Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.
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-REVIEWS-
Delilah447: El viejo tiene planes, pero esos todavía no se pueden sabe jojoj. Gracias por comentar, siempre es un gusto leerte. Un abrazo, Harry.
Ravenna18: No te mueras que ya llegué con la actualización, espero que la disfrutes. Nos leemos, saluditos. Harry.
A Frozen Fan: Hay mucho futuro para Elsa y Anya, eso no te lo voy a negar. Hans por otro lado se esfuerza para estar bien con la Maren pero pues... Hell no! aunque ya se puso más perra que humana.
Ya quiero leer lo que tienes que decir sobre la actualización, la intriga me mata. Nos leemos tía, tus reviews son de mis favoritos y te aprovechas de eso. Un beso, Harry.
Guest:Yes, that's right haha, thanks for closely following this story, see you. Harry.
Karollina Makh: Muchas gracias por animarte a comentar, espero que esta actualización tenga la dosis adecuada de drama que te gusta. ¿Seguimos leyéndonos? yo digo que sí. Harry.
Ydna Westergard: Calma pequeña bestia encarcelada en la jaula del Home Office, ya llegó Harry con la actualización para que te tomes un tiempo y leas y te relajes hehehe.
También ya quiero leer lo que tienes que decir, saluditos. Harry.
Elsa.
El despertador suena a las ocho en punto y la blonda salta de la cama tan rápido lo escucha, se ha permitido usar hasta las doce del día para hacer ejercicio, avanzar con deberes de la universidad y practicar un poco de ballet.
Debe reconocer que su rutina se ajusta a la perfección en ese par de meses desde que inició en la Estatal.
Está terminando de recogerse el cabello en una coleta de caballo cuando alguien toca a su puerta.
—El señor Solberg acaba de llegar y la necesita en su despacho— anuncia Nanny*,el ama de llaves que trabaja con su abuelo desde que el viejo llegó a Rusia, después que Elsa le abre.
La rubia se pone en camino, toca la pesada puerta un par de veces antes de entrar y encuentra a su abuelo, ataviado en su usual traje impoluto, sentado tras el enorme escritorio.
—¿Cómo ha estado tu día, pequeña? —pregunta con amabilidad. El hombre asiente después que ella contesta positivamente—. Me da gusto.
La albina aguarda pacientemente, sabe que está por pedirle algo.
—Necesito que hagas un encargo por mí.
"Por supuesto que sí".
—Seguro.
—Quiero que lleves estos documentos a las oficinas de Krei Tech— le pasa una carpeta de cuero en color negro—, dile a la encargada que vas de mi parte.
—¿Se los doy a alguien en específico? —pregunta, aunque ya conoce la respuesta.
—A Alistair Krei, desde luego. Necesito que los firme y tráelos de vuelta.
Elsa asiente, gira sobre sus talones y sale del despacho de su abuelo. Ha querido decirle que bien pudo enviar a alguno de los mensajeros de la compañía, pero si la está enviando a ella es con un propósito.
"A ese viejo no se le va una" se dice en tanto sube al coche, le da las instrucciones al chofer y se ponen en marcha. Llegan pasados varios minutos.
—No tardaré— informa.
Sus botas emiten un sonido agradable al contacto con el suelo pulido, la recepcionista le entrega un gafete con su nombre y le indica donde se encuentra la oficina del señor Krei, Elsa se dirige al elevador y presiona el botón para que la lleve al último piso.
Judy, la asistente personal del dueño de aquel edificio, es lo primero que ve al salir del elevador.
—¿Necesitas algo, Elsa? —pregunta con amabilidad.
—Mi abuelo dijo que el señor Krei debe firmar esto— le muestra la carpeta, Judy asiente y la hace pasar.
—Elsa Solberg— anuncia antes de salir de la espaciosa oficina, cerrando la puerta a su espalda.
Encuentra al hombre rubio sentado en uno de los sillones de cuero de la salita de la oficina, Alistair sonríe al verla y la invita a acercarse con un gesto de la mano.
—Que bueno verte, Elsa— dice en tanto se levanta para estrecharle la mano—. ¿Qué te trae por aquí?
—El abuelo necesita que firme esto— contesta mientras le pasa la carpeta. Krei sonríe, negando con la cabeza.
