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Capítulo 25: La paz del ojo del huracán
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Dagur estaba muy molesto. En su cabeza solamente daban vuelta las últimas imágenes que tenía registradas en su memoria acerca del castaño y Astrid jugándoles una trampa en la que el mismo se dejó caer.
-Maldito Hiccup, te prometo y juro ante los dioses que voy a quitarte la sonrisa de tu cara y también me robaré a tu concubina. Astrid tiene que ser mía.
Skaoi por su parte, lo único que pudo hacer era seguir mensajeando sus hombros y prepararle su té de hongos en el que parecía ser el único escape del jefe.
-Tal vez deberías olvidarte de ellos y enfocarte en lo que tienes aquí en la isla, en lo que tienes conmigo. —trató de convencer, pero sólo logró que el pelirrojo se tensara más.
-Por favor aquí tengo todo lo que yo quisiera. -mencionó engreído. -Tengo una buena posición, tengo dinero, tengo una armada que podría destruir cualquier isla mientras yo lo decida con un chasquido de mis dedos. Tengo lo que cualquier hombre puede querer.
-Y también tienes una concubina al parecer. –murmuró molesta, Dagur no estaba cumpliendo sus promesas.
El pelirrojo se suavizó al notar que ella misma había actuado de una manera poco normal al reclamarle, nunca lo había hecho.
-No, tú no eres mi concubina y lo sabes bien. Te amo. –se giró de la silla para enfocarse ante ella.
-Entonces porque te querías casar con otra mujer. Que tiene ella que no tenga yo.
-Oh mi vida, créeme que no hay mujer que se compare a ti. –le acarició el rostro, suavizando sus expresiones. -Astrid solamente era una estrategia para negociar con la isla.
-Pero tu hermana ya cerró ese negocio, ¿qué nos detiene entonces?
El Berserker entendió lo que se refería a la muchacha, pero ella no lo entendía a él. Él jamás podría casarse con una esclava, pero no quería decir que no podía ser feliz al lado de una, al menos mientras durara.
Estaban por besarse cuando un sirviente ingresó a molestarlo.
-¿Qué quieres Daven?
-Lamento interrumpir, es sólo que ha venido una visita. El heredero de los Magmalos… Aeren.
Dagur sonrió por tal llegada. No la esperaba, pero al menos ese arribo del aliado podría ser de beneficio, y el berserker ya se daba una muy buena idea.
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Erick no estaba dispuesto a soportar más inestabilidad por la situación de su herida en el torso de su cuerpo.
-Ya estoy bien. —repetía constantemente a su curandera. -Descansé en la noche y creo que puedo estar mejor ahora.
Sin embargo la rubia no se fiaba.
-Claro que no, tienes que descansar.
-No, tengo que ir por mi esposa y rescatarla. Esos bandidos nos llevan un día de ventaja. Si les pierdo el rastro perderé cualquier esperanza de recuperarla. No estoy dispuesto a vivir sin ella.
Los miembros de la familia se observaron mientras la pequeña bebé dormía en una pequeña camita que habían sacado de su antigua casa.
-Está bien. Tú ganas hijo mío mencionó Einar, el padre de los muchachos. — Sé lo que es tener que pensar en tu familia antes que en ti mismo, pero no irás solo por mi nuera. Iremos nosotros, como cuando rescatamos el gran tesoro de Berk solamente con una hacha sin filo. –animó el líder de los Hofferson.
-Somos familia, somos capaces de todo, hermano. Cuenta conmigo. –se apuntó Finn ante la preocupación de la esposa de éste.
Y así fue. En las siguientes horas los rubios idearon un plan a base de lo poco que tenían como información de ellos. Con algo de investigación y los mapas que llevaban, vieron que había una isla que no estaba identificada.
-Está a tres días al norte, no es la mejor opción pero es el punto más cercano. Si fuera un pirata sería la ubicación perfecta para negociar y esconder parte del oro. –opinó Erick, quien conocía vagamente esa parte del Archipiélago.
-Pero primero hay que atravesar el banco de niebla. –observó Fin. –Tal vez deberíamos rodearlo.
-Perderíamos tiempo valioso. Sé que nunca hemos ido tan al norte, pero es la única esperanza. Sin embargo, deben saber los dos que si no la encontramos en cinco días, regresaremos a Berk. No expondré a mi nieta.
Así que los tres hombres se subieron a un galeón, llevaron pocas provisiones y fueron rumbo a esa aventura de rescate.
-Mi pequeña niña, te prometo que traeré a tu mamita de regreso. –se despidió de ella, cargándola con amor mientras Gylda, Astrid y Astrid bebé se quedaban en la isla, resguardadas en los refugios.
