DISCLAIMER: TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHANIE MEYER Y A LA SAGA CREPÚSCULO.
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¡Hooola de nuevo!
Tal como os prometí aquí tenéis un pequeño regalo en forma de Epílogo / Outtake protagonizado por nuestro chico. Creo que he cumplido la demanda que me habéis hecho, os confieso que lo que me habéis pedido es justo lo que estaba escrito como epilogo… siempre entendéis tan bien la historia que me emociona ;)
Espero que os guste y que sea la guinda perfecta del pastel.
Sin más os dejo con Edward ;)
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EPÍLOGO: EL HOMBRE MÁS RICO DEL MUNDO
EPOV
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Si estos idiotas supieran
Que yo soy el hombre más rico del mundo así
Viviendo de tus abrazos.(na1*)
La casa estaba en silencio.
Bella se había marchado hacia casi una hora a una reunión de trabajo que seguramente la tendría ocupada toda la mañana. No solíamos trabajar los sábados pero este proyecto era muy importante para ella y decidió que merecía la pena hacer una excepción. Eso me dejaba al cargo de nuestro hogar.
El teléfono sonó rompiendo la paz. Corrí hasta nuestra habitación para coger rápidamente el aparato y que dejara de sonar de una maldita vez.
-¿Si dígame? – contesté extrañado al ver número oculto en la pantalla.
-Me gustaría hablar con la señora Swan. – respondió una voz grave que no me resultaba familiar.
Bella no había querido renunciar a su apellido familiar así que seguía llevando con orgullo el nombre de su padre.
-No está en casa. ¿Puedo ayudarle? Soy su marido. – ofrecí haciendo uso de mis mejores modales. Bella y Esme estarían orgullosas que no le hubiera colgado por molestarme en mi día libre.
-Buenas tardes señor Cullen, llamo de la oficina del inspector Crowley, soy Adam Li – se presentó. Todo cambió con esa simple y educada frase. Instintivamente me tensé.
-Dígame. –apremié, en algo que parecía más una orden que una petición.
-Les llamo para informar que el señor Anthony Dwyer murió ayer en la prisión. – anunció dejándome shockeado por la información. –
Habían pasado casi dos años del secuestro de Bella pero el inspector Crowley nos había mantenido al día de lo que acontecía a Anthony.
Bella y yo habíamos superado los miedos que nos provocó el secuestro pero habíamos querido mantenernos informados por si debíamos tomar acciones legales. No íbamos a permitir que se volviera a acercar a nuestra familia.
-¿Qué pasó?- pregunté sabiendo que la adaptación de Anthony a la cárcel nunca fue buena. Peleas con sus compañeros, intentos de fuga.
De nuevo, él mismo, con sus decisiones, lo hizo todo peor.
-Una pelea más con otro preso. Esta vez no tuvo la suerte de las anteriores. – explicó y lamentablemente no me sorprendió.
-¿Tenemos que hacer alguna cosa? – me interesé sabiendo que siendo Bella su única familiar, aunque no estuvieran vinculados de ninguna manera legal, quizás necesitaban que se encargara de algún trámite.
-No. El estado se ocupara de todo debido a su situación. – confirmó quitándome un peso de encima.
A Bella no le iba a gustar esta noticia. Era buena persona y le apenaría el final de Anthony como lo haría el de cualquiera en la misma situación pero no iba a dejar entrar a su hermano a su vida de nuevo, ni para darle un último adiós. Solo conseguiría desestabilizarla. Anthony y la familia Dwyer eran un capítulo cerrado en nuestras vidas, mucho más ahora.
-Si necesitan algún tipo de gestión económica nos haremos cargo, de cualquier otro asunto no. Sigan el procedimiento habitual. – informé seguro de mi decisión. – Informaré a mi esposa y cualquier duda o cambio de postura les llamaríamos. Gracias por la molestia. – acabé la llamada.
Respiré hondo tomándome mi tiempo para recuperar la normalidad.
Esta calma no era habitual. Era como si el mundo supiera que la necesitaba y me la estuviera regalando.
No me consideraba una persona insensible pero tampoco podía decir que la muerte de Anthony me apenara demasiado. Había manipulado a Charlie Swan aprovechándose del amor de un padre y había hecho sufrir a Bella. No podía olvidar como la policía afirmó que todo lo encontrado en su camioneta el día del secuestro apuntaba a que podría haber buscado acabar con la vida de su hermana.
