La boda que se estaba presentando en la Torre de Taflem, era algo espectacular y sin presedentes, lujos y exceso, era lo que se apreciaba allí. Era lógico, los padres de la novia, eran poseedores de una gran fortuna y no dudaban presumirla ante todos. Algo que molestaba, terriblemente, a los pocos invitados del novio.
-Esto es ridículo, Gaia- reprochó a su hermosa esposa a su lado -No estoy diciéndolo solo por el traje...- lo escuchaba sonriendo. Ese hombre, era divertido hasta en sus quejas -Lo digo, porque nosotros, también poseemos una gran fortuna como ellos y no hacemos esta clase de cosas- ella sonrió aún más.
-Lo sé, Keilot... Es algo incomodo- arremango la camisa de él -Vamos a quitarte esto- le quitó la corbata de su cuello -Perfecto, ahora vuelvo... Voy a buscar algo de beber-
Él asintió, vigilando su camino. Su esposa estaba hermosa con ese vestido azul oscuro, largo hasta los pies y su cabello, ahora negro, más salvaje que nunca.
-Eso se llama humildad, hermano- aseguró el vidente, matando con la mirada a un grupo de hombres, que observaban a la hechicera que se acercaba a la mesa -Siento que no encajó aqui...- aflojó la corbata que llevaba puesta -Y es extraño, soy un gran inversor en la metalúrgica ferroviaria, desde que me retiré. Se supone, que petenecemos a este mundo- su esposa se sentó a su lado.
-Nunca perteneceremos a esta clase de personas, Lai- acomodó el cabello de él, que ahora, era mucho más corto que antes -Y estoy feliz por eso... No me gustan esta clase de cosas- sacó una botella de champagne que había escondido bajo la mesa -Pero amo esto...- besó la botella, la destapó y bebió de ella -¿Qué?- preguntó a él que la miraba, maravillado.
-Nada... Eres hermosa-
Le acarició un rizo entre sus dedos. Esa exótica hechicera, seguía robando suspiros y matando corazones a pesar de los años. Ese vestido en tonalidades granate, largo y atado a su cuello, le quedaba a la perfección, ese siempre fue su color y ella lo sabía.
-¡Hermanita!- llegó la alquimista a ella y la abrazó -¡Dame!-
Le quito la botella y también bebió de ella, dirigiéndose a la pista, apresurada.
-¡Gaia! ¡Esa es mi botella!-
Exclamó, persiguiendo a su hermana. Sus esposos, rieron a carcajadas mirandolas, se pusieron de pie para ir con ellas y evitar, que hicieran el ridículo o alguna estupidez, como siempre.
-¿¡Por qué me obligaste a ponerme esto, Eyra!?- acomodaba su vestido, que era rojo sangre y con un hermoso vuelo -¡Y mira lo que le hiciste a mi cabello! ¡Parezco tu hermana!-
Su cabello había sido alisado por la magia de su prima y ya no tenía sus hermosos rizos.
-Estas hermosa- la ayudó a acomodarse el vestido -El cambio te queda perfecto- inspeccionaba a la cazadora con cuidado.
-Tu también estas hermosa... El verde es tu color-
Miro a su prima de arriba abajo. Estaba espectacular, el vestido que ella poseía, era entallado y hermoso, ya que era sencillo, pero tenía un corte pronunciado en la pierna derecha.
-Lo sé...Lástima que la novia no puede decir lo mismo- señaló con su cabeza a la nombrada, que bailaba con el novio -Ese vestido es un espanto- su prima, entrecerro sus ojos.
-Momento...- pensó un instante -¿Es el mismo vestido de la fiesta de disfraces?- Apoyó una mano en su barbilla.
-Si, si es- aseguró su amigo, abrazando a su novia -Miren a quienes encontré-
Señaló a dos adolescentes y dos muchachos jóvenes junto a él.
-¡Hermanito!-
Se acercó a un jovencito de unos dieciséis años, ojos avellana y cabello castaño verdoso.
