" el porte de Dorothy cambió. Su voz, su mirada, incluso sus movimientos parecían pertenecer al de otra persona que no era mi amiga en absoluto.

La notaba fría e inalterable con el hombre que yacía estoico frente a ella.

Como respuesta a su pregunta, el hombre negó con la cabeza y guio a Dorothy a la salida cerrando con cerrojo la puerta tras de sí.

Si Dorothy no hubiese aparecido, habría sucumbido a la desesperación.

Un ángel de la guarda debe estar cuidándome.

Esperanzada, me acerqué al ventanal, acaricié mi vientre y pensé en mi familia, mis amigos, pero sobre todo en Terry.

Mi amor, ¿qué estarás haciendo en estos momentos? ¿sabrás lo que ha pasado?

_Terry_

Me importa un carajo la demanda que la compañía imponga en mi contra por incumplimiento de contrato.

Mucho menos me interesa tener que enfrentar a la ley y lidiar con la prensa por lo que acabo de hacer.

¡Lo haré gustoso y saldré airoso de ello! Estoy seguro.

Lo que no puedo soportar es darme cuenta que estuve a punto de cometer un error que juré evitaría cuando reanudé mi relación con Candy.

Ella y mi bebé son lo más importante que tengo en esta vida, y aun así, iba a atreverme a anteponer mi trabajo por encima de ellos.

Me enojo conmigo mismo por mi estupidez.

A pesar del dolor que mi decisión de irme a Europa le provocó a mi esposa, me impulsó a seguir viviendo mi sueño despidiéndome con la más dulce de las sonrisas, ocultándome en todo momento el pesar que oscurecía el brillo de su mirada.

¡IMPERDONABLE!, me grité sin clemencia.

Nada debe ser más importante que la felicidad de mi familia.

¿¡No es ese el objetivo de mi vida!?

Candy es mi sueño más preciado. No mi carrera, ni la fama que he cosechado con el pasar de los años.

Mi realización personal empezó justamente el día que Candy perdonó mis errores pasados y decidimos darle a nuestro amor una segunda oportunidad.

¿¡Cómo irme a filmar una película cuando mis acciones destrozan a la dueña de mi alma?!.

No podía hacerlo, así que aun a bordo del barco que me llevaba a Europa, vi mi oportunidad de reparar mi error cuando este hizo su primera escala en la gélida isla de Groenlandia.

No lo pensé dos veces.

Tomé mi equipaje y abordé el siguiente barco que me llevaría de regreso a Nueva York.

Y heme aquí, contando los minutos que faltan para ver nuevamente a mi esposa.

Deseo desesperadamente besarla, tenerla entre mis brazos, llenar mis sentidos del aroma que cubre su piel mientras la escucho susurrar en mi oído que me ama al tiempo que pronuncia mi nombre.

¡Quiero hacerle el amor!

No sé cómo pensé que podría sobrevivir sin ella durante este viaje.

¡No puedo!

Soy incapaz de hacerlo.

Candy es el aire que respiro. El motor que impulsa a cada latido que pronuncia mi corazón.

Ella es mi razón de vivir. Lo es todo.

Y ahora también lo es nuestro primer hijo.

Quiero sentirlo moverse inquieto dentro del vientre de Candy mientras le musito lo mucho que lo amo.

Este bebé es el primero de cuatro. Ya lo he decidido.

Recuerdo que una noche cuando le dije a Candy que quería tener cuatro hijos con ella, empezó a carcajearse descaradamente de mí.

En ningún momento desechó mi propuesta.

No me dio una respuesta inmediata, pero estoy casi seguro que le agradó bastante la idea.

¡Quiero una familia grande! continué hablando emocionado mientras caminaba alrededor de nuestra habitación imaginando el futuro que construiremos juntos.

No despegó ni un momento su mirada de mi cuando empecé a narrarle mi deseo de ver nuestro hogar lleno de niños corriendo por todos lados. Sonriendo. Teniendo la infancia feliz que todos los niños sin excepción alguna deberían experimentar.

La mirada de Candy en ese momento fue tan brillante, que su belleza me deslumbró una vez más.

Ansío tanto estar a su lado, que quiero que este barco vuele, sin embargo, para mi mala fortuna el viaje de regreso resultó ser igual o más largo que si hubiese llegado a Europa.

Entre Groenlandia y Nueva York el barco sufrió una avería. No fue de cuidado, pero si provocó que nuestro viaje de regreso a tierras neoyorkinas se retrasara varios días.

Pude haberle mandado a Candy una carta anunciándole mi llegada, pero quería darle una sorpresa, además, es muy probable que mi esposa se enoje conmigo por el acto tan irresponsable e impulsivo que acabo de cometer.

