V
Shura~
Tenía un agudo dolor de cabeza que ya se había extendido a gran parte del cerebro y comenzaba a hacer que la vista se le nublara. Apagó las luces interiores de su templo, mandó a Elen hacia Virgo por una droga y se fue a recostar, ya que continuar con su lectura sería imposible en esas condiciones.
Al poco tiempo, sus dos amigos anunciaron su llegada usando sus cosmos y Shura salió a recibirlos con una cara que daba todo menos una sensación de bienvenida. Deathmask, al notarlo, empezó a bromear sobre su estado y Afrodite se dirigió a la cocina.
— Ya mandé pedir una solución con Shaka.
— ¿Vas a rechazar mi atención especial? —le contestó Piscis ignorando, al igual que Shura, los burdos comentarios de Cáncer; quien había tenido la decencia de evitar reír.
Al guardián del templo no dejaba de sorprenderle cómo sus amigos siempre estaban para él en el momento justo. En especial después de haber pasado por lo mismo que Acuario y Escorpio. Él sólo había ayudado un poco pero ése poco había creado un vínculo especial entre ellos, o había destapado algo que ya existía.
Alguna vez se había permitido imaginar que, de hacer todos lo mismo, podrían volver a un ambiente parecido a cuando eran aprendices; facilitándole así mucho su trabajo. Pero en su ocasión, Shaka y Aioria no modificaron su relación con él (tal vez porque siempre le fueron sinceros) y en cambio, para su desilusión, la relación entre ellos había mermado cada vez más. Shura se culpaba por eso y sólo rogó porque su misma intervención no conllevara a más problemas o sus migrañas aumentarían.
Una nueva punzada de dolor lo asaltó y le pidió a Cáncer que se callara con una mirada. Afrodite apareció con una infusión de hierbas en la estancia principal y Elen se cohibió ante la presencia de los amigos de su señor. La joven doncella salió de inmediato, como tenía permitido en ese escenario, y se fue en busca de su amiga del siguiente templo.
Fleur estaba muy nerviosa, más que Elen, quien no conseguía hacer que hablara. Al verla así no pensó en otra cosa más que en llevarla con Alisha pero la doncella de Acuario no quería moverse. Aún así, la convenció de que necesitaba un respiro y fue a pedir permiso pero encontró a los Santos presentes perdidos el uno en el otro y se dio cuenta que lo mejor sería llevarse a Elen lejos, muy lejos de ahí.
Al pasar por Escorpio, las doncellas encontraron a Calandra lidiando con una nerviosa Hester, que en esas condiciones no servía en nada. Al parecer, el señor del octavo templo había estado demasiado estresado; así que la doncella principal mandó a la más pequeña con las visitantes para ver si ellas lograban que reaccionara.
Elen no sabía porqué ambas doncellas estaban tan intranquilas pero, al llegar a Virgo, Alisha supo atenderlas para que sus almas retomaran sus cuerpos. Aunque no las dejó acceder más allá de lo permitido o de lo contrario verían las espeluznantes energías negras que no habían parado de emanar de su señor desde que se había sentado a meditar. En el estado en el que estaban, la doncella de Virgo concideró que verlo sólo haría que empeoraran y tenían el deber de apoyarse entre ellas en esos casos.
Delphine las encontró en su camino a la novena casa y, al notar a las más jóvenes tan descompuestas, no dudó en atenderlas antes de seguir con su rutina. Especialmente porque la doncella que debía atender a su señor estaba fuera y prácticamente todas habían abandonado sus templos. Alisha le dedicó una mirada de complicidad y ambas comprendieron que las más inexpertas debieron haber recibido un discurso del Caballero de Capricornio. Toda una experiencia difícil de sobrellevar, ya que era casi equivalente a recibir una llamada de atención del Sumo Pontífice. Algo que sólo Delphine había vivido en carne propia.
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