-¡Eyra! ¡Suéltame!- exclamó su hermano Sebastián, intentando apartarla -¡Me averguenzas!-
Ella lo besaba sin control, ese jovencito era muy atractivo y casi tan alto como su padre.
-No me importa...- refutó -Eres mi hermanito y te extrañe mucho-
-¡Hola enana! ¡Te extrañe!-
Se acercó a ella, un joven alto y fuerte, idéntico a su padre, sólo que con ojos avellana, levantandola, en un enorme abrazo.
-Nicholas... No respiro- se quejó en su abrazo -Yo también te extrañe- habló ahogada y él, la bajó -Cada día más idéntico a papá- le acarició el rostro -Hola, chicos-
Saludó a los otros dos muchachos, que miraban embelezados a las chicas presentes. Eran el hermano del novio, dos años menor que él, llamado Alan y su primo, Aarón.
-Hola Ivi- se acercó el segundo muchacho a ella y le besó una mano -Que gusto me da volver a verte, ¿Quieres bailar?-
Ella miró a su amigo y prima, que asintieron.
-Ve Ivi...- la alentó ella -Cambia esa cara Nicholas y tu también, Sebastián- los apuntó -Ella estará bien-
Asintió y se marchó con ese pelirrojo, hijo del maestro Hartia y Mariabelle.
-¿Cómo has estado, Eyra?-
Preguntó el otro muchacho, ruborizandose. Ella lo ponía nervioso y no podía ocultar su timidez, cuando la tenía cerca.
-Muy bien, Alan. Me alegra verte de nuevo...- se acercó a él -Ahora que Seth se caso, ya no podre visitarlos en vacaciones-
-Si, me lo imaginé- volteó a ver a su hermano -Pero tiene que aprender a responder por sus actos-
-Si, tienes razón- contestó indiferente el descendiente de Xerxes -Vamos a bailar, Eyra-
Arrastró a su novia de la muñeca a la pista. El alquimista, era consiente de los sentimientos que tenía ese muchacho rubio y ojos heterocromaticos, hacía su novia.
-Eso fue muy grosero, Dante- murmuró por lo bajo -¿Por qué lo hiciste?- preguntó, bailando con él.
-Tu sabes porque lo hice- le dió una vuelta, siguiendo el compás -Tu le gustas y mucho- sonrió, mirándola -Pero no tendrá oportunidad- Susurró cerca de su rostro.
-Eres muy malo- negó con su cabeza, divertida -Pero me gusta-
El grito de una mujer, se sintió por todo el recinto y en un momento, todo fue silencio. Miraron a su costado y el joven que minutos atrás, invitó a bailar a la cazadora, se encontraba en el suelo con su nariz rota y ella a su lado, arrodillada. Ambos se acercaron a la escena, por si las cosas pasaban a mayores.
-¡Te dije que no te acercaras a ella!- gritó el novio, mientras su, ahora esposa, lo detenía con una mano en su pecho -¡Te lo advertí!- lo apuntó, iracundo -¡Y no sólo eso! ¡La besaste delante de mi!-
-¡Basta, Seth!- se posicionó frente a él, furica -¡Están todos mirándote! ¡No tenías porque golpearlo y mucho menos, reclamarle nada!- respiraba agitada -¡Te recuerdo, que estas casado!- apuntó a la rubia junto a él -¡Ten un poquito de respeto hacía ella!- él estaba mudo y ella, ayudó a poner de pie al pelirrojo -Lo siento Aarón, me encantó bailar contigo, pero tengo que irme-
Lo besó en la mejilla y se acercó a sus padres.
-Eres un idiota-
Comentó, limpiando su nariz y saliendo de allí.
-Sigamos bailando, Seth. Luego hablaremos de esto-
Tiró su esposa de él, pero no la escuchaba, su vista estaba fija en esa cazadora que abrazaba a sus padres y besaba a su hermano, colocándole el flamel en su cuello. Caminó hacía la salida sin voltear, después de que su madre, transmutara sobre su ropa.
-¡Ivette!-
Grito él, corriendo en su dirección, cuando la vió alejándose de su vida, al cerrar la puerta tras de sí.