¿Soy egoísta si admito que eso me hace feliz?

Lo único que realmente me importa es que muy pronto la veré.

En cuanto llegamos al puerto de Nueva York y dan permiso de desalojar el barco, el aroma inconfundible del muelle inunda por completo mi olfato.

¡Elina tiene razón, este olor es realmente desagradable!

Antes que la gente que pasa a mi alrededor se percate de mi presencia, me abro paso hacia las concurridas calles de la ciudad y abordo un taxi.

Le proporciono la dirección a donde habrá de llevarme y le pido al chofer que maneje lo más rápido que pueda. Quiero llegar a mi destino cuanto antes.

El taxista se extraña por mi petición, sin embargo hace lo que le solicito sin chistar.

Son las 7:54 pm, Candy debe estar con mis padres a esta hora.

Confío que ellos habrán convencido a mi esposa de que se fuese a vivir a su casa en mi ausencia tal cual se los solicité, pensé sin dejar de admirar a través de la ventana del auto, el bullicio nocturno de la ciudad.

Al divisar a lo lejos la mansión, le pido al taxista que se detenga.

Bajo del auto, tomo mi equipaje, le pago al conductor y corro hacia la entrada sin detenerme a esperar el cambio.

¡Puede quedárselo todo si gusta!

Lo que más ansío en este momento es tomar entre mis brazos al amor de mi vida y decirle una y otra vez cuanto la amo.

Sin anunciarme, entro precipitadamente a la casa con la idea infantil de decir ¡sorpresa!, pero termino siendo yo el sorprendido al ver que mis padres tienen visitas inesperadas.

"Quería darles una sorpresa, pero terminé siendo el sorprendido" sonreí mientras la mirada atónita de Albert, Elina, Archie y Annie se posaba sobre mí "jajaja, tal parece que vieron un fantasma. La verdad esperaba un recibimiento más cálido" dije.

"Terry… pero que haces aquí… pensamos que estarías en Europa… tú…" balbuceó Albert.

Es tan poco propio de él mostrarse anonadado, que sin reparo alguno me reí de él.

"Digamos que necesitaré a los mejores abogados que conozcas, porque seguramente me demandarán por incumplimiento de contrato, pero eso es lo que menos me importa. Después les explico a detalle, ahora quiero ver a Candy. ¿Está arriba con Alisa?" todos a excepción de mi madre desviaron la mirada.

"… Terry, mi cielo…" la sonrisa se borró de mi rostro en cuanto le presté atención a la expresión de toda mi familia.

Se les veía demacrados, ojerosos, y sus rostros estaban tan enrojecidos que me dio la impresión que cada uno sin excepción había llorado por un motivo que yo aun desconocía.

Es mi imaginación, me dije a mi mismo.

"No pudieron convencerla de vivir con ustedes el tiempo que yo estaría fuera, ¿verdad mamá?" desesperado, negué con la cabeza y pasé mis manos por mi cabello "Debí haberlo previsto. Candy es tan obstinada. Imagino entonces que ahora mismo está en la casa" los ojos de mi madre se llenaron de lágrimas, pero no sólo era ella.

Annie y Elina a unos pasos de nosotros, empezaron a llorar discretamente en los hombros de sus respectivos esposos, pero al ver la sombría expresión que se dibujó en el rostro de Archie, Albert y mi padre, mi corazón dio un doloroso salto dentro de mi pecho.

Mi madre colocó sus manos sobre mi rostro.

Ese contacto, antes reconfortante, ahora quemaba mi piel.

Empezó a hablarme. Lo sé porque su boca se abría una y otra vez. De ella salían palabras que mi cerebro se negaba a comprender.

Todo mi ser se reveló ante aquella confesión que mi madre, llorosa y acongojada, musitaba.

¿Qué acaba de decir? ¡Es mentira!, pensé furioso.

Aun con sus manos sobre mi rostro, intenta sin éxito llamar mi atención varias veces, pero en cuanto mi corazón me obliga a enfrentar la realidad, escuchando como un espantoso eco las palabras de mi madre que aun ahorita me resisto a creer son la cruda verdad, doy un manotazo al aire alejándola bruscamente en el proceso.

"¡Candy!, ¿dónde estás?" subí corriendo las escaleras y busqué a mi esposa en cada una de las habitaciones sin importarme el caos que generé a mi alrededor.

Regresé al salón corriendo, e ignorando las súplicas de mi familia, continué con mi búsqueda a lo largo y ancho de la propiedad.

¡Candy tiene que estar aquí! ¡En algún lado…!

"¡CANDYYY!" vociferé sin importarme un momento desgarrar mis cuerdas vocales en el proceso.

