Yume wa yaburareta hito wo michibiku jiyuujika ga
Yami ni ochi tatoki
Sai wa tagerareta kyoo ga saiko ka aratana
Toki no hajimari ka
Dakara ai suru hito yo yasashisa de
Kimi ga yukutefusagu nara boku wa kooru kisu de
Ai wo suteru inochi wa futatsu nai
Ai wo suteru kimi yori shi wo erabu
Maku wa otosareta kimi no namida wo fuku no wa
Boku no mune janai
Moshimo omoide no naka sukoshi demo
Bara no kaori nokoshitara mayoi tajirogu kara
Ai wo suteru kokoro wo hikisaite
Ai wo suteru wakare wo chi de shirusu
Ai wo suteru inochi wa futatsu nai
Ai wo suteru kimi yori shi wo erabu
Dead or Dead — Hironobu Kageyama
Un año después.
El Aeropuerto Internacional Eleftherios Venizelos de Atenas se encuentra abarrotado ese día. Muchas personas ingresan y salen, otras tantas aguardan su vuelo, como el joven que se halla de pie junto a su madre, su hermano y su padre.
—Por favor, escríbenos apenas llegues—dice Sasha abrazándolo.
—Descuida mamá, lo haré.
—Suerte hermano—Aioria lo contempla con una mueca indescifrable al tiempo que comparten un abrazo también—te mereces solo lo mejor.
Sísifo estrecha con fuerzas la mano de su hijo y le dedica unas palabras de aliento. Todo está listo, la voz del aeropuerto llama a los pasajeros del vuelo hacia New York. Aioros abraza una vez más a su madre antes de dejar su pasaporte y el pasaje al encargado y de registrar su equipaje. Con una sonrisa se despide de su familia y se encamina hacia su avión.
—Aioros espera—irrumpe su madre antes de que desapareciera tras la puerta; —toma. Ésta carta es para ti—El sobre blanco sólo lleva escrito su nombre, pero conoce esa letra. El corazón le aprieta mientras un imperceptible suspiro escapa de sus labios.
El joven mete la carta en su bolsillo y sube a su avión, momentos después éste despega. El griego comenzará con su posgrado en América.
Aioros había terminado sus estudios en la universidad, graduándose como arqueólogo con una increíble velocidad, al igual que su padre, sus notas y su capacidad le valieron la oportunidad de realizar un posgrado en cultura arqueológica americana.
Se acomoda en su asiento y cierra sus ojos, el viaje será largo, piensa dormir la mayoría del tiempo, sólo se permite un momento para contemplar el Egeo sobre las nubes.
—
El lugar no es desagradable, no del todo al menos. Mantiene cierto…encanto. Un jardín amplio, lleno de flores y árboles frutales, le gusta la época de cosecha, los naranjos son sus favoritos. Siempre le gustó más el invierno, no sabe muy bien porqué. Con eso se entretiene la mayoría del día, siempre hay fruta que juntar, luego, después de la sesiones, escribe, como toda su vida, pero ahora mucho más, una forma de recordar las cosas, de mantenerse activo. Lo hace durante la noche, de nueve a doce, sin excepción, cualquier cosa que estuviera haciendo, la deja para escribir, iniciando siempre con fecha y hora.
Dicha obsesión se debe a su enfermedad, con ello, Saga es consciente de él. De que se encuentra solo, que no es alguien más y que lo que allí está escrito lo recuerda a la perfección.
Ha transcurrido un año entero desde entonces y se siente como antes, como siempre y como nunca… Aún le aguardan varios más, pero no se queja, no es más que lo merecido.
Sin embargo, aquel día es especial por dos razones; la primera, conocerá a su hermano, la segunda, Aioros partirá a América. No sabe muy bien como disimular el malestar que dicha noticia le produjo, incluso después de varios meses sin saber de él. Una tristeza vacía arraigada al sentimiento que no ha podido desaparecer. Es por eso que había escrito una carta y le había pedido insistentemente a su madre que se la diera. Se sintió mucho mejor después de escribirla. Tal vez, al no haber tenido una despedida formal, su carta obrará de ello.