-Llegó el momento, Dante- aferró sus manos -Vámonos-
Él miro a sus padres, que asintieron con la cabeza y lo despidieron con la mano. Había llegado el momento de partir.
Por otra parte, el recién casado, corría desesperado por los pasillos de la Torre, para impedir que el amor de su vida, se alejara de él. Ya no volvería a verla y eso le aterraba, no sería el mismo sin ella. Corrió tanto, buscándola, que sin darse cuenta, llegó afuera del recinto y ella, ya no estaba. Pronunció su nombre una vez más, mirando alrededor y no había rastro, se había ido. Suspiro derrotado, desordeno su cabello por última vez, cerró sus ojos y caminó de nuevo a la Torre.
Lo que él no sabía, es que ella estaba allí, escondida detrás de un árbol, rezando a todos los dioses que no la encontrará y que la olvidará. Cuando lo escuchó alejarse, salió de su escondite y se adentró al bosque, sin mirar atrás.
-Bueno, Levi- caminaba con su familiar animal a su lado -Hoy empezaremos un nuevo viaje... Pero esta vez, seremos tu y yo- ella río al escucharlo en su mente -No mientas... Estas feliz de que Dante no nos acompañe- miró hacia el cielo -Si, lo sé... Yo también lo extrañaré- lo miró de reojo -Mira... Ya llegamos al auto...- abrió la puerta del pasajero -Sube- ordenó.
-Espero que esta vez, sepas comportarte, Levi- comentó su mejor amigo en el asiento del piloto -No quiero volver a estrellar el auto por tu culpa- ambos lo miraron asombrados.
-¿Qué haces aquí?- preguntó ella en estado de shock con sus ojos desorbitados -Pensé que te quedarías...-
-De hecho, no...- comentó su prima, apareciendo en el asiento trasero del vehículo -Vamos a ir contigo- sonrió.
-¿Vamos?- preguntó más pérdida que antes -No entiendo nada, ¿Podrían explicarme esto?-
-Él nos hizo jurar, que no debíamos contartelo, pero igual vamos a hacerlo... Dante- Apoyó una mano en su hombro -Procede...-
-Bien...- tomó la mano de la hechicera y la besó -Seth le contó a las tías, sobre el trato de coerción que Eyra tenía con la Torre- aclaró la duda de su amiga -Ya podrás imaginarte el resto...- ella asintió, lentamente, por todo lo que dijo.
-Ese maldito hechicero- subió al auto con una gran sonrisa -Algún día voy a agradecérselo-
-Lo sé... Va a pasar mucho tiempo para eso- Abrazó al lobo oscuro a su lado -Pero vas a hacerlo-
El alquimista encendió en auto.
-Bien y ¿Cuál es el destino, señoritas?- tocó la bocina dando marcha atrás -¿Amestris, Xing, Ruinas de Xerxes, Alemhatan? Los destinos son muchos-
-¿Qué les parece...?- pensó un momento -¿Si vamos a la tierra de los titanes?- propuso la cazadora.
-Me parece perfecto- mencionó su prima con entusiasmo -Según parece, esas tierras hace años que son libres de los titanes-
-No se diga más... Vámonos- encaminó el auto en esa dirección.
-Momento... Vamos a poner reglas aquí- habló a ambos -No quiero besos, abrazos, caricias y mucho menos, sobrenombres melosos entre ustedes, ¿Entendido?- advirtió -Sino, dimitaré de este viaje-
-Por mi está bien... Corazón de acero- acarició la cabeza de su prima con ternura -No... Mejor dicho, de mimbre- ella río, mirándola por el retrovisor.
-Si, se dobla antes que partirse-
Así fue, como esa hermosa vidente y esa intrépida cazadora, vivieron algo, que muy pocos mortales pudieron vivir alguna vez. Viajaron a través del tiempo y el espacio, para poder encontrar sus poderes, esos enormes poderes ocultos que ellas poseían. Aprendiendo de ellos y de muchos otros, como dignas hijas de la magia y la alquimia.
Continuación de esta saga: Cazando visiones.