Pero nada. Ni una sola respuesta que delatara su presencia. Ni siquiera soy capaz de percibir el dulce aroma a rosas de su perfume que yace impregnado en cada rincón de nuestra casa.

¿¡Hace cuanto tiempo que…?! ¡NO, NO, NO!

Regresé al salón y desesperado recorrí con mi mirada este espacio cada vez más angosto.

Mi entorno se mueve tan rápido como cada latido que angustiosamente pronuncia mi corazón. No puedo pensar con claridad.

Lo único que sé, es que Candy… ella está…

Incapaz de completar mentalmente la frase, golpeé con mis puños unos vitrales que decoraban el salón de mis padres.

Quería destrozar todo lo que estaba a mi alrededor sin importarme las consecuencias que caerían sobre mi cuerpo.

Y eso hice exactamente.

De pronto, una figura pequeña se abrió paso entre Albert y mi padre con el único objetivo de detener mi arranque de furia.

"¡Hermanito, detente!" Alisa me envolvió en un abrazo del que no quise escapar "¡no sigas haciéndote daño! ¡me asustas!" caí de rodillas frente a ella e inmediatamente me sosegué.

No pude continuar destruyendo cuanto objeto se atravesara en mi camino después de ver el rostro lloroso y adolorido de mi hermana.

Pegué mi frente contra su pecho y me puse a llorar como un histérico.

La abracé sintiendo como los espasmos que azotan mi cuerpo se tornaban cada vez más intensos.

Los brazos de Alisa rodearon mi cuello y esta vez ninguna palabra de aliento salió de su boca.

Mi angustia incrementó rápidamente al ver que ella lloraba amargamente junto conmigo.

"Terruce… hijo, ven…" con ayuda de Albert y mi padre me puse en pie, mientras que mi madre sentaba a una llorosa Alisa en su regazo.

Como si fuese un autómata me guiaron al sillón más cercano.

Con cautela, Elina se sentó a mi lado, tomó una de mis manos y empezó a desinfectar mis heridas autoinfligidas con alcohol.

Mientras repasaba con algodón cada una de ellas, angustiada levantó su mirada hacia mí creyendo que me causaba dolor.

Negué lentamente con la cabeza.

Nada podía dolerme más que aquellas palabras que pronunció mi madre minutos atrás.

Mi cabeza está tan obnubilada, que aunque quisiera aferrarme a la falsa esperanza de que esto es una mala pasada de mi mente, ver los gestos sombríos de todos me obliga a enfrentarme a mi peor pesadilla.

"¿Cómo… cómo sucedió…?" susurré quedamente.

Necesitaba y me aterraba escuchar la respuesta.

Levanté la mirada hacia mi familia en busca de información, pero nadie se atrevía a proporcionármela, ni siquiera Albert. Todos evadían mi mirada, pero finalmente fue mi padre quien decidió romper el terrible silencio.

"Margot se acercó a Candy en el hospital aprovechando su conexión con el subdirector. La policía ya la atrapó pero debido a su estado mental aún no hemos conseguido dar con su paradero" dijo llanamente y sin rodeos. "la muerte de Susana fue el golpe de gracia que necesitaba su mente para alterar su realidad" fui nuevamente presa de la furia.

"¿¡Ya investigaron al subdirector?! Él debe estar involucrado." por la expresión condescendiente que se reflejó en los ojos de mi padre, adiviné su respuesta antes que se atreviera a exponerla.

"Ya lo investigó la policía. No hay nada en su contra. El hombre está sumamente afectado por la situación… le aflige haber sido partícipe indirecto del secuestro de Candy"

"¡SU AFLICCIÓN NO ME SIRVE DE NADA SI CANDY CONTINÚA DESAPARECIDA!" vociferé histérico.

Me puse violentamente de pie sin importarme tirar al suelo el botiquín con el cual Elina limpiaba hacía unos momentos mis heridas.

Caminé alrededor del salón como león enjaulado mientras descansaba mis manos sobre mi cabeza.

"Terry, entendemos tu sentir, pero necesitamos actuar con la cabeza fría. Violentarnos como lo estás haciendo en este momento no ayuda a Candy en absoluto"

Furioso, giré mi rostro hacia Albert con un sólo deseo en mente; golpearlo hasta apaciguar esta furia que me está matando lentamente por dentro.

Desafortunadamente aun existía dentro de mi mente un resquicio de cordura que me impidió llevar a cabo este acto salvaje y sin sentido.

Albert tiene razón. Como siempre, me dije y derrotado pasé mis manos sobre mi cabello una vez más.

Más sereno, volví a tomar asiento en uno de los sillones del salón.

Con cautela, Albert se sentó al lado mío, mientras que el resto de mi familia me observaba con una mezcla de miedo y compasión.