Saga esta vestido con una camisa blanca y unos jeans oscuros, zapatos relucientes y su cabello—ahora corto—impecable. No es que durante el resto de los días allí enclaustrado, se viera desastroso, pero el uniforme y el poco interés al aspecto físico más allá de la alimentación, no son de mucha importancia.
Su médico se encuentra encantado, fascinado por su ingenio, su templanza y la capacidad de recuperación que presenta día tras día. Es un hombre joven, que se había graduado recientemente con lores y recomendaciones de los mejores especialistas en salud mental, también es apuesto, claro y al parecer siente un apego casi personal por Saga y su evolución. Había tomado el caso porque le llamó mucho su atención. Al ingresar, el joven había sido un misterio, ¿Quién era? ¿Por qué estaba ahí? Claro que lo sabía, él y los directivos del sanatorio. Aspros, preocupado por el estado y la vida de su hijo, luchó para que la noticia nunca se sepa, al parecer, Sísifo deseaba lo mismo, pero por otras razones, así ambos, se esmeraron en distraer a los medios hambrientos de todo ese enredo. La historia poco a poco fue quedando en el olvido, como una más de los tantos secuestros, que tuvieron finales felices y que el joven Argyropoulos permanecía en el sanatorio, por la conmoción vivida. Nadie más prestó atención a Saga y Aioros.
—Veo que esperabas éste día con ansias—Saga voltea encantándose con su médico.
—Así es, siempre espero con ansias a mi familia, más ahora que conoceré a mi hermano—dice el joven.
—Es agradable verte sonriente—sonríe, mostrando así sus perfectos dientes.
Saga le dedica una sonrisa tímida, mientras sale de su habitación rumbo al jardín del sanatorio, seguido por su médico.
—No intentaré escapar, no es necesario que me siga—dice algo incómodo.
— ¡Oh! No es mi intensión dar esa impresión, estoy seguro que no harías algo así, pero me apeteció acompañarte, espero no te moleste mi compañía—Saga aprieta sus labios y un ligero rubor se instala en sus mejillas.
—Supongo que no—se limita a decir.
Se acomodaron en un banco cerca del estanque de agua, no hablan. Saga disfruta de ese silencio, no le desagrada su psiquiatra, por el contrario, es de todos, el que más se esmera con él, le dedica palabras de aliento y sigue minuciosamente su conducta, gracias a él Saga lleva su vida en ese lugar con un poco menos de pesadumbres. Su semblante se ensombrece al recordar sus ojos verdes. Es imposible no evocar la figura de Aioros, de sus últimas palabras y de su último beso, espera que Aioros pueda rehacer la vida que, con él no pudo. Suspira, en ese momento seguramente el avión ya se encuentra a mitad de camino. Si su amor mantiene un recuerdo, es gracias a los versos que plasma y que nadie nunca leerá. En tinta un amor, jamás es olvidado…
Su médico lo observa de soslayo, le gusta su perfil, Saga es un joven bellísimo, con sus rasgos tan definidos como atrayentes, sacude su cabeza reprimiéndose por tales pensamientos, el joven está recuperándose y no es nada ético lo que alberga dentro suyo.
— ¿Usted cree que algún día me recuperaré del todo?—pregunta de repente cortando con el silencio y los pensamientos del joven médico— ¿Cree en mí Doctor Rut?
—Puedes llamarme Afrodita, no es algo que me moleste—exclama sonriente. Saga aún no se acostumbra a ese extravagante nombre que porta su médico—Sí—dice—, estoy seguro que así será. Confío plenamente en ti, pero todavía queda camino por recorrer.
—Años querrá decir.
—Quise decirlo más poéticamente—Saga sonríe al tiempo que gira su rostro divisando a su padre. Aspros carga en sus brazos al pequeño, mientras que Asmita va del brazo junto a Kanon—.Te dejo en buena compañía—dice Afrodita, mientras saluda cordialmente a la familia de su paciente y se retira.
—Aún no me acostumbro a verte con el cabello así—dice Kanon al tiempo que le palmea la espalda.