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En otro lado de la fortaleza berserker, en las zonas donde los sirvientes solían descansar estaba una muchacha con la pierna temblorosa, inquieta.
-Tu madre solía hacer lo mismo cuando estaba impaciente. -mencionó Gyselle.
-¿Cómo quieres que esté cuando ya debimos haber salido de la isla? –reclamó impaciente. –Dagur ya despertó, será más difícil escabullirnos.
-Ten paciencia hija, hay cosas peores que ser una esclava. –le dio un ligero coscorrón.
-Lo sé, eso es lo que siento que este no es mi lugar. No nací para ser esclava. –se defendió.
-Lo sé mi niña, tú naciste para ayudar a los demás. Al igual que tu madre, al igual que yo. Tenemos sangre burglar para ayudar a los demás, ser leales. Pero tú y tu hermano, también tienen sangre viajera, igual que tu padre.
La rubia vio a su abuela, los recuerdos de su madre eran casi nulas, pero agradecía que tuviera a su abuela con ella. A pesar de que los tres vivían en condiciones de esclavitud debían aceptar que les había ido bastante bien al ser acogidos por la familia real.
-A propósito, me he dado cuenta de unas miradas entre tu hermano y la princesa. No pensé que esto fuera en serio. –comentó Gyselle, juguetona.
La curandera se hizo la desentendida y se ruborizó.
-Creo que se gustan. –mencionó sin atreverse a decir más. Siguió con su pierna inquietante. Le hubiera gustado seguir hablando con la abuela, sin embargo otra muchacha llegó y la mandó buscar.
-El jefe te habla. –entró como si nada, pues era el lugar que todos compartían.
Esa información le parece muy extraña a la rubia, pues para Dagur, ella era casi invisible, de no ser por su hermana, probablemente él ni la conocería.
-Quiere que lo veas en uno de los patios de la fortaleza. –informó molesta, cruzándose de brazos en el umbral de la puerta.
-De acuerdo, gracias… Skaoi.
Sotma caminó por los pasillos hasta salir por la sala del trono. Llegó al frío jardín que conectaba con los calabozos y allí notó que no había nadie que la esperara como Skaoi le hizo creer.
-¡Qué raro! -mencionó ella. Todo estaba cubierto de nieve aún y el frío se sentía, no había razón para que la viera en ese lugar.
Buscó resguardo debajo de un árbol, pero de inmediato notó que de allí salía un muchacho que no conocía.
-Tú debes ser Sotma. -comentó el vikingo de rasposa voz.
-Sí mi señor. Soy sierva personal de la princesa Karena.
-Sí, el jefe me lo dijo. También me dijo que podía contar contigo para algo muy importante. –alardeó Aeren, un hombre que fue a buscar a Dagur para burlarse por su plan fallido, pero que podía divertirse.
-Dígame, ¿en qué le puedo ayudar? –preguntó temerosa al ver que éste se acercaba con una mirada lascivia.
-Pues primero creo que debes ir a mis aposentos. Allí podremos ponernos cómodos y tú podrás encargarte de consentirme.
-Creo que no le entiendo. -trató de zafarse cuando él la sujetó del brazo, pero el otro la agarró fuertemente. -¡Suélteme! –gritó asustada.
-¡No! tú eres quien debe obedecer. Yo soy quien da las órdenes, maldita esclava.
La muchacha lo sabía, ella era una esclava y sabía que la vida de ellos era obedecer, no criticar y aceptar cualquier cosa que se les impusieron. Pero estar entre los brazos de ese hombre mientras trataba de besarla grotescamente en el cuello y la tocaba sin su consentimiento le hizo pensar lo peor.
Sintió que la mano abusiva de él invadía la privacidad de su cuerpo, empujándola contra el frío piso cubierto de nieve, le quitó su diminuto chaleco y le tapó la boca, provocando fuertes traumas en la muchacha.
Estaba perdida.
-¡Suéltala ahora mismo! –se escuchó la voz de su hermano.
-¡Norberto, ayuda! –pidió Sotma en un hilo de voz.
Lindgreen arrojó la leña que le habían pedido para las fogatas del lugar, estando allí el rubio se acercó hasta su hermana. Movió a ese hombre encima de ella y le propinó un buen golpe en la cara, dejándolo tirado en el suelo con un chorro de sangre saliendo de su boca; se quitó de inmediato su capa de piel delgada que portaba y se la puso.
-Ve con Karena, vete con ella. Yo iré contigo luego. –le prometió, levantándola.
Sotma por su parte, no salía de la impresión que le había causado ese maldito.