—Ay Runeard— musita, la invita a sentarse y deja la carpeta en la mesita de centro para dirigirse al mini bar—, ¿te ofrezco algo?
—No bebo, gracias— responde educadamente; si bien eso no es verdad, no piensa tomarse nada con ese hombre. Entiende perfectamente el punto de su abuelo al enviarla ahí.
Y no, Alistair Krei no le es del todo indiferente, han coincidido en varias ocasiones y el hombre siempre demostró ser inteligente, divertido y maduro en ese tiempo que ha pasado desde que lo conoció.
—¿De verdad? —arquea una ceja rubia—, entonces eres una de las pocas jóvenes que conozco que no bebe alcohol.
Elsa asiente en silencio, Alistair la mira a los ojos durante varios segundos, esperando que flanquee y aparte la mirada con una sonrisita boba. Aunque ya le ha queda claro antes que eso no funciona con ella.
—¿Qué edad tienes? —es él quien aparta la mirada y sonríe, levantando la carpeta de la mesita y sacando el bolígrafo que viene con ella.
—Cumplo dieciocho en diciembre.
Alistair asiente.
—Bueno, soy dueño de un bar aquí en la ciudad… una cadena en realidad— informa en tanto firma papel por papel—. El TIMELESS, quizá oíste de él.
—Quizá— acepta la rubia y la sonrisa del hombre se ensancha.
—Date una vuelta por ahí, siempre serás bienvenida— le devuelve la carpeta, Elsa se plantea si será grosero de su parte comprobar que ha firmado todo.
Se sacude mentalmente aquello y revisa los documentos ante la atenta mirada de Krei.
Se dice que es algo que Runeard haría con alguien a quien no conoce del todo.
Le agradece y se pone de pie. Alistair la imita.
—¿Te marchas ya?
—Así es, tengo varios pendientes que necesito atender— anuncia, el rubio la acompaña a la puerta—. Fue un placer.
—El placer es mío, pero permíteme acompañarte— Judy arquea una ceja al verlos entrar juntos al elevador, Alistair la mira—. Ya vuelvo, Jodie.
—Judy— corrige la pelinegra antes que las puertas se cierren.
Krei se limita a mirarla de forma penetrante durante todo el trayecto hasta el primer piso y Elsa le sostiene la mirada regiamente. Devuelve su gafete a la recepcionista y tanto ella como el mismo Alistair fingen que no notan las miradas de estupefacción que el resto de las mujeres les dirigen.
—Dale mis saludos a Runeard— pide cuando llegan al coche de la blonda.
—Seguro— permite que le abra la puerta—. Nos vemos, señor Krei…
—Alistair, llámame Alistair— la interrumpe—. No es la primera vez que te lo pido.
—No creo que sea apropiado, apenas lo conozco— replica.
—Tiempo habrá de sobra, insisto.
—Entonces, pues— Elsa se aprueba sonreírle un poco—; nos vemos pronto, Alistair.
—Espero que sí.
Elsa sube la ventanilla de la puerta y el chófer se pone en marcha, la satisfacción la invade al darse cuenta que Alistair Krei sigue ahí parado aun cuando el coche ya está por perderlo de vista.
Hans.
Mueve la cabeza al ritmo de las últimas notas de la canción en el estéreo, ese domingo le parece demasiado agradable para su gusto.
Honeymaren se dedica a tomar fotografías con su teléfono y a tararear la letra torpemente, Hans sonríe y se arrellana en el asiento a la espera que el semáforo se ponga en verde.
—Gira la cabeza y tensa la mandíbula— instruye Honeymaren, el colorado obedece y deja la pose después de escuchar el sonido de la cámara del teléfono de su novia sacar la fotografía—. Quedó bastante bien.
Hans rueda los ojos y gira la cabeza un poco más, se pone rígido cuando sus orbes esmeraldas chocan con la visión de una joven de cabellos platinados recargada en su propia puerta, tiene una de las mejillas sobre una mano pálida y lleva lentes de sol puestos.
Se le corta el aliento ante la seguridad que lo invade y que le grita que se trata de Elsa.
"No es ella, solo estás viendo cosas" cierra los ojos con fuerza y los abre de golpe ante los gritos de Maren y los bocinazos de los coches tras de él anunciándole que el semáforo finalmente reluce en verde.