No, definitivamente, no podía encontrar compasión en mi corazón para él. Ojalá hubiera elegido otro camino, estaba seguro que de una manera u otra podría haber formado algún tipo de familia con Bella… Pero él nunca lo quiso así.
El silencio en el que estaba asumido me permitió escuchar el movimiento de sabanas seguido del el llanto firme de Charlie.
Sonreí pensando en el regalo tan maravilloso que nos había hecho la vida, un pequeño y sano bebé al que Bella y yo queríamos tanto que a veces tenía que pincharme para convencerme que esta vida era la mía.
El llanto de nuestro bollito se intensificó al no recibir respuesta.
Apresuré mis pasos para cruzar el vestidor en el que me había resguardado para no molestarlo con la llamada y llegar hasta su cuna.
Charlie Cullen Swan era un bebé de casi once meses que traía loca a toda la familia que intentábamos minimizar los daños de sus primeras incursiones en el mundo de los primeros pasos.
En cuanto entré a la habitación descubrí a mi pequeño de pie en su cuna con lágrimas en sus verdes ojos, aferrado al peluche que Alice le había bordado al nacer y del que no se había separado nunca. Apenas podíamos quitárselo para lavarlo.
Charlie estiró sus rechonchos brazos para que lo alzara, lo que hice inmediatamente. Su llanto cesó en cuanto su rubia cabeza reposó en mi hombro, justo por encima del lugar que pertenecía a su madre.
Lo mecí mientras bajábamos a la cocina a preparar su biberón. No tardaría mucho en reclamar su comida.
Bella insistió en poner música al llegar a la suite nupcial del hotel rural que habíamos reservado para hacer la celebración de nuestra apresurada boda.
Jamás quise casarme tanto como cuando tuve a Bella delante aquel día en medio de la calle. Fue el mejor y más certero impulso que jamás había tenido. Cuando la vi llegar al salón del ayuntamiento tan preciosa y con una sonrisa que solo transmitía felicidad pura lo tuve más claro que nunca; era el hombre más afortunado de este planeta.
-Pensaba que no querías bailar más y estabas realmente cansada. – bromeé con mi flamante esposa que se había pasado los últimos veinte minutos de la fiesta reclamándome para que nos retiráramos. Alguien estaba impaciente.
-Y lo estoy… En concreto de no tenerte a solas para mí. – puntualizó haciéndome reír.
-Pues ya soy todo tuyo… ¿Qué vas a hacer conmigo? – pregunté atrayéndola a mis brazos.
En algo tenía razón, aunque la boda había sido solo con las personas importantes para nosotros, había requerido mucho tiempo en familia y poco en pareja. Ahora era nuestro momento.
-Voy a besarte. – anunció haciendo lo propio pero antes que pudiera reclamar se separó. – Voy a bailar contigo… O tú bailaras y yo seguiré tus pasos lo mejor que pueda. – bromeó obligándonos a mecernos al ritmo de la música. – y voy a darte un regalo… Aunque eso solo si te portas bien. – añadió con un brillo especial en sus ojos.
No sabía que tramaba pero iba a disfrutar descubriéndolo.
-Pensaba que portarse bien era todo lo que no se tenía que hacer en una noche de bodas. – rebatí divertido por la mueca que puso Bella al ver cómo le llevaba la contraria.
-Está bien… portémonos mal. – declaró antes de hundir sus pequeñas manos en mi pelo para atraerme hacia ella. Con sus dientes apresó mi labio inferior tirando suavemente de él haciendo de ese acto la chispa suficiente para encender nuestra pasión.
Esta vez sí pude reclamar nuestro beso. Ambos luchamos con ganas incrementando la pasión y la necesidad por el otro. Nuestras lenguas se enredaron igual que nuestras manos que chocaban mientras nos desvestíamos.
Levanté a Bella mientras sus piernas se aferraron a mi cintura para llevarla hasta la cama. Los dos jadeábamos en busca de aire debido a nuestros besos sedientos.
-No se te ocurra jugar conmigo Edward. – susurró Bella con la voz afectada por la necesidad. Todo se había acelerado. No había calma ni delicadeza ni en nuestros besos ni en nuestras caricias certeras.