Siento que mi alma se está rompiendo en mil pedazos, me dije abrazándome a mí mismo en un inútil intento por mantenerme unido, pero fue Alisa la que zafándose de los brazos de mi madre, me dio el abrazo que tanto necesitaba.

"Alisa… vete, no quiero que me veas en este estado tan miserable" mis actos traicionaban a mis palabras.

Aunque quería alejarla de mí, la presioné más contra mi pecho.

"No me alejaré de tu lado aunque destroces la casa y te enojes conmigo. No permitiré que te hagas más daño" apretó con más fuerza sus brazos alrededor de mi cuello y dibujé en mi rostro lo que quizás fue una diminuta sonrisa.

¿Cómo es posible que incluso en esta situación donde he perdido la luz, me hagas sonreír de esta manera, Alisa?

"¿Enojarme contigo? Imposible" susurré "¿me puedes hacer un favor?" se separó ligeramente de mí y asintió "¿puedes pedirle a una de las mucamas y al mayordomo que prepare una cama extra en tu habitación? Espero no te moleste tener a tu hermano mayor pegado a ti como un caracol" un gesto serio se dibujó en su mirada.

No hubo risas ni bromas. Ni siquiera se molestó porque la alejaba de la plática que ella sabía tendría con Albert y el resto de la familia.

Mi hermana supo distinguir en mi petición, que le estaba solicitando algo de suma importancia, y eso incluía mi necesidad de estar cerca del único ser capaz de apaciguar la ansiedad y el dolor que esta espantosa agonía había sembrado en mi alma.

Agradecí en silencio que ella aceptara sin oponer la más mínima resistencia.

En cuanto me cercioré que desaparecía corriendo en el piso superior, oculté mi rostro entre mis manos, al tiempo que varias preguntas sin respuesta gobernaban mi cabeza.

¿Qué ha hecho la policía? ¿Dónde la ha buscado? ¿Cuándo la encontrarán?, ¿Margot tuvo un cómplice?

"Perdón. Mi proceder ha dejado mucho que desear… pero…" hablé sin atreverme a apartar mi rostro de mis manos.

Mis enloquecidas emociones dentro de mi cuerpo no me dan tregua.

No consigo pensar con claridad aunque me esfuerce con todas mis fuerzas en hacerlo.

Me encuentro tan aturdido lidiando con el ardor que se ha instalado en mi corazón, que de ser humanamente posible, partiría mi pecho en dos con el único objetivo de sacar este dolor que está matándome una y otra vez sin compasión.

¡Que mentira más grande acabo de decir!.

Absolutamente nadie conseguirá apagar este fuego calcinante que destruye mi ser agonizante a su paso.

Sólo una persona es capaz de regresarme la vida que se me escapa lentamente a través de mis manos.

"Mi cielo, nadie te está juzgando" levanté la mirada y vi a mi madre hincada frente a mí con sus manos sobre mis rodillas. "Tu reacción es completamente natural. Todos estamos aquí para ti" quise respirar profundamente pero no pude.

¡Esta sensación de asfixia y de caer al vacío no puedo hacerla desaparecer solo!

Desesperado, apreté con mis puños mi cabello.

Candy, mi amor… ¿dónde estás? ¡te necesito!

La urgente necesidad de salir de aquí corriendo y buscar a Candy en cada rincón de Nueva York se apoderó por completo de mí, nublando mis pasadas resoluciones. Sólo así podré calmar este vacío que se ha abierto en mi pecho.

Sin dar explicaciones a nadie, me puse en pie para el asombro de todos y me encaminé rápidamente hacia la puerta de la entrada.

"¿¡A dónde vas a ir con esta tormenta, Grandchester?!" el olor a tierra mojada penetró rápidamente a través de mi nariz.

En cuanto atravesé el umbral constaté las palabras que Archie pronunció segundos atrás.

Una fuerte tormenta caía sobre Nueva York, pero eso no me detendrá.

¡Necesito buscar a Candy!

"La policía la ha buscado por todo Nueva York sin éxito, Terry. Si sales ahora en medio de este temporal lo único que conseguirás es pescar una pulmonía" giré violentamente mi rostro hacia Albert con mis puños cerrados.

Ejercía tanta presión sobre las palmas de mis manos, que las heridas que cubrían mis nudillos se abrieron aún más.