Hans no pierde tiempo y pisa el acelerador, tratando de alcanzar el deslumbrante coche negro que lleva dentro a la desconocida.
—¿Dónde vamos? —pregunta la castaña—, por aquí no es el camino a casa de tu Babushka.
Hans quiere decirle que cierre la boca, pero aquello solo le traerá problemas con la muchacha y lo único que le interesa en ese momento es volver a ver a aquella rubia y comprobar que no es Elsa. Porque no puede ser ella.
El coche comienza a ir más lejos y el colorado acelera.
—Hans, vas muy rápido— exclama Maren—, baja la velocidad o detente. Un oficial va a pararnos.
El aludido se encuentra a si mismo mandando al diablo aquella posibilidad y cuando está alcanzando al coche después de esquivar y meterse entre otros automóviles, tal como lo ah predicho su novia, un oficial de transito los obliga a parar.
—Dame mi billetera, la metí en tu bolso— instruye el cobrizo a la muchacha, que lo mira con la boca abierta.
—¿Vas a sobornarlo? ¡por Dios! —suelta—. ¿Y si se ofende? ¿y si nos arresta?
—Cierra la boca— masculla viendo al oficial acercarse.
—Solo imagina el escándalo…
—¡Deja que yo lo arregle! —exclama, interrumpiéndola—, tu dedícate a sentarte ahí y pon esa cara de mosca muerta inocente que nunca ha roto un plato.
El oficial finalmente llega hasta la ventanilla del colorado.
—Buenas tardes— ambos jóvenes responden al saludo—, han excedido el límite de velocidad establecido.
Hans pone su mejor mueca de consternación.
—¿De verdad? —pregunta con el deje indicado de sorpresa—, me temo que no lo noté.
—Aun así me veo en la necesidad de multarlos— pulsa rápidamente algunos botones de la maquina en sus manos—. Necesito que me diga el nombre del dueño del vehículo.
—Escuche oficial, lamento todo este malentendido— comienza Hans con voz suave—, pero mi esposa y yo acabamos de volver de Noruega después de estar cuatro años fuera. Comprenderá que el límite de velocidad varía según el país.
—Lo entiendo, pero le repito que yo tengo que…
—Multarnos, sí— Hans toma la maquina atrevidamente y mete en la funda varios billetes de gran denominación antes de borrar hábilmente lo que el hombre ha escrito—. Siempre es bueno ver que los oficiales de mi país hacen cumplir la ley como se debe.
El oficial mira con duda su máquina antes de finalmente suspirar.
—Que tengan buen día y conduzca con más cuidado— dice en tanto se retira.
El bermejo pone en marcha el convertible tan pronto el oficial se aleja de ellos.
—No me lo creo— Honeymaren niega con la cabeza—, te atreviste a sobornar a un oficial ¿entiendes eso?
—Ay por favor, como si fuera el primero o el último que lo hace— le resta importancia—. Además— añade—, es la primera vez que lo hago.
La castaña arquea una ceja.
—¿Enserio?, porque parecías muy natural haciéndolo.
—Eh visto a mis hermanos y amigos— se encoge de hombros.
—Me da igual, quiero saber por qué demonios comenzaste a conducir tan rápido— el bermejo aprieta el volante al recordar su objetivo.
—Creí ver a alguien y traté de alcanzarlo, es todo— explica, hastiado.
—Últimamente pareces ver a alguien más de lo normal— Maren le lanza una mirada sospechosa.
Hans se lo niega, pero en el fondo se dice que es verdad, en esos dos meses después del verano y de su pelea con Elsa, su mente le ha estado jugando malas pasadas, deformando el rostro de jóvenes rubias demasiado parecidas a la hermana de su mejor amigo para provocar que las siga como imbécil.
"Tiene que parar" piensa con cansancio. Trata de convencerse que solo la ve porque necesita que ella lo perdone y así ambos seguir por separado. "Probablemente".
Elsa.
—¿Y cómo va tu vida de casado? —pregunta con una sonrisa sardónica pintada en la cara.
—No es diferente, para ser sincero— responde Roy del otro lado de la cámara—; digo, eh vivido con ella desde antes. Lo único que cambia es que ambos llevamos anillos ahora.
La blonda le sonríe con cariño.
—Papá nos contó a Gen y a mí que el abuelo no para de halagar lo bien que estás llevando el cambio— comenta.