-Jamás lo haría. – dije sonriendo de lado provocándole un suspiro antes de besar su cuello y mordisquear sus pechos. No cesé hasta que Bella dejó escapar un gemido lleno de deseo.
Bella pero tenía otros planes. Tomó mi cara con sus manos mirándome fijamente, desprendiendo tanto amor que podría haber colapsado allí mismo. ¡Como no me había dado nunca cuenta de la manera en la que me miraba!
Acomodé mi cuerpo sobre el de ella mientras nos mantenía en esa postura. Lentamente me acercó hasta su cara para volver a besarme. Esta vez más lenta aunque igual de profunda y pasional que antes.
Poco a poco fui esparciendo mis besos por su cuello para acabar en esa zona tan sensible y delicada que había descubierto detrás de su oreja. Bella se inclinó gustosa, facilitándome el trabajo.
Nuestras caricias se volvieron más exigentes e íntimas hasta que ninguno de los dos aguantamos más, acabé hundiéndome en ella haciéndonos gemir de placer. Intenté ser delicado pero los movimientos de Bella no lo permitieron. Se aferró fuertemente a mis hombros por la intensidad de las embestidas. Mordisqueaba y arañaba mi piel dejándome claro que le costaba tanto como a mí controlar nuestro deseo.
-Joder Edward.– gruñó antes que un jadeo le atravesara haciendo que todo su cuerpo se retorciera de placer.
A veces me costaba asimilar lo mucho que Bella me hacía perder el control, pero siempre ocurría lo mismo. Nuestros cuerpos reaccionaban de esa manera en cuanto entraban en contacto.
Un estallido de placer me atravesó y supe que estaba cerca. Intensifiqué mis caricias en el cuerpo de mi mujer para no retrasar el momento para ella. Era nuestra primera noche como marido y mujer, podíamos llegar juntos.
Murmurando mi nombre entre sollozos volvió a rodearme con sus piernas y brazos justo cuando sentí que los primeros espasmos la atravesaban apresándome con fuerza en su interior. Intensifiqué mis movimientos mientras Bella gritaba mi nombre dejándose llevar por el éxtasis de su orgasmo. No tardé en caer encima de ella después de derramarme en su interior.
Nos quedamos quietos y en silencio, solo acompañados de nuestros cuerpos sudorosos y nuestros jadeos que intentaban recuperar el funcionamiento normal de nuestros pulmones. Bella estaba agotada abrazada a mí sin ninguna intención de moverse.
Estuvimos así hasta que Bella se separó de mí para tomar mi rostro entre sus manos y besarme lentamente.
-Mi amor voy a necesitar un rato más para recuperarme de lo que me acabas de hacer. – bromeé con ella.
Bella se apoyó en uno de sus brazos mirándome fijamente.
Me giré para poder deleitarme con la visión de la mujer más perfecta que jamás había tenido en mis brazos. Sonreía y junto a su pelo despeinado y su piel sudorosa la hacían lucir como una auténtica tentación. Mi propia tentación.
-¿Qué? – pregunté al ver que no decía una palabra. Solo sonreía.
-Estoy pensando si te mereces tu regalo. – declaró juguetona.
-Ohhh… así que con esas…. Supongo que no me he portado lo suficientemente mal.- dije mientras la apresaba contra el colchón y besaba sus labios de nuevo.
-Quizás podría hacer una excepción… - regateó. – Quizás te sirva como motivación para la próxima vez… Siempre es importante mejorar… – se atrevió a decir la muy descarada.
-Siempre he sido un gran alumno. – puntualicé haciéndonos reír.
Bella cogió aire pero antes de decir ninguna palabra mordió su labio nerviosa.
¿Qué se traía entre manos?
-¿Estás preparado? – preguntó algo insegura pero aún destilando felicidad.-
Asentí seguro de que quería saber todo lo que sentía o pensaba. Nada me iba a echar de su lado.
-Estoy embarazada. – anunció con la mirada emocionada y el rostro deslumbrando felicidad.
Mi mundo se paró unos segundos. Cuando volvió a girar lo hizo completamente diferente. Nunca más fue igual.