-No, acabas de atacar a un lord, serás buscado y te pueden castigar. –asumió la rubia, aferrándose a su hermano.
Norberto no había entendido la magnitud del problema que desencadenaba. –Hubieras dejado que se aprovechara de mí, por mi culpa te van condenar. –se imputó la inocente muchacha.
-Jamás permitiría que alguien te dañara así. No mientras viva.
El rubio trató de pensar en una escapatoria.
-Hay que irnos, ahora. No podemos esperar. Serás buscado, arrestado… te pueden matar por esto. –Sotma le insistía mientras veía al hombre tirado en la nieve.
No lo había pensado de esa manera se había arriesgado demasiado por ayudar a su hermana, aunque lo volvería a hacer. Sotma era su única familia, y claro que la iba a cuidar.
-No hay tiempo para mandar por la abuela y Karena. –opinó Norberto. –En cuanto ese hombre despierte nos reconocerá, y puede tomar represalias contra mí.
-Está bien, vete tú entonces. Yo tengo la protección de Karena –concluyó la muchacha empezando a aguantarse las lágrimas por todo lo sucedido, no quería despedirse de su hermano.
Los dos se tomaron de la mano y corrieron por el bosque, atravesando el frío para llegar al muelle de carga, donde debajo de una tela pesada cubierta de hielo estaba el barco que habían acondicionado para marcharse.
-Te prometo que volveré en unos días, les mandaré las indicaciones antes de alejarme de la isla.
-Puedes ir a Berk, Astrid dijo que ellos podrían ayudar.
-No puedo ir en calidad de Berserker. –argumentó.
-Entonces ve como lo que eres, un burglar. ¿Recuerdas a Erick? Él era de Berk, podríamos pedir asilo. –sugirió la muchacha tras considerar las historias de su abuela.
La idea de la esclava habría sido perfecta unos días atrás. Sin embargo, antes de llegar se dieron cuenta que allí estaba el jefe, recargado en un poste del muelle.
-¿Van algún lado, esclavos?
Los hermanos tragaron duro, el plan se había acabado.
-No deberías salir porque mi amigo Aeren estaba buscando compañía, ¿lo han visto? –preguntó alzando las cejas, con cinismo. Estaba más que claro que él sabía lo que había ocurrido.
-No sé de quién hablas. –defendió el rubio, vanamente.
-En fin, le mandaré buscar. –se encogió de hombros. –Mientras tanto, Sotma, deberías llevarle un poco de té a mi hermana. Te ha estado buscando. –advirtió desvergonzado. -Yo me quedaré con el guarda espaldas. Tenemos mucho de qué hablar.
La muchacha que estaba aún aturdida no sabía qué responder. Los hermanos se abrazaron y la rubia solo trato de mantener la calma.
-Tranquila, tendrás noticias de mi pronto. –garantizó su consanguíneo.
-Te quiero, hermano. Cuídate Norberto, escapa en el momento que Dagur se distraiga. –susurró.
El mayor sólo le asintió. –También te quiero, dile lo mismo a Kary. –pidió Norberto, soltando a su hermana, permitiendo que ella fuera a la protección de la princesa.
Mientras tanto, la rubia solamente se fue a cumplir con su deber: Servir a la noble. El hijo de Norberto e Ivette se quedó allí de pie, esperando a que el jefe le diera alguna indicación, mientras el pelirrojo estaba disfrutando lo que pasaría a continuación.
-Querido Norberto, mi viejo amigo. ¿Pensaste que podías acostarte con mi hermana y que yo no lo sabría?
Norberto temió por su amada y por su familia, eso no debió salir así.
-No te preocupes, al contrario. Puedes mancillar a mi hermana, me harías un gran favor. –comentó hipócritamente. -Pensaba matarla en un par de años, antes de que ella ganara más cariño por la gente del pueblo, nada ni nadie puede amenazar mi derecho al trono. De hecho hagamos un trato, quiero que te la lleves, tú te llevas a mi hermana pero mi amigo se queda con la tuya, con Sotma.
Lindgreen sintió que la sangre le ardía por todo el cuerpo.
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Las horas parecían días en lo que tomaban rumbo al Gran Banco de niebla. Eran aguas desconocidas.
-Nunca habíamos llegado tan al Norte. –expresó Finn, mirando por el catalejo, tratando de reconocer la posición del sol.
-¿Alguna señal de los piratas? –preguntó Einar, vigilando el horizonte.
El silencio de sus hijos le dio la respuesta.
-¡Miren! –masculló al notar un barco que se acercaba entre la niebla.
Los rubios se colocaron en posición de defensa panorámica.