—No es para tanto— rueda los ojos—. Por cierto, el viejo ni siquiera se presentó a la boda.
—Yo lo invité, llamó para disculparse con ambos porque tenía un asunto de trabajo que salió de improviso— explica el blondo—. Eso sí, se puso esplendido con el regalo— Elsa arque una ceja ante aquello—. De verdad, cuando volvimos a Cambridge, volvió a llamar para decirnos que nos compró un pequeño departamento, bien ubicado sea de paso, y es genial.
—Vaya, sí que quiso lucirse.
—Sí, la verdad sí… pero eso no importa ahora— cambia de tema—. ¿Te está gustando Moscú?, dime la verdad.
—Es una ciudad movida, pero sí, es… interesante vivir aquí— responde con seguridad —. Ya hice amigos… pocos.
—Eso vi en Instagram— Roland asiente, haciendo referencia a las fotos que posteó con Anya y Dimitri—, las rusas son guapas. Hans no se equivocaba en eso.
La albina vuelve a rodar los ojos.
—Ahora que lo pienso ¿no lo has visto? —pregunta.
—Por Dios, Roy; es el país más grande del mundo y Moscú es inmensa, no es como que salga y me lo encuentre en el centro comercial o en la calle— replica.
—Pues la chica en tu foto aparece también en varios posts de Hans, pensé que habían coincidido o algo…
—No, no me lo eh topado y quiero que siga de esa manera ¿entiendes?, así que no le digas que estoy aquí.
Su hermano arquea una ceja.
—Pregunté qué si entendiste— exclama.
—Entendí, sí— masculla el joven rubio y Elsa se siente culpable al ver la consternación en los ojos azules de su hermano.
—Escucha, lo siento ¿bien?, estoy muy estresada porque se aproximan los primeros shows de Halloween y quiero participar— explica—. No necesito al haragán de Hans a mi alrededor solo porque insistes en que nos llevemos bien, no va a pasar así que olvídate ya de eso ¿de acuerdo?
Roland se queda callado durante varios segundos.
—A ver, Els, nunca entendí por qué ustedes nunca coincidieron en nada— comienza—, ni siquiera recuerdo donde comenzó ese rencor, se odiaron así sin más y créeme que nadie sabe la razón.
—¿Quieres una razón? —replica—, es un haragán, trepador, mentiroso manipulador… ¿se me escapa algo? ¡claro que sí! un bestia también.
—Eso no era hacia donde quería llegar— sigue—, mi punto es que si él alguna vez hizo algo que te incomodara, si él alguna vez te miró de forma inapropiada, si estando ebrio o sobrio trató de pasarse de listo— continúa y a la blonda le queda claro lo difícil que es para su hermano hablar de esa forma del que considera su mejor amigo—, quiero que sepas que puedes decírmelo y yo me voy a encargar de ponerlo en su lugar para que nunca te moleste de nuevo.
Elsa siente como se le estruja el corazón.
—Roy, él…
—Ya sé que es mi mejor amigo, el hermano que no tuve y todo eso— la interrumpe—, pero tú, Anna, mamá y Genevieve siempre serán más importantes para mí que nadie ¿entiendes? —la albina asiente en silencio—. Ahora sí ¿qué ibas a decir?
Elsa carraspea antes de hablar.
—Nada, solo que no se trata de eso— contesta con fingida tranquilidad—; tiene más que ver con su carácter y su forma de ser, pero Hans jamás ha intentado nada parecido— su hermano asiente—. Mira, tengo que hacer unas cuantas cosas para mañana; te llamo después ¿sí? dale mis saludos a Gen.
La sensación de asco la invade desde las puntas de los dedos de los pies hasta las raíces del cabello, no deja que diga nada más y termina la llamada rápidamente porque no puede soportar seguir mirando a su hermano a los ojos, no puede mirar un segundo más aquellos orbes cerúleos inundados de alivio.
"Voy a irme al infierno" sujeta el escritorio para mantener el equilibrio ante el mareo de vergüenza que le nubla la vista.
"No, no es cierto" se dice, más convencida y estabilizada. "Hans me compró el maldito boleto y yo se lo recibí".
Honeymaren.
