Reconociendo al líder Rebelde; la disculpa de Sakura
Yamamoto tenía todo en orden. Sus pequeñas nietas miraron su casa por una última vez. Sasuke estaba ahí, listo para llevarse a su nueva familia. Las pequeñas, al verlo, corrieron hacia él. Encontraron en sus piernas un nuevo sostén emocional, algo que Sasuke creyó era recíproco. Caminaron a la luz del atardecer entre las calles de Konoha. A sus espaldas, el cielo oscuro se comía sin descanso el azul claro de esos días en los que el sol comenzaba a brillar con más fuerza.
...
Kakashi recibió al ave con la nueva información del Raikage. Le invitó un poco de agua, el ave gustosa se inclinó para beber. Antes de llevarse el pergamino y desenrollarlo para leer, se dio cuenta que el ave tenía sus plumas revueltas. Se detuvo, acercó sus dedos y observó un ligero hueco, como si algo le hubiese quitado unas tres plumas. Intentaron derribar al ave en su vuelo, se preguntó si fue cuando el ave se dirigía a la aldea de la nube o cuando regresaba.
—Toma un descanso —le dijo—. Haz hecho un buen trabajo.
El ave siguió en lo suyo, sumergiendo su pico en el agua. Se acercó a Shikamaru y le tendió el pergamino para que lo leyera.
—Todos dieron sólo el nombre. Estos tipos quieren algo.
—El Byakugan.
—¿Ese era su objetivo en un principio o cambio al pasar el tiempo? —Shikamaru volteó el pergamino, esperando que detrás de él existieran más palabras—. Son tan problemáticos —masculló por fin.
Kakashi sonrió. El Nara se había guardado su exclamación por varias horas.
—Ya se conocían —Shikamaru tomó una tarjeta ninja al azar. El hombre portaba la banda ninja de la aldea escondida entre la Arena en diagonal, tapando su ojo derecho, una barba puntiaguda, piel oscura, ojos café claro, pelirrojo—, al momento de causar problemas a la aldea escondida entre las nubes y la aldea escondida entre la niebla. ¿Debo pensar que ese incidente fue a propósito o una prueba?
Cualquier criminal causaría problemas esperando que nunca lo capturaran. Kakashi confirmó que es la segunda opción: algo estaban probando. Shikamaru sonrió.
—Estos tipos son demasiados. Más de 10 por cada aldea. El líder debe mantener el orden y organizar.
Claro, pensó Kakashi.
—Fue una prueba de organización.
—Sí. Adivino qué en la cárcel tuvieron más tiempo para practicar nuevos ataques. Es posible que tengan influencias de Akatsuki.
—¿Una nueva organización criminal, eh?
—Sí. El Byakugan sería un trofeo muy potente. El salto perfecto.
Debían aprovechar los puntos a su favor. Tantos ninja era difícil de mantener en control durante algún ataque. Esa debió ser la razón de que no pudiesen obtener el Byakugan a pesar de que sólo emboscaron a dos portadores.
—Listo, no hay de qué preocuparse.
Shikamaru arqueó una ceja. Kakashi se rascó la nuca.
—La mayoría tiene fuerza bruta, eso está a nuestro favor. El líder es el único que usa la cabeza, pero al tener tantos ninja, es complicado. Puede que haya disputas por el liderazgo.
—Entonces debemos iniciar la búsqueda y captura de cada uno, pero, al ver su fracaso al no obtener el Byakugan, es posible que se escondan en cualquier lugar. No atacarán la aldea en los días siguientes.
Eso temía.
—A la vieja escuela, entonces. Sin embargo, el cuerpo de ANBU me parece...
Shikamaru resopló. Mandar a un ANBU para que recabe información y logre infiltrarse entre los rebeldes, con la cantidad frente a ellos, sería demasiado obvio. Era enviar al ANBU directo a su muerte y una declaración de guerra. Los golpes en la puerta distrajeron a Kakashi, mientras Shikamaru seguía pensando y analizando la información frente a él. Parecía divertido e interesado. Kakashi abrió la puerta, Hiashi Hyuga se encontraba recuperado y listo para confirmar a sus atacantes. Hinata venía detrás con aura nueva.
—Bienvenidos.
Ambos se adentraron. Kakashi los guió a lado de Shikamaru. Los orbes de Hiashi viajaron por todo el mapa.
—Recuerdo todos los rostros, excepto aquel.