"¿¡ME ESTÁS DICIENDO QUE ME QUEDE AQUÍ SIN HACER NADA MIENTRAS QUE MI ESPOSA EMBARAZADA ESTÁ DESAPARECIDA!?" la mirada de Albert era serena. Impasible. ¿Acaso soy el único que está muriendo por dentro? "¡ES MI ESPOSA LA QUE ESTÁ SECUESTRADA NO LA TUYA! QUE FÁCIL ES DAR UN CONSEJO CUANDO TU EN MI LUGAR SERÍAS INCAPAZ DE LLEVARLO A LA PRÁCTICA" en cuanto terminé de hablar el puño de mi amigo se estampó con tanta fuerza en mi quijada, que mi espalda rebotó contra la pared tras de mí, cayendo sin remedio pesadamente al suelo.

El grito ahogado de mi madre, Elina o Annie hizo eco en el recibidor.

"En este momento tu dolor es tan grande que no te permite razonar lo que acabas de decir, pero si de verdad quieres ser de ayuda, contrólate y piensa con la cabeza fría, de lo contrario no nos causes más problemas" farfulló y anímicamente sentí como si sus palabras fuesen el balde de agua fría que necesitaba.

"¡William, no tenías que golpearlo así!" Elina estaba enojada por el golpe que su esposo me había dado, pero yo no.

Él tiene razón.

No seré de ayuda si continuó como el adolescente impulsivo y arrebatado que algún día fui. Ahora soy un hombre y necesito empezar a comportarme como tal.

Archie se acercó a mi para ayudarme a ponerme en pie, pero con una seña de mi mano lo detuve.

"Está bien, Elina. Él tuvo razón en golpearme" por el gesto contrariado que me dirigió mi hermana supe que no estaba de acuerdo conmigo, sin embargo, optó por guardarse su opinión al respecto.

"Perdóname, Terry, pero era la única manera para que reaccionaras" toda la serenidad desapareció de la mirada de mi amigo para dar paso al dolor que él y todos los presentes han cargado desde que Candy desapareció.

No sólo yo amo a Candy. Ellos, de manera distinta, también la quieren, y desean verla de regreso.

"No hay nada que perdonar, Albert" dije.

Me dirigí al salón y me dejé caer en el sillón una vez más mientras enterraba mis codos sobre mis rodillas.

"Aunque la policía está llevando a cabo su investigación, nosotros estamos llevando a cabo la nuestra. Tengo la sospecha que Loyd está de algún modo involucrado en el secuestro de Candy"

Al oír a Albert, recordé las palabras que Loyd me dijo cuando regresé del hospital después de recuperarme del disparo que me hizo Susana.

"Te advierto que no permitiré esa unión. ¡Haré lo que sea necesario para alejarla de ti!"

¿¡Y si finalmente ese maldito cumplió su promesa!?

Con la pregunta reflejada en mis facciones, Albert asintió mientras recargaba su mentón sobre sus manos entrecruzadas.

"No olvido que entre otras cosas, él amenazó con separarte de Candy. La policía no encontró pruebas que lo incriminen en el caso, pero eso no significa que esté libre de culpa. Loyd es un hombre de muchos recursos. Su posición, dinero y los contactos que tiene, pudo haberlos usado para conseguir su cometido sin levantar sospecha" las líneas de expresión del entrecejo de Albert se profundizaron más conforme hablaba.

Es evidente por el tono áspero de su voz, que la mera mención de Loyd le produce tanto enojo como a mí, pero en su mirada brillaba algo más.

¿Decepción? ¿Tristeza? No lo sé con exactitud.

"Las propiedades que poseen los Ainsworth alrededor de Estados Unidos son varias, pero al igual que ellos, nosotros también contamos con los recursos necesarios para desenmascarar cualquier porquería que él y sus abogados hayan elaborado. Si está involucrado en el secuestro de Candy, te aseguro que lo averiguaremos. Ese sujeto no sabe con quién se metió" Annie colocó una de sus manos sobre el pecho de su marido.

Archie, más sosegado, soltó un largo suspiro y le dedicó una sonrisa a su esposa mientras depositaba un beso sobre su coronilla.

"Por el momento no podemos hacer otra cosa más que esperar" giré mi rostro hacia Albert.

Sus puños estaban tan fuertemente cerrados debajo de su mentón, que la piel que recubría sus nudillos dio la impresión que de un momento a otro reventaría, pero fue el brillo frío de su mirada lo que me obligó a entender que él estaba usando todo su autocontrol para mantenerse anclado a este lugar aunque sus impulsos le exigieran otra cosa.

Candy…

Apoyé mi frente sobre mis manos y como nunca antes, levanté plegarias a aquellos seres celestiales en los que tanto cree mi esposa.

Si de verdad existe un Dios, le pido que cuide de ella. Que nos ayude a encontrarla pronto…

No creo tener la fuerza para continuar viviendo mucho tiempo esta agonía.