El agua caliente empaña las puertas de vidrio de la ducha, la pequeña ventana sobre ésta y el espejo del lavamanos, Honeymaren limpia una parte pasando la mano sobre este último y sus ojos marrones chocan con la figura del pelirrojo que se está anudando la toalla alrededor de las fuertes caderas que segundos atrás arremetían contra ella.
A Hans parece gustarle empotrarla contra la pared de azulejos para empujarse en su interior con fuerza; la castaña se pregunta si alguna vez lo hizo con Elsa en la ducha, así como se lo hace a ella.
Aparta la mirada tan rápido como imagina a la blonda con el bermejo, el pensamiento provoca que una rabia fría y callada la inunde.
—Sobre lo del Bolshoi— dice Hans tras de ella, ajeno a lo que ronda por su cabeza—, ya te dije que tengo que ir aunque no quieras.
Ha conseguido bailar en los primeros shows, su Babushka misma se puso realmente contenta cuando se lo dijo; pero la dicha le duró poco al darse cuenta que de invitar a Hans, él terminaría viendo a la blonda.
—No es importante— replica, enfocándose en un punto infinito en el espejo—, y estoy en la segunda función porque Madame K. dice que mi relevé va mejor con la segunda pieza.
—Pero es tu primer baile en el teatro— frunce el ceño—. Además— añade—, mi Babushka es una gran activista del Bolshoi y siempre quiere que vayamos con ella. No puedo faltar.
Quiere replicar, inventar cualquier cosa y así mantenerlo alejado de la funsión, pero no se le ocurre nada.
—De verdad que no entiendo porqué no quieres que vaya— rueda los orbes esmeraldas—, antes pasabas dándome la lata para que me involucrara en tus cosas y ahora que yo…
—Tú mismo lo dijiste, antes— lo corta—. Las cosas cambiaron, ya hablamos de eso— se pregunta si algo más cambiará cuando finalmente se entere que la albina está más cerca de lo que cree—. Si no te nace hacerlo, no lo quiero.
Hans se pasa la mano por el pelo con desesperación, toma una bocanada de aire para controlarse y se acerca a ella.
—De verdad quiero ir— susurra contra su oído—, no todos los futuros almirantes tenemos una chica que baila en el teatro más importante de todos.
Siente la mano grande del cobrizo colarse dentro de su bata y acariciarla lentamente, siente un par de dedos moviéndose en círculos antes de entrar y salir varias veces, provocando que le tiemblen las piernas.
¿Dónde habrá aprendido aquello?
"Esa no es la pregunta" una voz molesta la alcanza ", la verdadera duda es quién le enseñó a satisfacer a una mujer así".
—Vamos a la cama, quiero escucharte de nuevo— ronronea contra su oído.
No es estúpida para pensar que Hans solo se ha acostado con Elsa antes, pero no puede pensar en nadie más y la rabia vuelve, más implacable que al principio.
Se aleja de él con más brusquedad de la que pretende, Hans arquea una ceja interrogante en su dirección.
—¿Te sientes bien? —pregunta—, pareces enojada…
—Estoy cansada y nerviosa por el show, es todo— lo corta—. Quiero estar totalmente descansada, además ya me diste duro contra el muro.
El colorado relaja los hombros y sonríe socarronamente ante su broma, Honeymaren se da una palmada psicológica por haber logrado distraerlo.
Hans.
Ayuda a su abuela a subir al palco reservado para ellos, la anciana mujer le sonríe con cariño mientras se sienta en la silla acolchada al lado de Lars, Yelena y Ryder. Dimitri, Anya y Marie, la abuela de la pelirroja, usan las sillas vacías.
Hans la besa en la mejilla y hace amago de marcharse, pero la mano huesuda de Irina se cierne en su brazo con una fuerza increíble para una mujer de su edad.
—¿Dónde vas, corazón? —pregunta en un murmullo.
—Tengo que atender una cosa de la escuela— es una verdad a medias, es cierto que tiene que hablar algunas cosas sobre su avance de rango para hacerlo oficial; pero puede encargarse hasta la otra semana. Solo que no le apetece gastar todo su sábado sentado viendo a tías anoréxicas dando saltos sobre las puntas de sus dedos.
Se dice que volverá cuando inicie la función de su novia y así quedar bien con ella sin morir del hastío en el intento.
—Pero Honeymaren…
—Estaré de vuelta a tiempo, lo prometo— la besa en la mano y se aleja presuroso.