Shikamaru siguió la dirección del dedo índice de Hiashi. La aldea de la Arena con la tarjeta que tomó minutos antes. Como si fuese un juego de niños, Shikamaru exclamó:
—Bingo.
Otros golpes en la puerta, Kakashi la hizo a un lado.
—Sasuke.
Hinata miró con interés al igual que Hiashi. Shikamaru se sintió obligado a voltear, pues Hiashi no dijo nada más. Kakashi frunció el ceño, intentó detener los pasos de Sasuke, pero este fue más ágil. Se posicionó cerca de Hinata, algo que no pasó desapercibido para nadie. Hiashi volvió a los datos después de echarle una ojeada a la sonrisa, casi imperceptible, que le dirigió a su hija.
—Me parece familiar.
Sasuke sentía embargado por el olor que desprendía Hinata. Tan cerca de ella, podía sentir un ligero calor, como si irradiara de ella. Como una vela cuando te acercas a su flama o al sentir el vapor brotar del agua caliente.
—No recuerdo de dónde.
Sasuke puso su atención en la foto. Pudo observar la porte que tomó al momento de ser fotografiado. Orgulloso. El 90 por ciento de probabilidad de que el fuese el líder y, al no estar al momento del ataque, lo confirmaba.
—Ese aspecto no me parece... Apropiado.
—¿A qué te refieres? —preguntó Kakashi.
—Me recuerda a Karui. La chica aprendiz de Killer Bee. Últimamente se ha estado escribiendo con Chōji. Aunque en el equipo, y en la aldea de la Nube, hay ninjas de piel blanca como Samui, este ninja...
—Debió crecer en la aldea de la Nube.
Los recuerdos golpearon a Hiashi. Hinata, su hermano, el tratado de paz de hace 13 años. Aquella noche espantosa donde creyó que perdería a su hija. Pero no podía ser él porque...
—Yo lo maté.
—¿Papá?
Las manos de Hinata tocaron el brazo derecho de su padre. Hiashi estaba seguro, pero confundido, se parecía tanto a ese rostro que vio en el pasado.
—Hace trece años, la aldea escondida entre las Hojas y la aldea escondida entre la Nube firmaron un tratado de paz. Era el pretexto perfecto para raptar a la heredera del clan Hyuga. Esa noche, pude salvar a mi hija.
Kakashi miró a Shikamaru. La mayoría conocía esa historia, la mayoría recordaba lo duro que podía ser nacer en uno de los clanes más importantes de Konoha con semejantes leyes. Neji, su primo. La historia de su odio hacia ella volvía como una sombra a ceñirse en su futuro. Si su primo siguiera con vida, saldría a vengarse. Sasuke frunció el ceño ante semejante historia, no hacían falta los detalles, era más que obvio para él.
—Podría ser su hijo —soltó.
Kakashi estaba de acuerdo al igual que Shikamaru.
—El panorama ha quedado claro.
—¿Qué hará, Hokage? —interrumpió Hiashi.
Kakashi acomodó sus manos a cada lado de su cintura.
—No atacarán en los próximos días, eso es obvio. Mandar a un ANBU a buscarlos o infiltrarse no es una buena idea, son demasiados, que alguien quiera unirse en estos momentos crearía sospechas. Es obvio que este sujeto desea venganza. Por lo pronto, no hay mucho que hacer.
Esperar el ataque, era la única salida.
—Estoy dispuesto a buscarlos.
Kakashi negó. Las razones ya le habían sido dadas, no podía ser que siguiera terco con aquello.
—Sasuke y Naruto pueden cuidar de su clan. Son los ninjas más fuertes de Konoha.
Sasuke se acercó al oído de Kakashi para susurrarle:
—Déjame ir tras ellos.
—No —respondió con rotundidad.
La fiereza de la petición recorrió su columna. Hinata tomó a Sasuke de su brazo para pedirle, con sus ojos, que se calmara. Un gesto de su rostro, Sasuke rodó los ojos. Shikamaru entornó los ojos a las muestras de afecto que se hacían mutuamente. Sasuke se peinó el cabello y se acercó a la ventana. Hiashi se aclaró la garganta.
—Gracias por la muestra de preocupación y apoyo, Uchiha Sasuke, pero no estás en posición, por ahora, de salir de la aldea. Encontraremos otra forma de atraparlos.