_Dorothy_

Después de la muerte del joven Anthony, renuncié a mi trabajo en la mansión de los Andley y busqué suerte en otro lado. Lejos de toda la tristeza que su pronta partida dejó a su paso.

No me despedí de nadie. Ni de Candy a la que llegué a considerar una querida amiga.

Actué mal. Mi única justificación es que si le decía adiós, no me podría ir si la veía llorar amargamente en mis brazos.

Ella es mi debilidad. Al igual que cada uno de mis hermanitos que ahora han hecho una vida lejos de mí.

He tenido la fortuna de haber trabajado con buenas personas. Incluso amplié mis horizontes conociendo más allá de Estados Unidos.

Hace unos años tuve la dicha de viajar a España, Italia e incluso Venecia gracias a mi trabajo de niñera con una acaudalada familia francesa que radicaba en Arizona. Habría seguido trabajando con ellos de no ser porque por motivos personales, decidieron establecer su residencia en Europa.

Me enamoré de ese continente, sus costumbres y la gente, pero eso significaría alejarme de mis hermanos, y aunque ya son adultos, no me sentiría tranquila viviendo tan lejos de ellos, así que le di las gracias a la familia que me acogió y regresé a mi país.

Encontrar trabajo resultó más complicado de lo que auguré, sin embargo mi suerte cambió cuando empecé a trabajar en una de las mansiones que los Ainsworth tienen en el estado de California.

Viéndolo en perspectiva, quizás tuve más de una oportunidad de encontrarme con Candy. Fue novia de mi joven patrón después de todo, pero la suerte o el destino quiso que nos encontráramos en el momento que ella más necesitaría de mi apoyo.

"¿Dorothy? ¡Me estás escuchando!" sobresaltada, levanté la mirada y vi al ama de llaves viéndome con acritud.

No es una mujer que brille por su paciencia.

Desde que tuve esa plática con Candy, han pasado ya 5 días. Por más que le doy vueltas al asunto, aun no encuentro la manera de ayudarla a escapar de aquí y el tiempo apremia.

"Perdone, ¿me decía algo?" el gesto de la mujer se tornó cada vez más severo.

Me recuerda tanto a la Sra. Elroy que no puedo evitar reírme a espaldas de esta mujer. Si lo hago frente a ella me buscaría un problema innecesario, aunque, por una vez, sería divertido mostrarme despreocupada e irresponsable como algún día fui cuando Candy y yo trabajamos de mucamas con los Leagan.

"Has estado con esa actitud ausente hace ya varios días. Si te parece pesado el trabajo, dímelo y le pediré al Sr. Ainsworth que te sustituya. No me sirve una mujer que está con la mente despabilada todo el tiempo" no tuve tiempo de externar mi respuesta porque en ese momento, entró el Sr. Ainsworth a la cocina.

Inmediatamente reinó el silencio.

Todos hicimos una reverencia en su presencia y bajamos la mirada al suelo mientras caminaba lentamente a nuestro alrededor.

No es propio de él adentrarse a estos lugares de la casa.

"Sra. Taylor, la escuché descargar su molestia con la Srta. Davis. ¿Hay algo que deba saber con respecto a su trabajo?" inquirió inexpresivo mientras cruzaba sus manos detrás de él.

La Sra. Taylor se estremeció al escuchar la voz áspera y profunda de nuestro joven patrón.

Temblorosa, levantó la vista hacia él y palideció al instante.

"Le pido disculpas por mi falta de mesura en mi hablar, Sr. Ainsworth, pero he visto que el trabajo de Dorothy estos últimos días ha dejado mucho que desear. Creo que… deberíamos sustituirla… creo que… podríamos prescindir de sus… servicios" un gesto de la mano del Sr. Ainsworth bastó para que el ama de llaves guardara silencio al instante.

"Usted no está aquí para creer, sino para trabajar. Yo decido quien me sirve y quien no. La Srta. Davis continuará con las labores que le he asignado. Si no está de acuerdo, espero su renuncia hoy por la tarde" el ama de llaves asintió, le hizo una reverencia, y pálida se encaminó al jardín "Srta. Davis, acompáñeme a mi estudio" sin decir nada, abandonamos la cocina.

Sentía a mis espaldas la mirada iracunda de todos mis compañeros.

Ninguno comprende el favoritismo que el Sr. Ainsworth me confiere, pero cuando estamos solos en su estudio, vuelve su mirada hacia mí y me besa salvajemente en la boca.

Habría sido prudente resistirme a él.

No debería haber sucumbido a sus caricias la primera noche que se metió a mi cama varios meses atrás, sin embargo, no puedo negar que mi cuerpo y mi corazón deseaban con locura a este hombre prohibido que tarde o temprano será consumido por su propia oscuridad.