-No lo pierdan de vista. –comentó Erick, apuntando la ballesta hacia el pequeño galeón que se acercaba. -Un momento, reconozco esa insignia y las velas. –musitó Erick, bajando la guardia. –Es…
El barco chocó con el casco del de los hoolingan, permitiendo ver a quién dirigía el timón, dándoles una breve y efímera tranquilidad.
-¡Johan! –expresaron Einar y Finn.
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Astrid se encontraba en el farallón de Berk. Había llegado hasta allí con Stormfly después de vigilar el perímetro de su isla.
El frío se seguía sintiendo, y la capa blanca de nieve aún cubría las costas y techos por todos lados. Unos días atrás Karena se había marchado, y esperaba que en verdad se hubiera marchado de Berserk, pues ella merecía ser feliz al lado de Norberto.
-¿Por qué tan sola, mi lady? –preguntó Hiccup, llegando en Toothless.
El rostro de la rubia se iluminó por la presencia de su amado.
-Esperándote, ¿por qué tardaste tanto?
El chico le dio un beso en la mejilla y se sentó al lado de ella.
-Por tonto. –bromeó.
-Eso no lo voy a discutir. –simpatizó bromista.
-¡Ey! –se defendió el heredero de la isla.
Ambos se recargaron en los dragones y se dedicaron a disfrutar de un breve momento de paz. La tranquilidad que daba esa escena era reconfortante y única. El peligro había pasado, la angustia era cosa del pasado y ahora tenían la oportunidad de disfrutar libremente su noviazgo en su momento privado.
-¿Hablaste con tu padre acerca de nosotros? ¿acerca de qué acepté ser tu novia? –preguntó Astrid, curiosa.
-Sí, la verdad es que se puso muy contento.
Hiccup omitió la charla abrumadora que había tenido con su padre debido a que en cuanto él le confirmó las sospechas que había tenido con anterioridad éste le dio de inmediato un medallón y una pulsera para que se la entregara a Astrid cuando ambos decidieran contraer nupcias.
-Por favor hijo, debes darle esta pulsera a Astrid. Es una tradición que hay en la isla. La esposa del jefe debe tenerla con ella.
El muchacho sólo asintió ruborizado debido a que el no consideraba necesario ese paso aún. El castaño pasó una mano alrededor de la muchacha para darle calidez, pues sentía sus manos algo frías.
-No quiero que te vuelvas a enfermar del frío, es una situación bastante preocupante saber que puedes enfermar por no poder respirar bien.
-Vamos, no te preocupes sólo se trataba de una hipotermia, a cualquier vikingo al menos le dan tres en su vida. –simplificó, aceptando gustosa el abrazo que éste le ofrecía.
-Sí, pero tú no eres cualquier vikinga. Eres la persona que qué más quiero, y no me gustaría saber que tengas peligros de esta clase.
-¿Novio sobreprotector? –bromeó Astrid. –Estoy bien, Hiccup, ya te lo había dicho. Deja de preocuparte por mí.
-Creí que lo habíamos dejado claro, yo nunca voy a dejar de preocuparme por ti. Así es como es.
La rubia le sonrió, le había repetido las mismas palabras que antes después de que ella quedara ciega un par de semanas atrás.
-Cierto, y sabes que es igual para mí. –coincidió la muchacha.
-Por eso es que he decidido darte un pequeño regalo, para que estés protegida del frío y te enfermes.
Astrid le sonrío extrañaba, ella no le había preparado ningún regalo.
-No debes molestarte. –insistió la rubia.
-Es un pequeño obsequio, considéralo complemento del regalo de Snoggletog. No es un intercambio, ni que fuera el "Intercambio de obsequios de las seis lunas". –ironizó.
La ojiazul le sonrío, estaba muy agradecida con él pero en cuanto vio que había un una caja de madera que sacaba de una de las alforjas del dragón llamó su atención.
-Aquí tienes. -en ese momento Astrid abrió la caja de madera y se asombró por la fina prenda que lucía doblada con delicadeza.
-Esto es demasiado, no es propio, sólo los líderes de la isla pueden portar una prenda así. –confesó abrumada.
-Era de mi madre. –reveló el heredero mientras se la ponía sobre su espalda, ajustándola con sus hombreras.
-Hiccup, con mayor razón no la aceptaré. No hay muchas cosas que tengas de tu madre y no es correcto que lo poco que tienes sea desechado para dármelo a mí.
-No, al contrario. Mi padre insistió en que te lo diera. Fue idea de él. Te ayudará a permanecer resguardada del frío, y tú lucirás como lo que eres: Mi novia.