—También me alegro de verte—ironiza su gemelo.
—Aquí hay alguien que quiere conocerte—exclama su padre, mientras Saga besa y saluda a su madre.
Aspros entrega el pequeño bultito de tres meses en brazos de su hijo mayor.
—Hola Defteros, es un gusto conocerte—susurra Saga mientras observa a su pequeño hermano sonreír.
Todo vale la pena… y así también, el tiempo lo compensa.
—
Juicio, un año antes.
La sentencia ha sido dictada, ante los pocos espectadores en la sala. Saga fue absuelto de sus crímenes al comprobarse que su salud mental lo había inclinado a hacer tales actos ilícitos y que su voluntad y consciencia nunca estuvieron presentes mientras ocurrieron. Aun así, lo reclutaron a diez años de condena mínima en el Sanatorio mental de Atenas, sin goce de libertad. Saga sintió paz. Al fin todo ha terminado. Y todo sucedió como debía ser.
La paz que siente no es reflejo de lo que ocurre a su alrededor. Su madre, incapaz de soportar el saber que su hijo será llevado a un sanatorio mental del cual no podrá salir, se desmoronó en brazos de Aspros, que estoico, aguanta el dolor de pie, sabiendo que en realidad, todo lo que ocurrió es consecuencia de su hijo, más allá de entender o no que Saga está enfermo, su hijo secuestró… su hijo asesinó. No hay nada más por decir.
Tristeza al saber que, es lo mejor para todos.
Aioros, no lo entendió así.
Ofuscado, devastado y aterrado de ser separado de Saga, quiso apelar, quiso desmentir todo lo que había dicho y en un acto de locura total, incluso, se culpó de todo. Pero sabían los jueces, sabía su familia, que todo era mentira.
El juez se incorporó del estrado y las autoridades desaparecieron, dándole el tiempo necesario al menor de despedirse antes de ser trasladado.
—No llores mamá, esto es lo mejor para todos y lo sabes, podrás visitarme, no llores—dice acariciando su rostro—, no quiero que estrés triste, le hará mal a mi hermano.
—Saga, ¿Cómo me pides algo así?—exclama abrazándolo—.Sólo me queda el consuelo de saber que eres fuerte, y que podrás salir adelante.
—Lo intentaré, te lo prometo.
Asmita es apartada por su esposo, Saga cierra un momento sus ojos al sentir los brazos de Aioros ciñéndose en su cuello, ante la presencia de todos. Saga lo abraza también, le duele su contacto. Lo observa mientras el silencio inunda la sala, y los demás desaparecen.
—Perdóname por todo esto—dice el castaño. Saga esboza una sonrisa cansina, devastada.
—Soy yo el que te pide perdón, aun no entiendo cómo puedes estar a mi lado, pero eso no importa mucho ahora—se separa del abrazo y sostiene sus manos—Quiero que me prometas algo—Aioros no dice nada, pero asiente, dándole a entender que le presta atención—.Olvídame—suelta junto a sus lágrimas.
Aioros, que había estado imaginando que algo así diría, no se inmuta, en cambio, su padre y demás abren sus ojos sorprendidos.
—Puedo prometerte que seguiré adelante, que continuaré mi vida, pero no olvidarte—Saga, frunce el ceño—.Ahora tú prométeme que seguirás con la tuya, que vivirás por ti y por nadie más, eres fuerte como dijo tu madre, si lo que ocurrió fue para demostrar que en ésta vida, el dolor es inevitable, creo Saga, que cumplimos esa cuota de sufrimiento, ahora sólo nos resta vivir para ser felices, a nuestra manera—besa sus manos—, y la manera en que yo quiero seguir viviendo y ser feliz, no es olvidándote.
No puede evitar llorar.
—Hubiera deseado que las cosas fueran distintas, o tal vez, no haberte conocido nunca…
—Te habría encontrado de todas formas—Aioros sonríe. El oficial aguarda, el momento ha llegado—. Sonará cursi, pero… aún y con más fuerza, te amo.
—Yo también Aioros, para tu desgracia, te amo.