"He extrañado tu cuerpo" susurró en mi oído al tiempo que creaba un camino de besos por mi cuello y escote, desabotonando con una de sus manos los botones de mi uniforme que cubren mi espalda.

"Alguien nos puede escuchar" musité sin fuerzas.

Como siempre, soy débil a su lado.

Aviento sutilmente mi cabeza hacia atrás, permitiendo que este hombre continúe con los besos y caricias que deja caer sobre mi cuerpo hirviente de deseo por él.

"He dado la orden a los guardaespaldas que no permitan que nadie se acerque a este lugar…"

Dicho eso, reclamó mi cuerpo como suyo una vez más, y yo, nuevamente cedí.

"Necesito pedirte un favor" dijo mientras terminaba de abotonarse la camisa y los pantalones.

"Estoy a sus órdenes" acomodé mi cabello, coloqué mi cofia en su lugar y confirmé desde cada ángulo que nada delataba mi encuentro sexual con este hombre que ha robado mi corazón.

"Partes esta noche hacia Nueva York. Quiero que compres suministros para bebés, como ropa, alimento, biberones. Todo lo que consideres necesario. Cuando Candy dé a luz quiero estar preparado" asentí.

Giró su rostro hacia mí, colocó una mano sobre mi mejilla y me sonrió.

Cómo quisiera que mi amor fuese suficiente para salvarlo de sí mismo, me dije en un momento de debilidad, mientras me permitía una vez más grabar su calor sobre mi piel. Su aroma a madera. La intensidad de su mirada casi violeta.

Yo siempre seré yo misma pase lo que pase.

Nadie, ni siquiera él, tienen el poder de destruirme.

"No haces preguntas innecesarias ni esperas más de mí de lo que jamás podré ofrecerte. Eres discreta y valoro esa cualidad tuya. A nadie podría conferirle esta labor más que a ti" dijo.

"Fui contratada para ser mucama, no para cuestionarlo. No espero más de lo que usted espera de mi" por primera vez sus ojos reflejaron una emoción desconsolada mientras recorría cada espacio de mi rostro con su mirada.

Me pregunto qué pensará.

"¿Necesitas que te acompañe un guardaespaldas?" aclaró su garganta y se encaminó hacia el ventanal dándome la espalda.

"Considero que ellos son más necesarios aquí que conmigo. Necesita de todo su personal para evitar que la curiosidad de mis compañeros los haga acercarse al tercer piso" asintió con gesto serio "ahora si me disculpa necesito preparar la cena y los alimentos de mañana para la Sra. Candy"

Jamás había cocinado tan aprisa como hoy.

Tan concentrada estaba en mis labores, que ignoré con facilidad los cuchicheos que se daban cita a mis espaldas.

Todos sospechan a estas alturas de mis encuentros íntimos con el Sr. Ainsworth, pero poco puede interesarme.

Lo que realmente me importa es que finalmente encontré la oportunidad perfecta para ayudar a Candy a salir de aquí.

"Traigo la cena para la Sra. Candy" inmutable como siempre, Asher abrió la puerta.

En cuanto supe que era seguro hablar, dejé la bandeja de comida sobre la mesa y corrí hacia mi amiga mientras la envolvía en un cariñoso abrazo.

"Candy, finalmente encontré el modo de ayudarte. El Sr. Ainsworth me ha pedido que vaya a Nueva York a comprar suministros para tu bebé. Dame una dirección a la que acudir con tu familia para decirles donde estás" los ojos de Candy brillaron en cuanto me escuchó hablar.

"¡Oh, Dorothy! Muchas gracias" le di pluma y papel y comenzó a escribir presurosa "esta es la dirección de mis suegros. Toma esto. Entrégaselos para que confirmen que lo que les cuentas es cierto" se quitó su anillo de bodas y me lo entregó.

Enseguida lo guardé entre mis ropas y le sonreí.

"Pronto terminará tu pesadilla" limpié las lágrimas que salían de sus ojos y asintió "Seguramente Asher traerá tus alimentos mañana. Yo llegaré por la noche, así que mientras tanto ten mucho cuidado" dije.

El viaje a Nueva York lo sentí cada vez más largo.

La ansiedad de llegar cuanto antes a la casa de los suegros de Candy me llenó de una ansiedad que jamás había experimentado.

Temo que no me permitan siquiera atravesar la puerta, pero confío que el anillo que me dio Candy los convencerá para que escuchen mi historia, de lo contrario, no creo que se presente otra oportunidad tan perfecta como esta en el futuro.

Pasan de las 8 de la mañana cuando finalmente llego a mi destino.

Antes de bajar del taxi, el chofer confirma que esta es la casa que busco.

Con paso decidido me acerco a la entrada pero un hombre vestido de negro me detiene.