Astrid no se creía a la cantidad de atenciones que estaba recibiendo por medio de él. No lo merecía. Lo golpeó ligeramente en su hombro. Ella se acomodó el flequillo detrás de la oreja y le agradeció por la atención de él.
-Bueno, la usaré aquí en Berk por esta temporada, porque es más frío, pero me temo que no podré utilizarla en la orilla del dragón porque debe estar bien resguardada. –aceptó, no le gustaba alardear.
-No estás obligada portarla, pero si me haría muy feliz. Es un regalo que te has ganado a pulso. Y mi padre menciona que la futura jefa de Berk debe vestir bien.
Eso les sobresalto mucho a ambos debido a que no había contemplado esa posibilidad, provocando un rubor innecesario en los dos.
-Jefa...
Ambos se miraron, sabiendo el tema que estaban a punto de empezar.
-Creo que ese tema debe hablarse con calma más adelante. –sugirió Hiccup.
-Mucho más adelante. –coincidió la muchacha.
-Sí, se lo haré saber a mi padre, antes de que él comience con una clase de preparativos innecesarios.
-Y a mi tía. –agregó la rubia.
-Sí, es… es decir, sólo tenemos 18 años de momento. –trató de concientizarse.
-Aún hay tiempo. –dijo la rubia, abochornada. Hiccup le tomó la mano.
-Sí no es una carrera, es una decisión. –finalizó Hiccup, ajustando la capa alrededor del cuello de la fémina.
Mientras tanto ambos muchachos seguirían viendo el juego de luces encantadores que daba el atardecer, ya más adelante en el camino se encargarían de soñar, planear, decidir, sorprender y disfrutar.
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Por orden del jefe de la isla, Norberto fue con Dagur hasta el bosque.
-¿Para qué me trajiste? ¿Qué quieres que haga?
Dagur le dio una carta en el papel.
-Muy fácil, sé que eres un esclavo pero debes saber escribir. Ya que te negaste al intercambio de hermanas, quiero que escribas una carta que lastime a Karena. Simplemente le dirás que no la amas.
El esclavo se asustó por ver qué su más preciado secreto había sido descubierto.
-No, no le romperé su corazón. Prefiero que me mates antes de que yo le rompa la ilusión y los sueños que hemos forjado este tiempo.
-No Norberto, no te confundas, amigo. Yo no quiero que le rompas el corazón a ella. –aclaró. -Quiero que lo destruyas.
-No, por favor Dagur, no le hagas esto a ella. No se lo merece. Ella es tu hermana. –intentó defender.
-No, ella es una princesa que está comprometida con otro hombre, con el mismo al que tú golpeaste sin saber. Yo arreglé el compromiso, se casarán cuando yo lo decida, en el momento que sea conveniente para mi pueblo.
Norberto no pudo creer lo que su jefe le estaba diciendo.
-No, tú sabes que yo voy hacer todo lo posible por estar con ella. Le guste a quien le guste.
-Dime una cosa Norberto, ¿quién puede más, un esclavo o un jefe tribal?
-Sabes que no soy un esclavo, yo soy un hombre libre que tuvo la mala dicha de ser capturado por personas que no valoran la vida de nadie.
-Sí que desgracia, recuerdo que eras de una isla, Bog Burglar, pero lamentablemente las cosas cambiaron. Ahora tú eres un esclavo. MI esclavo y por lo tanto debes obedecer.
Norberto resistió las ganas de matar al pelirrojo allí mismo.
-En esta hoja tú vas escribir lo que yo te voy a ir al dictando de lo contrario no solamente daré a mi hermana en matrimonio, sino que hay muchos jefes que desean concubinas hermosas, ya varios me preguntaron por tu linda hermana Sotma.
No, no podían hacerle eso su querida hermana.
-Así que tú sabes. Escribes lo que te digo yo, o las piernas de tu hermana se abrirán para cuánto hombre la desee. –azuzó, sabiendo que ganaría.
Norberto estuvo a punto de darle un puñetazo a ese hombre. Quería matarlo. Era la situación y el momento perfecto. Tenía un corazón tenaz dispuesto a todo no estaba dispuesto a permitir que su hermana y el amor de su vida sufrieran sólo por el orgullo de él, a buena hora despertó.
Sabía que eso era demasiado bueno para él, aunque fuera correspondido por Karena, las leyes y normas sociales dictaban otra cosa. Tomó la hoja la pluma y manchó la punta con la tinta.
-¿Qué quieres que escriba?
El jefe sonrío socarrón, había logrado desquitarse a su hermana.
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Pocos minutos después Sotma llegó hasta el cuarto de Karena. En cuanto a la puerta se abrió la expresión de la castaña cambió.