-BIBIIIIII- chilló Charlie reclamando un poco de atención por mi parte. Estaba desesperado con mi poca concentración en una tarea que él consideraba esencial. Preparar su biberón del desayuno. Acabé de mezclar algo de cereales en la leche y prácticamente mi hijo arrancó de mis manos para tomarlo y beberlo sin ser molestado.
Aproveché para tomarme un café, en cuanto acabara su desayuno no iba a darme tregua.
Lo miraba sentado en su trona y parecía irreal que tan solo en un mes fuera a cumplir un año. El tiempo había pasado jodidamente rápido. La vida había sido tranquila y nos había permitido criar a Charlie lo mejor que habíamos sabido.
Lo agradecía. Ya habíamos sufrido bastante. Nos habíamos ganado a pulso esta felicidad.
Después de la nueva repartición de acciones, y con la perspectiva de la llegada de un bebé, organizamos mucho más eficientemente el trabajo de Swan's Networks. Cambiamos el organigrama de la empresa creando mandos intermedios en los cuales delegar y afianzados en personas de completa confianza tanto de Bella como míos. Eso nos había permitido optimizar nuestro tiempo en el trabajo y disfrutar de nuestra familia.
Había descubierto que ser padre era una aventura maravillosa de vivir.
Me costaba separarme de Charlie más de lo necesario lo que provocaba la risa de Bella diciéndome que iba a convertir a nuestro hijo en el bebé más mimado del mundo. No me importaba lo más mínimo, iba disfrutar de su infancia porque cuando fuera un adolescente hormonado no querrá acercarse a nosotros así que este tiempo no me lo robaría nadie.
Charlie acabó su biberón y no tardó en volver a reclamar mi atención con sus sonidos que deseaba no tardaran mucho en convertirse en sus primeras palabras. Bella y yo teníamos una apuesta. Quien fuera el protagonista de la primera palabra de Charlie ganaría una cena romántica en su restaurante preferido.
-¿Qué te pasa campeón? – pregunté cogiéndolo en brazos mientras miraba a todos lados. - ¿Buscas a mamá? – Charlie levantó su mirada en cuanto escuchó la palabra mágica. Mamá.
-Mamá no está, vendrá pronto… - le expliqué mientras me miraba curioso seguramente divertido por mi voz más que otra cosa. – Pero tú vas a pasar un gran rato con papá. – acabé y por suerte mi hijo no me decepcionó mostrando una gran sonrisa al final al escuchar la palabra papá.
Juro que podría hacer lo que le diera la gana conmigo. En cuanto le escuchara llamarme por primera vez iba a explotar de orgullo y felicidad.
Junio estaba acabando y comenzaba a hacer buen tiempo en la ciudad así nos vestí con unos bañadores a juego que Bella había comprado, puse en el tocadiscos música que nos acompañara y me dirigí a la piscina para tomar un baño. A Charlie le encantaba patalear en el agua.
No tardamos mucho en recibir la mejor interrupción.
-Veo que mis dos chicos lo están pasándolo en grande sin mí. – dijo Bella atravesando el jardín.
Su voz fue todo lo que Charlie necesitó para comenzar a patear y mover sus bracitos más rápido intentando alcanzar a su adorada y preciosa madre. ¿Qué podía decir? Entendía perfectamente a mi hijo, si yo pudiera también intentaría estar entre sus brazos todo el día.
Bella se quitó los zapatos para poder sentarse en el borde de la piscina. Sumergió sus piernas en agua y Charlie no tardó en jugar con ellas. El vestido veraniego que llevaba dejaba entrever su perfecta piel que tenía más color del habitual.
-¿Ha ido todo bien? – pregunté alzándome para poder dejar un suave beso en sus labios.
- Perfecto. – aseguró guiñándome un ojo. – Hemos firmado el acuerdo y en septiembre comenzaremos a funcionar a pleno rendimiento. – informó orgullosa.
-Bien hecho. – la felicité.
Bella había dado un salto tremendo gestionando Swan's Networks. Finalmente, había conseguido creerse que lo podía hacer y eso la había hecho despegar. Era una implacable negociadora y siempre intentaba innovar hasta el punto que había creado un pequeño departamento de I+D en nuestra empresa. Situándola, de nuevo, como un referente en el mercado. Hoy había acabado de cerrar el equipo que trabajaría con nosotros después de verano.