"¿Qué desea? No puede pasar" este hombre de complexión fornida es muy parecido a Asher, pero contrario a él, esta persona parece amable.

"Busco trabajo. Ayúdeme por favor, si me dicen que no le prometo que me iré sin causar problemas" mentí.

Por la expresión contrariada del hombre, adiviné que si continuaba hablando, conseguiría mi objetivo.

"No me parece que los señores necesiten de una mucama en estos momentos. Retírese por favor" suspiró pesadamente.

"Se lo suplico. Tengo niños que mantener" nervioso, se rascó la nuca.

Derrotado, me hizo un gesto con su cabeza indicándome que podía entrar.

Le sonreí y me dirigí con paso firme a la puerta.

Toqué tres veces, y al instante una mucama abrió.

"¿En qué le puedo ayudar?" preguntó.

Tras de ella vi a un grupo de personas sentadas alrededor de una mesa. Todos se veían visiblemente preocupados, pero un hombre en particular llamó mi atención.

¡Ese debe ser Terry, el esposo de Candy!, pensé.

La expresión agobiada que se dibujaba en su rostro, me partió el corazón.

Sin pensarlo dos veces, me abrí paso violentamente hacia el interior de la casa y corrí a ellos.

"¡NO PUEDE PASAR! ¡DETÉNGASE!" gritó la mujer tras de mí, pero hice caso omiso.

El esposo de Candy y el resto de su familia, desconcertados por el barullo que se había ocasionado por culpa mía, dirigieron su mirada hacia mí.

"¡Yo sé dónde pueden encontrar a Candy!" grité sin aliento mientras les mostraba el anillo que ella me dio.

"¿¡Dónde conseguiste esto?!" Terry me arrebató el anillo de Candy y lo vio como si de un objeto sagrado se tratara.

Desesperado, levantó sus ojos hacia mí.

Por su mirada supe que reconocía la autenticidad del objeto que aprisionó sobre su corazón.

"¿Dorothy?" giré a mi derecha y vi al Sr. Archie.

¡Increíble! Es poco lo que ha cambiado en estos años.

"¿La conoces?" preguntó un hombre rubio de ojos verdes que me recordó tanto al joven Anthony, que azorada, me cubrí la boca con mis manos.

Sencillamente no podía dar crédito a lo que veían mis ojos.

"¿Sr. … Anthony?" al oírme hablar, ese hombre giró su rostro sorprendido hacia mí.

"Anthony era mi sobrino. Yo soy William Andley" abrí tanto mis ojos que por un momento creí se saldrían de sus órbitas.

¿Así que estoy frente al patriarca de la familia Andley?

Al instante le dirigí una reverencia con la cabeza.

"Soy Dorothy Davis. Hace bastantes años trabajé con los Leagan y posteriormente con la Sra. Elroy" expliqué.

"Dijiste que sabes donde está Candy, ¡dímelo!" Terry en su desesperación, colocó sus manos sobre mis hombros con tanta fuerza que me fue inevitable reprimir un gesto de dolor.

"¡Terruce, la estás lastimando!" un hombre alto con el cabello cano, apartó de mis hombros las manos de Terry.

Dio dos pasos hacia atrás, y sin dejar de ver el anillo calló de rodillas al suelo.

Está desesperado. Lo entiendo.

Me hinqué frente a él, levantó su mirada hacia mí y sonreí.

"Si. Se donde está. Ella y el bebé están en perfecto estado. No se preocupe" un largo suspiro escapó de su boca mientras besaba una y otra vez el anillo que tenía entre sus manos.

Me dio la impresión que ese objeto le había regresado una parte de su vida que la ausencia de Candy le quitó.

"¿Quién la tiene, Dorothy?" me incorporé y sin dudarlo pronuncié el nombre de la persona responsable de haber asestado tanto dolor a esta familia, especialmente al esposo de Candy, está tan demacrado, desaliñado y con la barba tan crecida, que me pregunto hace cuantos días no encuentra la paz.

"Loyd Ainsworth" dije firme y sin un rastro de arrepentimiento.

Continuará...


Notas de la autora.

¡Lo sé! tantas cosas que pasaron en este fic, pero la relación física que existe entre Dorothy y Loyd pudo haber sorprendido (o no) a más de una.

Sin embargo espero haber transmitido el amor que le tiene a Loyd pero principalmente, que no dejará de ser quien es por un hombre,ñ y eso significa ayudar a Candy aun cuando eso signifique darle la espalda a la persona que ama.

Terry! tan feliz de regresar pero devastado minutos después al enterarse del secuestro de Candy.

Espero que este capítulo les haya gustado tanto como a mi y me dejen sus reviews.

Besos!