-Pensé que era Norberto. –confesó ruborizada.
-¿Por qué sería él? No debe de venir a esta área del Castillo a menos que tu hermano lo mandé llamar.
La castaña se dio cuenta que había cometido una imprudencia.
-Sí, es sólo que pensé que venía a avisarme acerca del momento en que debemos irnos. Pronto anochecerá. No he hablado con él en todo el día. -la castaña se mordió el labio.
En lo que refería a Sotma, ella tenía información y no sabía cómo expresárselo a su amiga, pero si fuera al revés, Lindgreen desearía con todas sus fuerzas que la mantuvieran informada de lo que había ocurrido.
-Debo decirte algo. –comentó más calmada, sentándose en la orilla de la cama. -Un hombre estuvo a punto de hacerme daño hoy.
-¿Quién era? El pueblo sabe que tú eres mi doncella. –se indignó.
-Soy tu esclava. –ese día le quedó claro.
-En ese caso sólo recibes órdenes de mí. ¿Qué fue lo que pasó? –estaba molesta.
-Intentó sobrepasarse conmigo. –le tranquilizó, mostrándose pacífica. -En eso llegó Norberto y le pegó al tipo ese.
-¿Norberto está bien? -pregunto con angustia en su corazón, pues conocía lo vengativo y rencoroso que podían ser los lords.
-Él me dijo que viniera contigo para que el amigo de Dagur no me buscara.
-Hiciste bien. No te harán daño, lo prometo, pero… ¿qué pasó con Norberto? –se sentó a su lado.
Sotma se encogió de hombros.
-Le dije que escapara solo. Ya después vendrá por nosotros.
Eso le causó un dolor en el pecho.
-¿Se fue? ¿Sin despedirse? –preguntó abrumada.
-Karena, Dagur parecía no saber nada. Es cuando debe aprovechar para escapar. Él debe irse, lo pueden matar por haber causado daño a un lord… es un esclavo a fin de cuentas, la pena es la muerte.
La castaña asentía lo que Sotma le decía, pero no lo aceptaba.
-Me pidió que te dijera que te quiere. –le alentó, pero Deranged estaba impactada. –Lo siento, se fue por mi culpa. Yo no supe defenderme.
-No, sabes que no es por eso, él te defendió porque te quiere. –explicó con lágrimas en sus ojos.
La princesa sintió que su corazón empezar a desmoronarse. -Pero tiene que volver, ¿verdad?
-¡Claro! mencionó Sotma, segura de la lealtad hacia su consanguíneo, sin embargo, Karena no se iba a rendir.
-No, no dejaré que él se vaya solo. –habló decidida. –Nos vamos ahora mismo, me iré nadando de ser necesario.
Pero era tarde, lo supo en el momento en que tocaron la puerta.
-Majestad, disculpe, le mandan esta carta. –interrumpió la chica que había mandado por la rubia anteriormente.
La esclava pasó y entregó el rollo de papel.
-Gracias, Skaoi.
La esclava dio una leve reverencia y se marchó, sonriendo. Había cumplido con las órdenes de su jefe.
-Es de Norberto. –susurró al ver la letra del papel.
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-¡Cielos!, que susto me han dado. –mencionó con asombro. -¿Qué hacen en estos lados del archipiélago? –preguntó, acercándose la orilla de la proa.
-Muy larga historia. –compartió Einar. –No hay tiempo para contarla.
-Eso me recuerda que una vez en la bella isla de los marginados, pensé que no tenía tiempo de contar na historia, pero lo que en realidad no tenía era…
-¡Johan! Concéntrate. –estipuló Erick. –Buscamos una flota de barcos, saquearon Bog Burglar y debemos ir a perseguirlos.
-Oh, vaya, una misión de rescate del tesoro Burglar, uno muy valioso, por cierto. –mencionó Johan. –Pero los tesoros se recuperan, joven Erick.
-Por mí que se queden con todo el tesoro, yo quiero a mi esposa. –estableció molesto. -¿Los has visto?
El mercader se rascó la barbilla.
-Me temo que sí, pero me temo más que esos hombres irán a los Mercados del Norte, cerca de la isla Magmala. –informó, provocando preocupación.
-Perfecto, tenemos el rumbo. –agradeció Erick.
-Pero me temo que no es fácil entrar allí. –disminuyó las expectativas. -Es decir, allí subastan esclavos, si se llevaron a su esposa probablemente la van a ofrecer como…
-¡Ni se te ocurra decirlo! –bramó Erick, furioso por imaginarse lo que le podían hacer a Bertha.