Sasuke asintió mientras dejaba salir el aliento con mucho trabajo, molesto. Hinata lo miró por sobre su hombro antes de toparse con los ojos fijos de Shikamaru. La fuerza de su mirada le cayó como un balde de agua fría, el sonrojo subió a sus mejillas y sus manos comenzaron a temblar. Ante la imagen de Hinata, Shikamaru dejó de verla, consciente de lo que había provocado en la chica. No quería ponerla así. Que impertinente.
Hiashi y Hinata dejaron el despacho, pero se detuvieron en el pasillo. Hiashi tenía una idea.
—Quédate en los terrenos del clan Uchiha con tu hermana. Dos miembros de la rama secundaria pueden hacerse pasar por ustedes con un jutsu de transformación.
Hinata negó.
—Padre, no puede seguir dirigiéndose a mis tíos y primos como miembros de la rama secundaria —Hinata tomó su mano—. Merecen respeto. Y de nada serviría que nos resguardemos en casa de Sasuke, si obtendrán el Byakugan con usted o mi abuelo. La familia está en peligro.
Hiashi soltó su agarre.
—Es por tu bien y el de Hanabi.
Regresó al despacho del Hokage para decirle a Sasuke que en ese momento sus dos hijas se iban a los terrenos de su clan. Hinata se tomó la frente con ambas manos, dio un par de pasos, giró y dio otras más. Sasuke salió por la puerta con una sonrisa de lado, recargo su cuerpo en la pared mientras observaba como la chica seguía cubriéndose el rostro.
—Sabes, creo que podrías seguir haciendo eso en mi casa.
Hinata bajó sus manos con rapidez. La temperatura ascendió en su cuerpo. Sasuke se acercó a ella.
—Tu padre se preocupa por ti... Y yo también.
Hinata frunció el ceño antes de abrir sus párpados con demasiado énfasis en la sorpresa. ¿Era momento de decirle? ¿Debía alguna vez decirle? Sasuke quería decirle. Conocer sus gestos y su respuesta... ¿A qué pregunta? ¿Pedirle una relación amorosa? No era el momento. Sasuke ladeó su rostro y rascó un poco su barbilla antes de erguirse. Peinó su cabello, tratando con esa acción de esconder su sonrisa. ¿Qué era lo que le ponía tan contento? ¿Verla sorprenderse por lo que decía? ¿Saber que viviría un tiempo en sus terrenos?
Probablemente ambas cosas. Sasuke tomó su muñeca, deslizó hasta sus dedos. En esos precisos momentos pensó que había sido un tonto por no aceptar la prótesis de Tsunade. Podría abrazarla, recorrer su cintura, tomar ambas manos.
—Vamos.
Sasuke la jaló, pero Hinata le detuvo, ejerciendo fuerza con su cuerpo.
—Sasuke... No creo que...
Sasuke la soltó. Se mojó los labios y sintió una mano posarse en su hombro. Sakura apareció por el pasillo, al ver la espalda de Sasuke, simplemente quiso tocarlo. Un escalofrío recorrió la columna vertebral de ambos, Hinata sintió que su estómago se volvía vacío.
—Hola, ¿qué hacen por aquí?
Hinata boqueó cómo un pez al que han sacado del agua.
—Trajo a su padre para que identificara a los atacantes —respondió Sasuke.
—¿Ah, sí? —preguntó Sakura—. ¿Cómo sigue tu padre, Hinata?
Sakura se acercó a Hinata y le tomó ambas manos. Sasuke frunció el ceño, de repente sintiendo un flash de envidia.
—S-Sí, es-está me-jor. Y...
Sasuke se escondió en el pasillo por donde Sakura había aparecido. Sakura miró por sobre su hombro la acción del chico. Entonces, la chica tenía la oportunidad perfecta.
—Sabes, Hinata... Me he portado de una forma grosera contigo. Quería ofrecerte una disculpa.
Sintió que algo pesado caía en su estómago vacío. La sensación le pesó y la molestia subió a su pecho.
—Sa-Sakura, y-yo...
Sakura negó, su mano derecha se posó en el hombro de la chica.
—Esto te lo debía. ¿Seguimos siendo amigas?
Sus ojos brillosos y su sonrisa dubitativa, pero sincera. Hinata asintió. Sakura le dio un abrazo.
—¿Vivirás en casa de Sasuke?
Hinata se quedó de piedra. Sakura pensó mucho desde que el viejo Hyuga le hizo la petición al Uchiha. De no ser importante la vida de la heredera y su hermana, de no ser por el peligro que corrían y el ataque sufrido al líder del clan, Sakura creyó que la petición era absurda, innecesaria. Su amiga corría peligro y era necesario que toda la aldea estuviese en estado de alerta. Debía cuidar de ella.