No dicen más nada. Saga sabe que Aioros entiende y acepta la realidad, que su actuar anterior sólo había sido la resistencia de su dolor, que se negaba a aceptar la separación, pero ambos lo saben, como en aquel beso que supo a despedida, el mismo sinsabor del beso que comparten en ese momento. Besa los labios del peli azul, alejándose después para contemplar como una familia se desmorona ante el encierro de Saga. Aioros observa a Kanon, quien se había mantenido en silencio todo ese tiempo, abrazar a su hermano, susurrarle cosas que no llega a escuchar, su padre, también abrazándolo y a su madre colapsar desviviéndose en gritos y llantos en vano, pues eso no le devolverá la libertad al menor.
Luego observa a su padre. Sísifo se encuentra allí también, es el único además de Aioros que había ido a ver la sentencia. Increíblemente el mayor de los castaños ha entendido todo, incluso sintió genuina tristeza por esa familia marcada por la desgracia. Por su amigo, su antiguo compañero, también por su hijo. Sísifo conoce a Aspros mejor que nadie y puede asegurar que, no se merece el sufrimiento que padecen. Su mujer, está todavía conmocionada, pero como su esposo, no sintió odio por aquella familia.
Distinto es el caso de Aioria, envenenado por sus propios demonios y culpas, por los dolores ajenos y propios, no puede perdonar lo que Saga le ha hecho a su hermano, no es capaz de ver la realidad frente a sus ojos, entonces odia con fe ciega a Saga, a Kanon y a su familia por el simple hecho de existir, Aioria se sumerge en un odio, incapaz de liberarse y todo ello se potencia con la noticia de que Camus regresará a Francia…junto a Milo.
Aioria se ve por primera vez, completamente solo, con su odio.
Y allí se encuentra él, de pie junto a Camus, para despedirlo, ese día, justamente ese día, la singular familia partirá rumbo a tierras galas.
— ¿Crees que funcionará?—dice con un nudo en la garganta.
—Tenemos que intentarlo, no hay opción, lamento no estar contigo, pero…
—No digas nada Camus, comprendo tu decisión—.Pero el castaño no oculta su tristeza.
Tampoco lo hace Milo, incapaz de seguir viéndolos juntos, fue hasta otro sector del aeropuerto, Kardia lo sigue y abraza al tiempo que Milo suelta unos pequeños sollozos. Será un infierno vivir con Camus y no poder tenerlo. Será un maldito infierno.
—Discúlpame por todo esto hijo—le susurra. Milo niega con su cabeza sobre el pecho de su padre.
—Debo aprender a superarlo papá.
—Sé que lo harás.
¿Será capaz? Ama a Camus, como no pensó amar a nadie. Y ahora el francés se despide de un nuevo amor, que no es él.
Aioria abraza a Camus, lejos de la mirada del otro griego, se permite besarlo. Sabe que Camus se sentiría incomodo de otro modo. Dégel observa la escena con tristeza, no puede dejar de sentir pena por el hijo de su pareja, ellos parecían tan unidos, todavía no entiende muy bien lo que ocurrió, sólo sabe que la convivencia en París será difícil, en Atenas, podían estar separados, en casas distintas, allá compartirán casa y colegio.
—Te extrañaré—dice el castaño.
—Yo también, te escribiré apenas llegue, podrás visitarme en el verano—Aioria sonríe.
—Te amo—susurra bajito, tímido y con las mejillas rojas.
Camus no responde, pero Aioria sabe que no lo haría.
—
Kanon se encierra en su habitación después de volver de aquella condenada sala y de despedirse de su hermano. Se acomoda en aquella cama, en la cama de Saga. Toma la guitarra de su hermano y comienza a tocar. Una a una las notas cobran vida, formando una melodía tibia, suave y llena de melancolía, la casa entera se inunda con esos acordes que envían notas de desolación, así como de esperanza. Asmita entra a la habitación y se acomoda a su lado, Aspros la sigue después, el mayor toma una segunda guitarra y acompaña a su hijo en la melancólica canción. No saben muy bien porqué lo están haciendo, pero eso ayuda y mucho a calmar el dolor.