-Lo sé, no es agradable que le hagan nada de eso a ninguna mujer. –apoyó Johan. –Tal vez si me dice quién es su esposa, es curioso que ni siquiera la conozca. –aduló el mercader.
-Se llama Ivette, Ivette Hofferson. –irrumpió Einar, palmeando el hombro de Erick antes de que éste hablara más. –Es curandera de la jefa Bertha.
-Oh, Ivette, bello nombre. –aduló Trader. –Pues esperemos que ella esté bien. Las islas que les menciono están a 8 grados al norte. Con gusto los guiaré, podremos hacernos pasar por mercaderes.
Viraron la dirección de las velas y del galeón para poder ir a donde el mercader indicaba.
-¿Por qué no dejaste que dijera el nombre de Bertha? –preguntó el padre de la bebé mientras ajustaba la vela en dirección del aire.
El mencionado resopló, sin querer decir más.
-Cuando secuestraron a Valka, Gylda se hizo pasar por ella para proteger su identidad, ¿no recuerdas? –preguntó el líder de la Armada de Berk.
-Y perdió a nuestra hija en el proceso. –añadió el que no pudo ser padre. –No me gusta que hagan eso, pero ya conoces a Johan, él habla de más. Entre menos sepa, menos información podrá compartir. No es lo mismo decir que vamos en rescate de una curandera que de una jefa, pueden utilizarla para chantajear.
El jefe de Bog Burglar no había considerado eso.
-Creo que tienen razón, si es así, yo tampoco debo decir que soy el jefe.
Los tres varones acordaron guardar silencio respecto a las identidades verdaderas.
-Te encontraré, Bertha. Mi corazón no puede romperse, no por tu ausencia.
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El punto final lo puso lentamente. Esas palabras lastimarían a Karena, él no quería eso.
-Listo, Dagur. ¿Qué más? –masculló el rubio.
El jefe entregó otro papel. –Déjale esta carta a tu hermana. Te doy permiso de poner lo que quieras, pero debes saber que si dices algo de haberte obligado, la romperé. Sé cuidadoso. Despídete de tu familia, te vas de la isla.
Tal vez era lo mejor, él no sería capaz de ver a su amada sabiendo que ella sufriría. Con lágrimas en los ojos le dejó unas palabras a su hermana, pero no estaba convencido que le llegara, aún así fue sincero.
-Muy bien, eres un poeta. –reconoció el jefe, se nota que quieres a tu hermanita.
Éste tronó los dedos, apareciendo una muchacha.
-Llévaselas. –ordeno el pelirrojo a la esclava.
-¿A dónde me iré? –preguntó molesto.
-De momento te quedarás aquí. Verás, mi hermana es tan predecible, ella te irá a buscar, o al menos a revivir los dulces momentos mientras te la cogías en este bosque. –mencionó mientras afilaba su espada, después de ponerle una soga en las manos.
-No hables así de ella. Nos amamos. –le reclamó.
-Ella vendrá, y será un espectáculo, quiero que lo veas. Quiero que la veas por última vez y saborees desde lejos lo que nunca podrás tener. Eres un esclavo y eso no cambiará.
Norberto tragó duro, no quería causarle dolor a su amor, pero era lo único que podría darle ahora. Debía proteger a su hermana y también a su amor, si alejarse de ellas era la manera, lo haría.
Al cabo de más tiempo, conforme la tarde pasaba ambos vieron a la princesa llegar y sentarse.
-Karena… -susurró Norberto, reprimiendo sus ganas de ir a abrazarla y consolare.
Incluso, Dagur, sintió remordimiento, pero si él no podía tener su felicidad al lado de Astrid, nadie la tendría.
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Cuando Karena recibió la carta la desdobló con cuidado, allí encontró otro rollo, para Sotma. Lo entregó de inmediato a su amiga, pero ella no tenía fuerzas ante la sensación de abandono.
-¿Quieres que me vaya para que la leas tú en privado?
La princesa asintió con algo de pena. -Sí, quiero estar sola. Recuerda que nadie debe saber que Norberto se fue.
-Descuida, yo me encargaré de eso. -mencionó la rubia saliendo de la habitación no sin antes volver a dirigir unas palabras a su amiga. –Kary, él te ama, y volverá por ti; por nosotros, para que nos vayamos y empecemos de nuevo, sólo hay que tener esperanza.
Karena tomó su capa, se puso sus botas y salió de su habitación una hora después de que Sotma le dejara sola. Fue hacia el bosque y se sentó en ese lugar donde se habían declarado el amor por primera vez, el mismo donde se habían casado.
Desenrolló la carta y se sentó en una gran piedra que estaba allí.