—Sé que Sasuke cuidará bien de ti. Es fuerte, casi invencible. Y si Naruto está ahí, nada ni nadie te dañará.
Otra vez Naruto.
Sakura no debía preocuparse si ambos la cuidaban. Hinata siempre estaría enamorada de Naruto.
—Te ayudaré a cambiarte.
.
.
Yamamoto observó el interior de la habitación donde viviría sus últimos años.
O días.
Frunció sus labios en una mueca de disgusto, sus ojos dejaron escapar la preocupación al ponerse vidriosos, sintió escalofríos en su débil cuerpo, buscó a sus nietas y la tristeza lo embargo por completo.
Sus niñas.
Esperaba que se portaran bien con Sasuke. El chico siempre se mostró dispuesto a ayudarle. Los rumores de que el chico era un criminal llegaron a él. Aquel día en el que pidió a un ninja para que le ayudara a llevar los alimentos a su vieja casa, nunca se imaginó que el Hokage le comentara quien sería ese ninja. Uchiha Sasuke: el renegado de la aldea escondida entre las Hojas. Kakashi le pidió actuar con tranquilidad como si fuese cualquier ninja y le pidió que le mandara, después de que Sasuke concluyera su labor, unas cuantas palabras sobre el comportamiento del chico.
Más tarde, al ver al Uchiha, el viejo dejó a un lado los prejuicios y los rumores que recorrieron a la aldea por varios años. ¿El chico planeaba un ataque con la heredera del clan Hyuga? Se rió. Sasuke le contaría días después su enamoramiento. Su intento por entender que era lo que le ocurría a su mente y su cuerpo. Yamamoto le compartió su vida amorosa con su esposa. Ambos salieron de la academia ninja y compartieron misiones en el mismo equipo. Se enamoraron.
La puerta principal se abrió. Yamamoto talló sus ojos con las mangas de su grueso suéter, hizo a un lado la puerta corrediza y observó a dos chicas adentrarse, Sasuke venía detrás con dos señores, ambos de cabello castaño. Los cuatro compartían ese exótico color de ojos. La única de los tres se diferenciaba por el cabello azulino, oscuro y brilloso. Sedoso. Yamamoto la identificó como la chica de la que Sasuke le habló. Hermosa, de ojos extraños y una actitud que volvería loco a cualquiera.
Yamamoto se acercó a ellos, sus nietas salieron detrás de él.
—Joven Sasuke.
—Él es Nōburu Yamamoto.
El viejo hizo una reverencia. Las dos pequeñas niñas se aferraban a la hakama de su abuelo como si su vida dependiera de ello. Hanabi las miró con curiosidad y les compartió una de sus sonrisas. Su padre, su abuelo y Hinata respondieron a la reverencia con otra.
—Los terrenos de mi clan están protegidos por un sello, al igual que la parte superior e inferior de la casa. Sus habitaciones están por aquí.
Sasuke movió la puerta corrediza que se encontraba a su derecha, una pequeña sala. Sasuke les pidió con un movimiento de su mano que se adentraran.
Hinata se quedó atrás mientras observaba el techo. Durante el trayecto de la Torre Hokage a los terrenos del clan Uchiha, Sasuke contó como ocurrió la construcción de su casa, pensada para cualquier ataque, pues al ser un vasto terreno y vivir él solamente, pensó que sería adecuado ejercer medidas de protección. Hinata quiso preguntarle qué tipo de sello había creado para poder aplicarlo en los terrenos del clan Hyuga y en el resto de la villa.
Yamamoto la observó de reojo al igual que sus nietas.
—¿Usted es Hyuga Hinata?
Hinata se detuvo en su observación para ver al anciano frente a ella. Las dos pequeñas seguían aferrándose a su vestimenta. Hinata asintió, preguntándose por el apellido del anciano, se le hacía conocido.
—Así es.
—Es un gusto conocerla.
Hinata sonrió por la calidez que desprendía y los bueno modales. Había algo en Yamamoto que la atraía. Tal vez su sonrisa o su gentileza. Las pequeñas le seguían mirando. Hinata se puso en cuclillas para poder verlas mejor. Sus enormes ojos desprendían un poco de temor y vergüenza. El cabello de Hinata cayó a su derecha sobre su brazo y la pequeña se asombró por el brillo.
Qué bonita, pensó.