Kanon en mitad de la tocata, recuerda los momentos en que, jóvenes y sin preocupaciones, él y sus amigos se encerraban y pasaban horas tocando sus instrumentos, recuerda con una amarga sonrisa a Milo y su vivaz forma de ser. A Shura y su seriedad, a su hermano y su sensatez… a él y su desfachatez.
La vida de vueltas inesperadas y sorpresas continuamente, círculos se cierran, etapas se terminan. Hermandades se disuelven.
Ellos, que alguna vez fueron unidos como hermanos, se encuentran cada uno siguiendo su destino; Milo en Francia tendrá que terminar con el amor de su hermanastro, Shura en España tendrá que terminar con los fantasmas del pasado y ellos, los gemelos, en Atenas tendrán que volver a estar en mismos mundos.
La vida da giros enigmáticos, desafíos difíciles, muchas veces parecen injustos pero la vida ha demostrado que las oportunidades están para aprovecharlas. Que aprender de los errores es indispensable porque todo al final habrá valido la pena. No siempre será fácil y que confiar en tus seres queridos es la clave para seguir adelante. Porque la vida está llena de conflictos, miedos y silencios, la realidad es dura, pero mientras la llama siga encendida, se podrá salir adelante y que se puede ser feliz, después de todo…
—
Ha dormido durante largo tiempo, pero aún sigue en el vuelo. Se remueve en su asiento y pide una botella de agua, se acomoda su abrigo y mete las manos en los bolsillos, fue allí que siente y recuerda la carta que su madre le había entregado.
La saca del bolsillo y observa el sobre largo rato, mientras a su mente llega el rostro de Saga. Había ido a verlo varias veces ese primer año, nunca se le permitió verlo. Realmente pensó que moriría de dolor, de angustia y soledad, el estudio fue una ayuda importante, refugiándose en él, para olvidar el resto. Estudió día y noche sin descansar y terminó su carrera. ¿Y ahora? Abandona Atenas para continuar estudiando. No puede sacarse la sensación de que de alguna forma, está huyendo.
«Olvídame»
La voz, la escucha como si estuviera ahí, con él.
La azafata lo llama varias veces hasta que obtuvo su atención, le entrega la bebida y una amable sonrisa a la que Aioros no hace mucho caso, perdido en sus pensamientos y en la encrucijada de leer o no aquella carta.
Se arma de valor y abre el sobre, no pudo evitar que sus ojos se cristalicen por las lágrimas que trata de detener y que un quejido se pierda en su garganta.
Aioros:
De niños creemos que el amor lo vence todo, ya mayores nos damos cuenta que no siempre es así.
Tal vez lo único que duele más que decirte adiós es no haber tenido la ocasión de haberme despedido de ti.
Nuestros recuerdos de ayer durarán toda una vida, por favor, guarda los mejores, olvida los demás.
Quisiera decirte tantas cosas. Lamentablemente no me queda nada más que dejarte mis palabras en esta carta, que ni ella ni yo entendemos bien que es lo que pasa, pero la razón es por qué no podía hacerlo de otra manera. Si tal vez me vieras ahora lo entenderías.
Aun hoy despierto con el olor de tus cabellos y la imagen de tus lágrimas. Y cada vez que recuerdo eso, estoy seguro, tomé la decisión correcta. Y en ésta vida, no me queda más que cumplir con nuestra promesa… vivir Aioros, vivir por mí… vivir por ti.
¿Ser feliz? ¿Lo eres tú? Entonces yo lo soy, inmensamente.
Es atrevido decir que sueño con el día en que despierte con tu sonrisa. Mientras tanto cumpliré con lo que me ha tocado ¿Por qué culpar al destino? Si fue él quien te puso en mi camino.
Se feliz Aioros, por favor, se feliz.
Te ama, Saga.
Termina de leer con un nudo en el estómago. El papel se humedece con una lágrima, la única que suelta. Aioros sonríe.
—Ser feliz—dice susurrante.
Guarda la carta, la azafata anuncia el aterrizaje.
La vida da muchas vueltas sin dudas…
Gracias por leer.