Pierde el tiempo en el bar hasta que la alarma en su teléfono suena, anunciándole que debe marcharse para llegar al palco. Irina le sonríe con cariño cuando llega en tanto Yelena le dirige una mirada seca.
Le queda claro que todavía no es acreedor de todo el afecto de la abuela de la castaña.
—¿Todo bien? —pregunta su abuela y Hans solo asiente antes de sentarse a su lado. Anya arquea una ceja en su dirección mientras niega con la cabeza discretamente, el colorado finge que no se da cuenta.
El imponente telón vuelve a abrirse y una agradable melodía inunda los oídos de los espectadores, un grupo de bailarinas sale a escena y danzan sincronizadamente. Los ojos esmeraldas de Hans vagan hasta encontrar a Honeymaren, quien baila perfectamente con una expresión vacía en el rostro, igual que el resto de sus compañeras.
Lars lo mira insistentemente durante toda la función, pero lo ignora también.
Yelena, Irina y Marie halagan animadamente a la castaña durante las piezas que baila, un aplauso general resuena cuando la función termina.
Irina se acerca a él cuando Yelena estás distraída y pone discretamente en sus manos un elegante ramo de flores que ha sacado de quien sabe dónde.
—Ve a llevarle las flores a esa niñata— masculla y Hans asiente, le ofrece el brazo y se dirigen junto al resto de sus acompañantes a los vestidores para felicitar personalmente a la castaña.
Una ventaja de ser nieto de una de las activistas es el acceso ilimitado a lugares prohibidos para el resto.
Las bailarinas, embutidas en batas cortas, miran con respeto a su abuela y a las otras dos ancianas.
—Hans, tengo que decirte algo— farfulla Lars en su dirección.
—Ahora no— lo hace a un lado con un gesto de la mane.
Encuentra a Honeymaren después de escuchar a Yelena y Ryder felicitarla, espera pacientemente a que terminen y le entrega las flores cuando es su turno.
—Estuviste deslumbrante— halaga y la castaña le sonríe con cariño, pero hay algo tirante en aquella sonrisa.
Deciden irse después que Yelena haga notar que las bailarinas necesitan privacidad para vestirse y Hans puede jurar que es alivio lo que inunda los orbes marrones de su novia cuando se dirigen a la salida.
—Esperen un momento— se detienen al escuchar a Irina, la aludida se vuelve hacia las otras dos mujeres mayores—, no podemos irnos sin que les haya presentado a alguien. Ella es encantadora.
Arque una ceja rojiza al ver como Honeymaren se envara en su lugar y a Anya apretarle la mano a Dimitri con el mismo nerviosismo que tiene el colorado más joven en los ojos.
—Hans…— Lars vuelve a acercarse a él, pero la voz de su Babushka lo distrae.
—¿Dónde está ella? —pregunta en tanto se acerca a una puerta, sonríe al encontrar a quien busca—. Aquí estás, tengo que presentarte con algunas personas.
—Hans— insiste Lars en un murmullo.
—¡¿Qué?! —exclama por lo bajo—, ¿acaso no ves que Babushka está hablando?
—Yelena, Marie, quiero que conozcan a la nieta de nuestro buen amigo Runny*— las espaldas de Dimitri y Ryder no lo dejan ver a la desconocida—. Ella es Elsa Solberg, viene de Noruega.
Siente cada musculo de su cuerpo agarrotarse al escuchar a su abuela, la mirada de derrota en los ojos de Anastasia y Dimitri y la molestia en los de Honeymaren es más que evidente.
Lars niega con la cabeza.
—Traté de decírtelo—susurra.
Ryder se mueve un poco, permitiendo que la vea.
Los gélidos orbes cerúleos de Elsa chocan con los suyos y Hans puede ver impasividad en sus rasgos delicados.
No le queda claro si los suyos se muestran tan vacíos como los de ella, solo espera que sí.
ACLARACIONES:
Nanny: es la viejita que sale en 101 dálmatas.
Runny: el apoyo que inventé para Runeard, ya sé, soy pésima en eso.
Hola, volví y aquí estoy tal y como prometí.
Si vienen de los drabbles ya saben como está el asunto. Nos vemos muy pronto por estos candentes rumbos.
Un abrazo psicológico y un beso del tamaño del mundo.
Los quiero.
Entonces qué… ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