-Te mereces un premio. – dije distrayéndola para tirar de sus piernas con mi mano libre y hacerla caer en la piscina.
Charlie pataleó y río contento cuando notó el agua salpicando en su angelical rostro.
-¡Mira mamá ha venido a bañarse con nosotros! – anuncié cuando Bella apareció en la superficie tosiendo un poco de agua.
Me miró algo amenazadoramente pero fue fugaz ya que nuestro hijo pronto se lanzó a sus brazos.
-Ven aquí bombón. – dijo con voz maternal cogiéndolo antes de dejar un reguero de besos en la cara de Charlie que le hicieron reír encantado por acaparar toda la atención y mimos de su madre.
-Te hemos echado de menos. – confesé mientras me apoyaba en la pared de la piscina y atraía a mi mujer y mi hijo a mi pecho. Bella dejó al pequeño entre los dos enredando sus piernas en mi cintura para mantenerse a flote.
-Charlie – llamó Bella a mi hijo que estaba entreteniéndose con su vestido que flotaba en el agua. - ¿Has echado de menos a mamá? – preguntó y mi hijo sabiendo quien manda en esta casa se acurrucó divertido en el hombro de su madre.
-Eres un mentiroso. – murmuré haciéndole cosquillas en su espalda provocando una gran carcajada que tanto Bella como yo acompañamos.
-Yo también os he echado de menos. – confesó Bella acercándose hasta regalarme un delicado y sentido beso.
Estuvimos jugando un rato con Charlie en la piscina pero no tardó en fatigarse. Nos retiramos dejando un camino de mojadas pisadas por toda la casa.
Bella puso a dormir a Charlie un rato antes de la hora de la comida.
-He pedido japonés. ¿Está bien? – anuncié cuando la vi aparecer vestida con ropa seca por la cocina.
-Perfecto. – anunció distraída sirviéndonos una copa de vino blanco bien frío a ambos.
-Bella… - la llamé estrechándola en mis brazos. – Han llamado de la oficina de Crowley. – Anuncié sintiendo su tensión. Sabía lo que eso significaba.
Asintió para que continuara.
-Anthony murió anoche tras una pelea con otro preso. – le expliqué.
El rostro de Bella lo cruzó la tristeza.
-Vaya…- comenzó después de un largo silencio. Le dejé su tiempo para que aclarara sus ideas. – Es extraño pero me produce tristeza…. Saber que podría haber sido diferente si él no hubiera escogido el camino de la destrucción… Sé que la vida no se lo puso fácil pero también creo que puedes elegir tu destino. Dejarte llevar por el odio es lo más sencillo pero tarde o temprano acabas pagando la factura. – reflexionó mientras la escuchaba atentamente.
Bella había pasado mucho miedo durante su embarazo. No quería que a nuestro hijo le pudiera influir de ninguna manera su familia biológica. Nos aseguramos que eso nunca pasara pero aun había días que la encontraba abrazando a Charlie entre sus brazos como si lo quisiera proteger de todo el mal del mundo.
-Espero que allá dónde esté haya encontrado la paz que esta vida no le dio. – acabó buscando en mi pecho su lugar tomándose su tiempo para recuperar la calma. - ¿Tenemos que ocuparnos de algo? – preguntó dispuesta a ayudar. Así era ella. No había rastro de maldad ni de rencor. Incluso después de todo lo que su hermano le había hecho pasar ella estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario, incluso si no era su obligación.
Negué en silencio.
Estuvimos un rato preparando la mesa, dándole su espacio para procesar la noticia.
-¡Por cierto! Con esa bienvenida que me habéis dado se me ha olvidado comentarte una cosa. – anunció de repente con una sonrisa cejadora. –
-Vaya, veo que solo traes buenas noticias hoy. – dije animándola pasándole de nuevo la copa de vino.
-¡Sí! – contestó estirándose para sacar un sobre azul de su bolso.
-¿Qué es? – pregunté curioso.
-Ábrelo. –dijo entregándomelo. –
Dejé la copa encima de la isla de cocina pero al parecer Bella estaba poseída por el espíritu de Alice porque antes que pudiera hacer lo que me había pedido me interrumpió.
-¡Emmet y Rose se van a casar! – anunció saltando de emoción.