Karena:
No es fácil para mí irme sin decirte nada.
Pero creo que es lo mejor. Soy buscado ahora por maltratar a un amigo de tu hermano y eso es muy castigado en el archipiélago.
Yo no soy nadie, sólo un simple esclavo que en cierto momento pensó que podría tener un cuento de hadas al estar con una princesa, lamento haberte ilusionado con una vida que ambos sabemos que nunca íbamos a poder tener.
Una mujer como tú merece todo, y yo no soy nada.
El tiempo contigo no lo cambiaré por nada, pero por ahora debemos terminar esta utópica relación que tarde o temprano nos iba a destruir.
Me temo que la posición social es más fuerte que nuestro amor.
Lo siento.
Sé que te quedas en tu hogar, por favor cuida a mi hermana y abuela; sabes que lo son todo para mí.
Eres alguien muy valiosa que merece lo más especial, y aunque duela aceptarlo, yo no lo soy.
Pero te prometo que en un tiempo volveré y si tú sigues sintiendo algo por mí tal vez continuemos con estos encuentros que me hicieron feliz.
Gracias por esos momentos que le robamos a la realidad.
Siempre te amaré.
Norberto Lingreen.
La castana Deranged no podá dar credibilidad a las palabras.
-No, claro que nuestro amor es más grande que esto. –musitó con la garganta entrecortada. -¿Cómo pudiste irte sin mí? Lo habíamos prometido.
Karena se aferró a la carta, Norberto no era cobarde, él regresaría por ella. Ambos lucharían por su amor.
Por otro lado, lejos de la vista de la princesa Norberto se puso de pie.
-No voy permitir que le hagas daño a ella. Yo la amo. Es el amor de mi vida. Tú no entiendes eso, nunca lo harás. Pero yo lucharé por ella. –defendió con la determinación de cualquier burglar.
El rubio se quitó la soga de sus manos y pies, después aventó a Dagur para que se tambaleara, empezando a correr para ir a su encuentro con su amada.
Escaparía, se irían de esa isla terriblemente gobernada por un tirano.
-¡Karena! ¡Te amo!
Pero después de esas palabras sólo percibió un golpe en su cabeza, dejándolo inconsciente en el frío suelo del bosque.
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-¡Karena! ¡Te amo!
La fémina dejó de sollozar, escuchando claramente esas palabras.
-Norberto. ¡Norberto! –exclamó, buscando su proveniencia, pero ya no escuchó más. –Yo también te amo.
Pero eso fue todo, la muchacha no se imaginaba lo que en realidad le pasaba.
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El golpe que Dagur le había dado con una piedra fue muy fuerte. Tanto que lo dejó inconsciente, incapaz de sentir nada más.
El rubio hijo de los mejores amigos de la antigua jefa Burglar había dado sus últimas palabras de amor.
-Recuerdo que una vez hasta jugamos en la isla donde eras libre, pero no puedo permitir que la sangre Deranged se mezcle con sangre burglar que no es de la realeza. Sé que amas a mi hermana, ella te ama a ti, pero si ella me rompió el corazón, yo acabaré con sus oportunidades, incluso con las de ser feliz. Nadie me traiciona. –masculló mientras le daba una patada en el estómago. –Esto es por mancillar a mi hermana. –le dio otra más en las costilla, rompiéndolas, aunque por suerte, éste ya no sentía nada. –Por conspirar en contra del trono Berserker. –una patada más en la cabeza. El jefe sacó la espada que había estado utilizando, la alzó, apuntándola contra su cabeza. –Lo siento, Norberto, la verdad es que sí me caías bien, pero esto… esto es por la ilusa de Karena. –en el momento es que decía esas palabras, el degenerado empuñó su espada por el ojo del maltratado rubio, atravesando su cabeza hasta que ésta se atoró en el piso.
El burglar ni se movió, una ventaja fue que ya estaba inconsciente desde antes.
Sacó su espada, y la volvió a colocar sobre el pecho del occiso. -¿Qué se siente, Karena? ¿Qué se siente que te rompan el corazón? Yo rompí el corazón de Norberto con mis propias manos.
Sí, el corazón roto fue de él.
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Notas de la autora:
En el capi 17 de Cómo Escuchar a tu Corazón había descrito la muerte de Norberto, aquí la expliqué con más detalle, sí me dolió mucho escribirla, pero es parte de una "maldición burglar" o algo así jeje. Aun así, Karena encuentra el amor más adelante, ya saben con quien.
Nos leemos a la próxima.
Gracias por leer
Quédate en casa
**Amai do**
-Escribe con el corazón-
Publicado: 10 de junio de 2020