Reí no solo por la reacción de mi mujer sino porque finalmente el grandullón se había armado de valor para pedirle a Rose que se casara con él. Llevaba meses planeando la pedida de mano perfecta y nada le acababa de convencer. Bella y yo estábamos completamente desesperados. Una tarde más en casa ideando algún plan que no se iba a atrever a llevar a cabo y acabaría tomando cartas en el asunto.
La semana pasada le amenacé en contárselo a Rose y al parecer había surgido efecto todo y la monumental bronca que recibí de mi extremadamente comprensiva mujer.
-Ya era hora. - gruñí con diversión chocando mi copa con la de Bella. – No se puede decir que se haya dado prisa. – bromeé con ella recordando como su ramo de boda fue interceptado por Emmet. Orgulloso de su premio se había negado en rotundo dárselo a nadie, y por nadie quiero decir a Rose. Justificó con vehemencia que él había sido el justo ganador y no pensaba renunciar a su trofeo por estigmas de género. Des de entonces le perseguíamos incansablemente con su futuro matrimonio. Finalmente había llegado el día.
-Quieren que Charlie lleve los anillos. – comentó enternecida a la vez que divertida. Iba a ser todo un espectáculo ver. Mi hijo seguramente intentaría comerse los anillos unas veinte veces antes que los novios se los pusieran.
-Deberíamos invitarlos esta noche. Hace días que no nos reunimos todos. – propuse sabiendo que Bella iba a estar encantada con la idea.
El timbre sonó interrumpiendo nuestros planes.
-Haz las llamadas. – ordenó emocionada ante la perspectiva de volver a reunir a nuestra familia.- Yo abro la puerta y preparo la comida de Charlie. – dispuso alegre olvidando la tristeza por la noticia de Anthony.
Bella había conseguido recuperarse una vez más de los reveses de la vida. La primera vez fue Charlie Swan quien le dio la familia que merecía, ahora había sido ella la que nos la había regalado a nosotros.
-¿En qué piensas? – preguntó sacándome de mis pensamientos mientras cargaba a Charlie en un costado. No parecía muy contento por haber sido arrancado de la cuna pero el estar en brazos de su madre lo compensaba.
-En lo feliz que soy. En lo feliz que me has hecho regalándome esta vida– declaré haciéndola sonreír.
-Supongo que lo has conseguido y eso tiene sus frutos. – contestó confundiéndome.
-¿He conseguido el qué? – pregunté mientras me perdía en sus ojos chocolate.
-Me prometiste que volvería a soñar y lo has conseguido. –explicó cálidamente antes de besarme sellando sus palabras.
-Te quiero. – susurré cuando se separó unos centímetros de mí. Charlie se removió en brazos de Bella al notar que no le hacíamos caso. – A ti también te quiero campeón. – le dije jugando con sus mofletes ganándome una sonrisa inmediata.
-Os quiero mucho a los dos. – sentenció Bella acurrucándose en mis brazos. Nos quedamos un rato así, disfrutando de la familia que habíamos creado.
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NA:
Como siempre lo primero las citar los autores: El verso del inicio es de Canción de Pablo López junto a Juanes "Tu enemigo"
No os podía dejar sin que presenciarais al mejor marido y padre del mundo.
Espero que os haya gustado mucho este viaje al futuro de manos Edward. Como podéis comprobar han conseguido tener una familia maravillosa que es lo que se merecen. Quien nos lo iba a decir al principio que solo hacían que discutir y malinterpretarse :)
Os confesaba a una de vosotras que Edward, desde el inicio del fic, ha buscado la felicidad de Bella pero lo que no sabía es que por el camino iba a encontrarse a él mismo, al Edward de verdad, y su propia felicidad. Creo que ambos lo han encontrado estando el uno por el otro.
Ahora sí es el cierre definitivo de la historia… Cambio la etiquetita a COMPLETO y os regalo a estos Edward y Bella para que seáis vosotras las imaginéis que es de ellos a partir de ahora.
Aprovecho también para dejar un mensaje a las futuras lectoras (si es que las hay)… Muchas gracias por darle una oportunidad a mi historia ;)
Hoy más que nunca nos leemos en el próximo….
… y si no, seguro que coincidimos como lectoras de las magníficas historias que hay en este bonito mundo de FF.
¡Un fuerte abrazo a todxs!
